| El
movimiento contra la actual globalización tomó la
forma de una gran rebelión popular contra las políticas
del Banco Mundial, el FMI, la OCDE y otras agencias semejantes.
Desde los puntos de vista ideológico, de clase social y de
nacionalidad, está integrado de manera diversa y plural.
Surgió con este perfil porque esas políticas abaten
las condiciones de vida, dañan los intereses legítimos
y destruyen las aspiraciones de todas las capas de la población.
Sólo benefician a la gran burguesía imperialista y
los breves círculos que la rodean. El neoliberalismo que
se globaliza es la expresión actual concreta del imperialismo.
Por eso, en términos reales éste es un movimiento
contra el imperialismo, aunque no todos los que lo integran tengan
claro el hecho. Por eso mismo es que tiene un alto potencial revolucionario.
Este
movimiento persiguió a los poderosos adonde quiera que fuesen:
Seattle, Québec, Davos, Praga, Génova, Barcelona,
en fin. Se volvió para ellos un serio dolor de cabeza. Los
atentados del 11 de septiembre les sirvieron de pretexto para emitir
leyes que coartan las libertades y los derechos individuales y colectivos.
Su fin fue el de impedir la movilización de los pueblos.
El mismo propósito con el que generaron un clima de confusión
e histeria, que prendió, más que en otras, entre la
población de Estados Unidos. Apenas así lograron frenar
la movilización y sólo de modo temporal. El gran movimiento
de masas pronto salió a la calle con renovado vigor, porque
las razones que le dieron origen se mantienen y crecen. Incluso
han surgido otras más, que son igualmente válidas:
la lucha por la paz, contra el terrorismo y la guerra; la lucha
por la libertad y los derechos conculcados con el pretexto de los
sucesos del 11 de septiembre. Con estas otras banderas, justas,
el movimiento acentúa su carácter antiimperialista,
en los hechos.
Los
actos del imperialismo hoy son más brutales que nunca. A
sus políticas neoliberales ha añadido una guerra que
no es sino terrorismo ejercido desde la impunidad del poder de un
Estado que es el más poderoso de la historia desde el punto
de vista de su armamento. Véase el carácter criminal
de los bombardeos contra Afganistán. Véase la amenaza
de atacar a otros países, que Washington dejó abierta,
ya sea a los que, insidioso, llamó el "eje del mal",
la República Popular de Corea, Irán e Irak; ya sea
a otros, a los que mejor convenga a su turbio interés en
un momento dado. Esto puede incluir a todos los que no se plieguen
sumisos a sus mandatos. Véase cómo utiliza a Israel
como punta de lanza contra los países árabes en su
conjunto y contra el pueblo palestino en particular. Para ese fin
protege a su extrema derecha y apoya sus políticas fascistas.
Y también a criminales como Ariel Sharon, cuyas manos están
llenas de sangre como autor de las masacres de Sabra, Shatila y
Yenín. Véase como Washington respalda en los hechos
la ocupación ilegal del territorio palestino e impide a ese
pueblo que erija su Estado nacional. A todo lo anterior el imperialismo
ha añadido también la ya señalada pretensión
de coartar las libertades y los derechos democráticos de
los pueblos, para impedir su movilización.
Por
todo ello, el movimiento de protesta masiva de los pueblos del mundo
está llamado a crecer aun más, en cantidad, y también
en calidad; en unidad en la diversidad; en organización y
en capacidad de lucha. Los comunistas tenemos el deber y la responsabilidad
de contribuir a ese fin con todo nuestro esfuerzo, con plena comprensión
y respeto a la composición plural del movimiento.
Por
otro lado, es necesario observar que hasta ahora el movimiento ha
tomado fuerza sobre todo en Europa, Estados Unidos y Canadá.
Esto no obstante que las políticas neoliberales afectan a
los pueblos de todos los países, los desarrollados y los
que no lo son, de todas las regiones del mundo. No obstante que
la guerra, sea ya en pleno ejercicio o como inminente amenaza, se
lanza contra países de otras regiones. No obstante que a
nuestros países se les saquea y se les arrebata su soberanía.
Este
hecho tiene dos valoraciones. Una: es valioso que la movilización
popular se exprese con gran fuerza en esos países, como viene
ocurriendo, porque tiene una repercusión distinta y superior.
El imperialismo se ha preocupado desde siempre por tener la casa
en paz. Con ese fin ha trasladado la parte más aguda de las
contradicciones de clases hacia los países dependientes.
Y mucho le afecta que ahora las protestas populares se den dentro
y con gran magnitud. Dos: existe sin embargo la necesidad de lograr
el crecimiento de movimientos semejantes en las demás regiones
del planeta, y es deber de los comunistas contribuir a inspirarlos,
promoverlos e impulsarlos. En el caso de América Latina y
el Caribe, su expresión más significativa y exitosa
ha sido hasta hoy el Foro Social Mundial de Porto Alegre, Brasil,
que ha congregado a decenas de miles de manifestantes de todo el
orbe y que ha alcanzado resonancia mundial. Fuera de éste,
para ser sinceros, sólo ha habido esfuerzos con resultados
menores. Esto se debe superar.
Por
último, unas palabras sobre nuestra región. América
Latina y el Caribe enfrentan hoy serios problemas, agudizados luego
del 11 y del 20 de septiembre. La amenaza del ALCA, que vendría
a significar su dominación total, la consumación de
la doctrina Monroe. Washington se propone apoderarse de la región,
privarla de toda perspectiva de libertad y autodeterminación.
En este contexto se dan hechos ominosos. Es el caso del intento
por derrocar el régimen que el pueblo de Venezuela se ha
dado en ejercicio de su soberanía y ahogar la Revolución
Bolivariana que encabeza el presidente Hugo Chávez Frías,
intento que fue derrotado por la movilización de ese propio
pueblo. Es el caso del Plan Colombia y su añadido, la Iniciativa
Andina, abiertamente injerencista, cuyo fin es el de aplastar la
legítima lucha revolucionaria de ese pueblo por su liberación.
Es el caso del Plan Puebla Panamá. Es el caso de la ofensiva
que ha desatado contra Cuba, con la pretensión de aislarla
del todo, para lo cual ha uncido a sus políticas a los gobiernos
lacayos de la región, entre ellos de manera notoria el de
Fox, en México, que ha quebrantado cien años de relaciones
de amistad y respeto entre nuestros dos países y abandonado
una política exterior basada en principios, que nuestro país
ejerció desde los tiempos del Benemérito Benito Juárez
y que le dio prestigio en el concierto de las naciones. Frente a
todos estos problemas pedimos la solidaridad de los partidos hermanos.
El adversario es el mismo, el imperialismo. El fin es común,
la liberación.
(1) Ponencia del Partido Popular Socialista de México
en la Conferencia Internacional del Partido Comunista Alemán
(DKP), Berlín, junio 28 a 30 de 2002.
(2) Miembro
de la Comisión de Relaciones Internacionales.
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