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El
5 de agosto de 1895 Federico Engels dejó de existir. Respetando
su voluntad, sus funerales tuvieron un carácter muy modesto. El
10 de agosto al mitin de duelo que tuvo lugar en la estación de
Waterloo, asistieron sus amigos y compañeros, en total unas 80 personas
procedentes de varios países. El féretro de Engels estaba cubierto
de flores y coronas, en cuyas cintas rojas, los socialistas de Alemania,
Austria, Francia, Inglaterra, Bélgica, Holanda, Rusia, Italia, Polonia,
Bulgaria, etcétera, expresaban su sincera gratitud a su maestro
y jefe, y profundo dolor por su fallecimiento. Después del funeral,
el cuerpo de Engels fue incinerado en Woking, cerca de Londres.
De
acuerdo con el deseo expreso de Engels, la urna que contenía sus
cenizas fue llevada al lugar donde prefería descansar, a orillas
del mar cerca de Easbourne, y allí, el 27 de agosto de 1895 las
olas se tragaron sus restos mortales.
Al
rendir homenaje a Engels en el 105 aniversario de su desaparición
física, recordaremos que nació el 28 de noviembre de 1820 en la
ciudad de Barmen, provincia Renana de Prusia, en la familia del
fabricante textil Federico Engels. Vivió y creció en una familia
donde el padre era la autoridad indiscutible y ejemplo a seguir:
un empresario inteligente y próspero, pero de convicciones conservadoras
y muy devoto. Ansiaba educar en este espíritu a su hijo mayor, quería
que Federico continuara con éxito en el negocio. No obstante, el
joven, despierto, de mucho talento y excepcionalmente trabajador,
emprendió un camino que distaba mucho del que le había trazado su
padre.
De
capacidad poco común, el joven revelaba en la escuela enorme interés
por la literatura, el arte, la música y los idiomas.
En
1837 por presiones paternas, cuando sólo le faltaba un curso para
concluir sus estudios de bachillerato, Engels se vio obligado a
abandonar el Gimnasio de Elberfeld (establecimiento de enseñanza
secundaria en Alemania) para pasar a actividades comerciales.
Comenzó
a trabajar en una importante firma comercial de la ciudad de Bremen.
Pero no le seducía en absoluto la perspectiva de hacerse comerciante
y se entregaba en sus horas libres a la lectura.
Durante
su estancia en Bremen, observó minuciosamente la vida de los trabajadores,
al igual que lo hacía en Wuppertal (así se llamaban Barmen y Elberfeld,
situados en el valle del río Wupper) y hablaba entonces del "plebeyo
que nada posee, pero constituye lo mejor de cuanto el rey puede
tener en su Estado".
La
actitud crítica que tan pronto había despertado en Engels, se reforzaba
por las observaciones de la vida del pueblo y la lectura constante.
Su padre, preocupado por la personalidad que adivinaba en su hijo
y creyendo que podría desvirtuarla, tuvo la previsión de alojarlo
en la casa de un "pastor" de la ciudad; pero fue precisamente en
ese lugar donde al joven le asaltaron grandes dudas religiosas,
que le permitieron llegar a la conclusión de que la Biblia encierra
contradicciones insolubles y que es imposible conciliar la ciencia
y la religión. Convencido de ello, rompió con las tradiciones y
creencias familiares.
La
mente escudriñadora del joven, que tenía a la sazón 19 años, penetraba
cada vez más profundamente en las contradicciones sociales del mundo
circundante. En Bremen, Engels escribe su primera obra de ensayos,
Cartas de Wuppertal, en las que describe el horroroso cuadro de
la desastrosa situación de los obreros y artesanos y desenmascara
el parasitismo y la hipocresía del pináculo burgués de Wuppertal.
Enfrentado
ya a las concepciones religiosas, en este período, Engels emprende
el camino que lo lleva al ateísmo, comprende que la religión no
sólo está plagada de contradicciones, sino que es incompatible con
la razón y la ciencia. Se dedica con entusiasmo a estudiar la filosofía,
lee las obras de Kant y Hegel. Sin embargo, el estudio de las construcciones
filosóficas abstractas de Hegel no lo impulsa a aislarse de la realidad,
deposita sus esperanzas en la interacción de la ciencia y la vida,
la filosofía y las tendencias sociales modernas. Comienza a reflexionar
cada vez con mayor profundidad en las cuestiones políticas. Sobre
sus ideas ejercerá una enorme influencia la situación política y
social existente en Alemania, así como en los países vecinos.
La
juventud de Engels, la formación de sus concepciones y de sus opiniones
políticas, coincidieron con una época de agudización de la lucha
de clases en varios países de Europa occidental. En julio de 1830
se produjo una revolución en Francia cuyo resultado inmediato fue
la sustitución de una monarquía feudal por otra de grandes financieros.
La
influencia de esta revolución se dejó sentir en toda Europa; estallaron
alzamientos revolucionarios en Bélgica, Polonia, Italia, España,
y se agudizó también la lucha de clases en Inglaterra.
Esta
efervescencia política se hizo sentir también en Alemania, la cual
se encontraba económicamente atrasada y políticamente dividida en
numerosos Estados independientes.
Surgieron
entonces diversas agrupaciones y corrientes oposicionistas entre
la burguesía y la intelectualidad. Algunos elementos oposicionistas,
que no se decidían a intervenir en el terreno político como partidos,
formaron agrupaciones filosóficas y literarias para encubrir así
sus tímidas críticas al sistema.
A
este tipo de agrupaciones pertenecían los discípulos izquierdistas
de Hegel (filósofo idealista alemán que desempeñó un papel destacado
en la elaboración de la teoría dialéctica del desarrollo), llamados
jóvenes hegelianos, así como también los miembros del grupo literario
radical Joven Alemania. Los primeros tratan de hacer deducciones
políticas radicales sobre la base de la filosofía hegeliana, y,
encerrados en los problemas de la filosofía y de la religión, se
apartaban de la vida, de la realidad y de la política. Los segundos
demostraban la falta de madurez política y un espíritu pesimista.
A
Engels no le convencían las ideas de estos grupos, aunque se dio
a la tarea de estudiar sus teorías, haciendo un análisis crítico
que le permitió posteriormente resaltar lo positivo y señalar las
deficiencias de tan vacilantes ideas.
Engels
residió en Berlín, donde prestó servicio militar de octubre de 1841
a octubre de 1842. En el aspecto militar, Engels obtuvo excelentes
resultados, estudió las reglas de las armas y el arte militar se
convirtió en una de sus ocupaciones favoritas.
En
sus horas libres del servicio Engels asiste como oyente a las conferencias
en la Universidad de Berlín, donde dedicó especial atención a las
clases de filosofía. La Universidad de Berlín era en aquel tiempo
un verdadero teatro de lucha entre distintas corrientes filosóficas.
Establece contacto con los jóvenes hegelianos y participa con ardor
en las pugnas filosóficas que sostenían con Schelling, filósofo
alemán que trataba, con sus teorías, de conciliar la religión y
la ciencia y que además, era enemigo acérrimo de la filosofía hegeliana.
Engels al mismo tiempo que señalaba la inconsecuencia y las contradicciones
de Hegel, defendía lo que había de progresista en esta filosofía
y criticaba la filosofía mística reaccionaria de Federico Schelling.
Engels
tenía 21 años, pero estaba en la primera fila de la oposición a
la "filosofía de la revelación" de Schelling. Escribió y publicó
bajo el seudónimo de F. Oswald tres artículos donde criticó la filosofía
de Schelling por su retorno al escolasticismo y el misticismo y
por intentar hacer de la filosofía "una sirvienta de la teología".
"La
defensa intelectual de los aspectos progresistas de la filosofía
hegeliana y, ante todo, de la dialéctica por Engels, hizo temblar
de rabia y espanto a los oscurantistas", el mundo progresista en
cambio lo aclamó con entusiasmo.
En
esos trabajos de Engels ya se deja sentir la influencia del filósofo
materialista alemán Ludwig Feverbach, que proclamó y defendió en
Alemania el materialismo y el ateísmo. De esta forma Engels, se
convertía en uno de los primeros hegelianos de izquierda que enarbolaba
abiertamente la bandera del ateísmo; desde entonces ya se aprecia
en toda su trayectoria la evolución de su pensamiento hacia el materialismo.
En
noviembre de 1842, a requerimiento de su padre, Engels se traslada
a Manchester, Inglaterra para practicar el comercio en la firma
Ermen and Engels, en la que su padre era copropietario. Este viaje
tuvo gran importancia para la formación de Engels como revolucionario
proletario, como materialista y comunista. Aquí, en el país capitalista
más desarrollado de la época, Engels vio con sus propios ojos la
cruda realidad capitalista. Quedó profundamente impresionado por
las horribles condiciones de vida de los obreros ingleses, de la
insoportable miseria del proletariado inglés.
La
vida en Inglaterra dejó a Engels muy sorprendido. Aquí venía a contemplar
un capitalismo triunfante y desarrollado a plenitud, cuyos primeros
pasos presenciara en su valle nativo de Wupper. La industria del
imperio insular británico se concentraba en grandes urbes fabriles.
Londres contaba ya por entonces más de tres millones y medio de
habitantes. Manchester, casi 400 mil y Glasgow 300 mil. Poco menos
del 50% de la producción industrial mundial salía de la Gran Bretaña.
Inglaterra era la metrópoli del capitalismo, el banquero del mundo
y su taller industrial. En su desarrollo socioeconómico, aventajaba
a Alemania en toda una época. Engels, en su tierra, había conocido
ante todo al proletariado sufriente; en Inglaterra se topaba por
vez primera con el proletariado industrial combatiente. Allí pudo
apreciar más el cuadro de miseria y sufrimiento de los obreros,
que contrastaba enormemente con la riqueza y el lujo de las clases
explotadoras.
Sorprendido
ante la agudeza de las contradicciones de clase en el país, escribe
su artículo ¿Es posible o probable la revolución en Inglaterra?
En este trabajo plantea que la industria inglesa ha creado una clase
de desposeídos que a la par que crece, día a día adquiere conciencia
de que su situación sólo mejorará mediante el derrocamiento, por
la violencia, de las relaciones existentes. Engels ya veía en el
proletariado la fuerza social capaz de llevar a cabo la revolución.
Engels
estudia con enorme atención la situación de los obreros, su vida,
las formas y métodos de su lucha. En su llamamiento a la clase trabajadora
de la Gran Bretaña, escribía: "(...) Quise en vuestras viviendas,
observar vuestra vida cotidiana, conversar con vosotros de vuestra
situación y de vuestras necesidades, ser testigo de vuestra lucha
contra el poder social y político de vuestros opresores".
La
estancia de Engels en Inglaterra, en esa ocasión, coincidió con
el ascenso del Movimiento Cartista (se llamó así por la Carta del
Pueblo, publicada en mayo de 1838 y que contenía los seis puntos
con que los trabajadores resumían sus exigencias a una renovación
democrática del Parlamento).
Engels
frecuentaba las asambleas y mítines de los cartistas y estableció
relaciones con los dirigentes del ala izquierda. Destacó lo positivo
de este movimiento y criticó sus defectos y errores. Andaba por
los barrios proletarios de la ciudad de Manchester, visitando a
los obreros en sus míseras moradas, sus tugurios y húmedos sótanos.
Animábalos a hablar de su vida, su situación material, sus esperanzas
y aspiraciones. Alguien le facilitaba a ese hijo de fabricante el
contacto con los obreros: Mary Burns, obrera de una fábrica de Manchester.
Estableció
contacto también con los socialistas ingleses partidarios de Robert
Owen (célebre socialista utópico del siglo XIX), los cuales criticaban
agudamente el capitalismo, pero no podían señalar el camino correcto
para arribar al socialismo, ya que no tenían en cuenta la vida real
de la sociedad, ni la lucha de clases y mantenían una actitud tolerante
con la burguesía. Al mismo tiempo colaboró en órganos de prensa,
en los que publicaba artículos sobre el movimiento socialista en
el Continente, dando a conocer a los obreros ingleses la situación
en Francia, Alemania y Suiza; las ideas de los grandes socialistas
utópicos Saint-Simon y Fourier, las teorías anarquistas de Leroux,
de Proudhon y de Weitling. En forma concisa les hablaba de Kant,
de Fichte, de Schelling y de la doctrina de Hegel, cúspide de toda
la filosofía idealista alemana. Al caracterizar las ideas de los
representantes del socialismo utópico francés, así como también
de la filosofía idealista alemana, Engels, a la vez que critica
las debilidades y deficiencias, hace resaltar lo positivo que cada
una de estas ideas ha aportado al tesoro de la cultura mundial.
En
su primera estancia en Inglaterra, Engels llegó a conclusiones realmente
comunistas. Esta importante etapa en la formación de las opiniones
de Engels se reflejó brillantemente en su obra Notas críticas sobre
economía política, publicada en la revista Los Anales Franco-Alemanes,
la cual se editó en París, bajo la redacción de Carlos Marx y Arnold
Ruge, joven hegeliano de izquierda. Esta obra contenía los embriones
de ideas geniales. En ella se sentaron las bases para la crítica
del capitalismo desde las posiciones del proletariado. Engels analizaba,
desde el punto de vista socialista, los fenómenos básicos del régimen
económico contemporáneo, como consecuencia inevitable de la dominación
de la propiedad privada. Marx quedó maravillado por los Ensayos
críticos sobre economía política. Después de su publicación, Marx
y Engels establecieron correspondencia permanente intercambiando
opiniones.
El
resultado de su estudio sobre la vida y la lucha del proletariado
inglés, está expuesto por Engels en su libro La situación de la
clase obrera en Inglaterra, y el mérito principal de esta obra consiste
en haber planteado la importancia del proletariado como clase dirigente
en la revolución.
Las
vías que seguían independientemente Marx y Engels en la ciencia
y en el conocimiento de la realidad circundante, los llevaron a
deducciones análogas y a una misma concepción del mundo: el materialismo
y el comunismo científico.
En
agosto de 1844, llegó Engels a París, de paso en su regreso de Inglaterra
a Alemania. Desde el primer encuentro de Marx y Engels, en Colonia,
habían transcurrido casi dos años.
En
lugar de la fría actitud de reserva mantenida en el primer encuentro,
hubo ahora por ambas partes, una cordial simpatía, debido ante todo,
a una serie de coincidencias de pensamiento y acción. Independientemente
uno de otro habían comenzado a someter a un examen crítico en Los
Anales Franco-Alemanes las concepciones que privaban hasta entonces
en la sociedad y a superar lo anticuado. Ambos habían llegado a
la conclusión de que la clase obrera encarna el futuro de la humanidad.
Allí en París, donde en aquel entonces residía Marx, se produjo
el encuentro que marcó el inicio de una insólita amistad de gran
importancia para la creación de la teoría revolucionaria avanzada
y para la lucha emancipadora de la clase obrera.
Diez
días permaneció Engels en París y así comenzó entre él y Marx una
amistad que los unió para toda la vida. Su creadora colaboración
a lo largo de decenios sólo fue interrumpida por la muerte.
La
primera obra que escribieron en común fue La Sagrada Familia. En
esta obra, Marx y Engels echaron las bases de la nueva concepción
revolucionaria y materialista del mundo. Esta obra iba enfilada
contra los jóvenes hegelianos y contra toda la filosofía hegeliana.
Marx y Engels no se limitan a desenmascarar a los jóvenes hegelianos
como "apóstoles de la nueva filosofía" que se titulaba a sí misma
"crítica crítica". Los fundadores del marxismo someten a una crítica
sistemática la filosofía idealista de Hegel, primer manantial donde
los jóvenes hegelianos se alimentaban. Pero la crítica de la filosofía
hegeliana -la más acabada y sistemática exposición de la concepción
idealista del mundo- cobró las proporciones de una crítica del idealismo
en general. Toda la filosofía idealista anterior, con su oposición
característica de la teoría y la práctica, de la especulación, de
la tendencia a filosofar, como supuesta aspiración "pura" a la verdad,
se vio sometida a la crítica resuelta de Marx y Engels. Y los fundadores
del marxismo sacan a la luz no sólo la inconsistencia teórica del
idealismo, sino también su sentido social, su papel en la lucha
histórica de las clases sociales.
El
idealismo reduce el mundo a categorías lógicas abstractas, pues
busca la esencia de la naturaleza fuera de la naturaleza, la esencia
humana fuera del hombre, y trata de encontrar el objeto de la filosofía
donde no se encuentra, fuera del mundo real, que es el único existente.
Desde
las posiciones de un espíritu proletario de partido, los fundadores
del marxismo revelaron hasta el fin el carácter antipopular e idealista
burgués de la interpretación que los jóvenes hegelianos daban a
la historia como actividad intelectual de "críticos" eminentes.
Los obreros, decía Marx, a diferencia de los "críticos críticos",
comprenden que con el "pensamiento puro" es imposible librarse de
los patronos. "Se dan cuenta muy dolorosamente de la diferencia
que existe entre el SER y el PENSAR, entre la conciencia y la vida.
Saben que la propiedad, el capital, el dinero, el trabajo asalariado,
etcétera, no son quimeras ideales de sus cerebros, sino creaciones
muy prácticas y muy materiales de su autoenajenación, que sólo podrán
ser superadas asimismo de un modo práctico y material..
"
Es imposible liberarse sin lucha de las relaciones materiales reales
que esclavizan al hombre. Frente a las afirmaciones reaccionarias
de los hermanos Baver acerca del papel negativo de las masas en
la historia, Marx y Engels señalan la función revolucionaria de
los trabajadores en la marcha progresiva de la humanidad y destacan
especialmente al proletariado como una clase consecuentemente revolucionaria.
En relación con esto, los fundadores del marxismo recalcan que no
es que ellos transformen a los proletarios en "críticos críticos"
o "dioses". No se trata de lo que este o aquel proletario, o incluso
el proletariado en su conjunto, pueda representarse de vez en cuando
como meta. Se trata de lo que el proletariado es y de lo que está
obligado históricamente a hacer, con arreglo a ese SER suyo. Su
meta y su acción histórica se hallan clara e irrevocablemente predeterminadas
por su propia situación de vida y por toda la organización de la
sociedad burguesa actual".
Estas
tesis nos muestran que, al crear el materialismo histórico, Marx
y Engels ponen de relieve que la conducta de las distintas clases
de la sociedad obedece a causas materiales; la conciencia social
propia de las distintas clases depende de su vida social.
Marx
y Engels formularon en La Sagrada Familia una de las tesis fundamentales
del materialismo histórico y es que no son los héroes, sino las
masas populares quienes verdaderamente crean la historia. Prueban
que en la marcha de ésta, las masas populares cada vez más amplias,
se convierten en artífices conscientes del desarrollo histórico.
Tan
pronto como volvió Engels a Alemania comenzó a trabajar en su obra
La situación de la clase obrera en Inglaterra, con este trabajo
quería, en nombre del proletariado, acusar a la burguesía inglesa
"ante el mundo, de asesinato, de robo y de todos los demás crímenes
en masa y decir claramente a la burguesía alemana que ella era tan
deleznable como la inglesa"
A
la vez que escribía, Engels llevaba a cabo una actividad revolucionaria
práctica. Recorrió diversas ciudades donde hizo contacto con grupos
socialistas. Habló en reuniones para demostrar que el capitalismo
significa un proceso de enriquecimiento de una pequeña minoría y
de empobrecimiento de la inmensa mayoría; señaló además que, como
resultado de esta situación, es inevitable la revolución social
que hará surgir una sociedad nueva, sin explotadores ni explotados.
En
la primavera de 1845, Engels llegó a Bruselas, Bélgica, donde se
encontraba Marx, que había sido expulsado de París por el gobierno
francés.
En
Bruselas, Marx nunca se vio libre de angustias y necesidades. Habiéndose
comprometido por coerción policial a no publicar en Bélgica nada
de actualidad política, quedó privado de toda fuente inmediata de
ingresos.
Entonces
resolvió ayudarle ya desde Barmen su amigo Engels, organizando sin
demoras una colecta de solidaridad entre sus amistades comunes y
correligionarios; él por su parte, concedió a Marx la primera cuota
de sus honorarios cobrados por el libro La situación de la clase
obrera en Inglaterra.
Bruselas
inauguró para Marx y Engels un período de intensa labor científica.
Esta vez acometían juntos la ejecución de dicha tarea. Lo primero
y más importante era ahondar la exposición, ya iniciada en La Sagrada
Familia, de sus ideas sobre el desarrollo de la sociedad humana;
vale decir, el enfoque materialista de la historia.
Con
el propósito de ensanchar sus conocimientos económicos, Marx y Engels
emprendieron un viaje de mes y medio por Inglaterra entre julio
y agosto de 1845. En la venerable biblioteca Chetham de Manchester,
estuvieron revisando literatura difícil de conseguir en el Continente,
sobre el desarrollo socio-económico de Inglaterra.
De
regreso a Bruselas, Marx y Engels se dedicaron a escribir y en cosa
de seis meses completaron un voluminoso manuscrito intitulado La
Ideología Alemana, que fue su segunda obra conjunta.
"Estábamos
obligados -escribió Engels- a razonar científicamente nuestros puntos
de vista, pero considerábamos igualmente importante para nosotros
el ganar al proletariado europeo, empezando por el alemán, para
nuestra doctrina. Apenas llegamos a conclusiones claras para nosotros
mismos, pusimos manos a la obra". Todas sus tentativas de publicar
el libro en Alemania acabaron en fracaso. Ningún editor tuvo el
coraje de imprimir el manuscrito.
Aun
cuando la obra no vio la luz en vida de Marx y Engels, la redacción
de La Ideología Alemana tuvo, con todo, una gran virtud: ayudó a
Marx y Engels a entender mejor y a intercambiar los conocimientos
obtenidos por cada cual, a aplicar a distintos campos del saber
sus novedosas conclusiones. La Ideología Alemana se publicó por
primera vez íntegramente en 1932 en la Unión Soviética.
Como
casi toda la obra de Marx y Engels La Ideología Alemana era un escrito
polémico. Como de toda genuina polémica científica, de ésta sacaron
ambos, nuevas conclusiones. Con enfoque crítico, evaluaban en ese
manuscrito las conquistas más grandes logradas hasta entonces por
el pensamiento europeo de vanguardia: la filosofía clásica alemana,
la economía política clásica de Inglaterra, el socialismo y comunismo
utópicos, así como las doctrinas francesas sobre las luchas de clases.
Tales eran las fuentes de la ciencia internacional que ellos aprovechaban
al elaborar el comunismo científico, poniendo en manos de la clase
obrera mundial la ideología científica que con tanta urgencia necesitaba.
Mientras
que Hegel, sus precursores y discípulos deducían la evolución de
la naturaleza, del hombre y de las relaciones sociales desde la
evolución del espíritu, Marx y Engels hicieron el hallazgo inverso:
que el espíritu se explica desde la naturaleza, desde la materia;
que la conciencia y el pensamiento se engendran en la materia, en
una forma sumamente organizada de la materia, cual es el cerebro
humano. Eso mismo lo había comprobado el materialista Ludwig Feverbach;
pero Marx y Engels llevaron más allá lo descubierto por Hegel y
Feverbach. Despojando de su hojarasca idealista al método dialéctico
hegeliano recogieron lo que era éste en realidad: la ciencia de
las leyes dinámicas más genéricas de la naturaleza, de la sociedad
y el pensamiento; adoptando el materialismo de Feverbach, lo aplicaron
no sólo a la naturaleza, sino también a la sociedad humana. De esa
simbiosis entre dialéctica y materialismo obtuvieron ambos el materialismo
dialéctico.
La
Ideología Alemana es la obra filosófica más importante de entre
todas las que Marx y Engels escribieron en el período de formación
del marxismo. Aquí, en todos los problemas fundamentales, la ideología
proletaria es enfrentada a la ideología burguesa en general y a
la ideología burguesa alemana en particular.
Lo
característico de esa obra es su espíritu de partido, combativo
y militante, unido a su rigor científico, en ella, ofrecen una caracterización
de las formas de propiedad, que se han sucedido históricamente y
que son la base de las relaciones de producción; también exponen
la doctrina de la lucha de clases como fuerza motriz del desarrollo
social, la teoría de las revoluciones y de la revolución proletaria
en particular, en ella también dan por primera vez a su doctrina
el nombre de comunismo científico.
Un
lugar importante en La ideología Alemana corresponde a la crítica
del joven hegeliano Stirner, autor de El único y su propiedad; esta
obra era una de las primeras "exposiciones" teóricas del anarquismo
como doctrina que coloca por encima de todo los intereses del individuo,
y no los de la masa. Stirner exaltaba el egoísmo burgués y el individualismo,
en el que veía la única encarnación de la "conciencia de sí mismo",
la única fuerza creadora y norma valorativa de los fenómenos. Marx
y Engels asestan golpes demoledores al idealismo y al anarquismo
de Stirner y explican que el carácter deformado de la conciencia
social es un fenómeno históricamente sujeto a leyes e inevitable:
en él se reflejan las contradicciones antagónicas de la vida material
propias de la sociedad de clases. De tal modo, también las ilusiones
-que a primera vista parecen algo meramente subjetivo y voluntario-
son de hecho un reflejo de la realidad objetiva. No hay nada en
la conciencia de los hombres que de una manera o de otra no sea
reflejo del mundo objetivo. Esta conclusión, consecuentemente materialista,
la formularon Marx y Engels con las palabras que siguen: "también
las formaciones nebulosas que se condensan en el cerebro de los
hombres son sublimaciones necesarias de su proceso material de vida,
proceso empíricamente registrable y sujeto a condiciones materiales...
No es la conciencia la que determina la vida, sino la vida la que
determina la conciencia".
Esta
tesis de Marx y Engels es de esencial importancia tanto para fundamentar
la concepción materialista de la historia como para la teoría del
conocimiento del materialismo dialéctico, pues la concepción científica
del condicionamiento histórico-concreto de la relación "sujeto-objeto"
permite no sólo comprender el paso de la ignorancia al saber, sino
también explicar las raíces de los inevitables errores en la historia
del conocimiento. A diferencia del materialismo metafísico, Marx
y Engels hacen ver que la conciencia de los hombres es reflejo también
de la existencia social, y no sólo de la naturaleza. El predominio
de unas u otras ideas en la conciencia social es reflejo del predominio
de determinadas fuerzas materiales y clases en la realidad misma.
Dando una interpretación materialista a la esencia del conocimiento,
del pensar, Marx y Engels subrayan la unidad de éste con el lenguaje,
y demuestran que el pensamiento es imposible sin el lenguaje, que
éste es la realidad inmediata del pensamiento.
Basándose
en las leyes objetivas del desarrollo histórico, Marx y Engels demuestran
también en La Ideología Alemana la inevitabilidad del hundimiento
de la sociedad capitalista y argumentan teóricamente la necesidad
de la revolución socialista. Para suprimir la sociedad capitalista,
el proletariado, como cualquier clase que aspira al dominio debe,
ante todo, conquistar el poder político. Esta tesis de Marx y Engels
encierra el germen de su concepción sobre la dictadura del proletariado.
En La Ideología Alemana se esbozan un tanto los contornos de la
futura sociedad comunista.
Por
lo mismo Marx y Engels no eran sabios de gabinete. Veían su misión
en unir el socialismo y el movimiento obrero y convertir su doctrina
en instrumento de transformación revolucionaria del mundo. "Para
que el proletariado sea bastante fuerte y pueda vencer en el momento
decisivo -escribió Engels- es necesario que forme un partido especial,
separado de todos los demás y opuesto a ellos, consciente de sí
mismo como partido de clase". Por eso, es incansable la actividad
de Engels para establecer y afianzar los vínculos entre los participantes
del movimiento revolucionario, democrático y liberador de distintos
países.
En
1843-1844, cuando preparaban la creación del partido comunista del
proletariado, Marx y Engels fijaron su atención en la Liga de los
Justos, organización de obreros alemanes emigrados cuyo centro dirigente
se encontraba en Londres. Marx y Engels realizaron grandes esfuerzos
para convertir esta Liga, que se dedicaba a la propaganda de las
ideas del socialismo utópico, en una organización revolucionaria
obrera de clase.
Bajo
la influencia de los fundadores del marxismo, los miembros avanzados
de la Liga de los Justos van superando sus utópicas concepciones
pequeñoburguesas.
De
conformidad con Marx y Engels, la Liga de los Justos celebró en
el verano de 1847, en Londres, un congreso al que Engels asistió
como delegado de las comunidades de París. El Congreso acordó una
reorganización de la Liga, renunció a su utópica divisa pequeñoburguesa
-"todos los hombres son hermanos"- y la sustituyó con la consigna
revolucionaria proclamada por los fundadores del marxismo: "¡proletarios
de todos los países, uníos!"
Así
nació la Liga de los Comunistas, primera organización revolucionaria
internacional del proletariado que adoptó las posiciones del comunismo
científico. En ese mismo Congreso fueron aprobados unos nuevos estatutos,
que habían sido redactados fundamentalmente por Marx y Engels. Los
estatutos proclamaban como tareas de la Liga el derrocamiento revolucionario
de la burguesía, el establecimiento del poder de la clase obrera
y la creación de la sociedad comunista sin clases.
El
segundo Congreso de la Liga de los Comunistas, reunido a fines de
noviembre y principios de diciembre de 1847, encargó a Marx y Engels
que redactasen el programa del Partido Comunista.
La
primera variante de este programa fueron los Principios del comunismo,
escritos por Engels en forma de preguntas y respuestas. En ellos,
Engels hace una definición materialista de la teoría comunista,
a la que caracteriza como "doctrina de las condiciones de emancipación
del proletariado". A continuación explica el origen histórico del
proletariado y su diferencia de las clases oprimidas que le precedieron,
de los esclavos y siervos, y también de la pequeña burguesía. Por
cuanto las contradicciones de la sociedad capitalista ostentan un
carácter antagónico, irreductible, Engels llega a la conclusión
de la necesidad del derrocamiento revolucionario del capitalismo,
de la burguesía, y se plantea la conquista de la dictadura del proletariado.
Principios del comunismo era uno de los trabajos preparatorios del
Manifiesto del Partido Comunista, escrito por Marx y Engels y adoptado
por la Liga de los Comunistas como programa del Partido.
El
Manifiesto del Partido Comunista (1848) resume todo el proceso de
formación del marxismo y expone las tesis fundamentales de esta
doctrina, que es la concepción científica del mundo del Partido
Comunista. Esta obra clásica constituye un brillante ejemplo de
crítica revolucionaria del capitalismo, de la ideología burguesa
y de las distintas formas del socialismo utópico. Destaca la concepción
de la lucha de clases, que constituye la fuerza motriz de la sociedad
basada en la propiedad privada; es la lucha entre las clases dominantes,
explotadoras, y las clases oprimidas y explotadas. Las revoluciones
sociales son la culminación lógica de esta lucha entre las clases
fundamentales de formaciones sociales históricamente determinadas.
Si la revolución social de la burguesía derribó la dominación de
los señores feudales, la revolución social del proletariado, al
derribar a la burguesía, conduce con fuerza de ley a la dictadura
de la clase obrera. En el Manifiesto del Partido Comunista, Marx
y Engels analizan las leyes de desarrollo de la producción material,
revelan las relaciones entre las fuerzas productivas y las relaciones
de producción y subrayan la necesidad económica de la transformación
comunista de la sociedad. La burguesía ha creado unas fuerzas productivas
más poderosas que todas las clases dominantes anteriores juntas.
Sin embargo, en el curso del desarrollo del modo capitalista de
producción, la burguesía se convierte en un obstáculo para el nuevo
progreso de las fuerzas productivas. Estas últimas, en escala cada
vez mayor, entran en conflicto con las relaciones de producción
capitalista, como lo testimonian las crisis económicas. De este
modo, el propio desarrollo de la producción social condena al capitalismo
a la desaparición, de la misma manera que anteriormente ese desarrollo
condujo a la destrucción de la sociedad feudal.
En
el Manifiesto del Partido Comunista, Marx y Engels destacan al proletariado
de entre las masas oprimidas y explotadas como una clase específica,
que es producto de la gran producción capitalista y portadora del
modo socialista de producción, como la clase a la cual pertenece
el futuro, explican la peculiaridad cualitativa de la lucha que
el proletariado sostiene por su emancipación y sus tareas histórico-universales,
con lo que da base teórica a la necesidad de crear y robustecer
al Partido Comunista proletario. Hacen ver que las tesis teóricas
de los comunistas no se basan en modo alguno en ideas y principios
imaginados e inventados por unos u otros doctrinarios, por "renovadores"
del mundo como eran los utopistas. La teoría revolucionaria del
Partido Comunista no es sino la expresión teórica general del proceso
histórico, que se desenvuelve objetivamente, de la lucha, que tiene
lugar en la realidad, del proletariado contra la burguesía.
El
Manifiesto del Partido Comunista es una exposición de la concepción
materialista dialéctica de la vida social, que demuestra el formidable
significado revolucionario que tiene la aplicación del materialismo
dialéctico al estudio del proceso histórico. Los fundadores del
marxismo ponen de relieve la dialéctica del desarrollo del capitalismo,
que prepara las premisas de su inevitable desaparición. El examen
de los fenómenos de la vida social en sus relaciones recíprocas
e interdependencia, en su movimiento, cambio y su transformación
revolucionaria sobre la base de la lucha de los contrarios; la concepción
materialista de la conciencia social como reflejo de la vida social:
todo esto era un enorme paso hacia delante en el desarrollo creador
de la ciencia filosófica.
Por
eso, como la mayor parte de la inmensa riqueza científica, económica,
social y filosófica del materialismo dialéctico e histórico en especial
las obras conjuntas de Marx y Engels y de manera muy concreta el
Manifiesto del Partido Comunista a 152 años de su creación sigue
teniendo fuerza, vigencia y validez para dar vida y contenido ideológico
a los auténticos proletarios del mundo en su permanente lucha contra
la opresión y explotación capitalista y de manera especial a los
trabajadores revolucionarios de México, donde la política neoliberal,
apoderada de la dirección del gobierno, con el apoyo de la clase
empresarial, del clero político y de las fuerzas reaccionarias de
la ultraderecha encuadradas en el Partido (de) Acción Nacional,
a quien le han cedido en un falso proceso democrático de "cambio",
la Presidencia de la República y gran poder en las Cámaras de Diputados
y Senadores; todos ellos actuando como esbirros del imperialismo
norteamericano han sumido al pueblo de México en la más angustiosa
de las miserias y perspectivas políticas y sociales. Y cuando la
mayor parte de las fuerzas políticas del campo democrático, son
débiles y sumisas frente a los embates y presiones políticas y económicas
de los dueños del gran capital, y que aceptan sus mandatos a condición
de conservar sus posiciones y canonjías. Juntos todos ellos, hacen
aparecer y creer que no hay vías de solución para resolver nuestros
problemas con respeto a la soberanía nacional y nos han metido en
la llamada globalización, que en manos del imperialismo significa
subordinación y sometimiento.
Siguiendo
parte de la vida y actividad de Engels, diremos que en el curso
de los acontecimientos revolucionarios de 1848 y 1849 en Francia,
Alemania, Austria y otros países europeos significaron la primera
gran prueba y confirmación de las tesis de los fundadores del marxismo.
Se imponía una generalización científica de las enseñanzas de las
revoluciones de 1848-1849 para aprovechar sus experiencias en las
futuras batallas de clase. La actividad de Marx y Engels en los
años cincuenta y sesenta se orientó principalmente a cumplir esa
tarea. En ese período, cuando fue desarrollada la teoría de la revolución
proletaria, figuran trabajos de Engels tan famosos como Revolución
y contrarrevolución en Alemania, en el que se exponen los fundamentos
de la doctrina marxista sobre la insurrección armada, y también
La guerra campesina en Alemania, donde Engels demuestra que para
el triunfo de la revolución tiene una importancia decisiva la alianza
del proletariado con los campesinos.
Después
de la derrota de los acontecimientos revolucionarios, se desató
la ofensiva de la reacción y se crearon condiciones extraordinariamente
difíciles para la actividad teórica y política de Marx y Engels.
Sobre ellos cayeron todos los horrores del exilio y de las calamidades
materiales. La sociedad burguesa se vengaba ahora de los jefes del
proletariado privándolos de las más elementales condiciones de subsistencia.
Para librar a Marx y su familia de la miseria y darle la posibilidad
de desplegar la actividad revolucionaria teórica y práctica, Engels
se colocó a trabajar en la casa textil de Manchester de la que su
padre era socio. Este sacrificio de Engels, hecho en aras de la
gran amistad y la causa común de la revolución, ocupa un lugar aparte
en la crónica de su vida. Durante veinte largos años Marx y Engels
se vieron obligados a vivir en distintas ciudades (Londres y Manchester).
Pero su amistad y colaboración se mantuvo a lo largo de todo este
tiempo. Engels ayudó económicamente a Marx y su familia hasta la
muerte de este último.
En
aquel período Marx y Engels seguían en el más íntimo contacto espiritual,
manteniendo correspondencia. Paul Lafargue escribió que Marx y Engels
continuaron juntos en el pensamiento, comunicándose por carta sus
planes e ideas, tanto por lo que se refiere a los acontecimientos
políticos de actualidad y a la táctica de la lucha de clase del
proletariado como a sus ocupaciones científicas. En la correspondencia
cruzada entre ambos no hubo rama de la ciencia y de la política
que no se tocase. Para Engels era una alegría grande los encuentros
con Marx, que de cuando en cuando iba a verle a Manchester. Y el
día que llegaba Engels a Londres era una verdadera fiesta en el
hogar de Marx.
Durante
su segunda estancia en Manchester, Engels escribe diversos trabajos
sobre cuestiones militares, que le interesan vivamente. Engels fue
el primer especialista del proletariado revolucionario en cuestiones
militares y su primer teórico de esta rama.
En
Manchester, Engels se dedicó también a ampliar sus conocimientos
de idiomas. Fue en este campo un verdadero políglota; hablaba y
escribía con soltura doce idiomas, y leía en cerca de veinte. Estudiar
un idioma no era para él simplemente asimilar su técnica, sino que
presuponía conocer sus peculiaridades, su origen y su evolución,
en conexión con la historia del pueblo, su cultura, literatura,
etcétera. El conocimiento de gran número de lenguas le permitió
abordar los problemas generales de la lingüística y de la filología
comparada, y crear, además, una sólida base marxista para el estudio
de dichas ciencias.
Entre
1872-1883 son años de la vida de Engels rebosantes de intensa actividad
teórica y práctica revolucionaria. Fueron los últimos años junto
a Marx.
En
este período, Marx y Engels trasladan el centro de su atención a
la ayuda en la creación de partidos proletarios y en su preparación
para los futuros combates revolucionarios. Ayudan a los cuadros
dirigentes del partido a elaborar el programa, a determinar la estrategia
y la táctica. En sus artículos y cartas explican la necesidad de
asimilar creativamente la teoría proletaria tomando en cuenta la
situación histórica concreta y el nivel de desarrollo del movimiento
obrero en cada país. En esta época la labor teórica de Engels es
intensa, resalta en primer término su trabajo en el Anti-Dühring,
publicado por primera vez como una serie de artículos en las páginas
del periódico socialdemócrata Vorwärts (Adelante) (1877-1878). En
este libro Engels no deja piedra sobre piedra de las pretensiones
teóricas del socialista pequeñoburgués Eugen Dühring, cuyas ideas
se habían extendido entre una parte de los socialdemócratas alemanes.
La idea central, que preside toda la obra, es la defensa consecuente
de la filosofía materialista contra cualesquiera concesiones al
idealismo y a la religión. La obra significó un importante progreso
en el desarrollo del marxismo como ciencia de las leyes del desarrollo
de la naturaleza y de la sociedad, como ciencia de la transformación
revolucionaria del mundo.
El
Anti-Dühring constituye un modelo de defensa resuelta de la concepción
científica del mundo y de los intereses del proletariado revolucionario,
un modelo de intransigencia marxista con respecto a las deformaciones
seudocientíficas y al oportunismo político.
Este
trabajo de Engels, en el que aparece toda la riqueza ideológica
del comunismo científico, ha sido y sigue siendo una valiosísima
fuente para el estudio del marxismo y un arma poderosa para la lucha
contra sus enemigos. Es sobre todo grande el papel que desempeñó
en la divulgación del marxismo, el folleto Del socialismo utópico
al socialismo científico, escrito por Engels sobre la base de tres
capítulos del Anti-Dühring.
Engels,
al mismo tiempo que realizaba una gran labor de propaganda del marxismo
y lo defendía contra los ataques de los enemigos, continuaba su
profundo estudio de las ciencias naturales y de las matemáticas
que había empezado a ratos, ya en Manchester. Engels manifestaba
constante interés por diversas ciencias naturales, seguía atentamente
el desarrollo de la física, la química y la biología. Engels se
dedicó después de 1872 a trabajar en la Dialéctica de la Naturaleza
que, a pesar de haber quedado inconclusa, es una obra admirable
por la profundidad y riqueza de pensamiento. Sintetizando los últimos
avances de las ciencias naturales, Engels reveló su verdadero significado
y sentido filosófico, demostró que el materialismo dialéctico es
la base metodológica de las ciencias sociales y naturales.
La
Dialéctica de la Naturaleza de Engels es un modelo de marxismo
militante combativo; toda ella se halla penetrada del espíritu del
materialismo militante, del espíritu de partido en filosofía. En
ella se muestra con toda nitidez la creadora visión de Engels ante
los problemas de las ciencias naturales. Engels no se limita a rechazar
las tesis reaccionarias de sus adversarios; frente a ellas expone
su solución de los problemas filosóficos de la ciencia que habían
sido adulterados por los idealistas y metafísicos. Tal es la posición
que adopta respecto a la clasificación de las ciencias, al origen
de la vida humana, al movimiento cíclico de la materia en el universo
y a otros muchos problemas trascendentales de las ciencias de la
naturaleza en aquel tiempo, la interpretación filosófica de las
cuales, dada por Engels, sigue siendo sustancialmente valedera en
nuestros días.
A
Engels pertenece la definición del objeto de las ciencias naturales.
"El objeto de las ciencias naturales es la materia en movimiento,
son los cuerpos. Los cuerpos son inseparables del movimiento: sus
formas y especies se pueden conocer únicamente en movimiento; de
los cuerpos fuera del movimiento, fuera de toda relación con otros
cuerpos no se puede decir nada. Unicamente en el movimiento revela
el cuerpo lo que es. Por eso, las ciencias naturales sólo conocen
los cuerpos al considerarlos en su relación recíproca, en movimiento.
El conocimiento de las distintas formas del movimiento es justamente
el conocimiento de los cuerpos. Así, pues, el estudio de las diversas
formas del movimiento es el objeto principal de las ciencias naturales".
En
esta definición queda expresada con toda claridad una de las tesis
fundamentales del materialismo: la que nos habla de los vínculos
indisolubles entre la materia y el movimiento, de que el movimiento
es la forma de existencia de la materia.
Tienen
gran importancia las tesis de Engels sobre los problemas de las
formas del movimiento y de las transiciones recíprocas de unas formas
de movimiento en otras.
Las
diversas ciencias naturales las examina Engels en una conexión consecuente,
disponiéndolas en el orden que sigue: en primer lugar se encuentra
la mecánica, luego la física, a continuación la química y, finalmente,
la biológica. Estas cuatro disciplinas abarcan las ramas más importantes
de las ciencias naturales de aquel entonces. Cada una de ellas,
según Engels, se ocupa de formas concretas del movimiento de la
materia: la forma mecánica, la física, la química y la biológica.
Al poner estas ciencias naturales en una conexión consecuente y
al poner de relieve las transiciones de una a otra, Engels resolvía
desde las posiciones de la dialéctica materialista el problema general,
planteado por el desarrollo científico de aquel entonces, de la
clasificación de las ciencias, problema del que hasta entonces nadie
había alcanzado a dar la solución.
"Las
transiciones -escribía Engels- tienen que operarse por sí mismas,
tienen que ser transiciones naturales. Así como una forma de movimiento
se desarrolla partiendo de otra, así también tienen que brotar de
un modo necesario, una de la otra, sus imágenes reflejas, las diferentes
ciencias".
Engels
subraya las diferencias cualitativas que hay entre las formas del
movimiento, su complicación y desarrollo, que va desde la forma
más simple, inferior (el desplazamiento mecánico, según las ideas
científicas de la época), hasta formas cada vez más complejas y
elevadas. Al decir de Engels, "el movimiento, aplicado a la materia,
es cambio en general". "El movimiento... concebido como una modalidad
o un atributo de la materia, abarca todos y cada uno de los cambios
y procesos que tienen lugar en el universo, desde el simple desplazamiento
de lugar hasta el pensamiento".
Partiendo
de la idea del desarrollo de la naturaleza, del reconocimiento de
la concatenación universal y la capacidad de recíproca transformación
de todas las especies de la materia y de todas sus formas de movimiento,
Engels muestra que, en un próximo futuro, dentro de las ciencias
naturales habían de pasar a un primer plano justamente las investigaciones
que hasta entonces permanecían a la sombra o a las que no se concedía
beligerancia alguna; que la elaboración no había de afectar a la
física y a la química tal como antes se comprendían, como ciencias
asiladas una de otra, sino a terrenos completamente nuevos, no estudiados
hasta entonces, de la transición de una ciencia a otra, al terreno
de su penetración recíproca, y en este caso concreto a la química
física.
Tiene
gran significación filosófica el punto de vista de Engels acerca
del origen de la vida, problema que él relaciona con la definición
de la vida misma: "la vida es el modo de existencia de los cuerpos
albuminoideos..." De conformidad con esta concepción de la vida,
el problema de su aparición en la Tierra se reduce a determinar
las condiciones bajo las cuales el proceso de complicación de las
combinaciones orgánicas (compuestos de carbono) lleva, por vía química,
a la formación de cuerpos albuminoideos.
"La
química va acercándose cada vez más a la solución de este problema...
crear cuerpos albuminoideos a partir de sustancias inorgánicas...
Hasta ahora ésta puede obtener toda sustancia cuya composición conozca
exactamente. Tan pronto llegue a conocerse la composición de los
cuerpos albuminoideos podrá abordarse la obtención de la albúmina
viva".
Desde
que estas palabras fueron escritas, la ciencia ha dado grandes avances
por la vía que Engels señalaba. Tienen singular importancia los
trabajos de los biólogos y bioquímicos contemporáneos que investigan
el origen de la vida y estudian el aspecto físico-químico de la
herencia. La idea fundamental de Engels -que la vida surgió por
vía química a partir de la naturaleza inorgánica- sirve de base
a la actual hipótesis materialista acerca del origen de la vida
sobre la Tierra.
En
el ensayo El papel del trabajo en la transformación del mono
en hombre, que forma parte de la Dialéctica de la Naturaleza
Engels demostró el papel decisivo del trabajo en la estructuración
del organismo humano, en el surgimiento del lenguaje, en la formación
de la sociedad humana.
El
14 de marzo de 1883 dejó de existir Carlos Marx, con quien Engels
estuvo unido durante cuatro decenios por sólidos lazos de amistad,
fecunda colaboración y actividad revolucionaria conjunta. Tras la
muerte de Marx, Engels consagró el resto de su vida a concluir la
obra interrumpida por la enfermedad y desaparición física de Marx;
él solo, durante doce años, continuó siendo maestro y consejero
del proletariado internacional. Además fue titánico el trabajo de
Engels en la preparación y publicación del segundo tomo de El Capital,
que terminó en 1885. La preparación del tercer tomo le llevó a Engels
trabajar durante diez años.
En
los doce años que vivió Engels después de Marx, escribió un gran
número de artículos y publicó dos libros, de gran importancia teórica:
-El origen de la familia, de la propiedad privada y del Estado y
Ludwig Feverbach y el fin de la filosofía clásica alemana- que enriquecieron
el acervo del marxismo con nuevas ideas y planteamientos.
El
origen de la familia, de la propiedad privada y del Estado,
significó un enorme paso en el estudio de los problemas de la
interpretación materialista de la historia. Engels expone en la
obra el pasado remoto de la sociedad humana, sienta los fundamentos
de las familias y las etapas y formas de su desarrollo.
Lo
principal en la obra, su médula, es el análisis histórico de las
condiciones del surgimiento, evolución y futura extinción del Estado.
Sobre la base del análisis de las épocas anteriores de la historia
humana, empezando por la sociedad primitiva, análisis en el que
cada frase se ha escrito partiendo de numerosos datos históricos
y políticos, Engels pone en claro el proceso de la formación de
las clases, del origen del Estado, su papel en la lucha de clases,
sus particularidades y formas en las distintas fases de la evolución
histórica.
En
1888, apareció su trabajo Ludwig Feverbach y el fin de la filosofía
clásica alemana, donde, de una forma concisa, Engels describe
el nacimiento y la evolución de la filosofía marxista, sus relaciones
con la filosofía anterior y hace una exposición profunda de los
principios fundamentales del materialismo histórico y dialéctico,
caracterizó las fuentes filosóficas del marxismo, reveló las profundas
contradicciones existentes en la doctrina de Hegel y mostró lo limitado
del materialismo de Feverbach...
"EL
GRAN PROBLEMA CARDINAL DE TODA
LA FILOSOFIA, ESPECIALMENTE DE LA MODERNA, ES EL PROBLEMA DE LA
RELACION
ENTRE EL PENSAR Y EL SER..."
F.
ENGELS.
Engels
estaba convencido de que la clase obrera, dirigida por sus partidos
revolucionarios y basándose en la teoría del comunismo científico,
cumplirá su misión histórica: se emancipará y librará a toda la
humanidad de la presión social y política y de las guerras, edificará
la sociedad comunista.
Por
eso es necesario y reconfortante aprender de la vida, obra y actividad
de Federico Engels, el cofundador del materialismo dialéctico e
histórico, quien no perdonaba jamás la hipocresía y que consideraba
como el defecto más imperdonable no ser fiel a su partido y para
quien el sentido del deber y la disciplina de partido eran de las
cualidades más elevadas de la contextura moral de los hombres.
"...
El nombre y la vida y obra de Engels deben ser conocidos por todo
obrero..." "Sobre todo en esta época difícil, sombría para muchos
pueblos de la Tierra, especialmente para los trabajadores, cuando
el imperialismo ensoberbecido y brutal arrecia más que nunca su
desprecio y proyecta su fuerza hegemónica y depredadora sobre pueblos
enteros que sucumben, entre otras causas por la cobardía y traición
de sus dirigentes". Cuando no pocos, en el mundo practican un "oportunismo
sin límites" y "reniegan de lo que hasta ayer juraron defender",
cuando el pensamiento irracional, presentado como "buena nueva"
todavía camina triunfante por el mundo, el ejemplo de la brillante
y enérgica lucha de Engels es un aliento para los proletarios de
todos los países, que unidos -a pesar de procesos regresivos- finalmente
vencerán.
Asimilando
y aplicando creadoramente sus ideas podemos recoger su optimismo
y podemos parafrasear al maestro Vicente Lombardo Toledano, discípulo
de Engels, que solía decir: "los revolucionarios estamos condenados
a la victoria". .
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