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CUMBRES Vs. HEGEMONISMO
Por Martín TAVIRA URIOSTEGUI

Para hacer una evaluación general de las Cumbres Iberoamericanas, conviene que nos refiramos a algunos antecedentes.

En primer lugar, hay que recordar que en la lucha emancipadora de nuestros pueblos respecto del colonialismo español y portugués, nuestros grandes conductores siempre hablaron de los "americanos" como de los moradores de estas tierras que anhelaban vivir en libertad, sin sujeción a las cadenas europeas y disfrutando de los bienes que "el soberano autor de la naturaleza" había "derramado sobre este vasto continente", se las propias palabras de Miguel Hidalgo y Costilla, José María Morelos y sus compañeros del Congreso de Anáhuac, le llamaron a la Constitución de Apatzingán del de octubre de 1814, "Decreto Constitucional para la Libertad de la América Mexicana".

Nuestros héroes siempre vieron a nuestras tierras continentales como la gran patria, la que debía cobijar a todas las naciones desprendidas del colonialismo. Pero implícita o explícitamente entendieron que "Nuestra América", como la llamó José Martí, tenía que ser la América Latina, compuesta de pueblos semejantes por su cultura y sus problemas económicos, sociales y políticos. Simón Bolívar, El Libertador, tuvo siempre la obsesión de unir a nuestros pueblos para defender su integridad territorial, su soberanía y su derecho de buscar y realizar la cooperación, para el desarrollo con independencia frente a las grandes potencias.

En su famosa "Carta de Jamaica", Bolívar había de expresar su latinoamericanismo: "Es una idea grandiosa pretender formar de todo el Mundo Nuevo una sola nación con un solo vínculo que ligue sus partes entre sí con el todo... ¡Qué bello sería que el Istmo de Panamá fuese para nosotros lo que Corinto para los griegos!" En el Congreso de la Angostura de 1819, Bolívar habló de la personalidad de América Latina: "Tenemos presente que nuestro pueblo no es europeo, ni el americano del Norte, que más bien es un compuesto de Africa y de América que una emanación de Europa; pues que hasta España misma deja de ser europea por su sangre africana, por sus instituciones y por su carácter".

El Libertador insistió una y mil veces en la realización del Congreso Anfictiónico de Panamá, el cual finalmente se reunió en 1826. Podemos decir que la Asamblea de Panamá abrió el camino del largo proceso de la integración latinoamericana que algún día tendrá que llegar a feliz término. Desafortunadamente sólo asistieron a ella representantes de México, Colombia, Centroamérica y Perú. El Senado norteamericano fue renuente a enviar delegados a esta histórica Asamblea, seguramente porque veía con malos ojos el que América Latina hiciera esfuerzos para su unidad. Bolívar estaba consciente de que la potencia norteña parecía "destinada por la Divina Providencia para sembrar de desgracias a América Latina en nombre de la libertad".

Los delegados al Congreso de Panamá firmaron el "Tratado de Unión, Liga y Confederación Perpetua", que ha quedado como un símbolo del verdadero panamericanismo sin hegemonías, sino como el empeño de los pueblos latinoamericanos de defender juntos "la soberanía e independencia de todas y cada una de las potencias Confederadas de América contra toda dominación extranjera..."

Los trabajos del Congreso de. Panamá continuaron en Tacubaya, México, ya sin el empuje inicial. Los esfuerzos de Bolívar no pudieron culminar seguramente por las intrigas diplomáticas de Estados Unidos e Inglaterra, coludidos con caudillos opuestos al liderazgo del héroe de Carabobo.

Claro, el hegemonismo de Estados Unidos en el continente americano se manifestó a temprana hora. La Doctrina Monroe fue prohijada precisamente para que Estados Unidos tuviera las manos libres sobre los pueblos latinoamericanos, sin el "estorbo" del intervencionismo europeo.

Este empeño hegemonista de Norteamérica se va manifestando "in crescendo. El gobierno de Washington convoca a la Primera Conferencia Panamericana de 1889-1890. Es sin duda el primer esfuerzo por crear un bloque económico y político, bajo la tutela de Estados Unidos, mediante tratados revestidos con toda la formalidad jurídica.

La mayoría de los delegados a esa Conferencia trató de evitar el intervencionismo norteamericano, so pretexto de defender a sus nacionales, con recomendaciones tales como: "1) los extranjeros gozan de los derechos civiles de que gozan los nacionales y pueden hacer uso de ellos... absolutamente en los mismos términos que dichos naturales. 2) La nación no tiene ni reconoce a favor de los extranjeros ningunas otras obligaciones o responsabilidades que las que hayan establecido a favor de los nativos en los mismos casos por la Constitución y las leyes". Como está claro, Venustiano Carranza había de proclamar estos principios en 1918. Por supuesto que los Estados Unidos se negaron a suscribir estos puntos que hoy forman parte del Derecho Internacional.

José Martí, visionario de América Latina, al referirse a estos propósitos de "anexión comercial" como los llamó brutalmente el secretario de Estado Norteamericano James Blaine, escribió: "de la tiranía de España supo salvarse la América Española; y ahora, después de ver con ojos judiciales los antecedentes, causas y efectos del convite, urge decir, porque es la verdad, que ha llegado para la América Española la hora de declarar su segunda independencia".

Entre enero de 1889 y abril de 1891, se llevó a cabo la Primera Conferencia Monetaria Internacional Americana, en la que Estados Unidos se esforzó en imponer su hegemonía mediante un sistema monetario que respondiera a sus intereses: moneda única para forjar la hegemonía única. En esta Conferencia, Martí estuvo presente como representante de Uruguay. El héroe cubano denunció los verdaderos propósitos de Estados Unidos al convocar a esta Conferencia Monetaria. Con visión genial Martí expresó que un sistema monetario único entre desiguales, sólo favorecería al más poderoso. Parece que estaba previniendo lo que iba a ocurrir con el Tratado de Libre Comercio de Norteamérica.

El panamericanismo de corte norteamericano no es más que "una visión neocolonial de integración", como lo expresa el historiador cubano Salvador Morales.

Sería largo hacer la historia del hegemonismo norteamericano sobre América Latina. Los bloques actuales tienen sus antecedentes muy claros. A fines del siglo pasado ya se perfilaban dos bloques: el de Estados Unidos y el de Inglaterra.

Recordemos que en 1945, cuando estaba a punto de terminar la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos proclamó una vez más su empeño de reafirmar su neocolonialismo sobre Latinoamérica. Ejemplo claro de ello es el "Plan Clayton" presentado por el secretario de Estado Norteamericano en la Conferencia de Chapultepec, en marzo de 1945, el cual proponía destruir todas las barreras a la penetración de los capitales y del comercio de Estados Unidos. Vicente Lombardo Toledano, Presidente de la Confederación de Trabajadores de América Latina (CTAL), puso al descubierto el carácter neocolonialista del "Plan Clayton".

Más recientemente, ya en el mundo unipolar, el imperialismo yanqui considera que tiene las manos libres para someter sin obstáculos a América Latina. Por eso George Bush con todo cinismo propuso la "Iniciativa de las Américas", con el fin de que la "integración continental" afiance el poderío económico y político de Estados Unidos sobre "Nuestra América".

El panamericanismo, bajo los intereses del imperialismo norteamericano, tuvo expresiones muy características después de la Segunda Guerra Mundial. Era de esperarse que los Estados Unidos, fortalecidos al terminar la gran contienda, vieran su hegemonismo en América Latina como el gran objetivo prioritario a conquistar.

Ya en plena guerra fría impulsaron el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca, el cual fue firmado el 2 de septiembre de 1947, para conseguir la "seguridad americana". Ante el peligro que para nuestros países de este lado del Bravo implica dicho Tratado, el Licenciado Narciso Bassols escribió: "...lo grave de la alianza concertada en Río de Janeiro... radica precisamente en que, de una plumada, convierte a los países latinoamericanos en aliados forzosos y automáticos de los Estados Unidos, en cualquier clase de guerra que a partir de hoy se desate".

De la Novena Conferencia Interamericana realizada en Bogotá, Colombia, en 1948, nació la célebre Organización de los Estados Americanos (OEA). Su Carta constitutiva, llamada "Carta de Bogotá", estipulaba algunos de los principios de carácter internacional, pero caía en la "filosofía política" norteamericana, precisamente para mantener y acrecentar el hegemonismo de Washington sobre los pueblos de Bolívar, de Morelos y de Juárez. En efecto, el artículo 5 de esta Carta, estatuye que "la solidaridad de los estados Americanos... requiere la organización de los mismos sobre la base del ejercicio efectivo de la democracia representativa". ¿Qué podía resultar de una organización en que una gran potencia imperialista -la más poderosa de la Tierra- "dialogara" con países débiles, sujetos siempre a las presiones del país poderoso. No podía ser más que "la fábula del tiburón y las sardinas", como lo dijo el escritor y expresidente de Guatemala, Juan José Arévalo. O como lo había de expresar en frase menos literaria, pero más franca, el canciller cubano Raúl Roa: la OEA no es más que el ministerio de colonias de los Estados Unidos.

Las páginas negras que escribió la OEA en la historia de América Latina, están ahí, como vergüenza de ciertos gobiernos que se sometieron servilmente a la Casa Blanca. Recordemos cómo en la Décima Conferencia de Caracas, en 1954, el secretario de Estado Norteamericano, John Foster Dulles, fue a esa reunión exclusivamente a acusar al gobierno democrático de Guatemala, que presidía Jacobo Arbenz Guzmán, de haber caído en el comunismo. El canciller guatemalteco, Guillermo Toriello respondió: "es doloroso que se clasifique así a todo movimiento nacionalista o independentista, lo mismo que a toda acción antiimperialista o antimonopolista de los países que por mucho tiempo han tenido al cuello la soga de la explotación económica".

Es justo recordar que la CTAL, por la voz de su presidente, Vicente Lombardo Toledano, defendió con calor al régimen de nuestro vecino del Sur, contra la agresión política y militar maquinada desde Washington. En el documento "La CTAL ante la Conferencia Panamericana de Caracas" -dijo el dirigente obrero latinoamericano- "se encontrarán las razones fundamentales que provocarían la revolución en Cuba y los propósitos del imperialismo yanqui ante ese movimiento que inaugura la segunda gran revolución colectiva de los pueblos de América Latina por su plena independencia".

La Revolución Cubana vino a quebrar en "Nuestra América", la hegemonía norteamericana. También vino a romper el fatalismo geográfico de que ningún cambio histórico podía operarse frente a las narices de Estados Unidos. Desde su triunfo, el primero de enero de 1959, la Revolución Cubana se ha defendido con heroísmo ante las agresiones económicas, políticas y militares del "monstruo", como lo llamó José Martí. La OEA ha sido también escenario de todo tipo de agresiones por parte del régimen de la Casa Blanca. En 1962 Cuba salió de la OEA por las intrigas del gobierno de Washington y de sus servidores. Precisamente en la Octava Reunión de Consulta de Ministros de Relaciones Exteriores realizada en Punta del Este, Uruguay -1962-, el secretario de Estado de Norteamérica, Dean Rusk, hizo un "razonamiento jurídico", en el sentido de que la "adhesión de Cuba al marxismo-leninismo es incompatible con el Sistema Interamericano", juicio absurdo que fue incluido en el "Acta Final" de esa reunión. El gobierno de México, del presidente Adolfo López Mateos, se negó a seguir ese juego y todos los gobiernos subsecuentes de nuestro país hasta el día de hoy, han mantenido relaciones con el régimen revolucionario de la Patria de Martí.

Nosotros hemos planteado siempre la cuestión: ¿por qué los países latinoamericanos y del Caribe no forjan su propia organización con toda la formalidad? ¿No tiene "Nuestra América" -como la llamó Martí, es decir, la América distinta a la potencia del norte- problemas comunes, que pueblos y gobiernos deben resolver juntos, enfrentándose inclusive a intereses externos al área? Se dirá que perseguimos una utopía; pero es que los pueblos se han liberado a base de utopías.

Quienes concibieron las "Cumbres Iberoamericanas" tuvieron el acierto de considerar que la Península Ibérica -España y Portugal- tiene intereses que pueden coincidir con los nuestros, además de nuestra cultura común. El país hispano y el lusitano no son potencias hegemónicas y su presencia nos liga a Europa y, en cierta forma, pueden ser escudos ante el intervencionismo norteamericano.

Desde que tuvo lugar la Cumbre de Guadalajara, en julio de 1991, advertimos que su mecanismo interno tenía tres características que debían ponerse de relieve: 1) la Cumbre no fue convocada por Washington; 2) la Casa Blanca no tiene voz en esta Asamblea; 3) la Cumbre no fue convertida en una especie de tribunal para enjuiciar algún gobierno". Si, estas modalidades se mantienen, las Cumbres podrán dejar una huella en la historia universal.

Claro, el gobierno de Estados Unidos montó en cólera por este "desacato" de los países iberoamericanos de hacer su propio banquete sin el molesto comensal. La "Cumbre de las Américas" convocada por la Casa Blanca, como una réplica a la "Cumbre Iberoamericana", ha sido un frustráneo esfuerzo porque nuestros pueblos tengan siempre la tutoría de Washington.

Los mecanismos para elaborar los documentos de las "Cumbres Iberoamericanas" -especialmente la "Declaración o Acta Final"- deben tener sus complicaciones. Sería ingenuo esperar que en las Cumbres hubiera unanimidad de criterios y posiciones firmes en el sentido de la defensa de nuestra soberanía y de nuestra autodeterminación económica y política. Ante regímenes tan heterogéneos podemos decir que se ha avanzado mucho. Ya es una gran ventaja que las Cumbres no hubieran caído postradas ante los dictados de Estados Unidos. Al contrario, ha habido condenas abiertas a ciertas políticas intervencionistas de Norteamérica.

Alguien podrá afirmar que las Cumbres simplemente han reiterado los tradicionales principios del Derecho Internacional, pero sin haber hecho aportaciones novedosas. A nuestro juicio, defender los principios y las normas de la convivencia internacional en una Asamblea de Jefes de Estado y de Gobierno de un área del mundo tan amplia, es ya de por si un gran aporte en contra del hegemonismo y del intervencionismo.

Sería largo y tal vez innecesario entrar en los pormenores de las Cumbres. Desentrañar lo fundamental de las ideas y de los pronunciamientos que ellas han apoyado de manera unánime, para seguir la orientación de su política, es lo importante, a nuestro criterio:

I.- El respeto a la soberanía, a la integridad territorial y a la independencia de los Estados.

II.- La igualdad soberana de los Estados.

III.- La no intervención

IV.- La autodeterminación de los pueblos: el "derecho de cada pueblo a construir libremente en la paz, estabilidad y justicia, su sistema político y sus instituciones".

V.- La necesidad de impulsar la cooperación judicial internacional en contra del delito en todas sus manifestaciones "en el marco del respeto a la soberanía de los Estados".

VI.- El rechazo a "todo tipo de interpretaciones que pretendan reconocer la posibilidad de la aplicación extraterritorial de las leyes de un país a otro".

VII. Condena a la ley Helms-Burton con base en el principio de la no aplicación extraterritorial de las normas de un país. Es evidente que aquí hay un apoyo tácito a Cuba en contra de las agresiones económicas y políticas del imperialismo norteamericano.

VIII.- Condena a los enclaves colonialistas en las Islas Malvinas y en el Peñón de Gibraltar. Se omitió la condena al enclave colonialista de Estados Unidos en Puerto Rico, situación que ofende la integridad territorial y la soberanía de toda América Latina.

IX.- La "ausencia de perspectivas de crecimiento con justicia social dificulta la consolidación de la democracia y la preservación de los derechos humanos".

X.- "En las condiciones actuales no se puede concebir una estrategia de desarrollo uniforme y universal. Reafirmamos la noción de que las estrategias individuales deben tener en cuenta la herencia cultural y las fuerzas dinámicas de cada sociedad".

XI.- El "Programa para el Desarrollo... ha de lograrse mediante un diálogo universal, integral, transparente y constructivo, que sea fiel reflejo de los principios consagrados en la Carta de las Naciones Unidas y que ratifique el derecho de cada nación a elegir su estrategia de desarrollo conforme a sus prioridades y necesidades".

XII.- "Si ya no es posible en el mundo de hoy condicionar la observancia de los derechos civiles y políticos a la previa obtención de plenas condiciones de desarrollo, tampoco es plausible imaginar que la plena realización de los derechos humanos pueda abstraerse de la situación económico-social de las poblaciones involucradas".

Es verdad que se reitera en las Cumbres el "compromiso con la democracia representativa, el respeto de los derechos humanos y las libertades fundamentales", que para ciertos gobiernos latinoamericanos deben entenderse en un sentido "Oeísta" clásico, esto es, para seguir golpeando al sistema socialista que se ha dado el pueblo de Cuba, acusándolo de antidemocrático y de pisotear las "libertades humanas", como siempre lo hizo la OEA.

Pero como ya hemos visto, las Cumbres han reconocido una y otra vez que cada pueblo debe darse la democracia que su voluntad le dicte, de acuerdo con sus condiciones históricas, sociales y políticas propias; y que los derechos del hombre están indisolublemente ligados a la situación socioeconómica de los pueblos.

Recordemos que en la VII Cumbre, que tuvo lugar en la Isla de Margarita, Venezuela, en noviembre de 1997, se planteó como tema central "los valores éticos de la democracia". Pero inmediatamente saltan las preguntas: ¿cuáles serán esos "valores éticos" para un neoliberal a ultranza como Carlos Menem; o para un socialista como Fidel Castro? Y es que la democracia y la libertad son categorías históricas y no valores eternos que guarden siempre el mismo significado en todos los países y en todos los tiempos.

Las Cumbres marchan en el pluralismo. El Jefe de Estado que ha hablado con mayor franqueza y con la diplomacia de la verdad, ha sido Fidel Castro Ruz, el Presidente del Consejo de Estado de la República de Cuba. Para el viejo combatiente de la "Sierra Maestra" -y lo ha denunciado con énfasis en las Cumbres- las causas profundas de la pobreza y el subdesarrollo de América Latina, radican en: la mutilación de nuestros territorios -México perdió mas de dos millones de kilómetros cuadrados en la infame guerra del 47 del siglo pasado que nos impuso la potencia norteña-; el saqueo de nuestros recursos naturales y financieros por parte de las fuerzas imperialistas; así como las agresiones económicas, políticas y militares que han llevado a cabo en incontables ocasiones contra nuestros pueblos. Colosales sumas de recursos financieros se han transferido hacia el exterior, para cubrir el servicio de la deuda, la cual en realidad ya ha sido saldada; pero a pesar de ello, seguimos encadenados.

En un planeta con hegemonismo unipolar -ha expuesto Fidel Castro- con monopolio de tecnologías avanzadas, el control absoluto de la economía mundial y el dominio total de los medios de comunicación masiva, conceptos esenciales tales como el de soberanía se han puesto en tela de juicio.

El Presidente de Cuba ha dicho que en realidad las funciones de las Naciones Unidas han sido usurpadas por el Consejo de Seguridad, manejado por el gobierno norteamericano, con el propósito de acrecentar su hegemonismo. Si en verdad se quiere democratizar a la ONU, es urgente desterrar "el excitante privilegio del veto en el Consejo de Seguridad... por anacrónico, peligroso e injustificado".

Frente a la integración hegemónica del continente americano propiciada por la Casa Blanca, Castro ha hablado, en las Cumbres sobre los objetivos de la integración latinoamericana y del Caribe: salir del subdesarrollo y forjar el valladar para preservar y afianzar nuestra independencia económica y política. "Unirnos e integrarnos" es una necesidad histórica, ha recalcado el líder de la Revolución Cubana.

Respecto del bloqueo que el imperialismo norteamericano ha mantenido por cerca de cuarenta años contra el pueblo de Cuba, Fidel Castro ha dicho con vehemencia: "se intenta rendir por asfixia económica y de hambre a un pueblo que se niega a renunciar a su independencia y a sus ideas: un genocidio, un ultraje a la humanidad".

Se ve claro el contraste entre las posiciones de Fidel Castro y los pronunciamientos simplistas de un Julio María Sanguinetti, presidente de Uruguay, para quien la democracia no es mas que la contienda electoral de partidos y el reconocimiento a la victoria del ganador.

Es de ponderarse el hecho de que las Cumbres han acordado emprender la cooperación en materia de salud, tecnología, seguridad social, educación, cultura. En estos dos últimos aspectos se ha planteado el objetivo de crear el Mercado Común del Conocimiento y del Libro. Por lo que respecta al desarrollo social, se ha signado un Convenio Constitutivo del Fondo para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas de América Latina y el Caribe, cuyo mecanismo tendrá su sede en La Paz, Bolivia.

Todos estos acuerdos y pronunciamientos pueden constituir pasos en la integración de América Latina. "Nuestra América" tiene los recursos territoriales, económicos, sociales y culturales para crecer y desarrollarse, pero trabajando siempre unida, velando por sus intereses propios, para elevar las condiciones de vida de sus pueblos, ampliar sus regímenes democráticos y lograr el objetivo más trascendental: su emancipación económica y política.

Ciertamente América Latina tiene grandes problemas de subdesarrollo, pobreza y dependencia. Pero aun con estos lastres históricos o antihistóricos tiene la capacidad política para cambiar la correlación de fuerzas a su favor, en el escenario internacional.

José Martí siempre consideró al Caribe como una zona estratégica que había que cuidar. Hoy esa región tiene un potencial económico, social, político y cultural que enriquece a todo nuestro subcontinente y que es factor indispensable para nuestra unidad e integración.

A pesar de todas las circunstancias graves que se ciernen sobre América Latina y el Caribe, debido al mundo unipolar en que vivimos, la correlación de fuerzas, a nuestro juicio, no favorece la imposición del hegemonismo imperial, lisa y llanamente. Nuestros pueblos entienden que a pesar de nuestras condiciones de heterogeneidad, poseemos un invaluable capital político e histórico con el que podemos combatir y salir airosos.

Cuba socialista es una realidad que nadie puede ignorar. Por cuarenta años ha combatido no sólo por sobrevivir sino por ser lección permanente para la humanidad, en el sentido de que no hay poder en el mundo, con todo el arsenal Militar y económico de que pueda disponer, que sea capaz de aplastar la voluntad de los pueblos, de trazar su historia y su destino, aun con los mayores sacrificios y desafiando todos los riesgos.

Nos enorgullecemos de Cuba, porque ha hecho valer con las armas del Derecho, de la moral, de la razón y del heroísmo la prerrogativa de todos los pueblos a su autodeterminación. Cuba ha hablado por toda la humanidad combatiente y se ha ganado a golpes de patriotismo un lugar destacado en los fastos de la historia universal.

La personalidad histórica, revolucionaria y cultural de la Patria de Martí sobresale sobre las miserias políticas y las ambiciones bastardas. El mundo de hoy y de mañana no se entiende sin Cuba. El derrumbe de la Unión Soviética y del socialismo en la Europa Oriental ha sacudido a la humanidad y ha puesto a prueba la macicez de las conciencias de los hombres y de las organizaciones sociales y políticas. Pero Cuba sigue combatiendo y construyendo su proyecto de vida a pesar de los grandes daños que ha sufrido con estos cambios regresivos. Cuba es un pueblo que sigue principios firmes y no la línea en zigzag de los oportunismos.

Hoy se ha ganado un nuevo lugar en la historia. El Congreso Anfictiónico al que convocó Simón Bolívar sigue siendo meta de todos nuestros pueblos. Cuba es hoy por hoy el corazón de América Latina y el Caribe. Será el Corinto de la nueva Cumbre Iberoamericana que tendrá lugar a mediados de noviembre de 1999.

A pesar de la ausencia de algunos gobiernos en la Cumbre Iberoamericana de la Habana -Argentina, Chile, Nicaragua, Costa Rica y el Salvador- por las razones o sinrazones que sean, la Reunión tendrá toda la trascendencia que nuestro tiempo reclama.

La presión del imperialismo norteamericano para que se haga el vacío a la Asamblea, doblará a algunos gobiernos, pero no a los 21 gobiernos que conforman la Cumbre Iberoamericana.

La victoria de Cuba es la victoria de América Latina y el Caribe.

   
 
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del Comité Central del Partido Popular Socialista de México
   

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