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El
Partido Popular Socialista, cuyo registro electoral fue cancelado
por las autoridades y, por tanto, está imposibilitado jurídicamente
para presentar alguna candidatura para la presente contienda electoral,
ha examinado, sin embargo, los planteamientos públicos, las plataformas
electorales y las fuerzas políticas de las que surgieron cada uno
de los candidatos a la presidencia de la República.
Son
seis los candidatos registrados ante las autoridades electorales,
por otros tantos partidos o alianzas de partidos. De entre ellos,
destacan los siguientes casos:
Vicente
Fox. Su oportunismo no tiene límites: un día se define como
de centro izquierda y otro alaba a los banqueros. Es fiel representante
de la demagogia populista de derecha; es el antecedente de un régimen
neofascista construido en el arte de la mentira, con el apoyo de
la élite financiera, el imperialismo y el alto clero político. La
confusa compaña electoral que se viene dando, con notoria debilidad
en el campo de las ideas y nulo debate ideológico puede convertirse
en campo propicio para el triunfo de la ultraderecha. Fox vendría
a ser el Heider mexicano, y los llamados "amigos de Fox", los camisas
pardas de un "nuevo orden" en nuestro país. Es, por tanto, el que
mayor peligro representa para el pueblo y la Nación.
Francisco
Labastida. Se trata de un candidato comprometido de manera pública
con el grupo neoliberal y, por tanto, con la continuidad de la política
antinacional y antipopular impuesta a México durante los últimos
diecisiete años. Su candidatura es ajena al programa surgido de
la Revolución Mexicana. Lejos de pronunciarse por la defensa de
la soberanía e independencia de la Nación, exalta la creciente presencia
del capital extranjero en las ramas fundamentales de la economía.
En el aspecto social, carece de planteamientos para elevar las condiciones
de vida de los trabajadores y el pueblo. Sus propuestas más difundidas,
como las que se refieren a la educación de los niños mexicanos,
son por lo menos desafortunadas.
Ninguno
de los mencionados, ni Fox ni Labastida, tampoco alguno de los otros
cuatro candidatos, ha formulado propuestas de carácter nacionalista,
democrático y popular. Ninguno se opone al proceso de integración
subordinada de nuestro país a la economía de los Estados Unidos.
No existe un solo pronunciamiento público de alguno de los candidatos
en que se comprometa, por lo menos, a frenar el neoliberalismo en
curso. Ninguno hace suya la defensa de los intereses de la clase
trabajadora, ni se pronuncia por la salvaguarda de la Nación frente
al acoso permanente de los principales instrumentos del capital
financiero internacional: el Fondo Monetario Internacional y el
Banco Mundial. Ninguno condena la política de privatizaciones ni
rechaza con claridad el proyecto de abrir a capitales privados,
particularmente extranjeros, la industria eléctrica.
A
lo más que llegan es a criticar las formas en que se da la
integración económica con las grandes potencias capitalistas; sus
planteamientos, en el caso de las privatizaciones, se limitan a
exigir que la venta de las empresas públicas se realice sin actos
de corrupción, y respecto a la presencia de capitales extranjeros
en las áreas estratégicas de nuestra economía, hacen planteamientos
de aparente rechazo, pero que si se examinan bien, se podrá ver
que están elaborados de tal manera que a nada los comprometen.
Eso
sí, todos los candidatos, sin excepción, se refieren a los problemas
económicos y sociales que enfrentamos la mayoría de los mexicanos
y, en forma demagógica, ofrecen resolverlos a sabiendas de que no
podrán cumplir sus promesas de campaña, sino a condición de que
se abandone la actual política antinacional y antipopular, vigente
desde 1982, cosa que ninguno se atreve a plantear, porque todos
ellos piensan que la única manera de que su triunfo sea reconocido
es a partir del apoyo político y financiero del imperialismo norteamericano
y de la oligarquía local, frente a cuyos intereses, por tanto, todos
se subordinan.
El
Partido Popular Socialista, en esas condiciones, no puede
cometer el grave error de apoyar a ninguno de los aspirantes, mucho
menos al de la derecha ni al que se ha comprometido públicamente
con el grupo neoliberal, sino al precio de convertirse en cómplice
de ellos y de sus políticas y caer en el más vil de los oportunismos,
como si se tratara de una más de tantas agrupaciones sin principios
ni dignidad, que proliferan en tiempos en que se glorifica al mercado
y, consecuentemente, cuando la política deviene en mercancía y los
politiqueros entran a la compra venta, como si se tratara de cualquier
producto mercantil.
Una
actitud de esa naturaleza, además de ser deshonesta, sería utilizada
por quienes tratan de justificar ante el pueblo y los trabajadores
la política neoliberal que tanto daño hace a nuestra Patria y a
nuestro pueblo.
Por
las razones expuestas, el Partido Popular Socialista no apoyará
a ninguno de los seis candidatos a la presidencia de la República.
Sin embargo, hace entre ellos una clara diferenciación y en consecuencia:
-
Combatirá decididamente la candidatura de Vicente Fox por el peligro
que representa para el pueblo y la Nación.
-
Denunciará con firmeza lo que representa Francisco Labastida como
candidato comprometido con el grupo neoliberal y, por tanto, con
la continuidad de la política antinacional y antipopular impuesta
a México durante los últimos diecisiete años.
-
En cuanto al resto de los candidatos, de acuerdo con sus planteamientos
públicos hechos hasta hoy, ninguno representa alternativas progresistas
para la actual etapa de la vida del país.
El
Partido Popular Socialista reitera su inquebrantable decisión
de mantenerse firme en la trinchera en la que ha combatido a lo
largo de más de cincuenta años de existencia: la que defiende los
intereses de los trabajadores, del pueblo y de la Nación, sin claudicaciones
ni oportunismos.
México,
D. F. a 17 de abril del 2000.
¡Viva México!
Por el Comité Central
Cuauhtémoc Amezcua Dromundo
Secretario General
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