| Señor
Presidente:
En
1992 la Asamblea General aprobó su primera resolución
llamando a poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero
que Estados Unidos impone contra Cuba. Desde entonces la ha reiterado
cada año con un respaldo siempre creciente que incluye ya
a la casi totalidad de los Estados miembros.
El
contraste es obvio. De un lado la opinión virtualmente unánime
de la comunidad internacional que rechaza una política ilegítima,
contraria a los principios y propósitos de la Carta, violatoria
de las normas del Derecho y de las que rigen el comercio entre las
naciones y que desconoce ilegalmente la soberanía y los intereses
de los demás países. Del otro, la terquedad de quien
carece de argumentos para intentar justificar lo que el resto del
mundo rechaza.
Estoy
seguro que hoy adoptaremos la undécima resolución
y ella posee una especial significación. La tiene porque
ese texto cuenta con un apoyo realmente unánime que incluye
a la mayoría del pueblo norteamericano y a algunas de sus
principales instituciones. En el último año se han
producido importantes acontecimientos que lo demuestran. La más
amplia representación de la sociedad civil y reconocidas
entidades empresariales se han pronunciado por la eliminación
del bloqueo y la normalización de los vínculos económicos
con Cuba.
Especialmente
activos en ese sentido son los agricultores, sus organizaciones
y sus principales empresas productoras y exportadoras. Gracias a
sus esfuerzos ha sido posible dar algunos pasos que pudieran conducir
a cambios significativos en la actual política. Por primera
vez en cuatro décadas fue posible a algunos exportadores
estadounidenses vender sus productos a Cuba y concluir las operaciones
necesarias pese a los severos obstáculos y las prácticas
discriminatorias que tuvieron que enfrentar. En 11 meses recibimos
más de 50 barcos mercantes que trasladaron 712 mil toneladas
de productos agrícolas norteamericanos. El valor de esas
compras, incluyendo su transportación, ascendió a
140 millones de dólares y podría elevarse a 200 millones
con nuevos suministros recientemente acordados.
Los
contratos relativos a estos últimos fueron suscritos en el
marco de la Feria de productos agrícolas norteamericanos
efectuada en La Habana del 26 al 30 del pasado mes de septiembre
en la que participaron centenares de empresas de más de 33
estados que fueron acompañadas por algunas de sus más
altas autoridades corporativas y políticas.
Aquellas
ventas y esa Feria mostraron el amplio potencial que en beneficio
de ambos países traería una relación comercial
normal y el caudal de buena voluntad e interés mutuo que
anima tanto al pueblo cubano como a los agricultores norteamericanos.
Los avances en esa dirección serían asimismo beneficiosos
para las demás naciones y para la paz y la cooperación
internacional.
Corresponden
igualmente con las aspiraciones de la comunidad cubanoamericana
en el seno de la cual se expresan diversos grupos favorables a una
relación normal con su patria de origen que levantan sus
voces, cada vez más numerosas, frente a quienes intentan
silenciarlos con amenazas y presiones. Su reclamo se hizo sentir
este año en el centro de Miami y en el capitolio de Washington
D.C.
Ese
espíritu constructivo ha encontrado eco en las instancias
legislativas de Estados Unidos. Allí se ha constituido un
grupo bipartidista que ha emprendido algunas iniciativas que tratan
de cambiar la actual política y sustituirla por una más
congruente con los verdaderos intereses del pueblo de ese país
y con las normas de respeto que deben regir las relaciones entre
Estados soberanos. Su tarea, sin embargo, debe encarar todavía
la tozuda oposición de una poderosa minoría.
El
año pasado las dos ramas del Congreso norteamericano aprobaron
un proyecto de Ley que habría introducido modificaciones
importantes al bloqueo. Pese al claro respaldo recibido en ambos
cuerpos, la dirección de la Cámara de Representantes
violando elementales procedimientos democráticos desnaturalizó
el texto aprobado e impuso una fórmula que contradecía
abiertamente la voluntad de la mayoría.
Este
verano la Cámara de Representantes adoptó por amplia
votación algunas propuestas legislativas que facilitarían
las exportaciones estadounidenses y eliminarían la prohibición
a sus ciudadanos de viajar a Cuba. Estas propuestas buscan corregir
elementos negativos arbitrariamente impuestos el año anterior.
Aunque no alcanzan a la completa eliminación del bloqueo
son pasos importantes en la dirección correcta que saludamos.
El
presidente Bush, sin embargo, se había anticipado a anunciar
que vetará cualquier proyecto de ley encaminado a modificar
la política vigente. El pasado 20 de mayo, en un discurso
claramente injerencista y agresivo, pronunciado en la ciudad de
Miami, expresó: "Estados Unidos continuará haciendo
cumplir las sanciones económicas sobre Cuba".
Esa posición encuentra cada vez menos respaldo. El líder
de la mayoría republicana de la Cámara, quien siempre
ha votado contra Cuba y ha sido elemento clave en las maniobras
parlamentarias para mantener el bloqueo, recientemente reconoció
la irracionalidad de esa política y su inminente derrumbe.
Esas
denominadas sanciones se están aplicando también contra
entidades y ciudadanos de los Estados Unidos. La administración
Bush no sólo amenaza con vetar proyectos que cuentan con
sólido respaldo en ambas Cámaras y que responden a
reclamos de buena parte de su población sino que lleva a
cabo acciones que contradicen la voluntad expresa de los legisladores
y las aspiraciones legítimas de quienes han inspirado esas
iniciativas en el Congreso. Mientras éstos aprueban medidas
que faciliten el comercio, la oficina encargada de ejecutar el bloqueo
actúa en sentido contrario y anuncia nuevos requisitos y
disposiciones que obligarían a cumplir a los exportadores
y restringirían sus ventas; mientras la mayoría del
Congreso se pronuncia por la libertad de viajar, la administración
establece limitaciones adicionales, amenaza con castigos a quienes
han ejercido un derecho amparado por la Constitución y ha
negado visas a varios grupos de artistas e intelectuales cubanos
causando perjuicios a importantes actividades culturales o científicas
celebradas en este país.
La
minoría anticubana, amparada en las relaciones privilegiadas
que tiene con la actual administración, actúa cada
vez más abiertamente contra los verdaderos intereses de la
nación norteamericana. Ha logrado ubicar en altos cargos
a individuos sin escrúpulos, calumniadores de oficio, que
repiten cotidianamente mentiras ridículas que nadie cree
y declaraciones provocadoras, irresponsables y falsas con el propósito
de fabricar, mediante el engaño, un conflicto bilateral que
les permita realizar su viejo sueño de apoderarse de las
tierras, las viviendas y todo lo que pertenece al pueblo cubano.
Aislada y derrotada políticamente acrecienta su hostilidad
contra Cuba y persiste en sus planes para emplear contra ella la
violencia y el terrorismo.
Cinco
jóvenes cubanos fueron castigados injustamente por actuar
contra conocidos grupos terroristas que operan libremente en Miami.
Se les trata con abominable crueldad privándolos incluso,
a ellos y a sus familiares, del derecho de visita. Un nuevo juicio
que repare las graves violaciones cometidas allí al debido
proceso ha sido solicitado por sus defensores con el apoyo de distinguidos
juristas norteamericanos. Esa moción presentada hoy al Tribunal
Federal del Sur de la Florida merece el respaldo de todos pues ella
permitiría que se restablezca el derecho en un caso de vital
importancia porque su esencia es, precisamente, la actitud que se
tenga, en los hechos y no sólo en la retórica, frente
al terrorismo y sus cómplices.
No
abundaré ahora en los daños a nuestra economía
ni en los graves perjuicios causados a la vida y el bienestar de
todos los cubanos ni a las incontables violaciones a las normas
internacionales y a los derechos de terceros que el bloqueo ha provocado
durante cuatro décadas y que constan en la documentación
distribuida respecto a este tema. La decisión que adoptará
hoy esta Asamblea hará justicia al pueblo cubano que mucho
ha sufrido como consecuencia de una política injusta, ilegal
y contraria a la razón y a la moral. Mi pueblo ha resistido
y lo seguirá haciendo porque nada lo hará renunciar
a la independencia y nunca consentirá que nadie le arrebate
sus derechos nacionales ni destruya la obra de justicia que ha creado
con abnegación y tenacidad.
Con
su voto la Asamblea estará defendiendo igualmente a todos
los estados cuya soberanía y legítimos intereses son
quebrantados por quienes se arrogan facultades que nadie les cedió
y pretenden, contra todo derecho, dictar pautas para todo el mundo
y hacerlas aplicar más allá de sus fronteras.
Pero
la resolución que me honro en presentar y que seguramente
hoy aprobaremos será también un respaldo al noble
pueblo norteamericano y a todos los que en este país se esfuerzan
por enmendar una política que el mundo censura, que es irracional
y nada justifica y cuyo fracaso ha sido registrado ya por la historia.
Muchas
gracias
Victoria
del pueblo cubano ante la ONU
La votación se produjo tal y como lo había vaticinado
Ricardo Alarcón en su discurso. Constituyó una aplastante
victoria para el pueblo cubano. El número de los votos a
favor de poner fin al bloqueo fue mayor que nunca:
-
173 votos a favor de la resolución de poner fin al bloqueo
genocida contra Cuba.
- 3 votos en contra: Estados Unidos, Israel e Islas Marshall.
- 4 abstenciones: Nicaragua, Etiopía, Malawi y Uzbekistán.
(1)
Discurso en la Asamblea General de la ONU, noviembre 12 de 2002.
(2)
Presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular de la República
de Cuba.
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