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Entrevista
a Darío Machado
En
las primeras décadas de este siglo, uno de los temas relevantes
en el seno del pensamiento marxista fue el de dilucidar desde el
punto de vista teórico si sería posible la construcción del socialismo
en un solo país, rodeado por la hostilidad de un mundo capitalista
que pondría en práctica todos los medios a su alcance para impedirlo.
En Octubre la Revolución tomó el Poder en la Patria de Lenin -territorialmente
inmensa, con abundantes y diversificadas fuentes naturales de riqueza
que bien podrían atenuar los efectos de un bloqueo comercial-, y
emprendió la tarea de la edificación del nuevo régimen; tuvo que
hacerlo, en efecto, sometida a condiciones brutalmente adversas,
impuestas por quienes decidieron que era indispensable ahogar la
Revolución en su cuna sin miramientos, antes de que fuera a convertirse
en ejemplo para otros pueblos y pusiera en riesgo el predominio
capitalista e imperialista sobre el planeta.
La
naciente nueva sociedad fue sometida a aislamiento, bloqueo, sabotaje,
asedio, espionaje y agresión bélica, todo en grado de crimen genocida.
A pesar de todos los obstáculos, aquel intento de la clase trabajadora
y el pueblo soviético, si bien no pudo llegar a la meta de construir
una sociedad socialista y comunista, sí obtuvo logros sin precedentes
en beneficio del propio pueblo soviético y, sin asomo de duda, de
toda la humanidad. Con el devenir del tiempo, bajo diversas circunstancias
y en distintos momentos, otros pueblos pudieron tomar el camino
de la edificación socialista, igualmente alentados por el ideal
superior de erradicar la explotación del hombre por el hombre, con
lo que el nuevo proyecto histórico dejó de estar circunscrito a
un solo país.
Aquel
intento de concretar el ideal socialista, el que puso en marcha
la Unión Soviética, fue portentoso. Sucumbió, sin embargo, luego
de poco más de siete décadas, como también, poco antes, casi al
mismo tiempo, el proyecto de rasgos casi idénticos de los demás
países de Europa del Este y del Centro. Esa caída, entre otras consecuencias,
dio pie a una intensa ofensiva del imperialismo en el campo ideológico,
orientada a extender y arraigar la versión falaz del fracaso histórico
del socialismo todo, como ideal y en sus concepciones teóricas,
más allá de aquel proyecto concreto; y de su supuesta imposibilidad
para siempre y en todos los confines de la Tierra.
Ahora,
hace poco tiempo, en los momentos de fin y principio de siglo y
después de ese grave retroceso histórico que sufrió la humanidad,
con la correlación de fuerzas imperante en el mundo dominado por
el imperialismo como nunca antes, tuve oportunidad de conversar
en La Habana con el compañero Darío Machado con respecto del proceso
revolucionario cubano, sus experiencias, los problemas que enfrenta
y sus perspectivas. Mi interlocutor es un intelectual marxista destacado,
director del Centro de Estudios de América (CEA), investigador titular
y miembro de la Academia de Ciencias de Cuba, militante, miembro
del Comité Central del Partido Comunista de Cuba.
Durante
la entrevista, Darío Machado abordó cuestiones de interés teórico
y cognoscitivo general para el movimiento revolucionario, como las
experiencias que el proceso cubano ha recogido a lo largo de cuatro
décadas y en particular luego de la toma y consolidación del Poder
Revolucionario; la elucidación del camino de la transición, es decir,
el proyecto económico y social concreto, definido, que pueda desembocar
en la construcción del socialismo en Cuba, vistas las cosas hoy,
en medio de un planeta globalizado bajo el predominio del
capital financiero internacional y sufriendo la Patria de Martí
el bloqueo y el acoso permanente de que la hacen objeto los Estados
Unidos, la potencia más poderosa de todos los tiempos, allí, a 90
millas de sus costas; los rasgos y características de esa vía
cubana a la edificación del socialismo, y sus diferencias con
otros proyectos anteriores o contemporáneos en el ámbito internacional.
Asimismo,
se conversó sobre el período especial en tiempos de paz, y cómo
debe entenderse si se le ubica en una perspectiva de mayor amplitud;
y desde luego, de la reforma económica puesta en marcha, sus causas
concretas, sus enfoques, y de cómo interactúa con los aspectos superestructurales
de la sociedad cubana, con los ámbitos de lo político, lo jurídico
y lo cultural. También se conversó sobre cómo, en qué medida esa
reforma haya modificado la estructura clasista de la sociedad cubana.
A
continuación, la parte medular de los planteamientos del compañero
Machado, que me parecen útiles no sólo para mejor comprender y valorar
el proceso cubano, sino como un aporte a la reflexión colectiva
del pensamiento marxista contemporáneo mundial.
Cuauhtémoc
Amezcua Dromundo.
La
consolidación del Poder Revolucionario y el primer gran proyecto
social y económico de la Revolución.
El
camino de Cuba hoy es la consecuencia del camino que hemos llevado
hasta este momento. Yo diría que después del triunfo de 1959 hay
una primera etapa en el proceso revolucionario cubano, que es una
etapa de consolidación del poder revolucionario. Los primeros años
de la Revolución no podían sino dedicarse en lo fundamental a consolidar
el poder.
Téngase
en cuenta que la Revolución sufrió muchas agresiones desde el principio,
el bloqueo económico prácticamente comienza desde 1959, la hostilidad
por parte de los Estados Unidos comienza antes del triunfo de 1959,
desde la Epopeya de la Sierra Maestra y hay que tener en cuenta
la existencia de decenas y decenas de organizaciones contrarrevolucionarias
financiadas por la CIA.
Hay
que tener en cuenta Playa Girón, hay que tener en cuenta la crisis
de octubre, hay que tener en cuenta las bandas contrarrevolucionarias
que operaron en el Cambray y en otras regiones del país; prácticamente
hasta 1965 se combatió a estas bandas en el Cambray y hubo también
en los años posteriores infiltraciones, sabotajes, intentos de asesinato
de los líderes de la Revolución, intentos de desestabilización de
la sociedad cubana y el fantasma permanente del criminal bloqueo
económico de los Estados Unidos. Es un elemento que hace entender
que los primeros años de la Revolución no podían ser sino dedicados
en lo fundamental a afianzar el Poder revolucionario. No obstante,
con la conducción de la Revolución y con el trabajo particular de
Ernesto "Che" Guevara, en nuestra sociedad se desarrollaron también
algunos planes económicos en esos primeros años.
No
fue sino hasta fines de la década del sesenta, que se puede en la
sociedad cubana hablar de un primer gran proyecto social y económico
de la Revolución; siempre recuerdo que el comandante Fidel Castro,
en abril de 1968, dijo que si el triunfo de la Revolución era el
momento en que un pueblo cobraba conciencia de cuál era su papel
en el mundo, cuál era su papel en la historia, entonces que el triunfo
de la Revolución no había sido en enero del 59, sino ahora en 1968.
Porque
ya a fines de la década de los sesenta se tiene una primera idea,
es decir, hay un primer gran proyecto integral de desarrollo económico
y social de la Revolución Cubana.
Este
proyecto, que yo le llamo un traje a la medida, tenía virtudes y
tenía defectos. La virtud que yo le veo principal es la de ser precisamente
ese traje a la medida, es decir, una programación de desarrollo
económico que tenía una gran similitud con la morfología económica
y social de la sociedad cubana. Se hablaba del fuerte desarrollo
de la base de la infraestructura agropecuaria en el país, desarrollo
de la industria azucarera, diversificación de la producción en la
industria de la caña de azúcar, procesamiento de la caña de azúcar
y, sobre toda esa base, un crecimiento gradual de la producción
azucarera y con ello el financiamiento del desarrollo industrial
de la sociedad cubana. Esa era la virtud principal.
Sin
embargo, también en aquel momento pensábamos que esto se podría
lograr sin la necesidad de una presencia, digamos importante, de
los estímulos materiales, pensábamos que todo el mundo tenía el
grado de conciencia aquél que le permitiría hacer su mayor aporte
en aquellas circunstancias y el estímulo moral se ponía como el
aspecto casi único que debía mover a las masas en ese desarrollo
económico y social del país. Aquel gran primer proyecto social de
la Revolución fracasó. En realidad no se logró articular y desarrollar
ese proceso, si bien trajo saldos importantísimos. Yo creo que en
la movilización y en la incorporación de las masas a las tareas
de la Revolución, fue un proceso formidable, de concientización
formidable.
Creo
también que se lograron cosas muy importantes, como son avances
extraordinarios en la infraestructura agropecuaria, sobre todo en
el desarrollo de las bases para poder planificar la producción agrícola
y ganadera en el país. Pero no se hicieron los diez millones de
toneladas de azúcar, se hicieron aproximadamente ocho millones y
medio, un poco más de ocho millones y medio de toneladas a un costo
muy alto, todavía hoy nadie ha podido decir cuánto vino costando
aquella tonelada, una tonelada de azúcar que produjimos en esa zafra
que además se alargó mucho, fue una zafra tensa. Esta gran zafra
fue del 69 al 70.
Es
decir, éste, el de la vigencia del primer gran proyecto social y
económico de la Revolución fue un período muy corto que evidenció
rápidamente su falta de funcionalidad. A partir de ahí viene toda
una recuperación y, en 1975, con el Primer Congreso del Partido
es que comienza la aplicación del sistema de dirección y planificación
de la economía, la nueva división político administrativa, la institucionalización
del país, luego de un período de preparación de un quinquenio entre
el 70 y el 75, todo un período de recuperación de las escuelas de
contabilidad, de economía, de preparación del personal, de adiestramiento.
Es decir, todo un período preparatorio hasta que en 1975 se arranca
con la aplicación gradual del sistema de dirección y planificación
de la economía, y un año después se aprueba la Constitución, la
división político administrativa del país y comienza el proceso
de institucionalización. Así fue como se negó aquel primer gran
proyecto social de la Revolución teniendo entonces errores de otro
tipo.
La
primera rectificación importante del rumbo de la Revolución y sus
enseñanzas.
En
el país se había acumulado mucho dinero y se produjo una inflación.
Esta situación económica obligó a una primera importante rectificación
del rumbo de la Revolución. Era necesaria una negación de ese primer
proyecto integral que tratara de recoger lo más importante acumulado
en aquel momento y que lograra romper con los errores que no habían
permitido ese desarrollo. Y esa negación del primer plan de proyecto
social de la Revolución vino en forma de la copia del sistema de
dirección y planificación de la economía de los países del Este
de Europa, en particular de la Unión Soviética.
El
eje central del desarrollo económico lo sería ahora la articulación
de un sistema que ya no era aquel traje a la medida, sino un traje
comprado hecho. Y cuando uno compra algo hecho, siempre una costura
no le queda bien, una manga no le queda bien, fallan algunos aspectos
chicos o grandes, por lo que siempre hay que hacerle modificaciones.
Y
en realidad, negando el primer gran proyecto de la Revolución, se
produjeron errores de otro tipo. Hay todavía que recordar que aquel
gran proyecto social de la Revolución también traía consigo una
importante campaña contra el burocratismo. Había una convicción
de que era posible organizar las cosas con un mínimo de controles.
Aquello,
que era correcto, sin embargo se aplicó de una forma tan exagerada
que llegamos a destruir los controles contables que se habían desarrollado
en los sectores productivos cubanos, precisamente con la conducción
del "Che", y controles contables que eran de un alto nivel para
el momento en el que esa contabilidad se aplicaba en nuestro país,
pensando que no eran los mecanismos necesarios y que lo importante
era la conciencia del hombre, que no hacía falta el estímulo material
y que, por tanto, toda la contabilidad se podía simplificar.
En
realidad se exageró su simplificación y desaparecieron los controles.
No se vinculaba el salario con lo producido y prácticamente a los
dos o tres años fracasa, y se empieza a rectificar.
La
gran virtud de este nuevo proyecto era su integralidad, era una
manera armónica y sistémica, integrada, de apreciar el todo social,
articulando los aspectos jurídicos con los económicos y políticos;
una visión sistémica integral. Y tenía el defecto de que se sobreestimaron
los mecanismos, se sobreestimó el papel de los mecanismos y también
el papel del estímulo material, minimizándose la función de los
estímulos morales.
Eso
hizo que a lo largo de una década -justamente coincide con lo que
se llamó la década perdida en América Latina, del 75 al 85-, en
Cuba se produjeron importantes avances en materia de política social,
se crearon cientos de escuelas, preuniversitarios, tecnológicos
y secundarias, internados, vinculando el estudio y el trabajo. Se
desarrolló mucho la infraestructura del país, las carreteras; se
desarrolló mucho la preparación de los terrenos agrícolas y, por
supuesto, en el plano industrial hubo un importante desarrollo.
El aspecto cuantitativo de ese crecimiento era puesto en el primer
plano. Por tanto, en Cuba no se puede hablar en esa década, de una
década pérdida, sino se puede hablar de una década ganada.
Negación
de la negación: el proceso de rectificación de errores y tendencias
negativas.
Sin
embargo, este proceso de esta década ganada en la sociedad cubana,
en este proceso se acumularon numerosos errores y deficiencias que
tenían este sello: sobreestimación del papel de los mecanismos y
sobreestimación del estímulo material.
Y
llegó a tal punto la acumulación de estos errores y deficiencias,
que la economía se hacía ineficiente y fue necesario entonces rectificar
otra vez. De nuevo era necesario negar la negación.
En
realidad cuando se hace la crítica a partir de 1984 de todo un proceso
que está ya bastante estudiado y hay literatura describiendo las
etapas de ese proceso, estamos frente a la negación de la negación,
lo que se llamó el proceso de rectificación de errores y tendencias
negativas.
Era
el regreso al momento aquel autóctono, el regreso a aquel traje
a la medida original de la Revolución, pero con un nivel de madurez,
una experiencia acumulada importante, porque en el caso de la sociedad
cubana el factor subjetivo que se autonegaba, tenía una estabilidad
importante; era el propio pueblo cubano, eran los trabajadores cubanos,
eran las instituciones de la Revolución, era la continuidad del
propio proceso revolucionario, era incluso su liderazgo histórico,
es decir, había, integralmente hablando, el factor subjetivo de
esta negación de la negación y tenía todas las características para
poder aprovechar a fondo la experiencia.
Por
tanto, yo he definido el proceso de rectificación de errores y tendencias
negativas como un gran proceso de desburocratización de la sociedad
cubana y como la recuperación del momento más autóctono y auténtico
del proceso revolucionario cubano.
El
proceso de rectificación de errores y tendencias negativas tuvo
varias fases. Mi concepción de análisis yo la divido en cuatro fases,
la última de las cuales es precisamente la fase de madurez de este
proceso que comienza justamente en 1989, en el momento en que empieza
a desarticularse el sistema socialista de Europa del Este.
Es
decir, que la madurez del proceso revolucionario cubano coincide
en el tiempo con la desestabilización y desarticulación del socialismo
en Europa del Este, acelerada con el proceso de la Perestroika y
que llevó finalmente a la desaparición del sistema socialista europeo
y de varios Estados socialistas de Europa, incluyendo la desaparición
de la propia Unión Soviética.
Por
eso siempre digo que hay que hablar de un tiempo cubano, de un tiempo
histórico de la sociedad cubana y diferenciar ese tiempo histórico
y esas características sin dejar de ver sus importantes vínculos
recíprocos, pero diferenciarlos del proceso del sistema socialista
europeo que tuvo su tiempo y tuvo su dinámica.
Efectos
de la desaparición del socialismo en Europa del Este.
Por
tanto, cuando se produce la desaparición del socialismo en Europa
del Este, hay un conjunto de efectos en la sociedad cubana, sicológicos,
ideológicos, políticos, culturales y económicos. Yo diría que lo
fundamental de los efectos sicológicos de la desaparición del socialismo
en Europa del Este, cambia a partir de que se inició una recuperación
socioeconómica en Cuba. Después de esa hecatombe, después de esa
inclosión del socialismo en Europa del Este, se contrajo el tiempo
y el espacio de la Revolución Cubana al obligarnos a un proceso
muy acelerado de resistencia económica y de acumulación, un proceso
muy tenso; y al haber reducido nuestro espacio comercial de manera
muy importante. Todo esto nos obligó a un trabajo muy intenso en
el.
Pero
ya cuando estamos recuperándonos, los efectos sicológicos empezaron
a desaparecer. Porque imagínese frente al poderío enorme de los
Estados Unidos, de pronto la soledad del proceso socialista cubano
y la desaparición del equilibrio bipolar que existía y que obviamente
creaba otra condición de carácter general para el desarrollo de
la sociedad cubana.
Los
efectos ideológicos yo creo que persisten en alguna medida hasta
hoy, pero se han ido también gradualmente superando; yo creo que
en lo fundamental estos efectos ideológicos están superados. Otro
tanto ocurre con los efectos culturales de la desaparición del socialismo
en Europa del Este.
Yo
diría que lo que más persiste son los efectos económicos, porque
coincide que en el momento en el que mejor preparados nos vimos
para continuar la construcción acelerada del socialismo, es el momento
en el que se produce la desaparición del socialismo en Europa del
Este, por tanto, el tipo de crisis en el que se ve inmersa la sociedad
cubana es una crisis aguda, económica recesiva de origen interno.
Se
puede decir incluso que el proceso de rectificación tuvo el propósito
de enfrentar la crisis económica de carácter endógeno; y que le
dio una salida positiva; la economía cubana corrigió el camino y
entró a un proceso de desenvolvimiento que alcanzó su madurez a
fines de la década de los ochenta. Esta crisis de carácter endógeno
justamente era la que veíamos en la ineficiencia productiva, en
el hecho de que se necesitaban siempre más recursos para poder hacer
las cosas, en particular recursos en divisas y muchos recursos energéticos;
había un despilfarro energético en el país, gastos excesivos, superfluos
de diversos aspectos y eso obligaba a una reflexión.
Ahora,
esta crisis actual ha sido una crisis económica recesiva de origen
externo, y esto es lo que explica la agudeza, el equilibrio y la
sagacidad del factor subjetivo del proceso revolucionario cubano,
al tener claro que los problemas que teníamos que superar en esta
crisis eran económicos, y que no se trataba, como muchas veces se
nos decía en aquel momento y se nos sigue diciendo hoy, que el asunto
que tiene que cambiar es el sistema social, porque hubiera sido
tremendamente equivocado, no solamente, por supuesto, totalmente
incompatible con la tradición revolucionaria y la cultura política
del pueblo cubano, de la sociedad cubana como un todo, sino equivocado
también hablando en términos de lógica formal; si nuestro proceso
era en lo fundamental producido por una aguda crisis económica recesiva
de origen externo, ¿cuál era la causa por la cual debíamos poner
el énfasis en transformaciones de carácter político, cuando en realidad
esto no era necesario?
Una
aguda crisis económica recesiva de carácter exógeno.
Yo
creo que se ha conversado muchas veces sobre la necesidad de definir
el carácter de la crisis que tenemos en la sociedad cubana; ver
bien cómo es, definir bien esta crisis. Yo diría que se trata de
una aguda crisis económica recesiva de carácter exógeno que nos
ha obligado al surgimiento, para su superación, de nuevos actores
económicos.
Al
no estar frente a una crisis política y, tal como han comprobado
los casi diez años ya del período especial, que no hemos tenido
inestabilidad, ingobernabilidad en la sociedad cubana, evidentemente
no hemos tenido una crisis política, tanto por el carácter original
de la crisis como por lo que ha comprobado la historia de los últimos
casi diez años, la sociedad cubana no necesitaba del surgimiento
de nuevos actores políticos. Los actores políticos que habían cristalizado
a lo largo del proceso revolucionario y en el que habían cristalizado
las actitudes necesarias de la sociedad cubana para enfrentar los
problemas culturales, sociales, económicos generales de toda sociedad,
estos actores políticos eran suficientes para continuar ejerciendo
su papel regulador en la sociedad cubana; podían requerir, y de
hecho han requerido de importantes transformaciones, pero no del
surgimiento de nuevos actores o de transformaciones de carácter
esencial que condujeran a una negación de sus propias cualidades
populares que son las que le dieron surgimiento.
Por
eso creo que es importante destacar lo adecuado, lo acertado en
todos los órdenes, de las soluciones con las cuales el factor subjetivo
de la Revolución enfrentó el impacto de la desaparición del socialismo
en Europa del Este.
Luego
han surgido nuevos actores económicos que imponen importantes retos
ideológicos y políticos a los actores políticos de la sociedad.
Estos nuevos actores económicos están claros, son visibles. Ahí
tenemos las empresas mixtas, las inversiones de 100% de capital
extranjero; está la ampliación del trabajo por cuenta propia; está
el surgimiento de las unidades básicas de producción cooperativa;
está el surgimiento del mercado agropecuario, que funcionó con la
debida oferta y demanda; está el surgimiento del mercado de productos
industriales; están los bancos, que han surgido; están las casas
de cambio de divisas por pesos cubano, que han surgido; están las
zonas francas, que también han surgido en la sociedad cubana; está
la descentralización de más de 250 empresas del comercio exterior,
algo muy importante para poder adaptar a las necesarias flexibilidades
del mercado de hoy, la producción, en lo que hace a la sociedad
cubana.
Y
obviamente un impetuoso desarrollo del turismo, todo eso ha traído
retos enormes ideológicos y políticos a la sociedad cubana, y nuevos
fenómenos en la sociedad cubana, incluyendo los fenómenos de desigualdad,
por ejemplo, los que emanan de la existencia en Cuba de dos circulaciones
monetarias, algo que se aplicó con total conciencia de que es una
medida temporal y que en su momento tendrá que volver a la normalidad,
como una circulación monetaria única en el país, la de la moneda
nacional. Pero en este momento obviamente es una manera, o sea una
realidad económica, ya que se expresan desigualdades desacostumbradas
en la sociedad cubana.
Cuba:
sus fuerzas productivas y sus relaciones sociales de producción.
Cuando
yo analizo de la sociedad cubana, suelo ver tres contradicciones
que hay que destacar: una que llamo contextual, que es la contradicción
entre los intereses del imperialismo norteamericano y los de la
nación cubana; esta contradicción es anterior al triunfo de la Revolución
Socialista en Cuba y será posterior a la desaparición del bloqueo
de los Estados Unidos contra Cuba, porque es una contradicción que
emana de la existencia de una nación soberana como lo es Cuba y
de la existencia de una ultraderecha vinculada a un complejo militar
industrial, a los intereses de las transnacionales y de los grandes
sectores financieros, algo que en Cuba continuamos englobando por
su enorme vínculo también con el ejercicio de la violencia en cualquier
parte del mundo, con el concepto de imperialismo, aunque no se utiliza
mucho últimamente, pero para nosotros sigue siendo un concepto válido
de análisis social y político.
Bueno,
esta contradicción, de ese imperialismo norteamericano también existe
con los intereses de naciones de otras partes de nuestra región
americana y del mundo. Es una contradicción contextual más bien
para otras naciones; para Cuba, en el caso cubano, es una contradicción
agudizada por el hecho de haber tomado y persistir, Cuba, en un
rumbo socialista, es decir, en un proyecto de orientación clara
social.
Esta
contradicción evidentemente está presente y tiñe toda la realidad
de la nación y la existencia misma de la sociedad cubana por la
indiscutible incoherencia de ese imperialismo y los vínculos que
la sociedad norteamericana tiene con todo el entorno y prácticamente
con el proceso de globalización de manera incrementada en el mundo
y obviamente es una contradicción de primer orden a tener en cuenta
cuando analizamos la coyuntura sociopolítica de la sociedad cubana.
Hay
otra contradicción que yo catalogo como fundamental, que es la que
existe entre el nivel de desarrollo de las fuerzas productivas y
las relaciones sociales de producción. Una contradicción que se
da en cualquier sociedad.
En
el caso de la sociedad cubana esta contradicción, como en cualquier
otra sociedad, es fuente de transformación, fuente de cambio y cuando
estábamos trabajando por la rectificación de errores y tendencias
negativas, esta contradicción se expresaba, siguiendo un análisis
marxista, y clasificando las relaciones sociales de producción en:
las relacionadas propiamente con la producción, las de distribución,
de cambio y de consumo, la rectificación puso énfasis en las relaciones
de distribución.
¿Por
qué? Porque desde el punto de vista de nuestro desarrollo de las
fuerzas productivas, teníamos estabilidad en la preparación de la
fuerza de trabajo, en los suministros, en la tecnología, es decir,
toda la base técnico-material de ese desarrollo tenía una clara
estabilidad, y los errores se nos habían producido sobre todo en
la esfera de la distribución, porque estábamos pagando más salario
de lo que podíamos pagar, estábamos distribuyendo más de lo que
podíamos distribuir, por tanto, la rectificación se propuso adecuar
la fórmula de distribución y, en el caso de las relaciones de producción
propiamente dichas, no se trataba de afectar las relaciones de propiedad,
toda la propiedad podía seguir siendo casi ciento por ciento social,
como lo era en aquel momento, sino resolver el problema que estaba
en las relaciones de organización.
Por
eso, el proceso de rectificación llevó a cabo importantes iniciativas
de reorganización de la producción, y por eso surgieron los contingentes
en la construcción, que después fueron ampliados experimentalmente
a la industria y a la agricultura, como formas organizativas flexibles,
más dinámicas, más eficientes de la producción.
Se
empezó a experimentar con la planificación continua que introducía
importantes elementos de flexibilidad en la planificación, pero
las relaciones de propiedad no había que tocarlas porque había un
adecuado nivel de desarrollo de las fuerzas productivas.
Cuando
sobrevino la desaparición del socialismo en Europa del Este y se
produjo de la noche a la mañana una abrupta disminución de los suministros
de maquinaria, piezas de repuesto, tecnología, materias primas,
ya esta contradicción entre las fuerzas productivas y las relaciones
de producción pasó a ser más profunda y la manera de abordarla tenía
que incluir un cambio en las relaciones de propiedad.
Esta
la causa por la cual se hace imprescindible ir al capital mixto;
formar empresas mixtas para poder obtener capital, mercado, tecnología
y poder producir. Así surgieron, por ejemplo, las unidades básicas
de producción cooperativa en la mayor parte de la tierra que
antes se administraba o se gestionaba de manera estatal centralizada;
desde 1993, tanto en la agricultura cañera como en la no cañera
se inició un proceso de gestión colectiva en pequeño de unidades
básicas de producción cooperativa, que tienen la tierra entregada
en usufructo por tiempo indefinido, que eligen a sus propios dirigentes,
que tienen derecho a distribuirse todos los frutos de su producción
entre los miembros de la unidad.
Es
decir, éste es un proceso también de democratización económica,
que distribuye mucho más y acerca mucho más al trabajador los niveles
de decisión en materia de dirección económica de dichas unidades
de producción agrícola por su cuenta. De esta manera se produce
una importante transformación, ya no solamente en materia de distribución,
sino en las relaciones de propiedad.
Esta
es la forma en el que ahora estamos superando y generando, el modo
en que se genera el desarrollo, a partir de esta contradicción en
las condiciones actuales de la sociedad cubana.
Este
cambio en las relaciones de propiedad es muy evidente. Voy a poner
un ejemplo: si antes una gran empresa agropecuaria que tenía todo
el petróleo que necesitaba, los tractores que necesitaba para desarrollar
su producción, tenía, por ejemplo, 350 caballerías -téngase en cuenta
que una caballería son aproximadamente 14 hectáreas-, perfectamente
podía enviar un tractor a diez kilómetros a arar en cualquier terreno.
El
proceso de reestructuración en la sociedad cubana.
Sin
embargo, imagínese, cuando, producto de la hecatombe del socialismo
en Europa del Este, disminuye bruscamente el nivel de nuestras fuerzas
productivas, ya no tenemos esa cantidad de tractores disponibles
ni esa cantidad de combustible, tenemos que pasar a arar con bueyes
y no podemos enviar los bueyes a diez kilómetros. Y para mantener
los bueyes se necesita acercar al productor: éste es el problema
económico a resolver. Por tanto, en estas condiciones, esta contradicción
tuvo que iniciar su superación sobre la base de transformaciones
no ya en las relaciones solamente de distribución, sino también
en las relaciones de producción.
Esto
hace que se comience también un importante proceso de reestructuración
en la sociedad cubana, porque quienes antes eran, para seguir en
este ejemplo, solamente dueños colectivos, al igual que cualquier
otro cubano, de la tierra o de los medios de producción, trabajando
como obreros en una empresa de cultivo estatal, ahora pasan a una
doble calidad: desde el punto de vista de que la tierra sigue siendo
propiedad social, ellos también siguen siendo trabajadores, como
antes; pero desde el punto de vista de los restantes medios de producción,
que son ahora propiedad colectiva de la unidad básica de producción
cooperativa, y desde el punto de vista del trabajo que hacen
y del producto que obtienen, pasaron a la calidad de dueños colectivos
pero a escala de un pequeño colectivo laboral.
Quiere
decir que ellos son una especie de síntesis, entre dueños sociales
y dueños colectivos, pero ya tienen una diferencia estructural en
relación con cualquier otro cubano, que puede ser por ejemplo un
maestro, un médico, un empleado en un organismo en la administración
central del Estado y no es dueño colectivo de esos implementos ni
dueño colectivo de esa producción, sino solamente dueño social de
la tierra igual que somos todos los cubanos.
Lo
anterior puede constituir un ejemplo para entender como ha comenzado,
junto con esta reforma económica, junto con esta transformación
económica, también una transformación estructural en la sociedad
cubana.
El
hecho es que la crisis también ha provocado una situación coyuntural,
que es una coyuntura relativamente larga, en la que se generan y
desarrollan estrategias individuales y familiares, vale decir de
salvación, de superación de la crisis que entran en diferencia lógica,
que pueden llegar a ser contradictorias con las estrategias sociales
de salvación. Así, por ejemplo, usted puede ver a un maestro que
tiene una gran contradicción porque le gusta el magisterio y, sin
embargo, tiene un importante problema económico que no lo puede
resolver si no trata de convertirse en un cuentapropista o no trata
de ir al turismo. Hay veces que esta contradicción se resuelve,
y es las más de las veces, se resuelve a favor del enorme e importantísimo
papel social que ese maestro o ese médico desempeñan.
Pero
hay también coyunturas particulares muy difíciles para familias
y personas, que conlleva a un cambio estructural como el que estamos
viviendo, es decir, toda esta transformación económica necesaria
e imprescindible de ir hacia una economía mixta, a la que algunos
le llaman socialismo con mercado, algo así es. Las descripciones,
las etiquetas, los logotipos, siempre son muy rígidos; es mejor
esperar el tiempo que haga falta hasta ver cuánto logramos sedimentar
de ese socialismo al que aspiramos los cubanos.
El
papel medular del Poder Revolucionario.
Hay
quienes se preocupan mucho por el asunto de la denominación. Sin
embargo, antes que la denominación, lo más importante, yo creo,
es ceñirse claramente a la existencia de principios de construcción
social que son el eje, la brújula, por la cual de manera flexible
debemos guiar el camino del desarrollo.
Yo
diría que la reforma económica que está llevando a cabo la Revolución
Cubana, como cualquier transformación económica profunda, nadie
la puede hacer desde la oposición ni en el caos. Este tipo de reforma
hay que hacerla desde el poder. Y la sociedad cubana ha ido desarrollándola
de manera gradual, con orden, desde el poder de los trabajadores,
desde el poder popular.
Y
éste un asunto base, porque estas diferencias que se nos están dando
en la sociedad cubana, en el orden de la división social del trabajo,
diferencias económicas. El hecho de que en este período hay personas
que ganan mucho más que otras no tiene, sin embargo, efectos en
el orden político, porque todos los ciudadanos cubanos conservamos
frente a nuestra sociedad intactos y exactamente iguales nuestros
derechos políticos.
Es
decir, nadie por ganar más tiene como resultado derechos políticos
mayores. En primer lugar porque todos los cubanos están en pie de
igualdad para ser candidateados para los órganos del poder, para
ser delegados a la Asamblea Municipal del Poder Popular o delegados
a las Asambleas Provinciales o diputados de la Asamblea Nacional
del Poder Popular. Nadie por ganar diez veces más uno que otro,
tiene una oportunidad política mayor.
En
Cuba está prohibida la propaganda política a favor de personas,
no se pueden levantar programas demagógicos alternativos porque
el programa es un programa único, es el programa de toda la sociedad;
y porque quien nomina a los candidatos prácticamente es el pueblo,
es decir, ninguna organización política los nomina, sino organizaciones
sociales de masas, que, es cierto que como todas las organizaciones
de la sociedad, tienen determinado signo político, pero no se trata
de partidos políticos, sino de organizaciones sociales, organizaciones
de masas que son las encargadas de nominar esos candidatos.
Por
eso estas transformaciones económicas tienen una garantía del sistema
político que le ofrece al ciudadano una oportunidad igual y permanente
de participación política, y eso es básico, porque sólo sobre la
base de los méritos individuales y de la voluntad popular se puede
llegar a tener una curul representativa en nuestros órganos de poder;
no porque alguien tenga más, sino porque ha sido elegido.
El
período especial, definición ideológica, más que económica.
Y
es una importante garantía de que nuestras leyes, en cualquier circunstancia,
sean leyes que beneficien al pueblo, es una garantía, la da el sistema;
por eso cuando nosotros hablamos del período especial, hablamos
más que de una noción económica, que la tiene, de una noción ideológica
importante: es el tiempo mínimo que la sociedad cubana necesita
frente a la enorme crisis económica recesiva para poder readecuar
sus relaciones económicas, comerciales internacionales; readecuar
su aparato productivo de servicios internos y hacerlo salvando las
conquistas fundamentales de la Revolución, en primer lugar el
sistema político que es el que hace que en Cuba no se adopte una
solución neoliberal, sino un programa de salvación nacional como
el que está sintetizado en el concepto de período especial.
Esta
noción de salvación nacional implica, en primer lugar, el sistema
político, porque ahí es donde está la garantía de que no se hagan
políticas anticomunales; el sistema político es la garantía de que
los gobernantes no tengan cuentas bancarias en Suiza, en divisas;
el sistema político es el que garantiza que la corrupción sea controlada,
sea reductible y que no pueda levantar cabeza; por supuesto que
en Cuba, apenas nos hemos asomado al capitalismo y ya hemos tenido
un repunte de la corrupción, pero esa corrupción hay que decir que
se combate, hay que decir que no bien aparece se reduce y que no
anida ni existen condiciones para que anide en los órganos de poder,
en los centros e instituciones donde cristaliza la voluntad popular
de la sociedad cubana, por las características específicas del sistema.
Por
eso el sistema político y su preservación fue un asunto de vida
o muerte para la continuidad del proyecto socialista cubano. El
hecho de que estemos haciendo esta reforma económica desde el Poder
Revolucionario es lo que, aun implicando la introducción del capitalismo
en la sociedad cubana, le imprime un sello revolucionario. La reforma
es revolucionaria, cuando se hace por revolucionarios, desde el
Poder Revolucionario y como una proyección revolucionaria, aunque
implique de manera consciente un paso atrás en un conjunto de asuntos,
aunque en otros, hay que decir que el mercado no es ni el fantasma
que algunos piensan, ni la panacea que otros creen.
Yo
creo que es importante una reflexión específica sobre el mercado
y me gustaría hacer esa reflexión desde el punto de vista de la
teoría marxista que creo que en su análisis esencial del mercado,
ha establecido un conjunto de postulados básicos no superados. Marx
estudió la sociedad capitalista precisamente a través de la mercancía
como célula fundamental de esa sociedad, y reconocía en la mercancía
un doble carácter: la mercancía tiene valor de uso y valor; ese
valor de uso y valor a su vez es producido por el trabajo que también
tiene un doble carácter, trabajo concreto y trabajo abstracto. El
trabajo concreto produce el valor de uso y el trabajo abstracto
confiere el valor a la mercancía.
Al
capitalista le interesa ante todo la ganancia. La ley de la ganancia
es el motivo fundamental para el capitalista, por tanto, para el
capitalista el mercado es el mecanismo mediante el cual acumula
valor. A él le interesa el valor, le interesa la ganancia. El valor
de uso le interesa sólo en la medida en que le da ganancia. El capitalista
es feliz y se siente éticamente realizado si le vende un peine a
un calvo, porque él en realidad lo que quiere es venderle el peine
y considera que es un excelente vendedor si logra realizar el valor;
y le interesó cero el valor de uso, porque sólo le interesa en la
medida en que puede realizar el valor.
El
socialismo no puede escapar de relaciones mercantiles, pero su enfoque
del mercado no es, no puede ser el de la ley de la ganancia. Por
eso yo siempre insisto en que aquel famoso enunciado sobre la ley
fundamental del socialismo, acerca de que es la ley de la satisfacción
de la demanda siempre creciente de la sociedad, yo, cuando analizo
el concepto de siempre creciente, prefiero decir siempre
cambiante; y obviamente con el desarrollo se puede hablar en
una determinada medida de un crecimiento. Pero lo que no tolero
es que debamos simplificar ese concepto de la ley del socialismo
pensando en que el socialismo también es una secuencia infinita
de crecimiento de necesidades, incluso el decrecimiento puede ser
cualitativamente superior.
Por
ejemplo, el decrecimiento del consumo de bebidas alcohólicas y del
cigarro es, desde el punto de vista de la salud de la persona, cualitativamente
superior y no implica necesariamente un crecimiento cuantitativo;
es una demanda cambiante, pero puede ser cambiante en el sentido
decreciente. Muchas cosas se podrían analizar que tienen que ver
con la salud humana, la transportación, con la polución que conlleva
en las condiciones actuales. Es decir, muchas cosas se pueden analizar
no interpretando esto de las demandas siempre cambiantes como una
secuencia infinita de crecimiento de necesidades, yo la vería más
bien como una complejización de las necesidades.
Las
mercancías y el mercado; el intercambio en la óptica socialista.
Ahora,
el socialismo no puede ver esa relación con el mismo abordaje del
capitalismo, porque al capitalista le interesa la ganancia, no le
interesa el hombre ni le interesa el uso de la mercancía sino sólo
en la medida en que puede obtener ganancias. El socialismo tiene
que hacer casi totalmente a la inversa. Es decir, el socialismo
tiene que poner el énfasis en el patrón de uso de las mercancías
y tiene que tener en cuenta el valor, pero en la medida en que le
resulta necesario para satisfacer realmente necesidades de la sociedad.
Este
es un asunto importante, el mercado socialista no puede sentir felicidad
cuando le vende un peine a un calvo. El mercado socialista tiene
que decirle que no lo necesita, que es otra cosa la que le hace
falta. Es decir, tiene que haber una ética, eso tiene que ver hasta
con el marketing. El marketing no se puede realizar en el socialismo
con el simple criterio de tener mayores ganancias. Tiene que estar
indisolublemente vinculado al verdadero papel social del producto
que se está tratando de analizar, de ver su consumo o eventualmente
también de promover su consumo. Porque promover el consumo de verduras
y particularmente de verduras que han sido producidas con elementos
orgánicos, me parece una cosa extraordinaria, me parece una excelente
cosa y creo que es parte de lo que se debe hacer para la felicidad,
para la salud de la sociedad.
Las
relaciones de intercambio a través del mercado, a su vez, al ayudar
a establecer una medida del valor, yo creo que son también importantes
en tanto nos ayudan a ser eficientes y en tanto nos ayudan a disminuir
costos, disminuir consumos, en particular consumos energéticos,
proteger más el medio ambiente sobre la base de la dimensión de
esos consumos, en la medida en que nos permite recuperar el valor
del trabajo, lo cual también nos ayudará a recuperar el trabajo
como valor. Es decir, la necesaria transformación de un concepto
económico en un concepto cultural, la transformación de un concepto
socioeconómico en un concepto ético. Es decir, el hecho de una relación
mercantil que nos ayude a un intercambio justo en este período en
el que afianzamos las conquistas de la Revolución y continuamos
un camino de orientación socialista donde cada quien debe recibir
según la cantidad y calidad del trabajo que aporta.
Bueno,
creo que todo el que ha estudiado los fundamentos del marxismo tiene
que recordar la crítica al programa de Gotha, la importancia de
un período de transición y, aquello que Marx repetía, que el socialismo,
o sea que el comunismo en su primera fase, la fase socialista, no
podía sino emerger con las manchas de parto del capitalismo y que
el derecho igual no era tan igual. Es decir, la división social
del trabajo continúa durante el proceso de construcción socialista
con diferencias importantes entre los productores de acuerdo al
papel socioeconómico que desempeñan, razón por la cual la distribución,
en papeles desiguales, de individuos desiguales por rendimientos
desiguales, tienen que ser desiguales.
Por
tanto, no es la igualdad a la que se aspira cuando la producción
tenga un desarrollo. Y habría que ver cómo sería en un mundo en
el que la naturaleza está tan amenazada por el desarrollo de la
producción. Este es un asunto en el que es importante, con un sentido
del futuro, reflexionar y sobre el cual creo que es importante discutir.
La
contradicción entre igualitarismo y salida no igualitaria de la
crisis.
Sin
embargo, viendo más hacia la coyuntura actual, hacia lo que en este
momento es realizable, también esas relaciones mercantiles nos están
ayudando en Cuba a enfocar la tercera contradicción, de las tres
que le dije, finalmente y que ahora voy a explicar en qué consiste.
Esta
tercera contradicción, yo la defino como contradicción principal,
es decir, hablamos de una contextual, de una fundamental y esta
contradicción principal, que es la contradicción entre el igualitarismo
prohijado y desarrollado por el propio proceso revolucionario durante
décadas y la salida no igualitaria, obligadamente desigual de la
aguda crisis económica recesiva por la cual estamos transitando
ahora, con la necesidad de afianzar unas relaciones estables, yo
diría que justamente desiguales. Aquí entra la cuestión de
qué puede hacer, con qué puede un Estado Revolucionario y Socialista
paliar o compensar las desigualdades objetivas que una división
social del trabajo impone. Bueno, pues con políticas sociales; o
sea, las políticas sociales son igualaciones desde el Poder,
por eso está ahí la distribución del producto social a través de
una educación igualitaria, con acceso igualitario para todos los
cubanos, una atención médica con acceso igualitario, una seguridad
social básica igualitaria a la que tienen acceso todos los cubanos,
un subsidio en un conjunto de alimentos igualitarios para todos
los cubanos.
Se
trata de políticas sociales que son muy importantes para poder compensar
estas desigualdades reales; se trata de políticas desde el Estado,
políticas que contradicen la lógica socioeconómica del estado de
desarrollo dado de una determinada sociedad, que tienen un sentido
político, proyectivo y cultural, y que requieren asimismo un trabajo
de orientación, educación y cultura política para explicar por qué
esas distribuciones tienen que ser así y no deben ser desiguales;
por qué deben tener esta característica en la política social. Todo
esto es parte del mismo sistema social que conlleva educación y
cultura política, sin lo cual es imposible aplicarlo.
Por
qué, cuál es la causa por la cual si las condiciones objetivas dicen
que somos desiguales por estar en posiciones socioeconómicas desiguales
de acuerdo con la división social del trabajo, cuál es la causa
por la que debemos ser igualados todos en la política social. Esos
conceptos son políticos, son culturales, son éticos, son proyectivos,
tienen que ver con los ideales y la ideología de la población, tienen
que ver con la ideología predominante en la sociedad, de lo contrario
si esa ideología no existiera, que conlleva humanismo solidaridad,
igualdad, entonces no habría una base para poder aplicar estas políticas.
Sin
embargo, fuera de estos aseguramientos, de esta política social,
todo lo demás que se distribuye tiene que ser sobre la base del
aporte que cada quien realiza a la sociedad, y aquí es muy importante
la relación mercantil, o sea el terreno en el que la relación mercantil
funciona y tiene sentido en esta etapa de desarrollo de la sociedad
cubana. Yo siempre digo que el mercado es un caballo salvaje, pero
que se puede embridar, se puede conducir, siempre y cuando el jinete,
que es la sociedad, tenga una cultura capaz de entender y sobreponerle
las compensaciones que deja la política social, que son importantes,
muy importantes de mantener.
El
camino de Cuba al socialismo.
Resumiendo:
la sociedad cubana ha tenido tiempo suficiente con su política de
salvación nacional, de resistencia y desarrollo, para ver el epílogo
de lo que inició la Perestroika en la ex Unión Soviética y los países
socialistas de Europa del Este, que están regresando de manera galopante
a un capitalismo salvaje, o mejor, como diría Frey Betto, caníbal,
y también ha tenido tiempo suficiente para poder ver lo que empieza
a ser ahora el epílogo del capitalismo salvaje que, en forma de
globalización neoliberal, se ha desarrollado en los países de nuestro
entorno geocultural inmediato, es decir, el Caribe, América Latina,
Centroamérica.
Yo
diría que la consigna de resistir y desarrollarnos en medio del
período especial ha sido una política correcta, porque no
hemos aplicado fórmulas fondo monetaristas; no hemos descargado
la crisis en una parte de la población; antes bien, lo que podemos
definir como una aguda crisis económica recesiva, ha sido distribuida
con un grado alto de igualdad entre todos los ciudadanos cubanos,
con las diferencias, claro está, que todo país tiene en su división
social del trabajo.
Esto
significa, por tanto, que en Cuba la aguda crisis económica recesiva
ha obligado a la aparición de nuevos actores económicos en la sociedad
cubana para poder superar los efectos de la crisis. Sin embargo,
como lo muestra la experiencia en estos años, no hemos tenido una
crisis política, lo cual significa que no necesitamos nuevos actores
políticos para resolver los problemas ideológicos y políticos de
la crisis económica. En otras palabras, la no crisis política,
la estabilidad, es condición para poder enfrentar la sí crisis
económica, razón por la cual en la sociedad cubana hemos desarrollado
un conjunto de políticas adecuadas que han empezado a rendir sus
efectos positivos. El sistema político surgido de la Revolución,
que es plenamente democrático -y no sólo en sus apariencias-, y
que cuenta con el respaldo absolutamente mayoritario del pueblo,
es el garante fundamental de la posibilidad de Cuba de un camino
social propio.
El
camino de Cuba, por tanto, es el camino hacia una sociedad
socialista cubana que, obviamente en lo adelante, al faltar
los recursos que antes teníamos en el marco de una división internacional
socialista del trabajo, tendrá que ser un camino socialista con
economía mixta, un camino socialista con la presencia
de leyes mercantiles.
Sin
embargo, nosotros creemos, en Cuba, que es posible embridar esas
relaciones mercantiles, siempre y cuando exista la cultura política
en la sociedad cubana capaz de hacerle entender la fórmula social
de distribución que el proceso revolucionario y el Estado revolucionario
están aplicando.
Existe
sí el camino, es un camino socialista; en este momento no hemos
podido todavía retomar la construcción acelerada del socialismo,
es cierto; pero no bien haya una recuperación sustantiva de la economía,
indiscutiblemente está en el espíritu de la sociedad cubana, en
el espíritu del pueblo cubano, retomar esa construcción acelerada
del socialismo.
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