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La
gran interrogación de nuestro tiempo que se formula en todos
los ámbitos del planeta, es ésta: ¿es vigente
la doctrina de Marx, Engels y Lenin? ¿Sus principios fundamentales
en los campos de la economía política, de la filosofía
y del socialismo, tienen actualidad? Es decir, ¿son armas
de lucha hoy por hoy y poseen perspectiva como instrumentos de transformación
revolucionaria?
Estas
preguntas mueven la conciencia y los sentimientos de millones de
seres humanos, fundamentalmente después de la desintegración
de la Unión Soviética y del derrumbe del proyecto
concreto de socialismo que se construía en Europa. Estos
hechos son de tal trascendencia que han cambiado la correlación
de fuerzas en el mundo, a favor del imperialismo; pero también
han influido en el interior de cada país, en menor o mayor
grado.
Pero
es indudable que el marxismo-leninismo sigue formando parte de la
cultura universal de nuestro tiempo, no como simple juego teórico
que está en las academias y en los círculos intelectuales,
sino como una "guía para la acción" y como
una "teoría revolucionaria" que impulsa a organizaciones
políticas y cuadros destacados del combate social y político.
Lombardo
Toledano expresaba que "La cultura no es un cuerpo muerto de
enseñanza... (sino) un instrumento de trabajo y un instrumento
de lucha... para revolucionar la vida a la cual pertenecemos en
este periodo de la historia... La clase obrera nunca cesará
de luchar y, por tanto, nunca puede cesar de aprender. La cultura
es patrimonio del proletariado".
¿Cuál
es la esencia de ese patrimonio? Con esa enorme capacidad de síntesis
que poseía, Lenin nos mostró las líneas estelares
de esa sabiduría descubierta por los maestros del proletariado.
En primer lugar, el líder de la Revolución Socialista
de Octubre nos enseñó que el marxismo no es una doctrina
más, sino el resultado del conocimiento científico
y de lo mejor de la cultura que había producido la humanidad,
asimismo, es el fruto de la enorme experiencia acumulada por las
mejores fuerzas de la sociedad, en sus impulsos por transformarla
en un sentido progresivo.
El
marxismo hizo el gran descubrimiento, como dijo Engels, "el
hecho, tan sencillo, pero oculto bajo la maleza ideológica
de que el hombre necesita, en primer lugar, comer, beber, tener
un techo y vestirse antes de poder hacer política, ciencia,
arte, religión, etc.; que, por tanto, la producción
de los medios de vida, inmediatos, materiales, y por consiguiente,
la correspondiente fase económica de desarrollo de un pueblo
o de una época es la base a partir de la cual se han desarrollado
las instituciones políticas, las concepciones jurídicas,
las ideas artísticas e incluso las ideas religiosas de los
hombres y con arreglo a la cual deben, por tanto, explicarse, y
no al revés, como hasta entonces se había venido haciendo".
Es decir, que en la sociedad surgen cambios, por el crecimiento
de la fuerzas productivas, las cuales a su vez, provocan transformaciones
en las relaciones social?productivas; y que sobre esta estructura
de la sociedad surgen las diversas ideas y las instituciones que
forman la superestructura.
Con
el descubrimiento del materialismo histórico, los conocimientos
sociales adquieren el rango científico, porque se descubren
las leyes del desarrollo de la sociedad. El pensamiento marxista
sobre un nuevo régimen de la vida social superior al capitalismo,
deja atrás el socialismo utópico que veía las
desigualdades sociales como resultado de la inmoralidad de los hombres,
de la falta de amor a sus semejantes. Al analizar acuciosamente
al capitalismo, descubrió el "secreto" de la explotación,
la plusvalía, esto es, el trabajo no pagado al obrero, al
cual sólo le es cubierto el valor de su fuerza de trabajo,
pero no todo el valor producido. Así, el marxismo puso al
desnudo que las lacras del capitalismo devienen de ese rasgo esencial.
El
pensamiento marxista descubrió que el motor de la historia,
en las sociedades divididas en clases, es la lucha entre ellas,
lo cual constituye una ley del desarrollo social. Pero además,
llegó a la conclusión de que existe la fuerza, la
clase social que ha de destruir, con su organización, su
acción y sus ideas, al sistema de explotación. Esa
clase es el proletariado, cuyo "papel histórico universal",
como expresó Lenin, ha de ser el creador de la nueva sociedad
socialista.
Lenin
dijo, aún antes de la Revolución proletaria en su
país, que "La doctrina marxista es todopoderosa porque
es exacta". Él la enriqueció con nuevos descubrimientos,
cuando el capitalismo había llegado a su etapa superior,
el imperialismo. Como Marx en su tiempo analizó el capitalismo
y descubrió sus leyes, Lenin hizo lo propio con el imperialismo
y puso a plena luz sus características y sus contradicciones.
La
globalización en nuestro tiempo ha confirmado plenamente
la tesis leninista sobre el imperialismo, en sus aspectos esenciales.
Los cinco rasgos fundamentales que Lenin mostró y demostró,
se siguen confirmando en la época presente, a pesar de los
cambios operados en el escenario internacional, en un siglo de historia.
El
derrumbe del proyecto socialista, según lo habían
interpretado y lo habían podido plasmar en la realidad histórica
concreta, sus constructores en la Unión Soviética
y otros países europeos, no puso en quiebra el marxismo leninismo,
como tampoco el Humanismo del Renacimiento o el Humanismo de la
Ilustración se vinieron hacia abajo por las vicisitudes y
contingencias que los pueblos encontraron en sus rutas históricas,
al querer aplicar esas eclosiones del pensamiento que daban al traste
con el viejo mundo feudal.
Una
doctrina se pone a prueba frente a otras doctrinas y frente a la
realidad. En el aspecto de la polémica y del debate, el marxismo
leninismo demuestra su superioridad, porque sus argumentos están
basados en el rigor de la ciencia. Pero la prueba de fuego de la
validez posible en la realidad que fue y en la realidad que es.
La
Comuna de París fue la primera revolución proletaria
de la historia mundial y el primer gobierno de la clase obrera.
Se sostuvo apenas 72 días y cayó bajo los golpes de
la contrarrevolución; sus integrantes fueron todos ejecutados.
El 18 de marzo de 1871 ondeó por primera vez la bandera roja
de la revolución proletaria sobre el ayuntamiento de París.
Diez días después fue proclamada la Comuna como forma
de gobierno en que el papel rector correspondió a los obreros,
muchos de los cuales pertenecían a la Primera Internacional.
La Comuna de París destruyó la maquinaria estatal
burguesa, liquidó el ejército y la policía,
separó la Iglesia del Estado, y estableció la primera
dictadura del proletariado.
Marx
examinó las causas de la derrota, entre otras la inmadurez
de la clase obrera;. la inexistencia del partido de clase pertrechado
con la ideología del proletariado; la heterogeneidad de la
composición política de la Comuna; la ausencia de
la alianza con los campesinos y otros sectores sociales, y el aislamiento
a que se vio sujeta la ciudad con respecto de otras zonas del país
como consecuencia del bloqueo militar a que fue sometida. El breve
período de su existencia y los errores cometidos no reducen
su importancia en la historia de la lucha revolucionaria. La experiencia
y las enseñanzas que aportó han sido valiosas para
el acervo ideológico y político, estratégico
y táctico de los revolucionarios.
Las
revoluciones fallidas, además de aportar enseñanzas
para ulteriores victorias, llegan a triunfar en tiempos desiguales,
porque desigual es el desarrollo de los pueblos. No existen recetas,
no hay planos previamente elaborados sobre cuando y cómo
hacer una revolución para que resulte triunfante, sino sólo
una teoría, poderosa, en efecto, pero que a fin de cuentas
es sólo una guía para la acción. Desde el punto
de vista teórico, Lenin y sus camaradas tuvieron que contestar
de manera anticipada a las preguntas de si era posible el triunfo
de la revolución en un país atrasado desde el punto
de vista del desarrollo de sus fuerzas productivas, como lo era
Rusia, y también, si era posible o no la construcción
del socialismo en un solo país.
Las
respuestas que Lenin formuló a ambos problemas fueron: en
la etapa del imperialismo el sistema capitalista mundial puede ser
roto ahí donde se encuentra su eslabón más
débil, tomando en cuenta sus contradicciones económicas,
políticas y sociales y la maduración de las mismas.
Y ese eslabón lo era Rusia. El socialismo puede ser construido
en pocos países o incluso en uno solo si se trata de uno
que cuente con las condiciones que le permitan sobreponerse a todos
los embates de sus enemigos de clase, quienes intentarán
ahogar a la revolución por todos los medios.
La
Revolución Bolchevique triunfó en 1917 y el surgimiento
de otros países que adoptaron ese mismo proyecto socialista
en Europa Central y del Este fue el resultado, en gran medida, del
papel preponderante que desempeñó la Unión
Soviética en la derrota del nazi fascismo, y también
de la lucha heroica de sus pueblos en la etapa de la resistencia
antihitleriana.
Hay
que aclarar, sin embargo, que en ninguno de aquellos países,
ni en la vieja Rusia ni en los demás que tomarían
para sí ese proyecto socialista en Europa ?como tampoco,
por cierto, en China, Cuba, Corea o Vietnam?, se dio el supuesto
teórico de que el capitalismo hubiera desarrollado el máximo
de su potencialidad antes del ascenso de la clase obrera al poder.
A
partir de 1945, tanto en lo que fue la Unión Soviética
como en Europa Central y del Este, el proyecto socialista se fue
construyendo en medio de un agudo enfrentamiento con el imperialismo
en todos los campos de la actividad humana. Todo el período
de la Guerra Fría representó una pesada carga que
el imperialismo impuso al promover y mantener la carrera armamentista,
que las potencias occidentales financiaron por medio del saqueo
de los recursos de la mayoría de los países pobres
de la Tierra, a diferencia de su contraparte, que tuvo que costearla
con sus propios recursos y los esfuerzos de sus pueblos.
En
medio de todas estas circunstancias la Unión Soviética
y los demás países de la región europea avanzaron
en la construcción de su proyecto socialista. Durante décadas,
desde el triunfo de la Revolución, hasta mediados de la década
de los 60, a pesar de todas las dificultades, la economía
soviética se desarrolló impetuosa, mostrándose
muy superior a la del mundo capitalista. Su sistema social, su proyecto
concreto de construcción del socialismo, con aciertos importantes
y también con errores y limitaciones, sin embargo, ganaba
la emulación y se desenvolvía con enorme vigor, influyendo
de manera muy positiva en los acontecimientos del mundo entero,
en beneficio de la humanidad.
Más
tarde cambió el panorama. La economía soviética
y de los países de la región entró en el período
conocido como del estancamiento, durante el cual las tasas de crecimiento
de la renta nacional fueron mínimas.
De
acuerdo con la teoría, al desaparecer la propiedad privada
de los medios de producción y cambio, en el socialismo, se
destraban las relaciones de producción. Las fuerzas productivas
alcanzan un desenvolvimiento que no guarda punto de comparación
con el sistema de la explotación del hombre por el hombre.
Y esto es precisamente lo que ocurrió durante varias décadas
y dejó de ocurrir en aquellos países, desde antes
de que la revolución científico técnica alcanzara
su mayor dinamismo, antes de que se pusiera en marcha la globalización
neoliberal.
Al
alcanzar su plenitud la revolución científico técnica,
que se mostró capaz de perfeccionar con extraordinaria rapidez
los instrumentos de producción y los medios de comunicación,
pasó a jugar un papel medular en la emulación económica.
Fue entonces cuando la Unión Soviética y los demás
países de Europa que caminaban dentro de esa misma vía
perdieron en definitiva esta batalla: su economía resultó
menos eficaz en ese momento decisivo. Así, cayó ese
proyecto concreto de socialismo, con las particularidades que allí
adquirió, con sus cualidades y sus fallas, muy superior al
régimen capitalista, sin embargo, aún desde el enfoque
crítico más riguroso, sobre todo desde el punto de
vista humanístico. La caída de ese importante proyecto
de socialismo, sin embargo, en modo alguno puede sustentar que fracasó
el socialismo.
¿Cuáles fueron las causas de que el ritmo de expansión
de la economía se redujera y surgieran diversas trabazones?
Conviene examinarlas de manera general.
Hay
causas de orden externo e interno. Las de orden externo se sustentan
sobre todo en la amenaza constante, en la sistemática agresión
imperialista que obligó a destinar recursos cuantiosos a
la carrera armamentista, distrayéndolos de: a) la reinversión
que requiere volúmenes considerables de recursos a efecto
de que pueda darse la reproducción ampliada del capital,
sin la cual resulta imposible el crecimiento significativo de las
fuerzas productivas. b) un impulso de mayor vigor y magnitud a la
investigación científica y la innovación tecnológica,
factor que también es fundamental para el incremento de la
productividad social y el consecuente desarrollo de la economía
y la sistemática y permanente elevación del nivel
de vida del pueblo.
Hay
causas de carácter histórico, que radican sobre todo
en el débil desarrollo industrial que sirvió como
punto de partida a la edificación socialista, cuestión
que obligó a llenar primero el vacío que no satisfizo
la etapa previa, de tipo capitalista.
Las
causas de carácter interno y contemporáneo a la etapa
de construcción del proyecto socialista son las que cargan
con el mayor peso. Todavía se requerirán mayores esfuerzos
para agotar su examen de manera cabal, lo que será necesario
y útil para sacar todas las enseñanzas del caso. Sin
embargo, ya se pueden localizar las siguientes:
Las que se relacionan con leyes concretas de la economía
en su fase de construcción socialista y se deben expresar
en métodos de planificación que: 1) reconozcan y reflejen
toda la importancia del carácter no espontáneo, sino
consciente del desarrollo económico socialista y vinculen
estrechamente a las masas populares con las decisiones respecto
de objetivos, metas, plazos, magnitudes y destinos del plan; 2)
calculen adecuadamente el peso de los gastos dedicados a la defensa,
al desenvolver la estrategia económica de largo plazo; 3)
destinen volúmenes suficientes a la reproducción ampliada
del capital; 4) desarrollen de manera armoniosa. factores tales
como la investigación científica, la innovación
tecnológica y la producción; 5) estudien y desarrollen
de manera correcta el fenómeno del mercado socialista; 6)
eviten que exista un exagerado número de elementos dedicados
a tareas administrativas frente a quienes cargan con el peso de
la producción; 7) aseguren la participación de los
productores directos en la toma de decisiones respecto de la dirección
y administración de las actividades de la unidad económica
a la que pertenezcan; 8) logren la puesta en práctica del
planteamiento teórico fundamental: "de cada quien según
su capacidad y a cada quién según su trabajo".
Las
causas de carácter educativo y formativo de la conciencia
social, sobre todo las vinculadas con el complejo proceso por el
cual ha de surgir el hombre de tipo nuevo, que responda con elevada
moralidad, con firmeza inquebrantable al sentido del deber colectivo
e individual.
Las
causas de carácter político, que se vinculan con:
1) la vigilancia revolucionaria, cuyo propósito es el de
detectar y bloquear los procesos de infiltración y ascenso
a posiciones de dirección, en el seno del partido de la clase
obrera, de elementos débiles, arribistas o incluso de agentes
al servicio de los enemigos de la Revolución; 2) el combate
sin tregua al burocratismo, al dogmatismo, al revisionismo, al autoritarismo,
a la improvisación en el seno del Partido, del Estado y en
los centros de producción; 3) la dirección colectiva
en el seno del Partido y del Estado, y 4) la libre discusión
y la democracia interna en el seno del Partido y en la sociedad.
Esos
tremendos defectos era natural que alejaran al partido del pueblo
que, por eso, no se movilizó en defensa del régimen,
sino que al instrumentarse la Perestroika y la glassnost indolentemente
lo dejó caer y aun festejó su desaparición.
Muy diferente fue la reacción popular en muchos otros momentos
de la historia soviética, dispuesta a la lucha más
combativa y al mayor sacrificio en defensa de su partido dirigente
y su sistema social, por ejemplo, durante la Gran Guerra Patria,
cuando 20 millones de ciudadanos soviéticos ofrendaron sus
vidas en defensa de su Patria Socialista.
¿Por
qué razones otros proyectos de socialismo resisten y avanzan?
Otros
países mantienen sus propios proyectos de construcción
del socialismo aun después que ha transcurrido más
de una década del colapso soviético y europeo. A pesar
de que la nueva correlación de fuerzas en el mundo, en plena
globalización neoliberal bajo la hegemonía del capital
financiero transnacional y el predomino del imperialismo, sin embargo,
Cuba, China, Vietnam y la República Popular de Corea mantienen
su propósito con firmeza, y lo desarrollan a pesar de las
dificultades de las nuevas condiciones.
Cada
uno ha seguido su propio camino en la construcción de la
nueva vida, de acuerdo con su desarrollo histórico y su cultura.
Sin embargo, hay ciertos rasgos comunes cuyo examen resulta de la
mayor importancia:
1.-
En primer lugar, el hecho más relevante consiste en que en
todos ellos se mantiene en el poder el Partido de la clase trabajadora.
En ningún caso han caído en las tentaciones de la
falsa democracia pluripartidista neoliberal que promueve la propaganda
imperialista, como pretexto para despojar al pueblo del poder político
y capturarlo a través de sus servidores locales, como medio
para restaurar el Estado burgués: tremendo error en el que
cayeron los soviéticos y quienes seguían su influencia
en Europa.
El
postulado marxista de la toma del poder, la destrucción del
Estado burgués y su sustitución por uno de nuevo tipo,
sigue siendo la premisa fundamental para el triunfo de la Revolución
proletaria o dicho en otras palabras, el poder político,
visto desde el ángulo clasista, es un monopolio que sólo
puede tener una u otra de las clases sociales: la clase obrera o
la burguesía, sin que quepa ninguna forma de compartirlo
ni alternarlo.
2.-
El segundo rasgo común es el de la decidida intervención
del Estado en la economía, en calidad de: a) productor directo
de bienes y servicios de diversa índole, sobre todo en las
ramas fundamentales de la economía; b) en calidad de distribuidor
y redistribuidor del producto social en beneficio del pueblo, y
c) como titular y garante de la propiedad social, que en ninguno
de los países señalados es la única existente
pero en todos ellos es la principal, con mucha ventaja sobre la
propiedad privada.
Existe
la propiedad privada, en efecto, en todos los casos, e incluso las
inversiones extranjeras. De otra manera no sería posible
desarrollar sus fuerzas productivas, si se tiene en cuenta: a) que
todos son países en los que el capitalismo no logró
su máximo desarrollo previo y, más aun, ni siquiera
se dio una acumulación originaria en grado suficiente, sino
que, por el contrario, fueron objeto de excesiva explotación
y saqueo por parte del imperialismo, y b) hoy no existe en el orbe
un campo socialista que pueda transferirles recursos a través
de un intercambio solidario y fraternal, como era en otros tiempos.
Lo
importante está en que el capital extranjero no pueda tomar
el control de las fuentes fundamentales de riqueza ni de las principales
herramientas para el desarrollo nacional, porque entonces, lejos
de contribuir al desarrollo del país huésped, lo saquea
y empobrece; y menos todavía que pueda tornar el control
del poder político, porque entonces lo subordina del todo.
Esto último ha ocurrido con los países dependientes
en cuyos gobiernos han sido instalados gobernantes dóciles
a los mandatos del imperialismo: México es un ejemplo.
Ninguno
de los países señalados se postula como uno que ya
haya construido el socialismo, sino que afírman con toda
razón que están en ese proceso, que ese es su proyecto
y su decisión, pero todos están conscientes de que
el camino es largo y las condiciones mundiales, difíciles.
Todos
acertadarnente se consideran parte del numeroso conjunto de los
países pobres que tratan de desarrollar su economía.
que integran todos o casi todos los de Asia, Africa, América
Latina y el Caribe, con dos diferencias significativas con respecto
de los demás: a) Cuba, China, Corea y Vietnam son países
independientes del imperialismo, y no subordinados, b) la distribución
del producto social es distinta, porque predomina un criterio de
equidad social que es profundamente humanístico.
3.-
Otra experiencia común a la que ha llegado cada uno por su
lado: si no estuviera el poder del Estado en manos del Partido de
la clase trabajadora, no solamente sería imposible avanzar
hacia la edificación de una sociedad socialista, sino que
la independencia sería imposible como también imposible
sería el desarrollo económico. Esta experiencia encierra
una ley de carácter general para los países de Asia,
Afrecha, América Latina y el Caribe.
Sobre
la base de estas expreiencias comunes y del examen de las fallas
y errores en la construcción del proyecto socialista de la
Unión Soviética y los países de Europa central
y del este ¿cuál es el camino que deben recorrer las
naciones de América Latina para arribar a un régimen
de vida superior?
Primero,
contra quienes postulan que el imperialismo ya no existe. Que estamos
en una fase nueva y distinta en su esencia. Es un juicio equivocado.
El imperialismo es una realidad lacerante, hoy más que ayer.
De eso somos testigos los latinoamericanos y caribeños. También
lo son los pueblos de Asia y África.
El
imperialismo, particularmente el norteamericano, no ha abandonado
sus intenciones de aplastar a los regímenes revolucionarios.
Hay que recordar que a lo largo del tiempo ha agredido militar y
económicamente a los pueblos que se han liberado, con todo
el poderío que tiene a su alcance, y que despues del 11 de
septiembre de 2001, incluso al margen de la OTAN el imperio pisotea
el Derecho Internacional y la Carta de las Naciones Unidas, adjudicándose
la facultad de agredir militarmente a todos quienes no estén
de acuerdo con su convenenciera visión de combatir al terrorismo.
En
segundo lugar, luego de dos décadas perdidas por la aplicación
de las políticas neoliberales impuestas por el FMI y el BM,
nuestra región, enfrenta desafíos particulares. El
que implica el hecho de que Estados Unidos, la primera potencia
imperialista del orbe, en la disputa que sostiene por el dominio
mundial, haya resuelto consolidar su hegemonía y su saqueo
sobre nuestras naciones. Y le haya puesto fecha perentoria a la
firma del ALCA, para el año 2005. El ALCA culminaría
la marginación que ya han causado las distintas modalidades
previas de explotación neocolonial.
El
ALCA es un proyecto semejante al TLCAN, pero de mayor profundidad
aun. Es un proyecto anexionista. Por todo eso, derrotar al ALCA
es un desafío urgente para todos los pueblos de nuestra región.
Lo
anterior exige que también avancemos en nuestro propio proyecto.
¿Cuál es el proyecto propio de los pueblos de nuestra
región en este momento histórico concreto y con la
correlación de fuerzas que impera? El de lograr la segunda
y definitiva independencia de cada uno de nuestros países
y de toda la Patria Grande, sin duda. El de romper para siempre
las cadenas que nos sujetan al imperialismo. El de empezar a ser,
por fin, naciones libres y soberanas, dueñas de nuestros
destinos. El de empezar a diseñar el tipo de sociedades que
queremos, por nosotros mismos. El de, por fin, ser dueños
de nuestros recursos.
No
es un proyecto nuevo. Nuestros pueblos han estado entregados a esta
lucha durante todo el siglo XX. Desde el río Bravo hasta
la Patagonia, cada palmo de nuestros territorios registra grandes
luchas en ese sentido. Desde la Revolución Mexicana de 1910
hasta las luchas de diversos tipos que sacuden hoy las estructuras
de la dependencia en el Cono Sur, en los países Andinos,
en Centroamérica, en el Caribe, en todas partes. A ese proyecto
están vinculadas las luchas de Hugo Chávez en Venezuela,
de Lula en Brasil, de Lucio, en Ecuador, de Evo morales, en Bolivia.
De las entrañas de nuestros pueblos han surgido los héroes
que se han entregado con abnegación a esta causa superior.
Y que han llenado la Historia con páginas brillantes. Pero
un solo pueblo, hasta hoy, ha alcanzado ese elevado propósito
en nuestra región. El pueblo de Cuba. El suyo fue el primero
y sigue siendo el único territorio libre de América.
Por
tanto, para todos los demás es una lucha vigente, un desafío
de este tiempo, de este siglo que se inicia. Y es mucho más
que eso. Es la lucha de hoy, por excelencia, con más fuerza
y validez que fue una lucha de ayer. Porque su móvil era
la liberación de nuestros pueblos. Y hoy sigue siéndolo,
pero añadió dos objetivos más. Hoy es también
una lucha por la supervivencia de los nuestros como países
soberanos. Y también es la lucha para impedir que nuestros
hijos, cientos de millones de nuestras mujeres y hombres de las
generaciones jóvenes y venideras, sean convertidos en elementos
marginales al proceso histórico, desechables, para la lógica
del imperialismo. Por eso, el logro de nuestra segunda y definitiva
independencia es un desafío urgente y vital para nuestra
región.
Ahora
bien, el capitalismo sufrió cambios a lo largo de la historia.
Dejó de existir el de libre concurrencia y dio paso al monopolista.
Y, con la saturación del mercado nacional y la exportación
de capitales excedentes, apareció el imperialismo, fusión
del capital industrial con el bancario para formar el capital financiero.
Tomó éste el control del aparato del Estado, y apareció
el capitalismo monopolista de Estado. Vino luego la globalización
neoliberal de nuestros días, que está lejos de ser
una fase distinta en su esencia. Al contrario, es el imperialismo
llevado a su máxima expresión.
Subsiste
la exportación de capital, y el apoderamiento de las riquezas
ajenas. El saqueo de las economías penetradas se ha agigantado
y se realiza por múltiples medios, los clásicos y
otros que antes no existían. Subsiste, en mayor magnitud
que nunca, el sometimiento económico y político de
los países dependientes. Genera en su interior contradicciones
muy agudas, como nunca. Pobreza masiva al lado de fortunas insultantes.
Desempleo en gran escala, al lado de ostentación obsesiva.
Inseguridad. Marginación. Además, genera una población
excedente, no útil según la lógica del proyecto
capitalista global. Miles de millones de humanos desechables en
el mundo. A los que habrá que aniquilar para que luego no
se vuelvan un problema inmanejable. Ese es el rostro brutal del
imperialismo hoy.
En
estas condiciones, se mantienen vigentes de modo pleno, cuatro tesis
cuya autoría se debe a Vicente Lombardo Toledano, pensador
marxista que desarrolló esa ideología, entre otros
aspectos en lo concerniente a las peculiaridades del desarrollo
histórico de la sociedad en los países de América
Latina y el Caribe, sometidos a dependencia por el imperialismo,
y en las vías para la transformación revolucionaria
de dichas sociedades.
Estas tesis arrojan mucha luz sobre ciertos problemas teóricos
que están en el debate hoy mismo y que mucho preocupan a
los estudiosos del marxismo así como a los dirigentes revolucionarios
en nuestra región.
Primera:
en nuestra región, la parte más aguda de la contradicción
fundamental es la que se da entre nuestros pueblos en su conjunto
y el imperialismo.
Segunda:
por consecuencia de la anterior, nuestro desafío inmediato,
nuestra tarea revolucionaria urgente es la liberación de
nuestros pueblos con respecto del imperialismo.
Tercera:
en esta fase el sujeto revolucionario es muy amplio. Lo integran
diversas clases y sectores sociales, todos los que han sido y son
víctimas de la globalización neoliberal, que es el
imperialismo en su aspecto actual. Y,
Cuarta: en esta lucha el partido de clase, de la clase obrera, juega
un papel fundamental, por lo que no puede diluirse ni desaparecer.
Debe contribuir a la orientación de la lucha, a darle rumbo
y claridad, cuestión que con facilidad se puede perder dada
la heterogeneidad de los participantes. Debe contribuir a darle
cohesión. Al calor de la lucha debe ganarse la autoridad,
el papel dirigente que le corresponde. Debe ganarlo con abnegación,
con humildad, con la demostración de su capacidad, no de
otra manera. Debe convertirse, por sus propios méritos, en
la fuerza dirigente. Sólo así, con la dirección
del partido de la clase obrera, podrá avanzar la lucha revolucionaria,
pasar a fases más avanzadas de la construcción de
una nueva sociedad sin explotadores ni explotados, la sociedad socialista.
1)
Ponencia presentada en el VII Seminario "Los partidos y una
nueva sociedad" que organiza el Partido del Trabajo. Ciudad
de México, 14 al 16 de marzo de 2003.
2) Secretario de Propaganda y Agitación y Primer Secretario,
respectivamente, del Partido Popular Socialista de México.
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