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Al
recordar la herencia grandiosa y multifacética de Carlos Marx, en
ocasión de un aniversario más de su natalicio, que tuvo lugar hace
ciento ochenta y dos años, el 5 de mayo de 1818 en Tréveris, Renania
(Alemania), debemos hacerlo reflexionando respecto de ¿por qué?
es tan viva su palabra y vigente su pensamiento, su concepción del
mundo y la mayor parte de su obra; ¿por qué? repercute con
tanta fuerza y emoción, incluso en la vida de los hombres de hoy;
¿por qué? la clase trabajadora del mundo le recuerda, admira
y ama. ¿Por qué? hasta hoy día es objeto de polémica; ¿por
qué? su obra se ve sometida a múltiples intentos de tergiversación,
distorsión y deformación, de acuerdo con el criterio, los intereses
y los fines ideológicos de la clase burguesa más reaccionaria y
de sus pregoneros imperialistas.
En
el prefacio de la obra Nada, aparte de toda la vida, libro
documental, donde se pintan imágenes fidedignas, llenas de coherencia
interna y de fuerza moral e intelectual respecto de la vida de dos
hombres a quienes tanto valoramos, su autor dice que lo animaron
a escribir el libro unas palabras que Lenin dijera antes de 1917:
"sigo 'enamorado' de Marx y Engels y no puedo soportar tranquilamente
la menor difamación de sus personas. Sí, eran HOMBRES con mayúscula.
Hay que aprender de ellos. Debemos mantenernos en esa postura".
Vayan
estas notas en respuesta a los múltiples calumniadores que hoy denigran,
denostan, minimizan, falsifican y traicionan el pensamiento, la
obra, la acción y la vida toda de Carlos Marx, puesta al servicio
de la liberación del hombre y, vayan por otra parte, en homenaje
al hombre de "corazón fuerte", al filósofo impar, al político íntegro,
para que nos ayuden a seguir su huella y aprender de él.
Imaginemos
a Marx en su adolescencia, en su juventud, en su madurez y, luego
en el ocaso de su vida. Veámoslo en distintas ciudades de Europa,
en la quietud de los despachos y mezclado con el gentío en actos
públicos en plazas y calles. Recordemos el principio de su amistosa
colaboración con Engels, la identidad de sus ideas, el inicio de
su obra común, que durará 40 años.
Acompañémoslo
en sus choques con sus adversarios ideológicos y en sus cordiales
charlas con sus amigos, enzarzado en acaloradas disputas ideo-filosóficas
y conversando de sobremesa.
Admiremos
su seguridad y su confianza al contestar durante los interrogatorios
a que los somete algún juez de instrucción y la secreta preocupación
por el peligro de perder su libertad.
Elogiemos
sus cualidades de educador al transmitir conocimientos sobre economía
a jóvenes obreros.
Veámoslo
en compañía de los niños y de la familia en sus paseos dominicales,
y en especial sufriendo las angustias materiales y junto al lecho
de muerte de los seres más cercanos y queridos.
Escuchémosle
recitar poesías, cantar canciones revolucionarias, pronunciar discursos
ante sus compañeros de lucha, reírse de las necedades de los reaccionarios
y atacar iracundo y despectivo a los renegados de la revolución.
Encontrémoslo expresando sus sentimientos y "su mundo lleno de nostalgia
y vacío de esperanzas" en versos dedicados a su hermosa amada Jenny
de Westfalia que será la admirable compañera de su vida. En fin,
observémoslo escribiendo cartas a diversas personas y a distintos
lados, redactando artículos en defensa de los intereses de campesinos
y obreros, meditando acerca del sentido de la vida y respecto del
pasado y el futuro, con respecto de la suerte de la revolución y
de la dicha de los revolucionarios, en relación de la lucha por
la emancipación humana, acerca de la felicidad, del amor y de la
muerte...
Marx
hizo sus estudios de bachiller clásico en el gimnasio de Tréveris
(Prusia renana), su ciudad natal, de 1830 a 1835, de los doce a
los diecisiete años y pronto se graduó de bachiller. Se resalta
que ya para entonces Marx sabía traducir y glosar los pasajes más
difíciles de los viejos clásicos griegos. Las obras literarias más
tempranas de Marx que conocemos son tres ejercicios de redacción
escritos en el gimnasio (1835) sobre historia, religión y sobre
un tema libre. En el tema libre Reflexiones de un joven al elegir
la profesión, se reveló con gran plenitud la independencia de
pensamiento y sentimiento de Marx. La calificación expresaba "que
el ejercicio de Marx se distinguía por su fuerza de ideas y su buena
distribución sistemática", y se hace notar un párrafo que afirma:
"no siempre podemos abrazar la carrera a la que nuestra vocación
nos llama, la situación que ocupamos dentro de la sociedad empieza
ya, en cierto modo, antes de que nosotros mismos podamos determinarla".
Apreciando
con sentido realista la complejidad de la vida, Marx rechaza resueltamente
la moral de supeditación servil a las circunstancias externas. Si
ante la presión de la vida, el hombre elige una profesión para la
cual no reúne las dotes requeridas, toda la vida se sentirá inútil,
despreciable.
Las
reflexiones del joven terminan con la siguiente conclusión: "...al
elegir la profesión, nos debemos guiar principalmente por el bien
de la humanidad, por nuestro propio perfeccionamiento... La naturaleza
humana es tal, que el hombre sólo puede alcanzar su perfeccionamiento
trabajando para el perfeccionamiento de sus contemporáneos, para
su bienestar... Si elegimos una profesión en la que podemos realizar
el máximo para la humanidad, no nos doblaremos bajo su peso, pues
se trata de un sacrificio en aras de la comunidad; no experimentaremos
entonces una alegría miserable, limitada y egoísta, sino una felicidad
que pertenecerá a millones..." Así apuntaba en su adolescencia,
el primer chispazo de la idea que de hombre, habría de completar
y desarrollar en todos sus aspectos y que, corriendo el tiempo,
iba a ser mérito inmortal de su obra.
Al
terminar sus estudios en el gimnasio, Marx no sabía cuál sería su
profesión, qué tipo de ocupación escogería: la que "penetra en la
propia vida" (jurisprudencia) o la que se ocupa de "verdades abstractas"
(filosofía). Le atraían ambos tipos de profesiones, y en su interior
no estaba seguro de cuál de ellas correspondía a su vocación. Su
padre le aconseja dedicarse a la jurisprudencia, profesión "práctica".
Así, superando dudas e indecisiones, a fines de octubre de 1835
empieza a estudiar en la Facultad de Derecho de la Universidad de
Bonn.
Al
principio, Marx se mostró como un estudiante muy aplicado. Pero
el arrebato pasó pronto, se sumergió en la bulliciosa vida de los
estudiantes de Bonn. En el segundo semestre los estudiantes de Tréveris
lo eligen presidente de su asociación. Se interesa mucho por la
poesía, ingresa en la unión local de jóvenes escritores y piensa
dedicarse al arte poético. Por entonces relega las ciencias a un
segundo plano.
Su
padre considera perdido el primer año universitario de su hijo y
se apresura a trasladarlo a mediados de 1836 a la Universidad de
Berlín, conocida por la rigurosidad y moderación de la vida de los
estudiantes.
Marx
pronto se convenció de que la poesía no era su vocación, y comunicó
a su padre en 1837: "...la poesía podía y debía ser sólo una ocupación
complementaria: yo debía estudiar jurisprudencia y probar mis fuerzas
en filosofía". Muy pronto los estudios de una y otra se entrelazaron
orgánicamente.
Comprendió
que sin la filosofía no podría avanzar y se entregó a ella con plena
conciencia. Se enfrentó con el idealismo de Kant, Fichte y Schelling
y concluye que constituye un "gran obstáculo" en el camino del pensamiento
científico.
En
esa batalla intelectual el joven Marx halla inesperadamente un aliado
en Hegel. Se ve forzado a reconocer que la filosofía hegeliana da
una solución más profunda al problema de la unidad "entre lo que
debe ser y lo que es". Marx decidió persuadirse de que la filosofía
hegeliana podría resistir la comprobación crítica, y no se derrumbaría
como la de Kant, Fichte y Schelling.
Pero
la aceptación de la filosofía hegeliana de ningún modo significó
para el joven Marx el comienzo de la paz interior y el fin de las
búsquedas ideológicas. Al contrario, concluyó sólo la etapa que
le sirvió más de orientación y que le abrió el camino a nuevas búsquedas,
más profundas. Llegando a Hegel a través de la negación del propio
Hegel y sus predecesores alemanes, Marx se hizo extraordinariamente
exigente para con todo tipo de teorías especulativas.
Así,
tal como en los sistemas filosóficos de los epicúreos, estoicos
y escépticos, Marx ve la clave de la auténtica historia de la filosofía
griega, en la escisión de la filosofía hegeliana en escuelas contrapuestas
ve la clave a la comprensión de la naturaleza dialéctica de esa
filosofía.
Marx
estableció estrecho contacto con los hegelianos de izquierda, que
deseaban sacar de la filosofía hegeliana conclusiones radicales.
Lo
sorprendemos en una tarea agotadora, haciendo extractos y escribiendo
resúmenes de todos los libros que leía.
En
1840-41, estudió las obras de los más grandes pensadores que hasta
entonces conocía insuficientemente. El resumen de estas obras constituye
los Ocho Cuadernos Berlineses que comprenden extractos de
las obras: De ánima (libro tercero) de Aristóteles, el Tratado
teológico-político y las Epístolas de Spinoza, la
Lógica y Metafísica de Leibniz, el Tratado sobre la naturaleza
humana de Hume, la Historia de la filosofía Kantiana de
Rosenkranz, etcétera. Ya en este período empieza a estructurarse
su criterio para valorar diversas filosofías: se aprecia no sólo
su integridad lógica, sino su capacidad para servir de base metodológica
para interpretar a fondo la realidad concreta.
Así
pues, la dedicación a la jurisprudencia, una de las ciencias prácticas,
empujó a Marx hacia la filosofía, y esta ciencia, la más abstracta
de todas, resultó ser, a su vez, sólo la expresión teórica de la
vida social alemana de aquellos tiempos. De tal modo Marx, estudiando
a profundidad cuestiones filosóficas, se vio incorporado a la discusión
de importantísimos problemas de la lucha social.
La
realización de la filosofía significa ya para Marx revolucionar
tanto el mundo como la filosofía, y el resultado es el surgimiento
de una nueva cualidad.
Al
comienzo de su participación en el movimiento de los jóvenes hegelianos,
a partir de 1837 y hasta mediados de 1841, Marx se manifestó más
activo en el análisis de los problemas filosóficos que de los políticos.
El resultado fundamental de su labor en aquel período fue su tesis
doctoral.
La
tesis que presentó para obtener el grado de doctor, titulada: Diferencia
entre la Filosofía Natural de Demócrito y la de Epicuro, que
era un fragmento de una obra magna en que se proponía estudiar,
en su totalidad, el ciclo de la filosofía epicúrea, estoica y escéptica,
poniéndolo en relación con toda la filosofía griega, demostraba
que Marx, aunque seguía compartiendo la concepción idealista, empezaba
ya a sacar de la contradictoria filosofía de Hegel conclusiones
ateas y revolucionarias. Mientras que Hegel censuraba ásperamente
a Epicuro su materialismo y su ateísmo, Marx hablaba con admiración
de la valiente lucha que el filósofo griego había sostenido contra
la religión y los prejuicios.
Ya
en esta obra primeriza se revela Marx con espíritu original y creador.
Con este estudio el discípulo de Hegel se extiende a sí mismo el
certificado de mayoría de edad, su pulso firme domina el método
dialéctico y su lenguaje acredita esa fuerza medular de expresión
que le fue característica.
La
tesis doctoral de Marx fue la precursora filosófica de sus concepciones
democrático-revolucionarias y la preparación teórica de su labor
práctica de demócrata revolucionario. El 15 de abril de 1841 le
fue conferido el grado científico de doctor en filosofía, que le
abría las puertas hacia el futuro.
Al
obtener el diploma de doctor en filosofía, Marx tuvo la intención
de consagrarse a la actividad científica y hacerse profesor de la
Universidad de Bonn. Pero la política reaccionaria del gobierno
de Prusia, que expulsaba de las universidades a los profesores progresistas,
acabó de convencer a Marx de que las cátedras del país estaban cerradas
para el pensamiento crítico de vanguardia. Entonces Marx hace de
la Gaceta del Rin una tribuna para propagar las ideas avanzadas
y luchar contra la reacción política y el oscurantismo. Marx asumió
la defensa de los intereses materiales de las masas populares. Su
trabajo en el periódico le permitió ir conociendo más y más de cerca
la vida política de Alemania y la situación de los trabajadores.
En
la divisoria de 1841-42 comenzó una nueva etapa que mostró la compleja
evolución espiritual, ideológica de Marx, cuando se consolidaron
sus ideas democrático-revolucionarias, se fusionaron la filosofía
y la política.
El
material económico, político y jurídico concreto penetra profunda
y orgánicamente toda la investigación de Marx sobre la situación
de los campesinos del Mosela, (Valle del río Mosela, es famoso por
sus viñedos, cuyos frutos dan el vino de Mosela de maravillosa calidad),
y los elementos materialistas que se van acumulando en las concepciones
de Marx en el curso del año 1842 minan considerablemente sus representaciones
idealistas anteriores. La orientación de Marx hacia el materialismo
se expresa ante todo en su comprensión del carácter objetivo de
las relaciones sociales.
Al llegar a ser un demócrata revolucionario formado, relega a un
segundo nivel y luego abandona algunos planes teóricos, centrando
toda su atención en los problemas urgentes de la lucha política.
Al concebir los problemas sociales de un modo profundo e inmediato,
pone irrevocablemente su propio destino en dependencia directa de
su solución. El fervor revolucionario de la personalidad multifacética
de Marx constituyó la premisa psicológica imprescindible para el
trabajo gigantesco que hubo de realizar. Ese mismo fervor revolucionario
fue la fuente de la óptima satisfacción que experimentó al cumplir
su obra.
En
la historia hay pocas personas que, como Marx, durante toda su vida,
en medio de privaciones, de intenso trabajo y sufrimientos, hayan
demostrado tan irreprochablemente la fidelidad a su ideal juvenil.
Indudablemente, Marx permanece firme en su aspiración vital formulada
desde su composición escolar: trabajar para la humanidad.
En
cada etapa de su vida concretizó esta aspiración de acuerdo con
las nuevas condiciones, pero nunca la traicionó. La fidelidad al
ideal escogido no se daba con facilidad. En 1843, Marx tuvo que
resistir, de nuevo, una especie de tentación: el gobierno prusiano
le ofrecía a través del consejero secreto de control Esser, amigo
de su padre fallecido, importante cargo de funcionario con un sueldo
elevado.
Desde
el punto de vista común, esta era una propuesta muy seductora: el
cargo sólido y el sueldo seguro, muy necesario a un hombre desheredado
y privado de toda posibilidad de ganar para vivir en Prusia, le
permitirían a Marx casarse; su amada Jenny von Westphalen estaría,
al fin tranquila y conocería la dicha familiar. Pero Marx, fiel
a su ideal, declinó la oferta.
Al
mismo tiempo, la actividad práctica y las investigaciones teóricas
conducen a Marx a chocar directamente con la filosofía hegeliana
a causa de las tendencias conciliadoras de la misma, de sus conclusiones
políticas conservadoras, de la falta de correspondencia entre los
principios teóricos y las realizaciones sociales reales. El conflicto
con Hegel y con los "jóvenes hegelianos" en el plano filosófico
se reflejó en el paso de Marx a las posiciones materialistas, paso
que entonces iniciaba y que se debió en gran medida al conocimiento
de las relaciones auténticas de la vida, ante todo las económicas.
El paso consciente de Marx a las posiciones del materialismo tuvo
lugar también en el proceso de análisis de la filosofía hegeliana
del Derecho. Este análisis representa la primera crítica detallada
de la filosofía hegeliana que hace Marx. Los resultados de este
trabajo quedaron resumidos en el Manuscrito de 1843. Entonces
también se le dio el título: Contribución a la crítica de la
filosofía hegeliana del derecho. "Cuando Marx no hacía más que
empezar a ser Marx... bosquejó, con diafanidad sorprendente, las
pautas esenciales de la filosofía... supo tomar directamente, a
través de Feuerbach, el camino del materialismo contra el idealismo".
A
finales de octubre de 1843 vemos a Marx, ya casado con Jenny, abandonar
Alemania e instalarse en París, donde se publicarían los Anales
franco-alemanes. El verano de 1843 fue una época feliz en la
vida del joven Marx. La plenitud de sus sentimientos se vio completada
con una intensa labor teórica, se sumergió en un mar de libros sobre
historia y ciencia política. Las notas de estos libros han quedado
en cinco cuadernos que datan de julio-agosto de 1843 y han recibido
el nombre de Cuadernos de Kreuznach (lugar donde vivía Jenny).
Son más de 250 páginas de texto manuscrito apretado y comprenden
extractos de 24 libros: obras de los clásicos de la ciencia política
(Maquiavelo, Montesquieu, Rousseau, etcétera) y de autores alemanes,
franceses, belgas menos conocidos u olvidados en nuestros tiempos.
Estas
obras en su conjunto brindaban una representación multilateral acerca
de la historia de muchos países de Europa, entre otros, Francia,
Inglaterra, Alemania, Polonia y Suecia, en un amplio período, a
partir del año 600 a.n.e. Marx no acumulaba simplemente el material
empírico, sino que comparaba la historia de varios países, lo cual
le permitía revelar detrás de las peculiaridades específicas del
desarrollo de diferentes países las tendencias generales del proceso
histórico. La particularidad de esta indagación de las leyes de
la historia consistía en que se llevaba a cabo a la par con el paso
consciente de Marx a las posiciones materialistas. De este modo,
Marx aplicó conscientemente el materialismo como método para investigar
los procesos históricos. Marx centra su atención en las relaciones
de propiedad, su influencia en el Estado y en todo el régimen social.
Así, el historicismo penetra todos los aspectos interés de Marx
por la propiedad privada.
La
estancia de Marx en la capital francesa enriqueció sus conocimientos
y experiencia política. Visitaba a menudo los suburbios en que moraban
los obreros. Entró en relación con los dirigentes de la Liga de
los Justicieros, sociedad secreta de obreros y artesanos alemanes,
así como con los líderes de la mayoría de las sociedades obreras
secretas de Francia. Marx siguió en París el estudio de las obras
de Carlos Fourier, Henri Saint-Simon, Roberto Owen y otros destacados
socialistas utópicos que había iniciado ya en Alemania.
El
contacto directo con la vida y la lucha de los obreros franceses
y el estudio crítico de la economía política burguesa y las obras
de los socialistas utópicos contribuyeron a que Marx pasase definitivamente
del idealismo al materialismo y de la democracia revolucionaria
al comunismo.
Este
importantísimo punto crucial de la vida de Marx lo reflejan con
toda nitidez sus artículos publicados en los Anales franco-alemanes.
Con este nombre de oposición a los nacionalistas franceses y alemanes,
quiere significar que una de las condiciones de éxito de la lucha
contra la reacción está en la estrecha alianza política de Alemania
y Francia. En los Anales, que vio la luz en París en febrero de
1844, Marx formula por primera vez los puntos fundamentales de su
futura filosofía, por primera vez, pone de relieve el papel histórico
del proletariado, llega a la conclusión de que la revolución social
es inevitable, de que es indispensable unir el movimiento de la
clase obrera con la concepción científica del mundo.
Esta
es la formulación precisa de la necesidad de unir la teoría revolucionaria
con la práctica de la lucha de la clase revolucionaria. Sólo dominando
esta teoría, el proletariado se convierte en fuerza temible que
acaba con las relaciones de propiedad privada y explotación. Y sólo
en la lucha revolucionaria del proletariado, la filosofía científica
deja de ser sólo filosofía para convertirse en el arma espiritual
de las transformaciones prácticas.
De
esta manera realiza Marx en los Anales franco-alemanes su
principio: hallar el nuevo mundo a través de la crítica del viejo.
Sin pretender anticipar dogmáticamente el futuro, mostraba las perspectivas
de la pugna, desplegada en la realidad, en la esfera teórica y práctica.
Eran perspectivas grandiosas e imponentes.
En
1844 Engels llegó a París, donde tuvo con Marx una memorable entrevista
en que se puso de manifiesto la completa identidad de sus ideas
y concepciones. Fue entonces cuando empezó su fecunda amistad y
colaboración sin precedentes en la historia. Su primera obra común
La Sagrada Familia que vio la luz en febrero de 1845, es
una crítica demoledora de la idealista filosofía hegeliana.
Tenía
Marx en proyecto una gran obra dedicada a la Economía y por eso
analizaba con espíritu crítico obras de los clásicos de la Economía
política burguesa: Adam Smith, David Ricardo y otros economistas.
Los resultados del trabajo hecho por Marx en aquel período lo conocemos
por su Manuscrito sobre problemas económicos y filosóficos
de 1844. Al criticar a los economistas burgueses, Marx pone ya en
claro toda una serie de rasgos peculiares de la explotación capitalista.
Si
bien la Contribución a la crítica de la Economía política y El
Capital representan la cima de la doctrina económica de Marx,
los Manuscritos económico filosóficos de 1844 constituyen
el punto de partida real de su ascenso a esta cima. Una peculiaridad
de los Manuscritos de 1844, es que Marx estudia los problemas centrales
de la economía política no sólo como especialista en economía, ya
que pronto se hizo especialista en este terreno, sino como filósofo,
sociólogo, historiador, político, pensador y activista revolucionario
a la vez. Las tres partes componentes del marxismo -la filosofía,
la economía política y el comunismo científico-, se fusionan ahí
por completo. La formación del marxismo aparece en los Manuscritos
económico filosóficos precisamente como un proceso, cuando la naciente
concepción científica del mundo no ha adquirido aún una estructura
estable.
La
influencia recíproca y la síntesis de los puntos de vista filosóficos,
económicos y políticos de Marx ha alcanzado ya un punto cercano
al descubrimiento de la tesis fundamental de la concepción materialista
de la historia: la tesis sobre el desarrollo de las fuerzas productivas
(medios de trabajo y aptitudes del hombre frente al trabajo), el
antagonismo de clases como verdadera fuente del movimiento de la
historia, de su automovimiento. La idea del comunismo proletario
como supresión de toda enajenación constituía el fundamento de los
estudios económico-filosóficos de Marx. La doctrina marxista posee
una estructura compleja. Todos sus componentes son partes de una
concepción científica única del mundo, que representa al mismo tiempo
la ideología del proletariado. Cada una de las partes integrantes
del marxismo posee su especificidad, viene a completar a las otras
dos, y, en su desarrollo, todas ellas ejercen influencia recíproca.
De este modo, la doctrina marxista no es una mera suma de partes,
sino su síntesis, en la que cada componente, aún siendo relativamente
independiente, obtiene, sin embargo, esta independencia en calidad
de parte de un todo íntegro. Por esta cualidad suya desempeñan la
función de dirección científica de los procesos de la transformación
revolucionaria del mundo.
Las
relaciones entre el capital y el trabajo y la teoría de la "plusvalía"
no eran ideas fruto sólo de los estudios teóricos de Marx, sino
también resultado de su actividad política práctica, de sus observaciones
e impresiones personales a través de la comunicación con los obreros
revolucionarios, muchos de los cuales eran jóvenes. En un "parte"
de la policía se caracterizaban así las reuniones comunistas: "aquí
se encuentran a menudo 30, 100, 200 comunistas alemanes, que alquilan
el local. Pronuncian discursos, predicando abiertamente el asesinato
del rey, la abolición de toda propiedad, la liquidación de los ricos
y nada ya de religión..." "Le escribo con toda prisa para que Marx,
etcétera, no puedan seguir hundiendo en la desgracia a los jóvenes".
Los
fundadores del comunismo científico trataban reiteradas veces diferentes
problemas concernientes a la situación socioeconómica de la juventud
en el sistema de producción capitalista, preocupándose por la incorporación
de los jóvenes proletarios al movimiento obrero, y expusieron ideas
importantes por principio, en cuanto a la sucesión de las generaciones.
Además, Marx procuraba acoger cordialmente a los jóvenes porque
decía: "es preciso que haya hombres para continuar, después de mí
la propaganda comunista".
Marx
compartió toda su vida la suerte del proletariado moderno, no sólo
por la penuria con que siempre vivió, sino también y sobre todo,
por la zozobra de su existencia. En efecto, las persecuciones que
sufrió en Francia, Bélgica e Inglaterra, generalmente se debían
a su intervención en los acontecimientos socio-políticos. Aunque
Marx se emocionaba profundamente ante los sufrimientos de las clases
trabajadoras, no fueron las consideraciones sentimentales sino el
estudio de la historia y la economía política lo que lo acercó a
las ideas comunistas.
La
emancipación humana, en opinión de Marx, es la liberación de todas
las fuerzas vitales del hombre como ser social. Su realización requiere
liquidar toda enajenación: la religión como enajenación del hombre
en la esfera espiritual, el Estado como enajenación del hombre en
la esfera política, el dinero como enajenación en la esfera material,
y la esfera de enajenación en el trabajo.
El
año de 1848 entre otras cosas es memorable porque entonces entró
por vez primera en el escenario de la historia un partido proletario
internacional, la Liga de los Comunistas -creada en 1847- dirigida
por Marx y Engels y que por encargo de su Congreso escribieron su
célebre Manifiesto del Partido Comunista, con el que se puede
decir que se ha llegado a la formación del marxismo. El Manifiesto
del Partido Comunista es el documento programático en el que
el marxismo, como doctrina integral, queda plasmado por primera
vez en forma sistematizada, el Manifiesto fue precedido por
un largo trabajo de asimilación y elaboración de la riqueza teórica,
y en especial filosófica, acumulada por la humanidad, no era una
revelación; no hacía más que resumir el ideario de quienes lo habían
escrito, porque es la síntesis de toda la fecunda obra anterior
de los fundadores del marxismo.
Por
otro lado, a muchos historiadores les ha pasado inadvertido el trabajo
de organización de Marx, a quien presentan como un pensador de gabinete.
Y no conociendo el papel de Marx como organizador, no han conocido
uno de los aspectos más interesantes de su personalidad.
Si
no se conoce el papel que Marx tuvo por los años 1846-47 como dirigente
e inspirador de todo un inmenso trabajo de organización es imposible
comprender la importancia del papel que tuvo como organizador en
1848-49 en la Liga de los Comunistas y en la época de la creación
y actividad de la Primera Internacional.
En
agosto de 1849 se trasladó a Londres. Emprendía el camino hacia
su tercer destierro, acompañado por la negra penuria y esta compañía
fiel, demasiado fiel, ya pocas veces había de abandonarle. Fue aquél
un período muy duro para Marx, pues tuvo que hacer frente a las
innumerables calumnias de sus enemigos y a grandes privaciones económicas.
Sin embargo, su profunda fe en la justeza de la causa que defendía,
su invencible optimismo, basado en la comprensión científica de
las leyes objetivas del desarrollo social, y su firmeza y jovialidad
no abandonaron a Marx en ningún momento, desde los primeros años
de su labor pública, hubo de luchar a brazo partido con la miseria
diaria, y en Londres le recibió el destierro con todo linaje de
calamidades.
Pero,
esta vida de tormentos, Marx la abrazaba voluntariamente, sobreponiéndose
a todas las tentaciones para arribar al puerto de salvación de una
profesión burguesa, que hubiera podido desempeñar muy honrosamente.
¿Por qué no lo hizo? Lo dice él mismo con palabras sencillas y sobrias,
sin asomo de afectación: "yo necesito navegar hacia mi meta derechamente
y no puedo consentir que la sociedad burguesa me convierta en una
máquina de hacer dinero".
Algo
que muestra con plenitud el perfil moral e intelectual de Marx,
es el hábito adquirido desde los días de juventud, de combatir los
sufrimientos espirituales con remedios muy especiales: la lectura
y las matemáticas. Una vez, enfermo de cuidado durante varias semanas,
escribía a Engels: "en estos días, totalmente incapacitado para
trabajar, he leído las siguientes obras: Fisiología de Carpenter,
Fisiología de Lord, Histología de Kolliker, Anatomía
del cerebro y del sistema nervioso, de Spurzheim, y la obra
de Schwan y Schleiden sobre la grasa celular".
En
otra ocasión estando en cama escribió todo un tratado de cálculo
infinitesimal. Por el número de páginas que llenaba de signos algebraicos
en el transcurso del día se podía juzgar -los familiares lo sabían
muy bien- del estado de ánimo de Marx: cuantas más eran las páginas,
tanto más agudo era el dolor. Así, con las matemáticas combatía
los sufrimientos espirituales.
Mas
en la vida privada de Marx, no todo eran penas y sufrimientos. Como
toda persona de naturaleza fuerte y sana, Marx sentía un amor extraordinario
por los niños: "era preciso ver a Marx con la chiquillería para
formarse cabal idea de la capacidad afectiva, profunda y a la vez
sencilla, que atesoraba aquel héroe de la ciencia. En los contados
momentos de asueto o en algún paseo, se apoderaba de los niños y
jugaba con ellos, convirtiéndose en un verdadero niño, ningún entretenimiento
le parecía extravagante y sabía hallar una fuente de alegría en
los juegos infantiles".
A
pesar de todo, su familia fue feliz como pocas. Un profundo amor
le unía a Jenny, la cual "no solamente compartía la suerte, el trabajo
y la lucha de su marido, sino que, además tomaba en ellos parte
activa con un espíritu altamente consciente y un apasionado entusiasmo".
"El amor y la amistad unían a todos los miembros de la familia".
Imponíanle, quisiera o no, el descanso dominical, para tenerle por
suyo el domingo entero, y aquellas excursiones de los domingos por
el campo y aquellos descansos en cualquier taberna del camino, donde
los excursionistas se sentaban a refrescar con un vaso de vino o
de cerveza y a comer un pedazo de pan y queso, eran los pocos momentos
en que el sol lucía entre las negras nubes apelotonadas sobre esa
familia.
A
medida que crecían, Jenny, Laura y Eleanora, Marx les iba dando
a conocer toda la riqueza de la cultura humana. Gran conocedor de
la literatura mundial, Marx amaba sobremanera las obras de Homero
y Esquilo, Shakespeare y Fielding, Dante y Cervantes, Diderot y
Balzac.
A
ratos perdidos estudia castellano. "comencé con Calderón" -de su
Mágico Prodigioso- el Fausto católico -dice- Goethe tomó
para su Fausto ciertos pasajes y escenas completas. En 1869 empezó
a estudiar el ruso y leyó en este idioma obras de Pushkin, Gogol,
Saltikov-Schedrín, Chernishevski, etc.
Marx
fue un científico de erudición universal, que poseyendo un determinado
volumen de conocimientos especiales en diversas esferas del saber,
le permitió comprender procesos y fenómenos totalmente distintos
y así abarcar de un modo enciclopédico todos los ámbitos del saber
humano, sin excepción.
No
se limitó a estudiar problemas de economía política, usó el método
científico dialéctico materialista en el estudio de algunas ciencias
naturales, entre ellas: astronomía, química, agroquímica, biología,
matemáticas, física, y profundizó sus investigaciones en la esfera
de la historia general.
Fueron
muchos los que en su época admiraron a Marx y se maravillaban de
su irrebatible lógica, de sus razonamientos, de su sólida e inmensa
cultura, de su serenidad e ironía y de su extraordinaria lucidez
de pensamiento en los momentos críticos.
El
Capital revela una inteligencia de vigor y riqueza extraordinarios,
aunque para cuantos le hemos conocido de cerca -dice P. Lafargue-,
ni El Capital ni sus otros escritos reflejan la profundidad del
genio de Marx, que estaba muy por encima de sus obras.
Por
eso, el marxismo no es una doctrina de personas aisladas o de unos
fundadores de sectas, sino la doctrina dirigida al proletariado
y destinada a servirle de guía en la lucha revolucionaria, por eso
es la expresión científica de sus intereses vitales y una concepción
integral del mundo. Por eso el marxismo permitió por primera vez
estudiar la sociedad humana con todas sus infinitas mutaciones,
como un organismo vivo y único, cuyo desarrollo no puede concebirse
sin determinar lo que es común a la sociedad en su conjunto.
En
todo lo anterior se reflejó el gigantesco vigor intelectual de Marx
y la tenacidad y pasión de su lucha, que sólo le igualaba su aplicación
gigantesca, en la biblioteca del Museo Británico, donde trabajaba
casi diariamente, desde las nueve de la mañana hasta las siete de
la tarde, y en donde encontró Marx una cantidad de material enorme
para sus investigaciones económicas.
En
1836 cuando Marx tenía 18 años y era todavía estudiante, su padre
predecía: "te espera una vida larga, en bien propio, y en bien de
la familia y, si mis presentimientos no me engañan, en bien de la
humanidad".
Recordando
distintos años y acontecimientos de su vida, respecto de esas predicciones
Marx comentó: "¿una vida larga? Tal vez se pueda decir eso": "no
sólo he sobrevivido mucho a todos mis hermanos, a David, Herman
y Eduard, y a tres de mis cinco hermanas, sino que soy ya siete
años más viejo que mi padre, tengo siete años más de los que él
tenía cuando nos dejó". "No obstante, no podría decir si mi vida
ha sido larga". "Ahora termina ya. Y lo único que sé firmemente
es que he trabajado todo el tiempo sin darme punto de reposo, sin
enderezar la espalda, y aunque algo he logrado hacer, no me ha bastado
el tiempo que la suerte me ha medido".
"Si
me donara quince o veinte años más, los colmaría también de trabajo".
"En
cuanto al bien de uno mismo, el bien de la familia y el bien de
la humanidad, guardan una relación más completa de lo que mi padre
suponía".
"He
sacrificado a la obra de toda mi vida, El Capital, mi salud,
mi felicidad y mi familia. Pero todo ha sido en bien de la humanidad",
"pues El Capital es el proyectil más potente que se haya
disparado alguna vez contra el viejo mundo, contra el mundo cuyo
orden de cosas impide que la humanidad sea feliz. Y por eso me voy
de la vida con la conciencia de haber cumplido honradamente el deber
que impuso la época".
Con
limitaciones y a grandes saltos hemos tratado de revivir y recordar
diversas actitudes, algunos pensamientos y varios acontecimientos
del camino difícil y a veces dramático de la vida y la creación
de Marx, que nos muestran parte de la grandeza del hombre genial
que "descubrió la ley por la que se rige el proceso de la historia
humana", que descubre también "la ley especial que preside la dinámica
del actual régimen capitalista de producción y de la sociedad burguesa
engendrada por el mismo", que nos muestran al luchador por la emancipación
del proletariado moderno, a quien él por primera vez infundió la
conciencia de su propia situación y de sus necesidades, la conciencia
de las condiciones que podrían generar su liberación, liquidando
el orden opresivo del capitalismo, que nos muestran al combatiente
por la dignidad, el honor y la plena humanización del hombre, liberándolo
de toda explotación, enajenaciones, fanatismos y prejuicios de ayer
y de hoy.
El
proceso de formación del marxismo y en particular las ideas de Carlos
Marx han sido objeto de investigaciones especiales desde finales
del siglo XIX. En numerosos países han aparecido centenares de trabajos
y tratados voluminosos dedicados a Marx y a su obra, escritos por
filósofos, sociólogos, economistas, juristas, psicólogos, políticos
y otros especialistas.
En
esta profusa literatura se advierten con claridad dos corrientes
principales: las obras sostenidas sobre el método científico del
materialismo dialéctico e histórico y los escritos de autores de
tendencia filosófica idealista y metafísica -incluidos anticomunistas
profesionales- que intentan adulterar, desacreditar, tergiversar,
negar, destruir y aniquilar la doctrina que no comprenden, que los
prejuicios e intereses no les permiten entender y que por tanto
odian, calificándola lo mismo de "caduca", "antinatural", "falsa",
"inviable", "utópica", etcétera, igual hoy que en los días en que
Marx vivía, luchaba y creaba.
Sin
embargo, las páginas de la brillante vida de Marx, su pensamiento
y causa revolucionaria, siguen siendo afines a millones de trabajadores,
les inspiran e impulsan a una lucha aún más resuelta contra la sociedad
capitalista que degrada a millones de seres humanos en el planeta,
contra la explotación, la miseria, la enajenación, por el futuro
socialista y comunista, por la felicidad de todos los trabajadores
del mundo.
A
pesar de los dramáticos procesos regresivos que se dieron en los
países que se esforzaban, aun con errores, por construir el socialismo
y representó una gesta heroica e histórica de la clase trabajadora
por construir una nueva sociedad y que se extendió a casi 70 años
y que en buena medida mostró sus extraordinarias posibilidades de
progreso y bienestar, nada muestra en la realidad de nuestros días,
que ponga en duda la plena validez y vigencia de la filosofía marxista
para transformar el mundo.
Por
el contrario, la imposición de la estrategia neoliberal y los fenómenos
de la globalización y la integración económica, puestos en marcha,
conducidos y aprovechados por el imperialismo como nuevas estrategias
de dominación, saqueo y explotación, vinculadas a la "renovación"
de los fanatismos y prejuicios religiosos, que empantanan la razón,
muestran que el capitalismo en su nivel imperialista ha desarrollado
al máximo la enajenación del hombre consigo mismo, que hoy como
ayer la plusvalía no deja de ser plusvalía, por mucho que se le
disfrace hoy con los ropajes más sofisticados que generan los avances
de la Revolución Científico-Técnica, siempre para beneficio de unos
cuantos. Que hoy como ayer, la clase obrera del mundo capitalista
-despojada de los medios de producción- se ve obligada a vender
su fuerza de trabajo. Que los capitalistas -monopolizando los medios
de producción- continúan explotando lo mismo al obrero, que al técnico,
que al ingeniero y a los investigadores científicos, al adueñarse
de trabajo no remunerado.
Por
el contrario, la construcción futura del socialismo y el comunismo,
será la recuperación completa consciente del hombre como ser social,
preservándose toda la riqueza del desarrollo alcanzado. En cuanto
negación de la negación, es decir, negación de la propiedad privada
que niega al hombre, el socialismo y el comunismo será la afirmación
plena del hombre.
Por
eso, la doctrina marxista sigue adueñándose de las mentes y corazones
de nuevas masas de trabajadores en todos los continentes. La historia
sigue aportando cada vez, nuevos testimonios de que Marx tuvo razón
en su argumentación científica de la inevitabilidad de la victoria
del socialismo a escala histórico-mundial.
A
ciento diecisiete años de su desaparición física, Marx nos sigue
ofreciendo "ideas y enseñanzas", porque sigue vivo su ejemplo de
fidelidad a su ideal social, porque su doctrina sigue siendo una
fuerza que con base en la razón sigue teniendo validez para servir
de método y guía para construir la sociedad socialista y comunista
del futuro.
Marx
y Engels veían en la ciencia "una gran palanca de la historia, una
fuerza revolucionaria en toda la extensión de la palabra". Esto
era aplicable -y lo es hoy como nunca- a todas las ciencias, tanto
sociales como naturales o técnicas, aunque se debe aplicar muy en
particular a la ciencia que esclarece las leyes del desarrollo de
la naturaleza, de la sociedad y del pensamiento humano: el materialismo
dialéctico e histórico.
Por
eso, en nuestro tiempo, hasta los que no habían sido marxistas -hay
muchos ejemplos en Europa- como un catedrático de la Universidad
Politécnica de Barcelona, dicen: "volver a Marx, convenientemente
releído, recreado y redimensionado. Lo afirmo con la convicción
de que algunas de sus instituciones o concepciones no pueden ser
olvidadas, a menos que persistamos en ser ciegos en relación a los
caracteres de nuestro mundo".
Y
en América se dice: "el marxismo, contrario a lo que pregonan sus
detractores, sigue siendo actual. Y ningún sistema de ideas ha perdurado
con tal vigencia durante tan largo período, y en ninguna otra visión
crítica de la historia y del capitalismo se ha mantenido en tan
alto nivel como fuente obligada de los que lo enfrentan y se esfuerzan
por erradicar las injusticias, la explotación y las desigualdades
vigentes, en continuo ascenso".
Sin
duda, la obra científica de Marx y Engels y de sus continuadores
en el mundo (Lenin, Dimitrov, Thorez, Lombardo Toledano, Togliatti,
etcétera), seguirá siendo filosofía del presente y del futuro, incluso
más allá del siglo XXI, porque desenmascara mitos y engendros y
seguirá siendo guía para superar el capitalismo, a condición "de
que se aplique en su esencia, para que fortalezca moralmente y oriente
ideológicamente y pueda enriquecer la teoría y la práctica para
construir un futuro mejor".
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