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I.INTRODUCCION
A
partir de 1982 se inició el llamado cambio estructural de la economía
que, según sus promotores, convertiría a nuestro país en exportador.
Lo anterior, habría de permitir la debida inserción de México en
la economía internacional, superar los rezagos derivados del modelo
de sustitución de importaciones y, sobre todo, contribuir a elevar
la calidad de los empleos y el nivel de los salarios, todo lo cual
redundaría en un mejor nivel de vida de los mexicanos y en la estabilidad
económica, social y política de México.
Después
de 18 años de haberse iniciado este proceso, es evidente que se
ha reorientado parte del aparato productivo hacia las exportaciones.
Sin embargo, los anunciados beneficios no se han hecho presentes,
al menos para la inmensa mayoría de los mexicanos que siguen sufriendo
las consecuencias, tanto de las crisis económicas, como de las políticas
implementadas para superarlas.
El
presente trabajo tiene como finalidad, analizar los cambios económicos
realizados para orientar la producción de nuestro país al mercado
externo, lo que incluye la suscripción de múltiples tratados, particularmente
el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá en 1994,
el papel de las exportaciones en esta etapa, los efectos que ello
ha traído para el conjunto de la economía, las consecuencias sociales
derivadas del nuevo esquema y lo que podemos esperar los mexicanos
en los próximos años.
II. LOS CAMBIOS ESTRUCTURALES DE LA ECONOMIA, A PARTIR DE 1982
En
los años 70, México estaba inmerso en un esquema de crecimiento
hacia adentro, las exportaciones representaron solamente el 5 por
ciento del Producto Interno Bruto (PIB). A partir del gobierno de
Miguel de la Madrid (1982-1988), se iniciaron profundos cambios
en la economía, que dieron inicio a una nueva estrategia de desarrollo,
basada en el control de una serie de variables macroeconómicas,
así como en las exportaciones manufactureras privadas. La liberalización
de las importaciones, la privatización de empresas paraestatales,
la mayor presencia del sector privado y la política de puertas abiertas
al capital extranjero, son los elementos más importantes del nuevo
proyecto.
En
1983 se dieron los primeros pasos de apertura hacia el exterior,
al reducir el número de fracciones arancelarias sujetas al permiso
previo de exportación; en 1986, se firmó la inclusión de México
en el Acuerdo General de Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT);
en 1987 se establecen, en el Pacto para la Estabilidad y el Crecimiento
Económico (PECE), otras reducciones arancelarias y en 1988, aranceles
preferenciales para importaciones de países latinoamericanos. Debido
a esas medidas, la tasa arancelaria promedio de la economía mexicana
se redujo de 16.4 por ciento en 1982, a 9.5 por ciento en 1989.
A
principios de los años 80, las exportaciones aún estaban concentradas
en el petróleo, que representaba el 77.6 por ciento del total. El
32.4 restante estaba integrado, en gran medida, por productos primarios
con bajo grado de elaboración, como el camarón congelado y el café
crudo en grano. En 1988, la estructura de nuestras exportaciones
se había modificado de manera significativa, ya que las petroleras
se habían reducido al 34.6 por ciento y en el 65.4 restante se encontraban
productos con un alto valor agregado, como los provenientes de la
industria automotriz.
Desde
hace muchos años, el principal receptor de nuestras ventas al exterior
es el mercado estadounidense.En
1982, recibía la mitad de nuestras exportaciones y en 1988 el 65.9
por ciento del total. Mientras tanto, a Canadá le vendíamos tan
sólo el 2.8 por ciento de nuestras exportaciones en 1982 y en 1988
habíamos reducido ese porcentaje, a tan sólo el 1.35 del total.
En
1982, nuestra relación con los países de América Latina no era mejor,
a Nicaragua, le vendíamos el 0.6 por ciento; a Costa Rica el 0.34,
a Colombia el 0.22, a Chile el 0.05 y a Bolivia el 3.29. En 1988,
México había obtenido un incremento significativo en sus ventas
a esas naciones, excepto a Nicaragua, ya que disminuyó nuestro comercio
con ella, casi un 90 por ciento.
En
la década de los 90 se inicia la firma de acuerdos y tratados comerciales:
el Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos y Canadá;
algunos con países de América Latina y, en este año, los suscritos
con Israel y con la Unión Europea. Lo anterior ha permitido el ingreso
de nuestro país a nuevos mercados y propiciado el incremento de
nuestras ventas al exterior, lo que ha redundado, de manera significativa,
en el crecimiento de nuestro comercio exterior y convertido a México
en el país latinoamericano que tiene el mayor número de acuerdos
comerciales firmados. Para México, estos 18 años han significado
un cambio radical en su intercambio comercial: de una política proteccionista
de su mercado interno, dio paso a una política de intensa apertura
al exterior.
III. EL TRATADO DE LIBRE COMERCIO
CON AMERICA DEL NORTE Y SU
IMPACTO EN LA ECONOMIA MEXICANA
Sin lugar a dudas, el eje actual de esa política, es el Tratado
de Libre Comercio (TLC), que entró en vigor en 1994 y que significó
para nuestro país, el pasar a formar parte de uno de los mercados
más grandes del mundo. Ello propició que de 1994 a 1998 las exportaciones
hacia Estados Unidos crecieran 140 por ciento.
Lo
anterior se debió, en gran medida, al hecho de que la economía estadounidense
ha presentado la expansión más prolongada de su historia, desde
la Segunda Guerra Mundial. De 1993 a la fecha, generó un importante
crecimiento del PIB, más de 22 millones de empleos, el incremento
del ingreso de la población, tanto de los deciles más ricos como
de los más pobres y también de los salarios reales, a una tasa que
duplica la de la inflación.
La
entrada en vigor del TLC, coincidió con esa expansión económica,
lo que permitió la penetración de las exportaciones mexicanas a
los Estados Unidos sin generar mayores problemas políticos y económicos
en este último país, aunque no dejaron de oírse las quejas del sector
laboral que vio amenazadas algunas de sus fuentes de empleo.
Ese
escenario externo favorable ha permitido, hasta el presente, el
crecimiento de la economía mexicana. Esto es importante para comprender
el impacto del TLC, ya que las exportaciones se han convertido en
uno de los segmentos más dinámicos de la economía, desde finales
de la década de los 80, tal como lo refleja su participación relativamente
alta y creciente en el PIB. Sin embargo, también es importante señalar
que la economía mexicana ha tenido fuertes oscilaciones que no le
han permitido recuperarse en términos de PIB por habitante, ni superar
los niveles de inicios de la década de los 80. En otro escenario,
con una eventual recesión económica en los Estados Unidos, la relación
comercial entre los dos países, con seguridad hubiera sido mucho
más tortuosa y compleja políticamente.
En
términos generales el TLC ha sido exitoso -incluso mucho más de
lo estimado-, pero solamente para el capital financiero internacional
y un sector de la economía mexicana. El crecimiento de las exportaciones
a los Estados Unidos es, en promedio, de una tasa anual de 19 por
ciento y la inversión extranjera directa (IED) aumentó mucho más
de lo esperado: acumuló 58 mil 979 millones de dólares durante el
período 1994-1998, con una participación promedio de los Estados
Unidos del 54.36 por ciento.
El
TLC ha sido fundamental para la nueva dinámica exportadora de México
y para el creciente grado de integración de la economía mexicana
a la estadounidense. Prueba de ello, es que las industrias automotriz
y electrónica, ambas en manos del capital extranjero, son las que
han permitido el crecimiento exportador y de la economía en su conjunto,
lo que se ha reflejado en el superávit comercial que ha obtenido
nuestro país desde 1995. Pero también, son las que le han permitido
aumentar, a la economía norteamericana, su grado de competitividad
frente a las economías asiáticas.
Las
5 empresas que más exportan en la actualidad (28 mil millones de
dólares en 1999), son: la paraestatal Pemex con casi 10 mil millones,
seguida de las empresas extranjeras de la rama automotriz, General
Motors, Chrysler y Volkswagen, con 5 cada una, y la IBM con 3.
Esta
información es, sin embargo, insuficiente para realizar un estudio
profundo sobre los efectos del TLC en nuestro país. Toda la disponible,
no permite llegar a conclusiones que establezcan relaciones directas
entre el comercio internacional, el PIB, la IED, el empleo y los
salarios reales.
Además,
la crisis de 1994, que se generó cuando apenas se iniciaba el TLC,
provocó la contracción de la economía y una brusca devaluación del
peso que dificulta el análisis objetivo, del impacto del TLC en
la economía de México.
No
obstante lo anterior, sí podemos afirmar que el TLC es parte de
la estrategia económica neoliberal y que existen tendencias, macroeconómicas
y sectoriales suficientes, para presentar conclusiones preliminares
sobre sus efectos en la economía mexicana, a más de 6 años de su
entrada en vigor.
En
términos generales, las principales tendencias de la economía, a
partir de 1990 y, sobre todo, a partir de 1994, son las siguientes:
Las
exportaciones. Las exportaciones mexicanas se han convertido
en el componente más dinámico del PIB durante la década de los 90
y, sobre todo, desde 1995. En este aspecto, no se puede ignorar
que la brusca devaluación del peso en 1994 y la política cambiaria
que propicia su paulatina y permanente devaluación, han sido de
las principales causas de esta dinámica.
La
tasa de crecimiento promedio anual de las exportaciones es de un
15 por ciento, 10.5 para 1990-1993 y 18 para 1994-1998. Destaca,
asimismo, que las manufacturas se han convertido en el rubro más
dinámico de las exportaciones y que han aumentado su participación
en forma significativa. Las actividades, relacionadas con la industria
automotriz, electrónica y de confecciones, acaparan la mayor parte
de las exportaciones mexicanas. La concentración, en estas actividades,
ha ido en constante ascenso durante la década de los 90 y particularmente
a partir de la entrada en vigor del TLC.
También
las importaciones mexicanas han tenido una dinámica relevante. En
consecuencia, la balanza comercial de bienes -sin incluir a la maquila-,
y particularmente el sector manufacturero, han reflejado un déficit
constante. Por lo tanto, una de las principales características
de este sector es su alta dependencia de importaciones para crecer
en términos económicos y para llevar a cabo las exportaciones, incluso
antes del TLC. Esta tendencia refleja la falta de vinculación del
sector manufacturero con el resto de la economía.
Por
su parte, la balanza comercial total acumulada ha sido positiva
durante algunos años del período, sobre todo, como resultado de
la relación comercial con los Estados Unidos. Sin embargo, el que
las importaciones también presenten una fuerte aceleración, de 12.1
por ciento, propició que en 6 de los 8 años, la tasa de crecimiento
promedio anual de las importaciones fuera superior a la de las exportaciones;
sin embargo, para el período en su conjunto es inferior, como resultado
del desplome de las importaciones en 1995.
Las
exportaciones mexicanas se encuentran altamente concentradas. Un
pequeño grupo de empresas -entre 264 y 312-, sobre todo extranjeras
-entre 54 y 78-, concentra el 51.86 por ciento de las exportaciones
mexicanas. Si se incluyen las de maquila -3 mil 130 empresas-, que
representan el 41.49 de las exportaciones totales, resulta que el
resto de la economía participa con apenas 6.65.
Son
entonces, empresas extranjeras y de capital mayoritario extranjero,
las que permiten el aumento de las exportaciones en su conjunto.
Ese pequeño grupo incrementa su participación en las exportaciones
totales de 14.36 por ciento en 1993 a 19.15 en 1998, mientras que
las nacionales reducen su participación de 35.76 por ciento en 1993
a 24.33 en 1998.
El
comercio de México con los Estados Unidos Desde la entrada en vigor
del TLC, las exportaciones mexicanas aumentan la dinámica de crecimiento
que mantenían desde inicios de la década. Las exportaciones a los
Estados Unidos continúan creciendo con tasas de dos dígitos desde
1994, con excepción de 1998, año en el que aun para una serie de
países, incluyendo a Canadá y Japón, estas tasas son negativas.
Desde esta perspectiva, los Estados Unidos no son sólo el principal
destino de las exportaciones mexicanas, sino también el mercado
que absorbe el 91.19 por ciento del aumento de éstas, a partir de
1994.
El
TLC y la relación bilateral con los Estados Unidos también han sido
significativos desde otra perspectiva. Históricamente, la economía
mexicana ha tenido altos déficit comerciales, pero éstos se han
logrado reducir notablemente como resultado de los altos y crecientes
superávit comerciales con los Estados Unidos.
Los
Estados Unidos, también aumentan su participación en las importaciones
mexicanas de 69.06 por ciento en 1994 a 74.34 en 1998, y absorben
83.45 del aumento de las importaciones para 1994-1998.
Estas
tendencias, combinadas con la recuperación de la economía mexicana
en su conjunto y con el aumento de las importaciones, han vuelto
a generar un déficit comercial desde 1998. Las tendencias anteriores
reflejan que los Estados Unidos se han consolidado como el principal
destino de las exportaciones mexicanas y han absorbido la mayor
parte de su reciente aumento durante la década de los 90 y particularmente
desde 1994, a tal grado, que México se ha convertido en el tercer
exportador a los Estados Unidos y el primero en cuanto a electrónica
y confecciones.
Frente
al incremento de las importaciones y exportaciones entre los Estados
Unidos y México, es importante destacar el tipo de comercio que
ha aumentado durante el período, y en especial, desde la entrada
en vigor del TLC. Una de sus características esenciales es su modalidad
de comercio intraindustria e incluso intrafirma, particularmente
en sectores con una alta participación de empresas transnacionales,
como la industria automotriz y la de partes para automóviles, la
electrónica y la de confección, entre otros. Las tendencias señaladas
son relevantes en el sentido de que señalan el comercio intraindustria
y probablemente intrafirma, como una de las principales fuentes
del aumento del comercio de México con el mundo y particularmente
con los Estados Unidos.
V. LAS CONSECUENCIAS SOCIALES
DEL TLC
La
creciente y profunda integración de un segmento de la economía mexicana
a la estadounidense, implica una creciente dependencia de la primera
respecto de las oscilaciones coyunturales y de largo plazo de la
segunda. Particularmente sensible es el sector de maquila, pero
también el comercio intraindustria e intrafirma, lo que en situaciones
críticas de la economía norteamericana se reflejará con singular
dramatismo en la economía de nuestro país y, consecuentemente, en
las condiciones de vida de los mexicanos.
Al
respecto, en el debate sobre el TLC se generaron una serie de expectativas,
particularmente en torno a la generación de empleos, el aumento
de salarios reales y, en general, en lo que respecta al aumento
del nivel de vida en México, que rebasaban con mucho las estimaciones
más positivas. El contraste de estas expectativas con las tendencias
actuales que han limitado la integración de las micro, pequeñas
y medianas empresas nacionales al proyecto, ha generado desencanto
en un importante segmento de la población mexicana y un impacto
negativo en alrededor de 18 millones de personas. Mientras tanto,
el ya mencionado y relativamente pequeño segmento exportador de
la economía mexicana, ha crecido en forma importante.
Por
ello, en primer lugar, debe quedar claro que el TLC no resolverá
los problemas estructurales de la economía mexicana, como la generación
de empleos, el encadenamiento de las actividades exportadoras con
el resto de la economía y el aumento de los salarios reales, en
forma significativa. Por el contrario, el TLC, agrava la polarización
de la economía mexicana que se había iniciado a finales de la década
de los 80.
Las
empresas exportadoras, particularmente las extranjeras, realizan,
en el contexto de la economía mexicana, fuertes inversiones de capital.
Esto explica su discreta participación en el empleo. En promedio,
aportaron 3.41 por ciento del empleo nacional durante 1993-1998.
Las empresas que concentran 93.35 por ciento de las exportaciones
-alrededor de 3 mil 400 incluyendo maquiladoras- sólo participan
con 5.65 por ciento del empleo nacional. Para el mismo período la
población ocupada en México aumentó en 8.5 millones de personas,
mientras que las principales empresas exportadoras, incluyendo las
maquiladoras, sólo crearon 822 mil empleos. Como resultado, 90.36
por ciento del empleo generado durante 1993-1998 estuvo a cargo
de empresas desvinculadas, o con muy poco vínculos, con el comercio
exterior.
También
es relevante señalar algunas tendencias en torno a los salarios
reales. Desde 1980 han descendido constantemente -tanto los mínimos
como los de la industria manufacturera-, y esta tendencia no se
ha revertido con la entrada en vigor del TLC. Es significativo,
que en ambos casos, se encuentren en la actualidad, muy por debajo
de sus niveles de principios de la década de los 80.
Los
salarios reales de empresas como la electrónica, son, en términos
absolutos, superiores a los de la media de la economía mexicana.
Sin embargo, considerando su limitada participación en el conjunto
de la economía, no son suficientes para elevar los salarios en general.
Es más, los salarios reales en estas actividades han disminuido
desde 1994. De hecho, la economía mexicana, desde 1994, no se ha
recuperado en forma significativa con respecto al PIB por habitante
y a los salarios reales.
Además,
el estudio de las empresas electrónicas y de computación, refleja
que operan con porcentajes muy altos de insumos importados, lo que
no contribuye a su integración con las empresas nacionales e impide
el proceso de difusión tecnológica, de conocimientos y de aprendizaje.
La
polarización de la economía también se refleja en el sector agrícola,
en el cual, un grupo de productos, particularmente frutas y hortalizas,
se han beneficiado con el TLC, mientras que la mayor parte del sector,
todavía no se ha ajustado a las nuevas condiciones e incluso tiene
pocas posibilidades de hacerlo.
Por
otra parte, todavía persisten otros importantes rezagos como la
fragilidad de la economía, un sector financiero incapaz de brindar
financiamiento al sector productivo y crecientes limitaciones para
vincular los sectores dinámicos y exportadores de la economía con
el resto de la misma, particularmente con las empresas y sectores
orientados hacia el mercado nacional.
VI.
OTROS TRATADOS
Para
complementar su política de comercio exterior, nuestro país también
ha suscrito acuerdos comerciales con otras naciones: en 1992 el
Acuerdo de Complementación Económica México-Chile; en 1995 el Tratado
de Libre Comercio con Colombia y Venezuela; en la misma fecha sendos
tratados con Costa Rica y Bolivia; en 1998 un tratado de Libre Comercio
con Nicaragua; el 29 de junio el Tratado de Libre Comercio con el
Triángulo del Norte: El Salvador, Guatemala y Honduras, este primero
de julio el Tratado de Libre Comercio, que forma parte del Acuerdo
de Asociación Económica, Concertación Política y Cooperación, que
regulará en el futuro las relaciones comerciales entre México y
la Unión Europea (UE) y el TLC con Israel.
Por
otra parte, los países miembros del Mercado Común del Sur (Mercosur)
-Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay- acordaron iniciar las negociaciones
para crear un área de libre comercio, con la contraparte mexicana.
Caso
aparte lo constituye China, que sin suscribir un acuerdo comercial
con nuestro país, tuvo la necesidad, para ingresar a la Organización
Mundial de Comercio (OMC), de negociar con diverso países, entre
ellos México, acceso a mercados para bienes y servicios. En el caso
de nuestro país, aceptó el mecanismo antidumping y de salvaguardas,
lo cual es importante porque no provocará distorsiones para el mercado
mexicano.
En
lo referente al acceso a mercados, el gobierno Mexicano obtuvo de
China rebajas arancelarias en 140 productos donde existe un interés
prioritario para exportar, ya que habrá una reducción arancelaria
del 100 al 15 por ciento. Algunos de los productos negociados son:
productos del mar, vegetales, fruta, azúcar jugo de naranja, café,
cerveza, cemento, tabaco químicos, caucho, vidrio, hierro y acero,
automóviles y autopartes. También se pidió que China otorgara el
reconocimiento de la denominación de origen del tequila y del mezcal.
Para México es de suma importancia que China asuma los acuerdos
de la OMC y así mantener una relación comercial dentro de un marco
de competencia sana y regulada. Sin embargo, el ingreso de China
a la OMC traerá enormes consecuencias principalmente para la pequeña
y mediana empresa, esencialmente la vinculada a la industria del
sector juguetero, textil, calzado, metal-mecánico y herramientas,
ya que los precios que ofrece la nación asiática son su principal
ventaja.
VII.
CONCLUSIONES
Considerando
la enorme y cada vez mayor dependencia de la economía mexicana,
respecto del mercado y de las inversiones norteamericanas, así como
el hecho de que el crecimiento económico de Estados Unidos tendrá
necesariamente que detenerse en un plazo relativamente breve, es
necesario avizorar el impacto que esa realidad tendrá en la economía
de México.
Una
de las primeras consecuencias será la de generar una importante
limitación al ritmo del crecimiento de las exportaciones y, en consecuencia,
al ritmo de crecimiento de la economía en su conjunto.
Ello
impedirá que, como sucedió entre 1994 y 1998, las exportaciones
dupliquen su participación en el PIB . Tampoco podrá mantener el
superávit con los Estados Unidos, lo que unido al saldo negativo
que mantiene con las demás economías del mundo, habrá de llevarnos
a una elevación sustancial del déficit, a niveles mucho mayores
que antes de la entrada en vigor del TLC.
Desde
esta perspectiva, debe quedar suficientemente claro que el TLC,
y en general, la política exportadora y de suscripción de acuerdos
comerciales con otros países, no resuelve, ni a corto, ni a mediano,
ni a largo plazo los retos estructurales económicos y sociales de
México.
Lo
más probable, es que los únicos beneficiarios del modelo exportador
sigan siendo el reducido número de empresas, particularmente extranjeras
y el capital financiero internacional que las posee y que la polarización
económica y social se profundice y agudice en los próximos años,
lo cual contravendría uno de los principales supuestos que sirvieron
para tratar de justificar el llamado cambio estructural: la estabilidad
económica, social y política de México. .
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