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EL "LIBRE COMERCIO" ENMASCARA LA POLÍTICA COLONIALISTA
DE NUESTROS DIAS
(1)
Por José Santos Cervantes  (2)
  • La respuesta de los mexicanos debe ser tan radical como radical es la ambición imperialista.
  • La respuesta debe ser tan radical como radicales han sido los neoliberales en contra de la independencia nacional.

Hoy venimos a discutir un tema que encubriéndose con la máscara del "libre comercio", tiene que ver con un problema fundamental que es el de la independencia nacional. Quien lo examine al margen de esta cuestión toral, no podrá encontrar las soluciones adecuadas y definitivas a los demás problemas que de él se derivan, porque entonces tampoco podrá entender por qué el pueblo mexicano a pesar de contar con enormes recursos naturales y humanos vive en condiciones de pobreza y miseria, como tampoco se podrá explicar por qué aun contando con un sistema electoral cada vez más confiable y transparente, que ha dado lugar a la alternancia de partidos en el poder, no podamos tener un régimen verdaderamente democrático, que como lo ordena nuestra Constitución, debe estar basado en el constante mejoramiento de las condiciones materiales y espirituales de vida del pueblo.

Por esto conviene recordar que la lucha ancestral del pueblo mexicano ha estado guiada por objetivos muy concretos, que podemos resumir en tres:

  • Alcanzar la independencia cabal de la Nación.
  • Lograr el mejoramiento constante de las condiciones de vida de las masas populares, y
  • La instauración de un verdadero régimen democrático.

En el afán de alcanzar estos tres grandes objetivos, los mexicanos hemos llevado a cabo tres revoluciones populares intensas y dramáticas, hemos sufrido dos guerras injustas que mutilaron al país físicamente y desangraron grandemente a nuestro pueblo, además de varias invasiones militares de su territorio por tropas extranjeras.

Y es que desde la consumación de su independencia política, México empezó a vivir bajo la amenaza de la agresión del gobierno norteamericano. Nadie debe olvidar el discurso impúdico de aquel militar norteamericano que el 15 de agosto de 1846 pronunció ante los habitantes del poblado de Las Vegas, en Nuevo México: "Señor Alcalde y habitantes de Nuevo México. He venido cerca de vosotros por orden de mi gobierno para tomar posesión de este país y hacer extensivas a él las leyes de los Estados Unidos. Nosotros lo consideramos y lo hemos considerado desde hace tiempo, como parte del territorio de los Estados Unidos..."

Por esto estalló la guerra contra México y a pesar de su debilidad, nuestro país se levantó en pie de lucha, al grito de "¡Patria o muerte!", entablándose la lucha desde el Río Bravo hasta la capital de la República.

El resultado de esta agresión todos lo conocemos pero conviene recordar que en las pláticas preliminares al Tratado de Guadalupe, con el cual se consumó el despojo territorial de México, las proposiciones del Secretario de Estado, Buchanan, para concluir las negociaciones, incluían la concesión perpetua a los Estados Unidos sobre el Istmo de Tehuantepec, en el cual se proponían construir un canal que uniera al Océano Atlántico con el Pacífico.

Otro hecho de naturaleza semejante debe mencionarse también, que es el que se refiere a la amenaza política permanente sobre nuestro país de parte de los Estados Unidos lo mismo que sobre los demás países de la América Latina, que es la llamada Doctrina Monroe, que surgió para rechazar las intervenciones provenientes de los países europeos en cualquiera de las naciones americanas y salvaguardar su forma republicana de gobierno. Pero esa doctrina se convirtió, en poco tiempo, en un supuesto derecho del gobierno de los Estados Unidos para intervenir en los problemas domésticos de los países del Continente, con el pretexto de evitar relaciones no aprobadas por el gobierno de la Casa Blanca entre las repúblicas de la América Latina y los países que no forman parte del Hemisferio Occidental. De esta manera, desde el presidente James Monroe hasta la actual administración de George W. Bush, se ha pretendido utilizar la Doctrina Monroe, para justificar la intromisión del gobierno norteamericano en los problemas internos de nuestros pueblos.

México, hasta antes de los gobiernos neoliberales nunca aceptó y por tanto había rechazado de manera enérgica la Doctrina Monroe. Sin embargo, apareció otro tipo de intervención, que no nos ha soltado desde principios hasta finales del siglo XIX y principios del XX, que nos ha causado daños irreparables. Esa intervención se da por medio de las inversiones de capital extranjero en nuestro país.

¿Cómo se opera la intervención económica en México en ese momento y por qué no antes? Porque cuando aparece el sistema capitalista de producción en el mundo, es la libertad irrestricta: libertad de producir, libertad de comerciar, libertad de pensar, libertad de investigación, el medio que permite el aumento de las fuerzas productivas. La revolución democrático-burguesa de Francia, la revolución Francesa de 1789, es la que abre de par en par las puertas de esa libertad. Es esta libertad la que aumenta las fuerzas productivas. La burguesía se convierte en una clase social revolucionaria, llega al poder y transforma al mundo. En los primeros años, la burguesía será una clase social revolucionaria; pero se produce, se opera un fenómeno en el seno de la sociedad capitalista, en el seno de la sociedad burguesa: la libre concurrencia permite que los más poderosos vayan adquiriendo las propiedades de los menos poderosos, que se vayan acaparando las fuentes de producción y que llegue un momento en que la mayoría de los productores, aun con libertad plena, no puedan ya producir porque no les es costeable. Este proceso es la formación de los monopolios.

Para ser más precisos, entre 1860 y 1880 la libre concurrencia -el libre mercado como se le llama ahora- llega a lo que podríamos llamar su clímax, su cúspide, y desde fines del siglo XIX la libre concurrencia -el libre mercado- ya no existe, porque sólo puede existir entre iguales. Desde entonces los monopolios constituyen la base principal de la vida económica y, finalmente, los monopolios de la producción sucumben ante los monopolios de las finanzas. Se opera, además de la concentración del capital la centralización de la economía. Cuando se llega a este fenómeno aparece la expansión de los países desarrollados sobre los países débiles. Este es el fenómeno del imperialismo.

Por tanto el imperialismo no es un fenómeno sicológico ni es un fenómeno moral ni es un fenómeno político ni es un fenómeno jurídico, ni mucho menos un fenómeno inventado por los comunistas como argumentan los ignorantes. El imperialismo es un fenómeno económico. Es la exportación de capitales de los países que han llegado a la concentración del capital, a la centralización de la economía -como los Estados Unidos-, sobre los países subdesarrollados o muy poco desarrollados -como México-, para convertirlos en mercado para sus manufacturas, en centros de mano de obra muy barata y, al mismo tiempo, en proveedores de las materias primas para la industria metropolitana.

Esta es la esencia del imperialismo, desde su surgimiento hace más de un siglo y sigue siendo la esencia del fenómeno contemporáneo de la globalización, impuesta de acuerdo con los intereses de los países capitalistas desarrollados, y es la esencia de todos los tratados y acuerdos de libre comercio -como el TLCAN y el ALCA- que la potencia imperialista más poderosa de la historia les está imponiendo a los países subdesarrollados y atrasados de América Latina y el Caribe, que es su área natural de influencia.

Por esto cuando escuchamos la afirmación común de que con la firma y posterior entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, se está enfrentando en condiciones desventajosas a los productores mexicanos con los productores norteamericanos y canadienses, es una verdad a medias y no refleja la dimensión real del fenómeno y al mismo tiempo, se están aceptando las tesis de los neoliberales que reducen el problema a una mera cuestión de asimetrías o debilidades, con lo que esconden su verdadero papel de vendepatrias, entreguistas y lamebotas del imperialismo.

Los neoliberales como todos los traidores a la Patria, mienten y falsean la realidad. Por ejemplo, en el caso de los campesinos mexicanos con el TLCAN, establecen una competencia muy relativa con los agricultores y granjeros norteamericanos; porque la competencia real -si es que así se puede llamar a la relación entre el tiburón y la sardina- se da entre los campesinos y productores mexicanos y los monopolios gringos como Anderson Clayton, Cargill, Pilgrims Pride, Continental, Elgo, Maseca, Bachoco y Purina, entre otros, que son los verdaderos beneficiarios del "libre comercio".

También quien afirme que los agricultores y granjeros norteamericanos son los beneficiarios directos de los enormes subsidios que otorga el gobierno yanqui y que a eso se reduce el problema de la desigual competencia con los campesinos mexicanos, están haciendo una afirmación parcial, porque los realmente beneficiados son los monopolios y las transnacionales. Por tanto, podemos afirmar que los agricultores y granjeros norteamericanos también son víctimas de la voracidad monopólica y por tanto -aun con sus diferencias en cuanto al grado de su desarrollo- junto con los campesinos y productores mexicanos tienen un enemigo común: el imperialismo.

Este es el fenómeno que está en el origen y en el fondo del neoliberalismo imperialista, al que se le ha dado ahora el nombre de globalización y que se concreta en la imposición de las políticas que idílicamente se basan en acuerdos de libre comercio, pero que no son otra cosa que la exigencia de los capitanes de los monopolios y de sus gobiernos, a los países donde invierten sus capitales, de condiciones legales, sociales y políticas leoninas que significan siempre acciones que atentan contra la soberanía nacional, contra el bienestar de las masas populares y en la limitación de las libertades democráticas o bien en el establecimiento de la formalidad democrática, para encubrir la tiranía de los monopolios y las oligarquías locales.

Y como afirmábamos renglones arriba, siendo el imperialismo un fenómeno económico, que somete bajo su férula la vida política y afecta el bienestar de las masas populares, en cualquier país en donde se le permita su interferencia sin ninguna restricción, debe combatírsele con medidas de carácter económico, pero no con simples aumentos al presupuesto del sector agropecuario en este caso -como se plantea por diversas organizaciones campesinas y partidos políticos o con el llamado blindaje agropecuario-, que a fin de cuentas es más de lo mismo, ni tampoco con negociar períodos de gracia dentro del TLCAN, sino con políticas económicas radicales como radical es la ambición imperialista, como radicales han sido las políticas neoliberales impuestas en los últimos veinte años y que han sumido en la pobreza y miseria a la inmensa mayoría de los mexicanos y que han impuesto una tiranía política en manos de los sirvientes de la oligarquía, encubierta en una democracia formal.

Las medidas de carácter económico deben ser tan radicales, como la prisa norteamericana para utilizar a América Latina como instrumento para compensar sus grandes déficits comerciales con el resto del mundo, recolonizar la región y uncirla para siempre a su dominación, eliminar de América Latina la competencia de europeos y asiáticos y tener acceso irrestricto a los recursos latinoamericanos que ambiciona controlar.

Para el Partido Popular Socialista de México la única fórmula para que un país como el nuestro, dependiente y subdesarrollado pueda sustituir su estructura económica subordinada al extranjero por una estructura independiente, es la formación y utilización del capital nacional.

Sin embargo, la política de nuestros gobiernos -desde la Revolución de Independencia hasta hoy, con muy breves períodos de excepción- se ha basado en empréstitos e inversiones privadas extranjeras. Esta política ha sido el principal obstáculo para el progreso de México, porque los capitales extranjeros -como la vasta experiencia lo demuestra- nunca han llegado al país para cooperar a su independencia económica ya que sólo tienen como fin obtener grandes utilidades, superiores a las que logran en el mercado de las metrópolis.

Desde los primeros empréstitos hechos a México, a partir de 1832, se demostraron sus efectos desastrosos, para el erario público, porque los concertaron empresas privadas con el respaldo de sus gobiernos. Desde entonces, hasta ahora, han tenido el carácter de verdaderos fraudes cometidos impunemente por delincuentes internacionales. También ha habido empréstitos de gobierno a gobierno, pero que en nada se han distinguido de los otros ni por sus resultados ni por su carácter fraudulento.

Por servilismo más que por ingenuidad la mayoría de nuestros gobiernos han reconocido todas las deudas, empezando por el régimen de Porfirio Díaz, con la mira de que nuestro país tuviera crédito en el extranjero. De esta manera los empréstitos abrieron la puerta a las inversiones privadas, práctica que con diferentes argumentos se ha seguido hasta hoy.

Esta política contraria a la independencia nacional, se radicalizó con los gobiernos neoliberales: adquiriendo una deuda impagable pero aceptando dócilmente las directrices de los organismos financieros al servicio del imperialismo para aplicar las políticas neoliberales que se concretizaron en la privatización y desnacionalización del ahorro y el crédito, cometiendo el fraude más grande de la historia a través de FOBAPROA-IPAB; la privatización de Teléfonos de México; de la petroquímica; de la siderurgia; de los ferrocarriles, de los puertos y aeropuertos, de la aviación comercial; de la comunicación satelital; de los fondos de pensiones; de los ingenios azucareros, etc.

En pocas palabras se desnacionalizó de manera radical, sin ninguna contemplación, la economía del país, y para coronar la entrega de la independencia y la soberanía nacional a los intereses imperialistas, se firmó el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá.

Pero no satisfechos con esto, los actuales gobernantes hablan de realizar más cambios para adecuar a nuestro país a la entrada en vigor del Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA). Cuando ésta lesionará todavía más los intereses legítimos nacionales de nuestro país y de aquellos que lo acepten. Este proyecto de recolonización y anexión tiene muchos puntos oscuros de igual o peor significado a los que ya se establecen en el TLCAN, sobre los cuales se mantiene un sospechoso silencio.


Veamos algunos de ellos:

En cuanto a derechos de los inversionistas es evidente que a estos se les da mayor jerarquía que a los derechos de los pueblos. Se mantiene en los textos del ALCA el derecho de las empresas a demandar a los gobiernos ante instancias fuera de la legislación nacional, a condenar a estos y hacerlos cumplir sus exigencias. Se mantiene la prohibición de cualquier control sobre el movimiento de capital, incluidos los capitales especulativos de corto plazo. Se mantienen los llamados "requisitos de desempeño" que no es otra cosa que un Código de prohibiciones dictado por las empresas privadas para maniatar a los Estados hasta asegurar su total irrelevancia.

En el tema de servicios se pretende considerar todos los servicios -educación, salud, pensiones y jubilaciones, vivienda, seguridad, etcétera- como mercancías y someterlos a una lógica de competencia comercial en la que arrasarían las empresas de servicios norteamericanas y recibirían servicios sólo los que puedan pagarlos.

En el tema de compras gubernamentales se pretende que las compras que haga el gobierno se guíen exclusivamente por el precio y la calidad y que toda otra consideración sea condenada como una distorsión de la competencia. De esta forma un gobierno no podría usar sus compras como medio para favorecer a grupos sociales necesitados, sino solamente podría comprarles a las transnacionales extranjeras que se impondrían en la competencia.

En el tema de agricultura, Estados Unidos pretende penetrar en los mercados regionales sin levantar el proteccionismo del suyo, provocar la ruina de los campesinos y estimular una competencia entre los países que, sin mecanismos de coordinación de políticas agropecuarias, conduzca a minar la integración regional.

En la propiedad intelectual el ALCA mantiene su pretensión de hacer privado lo que debe ser público y adjudicarse incluso la invención de la vida convirtiendo en monopolio privado -éste es bueno y deseable, pues el malo y perverso es el monopolio estatal- el uso de plantas y otras formas de vida. Se pretende en suma, llegar más lejos que las reglas del Acuerdo TRIPs de la OMC y ampliar más aún la protección de las patentes para satisfacción de las grandes transnacionales farmacéuticas.

En el tema de política de competencia se desvirtúa el sentido de la empresa pública como empresas que surgieron para asegurar derechos de los pueblos y ejercer la soberanía sobre recursos estratégicos, al someterlos a una disciplina de competencia de mercado e incluso se pretende crear una amenazante autoridad autónoma con poderes supranacionales para investigar y condenar prácticas anticompetitivas y revisar las legislaciones nacionales en esta materia. Es prácticamente la sustitución del Estado por un ente autónomo que no parece rendir cuentas más que a sí mismo.

En cuanto a medio ambiente y recursos naturales el ALCA impulsa la radicación de transnacionales dedicadas a la exportación con uso intensivo de energía y recursos naturales, tratando al medio ambiente como una mercancía.
En los textos del ALCA sigue repitiéndose la inviolable libertad de movimiento de las mercancías y el capital, mientras que la política migratoria norteamericana se hace cada vez más xenófoba y restrictiva del movimiento de la fuerza de trabajo.

Los textos en negociación del ALCA ignoran la situación de la mujer colocada en un peldaño aun inferior en cuanto a empleo y recibiendo el impacto multiplicado de las políticas de libre comercio e inversión de capital. Nada hay en estos textos que aseguren a las mujeres la protección de sus derechos laborales, civiles, reproductivos, sexuales y humanos.

Nada hay tampoco para proteger los derechos de los pueblos indígenas sobre los que el neoliberalismo ha agregado una nueva dosis de explotación y exclusión por encima de las que padecen desde hace más de 500 años.

Todo lo anterior y aún más contienen los textos del ALCA que merecen ser criticados y rechazados.

Lo que sí está claro es el carácter anexionista, colonialista e imperialista de esta propuesta norteamericana.

Por todo esto las exigencias y las demandas de los trabajadores de la ciudad y del campo, de los sectores productivos nacionales, no pueden ser menores a las medidas aplicadas por los gobiernos neoliberales y mucho menos al tamaño de la ambición imperialista.

¿Cuáles serían en este momento las demandas justas de los campesinos mexicanos y congruentes con los objetivos históricos de la lucha ancestral de nuestro pueblo, por lograr la independencia, la democracia y el bienestar del pueblo, que anhelaron nuestros grandes héroes como Don Miguel Hidalgo, José María Morelos, Benito Juárez, Emiliano Zapata, Francisco Villa y Lázaro Cárdenas?

  • Rechazo total al TLCAN y al ALCA.
  • Recuperar el contenido esencial, no textual, que tenía el artículo 27 antes de la reforma de Carlos Salinas de Gortari, como primer paso.
  • Exigir la reorientación de toda la política económica, retomando el camino independiente y soberano para la Nación, y que nuestros gobernantes dejen de ser esbirros de Washington y sumisos ante el FMI y el Banco Mundial.
  • Luchar por cambiar la correlación de fuerzas imperante hasta hoy, esa y no otra es la primera tarea, para deshacernos de los neoliberales, que ya demostraron que pueden llegar por varias vías partidarias, hasta hoy por la vía del PRI y por la del PAN. Deshacernos de ellos para siempre.

(1) Ponencia del PPS de México ante el Seminario Internacional de la COPPPAL "Los productores agropecuarios, el libre comercio y la migración" realizado en el Puerto de Veracruz, los días 5 y 6 de enero de 2003.
(2) Secretario de Propaganda y Agitación del PPS de México.

 
 

  Teoría y Práctica. Organo de Teoría y Política
del Comité Central del Partido Popular Socialista de México
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