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EL IMPERIALISMO Y
SUS SOPORTES FILOSOFICOS
Por Humberto Pliego Arenas (1)

Introducción

Desde que surge el imperialismo como fase superior del capitalismo, a fines del siglo XIX y principios del XX y que tiene como importantes etapas de su desarrollo la Primera Guerra Mundial de 1914-1918, la Crisis Económica Mundial de 1929-1933, la Segunda Guerra Mundial de 1939-1945, el período postbélico, que se caracteriza por la militarización de la economía de los países de gran desarrollo capitalista, por la carrera de los armamentos y la "guerra fría" contra el socialismo, el apoyo ideológico al dominio de los monopolios, la justificación de la explotación, denigrar la propiedad social y la defensa y aplicación de diversas formas de colonialismo (1950-1986) y la presente etapa que penetra en los umbrales del siglo XXI, de capitalismo imperialista "globalizador" que pretende, entre otros objetivos aplicar nuevos métodos de explotación y dominio de los pueblos rezagados en su desarrollo y encubrir la ya larga crisis del sistema capitalista.

Simultáneamente se manifiesta también, casi en ese mismo ritmo, el resurgimiento de las ideas filosóficas reaccionarias, enmascaradas a menudo con refinada destreza y contra las que en el pasado, combatió la filosofía progresista burguesa. Por ejemplo, la restauración de la doctrina escolástica de Tomás de Aquino, la reanimación del irracionalismo de Schelling, de Schopenhavuer, de Nietzche, de Kierkegaard, etcétera. Esas y otras doctrinas de la filosofía idealista más reaccionaria se renuevan con el fin de fortalecer y orientar una permanente cruzada de anticomunismo como principal instrumento ideológico y político de imperialismo con el objeto de combatir al socialismo y al materialismo dialéctico e histórico como filosofía y concepción del mundo de la clase obrera.

Los ideólogos del capitalismo, desde fines del siglo XIX han modernizado diversas concepciones filosóficas fracasadas hace tiempo y se valen de ellas para respaldar teóricamente la refinada o grosera y vulgar apología del capitalismo, servirle de soporte y justificarlo en su etapa y nivel imperialista "globalizador".

Para hacerse una idea y orientarse en la inmensa multiplicidad de corrientes, tendencias y escuelas grandes y pequeñas, mencionaremos entre otras: el existencialismo, la fenomenología, la filosofía de la vida, la antropología filosófica, el espiritualismo cristiano, el intuicionismo, etcétera. Todas ellas expresan en mayor o menor medida los mismos rasgos distintivos del idealismo filosófico -el irracionalismo, el fideísmo, el empirismo, el agnosticismo, etc.

El existencialismo, por ejemplo, afirma que lo principal en la existencia del hombre es el eterno enfrentamiento con la muerte. De ahí el tono pesimista de esta corriente, la gran trascendencia que concede al tema de la muerte, de la angustia, de la desesperación y del temor que preside las ideas de los existencialistas. También el existencialismo actúa como adversario decidido del pensamiento científico y por ello afirma que el conocimiento científico no puede trazar los fines de la vida ya que la ciencia es incapaz de explicar su propio sentido.

El existencialismo es una doctrina destinada esencialmente a desmoralizar la conciencia social, a combatir a las organizaciones revolucionarias del proletariado, se recubre con la mascara de "filosofía de la libertad", se alza contra el materialismo dialéctico e histórico, contra la concepción científica del mundo, oponen la "existencia" a la "esencia" separándolas metafísicamente. Proclamando la primacía de la "existencia", esta teoría está dirigida contra la doctrina materialista que considera a la materia como el dato primario.

La antropología filosófica considera al hombre como un ser sobre todo biológico, al margen de las relaciones sociales históricamente concretas.

Contrapone lo humano individual a lo social, da un valor absoluto a la característica antropológica de la personalidad, como lo más esencial de ella. "Solamente tomando como punto de arranque el cuadro esencial del hombre -afirma-, y saliendo al encuentro de los actos del espíritu procedentes del centro del hombre, es posible llegar a una conclusión sobre los atributos genuinos del fundamento último de todas las cosas".
El espiritualismo cristiano explica de manera irracional la creencia religiosa, esforzándose por demostrar que la ciencia, en virtud de su propia naturaleza, "limitada" por el enfoque racional de las cosas, es incapaz de conmover los cimientos de la religión.

Pese a la abundancia de escuelas, corrientes y tendencias de mayor o menor cuantía en lo esencial y básico -la prédica del idealismo y la lucha contra el materialismo dialéctico e histórico- se muestran solidarias, pese a las controversias que a veces sostienen entre ellas por diferencias inexistentes y de ideas secundarias.

Sin embargo las variedades principales de la filosofía idealista que expresan con mayor plenitud los rasgos esenciales de la filosofía de los países capitalistas en las diversas etapas del imperialismo, que actúan como sus soportes por ser las más influyentes dentro de la filosofía burguesa, desde hace muchas décadas son: el Positivismo (neopositivismo), en Neotomismo y el Pragmatismo, donde las más diversas corrientes filosóficas idealistas han encontrado su expresión más acabada.

El positivismo y el neopositivismo

El Positivismo es una de las corrientes idealistas más difundidas en la Filosofía. El Positivismo considera haber terminado con la Filosofía y afirma apoyarse no en "especulaciones abstractas", sino exclusivamente en hechos "positivos". Pretende elevarse por encima del materialismo y del idealismo, y no ser ni lo uno ni lo otro. En realidad, el Positivismo es una variedad del idealismo subjetivo. La "negación" de la Filosofía, constituye un subterfugio de los filósofos al servicio de la burguesía y del capitalismo para introducir el idealismo en las ciencias naturales. Afirmando que los sabios pueden y deben desentenderse de la Filosofía, que lo esencial son los "hechos" y se esfuerzan por dar a los "hechos" una interpretación idealista. "Negar" la Filosofía se reduce a luchar contra la filosofía científica del materialismo y defender el idealismo. El rasgo característico del Positivismo, es la concepción idealista de la experiencia y de la ciencia, consideradas como un conjunto de sensaciones, de representaciones, de afecciones subjetivas, la negación de las leyes objetivas de la naturaleza y de la sociedad. El papel de la ciencia consistiría -en describir- y no explicar los hechos y fenómenos considerados como ciertos estados de la conciencia.

Por su naturaleza de clase el Positivismo representa una amalgama de "argumentos" y de consideraciones de toda especie a favor del capitalismo. Tiene como finalidad principal la lucha contra el materialismo dialéctico e histórico, la justificación de la política agresiva del capital financiero y por tanto del imperialismo globalizador de nuestro tiempo.

Heredero del Positivismo del siglo XIX y comienzos del XX, el de A. Comte, H. Spencer, Mach y Avenarius es el Neopositivismo, que constituye un sistema de criterios subjetivos, idealistas y agnósticos, que repite y amplía las erróneas concepciones del Positivismo original y, en especial las del empiriocriticismo de Avenarius y de Mach. El neopositivismo aceptó la renuencia de A. Comte al resolver el problema fundamental de la Filosofía -la relación entre la materia y la conciencia, entre el ser y el pensamiento- y resucitó las pretensiones de Mach de elevarse "por encima" de la lucha de los dos campos filosóficos principales, materialismo e idealismo, así, los fenómenos no son ni materiales ni ideales, sino "neutrales".

En esta doctrina se llevó hasta el máximo la negación de los problemas filosóficos históricamente planteados, negación sostenida bajo la falaz consigna de la "defensa de la ciencia", aunque en realidad representaba una interpretación idealista, subjetiva y agnóstica del contenido y de la metodología de las ciencias naturales. Su nacimiento y desarrollo guarda íntima relación con la lucha de la filosofía burguesa contra el materialismo dialéctico e histórico.

El Neopositivismo o "tercer" positivismo, conocido también con los nombres de: "atomismo lógico", "positivismo lógico", "empirismo lógico", "análisis lógico", "filosofía de la ciencia", etcétera, apareció desde sus comienzos como una corriente filosófica internacional. Contribuyeron notablemente a su nacimiento el lógico, matemático y filósofo inglés Bertrand Russel y el filósofo austriaco, Ludwig Wittgenstein. El Neopositivismo vio la luz en el llamado Círculo de Viena, formado a principios de la década de los veinte del siglo pasado, bajo la dirección de Moritz Schlick, contando entre sus miembros a R. Carnap. Junto al Círculo de Viena y a la Sociedad de Filosofía Empírica de Berlín (Hans Reichenbah), apareció en los años 30 el grupo de "analíticos" en Inglaterra con A. Ayer y G. Ryle entre otros.

La doctrina del Neopositivismo nació y fue expuesta con el máximo detalle por el Círculo de Viena. Entre sus principios se encuentran la concepción de los "hechos neutrales" y el programa de eliminación de la "metafísica", es decir de la Filosofía, del dominio de la ciencia.

Así, los hechos no son objetivos ni subjetivos, sino "neutros" y se entiende por "hechos" los estados o las situaciones relativamente estables en la esfera de las sensaciones, de los conceptos, de los pensamientos del sujeto, enfocados totalmente al margen del mundo exterior, de la realidad objetiva. Por consiguiente, nos encontramos ante una interpretación de los hechos rigurosamente introspectiva, idealista, subjetiva. Entienden por hechos las sensaciones, las vivencias, en suma los estados de conciencia.

Por supuesto, el materialismo dialéctico no niega la existencia de hechos del pensamiento de carácter ideal ni la de estados emocionales. Pero los hechos primarios, iniciales, son materiales. Sus reflejos en la conciencia del hombre constituyen hechos ideales. Por tanto, los hechos ideales son derivados. Además, pese a lo que digan los neopositivistas, no existen hechos "intermedios" entre los materiales y los ideales, es decir, hechos "neutros".

Los positivistas iniciales consideraban que la debilidad y las limitaciones de la mente humana hacían insolubles los problemas filosóficos básicos. Los machistas entendían que la cuestión cardinal de la filosofía (la correlación entre el ser y la conciencia) quedaba superada y resuelta con la doctrina de los hechos o elementos "neutrales". Los neopositivistas procedieron de modo mucho más radical. El problema cardinal de la Filosofía y por lo demás, todos los problemas considerados hasta entonces filosóficos, eran problemas ficticios o pseudoproblemas. No había necesidad de resolverlos. Debían ser desechados como carentes de sentido científico.

En su evolución de casi medio siglo el Neopositivismo atravesó varias fases, entre otras, podemos citar las dos principales: la fase lógica (décadas del veinte al cuarenta del siglo XX) y la fase propiamente lingüística (décadas del 40 al sesenta o setenta del propio siglo XX), que exteriormente se diferencian según el análisis (lógico-formal o lingüístico) que se sugiere como método de la filosofía. El Neopositivismo de estos dos períodos se llama respectivamente lógico y lingüístico.

La fuente principal del Neopositivismo es la filosofía de Mach, y algunas ideas extraídas del pragmatismo. En sí la doctrina de Mach se "distinguía por su tergiversación de las funciones cognoscitivas de los conceptos científicos y de los medios empleados como signos".

Así, el Neopositivismo se formó sobre la base de una solución adulterada de los problemas de la Lógica y de las Matemáticas, de la Física y la Lingüística y de la Sociología. Los exponentes de esta nueva tendencia intentaron eliminar la subvaloración del grado lógico del proceso cognoscitivo característica del machismo y utilizar los resultados obtenidos por la lógica matemática -que fue definida como una ciencia que se ocupa de las relaciones "neutras", o sea, no materiales ni ideales- y delimitar una nueva comprensión del conocimiento científico como construcción lógica sobre la base de los contenidos sensoriales. Los neopositivistas emprendieron con más decisión aun que Mach y Avenarius la tarea de expulsar la "metafísica" o sea la Filosofía del dominio de la ciencia, declarando que la Filosofía tiene derecho a existir no como "pensamiento acerca del mundo", sino sólo como "análisis lógico del lenguaje".

Los neopositivistas empezaron a sostener reiteradamente haber realizado una "revolución" en la cultura espiritual, asegurando que se había puesto de relieve definitivamente la esterilidad de toda la filosofía anterior y uno de sus voceros decía: "En lo tocante a la esencia del Universo, a la realidad, a la naturaleza, a la historia, etcétera, no presentamos ninguna respuesta nueva, pero rechazamos los propios problemas por ser ficticios". Al negarse a resolver estos problemas teóricos, los filósofos debían ocuparse en lo sucesivo, no al estudio de la realidad objetiva (como exigían los materialistas), ni tampoco pasar revista a las sensaciones propias, como sugerían los empiriocriticistas, sino únicamente del análisis lógico del lenguaje de la ciencia.
Mientras Berkeley, Hume, Mach y Avenarius encuadraban la Filosofía en los estrechos límites de las vivencias sensoriales y emocionales. Schlich y Carnap, Wittgenstein y Ayer restringían la Filosofía a un terreno aún más reducido, circunscribiendo el objeto de sus investigaciones al análisis lógico-sintáctico del lenguaje y sosteniendo que los problemas filosóficos no son más que problemas lingüísticos. Como todo posible saber se expresa en cláusulas o combinaciones de palabras, filosofar equivale a puntualizar las reglas de ordenación de los vocablos en las oraciones, a analizar las normas lógicas para deducir unas de otras.

Los neopositivistas lógicos entendían por "lenguajes de la ciencia", un conjunto rigurosamente ordenado de procedimientos terminológicos y simbólicos de una rama determinada de la ciencia y las relaciones lógicas entre ellos.

El Neopositivismo alcanzó rápida difusión en las esferas de la intelectualidad burguesa, y muy en especial, entre los científicos. No es fortuito que el escepticismo y agnosticismo, de que está impregnada la concepción neopositivista, haya encontrado tanto eco en el ambiente burgués, impulsando la desconfianza en la capacidad del hombre para averiguar la esencia de los fenómenos y llegar a conocer las leyes objetivas del mundo. Los resultados de la actividad teórica de los neopositivistas y las formas en que ésta se realizó adquirieron la apariencia de una existencia enajenada: los signos con ayuda de los cuales se verifica el pensamiento teórico, comenzaron a ser presentados como una realidad independiente, y punto menos que única, que oculta el mundo auténtico y objetivo a cuyo reflejo debían contribuir aquellos signos.

Sin duda, el análisis lógico del lenguaje, especialmente del científico, no sólo es legítimo, sino imprescindible. Pero ésta es sólo una de las tareas de la Filosofía, subordinada a otras más esenciales, de carácter de concepción del mundo. La Filosofía No es sólo ni tanto lógica de la ciencia, es, ante todo, doctrina acerca del mundo desde el ángulo del problema de la correlación entre materia y conciencia.

Si bien se apoya en los datos de las ciencias concretas, el conocimiento filosófico del mundo ofrece algo nuevo en comparación con ellas. La Filosofía científica del materialismo dialéctico e histórico, estudia las leyes más generales del movimiento y desarrollo de todo el mundo material y espiritual, cosa de la que ninguna otra ciencia se ocupa. Como a lo largo de toda su historia, la Filosofía actual incluye el problema del hombre, los problemas éticos y estéticos. Al identificar toda la filosofía con el análisis lógico del lenguaje, los neopositivistas intentan excluir de la esfera de la Filosofía casi toda la problemática filosófica e, implícitamente suprimir la Filosofía como tal. Los neopositivistas lógicos desplegaron su campaña contra la Filosofía como ciencia teórica con el objetivo esencial de destruirla como concepción del mundo.

El vacío y la esterilidad del formalismo al que los neopositivistas redujeron el análisis lógico del lenguaje y, con ello a toda la Filosofía, eran tan patentes desde mediados de los años 30 del siglo XX, que llevaron a los positivistas lógicos a revisar su doctrina. Si antes habían desdeñado el contenido del lenguaje de la ciencia y se ocupaban exclusivamente de las reglas sintácticas formales, a partir de finales de la década de los 30 los positivistas lógicos dedicaron creciente atención a los problemas semánticos, es decir, a los problemas de la significación de las palabras y las oraciones. Comenzaron a acotarse tres áreas en el análisis del lenguaje y de los sistemas de signos en general: la relación del lenguaje con el que lo emplea -pragmática; la relación del lenguaje con lo que éste designa- semántica; la relación entre las diferentes oraciones lingüísticas-sintaxis. La doctrina integrada por estas tres partes se denominó semiótica.

Con su paso al análisis del significado de las palabras y los signos, los neopositivistas incluyeron en la esfera de sus nuevas investigaciones una serie de problemas lógicos, lingüísticos y psicológicos de gran alcance científico y práctico, por ejemplo, en el diseño de computadoras. En el terreno común de la problemática semántica se instalaron diversas corrientes y escuelas que enfocaron desde distintos ángulos el análisis del lenguaje como portador de significación y como forma de comunicación. Un grupo se sumergió en la investigación de las expresiones simbólicas relacionadas con los problemas de la lógica matemática. Otros se dedicaron a los problemas semánticos en el terreno de la lingüística y los representantes de una corriente muy heterogénea, la llamada semántica general, intentaron utilizar el análisis semántico del lenguaje para "mejorar" las relaciones sociales, para "resolver" las contradicciones sociales.

Todos los exponentes de estas corrientes afirman que sus doctrinas se hallan desprovistas de premisas filosóficas y que se sitúan por encima de la contienda de los partidos filosóficos.

Los neopositivistas sostienen que todo lo que sabemos del mundo es obra de las ciencias empíricas concretas. La Filosofía, en cambio, no puede decir del mundo ni una palabra más de lo que dicen de él las ciencias particulares, no puede ofrecernos ninguna representación panorámica del Cosmos. Su tarea consiste en efectuar un análisis lógico y esclarecedor de los postulados de la ciencia y del sentido común con los que puede expresarse nuestro conocimiento del mundo.

Los filósofos al servicio de la burguesía, entre otros, los neopositivistas de nuestros días se dedican a escribir libros sobre las diferencias y contradicciones entre diversos países del mundo, sobre la esencia de la democracia, sobre las perspectivas del progreso científico-técnico, sobre las armas de destrucción masiva, sobre la crisis ecológica, sobre el porvenir de la humanidad, etcétera. Y es de notar que de ordinario, directa o indirectamente, voluntaria o involuntariamente, defienden y justifican los intereses de la burguesía internacional, operan bajo el estandarte de la lucha contra el materialismo dialéctico e histórico y suministran a la ideología y a la política imperialista de nuestra época argumentos filosóficos sofísticos, haciendo también la apología permanente del régimen capitalista de imperialismo globalizador que persiste en profundizar en el mundo la explotación, la opresión y la enajenación.

El neotomismo

En una época de inmensos avances en las ciencias naturales y en los procesos sociales, la reacción en el campo de las ideas utiliza con bastante más energía un medio antiguo y secularmente comprobado de influjo espiritual sobre extensos sectores humanos: la religión y la ideología religiosa.

Los ideólogos de la clase dominante empeñan esfuerzos ingentes en reanimar y apuntalar la fe irracional, en poner muros ante la ciencia y "hacerla inofensiva". En las últimas nueve décadas se asiste a una reactivación de las corrientes filosóficas que se proponen sin circunloquios vigorizar la religión, y que no sólo llegan a conclusiones religiosas, sin oque incluyen los postulados de la fe en el propio contenido de la Filosofía.

Entre todos los tipos de filosofía religiosa, la más influyente es la filosofía católica del Neotomismo, es decir, la doctrina de Tomás de Aquino, el sistematizador más prominente de la escolástica medieval, renovada y adecuada a nuestros tiempos.

Como indica su propio nombre, el Neotomismo representa una resurrección de la doctrina teológica de Tomás de Aquino, que a su vez, constituía una reelaboración escolástica de la de Aristóteles. De ahí que el Neotomismo se titule a veces filosofía tomista-aristotélica.
Al Papa León XIII, pertenece el dudoso honor de haber resucitado la retrógrada doctrina de Tomás de Aquino, declarándolo por derecho especial teólogo supremo de la Iglesia moderna. En su encíclica Aeterni Patris de 1879, León XIII hizo un llamado a todos los obispos católicos para resucitar esta doctrina y se le asignaba al tomismo la misión de salvar la "sociedad civil" de los socialistas y comunistas, empeñados en destruir el "fundamento" de la vida social.

En 1891, fue fundada en Roma la "Academia Santo Tomás" la orden de los jesuitas fue la principal organizadora de la restauración del tomismo. El centro académico del Neotomismo se encontraba en Bélgica, en la Universidad de Lovaina.

Hasta fines del siglo XIX el Neotomismo no desempeñó ningún papel esencial en el arsenal ideológico de la sociedad capitalista. Sólo en la época del imperialismo ya en auge, y especialmente a partir de la Primera Guerra Mundial, se inició el denominado renacimiento tomistas. El ulterior incremento de la influencia del Neotomismo está muy vinculado a las crisis del sistema capitalista, después de la Segunda Guerra Mundial y en especial al temor y preocupación que embargaba a la burguesía el creciente avance del socialismo en esos años.

En nuestros días, el Neotomismo se halla ampliamente extendido en los países capitalistas como Francia, Italia, Bélgica, Alemania, España; incluso en Estados Unidos, donde el catolicismo no es la religión predominante, también se difundió ampliamente en casi toda América Latina.

Entre sus pensadores más destacados se encuentran Jacques Maritain, Etienne Wilson, Gallus Manser, I. M. Bochenskmi, I. De Vries, etc.

Puede parecer increíble que la doctrina de un escolástico del siglo XIII goce de autoridad y tenga partidarios en la época de la energía atómica, de la cibernética, de los vuelos espaciales y en general en la era de la Revolución Científico-Técnica (RCT) Eso se explica porque la doctrina y las actividades de los neotomistas están muy diversificadas. Si sólo se dedicaran a la reproducción de las proposiciones de la Summa theologiae de Tomás de Aquino, su influencia no trascendería el reducido mundo del clero católico, pero los neotomistas dedican gran atención a la propaganda y aceleración de las prescripciones de la autoridad eclesiástica del Vaticano, y sigue atentamente el desarrollo de la vida científica y social y toma posición ante ella. Los neotomistas consideran como una de sus principales tareas la interpretación idealista de los descubrimientos y las teorías de la ciencia contemporánea. Los filósofos neotomistas, y los científicos influidos por ellos, han escrito decenas de libros, folletos y artículos que falsean sistemáticamente la teoría de la relatividad, la mecánica cuántica, la astronomía moderna, la astrofísica, la biología, la antropología, etc.

Una faceta muy importante de su actividad es que esa doctrina se transformó en uno de los principales instrumentos ideológicos de la filosofía reaccionaria en su lucha contra el materialismo dialéctico e histórico.

Los neotomistas declaran que la premisa de toda filosofía es instaurar "una clara distinción entre fe y conocimiento, entre la ciencia y la religión" y establecer la "armonía" entre tales conceptos. Afirman que fe y saber no se excluyen, sino que se complementan como dos fuentes de la verdad que "dios" nos ha dado. Para ellos, la fuente de las verdades de la fe es la Revelación, que se expresa, por ejemplo en las Sagradas Escrituras. El contenido de estas "verdades" es sobrenatural y concierne enteramente a la esfera de la teología. Para que el hombre pueda aceptar todo el contenido de las Sagradas Escrituras debe estar convencido de que la Revelación fue un hecho real y, ante todo, de que "dios" existe. Los neotomistas insisten en que admitir la existencia de "dios" no es sólo cuestión de fe, sino también de saber. Probar la existencia de "dios" es el cometido de la Filosofía, cometido que ha de cumplirse por medios rigurosamente lógicos.

De esta suerte, las verdades demostrables por vía lógica forman la "antesala de la fe", su pedestal. Las verdades de la fe -dicen- no ofenden a la razón: son suprarracionales; por cuanto dimanan directamente de "dios" se hallan por encima de las verdades de la razón.

Cae por su peso que las proposiciones neotomistas sobre la "armonía" entre fe y razón, entre ciencia y religión, contradicen los hechos y la lógica. La existencia de "dios", como los demás dogmas religiosos, no es para los tomistas materia de investigación científica, no es resultado y conclusión de un análisis racional, sino postulado (proposición admitida sin pruebas), premisa de todos los razonamientos, a la que por todos los medios procuran echar cimientos lógicos. Los neotomistas no admiten más que aquella ciencia y aquella filosofía que no atacan los dogmas de la Iglesia. Y, viceversa rechazan y motejan de "rebelión contra la razón" toda teoría que contradiga la doctrina de la Iglesia o conlleve deducciones para ella indeseables.

La diferencia entre el Neotomismo y otras teorías idealistas estriba en que nace directamente de la religión, en que tiene la fe cristiana por metafilosofía y en que pretende ser proclamada, de manera general, como filosofía de la religión, como filosofía del catolicismo. El Neotomismo se interesa por la Ontología, por la Gnoseología y por los problemas de las Ciencias Naturales y de la Historia tan sólo desde el punto de vista de la posibilidad de interpretar los dogmas religiosos, y de "justificar teóricamente" la política imperialista.

El desarrollo de la ciencia y de la filosofía materialista mostró hace ya mucho tiempo la endeblez de las ideas sobre fuerzas o esencias sobrenaturales y sobre una supuesta "intervención divina" en la naturaleza y la historia. La fe en tales fuerzas carece de todo fundamento racional y lógico; es completamente irracional. Obligando a la razón a que suministre "pruebas" de los dogmas eclesiásticos, los tomistas convierten la Ciencia y la Filosofía, de investigación objetiva, en apología preconcebida. Lo mismo que Tomás de Aquino, consideran que la Filosofía debe estar subordinada a la teología, por su "sierva".

Los neotomistas actuales, naturalmente, admiten todas las "pruebas" de la existencia de "dios" propuestas por Tomás de Aquino, pero al mismo tiempo tienen conciencia de su carácter arcaico, artificioso. Por ello buscan nuevos "testimonios" de la presencia de "dios" en el mundo y utilizan con ese fin la menor duda de los científicos en la concepción materialista, en las dificultades que experimenta la ciencia, en sus problemas pendientes. Los neotomistas querrían que todos los problemas que la ciencia no ha podido resolver aún definitivamente se consideraran como confirmación de la existencia de "dios" y se resolvieran remitiéndose al acto de la "Creación".

Los neotomistas sostienen que "dios" no sólo creó el mundo, sino que está siempre presente en él y que nada ocurre sin su participación (teísmo) En este postulado de la presencia permanente de "dios" en el mundo se erige toda la "metafísica" de los neotomistas, su doctrina del ser y su conocimiento. Los neotomistas promueven a primer plano los problemas ontológicos y consideran como su máxima tarea el estudio de la metafísica (en el viejo sentido de la palabra) como ciencia del ser en general.

Para los neotomistas, la doctrina de Tomás Aquino es la "filosofía eterna", por cuanto a su entender, dijo la solución verdadera y definitiva de los grandes problemas filosóficos sobre la naturaleza, de la carencia de esencia del ser finito y del "supremo", del "ser puro infinito" (o sea, "dios" como la "Existencia y forma suprema", sobre lo general y lo particular, sobre el movimiento y el reposo, sobre el "conocimiento" de "dios", etcétera. Así es como los neotomistas introducen en la Filosofía el método del dogmatismo religioso y tratan de cortar todos los intentos de avance de la Ciencia y la Filosofía.

Al igual que otras tendencias de la filosofía burguesa contemporánea, el Neotomismo pretende superar los "extremismos" del materialismo y del idealismo y crear una "Tercera orientación" filosófica, que toma los nombres de realismo, realismo creador, realismo crítico. Poca perspicacia se necesita para descubrir bajo el camuflaje de este "Tercer camino" la figura del capitalismo, sólo que maquillado y embellecido con la fraseología cristiana del amor al prójimo.

Sin embargo, característico de los neotomistas es el dualismo (lo material y lo espiritual), quedando siempre lo material subordinado a lo espiritual. El procedimiento básico de los neotomistas consiste en atribuir los aspectos diversos y contradictorios de un mundo material objetivo único a mundos distintos para, a la postre, acabar explicándolo por la intervención de "dios". Así, los atributos de eternidad e infinitud los asignan a "dios" (espíritu, alma); la finitud y temporalidad, al mundo objetivo.

La ciencia y la filosofía materialistas, hace mucho tiempo que superaron la dificultad con que los neotomistas especulan. El propio mundo material es eterno e infinito, y su eternidad e infinitud se forman de una innumerable multiplicidad de cosas y fenómenos finitos, transitorios. Tal es la dialéctica objetiva de la realidad.

Las concepciones sociopolíticas de los neotomistas, a cuya propaganda dedican gran atención, son tan engañosas como su "metafísica". Los neotomistas hablan mucho de su fidelidad a los valores éticos y de la inmutabilidad de las leyes morales, presentándose como fieles abogados de los soportes morales de la sociedad. De este modo atraen a muchas personas que no desean sumergirse en el pantano del amoralismo.

Los neotomistas consideran moral y justo el deseo de felicidad, pero procuran demostrar que no hay que buscar la felicidad en las condiciones externas de la vida, sino en la actitud interna que el hombre adopte frente a su conducta y en su "comunicación" con "dios". "El hombre inmortal... siente un ímpetu irrefrenable hacia la felicidad -han escrito neotomistas españoles- más no hay bienes terrenos, ni materiales ni espirituales... que puedan saciar esa sed inapagable. Sólo "dios" puede llenar ese vació del espíritu humano". Esa moral significa, de hecho, la aceptación completa de la injusticia social y está exclusivamente al servicio de la clase dominante, se convierte en nuestro tiempo en soporte y justificación teórica del capitalismo, del imperialismo...

En una encíclica publicada en 1891, León XIII sostenía "que se debe soportar la condición propia de la humanidad. Eliminar del mundo las disparidades sociales es cosa imposible". La existencia de ricos y pobres dimana de la "voluntad divina", idea emitida ya por Tomás de Quino y que la Iglesia católica sigue defendiendo perseverantemente. El sentido descaradamente apologético y profundamente burgués de la sociología neotomista con su prédica falaz de la solidaridad, de la cooperación social, de la negación de la lucha de clases, no impide, por otra parte, a los neotomistas jugar a veces a la oposición al capitalismo y hasta pretender hacerse pasar por adversarios del régimen capitalista.

El contraste entre la miseria y la opulencia, entre los desheredados y los ricos, se proclama indispensable, pues lo ha establecido "dios" para probar las virtudes del hombre, es decir, quizás para que los pobres no envidien a los ricos y para que éstos ayuden a sus "hermanos en Cristo" menos pudientes. El Vaticano, ayer y hoy, ha consolado a los pobres y desamparados diciéndoles que el dolor no faltará nunca en la Tierra, porque ásperas y difíciles de tolerar son las consecuencias del pecado que, se quiera o no acompañan al hombre hasta la tumba. Por ello, la Iglesia católica afirma que la pobreza para aquellos que la llevan con cordura, es un gran bien, un tesoro que no puede serles arrebatado, haciendo así, una idealización, una apología de la pobreza.

Los dirigentes católicos siguen considerando que la causa fundamental de todas las contradicciones sociales, de todos los males de la sociedad, tienen por motivo la decadencia de la fe, el debilitamiento de la fe, que ha tolerado la acentuación de las proclividades egoístas del hombre. Según ellos, la panacea de todos los males es el retorno a la fe y al espíritu del cristianismo, la potenciación del papel de la Iglesia católica en la vida económica, política e ideológica de la sociedad. Por ello, lo mismo opinan en "conferencias de prensa" sobre los problemas socio-económicos, sobre los derechos humanos, etcétera, beatifican y canonizan dándole "nueva vida" a los mitos.

La Iglesia católica posee una experiencia secular en la lucha contra el progreso social. Los neotomistas han asimilado perfectamente tal experiencia y la aplican de la manera más diestra y refinada. Cientos de filósofos neotomistas, financiados por el Vaticano, por los gobiernos de la burguesía y por múltiples organizaciones anticomunistas, mantienen una pugna desesperada por defender el régimen capitalista. La burguesía en general sigue haciendo panegíricos del capitalismo imperialista, a pesar que en sus tiempos juveniles, la burguesía era anticlerical, e incluso llegaba a elevarse hasta el ateísmo en las personas de sus ideólogos de vanguardia. La ideología burguesa se forjó en la batalla contra el Medievo, cuyo principal soporte ideológico era la religión. Hoy en cambio los ideólogos y los políticos burgueses sueñan con resucitar la antigua influencia religiosa como uno de los principales medios para apoyar y salvar al capitalismo. Por eso, "la burguesía imperialista apoya todo lo retardatario, caduco y medieval", para perpetuar la esclavitud asalariada e impedir la liberación social de los trabajadores. El fondo clasista de su filosofía religiosa tiene la expresión más relevante en la doctrina del Neotomismo.

El pragmatismo

El Pragmatismo es la filosofía distintiva del imperialismo, la filosofía del "gran garrote", de la completa conveniencia, de la práctica sin una teoría, del movimiento sin dirección, de la improvisación, de la ganancia, y de lo esencial en el credo del negocio norteamericano, "nada más exitoso que el éxito".

Ha servido al desarrollo del imperialismo norteamericano y a sus designios pasados y actuales de dominación mundial.

Se ubica desde su origen en la vieja lucha contra el materialismo de las ciencias particulares y especialmente en oposición al materialismo dialéctico e histórico y expresa su poder destructivo en relación con el conocimiento y los valores.

El Pragmatismo afirma que la base fundamental de la ciencia no es la correspondencia con el mundo material objetivo, sino que está dada solamente por sus efectos prácticos. Un "hecho" no es verdadero o falso, sino que es útil o inútil para la conducta de la vida humana.

La guía para la acción no es la teoría sino la fe. La función del pensamiento no es la adquisición del conocimiento, sino el "establecimiento de una opinión", la "fijación de una creencia". La producción de creencias, es la única función del pensamiento.

En los hechos el Pragmatismo es la glorificación y la celebración de la apologética (parte de la Teología que tiene por objeto la justificación del cristianismo) El pueblo sería forzado a sustituir el conocimiento por la fe, como una base para actuar. El Pragmatismo es realmente el retorno a las formas antiguas de ignorancia, la restitución de la superstición.

Ya en 1908 Lenin reconoció la naturaleza y las raíces del Pragmatismo filosófico a partir de la lectura del libro Pragmatismo, de William James.

Como filosofía es anticientífica, reaccionaria y oscurantista, antihumana. El pensamiento pragmático es el método de obtener resultados ventajosos sin tener en cuenta los medios empleados. Si esto me da ventajas, si esto es así, se llama "verdad" y "bien", si no da ventajas es "falso" y "malo".

Esto es en esencia, el principio básico del Pragmatismo, si es posible hablar de principios en relación con una filosofía que no los posee por completo.

Este principio pragmático se ha aplicado por el imperialismo para usar la bomba atómica contra Japón, que estaba prácticamente vencido, en los episodios finales de la Segunda Guerra Mundial y se ha puesto en práctica en el empleo de las más sofisticadas armas de destrucción indiscriminada y "terrorista" contra los pueblos de Viet Nam, primero, y más tarde de Irak, Yugoslavia, Afganistán, etc.

La filosofía del Pragmatismo no ofrece otra cosa. Ese es el tipo de pensamiento que da cuerpo y sostén a la política exterior criminal del imperialismo. Ella está elaborada en una infinita variedad de formas, pero siempre los rasgos esenciales son los mismos. En muchos casos ellos están camuflados pero luego, cuando las frases demagógicas son dejadas de lado, su esencia aparece expuesta en toda su crudeza.

El Pragmatismo es una forma del idealismo filosófico. Más específicamente, es una forma del idealismo subjetivo que señala que sólo nuestra mente existe realmente, que el mundo natural y social existe sólo en nuestras sensaciones, e ideas, deseos y emociones. Es una filosofía idealista subjetiva desarrollada dentro de las condiciones históricas concretas de los Estados Unidos entre los años 1860-1878, "primera de las principales etapas en la historia de los monopolios, su período embrionario, escasamente percibido".

La filosofía del Pragmatismo fue formulada principalmente por tres filósofos norteamericanos: "Charles Peirce, William James y John Dewey. Peirce fue su fundador, James su difusor y Dewey su más alto y reconocido sacerdote".

El Pragmatismo no es de ninguna manera una filosofía simple y académica inventada por profesores de la Universidad de Columbia o Harvard. Es en primer lugar la visión del mundo de la clase capitalista y sólo secundariamente la concepción de los ideólogos burgueses. Actúa sobre el punto de vista general de clase y de vida de la sociedad de la cual proviene originalmente. Pragmatismo es el nombre que vino a significar la visión particular de la vida y el modo de pensar creado por la clase capitalista en los Estados Unidos, derivada de sus bases materiales y de las relaciones sociales correspondientes.
El Pragmatismo filosófico es tanto un método como una teoría.

El método pragmático es empirista, en oposición al método racional de pensamiento, de conocimiento y de la realización de decisiones, se inclina ante la práctica y desprecia a la teoría. El peso exclusivo de la experiencia sensorial conduce a un énfasis distorsionado de la práctica individual, como opuesto a la social. No hay nada erróneo en sí mismo con la práctica individual. Toda práctica en primer lugar, es la práctica de los individuos. Pero al mismo tiempo el aspecto individual de la práctica experiencial puede ser entendido sólo cuando es vista en relación con lo social. Dar importancia a lo individual a expensas de lo social es transformarlo en individualismo. Así, el segundo rasgo del método pragmático es el individualismo.

Si el conocimiento es siempre experiencia, nunca teoría, y la experiencia es siempre individual, particular y única, nunca social, general, se deduce que no puede haber nunca planes y proyectos. Planear y proyectar requiere el conocimiento teórico basado en la experiencia social que incluya las leyes generales necesarias para casos similares. Es este tipo de conocimiento el que el Pragmatismo condena. La oposición directa a los planes y proyectos, implica caer en la espontaneidad y la improvisación. La espontaneidad como otro rasgo del Pragmatismo, se refiere a algo que aparece rápidamente de cualquier lado, sin un trabajo y una preparación previa y sin ser esperado.

Los tres primeros rasgos del Pragmatismo son esencialmente negativos; el empirismo, el individualismo y el espontaneísmo, no constituyen por sí mismos un método que pueda ser empleado para la acción. Sin embargo, dan la base para el lado práctico del método pragmático, para la sustitución pragmática del método de la ciencia.

Si no hay una teoría que guíe la práctica, como sostiene el Pragmatismo, si no puede haber planes y proyectos basados en el conocimiento científico y la predicción, entonces ¿cómo puede funcionar el hombre? ¿Cómo puede pensar, juzgar y actuar? Si no existe tal cosa como la verdad, ¿cuál puede ser el criterio para discriminar entre varias ideas, juicios y acciones? Sobre la base de los tres primeros rasgos, el método pragmático respondería que la gente confíe en su propia experiencia, enfrente cada problema nuevo tal como se le presenta, e improvise soluciones de la forma que pueda. Así, el Pragmatismo ofrece el oportunismo de la conveniencia como la alternativa ante el método científico. El oportunismo es la toma de ventajas, de oportunidades o circunstancias con poco o ningún cuidado por los principios o consecuencias posteriores.

El cuarto y último rasgo del método pragmático es el oportunismo de la conveniencia; conveniencia porque el Pragmatismo está relacionado solamente con la adaptación de los medios a los fines; oportunismo porque invoca el uso de cualquier medio que conduce hacia el éxito prometido. Cualquier medio hacia el fin previsto es la esencia de método pragmático.

Tal método está eminentemente ligado a los requerimientos ideológicos de una clase que en los hechos empela cualquiera y todos los medios que puedan ser exitosos en el mantenimiento y la extensión de la explotación y la opresión: romper huelgas, romper y dividir sindicatos, persecuciones anticomunistas, violencia, corromper dirigentes sindicales y políticos, conspiraciones, espías, terroristas y delatores ubicados dentro del movimiento obrero; doctrinas de superioridad racial, discriminación social y nacional, agresiones, difamaciones, asesinatos, genocidios, etcétera. El oportunismo refleja agudamente el carácter de la muerte de la desesperada clase capitalista.

Pero el Pragmatismo no es solamente un método. Es asimismo una interpretación, una concepción, una teoría sobre el mundo. La teoría del Pragmatismo es idealista subjetiva y oscurantista de tipo positivista.

La actividad mental, de acuerdo con el Positivismo pragmático, no es primariamente ni lógica ni semántica; es instintiva, emocional, voluntarista, práctica y utilitaria. La "fresca y zumbante" confusión de sensaciones presentadas por el sistema nervioso son organizadas por los deseos y los instintos, las emociones y los hábitos que constituyen la estructura innata de la mente. De este modo, el pensamiento puede relacionarse sólo con lo que los instintos y las emociones han realmente organizado. "Los pensamientos" no son de tal o cual naturaleza objetiva; ellos son lo que se teme que sean, o lo que se desea que sean; ellos son lo que se necesita en la experiencia humana. Este es el camino hacia el subjetivismo.

El corolario inevitable del subjetivismo es el solipsismo. El idealismo subjetivo en cualquier forma siempre cae en la ciénaga del solipsismo, y el Positivismo pragmático no es la excepción. Desde que todas las "cosas" existen en la medida en que son útiles, se desprende que todo, incluyendo a todos los otros seres, son una construcción del propio "yo". La conclusión inevitable es que el "yo" es la única cosa existente. Crea su propio mundo y vive solamente en él. El subjetivismo, junto con su corolario el solipsismo es el primer rasgo del Positivismo pragmático como teoría.

Si todo lo que el hombre puede conocer es el producto de su propia actividad emocional y práctica, se deduce que todo el mundo externo material es completamente desconocido e incognoscible.

Con este repudio al conocimiento científico y a la verdad, y con la aceptación de cualquier creencia mientras tenga algún efecto verificable sobre la gente, la teoría pragmática abre las esclusas de la superstición, desde los fantasmas hasta el misticismo y la religión. Incluye en sus esencias el rasgo del oscurantismo. "El oscurantismo" es la doctrina de la incognoscibilidad del mundo acoplada a la superstición como sustituto del conocimiento.

Si el mundo como existe realmente es incognoscible, y si el conocimiento y la verdad son sustituidos por la superstición, se deduce que el Positivismo pragmatista es una apología de la invención y la ficción que puede ser utilizable para determinados propósitos. Si tales ficciones prueban ser útiles, ellas serán "verdaderas" en el sentido pragmático, y no existirá una verdad genuina dentro de la trama de una teoría que puede posiblemente contradecirla. Las ficciones, desde las psicoanalíticas y las teológicas, a las económicas, sociales y políticas, son racionalizadas por esta teoría. Así, la ficción o ficcionalismo es otro rasgo del Positivismo pragmático.

La teoría pragmatista es, de este modo, una forma de Positivismo que a su vez es una forma consistente de idealismo subjetivo; es una construcción teórica ficticia, subjetivista, oscurantista, bien adaptada para acertar los requerimientos de la clase a la que sirve.

La principal fuente del poder del Pragmatismo es el poder organizado de la clase capitalista. Todo el poder del Estado, toda la fuerza y la violencia, todos los medios de comunicación de masas, están detrás de él. Está en el aire, en la prensa y en las pantallas, grande y chica. Está en todas las instituciones burguesas. Está en las escuelas. Está en todas las fases de la ideología. El poder del Pragmatismo se apoya fundamentalmente en el poder político y económico de las clases dirigentes para fomentarlo.

El Pragmatismo es la filosofía fundamental del capitalismo en la era del imperialismo globalizador. Es un arma de clase en la apología de la brutalidad, la ignorancia y la superstición. En el método y la teoría es lo opuesto al materialismo dialéctico e histórico y está dirigido contra la clase obrera y sus aliados y por ello, provee la justificación teórica de la democracia burguesa y del neofascismo.

(1) Miembro del Comité Central del Partido Popular Socialista de México.

 
 

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