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La
teoría.
El
nivel de la lucha sindical en cada país y en cada etapa de su desarrollo,
está íntimamente ligado a la existencia y condiciones de trabajo
del partido político de la clase obrera. Al respecto, Lenin afirmaba
que: "la conciencia política de clase no se puede aportar al obrero
más que desde el exterior, esto es, desde fuera de la lucha económica,
desde fuera de las relaciones entre obreros y patrones".
De
la misma manera, Vicente Lombardo Toledano sostenía que: "no existe
acción revolucionaria sin teoría revolucionaria. "Por esto uno de
los principios de la lucha sindical revolucionaria es el de reconocer
la existencia de la lucha de clases, como contradicción natural
entre la clase propietaria del capital y la clase proletaria y consecuencia
lógica de la sociedad dividida en clases con intereses opuestos.
Asimismo, que la única manera de liquidar la lucha de clases es
aboliendo la causa que la engendra, la propiedad privada de los
instrumentos de la producción económica, para convertirla en propiedad
perteneciente a toda la sociedad.
El
movimiento sindical para ser revolucionario necesita reconocer que
la burguesía y el proletario son clases antagónicas ya que sus intereses
son opuestos. La forma que adopta la lucha de clases, entre ambos,
está determinada por las formas de organización del proletariado
y se da de tres maneras: económica, política e ideológica.
La
lucha económica es históricamente la primera forma de la lucha de
clases del proletariado y su más importante medio es la huelga;
parcial o general. Esta lucha ha servido para defender y mejorar
las condiciones económicas del proletariado y ha contribuido a organizarlo
y para que se trace objetivos de mayor envergadura. Mas a pesar
de su importancia, la lucha económica no basta para abolir la explotación
capitalista, para ello es imprescindible la lucha política, porque
en la lucha económica la clase obrera se enfrenta a sus explotadores
en forma parcial; mientras que en la política, la clase obrera y
la burguesía se enfrentan como clases en conjunto.
La
lucha económica y la lucha política están ligadas entre sí de manera
indisoluble. Cuando la lucha económica se da al margen de la lucha
política, en los obreros se forja solamente una conciencia economicista
y pierden la perspectiva de las luchas de la clase obrera; si se
liga a la lucha política, dirigida por el partido marxista-leninista,
la clase obrera adquiere conciencia de clase, proletaria; comprende
sus intereses cardinales de clase, su misión histórica y sus tareas
revolucionarias. La lucha económica hace necesaria la organización
del proletariado en sindicatos; la lucha política requiere la creación
de un partido político marxista-leninista, que es la forma superior
de organización de clase del proletariado.
Para
impulsar a la clase obrera a la más amplia lucha económica y sobre
todo política, es imprescindible ayudarla a tomar conciencia de
sus intereses cardinales de clase; esto se logra a través de la
lucha teórica e ideológica. La introducción de la doctrina de la
clase obrera, de la ideología del marxismo-leninismo eleva la lucha
de clases a un nivel superior, y es tan necesaria como las demás
formas de esta lucha para la victoria definitiva del proletariado.
La
lucha de clases del proletariado, por lo tanto, debe precisar con
claridad las relaciones entre las luchas económicas, políticas,
e ideológicas, es decir, entre los sindicatos y el partido de la
clase obrera.
El
desarrollo del sindicalismo.
La
organización sindical en México, como en todos los países del mundo,
es el resultado del desarrollo de la economía y particularmente
del desarrollo de la industria, así el movimiento obrero de nuestro
país, como el de todas las regiones del mundo, ha pasado por diversas
etapas en su desarrollo y en sus luchas. Aun cuando en un esquema
del proceso de la organización y del combate de la clase obrera
mexicana no es posible señalar todos los hechos de importancia ocurridos
a finales del siglo XIX y a lo largo del XX, desde la creación de
la primera central sindical nacional, se puede decir, no obstante,
que las características principales de tal desarrollo -de acuerdo
a las formas de la lucha de clases utilizadas frente a la burguesía-,
son las siguientes: la que se daba en base a ligas de resistencia;
la etapa de organización sindical influida por el anarcosindicalismo;
la etapa en que estuvo bajo la dirección de Lombardo Toledano, que
aplicó los principios del sindicalismo revolucionario; la etapa
posterior a Lombardo Toledano, en que se inició la división y sentó
sus reales el reformismo, el colaboracionismo, la corrupción, el
oportunismo y el corporativismo al partido de Estado, y la etapa
actual, en que sin haber solucionado estos problemas el sindicalismo
enfrenta al neoliberalismo.
1.-
La primera etapa es la del nacimiento de las primeras organizaciones
sindicales de finales del siglo XIX, cuya lucha se reducía a exigencias
de carácter puramente económico en medio de una feroz represión.
2.-
La segunda, con la creación de la primera central sindical, la CROM,
la cual quedó constituida en 1918 y estaba influenciada por las
tesis anarcosindicalistas. Era la época inicial de la Revolución
Mexicana victoriosa. En aquel momento las fuerzas productivas de
nuestro país eran débiles y la economía nacional entraba apenas
en un período de reconstrucción, pasados los cinco dramáticos años
de la lucha armada. La reforma agraria comenzaba con titubeos, oscilando
entre la tesis de dar la tierra a los peones agrícolas en pequeñas
extensiones, para que con su producto aumentaran su jornal, y la
doctrina de que era necesario abolir para siempre el peonaje, transformando
a las masas rurales en fuerzas de producción independientes.
3.-
La tercera etapa, con la fundación de la segunda gran central sindical,
la CTM, en 1936, y se mantuvo unida, militante y con clara ideología
proletaria hasta los últimos años de la administración del presidente
Manuel Avila Camacho. Ese período correspondía ya al avance franco
de las fuerzas productivas, con el surgimiento de la industria nacionalista,
fruto de la reforma agraria impulsada como nunca por el presidente
Lázaro Cárdenas. Las obras de irrigación, las carreteras modernas,
la nacionalización del petróleo y de los ferrocarriles, la producción
estatal de energía eléctrica, el crédito agrícola, el seguro social,
la educación técnica y la ampliación de los servicios sanitarios,
hicieron posible que la clase obrera unificada desempeñara un papel
importantísimo, por la primera vez, no sólo en la elevación del
nivel de vida de las mayorías, sino también en el progreso económico
independiente de México.
4.-
La cuarta etapa se caracteriza por la división del movimiento obrero,
desde la administración de Miguel Alemán, que ha subsistido hasta
hoy. Lo grave no es sólo que la clase trabajadora haya perdido,
tanto en el aspecto económico como en el orden jurídico y político,
muchas de sus conquistas, sino que dejó de ser el principal motor
de las fuerzas populares, abandonó su trascendental papel de vanguardia
del movimiento revolucionario, renunció al prestigio conquistado
legítimamente, en años anteriores, ante el movimiento obrero mundial,
y se convirtió en numerosas fracciones dispersas y antagónicas,
cuyos dirigentes, en buena proporción, sólo aspiraron a ocupar cargos
públicos o a lograr privilegios personales, sometiéndose incondicionalmente
a las indicaciones del gobierno. Pero hay algo más grave todavía:
la división y las disputas entre los líderes por mantenerse en la
dirección sindical, para no perder sus prerrogativas individuales
o adquirirlas, abrió las puertas a la corrupción, desterrando la
democracia sindical y olvidando los principios del proletariado,
todo esto en un período en que el desarrollo de la economía nacional
había colocado a México en el umbral de la era francamente capitalista.
5.-
La quinta etapa, corresponde al inicio de la aplicación del proyecto
neoliberal, al desmantelamiento del Estado surgido de la Revolución
de 1910, a la desnacionalización de la economía y mayor dependencia
del exterior, a la concentración de la riqueza en unas cuantas manos,
a la ampliación de la pobreza a más de la mitad de la población
mexicana, al desempleo masivo y a la caricaturización de la democracia
burguesa, todo esto casi sin la resistencia del proletariado, salvo
contadas excepciones de algunos sindicatos y en etapas muy breves.
Los neoliberales por su lado, están tratando de conformar nuevas
organizaciones sindicales y centrales -es decir, alentando todavía
una división mayor-, bajo el pretexto de crear un nuevo sindicalismo,
señalando como enemigo principal el corporativismo, sin ningún indicio
que permita vislumbrar su preocupación porque el proletariado adquiera
conciencia de clase y del cumplimiento de sus objetivos históricos.
El
partido de la clase obrera.
En
cuanto a la existencia de partidos que han abrazado la filosofía
de la clase obrera, éstos han padecido casi las mismas vicisitudes
que el movimiento sindical, y analizando rigurosamente el papel
que han jugado a lo largo de su existencia, se puede afirmar que
su influencia entre el proletariado ha sido muy relativa, lo cual
explica en gran parte la situación actual del nivel de la lucha
de clases del proletariado.
Primero
está el caso del Partido Comunista Mexicano, fundado en 1919, que
durante toda su existencia estuvo influido primero por el anarquismo,
luego por el trotskismo, hasta caer en el reformismo y en el oportunismo
de izquierda, que lo llevó a su desaparición, habiendo confundido
siempre el papel de los sindicatos con el del partido. Después de
sufrir distintas transformaciones en busca de identidad, fue diluyendo
cada vez más su carácter de partido de clase, hasta llegar a su
último reducto, el Partido Mexicano Socialista, para dejar su lugar,
en 1989, al Partido de la Revolución Democrática, una organización
de carácter burgués que es miembro de pleno derecho de la Internacional
Socialista.
El
otro caso es el del Partido Popular Socialista, fundado por Vicente
Lombardo Toledano. Nació primero como Partido Popular en 1948, en
un momento en que peligraba el rumbo de la Revolución Mexicana,
y aunque parte de su dirección se guiaba por el marxismo-leninismo,
en sus inicios fue un partido amplio, progresista y antiimperialista.
En 1960 -después de un largo y profundo debate, y a propuesta de
su fundador-, se convirtió en Partido Popular Socialista, haciendo
suya la filosofía del marxismo-leninismo. Este cambio trascendental
se dio en la etapa en que México pasaba de país agrario industrial
a industrial agrario y cuando la Revolución Mexicana tomaba un nuevo
y vigoroso impulso.
El
Partido Popular Socialista llegó a tener un peso muy importante
dentro del conjunto de las fuerzas patrióticas, progresistas y antiimperialistas
de nuestro país. Esto le permitió impulsar significativos avances
en el desarrollo económico nacional con independencia del imperialismo,
particularmente en el período que se extiende de fines de la década
de los cincuentas hasta mediados de los setentas y, en menor grado
hasta inicios de los ochentas. Durante ese cuarto de siglo fue posible
revertir y mantener a raya los reiterados intentos del gobierno
de los Estados Unidos por someter al de nuestro país a sus dictados
e intereses; ganar numerosas batallas a quienes pretendían instaurar
un régimen capitalista de tipo clásico, con predominio de la burguesía
propietaria de los medios de producción y cambio, o, peor aún, dependiente
del exterior; mantener una política internacional firmemente solidaria
con la Revolución Cubana en particular y, en general, con los movimientos
populares y revolucionarios de toda América Latina y el Caribe,
y brindar cobijo dentro de nuestro territorio a decenas de miles
de perseguidos políticos, entre los cuales estuvieron las personalidades
más destacadas de la lucha emancipadora de casi todos los países
de la región; contener, y en momentos concretos incluso revertir,
el proceso de concentración de la riqueza en pocas manos, y ampliar
el régimen democrático, entendido éste no con una concepción puramente
procedimental burgués, sino clasista, cuyo contenido se define certeramente
en el artículo 3º de la Constitución.
En
fin, durante dos y media décadas -aun en medio de una lucha enconada
entre fuerzas políticas opuestas, que hacía que el proceso fuera
zigzagueante-, sin embargo fue posible sostener una tendencia que
avanzaba de manera favorable a los intereses de la clase trabajadora
en particular y de la Nación mexicana en su conjunto, y mantenía
la perspectiva de que, con esa tendencia, la correlación de fuerzas
en la arena nacional pudiera desembocar en un régimen de Democracia
Nacional que, a su vez, lograra la consecución de la plena independencia
económica y política de México y creara las condiciones para otro
régimen más avanzado, de Democracia Popular, cuya tarea histórica
habría de ser la construcción del régimen socialista.
En
otro aspecto, el de los vínculos del PPS, con el movimiento sindical,
el partido surgió del seno del mismo, de su corriente avanzada;
sin embargo, las presiones e injerencias del imperialismo sobre
México y América Latina en la etapa de la Guerra Fría, y concretamente
la conducta del gobierno de Alemán, que llegó a ser ferozmente persecutoria,
sobre todo, contra el lombardismo en el seno de las organizaciones
sindicales, causaron la ruptura de tales vínculos, que nunca hasta
ahora han podido ser restablecidos plenamente.
A
partir de 1982, cuando el grupo tecnocrático neoliberal se apoderó
del gobierno, el Partido Popular Socialista se convirtió en su más
acérrimo y consecuente enemigo, desde los puntos de vista político
e ideológico; lo combatió con energía y con importantes repercusiones
en cuanto a desenmascararlo y desentrañar su esencia de manera pública,
sobre todo desde la tribuna del Parlamento mexicano, y fue capaz
de aglutinar, en lo que hace al frente electoral en los comicios
de 1988, una amplia gama de fuerzas patrióticas, democráticas y
antiimperialistas -el Frente Democrático Nacional-, con la cual
se logró el triunfo popular, que sólo el fraude pudo echar abajo.
Como
contraparte, los ataques de la derecha tradicional y del grupo neoliberal
contra el Partido Popular Socialista se multiplicaron. Entre estas
acciones, con el pretexto de que el socialismo había fracasado en
el mundo, esas corrientes alentaron a un grupo oportunista para
que se adueñara del control del Comité Central e interrumpiera los
trabajos del XVIII Congreso, celebrado en septiembre de 1996, y
capturara la Dirección Nacional del Partido. El proyecto de ese
grupo era el de quitarle al Partido el carácter socialista -marxista-leninista-
y convertirlo a la socialdemocracia. Sin embargo, el grupo oportunista
fracasó en su intento.
La
reposición del XVIII Congreso, llevada a cabo por la inmensa mayoría
de las células del Partido en agosto de 1997, retomó a plenitud
los principios y el camino histórico del Partido, renovó al Comité
Central, ratificando como miembros del mismo a los más prestigiados
cuadros del Partido, y renovó la Dirección Nacional. El grupo oportunista,
apoyado por la burguesía neoliberal en el poder, se apropió de los
edificios y bienes materiales del Partido; temporalmente y por razones
tácticas dio marcha atrás, por lo menos de manera pública, en su
intento por transformarlo en una organización socialdemócrata, si
bien mantiene a plenitud su conducta oportunista que ha llegado
al extremo de proclamar, por ejemplo, que el candidato presidencial
del grupo neoliberal, Francisco Labastida, es el candidato del PPS
"para salvar a México". Ya desde antes, ese grupo se había autoproclamado
el "auténtico PPS", con lo cual ha generado confusión y causado
desprestigio al partido, lo que se viene a sumar a los daños que
el golpe del grupo oportunista había causado desde un principio
y que ha tenido graves consecuencias para la lucha del proletariado
y del movimiento sindical.
A
pesar de las condiciones adversas que enfrenta, el Partido Popular
Socialista, luego de la reposición del XVIII Congreso, se mantiene
firme y consecuente en la defensa y aplicación de la filosofía del
marxismo-leninismo. Esta es la situación que guarda el partido de
la clase obrera y el movimiento sindical en México.
Condiciones
de vida y de trabajo del proletariado y sus organizaciones sindicales.
Si
la unidad de la clase trabajadora ha sido siempre la base de su
evolución y de sus posibles victorias, hoy resulta más urgente que
nunca, porque el México de nuestro tiempo no es el de hace treinta
años. Debido a su división, los trabajadores, tomados en su conjunto,
sufren las consecuencias de la pauperización creciente que engendra
el neoliberalismo-dependiente en la economía en un país como el
nuestro, que cada vez está más atado a un solo mercado y con muchas
de sus más importantes industrias privatizadas y en manos de capital
extranjero.
Por
eso frente a los grandes problemas económicos del pueblo, la clase
obrera no tiene iniciativas que ofrecer, tampoco frente a los más
importantes asuntos de la Nación. Respecto de la solidaridad obrera,
tanto en el interior del país como en relación con el extranjero,
adopta una actitud de indiferencia y de silencio, resultado natural
del abandono de los principios, de la ausencia de la democracia
sindical y de la corrupción de sus líderes.
En
resumen, las consecuencias inmediatas de esta situación son las
siguientes:
-
Desaparición de la democracia sindical.
-
Corrupción de la mayoría de los dirigentes sindicales.
-
Olvido de la lucha de clases.
-
Pérdida constante del poder de compra de los salarios.
-
Anulación del movimiento obrero como fuerza de opinión ante los
problemas del pueblo y las demandas de carácter nacional.
Según
cifras oficiales, mientras en 1963 el nivel medio de vida, medido
a precios constantes de 1985 era de 1,650 dólares anuales por habitante,
tras una trayectoria ascendente algo errática, alcanzó su máximo
en 1981: 4,160 dólares per cápita. Como consecuencia de la crisis
de diciembre de 1994 este indicador se situó en 980 dólares; es
decir, menos de una cuarta parte del máximo nivel alcanzado durante
la historia republicana del país. Se calcula que para recuperar
el nivel medio de vida de 1981 tardaría -creciendo a una tasa media
anual de 4 por ciento-, entre diecinueve y veintitrés años.
El
salario real durante los cuatro últimos años ha perdido 21 por ciento
del poder adquisitivo de inicios del sexenio; el poder de compra
de las exportaciones mexicanas sobre las importaciones se ha reducido
en alrededor de 40 por ciento. En términos del ingreso nacional
disponible, la masa salarial ha reducido su participación de 41
por ciento en 1981, a 27 por ciento en 1996. Según cifras del Banco
Mundial, el producto nacional bruto per cápita en México fue, en
1997, de 3,700 dólares, en contraste con los 29,080 de Estados Unidos
y los 19,640 del Canadá. Según cálculos realizados a partir de hipótesis
optimistas, si bajo el actual modelo de desarrollo México creciera
de manera estable a tasas superiores al 5 por ciento anual, considerando
tasas de crecimiento de 3.8 por ciento para Estados Unidos y 4 por
ciento para Canadá, alcanzaría el PNB per cápita estadounidense
en un lapso superior a 295 años, y el canadiense en más de 280.
Según
datos de la Secretaría de Trabajo y Previsión Social el número de
huelgas en nuestro país ha disminuido drásticamente en los últimos
años. Ya desde 1991 el número de huelgas fue de sólo 140; en 1992
descendieron a 138; en 1993, a 135; en 1994, a 109; en 1995, a 96;
en 1996, a sólo 47 estallamientos; en 1997 descendieron a 37. Asimismo
informó que durante el primer mes del año no se registraron huelgas,
situación que contrasta con lo ocurrido en el último mes de los
últimos dos años, donde se observaron cuatro movimientos huelguísticos
en 1998 y cuatro en 1999. Sin que ninguno de estos movimientos afectara
de manera significativa el abasto de alimentos o la producción industrial,
debido a que los conflictos se resolvieron en el curso de las 72
horas posteriores.
El
sistema de pensiones ha sido privatizado a través de la creación
de las llamadas Administradoras de Fondos de Ahorro para el Retiro
(Afores), copia del de desventajoso sistema creado en Chile durante
la dictadura pinochetista, porque el trabajador está obligado a
aceptar no sólo el manejo discrecional de su fondo de retiro, sino
además el riesgo de perderlo.
La
riqueza nacional se sigue distribuyendo de una manera injusta, creando
una división verdaderamente dramática entre los diversos sectores
de la sociedad. Los salarios sólo participan en menos del 27% del
PIB, en tanto que el capital se apodera de más del 64%; para 1989,
el 10% de la población más acaudalada concentraba más del 41% del
ingreso, en tanto que la mitad de los mexicanos apenas recibía el
16.7%. Así, el abismo entre riqueza y pobreza es cada vez más amplio
y profundo, la distribución del ingreso es hoy la más injusta de
los últimos cincuenta años.
La
clase obrera dividida es impotente para influir en el cambio de
la situación que prevalece. La división no se limita, sin embargo,
a la parcelación del movimiento sindical en diversas centrales,
facciones y grupos, cada cual autoerigiéndose en redentores del
proletariado, pero sin que ninguno se guíe por las tesis del sindicalismo
revolucionario.
En
los últimos tiempos algunos elementos, tratando de depurar a los
sindicatos de sus líderes conservadores o indeseables y de hacer
resurgir la combatividad de la clase trabajadora, pretenden crear
un nuevo sindicalismo, sin embargo, en lugar de lograr este propósito
han contribuido también a la división ahondándola y confundiendo
a gran parte de los miembros del movimiento sindical. A título de
simples ejemplos se pueden mencionar algunos:
A
raíz de que la Suprema Corte de Justicia de la Nación sentó, hace
unos meses, la jurisprudencia que restituye a los empleados públicos
el derecho a constituir él o los sindicatos que deseen, así como
a pertenecer al de su preferencia, el tema de la libertad sindical
ha sido tomado como bandera por diversas agrupaciones sindicales,
emprendiendo una campaña nacional por la libertad sindical, que
tal como la conciben a lo único que puede llevar es a pulverizar
el movimiento sindical, cuestión que promueven los neoliberales
y la Federación Americana de Trabajo y el Congreso de Organizaciones
Industriales (AFL-CIO, por sus siglas en inglés). Las mismas organizaciones
que sirvieron al imperialismo para destruir a la Confederación de
Trabajadores de América Latina (CTAL), para introducir la Alianza
para el Progreso, y controlar el movimiento sindical en nuestro
continente.
Esta
es parte de la estrategia de división y pulverización, diseñada
por los neoliberales, quienes establecen la necesidad de mantener
un Estado fuerte, pero solamente por lo que se refiere a su capacidad
para combatir y desarticular a los sindicatos y maniatar a la clase
trabajadora para beneficio de los dueños del capital. Los neoliberales
quieren, por el contrario, un Estado débil, en cuanto a que no interfiera
ni límite las posibilidades de lucro de los empresarios, sobre todo
de los monopolios y consorcios extranjeros, que no intervenga en
la economía ni tutele los derechos de los trabajadores; que recorte
el gasto social y restaure una tasa "natural" de desempleo, o sea
la creación de un ejército de reserva de trabajo para quebrar a
los sindicatos; sobre todo si éstos son pequeños, los borran de
un plumazo.
La
existencia de este ejército de reserva de trabajo se ha visto reforzada
como resultado de la penetración de las relaciones mercantiles en
la agricultura del Tercer Mundo, con lo que las estructuras sociales
y económicas tradicionales fueron proletarizadas, logrando la conformación
de una gran masa de trabajadores sin empleo productivo.
Los
sindicatos y la legislación laboral.
El
orden jurídico en México, que a partir de 1917, defiende por igual
la vigencia de las garantías individuales y las sociales, pretende
también ser modificado por las organizaciones patronales, partidos
políticos burgueses y el gobierno, para eliminar el carácter tutelar
de la legislación laboral.
Con
el pretexto de que hay la necesidad de nuevas formas de organizar
la producción a causa, entre otras, del fuerte impacto de las innovaciones
tecnológicas, dicen, es necesario eliminar la regulación de carácter
tutelar en el ámbito jurídico laboral y sustituirla por una amplia
gama de modalidades en los contratos, que ya se han venido aplicando
en la práctica a partir de los años ochenta, tales como trabajos
temporales, tiempos parciales, flexibilidad, movilidad funcional
y toda clase de mecanismos animados por las tendencias neoliberales
en el escenario mundial de la economía, en el que, para infortunio
del trabajador, el poder que pierde el Estado lo gana la empresa.
Las
leyes laborales en México hasta ahora no han sido modificadas; los
cambios de tendencia neoliberal se han plasmado, sin embargo, en
los contratos colectivos de trabajo. Pero ya desde 1988 se inició
un debate que no termina aún acerca de la necesidad de flexibilizar
la Ley Laboral. Las primeras propuestas de modificación provinieron
de las organizaciones empresariales Concanaco y Coparmex. El punto
central era la "Flexibilidad del trabajo", argumentado por el "nuevo
contexto de globalización del mercado y la producción, la modernización
de los procesos productivos, la necesidad de proporcionar mayor
confianza a los inversionistas y, sobre todo, elevar la productividad
y la calidad".
En
aquellas propuestas iniciales se comprendían los tres aspectos clásicos
de la flexibilidad del trabajo, además, se pretendía imponer
limitaciones a los trabajadores en relación con los conflictos obrero-patronales.
En
cuanto a flexibilidad numérica se proponía revisar el concepto
de indemnización por despido, simplificar el retiro del trabajador
y el concepto de salario caído así como replantear el proceso de
rescisión del contrato.
En
la funcional se planteaba flexibilizar la jornada de trabajo,
establecer la polivalencia y comisiones de productividad.
En
la salarial replantear el concepto de salario remunerador
y poner el salario en función de la productividad y de las condiciones
económicas de cada empresa, reformular la idea de prestación económica
y ponerla en función de las capacidades de cada empresa, así como
implantar el salario por hora.
En
cuanto a los conflictos obrero-patronales se pedía prohibir las
huelgas por solidaridad, establecer la responsabilidad de los sindicatos
si las huelgas eran declaradas inexistentes y mayores restricciones
a las huelgas en los servicios públicos.
En
el año de 1989 la diputación obrera del Partido Revolucionario Institucional
(PRI), logró que el Congreso de la Unión hiciera una consulta popular
acerca de las posibles modificaciones a la Ley Federal del Trabajo;
la Secretaría del Trabajo formó una comisión tripartita para la
elaboración de un proyecto de modificación, pero ésta no llegó a
emitir ningún resultado público. Desde ese año a la fecha, periódicamente
los empresarios nacionales y extranjeros han reclamado una nueva
Ley del Trabajo y los sindicatos se han dividido entre los que se
oponen a toda modificación -el llamado sindicalismo independiente,
y, además, la Confederación de Trabajadores de México (CTM) y el
Sindicato Mexicano de Electricistas (SME)- y los que aceptan modificaciones
que no afecten derechos adquiridos, sobre todo hablan de la necesidad
de un nuevo capítulo acerca de modernización y productividad, entre
éstos el Sindicato de Telefonistas de la República Mexicana (STRM)
y el Frente Auténtico del Trabajo (FAT).
Una
propuesta sistemática empresarial está contenida en el documento
que las organizaciones empresariales: Confederación Patronal de
la República Mexicana (Coparmex); Confederación Nacional de Cámaras
de Comercio (Concanaco), y Cámara Nacional de la Industria de la
Transformación (Canacintra), presentaron en 1994 al candidato triunfante
del PRI a la Presidencia de la República, Ernesto Zedillo, de lineamientos
de política económica que contiene un apartado laboral. En este
documento se pretende justificar el cambio en la legislación del
trabajo en aras de lograr una mayor competitividad. Los puntos principales
de modificación según los empresarios serían:
-
Movilidad funcional y geográfica con multibabilidades.
-
Contratos temporales, por hora o jornada reducida.
-
Racionalizar causales de rescisión de contratos.
-
Limitaciones en cuanto a responsabilidades en juicios laborales
por el pago de salarios caídos.
-
Pago por hora.
-
"Democratizar" la huelga: previo al estallamiento, acreditar la
voluntad mayoritaria de los trabajadores con voto secreto; asimismo
en la decisión para levantarla.
-
Desaparecer las juntas de conciliación y arbitraje.
-
Desaparecer los contratos ley.
-
Establecer contratos de capacitación sin que impliquen relación
laboral.
-
Acabar con el escalafón ciego y cambiarlo a escalafón por capacidad.
-
Establecer prestaciones laborales y sindicales de acuerdo con las
condiciones de cada empresa (implica el cuestionamiento del funcionamiento
de la seguridad social).
-
Eliminar la cláusula de exclusión por ingreso y separación.
-
Libertad de sindicalizarse, y
-
Sindicalismo apolítico (acabar con la relación con los partidos).
En
cuanto a proyectos de modificación de la ley laboral, las organizaciones
empresariales no han presentado un sólo frente. El Consejo Coordinador
Empresarial (CCE) es el que ha apoyado de manera más decidida la
política económica del gobierno y, en esta medida, en los períodos
en los que el Estado no insistió en la reforma laboral tampoco el
CCE consideró que era indispensable. Una posición semejante adoptó
la Concamin. Es decir, las insistentes han sido la Concanaco y la
Coparmex. Desde el inicio de la campaña de Carlos Salinas de Gortari
por la Presidencia (1988) prometió una nueva ley laboral, pero terminó
su período y no lo logró, declarando al final de su período que
dos grandes reformas estaban pendientes: la laboral y la de seguridad
social. La CTM, al inicio (1989), no tuvo una posición definidamente
opuesta a la reforma, pero cuando se conoció la propuesta de la
Coparmex-Concanaco, que en parte es anticorporativa, cambió radicalmente
y, desde entonces, se ha mantenido renuente a toda modificación.
Entre mayo de 1990 y mayo de 1992, el gobierno ya no insistió en
la reforma; los empresarios, por el contrario, siguieron declarando
la necesidad de llevarla a cabo, y la CTM, oponiéndose. De mayo
de 1992 a noviembre de 1993, se estableció una especie de tregua
entre la CTM y los empresarios para no entorpecer la negociación
del Tratado de Libre Comercio (TLC); a partir de ahí los empresarios
han insistido en la reforma, la CTM se ha opuesto y el gobierno
no ha declarado abiertamente que exista esta necesidad.
Los
sindicatos por su parte no tienen un proyecto público de nueva ley
del trabajo, aun los que se inclinan por la modificación. Así, los
telefonistas están por un nuevo capítulo de modernización y productividad;
la Unidad Obrera Independiente (UOI) acepta que haya cambios más
o menos en el mismo sentido; el FAT declara que, en efecto, la ley
debe modificarse pero afirma que la actual correlación de fuerzas
es de tal manera desfavorable a los sindicatos que se correrían
muchos peligros si se entrara a un proceso de reforma en tales condiciones;
la CTM se sigue pronunciando en contra de todo cambio; el SME se
opone al igual que la CTM, y las otras centrales (CROC, CROM, CGT)
poco han aportado al debate.
En
1995, la posición patronal y de los neoliberales en la polémica
acerca del cambio en la Ley Federal del Trabajo fue reforzada por
los planteamientos contenidos en el Plan Nacional de Desarrollo
elaborado por el gobierno de Ernesto Zedillo, en el sentido de que
era necesaria la flexibilización de los mercados laborales. Sin
embargo, la política de la Secretaría del Trabajo, de "flexibilización
de la ley", siguió hasta 1996 un camino gradualista, llamando a
la CTM y a la Coparmex a ponerse de acuerdo; la negociación se reinició
con el mutuo reconocimiento de la necesidad de una nueva "cultura
laboral".
En
este contexto, la derecha, a través del Partido (de) Acción Nacional
(PAN) presentó su iniciativa de reforma de la legislación laboral.
El proyecto del PAN, elaborado por el abogado Néstor de Buen, tiene
dos componentes principales: primero, considera la flexibilidad
del trabajo en aspectos muy diversos, coincidiendo en su esencia
con las propuestas de la Coparmex y la Concanaco; y, segundo, la
democratización de las organizaciones obreras, vertiente ésta que
se aleja de las pretensiones gubernamentales y de las cúpulas patronales
y obreras.
En
el aspecto de la flexibilidad del trabajo, el proyecto panista cambia
principios básicos del derecho laboral que han predominado en México
al rechazar el carácter tutelar del Estado con respecto de la parte
más débil en la relación laboral y sustituirlo por la función de
"guardián del equilibrio entre los factores de la producción"; el
otro cambio importante en los principios es la sustitución de la
idea de justicia social por la "promoción del empleo y la
productividad". Por este camino, la flexibilidad del trabajo aparece
en el proyecto de la ley en sus tres formas clásicas: la flexibilidad
numérica, es decir, la capacidad de las empresas para emplear o
desemplear, de acuerdo con las necesidades de la producción. En
este sentido se introducen las nociones de contrato de aprendizaje
con su período de prueba; se flexibiliza la terminación de la relación
laboral con la inclusión de una prima de antigüedad, independientemente
de la causa de la terminación que sustituye a los 20 días por año
más los tres meses de salario y a la anterior prima de antigüedad
de 12 días de salario por año; flexibiliza el trabajo discontinuo
y reglamenta el empleo de subcontratistas.
Democracia
y sindicatos.
Lombardo
Toledano sostenía que es tan importante, tiene tanta fuerza constitucional
la libertad de asociación de las personas, como la libertad de formar
sindicatos. Tiene tanta trascendencia la libertad de expresión del
pensamiento como el derecho de huelga. Tiene el mismo rango la libertad
de creencias que el derecho de los campesinos a la tierra. Cuando
se viola cualquiera de estos derechos, se suspende el orden jurídico
del país: el régimen democrático entra en crisis y señalaba: "en
el mundo de nuestros días en el que los principios que hicieron
posible el desarrollo de la democracia burguesa han sido olvidados
por la misma burguesía, particularmente en las naciones que han
llegado al período de exportación de sus capitales, a la etapa imperialista,
el mantenimiento del régimen democrático, el respeto a los derechos
individuales y a los derechos sociales, constituye la única garantía
de progreso para las masas trabajadoras que forman la gran mayoría
del pueblo."
En
base a las tesis lombardistas, la vigencia de los derechos sindicales
es en la actualidad la piedra de toque del sistema democrático de
gobierno. Ahí en donde esos derechos se hallan en vigor, se puede
afirmar que existe vida democrática. "En donde se violan o están
de hecho suspendidos, la democracia no existe, por más que la proclamen
las trompetas de la propaganda y la demagogia", afirmaba categórico
Lombardo Toledano, y citaba un proyecto de Carta Mínima de los Derechos
Sindicales, formulada hace cuatro décadas por la Federación Sindical
Mundial, los cuales conservan plena vigencia pero que como hemos
señalado, en México están lejos de cumplirse.
1.
Derecho para todos los trabajadores manuales e intelectuales de
organizar sindicatos, de afiliarse, de participar en actividades
sindicales.
2.
Derecho de los sindicatos de ejercer su función sin injerencia ni
control de las autoridades o de los patrones.
3.
Derecho de los sindicatos de elegir libremente a sus dirigentes,
sin injerencia ni control de las autoridades o de los patrones.
4.
Derecho de los sindicatos de organizar reuniones, congresos y manifestaciones,
de publicar periódicos, de colectar las cuotas y administrarlas,
de crear y mantener escuelas sindicales.
5.
Derecho de los sindicatos de intervenir en la defensa de cualquier
trabajador, de examinar, opinar y actuar en todos los asuntos relacionados
con los intereses de los trabajadores.
6.
Derecho de los sindicatos de negociar y celebrar contratos colectivos
y de representar a los trabajadores en los organismos encargados
de los asuntos que les interesen.
7.
Respeto al derecho de huelga y a sus diferentes formas de aplicación,
sin limitación de ninguna clase, y prohibición de toda medida contra
un trabajador por haber hecho uso de ese derecho.
8.
Derecho del trabajador en la fábrica o lugar de trabajo, a expresar
libremente su opinión, a reunirse y asociarse, a afiliarse al sindicato
de su elección cuando existan varios, y leer y difundir la prensa
sindical y obrera.
9.
Derecho para cada trabajador contra toda discriminación en la contratación
de sus servicios, en su empleo o en su salario, a causa de la afiliación,
de su actividad sindical, de sus opiniones o convicciones personales.
10.
Derecho de los sindicatos de participar en la fijación de la política
social y económica, así como en la elaboración de las leyes que
interesan a los trabajadores.
11.
Derecho de los sindicatos de federarse en el ámbito local o nacional.
12.
Derecho de las agrupaciones sindicales de adherirse a la organización
de su elección y de participar en actividades sindicales internacionales
y en las manifestaciones de solidaridad internacional.
Al
respecto, Lombardo advertía: "cotejar la Carta de los Derechos Sindicales
con la realidad, es una encuesta para saber hasta qué grado el régimen
democrático existe en nuestro país y en todos los países capitalistas
y coloniales. No basta saber que la ley reconoce esos derechos:
lo que importa es saber si se cumplen".
Y
finalizaba: "toca a la clase trabajadora hacer la calificación de
nuestro sistema de vida política. Y a ella corresponde también,
principalmente, que las libertades democráticas iluminen siempre
el camino de nuestro pueblo".
Las
tesis sindicales de Lombardo Toledano.
Haciendo
una apretada síntesis de las tesis centrales de Vicente Lombardo
Toledano, podemos destacar las siguientes:
En
la actual etapa del capitalismo existen condiciones objetivas para
la unidad de acción del proletariado, el campesinado y la pequeña
burguesía, siendo el proletariado el obligado a desempeñar el papel
dirigente en la alianza de estos sectores, por ser la clase más
revolucionaria y cohesionada.
La
injerencia del imperialismo en la vida doméstica de los países coloniales
y semicoloniales frena el desarrollo de las fuerzas productivas,
y los convierte únicamente en proveedores de materias primas y mano
de obra barata, acentuando la miseria y la explotación de la clase
obrera.
La
lucha por la independencia nacional y, en los países que disfrutan
de ella pero están sometidos económicamente a las fuerzas del imperialismo,
sirve de base para la unidad de acción de las masas trabajadoras;
la clase obrera, el campesinado, la pequeña burguesía urbana e intelectual
y algunos sectores de la burguesía nacional. Por lo tanto, los sindicatos
deben unir a sus demandas económicas y sociales la lucha por la
independencia política nacional o por la emancipación económica
respecto del imperialismo.
En
los países coloniales y semicoloniales, los sindicatos deben esforzarse
por crear un frente nacional que agrupe a todas las fuerzas cuyos
intereses son incompatibles con los del imperialismo.
La
clase obrera debe jugar un papel esencial en la creación y en la
actividad del frente nacional, sin olvidar sus demandas y sus intereses
de clase.
Todos
los trabajadores de los países capitalistas, independientemente
de su raza, religión, ideas políticas o filiación sindical, sufren
la explotación capitalista. La carestía, los bajos salarios, el
desempleo, la agravación de las condiciones de trabajo, la automatización
de la producción, insuficiencias de la seguridad social, no distinguen
opiniones políticas y filiaciones sindicales.
Por
eso afirmaba que la unidad sindical es un problema táctico que deriva
de una cuestión teórica. Si a los sindicatos no se les concibe como
lo que son y se les asignan funciones distintas a las que les corresponden,
se abre el camino para la división.
Si
los sindicatos olvidan tus tareas inmediatas y sus responsabilidades
históricas, se abre también el camino para la división
.
La división de la clase obrera, es por lo tanto, la negación de
sí misma como fuerza revolucionaria para el logro de sus intereses
de clase y para contribuir a la consecución de metas superiores
como la independencia nacional.
El
trabajo para la unidad sindical del proletariado por lo tanto es
una tarea permanente, es una posición fundamental que debe sostener
de manera permanente en todos los períodos y circunstancias, cualesquiera
que sean el nivel de las luchas del proletariado.
Pero
-advertía el maestro Lombardo-, que la unidad no es un problema
que los trabajadores puedan resolver sin tomar en cuenta el país
en que viven y el mundo al que pertenecen.
La
unidad depende de dos factores importantes: evitar la injerencia
indebida de los diversos sectores de la burguesía -patronales o
el Estado- en los sindicatos, y de mantener y ampliar la solidaridad
entre los miembros y las agrupaciones de la clase obrera de un mismo
país y la solidaridad obrera internacional.
Retomando
el apotegma marxista: "del lado del obrero su única fuerza es su
masa; pero la fuerza de la masa se rompe por la desunión", sostenía
que la consigna fundamental para todos los trabajadores sigue siendo,
desde hace más de un siglo "trabajadores del mundo, uníos".
Señalaba
además que las organizaciones de masas, aun cuando se proponen el
progreso social, el mejoramiento de las condiciones materiales de
existencia de los trabajadores, y el desarrollo con independencia
de su país, están integradas por trabajadores que tienen distintos
conceptos filosóficos sobre el mundo, y la vida; de opiniones diversas
sobre el desarrollo histórico y de diferentes creencias religiosas.
Por
lo tanto, deben también ser independientes de los partidos políticos,
por eso cuando la clase obrera pierde su independencia ante la clase
patronal o ante el Estado, olvida que es la única clase social revolucionaria
y que no puede convertirse en reserva ni en instrumento de la burguesía.
Por todo lo anterior decía que la unidad, la democracia y la independencia
sindical, por lo tanto, están indisolublemente ligadas entre sí
y no pueden existir por separado. La democracia en el seno de las
organizaciones de masas, no solamente garantiza la expresión libre
de las ideas y la participación de los trabajadores en la toma de
decisiones y en la elección de sus dirigentes, sino también impide
que las ideas de la burguesía, con sus prejuicios, falsificaciones
y deformaciones de la realidad influyan en el seno de la clase trabajadora.
La
unidad, la democracia y la independencia sindical se logran únicamente,
cuando los sindicatos forman sus cuadros y los educan políticamente
de acuerdo con la doctrina de la clase obrera.
Esta
tarea sólo puede llevarla a cabo el partido de la clase obrera,
entendiendo como tal al partido integrado por trabajadores manuales
e intelectuales, en todas las ramas de la producción y de los servicios.
Porque todos sus miembros deben pensar de la misma manera, sin excepción,
apoyándose en la misma filosofía social y conociendo y aceptando
de antemano las consecuencias prácticas de la aplicación de esa
doctrina a la realidad del país. Esta afirmación no es sólo un planteamiento
teórico, sino un hecho comprobado invariablemente por la clase obrera
de todos los países del mundo.
A
manera de conclusiones.
El
maestro Vicente Lombardo Toledano analizaba de manera permanente
la situación del movimiento sindical de nuestro país, de su análisis
se desprenden algunas enseñanzas que es importante señalar, también
a manera de conclusiones, puesto que siguen conservando plena vigencia:
1.
Cuando la clase obrera pierde su independencia ante la clase patronal
o ante el Estado, olvida que es la única clase social revolucionaria
y que no puede convertirse ni en reserva ni en instrumento de la
burguesía.
2.
Cuando se proscribe en los sindicatos la democracia como práctica
de sus asambleas y como método para llegar a sus determinaciones,
esa medida contribuye a sostener dirigentes opuestos a sus intereses
inmediatos y a sus tareas históricas.
3.
Cuando los sindicatos niegan el valor de la doctrina de la clase
obrera y se dedican exclusivamente a las reivindicaciones materiales,
caen en el economismo y pierden la perspectiva de las luchas de
la clase obrera.
4.
Cuando los sindicatos se convierten en partidos políticos, postergan
sus funciones propias y crean la división en sus filas.
5.
Cuando los sindicatos no forman sus cuadros y no los educan políticamente
de acuerdo con la doctrina de la clase obrera, lo mismo que a sus
elementos de base, permiten la influencia ideológica de la burguesía
en sus filas y sólo mantienen su unidad en apariencia.
6.
Cuando se intenta conquistar la dirección sindical por procedimientos
antidemocráticos, pasando por encima de la opinión de la mayoría
o violando los estatutos de una organización, ésta se divide y pierde
su fuerza.
7.
Cuando se crean en el seno de las agrupaciones sindicales dos o
más corrientes de opinión y no se discuten sus diferencias para
llegar a conclusiones unánimes y constructivas, se llega invariablemente
a la división.
8.
Cuando se separan de una federación o confederación algunos sindicatos,
con el pretexto de alejarlos de las ideas reaccionarias de sus líderes,
se olvida la teoría sindical revolucionaria y se abre la puerta
a la división.
9.
Cuando los dirigentes de los sindicatos se empeñan en aplicar sistemáticamente
los mismos métodos de lucha en todos los conflictos y en todas las
circunstancias, sin crear los adecuados en cada ocasión, las agrupaciones
sindicales fracasan.
10.
Cuando se hacen prevalecer las diferencias entre los sindicatos
o sus dirigentes por encima de sus posibles puntos de acuerdo, la
unidad es imposible y los enemigos de la clase obrera aumentan su
fuerza y contribuyen a mantener la división.
11.
Las desviaciones de derecha, lo mismo que las desviaciones de izquierda,
frenan el desarrollo y la unidad de las agrupaciones sindicales,
estancan su lucha o las conducen a la derrota.
12.
Si las reivindicaciones de clase de los trabajadores no se asocian
en un país semicolonial como México, a las demandas del pueblo y
a las exigencias de la liberación nacional, los éxitos de la clase
obrera son transitorios y pueden anularse con facilidad.
13.
Si la clase trabajadora acepta o tolera la dirección de los organismos
y de los líderes que sirven al imperialismo norteamericano, cabeza
del imperialismo internacional, se convierte en enemiga de sus propios
intereses y también de los intereses del pueblo y de la Nación mexicana.
La
tarea fundamental de los sindicatos y de sus dirigentes progresistas
y revolucionarios, es la de hacer posible la unidad de todos los
trabajadores, independientemente de su afiliación y de sus ideas
políticas, en acciones comunes por las demandas de las grandes mayorías,
para hacer posible la reconstrucción de la unidad orgánica perdida.
Bibliografía:
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Porrúa, grupo editorial, 1999.
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Tomo III, Vol. II. México, CEFPSVLT, 1994.
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Pérez Pérez, Gabriel. "La reestructuración
autoritaria del sindicato independiente de Volkswagen de México:
contribución a una sociología de las organizaciones sindicales",
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Universidad Autónoma de Tabasco.
Correo Laboral. Publicación
mensual del Centro de Investigación Laboral y Asesoría Sindical
(CILAS) No. 6, Noviembre-diciembre 1999, México. Anderson, Perry.
Lecciones para la izquierda.
"En busca del sindicalismo
perdido", en El Cotidiano, revista de la realidad mexicana actual.
No. 66, diciembre de 1994. México, UAM.
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