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México
padece una grave crisis desde hace más de veinte años,
la que recae sobre los hombros de la clase trabajadora, de los campesinos
y de otros sectores de la población.
El
gobierno patronal de Vicente Fox no cumple con la responsabilidad
que le señala la Constitución de hacer valer y defender
los derechos de los trabajadores. Los deja a merced de los patrones
que, con el aval del gobierno, hacen a un lado la legislación
laboral o la aplican a su antojo.
Es
el propio gobierno el que está impulsando la llamada "flexibilización",
que consiste en permitir a los patrones, sobre todo a las grandes
empresas, que contraten cuando quieran y como quieran, que despidan
cuando quieran y como quieran. Las grandes empresas, aprovechando
la "flexibilidad" laboral compran contratos colectivos,
sin prestaciones ni garantías para los trabajadores. Al mismo
tiempo, esta "flexibilidad" da lugar al surgimiento de
contratos y sindicatos fantasma, con lo que el trabajador queda
en total desamparo.
La
miseria y la necesidad llevan a los trabajadores a aceptar estas
condiciones y a vivir en la zozobra permanente, ya que no hay empleos
o los que existen u ofrecen son cada vez más precarios y
más mal pagados. El único remedio que el gobierno
federal ofrece a los desocupados es el de recurrir a Chambatel,
que no pasa de ser una "vacilada", frente a la enormidad
del problema.
La
base del empleo nacional la constituyen las micro, pequeñas
y medianas empresas mexicanas, a las cuales el gobierno también
las ha dejado a su suerte, en cuanto a que no existen apoyos, oportunos
y suficientes; por el contrario, son víctimas del acoso fiscal
y no pueden competir con las empresas extranjeras que cuentan con
toda clase de recursos en abundancia.
Además,
el gobierno de Vicente Fox, siguiendo la misma línea de los
demás gobiernos neoliberales que hemos padecido en los últimos
veinte años, y profundizándola aún más,
en lugar de crear o fomentar la creación de industrias que
sirvan al desarrollo nacional y que generen empleos cada vez mejor
remunerados, hace todo lo contrario. Los gobiernos neoliberales,
desde Miguel de la Madrid hasta Vicente Fox, han privatizado las
grandes empresas nacionales, patrimonio del pueblo, como Teléfonos
de México, la banca, la siderurgia, las minas, las aerolíneas,
los ferrocarriles, la petroquímica, los puertos, aeropuertos,
ingenios, aseguradoras, y muchas más, y el gobierno neoliberal
de Fox pretende privatizar la energía eléctrica y
petrolera. Con las privatizaciones han venido entregando esas fuentes
de riqueza, de la nación y del pueblo, a los patrones, sobre
todo al capital extranjero, que las manejan a su conveniencia; sacan
de ellas enormes ganancias y no reportan beneficio alguno. Además,
el gobierno permite que los nuevos dueños despidan a miles
de trabajadores y que mutilen los contratos colectivos.
Todavía
más. Estos gobiernos han privilegiado la inversión
extranjera, sobre todo en el ramo de la especulación financiera,
que es improductiva, y en las maquiladoras, que consumen un porcentaje
mínimo de componentes nacionales y que son verdaderas cadenas
de esclavitud para los trabajadores, en donde se pagan salarios
miserables.
Los
gobiernos neoliberales encadenaron a México a los intereses
de Estados Unidos. Una de las cadenas más pesadas lo ha sido
el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, TLCAN.
Es un mecanismo más de saqueo de nuestra riqueza que afecta
a toda la Nación, a casi todas las capas de la población
y sobre todo a la clase trabajadora y a los campesinos. El gobierno
de Vicente Fox se ha comprometido con el de Estados Unidos a profundizar
aún más el TLCAN y a ayudarle a extenderlo por todo
el continente. Eso y no otra cosa viene a ser la llamada Area de
Libre Comercio de las Américas, ALCA.
El
resultado de toda esta política neoliberal ha sido doble.
Por un lado ha convertido a México en un paraíso para
el capital extranjero. Por otro, ha convertido a la mano de obra
mexicana en una de las más baratas del mundo, no obstante
su elevada productividad.
De
todo lo anterior, podemos deducir:
Un
gobierno -sea del partido que sea- que en lugar de defender y tutelar
los derechos de los trabajadores, los abandona a su suerte y permite
que los patrones, sobre todo el gran capital nacional y extranjero,
los exploten como les venga en gana, es un gobierno que no sirve
a los trabajadores mexicanos.
Un gobierno que en lugar de defender, apoyar y estimular el desarrollo
nacional independiente, abre las fronteras para que corporaciones
extranjeras se instalen sin ningún obstáculo en nuestro
país, llevando a la quiebra o desaparición de la empresa
nacional, es un gobierno que no sirve a los mexicanos.
Un
gobierno que en lugar de recuperar las riquezas nacionales que están
en manos extranjeras, entrega el patrimonio de la nación,
al capital foráneo, no sirve a los intereses nacionales.
Un gobierno que en lugar de crear nuevas empresas estatales, para
generar más y mejores empleos, pretende privatizar la industria
eléctrica y Petróleos Mexicanos, es un gobierno que
no sirve ni a los trabajadores ni al interés nacional. Es
un gobierno al servicio del capital extranjero, y por lo tanto es
un gobierno que no merece estar al frente de los destinos nacionales.
Frente
a esta situación ¿qué les queda a los trabajadores?
Movilizarse
y luchar junto con los campesinos, estudiantes, amas de casa, los
intelectuales progresistas y todos aquellos sectores nacionales
que coincidan en la defensa de la nación para echar del gobierno
a toda la casta de neoliberales que nos han gobernado y que nos
quieren seguir gobernando, en beneficio de un puñado de oligarcas
nacionales y extranjeros, y recuperar el camino patriótico,
popular y revolucionario. Seguir
luchando por la Unidad, la Independencia y la Democracia Sindical,
así como entablar una enérgica lucha en la defensa
de los intereses económicos y laborales de los trabajadores.
Sólo la unidad y la lucha combativa de los trabajadores de
la ciudad y del campo puede hacer posible que nuestro pueblo alcance
los grandes objetivos por los que ha luchado a lo largo de la historia,
que son: independencia nacional, bienestar social y la instauración
de un verdadero régimen democrático.
Construir
el partido político revolucionario de la clase trabajadora
como necesaria condición para conducir las luchas de defensa
de nuestra clase social y los intereses populares, recuperar el
camino patriótico y hacer los cambios revolucionarios que
la nación y el pueblo mexicano necesitan. Sin contar con
un partido político revolucionario de clase, que sea poderoso
e influyente, la clase trabajadora no podrá emanciparse;
tampoco podremos los mexicanos patriotas recuperar el camino independiente,
popular y revolucionario para nuestro país.
Trabajador,
compatriota, tú puedes contribuir a construir el gran partido
político revolucionario que necesitamos.
¡Viva
el Primero de Mayo!
¡Viva siempre el recuerdo y la lucha de los Mártires
de Chicago, y de nuestros mártires de Cananea y Río
Blanco!
¡Viva México!
México,
1º de Mayo de 2003
Partido Popular Socialista de México
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