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Cumbre extraordinaria de las Américas, Vienen ustedes a México. A la tierra de un pueblo que sabe a qué vienen. Sabe de la Cumbre de las Américas, de su historia y de sus propósitos. Sabe que se trata de un instrumento para el dominio de nuestros pueblos. Sabe que se trata de un aparato para arrebatarles su soberanía e incrementar su empobrecimiento. Su propaganda no lo engaña. Vienen ustedes a una tierra habitada por un pueblo hospitalario, pero digno. Un pueblo que comparte su casa fraternal con sus hermanos, pero que no se humilla ante los poderosos. Por eso, no extrañe a ustedes que este pueblo vea con ojos distintos a unos y otros de ustedes. Sabe por experiencia propia de la conducta de la clase dominante de Estados Unidos, de su vana pretensión de ser los amos del mundo y, sobre todo, de nuestra región. Sabe también del servilismo de la mayoría de los gobernantes que padecen nuestros países contra la voluntad y para desgracia de sus pueblos, Vicente Fox entre los primeros. Pero sabe, de igual modo, del comportamiento íntegro de otros gobernantes que van con la cabeza en alto por el mundo y no reconocen otra autoridad por encima de ellos que la de sus pueblos mismos. Distingue bien entre unos y otros. Por eso, nuestro pueblo da una cálida bienvenida a Hugo Chávez Frías, de la República Bolivariana de Venezuela. Ve en él, ve en usted, presidente Chávez, a un heredero de Simón Bolívar, El Libertador. Ve cómo resiste los ataques, llenos de insidia, ordenados por el poderoso que lo quiere doblegar. Y cómo mantiene su ruta, leal a su pueblo, contra viento y marea. Por todo ello y por su experiencia histórica, nuestro pueblo ve en usted asimismo a un heredero de Hidalgo, de Morelos, de Juárez. Ve en usted a un hermano y lo recibe como a tal. Por eso mismo nuestro pueblo recibe con agrado a Luis Inacio “Lula” da Silva, de Brasil. Ve en él, ve en usted, presidente Lula, a un hijo del pueblo, de la clase trabajadora que hoy, llegado a la jefatura de su país, mantiene una política exterior digna, apegada a principios, como había sido nuestra propia política exterior de siempre, antes del sexenio actual que la trocó entreguista. Por eso recibe con atención a Néstor Kirchner, de Argentina. Porque también se ha mostrado independiente por cuanto a su política exterior. Porque ya empezó a pagar el costo, los ataques, las injurias, las amenazas, para que tuerza el rumbo y se doblegue. Y resistió. No son bienvenidos, en cambio, gobernantes como el señor Jorge Battle, de Uruguay; ni Francisco Flores, de El Salvador, ni Álvaro Uribe, de Colombia, ni Lucio Gutiérrez, de Ecuador, ni tantos otros, la mayoría de los que padecemos, alejados de sus pueblos pero obsequiosos con el poderoso, atentos a obedecer sus indicaciones, hasta a adivinar sus deseos y cumplirlos con fidelidad. No son gratos en México. No son bienvenidos. Mucho menos el jefe de todos, el déspota, el invasor y masacrador de pueblos, el señor George W. Bush. Si tuviera dignidad debiera abstenerse de nuestro suelo, la tierra de un pueblo que ha librado tantas gloriosas batallas por su libertad. ¡VIVA MÉXICO! Ciudad de México, 12 de enero de 2004. Cuauhtémoc Amezcua Dromundo, Primer Secretario; Juan Campos Vega, Segundo Secretario; Belisario Aguilar Olvera; Dolores del Carmen Chinas Salazar; Luis Miranda Reséndiz; José Santos Cervantes; Jorge Tovar Montañés; José Santos Urbina Mendoza. |
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