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A
130 años del natalicio de Vladimir Ilich Lenin, nos encontramos
frente a una feroz campaña del imperialismo para desacreditar todas
las ideas que proclaman una nueva etapa en la historia de la humanidad
y que vislumbran el fin del período de la explotación del hombre
por el hombre, y detener la lucha de los pueblos para perpetuar
así el dominio del capitalismo.
Se
equivocan, los anhelos de la humanidad de progreso, de libertad
son perennes. Nada ni nadie puede detener la rueda de la historia,
que como se ha dicho hasta la saciedad, no marcha hacia atrás. Tarde
que temprano, las contradicciones del capitalismo, su descrédito
y la lucha de los trabajadores en todo el mundo, conducirán a la
humanidad a inaugurar una etapa diametralmente opuesta en donde
"nada de lo bello será patrimonio de unos cuantos, como el trabajo
creador y la victoria sobre la naturaleza de todos los hombres y
sobre los rincones obscuros de la inteligencia y del alma".
Por
eso el recuerdo de todos aquéllos que han contribuido en la lucha
por convertir a los seres humanos en hermanos del propio hombre,
perdurará para siempre. Carlos Marx, Federico Engels, Vladimir Ilich
Lenin, Jorge Dimitrov, Vicente Lombardo Toledano y tantos otros
vivirán eternamente en el corazón de la humanidad.
Si
bien es cierto que la caída de la Unión Soviética y de todo el campo
socialista fue un hecho lamentable, traumante y desequilibrante,
también es cierto que la fuerza de la filosofía del proletariado
y la combatividad de los pueblos y especialmente de los trabajadores
del mundo han reagrupado a los revolucionarios, que hoy como ayer,
con grandes sacrificios, enfrentan en condiciones muy desfavorables,
muy difíciles, a los opresores, al aparato propagandístico del imperialismo
y a los cuerpos represivos.
Lenin,
"El Genio", como llamó el Maestro Vicente Lombardo Toledano al conductor
de la Revolución de Octubre, que fue un hombre culto, un filósofo
que profundizó en el conocimiento del materialismo dialéctico, un
economista brillante que explicó con gran maestría la etapa capitalista
imperialista, tiene como uno de sus más grandes méritos el de haber
concebido al instrumento político de la clase obrera, al partido
político que tiene como objetivo central tomar el poder para la
clase obrera.
SIN
PARTIDO NO PODEMOS ASPIRAR AL PODER
Lenin
nos enseñó que la revolución proletaria requiere de una organización
profesional de revolucionarios, requiere del partido de clase, de
la clase obrera. El descubrió la necesidad del partido de la clase
obrera. El organizó al partido bolchevique, él lo dirigió y él lo
condujo a la victoria.
El
partido de la clase obrera es indispensable porque mientras el imperialismo
y las clases explotadas cuentan con una gran organización que va
desde la estructura económica, hasta los sofisticados medios modernos
de difusión y propaganda, la clase obrera no puede luchar contra
la explotación sólo a través de los sindicatos, en primer lugar
porque su lucha se reduciría únicamente a la lucha económica y no
llevaría a cabo su tarea histórica que es destruir el sistema de
la propiedad privada sobre los medios de la producción económica,
y en segundo lugar, porque la lucha política de la clase obrera
requiere de todos los conocimientos, de toda la cultura que la humanidad
ha forjado a través de su devenir histórico y porque sólo el partido
de clase aglutina a los elementos más conscientes del proletariado,
a los más atrevidos, a los más decididos a arrostrar los peligros
que entraña enfrentarse a los intereses de los explotadores, del
imperialismo.
Por
eso mismo, tenemos el deber de luchar contra la dispersión de los
combatientes por el socialismo porque como decía el Maestro Lombardo:
"nadie se atrevería a proponer, sin un partido único de la clase
obrera, los cambios profundos de la estructura económica y social
que México requiere... sólo el partido de la clase obrera es el
que puede unir a las fuerzas en alianzas momentáneas, transitorias,
más o menos duraderas, para hacer avanzar a México y para ofrecer
una resistencia activa y eficaz al imperialismo. Sólo un partido
de la clase obrera puede luchar consecuentemente por la alianza
entre la clase obrera, los campesinos y la pequeña burguesía; por
la alianza del proletariado, los campesinos, la pequeña burguesía
y la burguesía nacional. Pero sobre todo, porque el partido único
de la clase obrera es sólo el que puede luchar por el socialismo".
Sólo el partido único de la clase obrera puede abolir la propiedad
privada de los medios de la producción económica y del cambio, socializarlos
y edificar la sociedad socialista.
UN
PARTIDO DE NUEVO TIPO.
a)
Unidad ideológica.
El
partido de la clase obrera debe ser, ante todo, un partido de nuevo
tipo, diferente a los partidos de la pequeña y gran burguesía. Diferente
a los partidos de los campesinos o de la intelectualidad avanzada.
El partido de la clase obrera debe estructurarse en base a los principios
políticos y filosóficos del proletariado. En su seno debe establecerse
un nuevo tipo de relaciones, en donde, para lograrlo, no tengan
cabida los explotadores y en donde la ciencia política tenga una
aplicación constante y permanente. Lo anterior lo podemos resumir
en una sola frase: debe ser un partido cohesionado ideológicamente,
porque sin la unidad ideológica el partido de la clase obrera no
podrá alcanzar sus objetivos históricos. Por eso la labor teórica
en su seno es fundamental para su desarrollo y consolidación. La
frase de Lenin "sólo un partido dirigido por una teoría de vanguardia
puede cumplir la misión de vanguardia" o bien, la frase del Maestro
Lombardo "sin saber no es posible luchar y sin luchar no es posible
saber" sintetizan extraordinariamente esa labor teórica que debe
conducir al partido de clase a su férrea unidad ideológica.
En
el partido no deben coexistir las diferencias ideológicas. Por el
contrario, el partido debe ser monolítico, cohesionado, organizado
y disciplinado; es decir, un partido unido ideológicamente en donde
se libre un combate permanente en contra de la penetración de la
ideología burguesa, porque nadie ha pensado jamás que el enemigo
ideológico no intente infiltrarse a nuestras filas para desarticularnos
y convertirnos en presa fácil. Es más, de manera natural, todo el
medio social presiona para que los miembros del partido revolucionario
caigan en la trampa ideológica de la sociedad de mercado.
Lenin
nos alerta en su obra ¿Qué Hacer? Cuando afirma "marchamos en pequeño
grupo unido, por un camino escarpado y difícil, fuertemente cogidos
de las manos. Estamos rodeados por todas partes de enemigos. Nos
hemos unido en virtud de una decisión libremente adoptada, precisamente
para luchar contra los enemigos y no caer dando un traspié al pantano
vecino, cuyos moradores nos reprochan desde un principio el que
nos hayamos separado en un grupo aparte y el que hayamos escogido
el camino de la lucha y no el de la conciliación".
Por
su parte, el Maestro Lombardo abordó el tema en diversas ocasiones
y en una de ellas afirmó: "un partido nuevo debe ser el partido
de la clase obrera, pertrechado con el arma más poderosa que es
la filosofía del materialismo dialéctico; pero a condición de que
el partido conozca esa filosofía, porque no se puede llegar a ella
inventándola, imaginándola, sin reflexión y sin estudio. El socialismo
científico es la doctrina más grande que ha producido la cultura
sobre el universo, el mundo y la vida; pero no se adquiere por contagio
sino mediante un gran esfuerzo diario de lectura, de meditación
y de aplicación de lo aprendido en la lucha concreta y del cotejo
de los resultados de la lucha en la teoría filosófica adquirida".
Por
eso, la labor ideológica interna adquiere rasgos de gran magnitud:
porque nos permite mantener puro al partido y al mismo tiempo fortalecer
su lucha. La educación política de los miembros del partido conduce
a la unidad ideológica del mismo, lo que la convierte en una de
las tareas más importantes, por ello, los órganos de dirección en
todos los niveles, deben promover, organizar y estimular el estudio
colectivo e individual.
b)
Unidad orgánica.
A
la unidad ideológica se le debe agregar la unidad orgánica porque
no basta que todos los miembros asuman una sola teoría si cada cual
realiza las tareas que más le acomodan, si en la lucha práctica
cada cual toma un camino diferente. Por eso Lenin estableció los
principios y las normas de vida del partido para lograr que el ejército
político revolucionario del proletariado actúe con disciplina, sincronizada
y ágilmente.
La
unidad orgánica se logra a través de una estructura científica.
No puede ser una estructura que niegue los principios filosóficos
del proletariado. No puede ser una estructura impregnada del liberalismo
pequeño burgués. No puede ser una estructura basada en el individualismo.
La
unidad orgánica se expresa, ante todo, a través de la suma de organizaciones
y no de la suma de miembros, porque es en el seno de cada organización
del partido en donde se cumplen los deberes de miembro y en donde
se aplica la convivencia socialista y se aprende la teoría y la
práctica de nuestra lucha. Nadie que no milite en una organización
del partido puede legítimamente considerarse cuadro revolucionario.
La
unidad orgánica se expresa también a través de la suma de voluntades
de todos sus miembros en base a una disciplina consciente, rigurosa,
pero no autoritaria, ni dispersante. La unidad orgánica se expresa
en el esfuerzo permanente de todo el partido para superar sus deficiencias,
corregir sus errores y mejorar su funcionamiento.
Para
alcanzar la unidad ideológica y la unidad orgánica es imprescindible
aplicar dos principios esenciales en la vida del partido, estos
principios son:
La
composición del partido, entendida como la calidad revolucionaria
de sus miembros y la predisposición de ellos para cumplir con sus
deberes. La composición del partido no debe confundirse con el origen
del compañero, es decir, no importa si labora en la industria básica,
en la secundaria o en los servicios; no importa si es trabajador
manual o intelectual; ni tampoco importa si es trabajador de la
ciudad o del campo. Lo que importa es su convencimiento de que su
tarea histórica es la de sustituir el sistema basado en la propiedad
privada por el socialismo. Lo que importa es que esté convencido
de que esa tarea histórica sólo la puede cumplir a través de su
partido. Lo que importa es que esté dispuesto a cumplir con sus
deberes que le imponen los estatutos. Lo que importa es que sea
sencillo, honesto, leal, fraternal y compañero de lucha.
En
el Segundo Congreso del Partido Socialdemócrata Ruso, Lenin argumentaba
al respecto afirmando: "no hay que olvidar que todo miembro del
partido responde por éste y que todo el partido responde por cada
uno de sus miembros. Dadas las condiciones políticas en que tenemos
que trabajar, dado el estado rudimentario de la actual organización
política, sería sencillamente peligroso y dañino conceder los derechos
de miembro del partido a quienes no son miembros de una organización
y depositar la responsabilidad por el partido en gente que no entra
a formar parte de la organización" y continuaba: "tenemos el deber
de poner un control efectivo en manos del Comité Central. Tenemos
el deber de salvaguardar la firmeza, la perseverancia, la pureza
de nuestro partido. Debemos esforzarnos por elevar más y más el
nombre y la importancia de miembro del partido".
El
otro principio es el del centralismo democrático que promueve la
unidad ideológica, la unidad orgánica y la combatividad del partido.
El
centralismo democrático se basa fundamentalmente en la existencia
dentro del partido de una sola disciplina que se realiza a través
de la supeditación de la minoría a la mayoría, la cual se ejerce
depositándola en las organizaciones de dirección. Es por eso que
en el Congreso Nacional recae la máxima representación de la mayoría
y enseguida, esa representación le corresponde al Comité Central,
por ello, y en ese orden, ambos son la máxima autoridad del partido.
La
obligatoriedad para todas las organizaciones y miembros del partido
de acatar, cumplir y hacer cumplir la declaración de principios,
el programa y los estatutos emana de que son aprobados por el Congreso
Nacional, el cual también establece la línea estratégica y táctica.
Es por eso que en la vida partidaria cotidiana, los documentos básicos
no están a discusión, porque la única que puede discutirlos, reformarlos
y hasta cambiarlos totalmente, es la mayoría del partido representada
en el Congreso Nacional.
El
centralismo crea la unidad de acción en el seno del partido y otorga
mayor autoridad a las organizaciones superiores de dirección. La
no aplicación del centralismo conduce al relajamiento de la disciplina,
al caos y a la anarquía. Si el centralismo crea la unidad de acción,
la democracia, crea a su vez, la voluntad común de los miembros
que se cristaliza en los acuerdos. La voluntad común expresa plenamente
las necesidades de la lucha del proletariado y protege al partido
del subjetivismo y lo aleja del sectarismo y dogmatismo. La democracia
interna conduce a discutir colectivamente, en cada organización
del partido, los problemas fundamentales y a aprobar los acuerdos
obligatorios para todos.
El
desarrollo de la democracia interna conduce, al mismo tiempo, a
elevar el prestigio de las organizaciones de dirección, porque su
actividad se apoya en la participación colectiva de los miembros
en la discusión y aprobación de sus resoluciones.
Por
ese motivo Lenin defendió enérgica y apasionadamente al centralismo
democrático frente a los ataques de los mencheviques. Lenin consideraba
al centralismo y la democracia como un todo único, complementarios
entre sí y enlazados orgánicamente. Ni centralismo sin democracia,
ni democracia sin centralismo. Lenin expresaba: "podrá y deberá
haber en nuestro partido dos centros dirigentes: el OC (Organo Central)
y el CC (Comité Central). El primero deberá dirigir ideológicamente
y el segundo, inmediata y prácticamente. La unidad de acción y la
necesaria identificación entre estos grupos se asegurará no sólo
por el programa único del partido, sino también por la composición
de ambos grupos (es necesario que en ambos, tanto en el OC como
en el CC se hallen personas totalmente identificadas entre sí) y
por la organización de reuniones regulares y constantes entre ellos".
En
otra ocasión, defendiendo la democracia interna, Lenin declaró:
"la organización del partido descansa sobre bases democráticas.
Esto significa que todos los afiliados eligen a los que habrán de
ocupar los cargos de responsabilidad, a los miembros de los comités,
etcétera, que todos los comunistas discuten y resuelven los problemas
referentes a la campaña política del proletariado, que todos los
comunistas determinan la táctica de las organizaciones del partido".
En
síntesis, el centralismo democrático se basa: en la disciplina que
supedita a la minoría con respecto de la mayoría; en que las organizaciones
de dirección superior tienen mayor autoridad que las inferiores
y sus decisiones son acatadas incondicionalmente; en que todos los
comités se eligen de abajo a arriba; en que en todas las organizaciones
del partido, independientemente del nivel de dirección de que se
trate, todos los asuntos se resuelven democráticamente, a través
de la dirección colectiva y en la aplicación de la crítica y autocrítica.
UN
PARTIDO DE VANGUARDIA
El
partido de la clase obrera debe ser la vanguardia de su clase y
de todo el pueblo. El partido no podrá dirigir la lucha hacia estadios
superiores de la vida social si no cuenta con prestigio y autoridad.
Pero
el título de vanguardia no se obtiene por el sólo hecho de proclamarse
a sí mismo vanguardia. Este título hay que conquistarlo todos los
días con pronunciamientos acertados, con éxitos cotidianos, con
la actividad diaria y con la congruencia entre las ideas y la forma
de ser y de actuar de sus militantes. Lenin explica con claridad
cundo afirma: "no basta titularse vanguardia, destacamento avanzado:
es preciso también obrar de suerte que todos los demás destacamentos
vean y estén obligados a reconocer que marchamos a la cabeza".
El
partido de la clase obrera debe ser un partido que penetre en la
conciencia de los trabajadores, que los organice, que los abandere.
El partido debe actuar sistemáticamente entre las masas, nunca alejado
de ellas, porque la revolución se organiza organizando a las masas
en torno del partido e incorporando a sus filas a los trabajadores
más solidarios, más abnegados, más decididos, más dispuestos a entregarse
a una lucha donde se expone todo y sólo se obtiene la satisfacción
del deber cumplido. "Ese partido nuevo de la clase obrera al que
aspiramos -escribió el Maestro Lombardo- tiene que ser un partido
militante, en lucha diaria en defensa del pueblo, de sus intereses,
de sus derechos, y en defensa de las demandas y de las reivindicaciones
de la Nación".
Elevando
el concepto, podemos afirmar que la vanguardia se conquista en la
conjunción perfecta de la teoría y la práctica. Lenin lo habría
de expresar magistralmente cuando afirma: "al subrayar así la necesidad,
importancia y grandiosidad de la labor teórica de los socialdemócratas,
en manera alguna quiero decir que esta labor esté situada en primer
plano antes que la labor práctica; y mucho menos que la segunda
sea aplazada hasta la terminación de la primera".
"No
se puede ser dirigente ideológico, continúa Lenin, sin la indicada
labor teórica, como tampoco se puede serlo sin dirigir esa labor
de acuerdo con las exigencias de la causa, sin propagar los resultados
de esta teoría entre los obreros y ayudarlos en su organización".
"Este planteamiento de la tarea preserva a la socialdemocracia de
aquellas deficiencias de las que tan a menudo adolecen los grupos
socialistas: el dogmatismo y el sectarismo". "No puede haber dogmatismo
allí donde el criterio supremo y único de la doctrina es la conformidad
de ésta con el proceso efectivo del desarrollo económico-social;
no puede haber sectarismo cuando la tarea se reduce a contribuir
a la organización del proletariado, cuando por consiguiente, el
papel de la 'intelectualidad' se reduce a hacer innecesarios dirigentes
especiales, dirigentes intelectuales".
"Nuestra
tarea -dice Lenin-, la de la socialdemocracia, consiste en combatir
la espontaneidad, consiste en apartar al movimiento obrero de esta
tendencia espontánea del sindicalismo a cobijarse bajo el ala de
la burguesía, y atraerlo hacia el ala de la socialdemocracia revolucionaria".
Porque -afirma Lenin- "la conciencia política no se le puede aportar
al obrero, más que desde el exterior, esto es, desde afuera de la
lucha económica, desde afuera de la esfera de las relaciones entre
obreros y patronos". Por eso -sostiene Lenin- "debemos ir a todas
las clases de la población como teóricos, como propagandistas, como
agitadores". "Pero uno de los rasgos más característicos del economismo
es, precisamente, no comprender esta relación; aun más: no comprender
que la necesidad más urgente del proletariado -educación política
en todos los aspectos, por medio de la agitación política y de las
campañas de denuncias políticas- coincide con idéntica necesidad
con el movimiento democrático general".
Como
vemos, sin su partido la clase obrera no puede aspirar a cumplir
con su misión histórica, pero para ello, el partido debe tener unidad
ideológica y orgánica que, con su acción, con su lucha permanente,
tanto en lo teórico como en lo práctico, se ponga a la cabeza de
su clase y de todo el pueblo.
Recordando
la frase del Maestro Vicente Lombardo Toledano: "la Patria se construye
todos los días y todos los días necesita nuevos constructores",
se podría decir también que el partido se construye con nuestra
actividad diaria y que diariamente requiere, necesita, nuevos constructores.
Ese es el mejor homenaje que podemos hacerle a los héroes del proletariado
y en este caso especial, a Vladimir Ilich Lenin.
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