|
El
Tratado de Libre Comercio firmado por nuestro país con los
Estados Unidos de Norteamérica y Canadá (TLCAN), fue
una iniciativa de nuestro poderoso vecino del norte, como parte
de toda su estrategia de dominación y de afianzamiento de
su hegemonía sobre México primero y toda América
Latina y el Caribe después.
No
se trata sólo de un acuerdo comercial ventajoso para el imperialismo,
o sólo de una mala negociación de parte del gobierno
de Salinas. El TLCAN, junto con el endeudamiento externo y la imposición
de las políticas neoliberales de todo tipo, por parte de
los organismos financieros a su servicio -el Fondo Monetario Internacional
y el Banco Mundial- conforman un proyecto integral para perpetuar
el saqueo y la explotación de los recursos naturales y la
mano de obra mexicana. No fue una mala negociación, sino
una entrega consciente de los intereses nacionales, por parte de
los tecnócratas neoliberales, educados para servir dócilmente
a los intereses del capital transnacional.
Por
esto, los beneficios sólo los obtienen las empresas transnacionales
y quienes están asociados a ellas, mientras que los perjuicios
son para las empresas nacionales de todos tamaños, que no
se adapten a las reglas del amo; para la mayoría de los productores
del campo; y, para la clase trabajadora en general, y así
seguirá siendo, mientras todos los agraviados por las políticas
neoliberales, por el saqueo de capital a través del pago
de la deuda externa y el TLCAN, no entiendan, que no se trata de
un problema menor sino de la lucha por la liberación nacional.
No
se puede estar en contra del TLCAN, al margen del problema de la
impagable e incobrable deuda externa, o de la lucha contra las políticas
neoliberales, porque es una lucha general, frontal, contra el dominio
imperialista, porque todo forma parte de la lucha por la independencia
nacional, respecto del imperialismo.
Por
lo anterior, cuando los campesinos mexicanos se movilizan enérgicamente
para exigir sólo la revisión del capítulo agropecuario
del TLCAN, o por su moratoria, e incluso por sacar algunos productos
de ese capítulo, están reduciendo su lucha a un pequeño
aspecto del problema.
Los campesinos mexicanos deben entender que la lucha por subsidios
a la electricidad, al combustible, por acceso al crédito,
por mayor presupuesto para el sector agropecuario, etc., constituyen
parte importante, pero no la esencia de su lucha. Deben pasar de
la lucha por sus intereses económicos a la lucha política
e ideológica contra la dominación y la explotación
del imperialismo yanqui.
La
lucha campesina también es sólo una parte de la lucha
más amplia que deben emprender todos los sectores sociales,
trabajadores asalariados y no asalariados, maestros, micro, pequeños
y medianos empresarios, estudiantes, es decir, todos los mexicanos
agraviados de una u otra forma por el neoliberalismo, el TLCAN y
la política de saqueo a través de la trampa del endeudamiento
externo.
¿En
estas condiciones qué expectativas favorables pueden tener
las mesas de diálogo del movimiento campesino con al actual
gobierno proempresarial y pronorteamericano de Vicente Fox? Ninguna,
porque está a favor del TLCAN, sigue aplicando las mismas
políticas neoliberales y sigue aceptando sumisamente la oprobiosa
e inmoral deuda externa, que en conjunto forman parte de los mecanismos
que el imperialismo utiliza para sojuzgar y explotar a nuestro país.
¿Qué
hacer? Frente a esa situación:
- Hay
que reorientar la política con respecto al campo y los
campesinos.
- Hay
que recuperar el contenido esencial, no textual, que tenía
el Artículo 27 constitucional antes de la reforma de Salinas.
Pero aun eso no basta. También se requiere tomar otras
medidas sin las cuales tampoco se resolvería el problema
de fondo de los campesinos mexicanos:
-
Hay que reorientar toda la política económica, para
retomar el camino independiente y soberano para la Nación.
- Hay
necesidad de que nuestros gobiernos dejen de ser esbirros de Washington
y sumisos frente al FMI y el Banco Mundial.
- Pero
para todo esto hace falta primero cambiar la correlación
de fuerzas imperante. Esa y no otra es la primera tarea, para
poder deshacernos de los neoliberales, que ya probaron que pueden
llegar por varias vías, hasta hoy por la vía del
PRI y del PAN. Es necesario deshacernos de ellos para siempre.
Esta es la verdadera y urgente tarea para los campesinos. No sólo
para ellos, sino también y de manera necesaria para todos
los patriotas mexicanos.
México, abril de 2003
|