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DE LA COMUNA DE PARÍS AL SIGLO XXI
La lucha por la liberación nacional
y el socialismo en América Latina
(1)
Por José Santos Cervantes y Cuauhtémoc Amezcua Dromundo (2)
La gran interrogación de nuestro tiempo que se formula en todos los ámbitos del planeta, es ésta: ¿es vigente la doctrina de Marx, Engels y Lenin? ¿Sus principios fundamentales en los campos de la economía política, de la filosofía y del socialismo, tienen actualidad? Es decir, ¿son armas de lucha hoy por hoy y poseen perspectiva como instrumentos de transformación revolucionaria?

Estas preguntas mueven la conciencia y los sentimientos de millones de seres humanos, fundamentalmente después de la desintegración de la Unión Soviética y del derrumbe del proyecto concreto de socialismo que se construía en Europa. Estos hechos son de tal trascendencia que han cambiado la correlación de fuerzas en el mundo, a favor del imperialismo; pero también han influido en el interior de cada país, en menor o mayor grado.

Pero es indudable que el marxismo-leninismo sigue formando parte de la cultura universal de nuestro tiempo, no como simple juego teórico que está en las academias y en los círculos intelectuales, sino como una "guía para la acción" y como una "teoría revolucionaria" que impulsa a organizaciones políticas y cuadros destacados del combate social y político.

Lombardo Toledano expresaba que "La cultura no es un cuerpo muerto de enseñanza... (sino) un instrumento de trabajo y un instrumento de lucha... para revolucionar la vida a la cual pertenecemos en este periodo de la historia... La clase obrera nunca cesará de luchar y, por tanto, nunca puede cesar de aprender. La cultura es patrimonio del proletariado".

¿Cuál es la esencia de ese patrimonio? Con esa enorme capacidad de síntesis que poseía, Lenin nos mostró las líneas estelares de esa sabiduría descubierta por los maestros del proletariado. En primer lugar, el líder de la Revolución Socialista de Octubre nos enseñó que el marxismo no es una doctrina más, sino el resultado del conocimiento científico y de lo mejor de la cultura que había producido la humanidad, asimismo, es el fruto de la enorme experiencia acumulada por las mejores fuerzas de la sociedad, en sus impulsos por transformarla en un sentido progresivo.

El marxismo hizo el gran descubrimiento, como dijo Engels, "el hecho, tan sencillo, pero oculto bajo la maleza ideológica de que el hombre necesita, en primer lugar, comer, beber, tener un techo y vestirse antes de poder hacer política, ciencia, arte, religión, etc.; que, por tanto, la producción de los medios de vida, inmediatos, materiales, y por consiguiente, la correspondiente fase económica de desarrollo de un pueblo o de una época es la base a partir de la cual se han desarrollado las instituciones políticas, las concepciones jurídicas, las ideas artísticas e incluso las ideas religiosas de los hombres y con arreglo a la cual deben, por tanto, explicarse, y no al revés, como hasta entonces se había venido haciendo". Es decir, que en la sociedad surgen cambios, por el crecimiento de la fuerzas productivas, las cuales a su vez, provocan transformaciones en las relaciones social?productivas; y que sobre esta estructura de la sociedad surgen las diversas ideas y las instituciones que forman la superestructura.

Con el descubrimiento del materialismo histórico, los conocimientos sociales adquieren el rango científico, porque se descubren las leyes del desarrollo de la sociedad. El pensamiento marxista sobre un nuevo régimen de la vida social superior al capitalismo, deja atrás el socialismo utópico que veía las desigualdades sociales como resultado de la inmoralidad de los hombres, de la falta de amor a sus semejantes. Al analizar acuciosamente al capitalismo, descubrió el "secreto" de la explotación, la plusvalía, esto es, el trabajo no pagado al obrero, al cual sólo le es cubierto el valor de su fuerza de trabajo, pero no todo el valor producido. Así, el marxismo puso al desnudo que las lacras del capitalismo devienen de ese rasgo esencial.

El pensamiento marxista descubrió que el motor de la historia, en las sociedades divididas en clases, es la lucha entre ellas, lo cual constituye una ley del desarrollo social. Pero además, llegó a la conclusión de que existe la fuerza, la clase social que ha de destruir, con su organización, su acción y sus ideas, al sistema de explotación. Esa clase es el proletariado, cuyo "papel histórico universal", como expresó Lenin, ha de ser el creador de la nueva sociedad socialista.

Lenin dijo, aún antes de la Revolución proletaria en su país, que "La doctrina marxista es todopoderosa porque es exacta". Él la enriqueció con nuevos descubrimientos, cuando el capitalismo había llegado a su etapa superior, el imperialismo. Como Marx en su tiempo analizó el capitalismo y descubrió sus leyes, Lenin hizo lo propio con el imperialismo y puso a plena luz sus características y sus contradicciones.

La globalización en nuestro tiempo ha confirmado plenamente la tesis leninista sobre el imperialismo, en sus aspectos esenciales. Los cinco rasgos fundamentales que Lenin mostró y demostró, se siguen confirmando en la época presente, a pesar de los cambios operados en el escenario internacional, en un siglo de historia.

El derrumbe del proyecto socialista, según lo habían interpretado y lo habían podido plasmar en la realidad histórica concreta, sus constructores en la Unión Soviética y otros países europeos, no puso en quiebra el marxismo leninismo, como tampoco el Humanismo del Renacimiento o el Humanismo de la Ilustración se vinieron hacia abajo por las vicisitudes y contingencias que los pueblos encontraron en sus rutas históricas, al querer aplicar esas eclosiones del pensamiento que daban al traste con el viejo mundo feudal.

Una doctrina se pone a prueba frente a otras doctrinas y frente a la realidad. En el aspecto de la polémica y del debate, el marxismo leninismo demuestra su superioridad, porque sus argumentos están basados en el rigor de la ciencia. Pero la prueba de fuego de la validez posible en la realidad que fue y en la realidad que es.

La Comuna de París fue la primera revolución proletaria de la historia mundial y el primer gobierno de la clase obrera. Se sostuvo apenas 72 días y cayó bajo los golpes de la contrarrevolución; sus integrantes fueron todos ejecutados. El 18 de marzo de 1871 ondeó por primera vez la bandera roja de la revolución proletaria sobre el ayuntamiento de París. Diez días después fue proclamada la Comuna como forma de gobierno en que el papel rector correspondió a los obreros, muchos de los cuales pertenecían a la Primera Internacional. La Comuna de París destruyó la maquinaria estatal burguesa, liquidó el ejército y la policía, separó la Iglesia del Estado, y estableció la primera dictadura del proletariado.

Marx examinó las causas de la derrota, entre otras la inmadurez de la clase obrera;. la inexistencia del partido de clase pertrechado con la ideología del proletariado; la heterogeneidad de la composición política de la Comuna; la ausencia de la alianza con los campesinos y otros sectores sociales, y el aislamiento a que se vio sujeta la ciudad con respecto de otras zonas del país como consecuencia del bloqueo militar a que fue sometida. El breve período de su existencia y los errores cometidos no reducen su importancia en la historia de la lucha revolucionaria. La experiencia y las enseñanzas que aportó han sido valiosas para el acervo ideológico y político, estratégico y táctico de los revolucionarios.

Las revoluciones fallidas, además de aportar enseñanzas para ulteriores victorias, llegan a triunfar en tiempos desiguales, porque desigual es el desarrollo de los pueblos. No existen recetas, no hay planos previamente elaborados sobre cuando y cómo hacer una revolución para que resulte triunfante, sino sólo una teoría, poderosa, en efecto, pero que a fin de cuentas es sólo una guía para la acción. Desde el punto de vista teórico, Lenin y sus camaradas tuvieron que contestar de manera anticipada a las preguntas de si era posible el triunfo de la revolución en un país atrasado desde el punto de vista del desarrollo de sus fuerzas productivas, como lo era Rusia, y también, si era posible o no la construcción del socialismo en un solo país.

Las respuestas que Lenin formuló a ambos problemas fueron: en la etapa del imperialismo el sistema capitalista mundial puede ser roto ahí donde se encuentra su eslabón más débil, tomando en cuenta sus contradicciones económicas, políticas y sociales y la maduración de las mismas. Y ese eslabón lo era Rusia. El socialismo puede ser construido en pocos países o incluso en uno solo si se trata de uno que cuente con las condiciones que le permitan sobreponerse a todos los embates de sus enemigos de clase, quienes intentarán ahogar a la revolución por todos los medios.

La Revolución Bolchevique triunfó en 1917 y el surgimiento de otros países que adoptaron ese mismo proyecto socialista en Europa Central y del Este fue el resultado, en gran medida, del papel preponderante que desempeñó la Unión Soviética en la derrota del nazi fascismo, y también de la lucha heroica de sus pueblos en la etapa de la resistencia antihitleriana.

Hay que aclarar, sin embargo, que en ninguno de aquellos países, ni en la vieja Rusia ni en los demás que tomarían para sí ese proyecto socialista en Europa ?como tampoco, por cierto, en China, Cuba, Corea o Vietnam?, se dio el supuesto teórico de que el capitalismo hubiera desarrollado el máximo de su potencialidad antes del ascenso de la clase obrera al poder.

A partir de 1945, tanto en lo que fue la Unión Soviética como en Europa Central y del Este, el proyecto socialista se fue construyendo en medio de un agudo enfrentamiento con el imperialismo en todos los campos de la actividad humana. Todo el período de la Guerra Fría representó una pesada carga que el imperialismo impuso al promover y mantener la carrera armamentista, que las potencias occidentales financiaron por medio del saqueo de los recursos de la mayoría de los países pobres de la Tierra, a diferencia de su contraparte, que tuvo que costearla con sus propios recursos y los esfuerzos de sus pueblos.

En medio de todas estas circunstancias la Unión Soviética y los demás países de la región europea avanzaron en la construcción de su proyecto socialista. Durante décadas, desde el triunfo de la Revolución, hasta mediados de la década de los 60, a pesar de todas las dificultades, la economía soviética se desarrolló impetuosa, mostrándose muy superior a la del mundo capitalista. Su sistema social, su proyecto concreto de construcción del socialismo, con aciertos importantes y también con errores y limitaciones, sin embargo, ganaba la emulación y se desenvolvía con enorme vigor, influyendo de manera muy positiva en los acontecimientos del mundo entero, en beneficio de la humanidad.

Más tarde cambió el panorama. La economía soviética y de los países de la región entró en el período conocido como del estancamiento, durante el cual las tasas de crecimiento de la renta nacional fueron mínimas.

De acuerdo con la teoría, al desaparecer la propiedad privada de los medios de producción y cambio, en el socialismo, se destraban las relaciones de producción. Las fuerzas productivas alcanzan un desenvolvimiento que no guarda punto de comparación con el sistema de la explotación del hombre por el hombre. Y esto es precisamente lo que ocurrió durante varias décadas y dejó de ocurrir en aquellos países, desde antes de que la revolución científico técnica alcanzara su mayor dinamismo, antes de que se pusiera en marcha la globalización neoliberal.

Al alcanzar su plenitud la revolución científico técnica, que se mostró capaz de perfeccionar con extraordinaria rapidez los instrumentos de producción y los medios de comunicación, pasó a jugar un papel medular en la emulación económica. Fue entonces cuando la Unión Soviética y los demás países de Europa que caminaban dentro de esa misma vía perdieron en definitiva esta batalla: su economía resultó menos eficaz en ese momento decisivo. Así, cayó ese proyecto concreto de socialismo, con las particularidades que allí adquirió, con sus cualidades y sus fallas, muy superior al régimen capitalista, sin embargo, aún desde el enfoque crítico más riguroso, sobre todo desde el punto de vista humanístico. La caída de ese importante proyecto de socialismo, sin embargo, en modo alguno puede sustentar que fracasó el socialismo.
¿Cuáles fueron las causas de que el ritmo de expansión de la economía se redujera y surgieran diversas trabazones? Conviene examinarlas de manera general.

Hay causas de orden externo e interno. Las de orden externo se sustentan sobre todo en la amenaza constante, en la sistemática agresión imperialista que obligó a destinar recursos cuantiosos a la carrera armamentista, distrayéndolos de: a) la reinversión que requiere volúmenes considerables de recursos a efecto de que pueda darse la reproducción ampliada del capital, sin la cual resulta imposible el crecimiento significativo de las fuerzas productivas. b) un impulso de mayor vigor y magnitud a la investigación científica y la innovación tecnológica, factor que también es fundamental para el incremento de la productividad social y el consecuente desarrollo de la economía y la sistemática y permanente elevación del nivel de vida del pueblo.

Hay causas de carácter histórico, que radican sobre todo en el débil desarrollo industrial que sirvió como punto de partida a la edificación socialista, cuestión que obligó a llenar primero el vacío que no satisfizo la etapa previa, de tipo capitalista.

Las causas de carácter interno y contemporáneo a la etapa de construcción del proyecto socialista son las que cargan con el mayor peso. Todavía se requerirán mayores esfuerzos para agotar su examen de manera cabal, lo que será necesario y útil para sacar todas las enseñanzas del caso. Sin embargo, ya se pueden localizar las siguientes:
Las que se relacionan con leyes concretas de la economía en su fase de construcción socialista y se deben expresar en métodos de planificación que: 1) reconozcan y reflejen toda la importancia del carácter no espontáneo, sino consciente del desarrollo económico socialista y vinculen estrechamente a las masas populares con las decisiones respecto de objetivos, metas, plazos, magnitudes y destinos del plan; 2) calculen adecuadamente el peso de los gastos dedicados a la defensa, al desenvolver la estrategia económica de largo plazo; 3) destinen volúmenes suficientes a la reproducción ampliada del capital; 4) desarrollen de manera armoniosa. factores tales como la investigación científica, la innovación tecnológica y la producción; 5) estudien y desarrollen de manera correcta el fenómeno del mercado socialista; 6) eviten que exista un exagerado número de elementos dedicados a tareas administrativas frente a quienes cargan con el peso de la producción; 7) aseguren la participación de los productores directos en la toma de decisiones respecto de la dirección y administración de las actividades de la unidad económica a la que pertenezcan; 8) logren la puesta en práctica del planteamiento teórico fundamental: "de cada quien según su capacidad y a cada quién según su trabajo".

Las causas de carácter educativo y formativo de la conciencia social, sobre todo las vinculadas con el complejo proceso por el cual ha de surgir el hombre de tipo nuevo, que responda con elevada moralidad, con firmeza inquebrantable al sentido del deber colectivo e individual.

Las causas de carácter político, que se vinculan con: 1) la vigilancia revolucionaria, cuyo propósito es el de detectar y bloquear los procesos de infiltración y ascenso a posiciones de dirección, en el seno del partido de la clase obrera, de elementos débiles, arribistas o incluso de agentes al servicio de los enemigos de la Revolución; 2) el combate sin tregua al burocratismo, al dogmatismo, al revisionismo, al autoritarismo, a la improvisación en el seno del Partido, del Estado y en los centros de producción; 3) la dirección colectiva en el seno del Partido y del Estado, y 4) la libre discusión y la democracia interna en el seno del Partido y en la sociedad.

Esos tremendos defectos era natural que alejaran al partido del pueblo que, por eso, no se movilizó en defensa del régimen, sino que al instrumentarse la Perestroika y la glassnost indolentemente lo dejó caer y aun festejó su desaparición. Muy diferente fue la reacción popular en muchos otros momentos de la historia soviética, dispuesta a la lucha más combativa y al mayor sacrificio en defensa de su partido dirigente y su sistema social, por ejemplo, durante la Gran Guerra Patria, cuando 20 millones de ciudadanos soviéticos ofrendaron sus vidas en defensa de su Patria Socialista.

¿Por qué razones otros proyectos de socialismo resisten y avanzan?

Otros países mantienen sus propios proyectos de construcción del socialismo aun después que ha transcurrido más de una década del colapso soviético y europeo. A pesar de que la nueva correlación de fuerzas en el mundo, en plena globalización neoliberal bajo la hegemonía del capital financiero transnacional y el predomino del imperialismo, sin embargo, Cuba, China, Vietnam y la República Popular de Corea mantienen su propósito con firmeza, y lo desarrollan a pesar de las dificultades de las nuevas condiciones.

Cada uno ha seguido su propio camino en la construcción de la nueva vida, de acuerdo con su desarrollo histórico y su cultura. Sin embargo, hay ciertos rasgos comunes cuyo examen resulta de la mayor importancia:

1.- En primer lugar, el hecho más relevante consiste en que en todos ellos se mantiene en el poder el Partido de la clase trabajadora. En ningún caso han caído en las tentaciones de la falsa democracia pluripartidista neoliberal que promueve la propaganda imperialista, como pretexto para despojar al pueblo del poder político y capturarlo a través de sus servidores locales, como medio para restaurar el Estado burgués: tremendo error en el que cayeron los soviéticos y quienes seguían su influencia en Europa.

El postulado marxista de la toma del poder, la destrucción del Estado burgués y su sustitución por uno de nuevo tipo, sigue siendo la premisa fundamental para el triunfo de la Revolución proletaria o dicho en otras palabras, el poder político, visto desde el ángulo clasista, es un monopolio que sólo puede tener una u otra de las clases sociales: la clase obrera o la burguesía, sin que quepa ninguna forma de compartirlo ni alternarlo.

2.- El segundo rasgo común es el de la decidida intervención del Estado en la economía, en calidad de: a) productor directo de bienes y servicios de diversa índole, sobre todo en las ramas fundamentales de la economía; b) en calidad de distribuidor y redistribuidor del producto social en beneficio del pueblo, y c) como titular y garante de la propiedad social, que en ninguno de los países señalados es la única existente pero en todos ellos es la principal, con mucha ventaja sobre la propiedad privada.

Existe la propiedad privada, en efecto, en todos los casos, e incluso las inversiones extranjeras. De otra manera no sería posible desarrollar sus fuerzas productivas, si se tiene en cuenta: a) que todos son países en los que el capitalismo no logró su máximo desarrollo previo y, más aun, ni siquiera se dio una acumulación originaria en grado suficiente, sino que, por el contrario, fueron objeto de excesiva explotación y saqueo por parte del imperialismo, y b) hoy no existe en el orbe un campo socialista que pueda transferirles recursos a través de un intercambio solidario y fraternal, como era en otros tiempos.

Lo importante está en que el capital extranjero no pueda tomar el control de las fuentes fundamentales de riqueza ni de las principales herramientas para el desarrollo nacional, porque entonces, lejos de contribuir al desarrollo del país huésped, lo saquea y empobrece; y menos todavía que pueda tornar el control del poder político, porque entonces lo subordina del todo. Esto último ha ocurrido con los países dependientes en cuyos gobiernos han sido instalados gobernantes dóciles a los mandatos del imperialismo: México es un ejemplo.

Ninguno de los países señalados se postula como uno que ya haya construido el socialismo, sino que afírman con toda razón que están en ese proceso, que ese es su proyecto y su decisión, pero todos están conscientes de que el camino es largo y las condiciones mundiales, difíciles.

Todos acertadarnente se consideran parte del numeroso conjunto de los países pobres que tratan de desarrollar su economía. que integran todos o casi todos los de Asia, Africa, América Latina y el Caribe, con dos diferencias significativas con respecto de los demás: a) Cuba, China, Corea y Vietnam son países independientes del imperialismo, y no subordinados, b) la distribución del producto social es distinta, porque predomina un criterio de equidad social que es profundamente humanístico.

3.- Otra experiencia común a la que ha llegado cada uno por su lado: si no estuviera el poder del Estado en manos del Partido de la clase trabajadora, no solamente sería imposible avanzar hacia la edificación de una sociedad socialista, sino que la independencia sería imposible como también imposible sería el desarrollo económico. Esta experiencia encierra una ley de carácter general para los países de Asia, Afrecha, América Latina y el Caribe.

Sobre la base de estas expreiencias comunes y del examen de las fallas y errores en la construcción del proyecto socialista de la Unión Soviética y los países de Europa central y del este ¿cuál es el camino que deben recorrer las naciones de América Latina para arribar a un régimen de vida superior?

Primero, contra quienes postulan que el imperialismo ya no existe. Que estamos en una fase nueva y distinta en su esencia. Es un juicio equivocado. El imperialismo es una realidad lacerante, hoy más que ayer. De eso somos testigos los latinoamericanos y caribeños. También lo son los pueblos de Asia y África.

El imperialismo, particularmente el norteamericano, no ha abandonado sus intenciones de aplastar a los regímenes revolucionarios. Hay que recordar que a lo largo del tiempo ha agredido militar y económicamente a los pueblos que se han liberado, con todo el poderío que tiene a su alcance, y que despues del 11 de septiembre de 2001, incluso al margen de la OTAN el imperio pisotea el Derecho Internacional y la Carta de las Naciones Unidas, adjudicándose la facultad de agredir militarmente a todos quienes no estén de acuerdo con su convenenciera visión de combatir al terrorismo.

En segundo lugar, luego de dos décadas perdidas por la aplicación de las políticas neoliberales impuestas por el FMI y el BM, nuestra región, enfrenta desafíos particulares. El que implica el hecho de que Estados Unidos, la primera potencia imperialista del orbe, en la disputa que sostiene por el dominio mundial, haya resuelto consolidar su hegemonía y su saqueo sobre nuestras naciones. Y le haya puesto fecha perentoria a la firma del ALCA, para el año 2005. El ALCA culminaría la marginación que ya han causado las distintas modalidades previas de explotación neocolonial.

El ALCA es un proyecto semejante al TLCAN, pero de mayor profundidad aun. Es un proyecto anexionista. Por todo eso, derrotar al ALCA es un desafío urgente para todos los pueblos de nuestra región.

Lo anterior exige que también avancemos en nuestro propio proyecto. ¿Cuál es el proyecto propio de los pueblos de nuestra región en este momento histórico concreto y con la correlación de fuerzas que impera? El de lograr la segunda y definitiva independencia de cada uno de nuestros países y de toda la Patria Grande, sin duda. El de romper para siempre las cadenas que nos sujetan al imperialismo. El de empezar a ser, por fin, naciones libres y soberanas, dueñas de nuestros destinos. El de empezar a diseñar el tipo de sociedades que queremos, por nosotros mismos. El de, por fin, ser dueños de nuestros recursos.

No es un proyecto nuevo. Nuestros pueblos han estado entregados a esta lucha durante todo el siglo XX. Desde el río Bravo hasta la Patagonia, cada palmo de nuestros territorios registra grandes luchas en ese sentido. Desde la Revolución Mexicana de 1910 hasta las luchas de diversos tipos que sacuden hoy las estructuras de la dependencia en el Cono Sur, en los países Andinos, en Centroamérica, en el Caribe, en todas partes. A ese proyecto están vinculadas las luchas de Hugo Chávez en Venezuela, de Lula en Brasil, de Lucio, en Ecuador, de Evo morales, en Bolivia. De las entrañas de nuestros pueblos han surgido los héroes que se han entregado con abnegación a esta causa superior. Y que han llenado la Historia con páginas brillantes. Pero un solo pueblo, hasta hoy, ha alcanzado ese elevado propósito en nuestra región. El pueblo de Cuba. El suyo fue el primero y sigue siendo el único territorio libre de América.

Por tanto, para todos los demás es una lucha vigente, un desafío de este tiempo, de este siglo que se inicia. Y es mucho más que eso. Es la lucha de hoy, por excelencia, con más fuerza y validez que fue una lucha de ayer. Porque su móvil era la liberación de nuestros pueblos. Y hoy sigue siéndolo, pero añadió dos objetivos más. Hoy es también una lucha por la supervivencia de los nuestros como países soberanos. Y también es la lucha para impedir que nuestros hijos, cientos de millones de nuestras mujeres y hombres de las generaciones jóvenes y venideras, sean convertidos en elementos marginales al proceso histórico, desechables, para la lógica del imperialismo. Por eso, el logro de nuestra segunda y definitiva independencia es un desafío urgente y vital para nuestra región.

Ahora bien, el capitalismo sufrió cambios a lo largo de la historia. Dejó de existir el de libre concurrencia y dio paso al monopolista. Y, con la saturación del mercado nacional y la exportación de capitales excedentes, apareció el imperialismo, fusión del capital industrial con el bancario para formar el capital financiero. Tomó éste el control del aparato del Estado, y apareció el capitalismo monopolista de Estado. Vino luego la globalización neoliberal de nuestros días, que está lejos de ser una fase distinta en su esencia. Al contrario, es el imperialismo llevado a su máxima expresión.

Subsiste la exportación de capital, y el apoderamiento de las riquezas ajenas. El saqueo de las economías penetradas se ha agigantado y se realiza por múltiples medios, los clásicos y otros que antes no existían. Subsiste, en mayor magnitud que nunca, el sometimiento económico y político de los países dependientes. Genera en su interior contradicciones muy agudas, como nunca. Pobreza masiva al lado de fortunas insultantes. Desempleo en gran escala, al lado de ostentación obsesiva. Inseguridad. Marginación. Además, genera una población excedente, no útil según la lógica del proyecto capitalista global. Miles de millones de humanos desechables en el mundo. A los que habrá que aniquilar para que luego no se vuelvan un problema inmanejable. Ese es el rostro brutal del imperialismo hoy.

En estas condiciones, se mantienen vigentes de modo pleno, cuatro tesis cuya autoría se debe a Vicente Lombardo Toledano, pensador marxista que desarrolló esa ideología, entre otros aspectos en lo concerniente a las peculiaridades del desarrollo histórico de la sociedad en los países de América Latina y el Caribe, sometidos a dependencia por el imperialismo, y en las vías para la transformación revolucionaria de dichas sociedades.
Estas tesis arrojan mucha luz sobre ciertos problemas teóricos que están en el debate hoy mismo y que mucho preocupan a los estudiosos del marxismo así como a los dirigentes revolucionarios en nuestra región.

Primera: en nuestra región, la parte más aguda de la contradicción fundamental es la que se da entre nuestros pueblos en su conjunto y el imperialismo.

Segunda: por consecuencia de la anterior, nuestro desafío inmediato, nuestra tarea revolucionaria urgente es la liberación de nuestros pueblos con respecto del imperialismo.

Tercera: en esta fase el sujeto revolucionario es muy amplio. Lo integran diversas clases y sectores sociales, todos los que han sido y son víctimas de la globalización neoliberal, que es el imperialismo en su aspecto actual. Y,
Cuarta: en esta lucha el partido de clase, de la clase obrera, juega un papel fundamental, por lo que no puede diluirse ni desaparecer. Debe contribuir a la orientación de la lucha, a darle rumbo y claridad, cuestión que con facilidad se puede perder dada la heterogeneidad de los participantes. Debe contribuir a darle cohesión. Al calor de la lucha debe ganarse la autoridad, el papel dirigente que le corresponde. Debe ganarlo con abnegación, con humildad, con la demostración de su capacidad, no de otra manera. Debe convertirse, por sus propios méritos, en la fuerza dirigente. Sólo así, con la dirección del partido de la clase obrera, podrá avanzar la lucha revolucionaria, pasar a fases más avanzadas de la construcción de una nueva sociedad sin explotadores ni explotados, la sociedad socialista.

1) Ponencia presentada en el VII Seminario "Los partidos y una nueva sociedad" que organiza el Partido del Trabajo. Ciudad de México, 14 al 16 de marzo de 2003.
2) Secretario de Propaganda y Agitación y Primer Secretario, respectivamente, del Partido Popular Socialista de México.

 
 

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