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LAS LAMENTABLES INSTITUCIONES “DEMOCRÁTICAS” DE MÉXICO,
EL TORTUOSO DESENLACE ELECTORAL Y LAS LECCIONES DEL PROCESO
• POR
CUAUHTEMOC AMEZCUA
¿Sólidas, las instituciones
“democráticas” de la época neoliberal? Nada de eso, ni fuertes
ni democráticas. Lo que se demostró sobradamente a lo largo
del proceso electoral y con su tortuoso desenlace, es su esencia antidemocrática
y su carácter precario.
Un primer hecho notable es que el resultado oficial definitivo
sobre quién será el próximo presidente de la República
no se conoció de inmediato y quizá tarde varias semanas
en saberse, pues ambos candidatos y partidos que se disputan el primer
lugar, probablemente, presentarán recursos ante el Tribunal Electoral
del Poder Judicial de la Federación con el fin de revertir o consolidar
un resultado, que será precario, que se divulgue luego de la conclusión
de los cómputos, entre el miércoles y el domingo próximos.
El tribunal aunque procure emitir sus fallos con celeridad, tendrá
que tomar su tiempo, y el hecho es que cuenta legalmente con todo el mes
de julio y el de agosto para hacerlo. Este hecho pone a la vista el carácter
precario de dichas instituciones.
Un segundo hecho a destacar, muy importante, es la carencia de propuestas
que fueran en verdad alternativas al neoliberalismo, rumbo que ha impuesto
el imperialismo a nuestro país para subordinarlo cada vez más
y para más empobrecer a nuestro pueblo. Es cierto que uno de los
candidatos, a veces dos, se deslindaron del neoliberalismo pero sólo
de dichos, ninguno en sus propuestas ni en sus compromisos concretos.
Uno fue Andrés Manuel López Obrador, del PRD, quien quiso
presentarse como enemigo del neoliberalismo e impulsor de un proyecto
alternativo, pero sólo en la frase publicitaria, porque sus propuestas
programáticas, siempre que tocaron los temas de fondo que caracterizan
a dicho neoliberalismo –las políticas macro económicas y
el llamado “libre” mercado internacional- demostraron que en verdad siempre
ha estado comprometido con el consenso de Washington. El otro
fue el priísta Roberto Madrazo, que por momentos se proclamó
equidistante de lo que dijo eran los extremos, neoliberalismo y populismo,
atribuyendo uno a López Obrador y el otro a Felipe Calderón
del PAN; sin embargo, sus propuestas y compromisos de fondo en nada desmerecen
frente al panista, con una excepción solamente, que sin embargo
no carece de significación, en lo relativo a su política
exterior. En este tema, Calderón, el neoliberal de línea
más dura de entre los tres, nunca ocultó su propósito
de seguir lacayunamente los dictados del gobierno de Estados Unidos y
prestarse a ser dócil instrumento de todas las intrigas y agresiones
que aquél monte contra los pueblos hermanos de Cuba, Venezuela
y Bolivia, y contra todos los que, como éstos, opten por ejercer
su soberanía y autodeterminación. Es evidente que no puede
hablarse de democracia –así sea sólo electoral-
cuando no existe alternativa programática en las cuestiones medulares
que tienen que ver con el rumbo del país, con el rescate de su
soberanía económica y política, con la construcción
de una política económica y social menos lesiva para la
gran mayoría de los mexicanos. Y si no existe no es por una mera
casualidad, sino porque todo el sistema de partidos, todas las instituciones
“democráticas”, están diseñadas para que ningún
partido que sea programática y políticamente independiente
del imperialismo pueda tener registro ni participación electoral.
Desde luego que menos puede tenerlo un partido de clase, de la clase trabajadora.
Un tercer hecho a comentar fue la franca intromisión del gobierno
federal en el proceso, que se dio de manera cínica, con todos los
recursos a su alcance y en clara violación a las leyes vigentes.
Otro, el cuarto, fue el de la evidente parcialidad del Consejo General
del IFE, la autoridad electoral, que durante la campaña, en todo
momento actuó a favor del partido más reaccionario, el PAN,
y su candidato. Esto se explica porque de sus nueve integrantes, cuatro
fueron designados en función directa de su vinculación con
el PAN, dos –entre ellos el Consejero Presidente, Ugalde-, en función
de sus lazos con Elba Esther Gordillo –antes priísta, ahora aliada
estrecha del PAN- y tres en función de que su línea obedece
a la dirección del PRI y su candidato; por eso, éste estuvo
siempre en minoría. El PRD, por su parte, que participó
en el diseño de esta institución falsamente imparcial y
en el reparto de posiciones en su seno, desde el principio, esta vez quedó
fuera, por maniobras del PRI y del PAN, que en otros momentos fueron sus
asociados en estas manipulaciones antidemocráticas.
Un quinto hecho a tener presente es el tono abundante en descalificaciones
e insultos que tuvo la campaña de los diversos partidos y candidatos;
pero ¿qué otro tono puede tener, si no existen diferencias
de fondo en sus plataformas ni programas? ¿Puede acaso existir
un debate entre proyectos y plataformas, donde éstas no se diferencian?
¿Puede haber una batalla de ideas, donde éstas no existen?
Un hecho más a observar, el sexto, es el derroche gigantesco de
recursos que se hizo por parte de los contendientes, miles de millones
de pesos que en su mayor parte fueron a dar a los bolsillos de los magnates
de la televisión, únicos y verdaderos ganadores de todo
el proceso.
Y otro más, el séptimo, es el del elevado abstencionismo.
En contra de lo que dice la propaganda oficial, no hubo una gran concurrencia
a las urnas; el hecho es que menos de cuatro de cada diez ciudadanos asistieron,
lo que marca una tendencia menor que en elecciones presidenciales anteriores;
y a ese porcentaje hay que restar todavía el de los votos anulados
y el de los que fueron depositados por candidatos sin registro. A fin
de cuentas, quien resulte oficialmente electo, apenas habrá recibido
los votos de poco más del veinte por ciento de los ciudadanos empadronados.
La lección que deja todo el proceso es clara: en las condiciones
que prevalecen, esencialmente antidemocráticas, por la vía
electoral no hay salida. La vía, por ahora, es la movilización
de las masas contra las políticas neoliberales, contra el imperialismo
y en solidaridad con los pueblos hermanos de América Latina que
van abriendo nuevos derroteros, en ejercicio de su independencia y soberanía.
Ciudad de México, a 3 de julio de 2006.
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