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EL PERIODO ESPECIAL Y EL
CAMINO DE CUBA AL SOCIALISMO
Por Cuauhtémoc AMEZCUA DROMUNDO

Entrevista a Darío Machado

En las primeras décadas de este siglo, uno de los temas relevantes en el seno del pensamiento marxista fue el de dilucidar desde el punto de vista teórico si sería posible la construcción del socialismo en un solo país, rodeado por la hostilidad de un mundo capitalista que pondría en práctica todos los medios a su alcance para impedirlo. En Octubre la Revolución tomó el Poder en la Patria de Lenin -territorialmente inmensa, con abundantes y diversificadas fuentes naturales de riqueza que bien podrían atenuar los efectos de un bloqueo comercial-, y emprendió la tarea de la edificación del nuevo régimen; tuvo que hacerlo, en efecto, sometida a condiciones brutalmente adversas, impuestas por quienes decidieron que era indispensable ahogar la Revolución en su cuna sin miramientos, antes de que fuera a convertirse en ejemplo para otros pueblos y pusiera en riesgo el predominio capitalista e imperialista sobre el planeta.

La naciente nueva sociedad fue sometida a aislamiento, bloqueo, sabotaje, asedio, espionaje y agresión bélica, todo en grado de crimen genocida. A pesar de todos los obstáculos, aquel intento de la clase trabajadora y el pueblo soviético, si bien no pudo llegar a la meta de construir una sociedad socialista y comunista, sí obtuvo logros sin precedentes en beneficio del propio pueblo soviético y, sin asomo de duda, de toda la humanidad. Con el devenir del tiempo, bajo diversas circunstancias y en distintos momentos, otros pueblos pudieron tomar el camino de la edificación socialista, igualmente alentados por el ideal superior de erradicar la explotación del hombre por el hombre, con lo que el nuevo proyecto histórico dejó de estar circunscrito a un solo país.

Aquel intento de concretar el ideal socialista, el que puso en marcha la Unión Soviética, fue portentoso. Sucumbió, sin embargo, luego de poco más de siete décadas, como también, poco antes, casi al mismo tiempo, el proyecto de rasgos casi idénticos de los demás países de Europa del Este y del Centro. Esa caída, entre otras consecuencias, dio pie a una intensa ofensiva del imperialismo en el campo ideológico, orientada a extender y arraigar la versión falaz del fracaso histórico del socialismo todo, como ideal y en sus concepciones teóricas, más allá de aquel proyecto concreto; y de su supuesta imposibilidad para siempre y en todos los confines de la Tierra.

Ahora, hace poco tiempo, en los momentos de fin y principio de siglo y después de ese grave retroceso histórico que sufrió la humanidad, con la correlación de fuerzas imperante en el mundo dominado por el imperialismo como nunca antes, tuve oportunidad de conversar en La Habana con el compañero Darío Machado con respecto del proceso revolucionario cubano, sus experiencias, los problemas que enfrenta y sus perspectivas. Mi interlocutor es un intelectual marxista destacado, director del Centro de Estudios de América (CEA), investigador titular y miembro de la Academia de Ciencias de Cuba, militante, miembro del Comité Central del Partido Comunista de Cuba.

Durante la entrevista, Darío Machado abordó cuestiones de interés teórico y cognoscitivo general para el movimiento revolucionario, como las experiencias que el proceso cubano ha recogido a lo largo de cuatro décadas y en particular luego de la toma y consolidación del Poder Revolucionario; la elucidación del camino de la transición, es decir, el proyecto económico y social concreto, definido, que pueda desembocar en la construcción del socialismo en Cuba, vistas las cosas hoy, en medio de un planeta globalizado bajo el predominio del capital financiero internacional y sufriendo la Patria de Martí el bloqueo y el acoso permanente de que la hacen objeto los Estados Unidos, la potencia más poderosa de todos los tiempos, allí, a 90 millas de sus costas; los rasgos y características de esa vía cubana a la edificación del socialismo, y sus diferencias con otros proyectos anteriores o contemporáneos en el ámbito internacional.

Asimismo, se conversó sobre el período especial en tiempos de paz, y cómo debe entenderse si se le ubica en una perspectiva de mayor amplitud; y desde luego, de la reforma económica puesta en marcha, sus causas concretas, sus enfoques, y de cómo interactúa con los aspectos superestructurales de la sociedad cubana, con los ámbitos de lo político, lo jurídico y lo cultural. También se conversó sobre cómo, en qué medida esa reforma haya modificado la estructura clasista de la sociedad cubana.

A continuación, la parte medular de los planteamientos del compañero Machado, que me parecen útiles no sólo para mejor comprender y valorar el proceso cubano, sino como un aporte a la reflexión colectiva del pensamiento marxista contemporáneo mundial.

Cuauhtémoc Amezcua Dromundo.

La consolidación del Poder Revolucionario y el primer gran proyecto social y económico de la Revolución.

El camino de Cuba hoy es la consecuencia del camino que hemos llevado hasta este momento. Yo diría que después del triunfo de 1959 hay una primera etapa en el proceso revolucionario cubano, que es una etapa de consolidación del poder revolucionario. Los primeros años de la Revolución no podían sino dedicarse en lo fundamental a consolidar el poder.

Téngase en cuenta que la Revolución sufrió muchas agresiones desde el principio, el bloqueo económico prácticamente comienza desde 1959, la hostilidad por parte de los Estados Unidos comienza antes del triunfo de 1959, desde la Epopeya de la Sierra Maestra y hay que tener en cuenta la existencia de decenas y decenas de organizaciones contrarrevolucionarias financiadas por la CIA.

Hay que tener en cuenta Playa Girón, hay que tener en cuenta la crisis de octubre, hay que tener en cuenta las bandas contrarrevolucionarias que operaron en el Cambray y en otras regiones del país; prácticamente hasta 1965 se combatió a estas bandas en el Cambray y hubo también en los años posteriores infiltraciones, sabotajes, intentos de asesinato de los líderes de la Revolución, intentos de desestabilización de la sociedad cubana y el fantasma permanente del criminal bloqueo económico de los Estados Unidos. Es un elemento que hace entender que los primeros años de la Revolución no podían ser sino dedicados en lo fundamental a afianzar el Poder revolucionario. No obstante, con la conducción de la Revolución y con el trabajo particular de Ernesto "Che" Guevara, en nuestra sociedad se desarrollaron también algunos planes económicos en esos primeros años.

No fue sino hasta fines de la década del sesenta, que se puede en la sociedad cubana hablar de un primer gran proyecto social y económico de la Revolución; siempre recuerdo que el comandante Fidel Castro, en abril de 1968, dijo que si el triunfo de la Revolución era el momento en que un pueblo cobraba conciencia de cuál era su papel en el mundo, cuál era su papel en la historia, entonces que el triunfo de la Revolución no había sido en enero del 59, sino ahora en 1968.

Porque ya a fines de la década de los sesenta se tiene una primera idea, es decir, hay un primer gran proyecto integral de desarrollo económico y social de la Revolución Cubana.

Este proyecto, que yo le llamo un traje a la medida, tenía virtudes y tenía defectos. La virtud que yo le veo principal es la de ser precisamente ese traje a la medida, es decir, una programación de desarrollo económico que tenía una gran similitud con la morfología económica y social de la sociedad cubana. Se hablaba del fuerte desarrollo de la base de la infraestructura agropecuaria en el país, desarrollo de la industria azucarera, diversificación de la producción en la industria de la caña de azúcar, procesamiento de la caña de azúcar y, sobre toda esa base, un crecimiento gradual de la producción azucarera y con ello el financiamiento del desarrollo industrial de la sociedad cubana. Esa era la virtud principal.

Sin embargo, también en aquel momento pensábamos que esto se podría lograr sin la necesidad de una presencia, digamos importante, de los estímulos materiales, pensábamos que todo el mundo tenía el grado de conciencia aquél que le permitiría hacer su mayor aporte en aquellas circunstancias y el estímulo moral se ponía como el aspecto casi único que debía mover a las masas en ese desarrollo económico y social del país. Aquel gran primer proyecto social de la Revolución fracasó. En realidad no se logró articular y desarrollar ese proceso, si bien trajo saldos importantísimos. Yo creo que en la movilización y en la incorporación de las masas a las tareas de la Revolución, fue un proceso formidable, de concientización formidable.

Creo también que se lograron cosas muy importantes, como son avances extraordinarios en la infraestructura agropecuaria, sobre todo en el desarrollo de las bases para poder planificar la producción agrícola y ganadera en el país. Pero no se hicieron los diez millones de toneladas de azúcar, se hicieron aproximadamente ocho millones y medio, un poco más de ocho millones y medio de toneladas a un costo muy alto, todavía hoy nadie ha podido decir cuánto vino costando aquella tonelada, una tonelada de azúcar que produjimos en esa zafra que además se alargó mucho, fue una zafra tensa. Esta gran zafra fue del 69 al 70.

Es decir, éste, el de la vigencia del primer gran proyecto social y económico de la Revolución fue un período muy corto que evidenció rápidamente su falta de funcionalidad. A partir de ahí viene toda una recuperación y, en 1975, con el Primer Congreso del Partido es que comienza la aplicación del sistema de dirección y planificación de la economía, la nueva división político administrativa, la institucionalización del país, luego de un período de preparación de un quinquenio entre el 70 y el 75, todo un período de recuperación de las escuelas de contabilidad, de economía, de preparación del personal, de adiestramiento. Es decir, todo un período preparatorio hasta que en 1975 se arranca con la aplicación gradual del sistema de dirección y planificación de la economía, y un año después se aprueba la Constitución, la división político administrativa del país y comienza el proceso de institucionalización. Así fue como se negó aquel primer gran proyecto social de la Revolución teniendo entonces errores de otro tipo.

La primera rectificación importante del rumbo de la Revolución y sus enseñanzas.

En el país se había acumulado mucho dinero y se produjo una inflación. Esta situación económica obligó a una primera importante rectificación del rumbo de la Revolución. Era necesaria una negación de ese primer proyecto integral que tratara de recoger lo más importante acumulado en aquel momento y que lograra romper con los errores que no habían permitido ese desarrollo. Y esa negación del primer plan de proyecto social de la Revolución vino en forma de la copia del sistema de dirección y planificación de la economía de los países del Este de Europa, en particular de la Unión Soviética.

El eje central del desarrollo económico lo sería ahora la articulación de un sistema que ya no era aquel traje a la medida, sino un traje comprado hecho. Y cuando uno compra algo hecho, siempre una costura no le queda bien, una manga no le queda bien, fallan algunos aspectos chicos o grandes, por lo que siempre hay que hacerle modificaciones.

Y en realidad, negando el primer gran proyecto de la Revolución, se produjeron errores de otro tipo. Hay todavía que recordar que aquel gran proyecto social de la Revolución también traía consigo una importante campaña contra el burocratismo. Había una convicción de que era posible organizar las cosas con un mínimo de controles.

Aquello, que era correcto, sin embargo se aplicó de una forma tan exagerada que llegamos a destruir los controles contables que se habían desarrollado en los sectores productivos cubanos, precisamente con la conducción del "Che", y controles contables que eran de un alto nivel para el momento en el que esa contabilidad se aplicaba en nuestro país, pensando que no eran los mecanismos necesarios y que lo importante era la conciencia del hombre, que no hacía falta el estímulo material y que, por tanto, toda la contabilidad se podía simplificar.

En realidad se exageró su simplificación y desaparecieron los controles. No se vinculaba el salario con lo producido y prácticamente a los dos o tres años fracasa, y se empieza a rectificar.

La gran virtud de este nuevo proyecto era su integralidad, era una manera armónica y sistémica, integrada, de apreciar el todo social, articulando los aspectos jurídicos con los económicos y políticos; una visión sistémica integral. Y tenía el defecto de que se sobreestimaron los mecanismos, se sobreestimó el papel de los mecanismos y también el papel del estímulo material, minimizándose la función de los estímulos morales.

Eso hizo que a lo largo de una década -justamente coincide con lo que se llamó la década perdida en América Latina, del 75 al 85-, en Cuba se produjeron importantes avances en materia de política social, se crearon cientos de escuelas, preuniversitarios, tecnológicos y secundarias, internados, vinculando el estudio y el trabajo. Se desarrolló mucho la infraestructura del país, las carreteras; se desarrolló mucho la preparación de los terrenos agrícolas y, por supuesto, en el plano industrial hubo un importante desarrollo. El aspecto cuantitativo de ese crecimiento era puesto en el primer plano. Por tanto, en Cuba no se puede hablar en esa década, de una década pérdida, sino se puede hablar de una década ganada.

Negación de la negación: el proceso de rectificación de errores y tendencias negativas.

Sin embargo, este proceso de esta década ganada en la sociedad cubana, en este proceso se acumularon numerosos errores y deficiencias que tenían este sello: sobreestimación del papel de los mecanismos y sobreestimación del estímulo material.

Y llegó a tal punto la acumulación de estos errores y deficiencias, que la economía se hacía ineficiente y fue necesario entonces rectificar otra vez. De nuevo era necesario negar la negación.

En realidad cuando se hace la crítica a partir de 1984 de todo un proceso que está ya bastante estudiado y hay literatura describiendo las etapas de ese proceso, estamos frente a la negación de la negación, lo que se llamó el proceso de rectificación de errores y tendencias negativas.

Era el regreso al momento aquel autóctono, el regreso a aquel traje a la medida original de la Revolución, pero con un nivel de madurez, una experiencia acumulada importante, porque en el caso de la sociedad cubana el factor subjetivo que se autonegaba, tenía una estabilidad importante; era el propio pueblo cubano, eran los trabajadores cubanos, eran las instituciones de la Revolución, era la continuidad del propio proceso revolucionario, era incluso su liderazgo histórico, es decir, había, integralmente hablando, el factor subjetivo de esta negación de la negación y tenía todas las características para poder aprovechar a fondo la experiencia.

Por tanto, yo he definido el proceso de rectificación de errores y tendencias negativas como un gran proceso de desburocratización de la sociedad cubana y como la recuperación del momento más autóctono y auténtico del proceso revolucionario cubano.

El proceso de rectificación de errores y tendencias negativas tuvo varias fases. Mi concepción de análisis yo la divido en cuatro fases, la última de las cuales es precisamente la fase de madurez de este proceso que comienza justamente en 1989, en el momento en que empieza a desarticularse el sistema socialista de Europa del Este.

Es decir, que la madurez del proceso revolucionario cubano coincide en el tiempo con la desestabilización y desarticulación del socialismo en Europa del Este, acelerada con el proceso de la Perestroika y que llevó finalmente a la desaparición del sistema socialista europeo y de varios Estados socialistas de Europa, incluyendo la desaparición de la propia Unión Soviética.

Por eso siempre digo que hay que hablar de un tiempo cubano, de un tiempo histórico de la sociedad cubana y diferenciar ese tiempo histórico y esas características sin dejar de ver sus importantes vínculos recíprocos, pero diferenciarlos del proceso del sistema socialista europeo que tuvo su tiempo y tuvo su dinámica.

Efectos de la desaparición del socialismo en Europa del Este.

Por tanto, cuando se produce la desaparición del socialismo en Europa del Este, hay un conjunto de efectos en la sociedad cubana, sicológicos, ideológicos, políticos, culturales y económicos. Yo diría que lo fundamental de los efectos sicológicos de la desaparición del socialismo en Europa del Este, cambia a partir de que se inició una recuperación socioeconómica en Cuba. Después de esa hecatombe, después de esa inclosión del socialismo en Europa del Este, se contrajo el tiempo y el espacio de la Revolución Cubana al obligarnos a un proceso muy acelerado de resistencia económica y de acumulación, un proceso muy tenso; y al haber reducido nuestro espacio comercial de manera muy importante. Todo esto nos obligó a un trabajo muy intenso en el.

Pero ya cuando estamos recuperándonos, los efectos sicológicos empezaron a desaparecer. Porque imagínese frente al poderío enorme de los Estados Unidos, de pronto la soledad del proceso socialista cubano y la desaparición del equilibrio bipolar que existía y que obviamente creaba otra condición de carácter general para el desarrollo de la sociedad cubana.

Los efectos ideológicos yo creo que persisten en alguna medida hasta hoy, pero se han ido también gradualmente superando; yo creo que en lo fundamental estos efectos ideológicos están superados. Otro tanto ocurre con los efectos culturales de la desaparición del socialismo en Europa del Este.

Yo diría que lo que más persiste son los efectos económicos, porque coincide que en el momento en el que mejor preparados nos vimos para continuar la construcción acelerada del socialismo, es el momento en el que se produce la desaparición del socialismo en Europa del Este, por tanto, el tipo de crisis en el que se ve inmersa la sociedad cubana es una crisis aguda, económica recesiva de origen interno.

Se puede decir incluso que el proceso de rectificación tuvo el propósito de enfrentar la crisis económica de carácter endógeno; y que le dio una salida positiva; la economía cubana corrigió el camino y entró a un proceso de desenvolvimiento que alcanzó su madurez a fines de la década de los ochenta. Esta crisis de carácter endógeno justamente era la que veíamos en la ineficiencia productiva, en el hecho de que se necesitaban siempre más recursos para poder hacer las cosas, en particular recursos en divisas y muchos recursos energéticos; había un despilfarro energético en el país, gastos excesivos, superfluos de diversos aspectos y eso obligaba a una reflexión.

Ahora, esta crisis actual ha sido una crisis económica recesiva de origen externo, y esto es lo que explica la agudeza, el equilibrio y la sagacidad del factor subjetivo del proceso revolucionario cubano, al tener claro que los problemas que teníamos que superar en esta crisis eran económicos, y que no se trataba, como muchas veces se nos decía en aquel momento y se nos sigue diciendo hoy, que el asunto que tiene que cambiar es el sistema social, porque hubiera sido tremendamente equivocado, no solamente, por supuesto, totalmente incompatible con la tradición revolucionaria y la cultura política del pueblo cubano, de la sociedad cubana como un todo, sino equivocado también hablando en términos de lógica formal; si nuestro proceso era en lo fundamental producido por una aguda crisis económica recesiva de origen externo, ¿cuál era la causa por la cual debíamos poner el énfasis en transformaciones de carácter político, cuando en realidad esto no era necesario?

Una aguda crisis económica recesiva de carácter exógeno.

Yo creo que se ha conversado muchas veces sobre la necesidad de definir el carácter de la crisis que tenemos en la sociedad cubana; ver bien cómo es, definir bien esta crisis. Yo diría que se trata de una aguda crisis económica recesiva de carácter exógeno que nos ha obligado al surgimiento, para su superación, de nuevos actores económicos.

Al no estar frente a una crisis política y, tal como han comprobado los casi diez años ya del período especial, que no hemos tenido inestabilidad, ingobernabilidad en la sociedad cubana, evidentemente no hemos tenido una crisis política, tanto por el carácter original de la crisis como por lo que ha comprobado la historia de los últimos casi diez años, la sociedad cubana no necesitaba del surgimiento de nuevos actores políticos. Los actores políticos que habían cristalizado a lo largo del proceso revolucionario y en el que habían cristalizado las actitudes necesarias de la sociedad cubana para enfrentar los problemas culturales, sociales, económicos generales de toda sociedad, estos actores políticos eran suficientes para continuar ejerciendo su papel regulador en la sociedad cubana; podían requerir, y de hecho han requerido de importantes transformaciones, pero no del surgimiento de nuevos actores o de transformaciones de carácter esencial que condujeran a una negación de sus propias cualidades populares que son las que le dieron surgimiento.

Por eso creo que es importante destacar lo adecuado, lo acertado en todos los órdenes, de las soluciones con las cuales el factor subjetivo de la Revolución enfrentó el impacto de la desaparición del socialismo en Europa del Este.

Luego han surgido nuevos actores económicos que imponen importantes retos ideológicos y políticos a los actores políticos de la sociedad. Estos nuevos actores económicos están claros, son visibles. Ahí tenemos las empresas mixtas, las inversiones de 100% de capital extranjero; está la ampliación del trabajo por cuenta propia; está el surgimiento de las unidades básicas de producción cooperativa; está el surgimiento del mercado agropecuario, que funcionó con la debida oferta y demanda; está el surgimiento del mercado de productos industriales; están los bancos, que han surgido; están las casas de cambio de divisas por pesos cubano, que han surgido; están las zonas francas, que también han surgido en la sociedad cubana; está la descentralización de más de 250 empresas del comercio exterior, algo muy importante para poder adaptar a las necesarias flexibilidades del mercado de hoy, la producción, en lo que hace a la sociedad cubana.

Y obviamente un impetuoso desarrollo del turismo, todo eso ha traído retos enormes ideológicos y políticos a la sociedad cubana, y nuevos fenómenos en la sociedad cubana, incluyendo los fenómenos de desigualdad, por ejemplo, los que emanan de la existencia en Cuba de dos circulaciones monetarias, algo que se aplicó con total conciencia de que es una medida temporal y que en su momento tendrá que volver a la normalidad, como una circulación monetaria única en el país, la de la moneda nacional. Pero en este momento obviamente es una manera, o sea una realidad económica, ya que se expresan desigualdades desacostumbradas en la sociedad cubana.

Cuba: sus fuerzas productivas y sus relaciones sociales de producción.

Cuando yo analizo de la sociedad cubana, suelo ver tres contradicciones que hay que destacar: una que llamo contextual, que es la contradicción entre los intereses del imperialismo norteamericano y los de la nación cubana; esta contradicción es anterior al triunfo de la Revolución Socialista en Cuba y será posterior a la desaparición del bloqueo de los Estados Unidos contra Cuba, porque es una contradicción que emana de la existencia de una nación soberana como lo es Cuba y de la existencia de una ultraderecha vinculada a un complejo militar industrial, a los intereses de las transnacionales y de los grandes sectores financieros, algo que en Cuba continuamos englobando por su enorme vínculo también con el ejercicio de la violencia en cualquier parte del mundo, con el concepto de imperialismo, aunque no se utiliza mucho últimamente, pero para nosotros sigue siendo un concepto válido de análisis social y político.

Bueno, esta contradicción, de ese imperialismo norteamericano también existe con los intereses de naciones de otras partes de nuestra región americana y del mundo. Es una contradicción contextual más bien para otras naciones; para Cuba, en el caso cubano, es una contradicción agudizada por el hecho de haber tomado y persistir, Cuba, en un rumbo socialista, es decir, en un proyecto de orientación clara social.

Esta contradicción evidentemente está presente y tiñe toda la realidad de la nación y la existencia misma de la sociedad cubana por la indiscutible incoherencia de ese imperialismo y los vínculos que la sociedad norteamericana tiene con todo el entorno y prácticamente con el proceso de globalización de manera incrementada en el mundo y obviamente es una contradicción de primer orden a tener en cuenta cuando analizamos la coyuntura sociopolítica de la sociedad cubana.

Hay otra contradicción que yo catalogo como fundamental, que es la que existe entre el nivel de desarrollo de las fuerzas productivas y las relaciones sociales de producción. Una contradicción que se da en cualquier sociedad.

En el caso de la sociedad cubana esta contradicción, como en cualquier otra sociedad, es fuente de transformación, fuente de cambio y cuando estábamos trabajando por la rectificación de errores y tendencias negativas, esta contradicción se expresaba, siguiendo un análisis marxista, y clasificando las relaciones sociales de producción en: las relacionadas propiamente con la producción, las de distribución, de cambio y de consumo, la rectificación puso énfasis en las relaciones de distribución.

¿Por qué? Porque desde el punto de vista de nuestro desarrollo de las fuerzas productivas, teníamos estabilidad en la preparación de la fuerza de trabajo, en los suministros, en la tecnología, es decir, toda la base técnico-material de ese desarrollo tenía una clara estabilidad, y los errores se nos habían producido sobre todo en la esfera de la distribución, porque estábamos pagando más salario de lo que podíamos pagar, estábamos distribuyendo más de lo que podíamos distribuir, por tanto, la rectificación se propuso adecuar la fórmula de distribución y, en el caso de las relaciones de producción propiamente dichas, no se trataba de afectar las relaciones de propiedad, toda la propiedad podía seguir siendo casi ciento por ciento social, como lo era en aquel momento, sino resolver el problema que estaba en las relaciones de organización.

Por eso, el proceso de rectificación llevó a cabo importantes iniciativas de reorganización de la producción, y por eso surgieron los contingentes en la construcción, que después fueron ampliados experimentalmente a la industria y a la agricultura, como formas organizativas flexibles, más dinámicas, más eficientes de la producción.

Se empezó a experimentar con la planificación continua que introducía importantes elementos de flexibilidad en la planificación, pero las relaciones de propiedad no había que tocarlas porque había un adecuado nivel de desarrollo de las fuerzas productivas.

Cuando sobrevino la desaparición del socialismo en Europa del Este y se produjo de la noche a la mañana una abrupta disminución de los suministros de maquinaria, piezas de repuesto, tecnología, materias primas, ya esta contradicción entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción pasó a ser más profunda y la manera de abordarla tenía que incluir un cambio en las relaciones de propiedad.

Esta la causa por la cual se hace imprescindible ir al capital mixto; formar empresas mixtas para poder obtener capital, mercado, tecnología y poder producir. Así surgieron, por ejemplo, las unidades básicas de producción cooperativa en la mayor parte de la tierra que antes se administraba o se gestionaba de manera estatal centralizada; desde 1993, tanto en la agricultura cañera como en la no cañera se inició un proceso de gestión colectiva en pequeño de unidades básicas de producción cooperativa, que tienen la tierra entregada en usufructo por tiempo indefinido, que eligen a sus propios dirigentes, que tienen derecho a distribuirse todos los frutos de su producción entre los miembros de la unidad.

Es decir, éste es un proceso también de democratización económica, que distribuye mucho más y acerca mucho más al trabajador los niveles de decisión en materia de dirección económica de dichas unidades de producción agrícola por su cuenta. De esta manera se produce una importante transformación, ya no solamente en materia de distribución, sino en las relaciones de propiedad.

Esta es la forma en el que ahora estamos superando y generando, el modo en que se genera el desarrollo, a partir de esta contradicción en las condiciones actuales de la sociedad cubana.

Este cambio en las relaciones de propiedad es muy evidente. Voy a poner un ejemplo: si antes una gran empresa agropecuaria que tenía todo el petróleo que necesitaba, los tractores que necesitaba para desarrollar su producción, tenía, por ejemplo, 350 caballerías -téngase en cuenta que una caballería son aproximadamente 14 hectáreas-, perfectamente podía enviar un tractor a diez kilómetros a arar en cualquier terreno.

El proceso de reestructuración en la sociedad cubana.

Sin embargo, imagínese, cuando, producto de la hecatombe del socialismo en Europa del Este, disminuye bruscamente el nivel de nuestras fuerzas productivas, ya no tenemos esa cantidad de tractores disponibles ni esa cantidad de combustible, tenemos que pasar a arar con bueyes y no podemos enviar los bueyes a diez kilómetros. Y para mantener los bueyes se necesita acercar al productor: éste es el problema económico a resolver. Por tanto, en estas condiciones, esta contradicción tuvo que iniciar su superación sobre la base de transformaciones no ya en las relaciones solamente de distribución, sino también en las relaciones de producción.

Esto hace que se comience también un importante proceso de reestructuración en la sociedad cubana, porque quienes antes eran, para seguir en este ejemplo, solamente dueños colectivos, al igual que cualquier otro cubano, de la tierra o de los medios de producción, trabajando como obreros en una empresa de cultivo estatal, ahora pasan a una doble calidad: desde el punto de vista de que la tierra sigue siendo propiedad social, ellos también siguen siendo trabajadores, como antes; pero desde el punto de vista de los restantes medios de producción, que son ahora propiedad colectiva de la unidad básica de producción cooperativa, y desde el punto de vista del trabajo que hacen y del producto que obtienen, pasaron a la calidad de dueños colectivos pero a escala de un pequeño colectivo laboral.

Quiere decir que ellos son una especie de síntesis, entre dueños sociales y dueños colectivos, pero ya tienen una diferencia estructural en relación con cualquier otro cubano, que puede ser por ejemplo un maestro, un médico, un empleado en un organismo en la administración central del Estado y no es dueño colectivo de esos implementos ni dueño colectivo de esa producción, sino solamente dueño social de la tierra igual que somos todos los cubanos.

Lo anterior puede constituir un ejemplo para entender como ha comenzado, junto con esta reforma económica, junto con esta transformación económica, también una transformación estructural en la sociedad cubana.

El hecho es que la crisis también ha provocado una situación coyuntural, que es una coyuntura relativamente larga, en la que se generan y desarrollan estrategias individuales y familiares, vale decir de salvación, de superación de la crisis que entran en diferencia lógica, que pueden llegar a ser contradictorias con las estrategias sociales de salvación. Así, por ejemplo, usted puede ver a un maestro que tiene una gran contradicción porque le gusta el magisterio y, sin embargo, tiene un importante problema económico que no lo puede resolver si no trata de convertirse en un cuentapropista o no trata de ir al turismo. Hay veces que esta contradicción se resuelve, y es las más de las veces, se resuelve a favor del enorme e importantísimo papel social que ese maestro o ese médico desempeñan.

Pero hay también coyunturas particulares muy difíciles para familias y personas, que conlleva a un cambio estructural como el que estamos viviendo, es decir, toda esta transformación económica necesaria e imprescindible de ir hacia una economía mixta, a la que algunos le llaman socialismo con mercado, algo así es. Las descripciones, las etiquetas, los logotipos, siempre son muy rígidos; es mejor esperar el tiempo que haga falta hasta ver cuánto logramos sedimentar de ese socialismo al que aspiramos los cubanos.

El papel medular del Poder Revolucionario.

Hay quienes se preocupan mucho por el asunto de la denominación. Sin embargo, antes que la denominación, lo más importante, yo creo, es ceñirse claramente a la existencia de principios de construcción social que son el eje, la brújula, por la cual de manera flexible debemos guiar el camino del desarrollo.

Yo diría que la reforma económica que está llevando a cabo la Revolución Cubana, como cualquier transformación económica profunda, nadie la puede hacer desde la oposición ni en el caos. Este tipo de reforma hay que hacerla desde el poder. Y la sociedad cubana ha ido desarrollándola de manera gradual, con orden, desde el poder de los trabajadores, desde el poder popular.

Y éste un asunto base, porque estas diferencias que se nos están dando en la sociedad cubana, en el orden de la división social del trabajo, diferencias económicas. El hecho de que en este período hay personas que ganan mucho más que otras no tiene, sin embargo, efectos en el orden político, porque todos los ciudadanos cubanos conservamos frente a nuestra sociedad intactos y exactamente iguales nuestros derechos políticos.

Es decir, nadie por ganar más tiene como resultado derechos políticos mayores. En primer lugar porque todos los cubanos están en pie de igualdad para ser candidateados para los órganos del poder, para ser delegados a la Asamblea Municipal del Poder Popular o delegados a las Asambleas Provinciales o diputados de la Asamblea Nacional del Poder Popular. Nadie por ganar diez veces más uno que otro, tiene una oportunidad política mayor.

En Cuba está prohibida la propaganda política a favor de personas, no se pueden levantar programas demagógicos alternativos porque el programa es un programa único, es el programa de toda la sociedad; y porque quien nomina a los candidatos prácticamente es el pueblo, es decir, ninguna organización política los nomina, sino organizaciones sociales de masas, que, es cierto que como todas las organizaciones de la sociedad, tienen determinado signo político, pero no se trata de partidos políticos, sino de organizaciones sociales, organizaciones de masas que son las encargadas de nominar esos candidatos.

Por eso estas transformaciones económicas tienen una garantía del sistema político que le ofrece al ciudadano una oportunidad igual y permanente de participación política, y eso es básico, porque sólo sobre la base de los méritos individuales y de la voluntad popular se puede llegar a tener una curul representativa en nuestros órganos de poder; no porque alguien tenga más, sino porque ha sido elegido.

El período especial, definición ideológica, más que económica.

Y es una importante garantía de que nuestras leyes, en cualquier circunstancia, sean leyes que beneficien al pueblo, es una garantía, la da el sistema; por eso cuando nosotros hablamos del período especial, hablamos más que de una noción económica, que la tiene, de una noción ideológica importante: es el tiempo mínimo que la sociedad cubana necesita frente a la enorme crisis económica recesiva para poder readecuar sus relaciones económicas, comerciales internacionales; readecuar su aparato productivo de servicios internos y hacerlo salvando las conquistas fundamentales de la Revolución, en primer lugar el sistema político que es el que hace que en Cuba no se adopte una solución neoliberal, sino un programa de salvación nacional como el que está sintetizado en el concepto de período especial.

Esta noción de salvación nacional implica, en primer lugar, el sistema político, porque ahí es donde está la garantía de que no se hagan políticas anticomunales; el sistema político es la garantía de que los gobernantes no tengan cuentas bancarias en Suiza, en divisas; el sistema político es el que garantiza que la corrupción sea controlada, sea reductible y que no pueda levantar cabeza; por supuesto que en Cuba, apenas nos hemos asomado al capitalismo y ya hemos tenido un repunte de la corrupción, pero esa corrupción hay que decir que se combate, hay que decir que no bien aparece se reduce y que no anida ni existen condiciones para que anide en los órganos de poder, en los centros e instituciones donde cristaliza la voluntad popular de la sociedad cubana, por las características específicas del sistema.

Por eso el sistema político y su preservación fue un asunto de vida o muerte para la continuidad del proyecto socialista cubano. El hecho de que estemos haciendo esta reforma económica desde el Poder Revolucionario es lo que, aun implicando la introducción del capitalismo en la sociedad cubana, le imprime un sello revolucionario. La reforma es revolucionaria, cuando se hace por revolucionarios, desde el Poder Revolucionario y como una proyección revolucionaria, aunque implique de manera consciente un paso atrás en un conjunto de asuntos, aunque en otros, hay que decir que el mercado no es ni el fantasma que algunos piensan, ni la panacea que otros creen.

Yo creo que es importante una reflexión específica sobre el mercado y me gustaría hacer esa reflexión desde el punto de vista de la teoría marxista que creo que en su análisis esencial del mercado, ha establecido un conjunto de postulados básicos no superados. Marx estudió la sociedad capitalista precisamente a través de la mercancía como célula fundamental de esa sociedad, y reconocía en la mercancía un doble carácter: la mercancía tiene valor de uso y valor; ese valor de uso y valor a su vez es producido por el trabajo que también tiene un doble carácter, trabajo concreto y trabajo abstracto. El trabajo concreto produce el valor de uso y el trabajo abstracto confiere el valor a la mercancía.

Al capitalista le interesa ante todo la ganancia. La ley de la ganancia es el motivo fundamental para el capitalista, por tanto, para el capitalista el mercado es el mecanismo mediante el cual acumula valor. A él le interesa el valor, le interesa la ganancia. El valor de uso le interesa sólo en la medida en que le da ganancia. El capitalista es feliz y se siente éticamente realizado si le vende un peine a un calvo, porque él en realidad lo que quiere es venderle el peine y considera que es un excelente vendedor si logra realizar el valor; y le interesó cero el valor de uso, porque sólo le interesa en la medida en que puede realizar el valor.

El socialismo no puede escapar de relaciones mercantiles, pero su enfoque del mercado no es, no puede ser el de la ley de la ganancia. Por eso yo siempre insisto en que aquel famoso enunciado sobre la ley fundamental del socialismo, acerca de que es la ley de la satisfacción de la demanda siempre creciente de la sociedad, yo, cuando analizo el concepto de siempre creciente, prefiero decir siempre cambiante; y obviamente con el desarrollo se puede hablar en una determinada medida de un crecimiento. Pero lo que no tolero es que debamos simplificar ese concepto de la ley del socialismo pensando en que el socialismo también es una secuencia infinita de crecimiento de necesidades, incluso el decrecimiento puede ser cualitativamente superior.

Por ejemplo, el decrecimiento del consumo de bebidas alcohólicas y del cigarro es, desde el punto de vista de la salud de la persona, cualitativamente superior y no implica necesariamente un crecimiento cuantitativo; es una demanda cambiante, pero puede ser cambiante en el sentido decreciente. Muchas cosas se podrían analizar que tienen que ver con la salud humana, la transportación, con la polución que conlleva en las condiciones actuales. Es decir, muchas cosas se pueden analizar no interpretando esto de las demandas siempre cambiantes como una secuencia infinita de crecimiento de necesidades, yo la vería más bien como una complejización de las necesidades.

Las mercancías y el mercado; el intercambio en la óptica socialista.

Ahora, el socialismo no puede ver esa relación con el mismo abordaje del capitalismo, porque al capitalista le interesa la ganancia, no le interesa el hombre ni le interesa el uso de la mercancía sino sólo en la medida en que puede obtener ganancias. El socialismo tiene que hacer casi totalmente a la inversa. Es decir, el socialismo tiene que poner el énfasis en el patrón de uso de las mercancías y tiene que tener en cuenta el valor, pero en la medida en que le resulta necesario para satisfacer realmente necesidades de la sociedad.

Este es un asunto importante, el mercado socialista no puede sentir felicidad cuando le vende un peine a un calvo. El mercado socialista tiene que decirle que no lo necesita, que es otra cosa la que le hace falta. Es decir, tiene que haber una ética, eso tiene que ver hasta con el marketing. El marketing no se puede realizar en el socialismo con el simple criterio de tener mayores ganancias. Tiene que estar indisolublemente vinculado al verdadero papel social del producto que se está tratando de analizar, de ver su consumo o eventualmente también de promover su consumo. Porque promover el consumo de verduras y particularmente de verduras que han sido producidas con elementos orgánicos, me parece una cosa extraordinaria, me parece una excelente cosa y creo que es parte de lo que se debe hacer para la felicidad, para la salud de la sociedad.

Las relaciones de intercambio a través del mercado, a su vez, al ayudar a establecer una medida del valor, yo creo que son también importantes en tanto nos ayudan a ser eficientes y en tanto nos ayudan a disminuir costos, disminuir consumos, en particular consumos energéticos, proteger más el medio ambiente sobre la base de la dimensión de esos consumos, en la medida en que nos permite recuperar el valor del trabajo, lo cual también nos ayudará a recuperar el trabajo como valor. Es decir, la necesaria transformación de un concepto económico en un concepto cultural, la transformación de un concepto socioeconómico en un concepto ético. Es decir, el hecho de una relación mercantil que nos ayude a un intercambio justo en este período en el que afianzamos las conquistas de la Revolución y continuamos un camino de orientación socialista donde cada quien debe recibir según la cantidad y calidad del trabajo que aporta.

Bueno, creo que todo el que ha estudiado los fundamentos del marxismo tiene que recordar la crítica al programa de Gotha, la importancia de un período de transición y, aquello que Marx repetía, que el socialismo, o sea que el comunismo en su primera fase, la fase socialista, no podía sino emerger con las manchas de parto del capitalismo y que el derecho igual no era tan igual. Es decir, la división social del trabajo continúa durante el proceso de construcción socialista con diferencias importantes entre los productores de acuerdo al papel socioeconómico que desempeñan, razón por la cual la distribución, en papeles desiguales, de individuos desiguales por rendimientos desiguales, tienen que ser desiguales.

Por tanto, no es la igualdad a la que se aspira cuando la producción tenga un desarrollo. Y habría que ver cómo sería en un mundo en el que la naturaleza está tan amenazada por el desarrollo de la producción. Este es un asunto en el que es importante, con un sentido del futuro, reflexionar y sobre el cual creo que es importante discutir.

La contradicción entre igualitarismo y salida no igualitaria de la crisis.

Sin embargo, viendo más hacia la coyuntura actual, hacia lo que en este momento es realizable, también esas relaciones mercantiles nos están ayudando en Cuba a enfocar la tercera contradicción, de las tres que le dije, finalmente y que ahora voy a explicar en qué consiste.

Esta tercera contradicción, yo la defino como contradicción principal, es decir, hablamos de una contextual, de una fundamental y esta contradicción principal, que es la contradicción entre el igualitarismo prohijado y desarrollado por el propio proceso revolucionario durante décadas y la salida no igualitaria, obligadamente desigual de la aguda crisis económica recesiva por la cual estamos transitando ahora, con la necesidad de afianzar unas relaciones estables, yo diría que justamente desiguales. Aquí entra la cuestión de qué puede hacer, con qué puede un Estado Revolucionario y Socialista paliar o compensar las desigualdades objetivas que una división social del trabajo impone. Bueno, pues con políticas sociales; o sea, las políticas sociales son igualaciones desde el Poder, por eso está ahí la distribución del producto social a través de una educación igualitaria, con acceso igualitario para todos los cubanos, una atención médica con acceso igualitario, una seguridad social básica igualitaria a la que tienen acceso todos los cubanos, un subsidio en un conjunto de alimentos igualitarios para todos los cubanos.

Se trata de políticas sociales que son muy importantes para poder compensar estas desigualdades reales; se trata de políticas desde el Estado, políticas que contradicen la lógica socioeconómica del estado de desarrollo dado de una determinada sociedad, que tienen un sentido político, proyectivo y cultural, y que requieren asimismo un trabajo de orientación, educación y cultura política para explicar por qué esas distribuciones tienen que ser así y no deben ser desiguales; por qué deben tener esta característica en la política social. Todo esto es parte del mismo sistema social que conlleva educación y cultura política, sin lo cual es imposible aplicarlo.

Por qué, cuál es la causa por la cual si las condiciones objetivas dicen que somos desiguales por estar en posiciones socioeconómicas desiguales de acuerdo con la división social del trabajo, cuál es la causa por la que debemos ser igualados todos en la política social. Esos conceptos son políticos, son culturales, son éticos, son proyectivos, tienen que ver con los ideales y la ideología de la población, tienen que ver con la ideología predominante en la sociedad, de lo contrario si esa ideología no existiera, que conlleva humanismo solidaridad, igualdad, entonces no habría una base para poder aplicar estas políticas.

Sin embargo, fuera de estos aseguramientos, de esta política social, todo lo demás que se distribuye tiene que ser sobre la base del aporte que cada quien realiza a la sociedad, y aquí es muy importante la relación mercantil, o sea el terreno en el que la relación mercantil funciona y tiene sentido en esta etapa de desarrollo de la sociedad cubana. Yo siempre digo que el mercado es un caballo salvaje, pero que se puede embridar, se puede conducir, siempre y cuando el jinete, que es la sociedad, tenga una cultura capaz de entender y sobreponerle las compensaciones que deja la política social, que son importantes, muy importantes de mantener.

El camino de Cuba al socialismo.

Resumiendo: la sociedad cubana ha tenido tiempo suficiente con su política de salvación nacional, de resistencia y desarrollo, para ver el epílogo de lo que inició la Perestroika en la ex Unión Soviética y los países socialistas de Europa del Este, que están regresando de manera galopante a un capitalismo salvaje, o mejor, como diría Frey Betto, caníbal, y también ha tenido tiempo suficiente para poder ver lo que empieza a ser ahora el epílogo del capitalismo salvaje que, en forma de globalización neoliberal, se ha desarrollado en los países de nuestro entorno geocultural inmediato, es decir, el Caribe, América Latina, Centroamérica.

Yo diría que la consigna de resistir y desarrollarnos en medio del período especial ha sido una política correcta, porque no hemos aplicado fórmulas fondo monetaristas; no hemos descargado la crisis en una parte de la población; antes bien, lo que podemos definir como una aguda crisis económica recesiva, ha sido distribuida con un grado alto de igualdad entre todos los ciudadanos cubanos, con las diferencias, claro está, que todo país tiene en su división social del trabajo.

Esto significa, por tanto, que en Cuba la aguda crisis económica recesiva ha obligado a la aparición de nuevos actores económicos en la sociedad cubana para poder superar los efectos de la crisis. Sin embargo, como lo muestra la experiencia en estos años, no hemos tenido una crisis política, lo cual significa que no necesitamos nuevos actores políticos para resolver los problemas ideológicos y políticos de la crisis económica. En otras palabras, la no crisis política, la estabilidad, es condición para poder enfrentar la sí crisis económica, razón por la cual en la sociedad cubana hemos desarrollado un conjunto de políticas adecuadas que han empezado a rendir sus efectos positivos. El sistema político surgido de la Revolución, que es plenamente democrático -y no sólo en sus apariencias-, y que cuenta con el respaldo absolutamente mayoritario del pueblo, es el garante fundamental de la posibilidad de Cuba de un camino social propio.

El camino de Cuba, por tanto, es el camino hacia una sociedad socialista cubana que, obviamente en lo adelante, al faltar los recursos que antes teníamos en el marco de una división internacional socialista del trabajo, tendrá que ser un camino socialista con economía mixta, un camino socialista con la presencia de leyes mercantiles.

Sin embargo, nosotros creemos, en Cuba, que es posible embridar esas relaciones mercantiles, siempre y cuando exista la cultura política en la sociedad cubana capaz de hacerle entender la fórmula social de distribución que el proceso revolucionario y el Estado revolucionario están aplicando.

Existe sí el camino, es un camino socialista; en este momento no hemos podido todavía retomar la construcción acelerada del socialismo, es cierto; pero no bien haya una recuperación sustantiva de la economía, indiscutiblemente está en el espíritu de la sociedad cubana, en el espíritu del pueblo cubano, retomar esa construcción acelerada del socialismo.

   
 
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