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Pinareños;
Compatriotas de toda Cuba;
Distinguidos invitados:
El vecino imperio vive tiempos electorales. Ya se sabe quienes son
los candidatos a la presidencia del gobierno de Estados Unidos,
nuestro porfiado, prepotente y soberbio adversario. En la dura y
prolongada lucha por la devolución del niño secuestrado, pudimos
conocer a todos los aspirantes a ese codiciado cargo. No hubo uno
solo que por elemental decencia y sentido de la justicia apoyase
los derechos del niño y su padre. Buscando desesperadamente los
magros votos de la mafia anexionista cubano-americana, y en especial
sus abundantes fondos, apoyaban a los secuestradores o exhortaban
cínicamente a la deserción del padre, un humilde, honesto e insobornable
trabajador cubano.
En
ese país, donde en determinadas circunstancias históricas hubo candidatos
con las profundas convicciones de Lincoln, la sabiduría de un estadista
como Roosevelt en tiempos realmente difíciles para su país y el
mundo, o la ética nacida de sinceras convicciones religiosas de
un hombre como Carter -digno tal vez de mejor suerte frente a la
galopante inflación derivada de la guerra aventurera de Vietnam
y la crisis energética-, surgieron personalidades que despertaron
gran interés dentro y fuera de Estados Unidos.
Pero nunca tal vez, en tiempos tan complejos y caóticos como los
que vive hoy la humanidad, se enfrentaron dos candidatos tan aburridos
e insípidos, carentes de aval histórico y de criterios y principios
sólidos, como los que hoy compiten por el mando de la superpotencia
hegemónica en un mundo unipolar y globalizado. No poseen siquiera
la inquietud sincera por determinados problemas sociales, la sagacidad
intelectual y la cultura personal de Clinton, pese a las vacilaciones
y errores de éste.
Cualquiera
de ellos que alcance la presidencia manejará mortíferas armas y
tendrá en sus manos el maletín nuclear, y mucho más que un emperador
de la antigua Roma, será dueño de la guerra y de la paz en el mundo.
Cuando
en Estados Unidos uno de los candidatos logra el control mayoritario
de los delegados de una de las dos grandes fracciones del sistema
político dominante en ese país, en el que suelen invertir cientos
de millones de dólares, se inicia el proceso final de la contienda.
Primero
está el rito de encontrar a un vicepresidente. Lo escoge, por supuesto,
el candidato, ajustado a conveniencias y tácticas absolutamente
electorales. Viene después la pomposa ceremonia de postulación presidencial,
y nada menos que un supuesto programa de gobierno que no tiene siquiera
valor alguno como mandato o norma de conducta ética o política;
por lo general es un simple compendio de estados anímicos, intereses
de grupos, componendas, poses y frases destinadas a endulzar los
oídos de uno u otro sector electoral, en medio de una feroz pugna
en la que cada cual quiere mitigar imputaciones de excesivamente
liberales o conservadores que ambas fracciones se lanzan entre sí.
Nadie espere sinceridad, sentido de responsabilidad con el país
o con el mundo, o expresión alguna de conocimientos profundos, verdadera
cultura política y conciencia de los graves problemas que enfrenta
la humanidad.
Ahora
acaba de concluir la llamada Convención Republicana, nada menos
que en Filadelfia, que fue sede de la famosa Declaración de Independencia
de 1776. Realmente aquellos dueños de esclavos que se rebelaron
contra el colonialismo británico, si bien no abolieron el oprobioso
sistema esclavista que se mantuvo aún durante casi un siglo -y la
discriminación racial tiene todavía profundas raíces en la sociedad
norteamericana-, eran al fin y al cabo portadores de muchas de las
ideas políticas más avanzadas de aquellos tiempos.
La
Convención Republicana, que acaba de reunirse en Filadelfia bajo
la dirección de su ilustre candidato, a pesar de que la mera idea
de crear un escudo antimisil rompiendo acuerdos internacionales
de gran trascendencia conmovió recientemente a la opinión mundial,
lo primero que hizo fue anunciar el propósito de llevar a cabo un
considerable aumento del presupuesto de las Fuerzas Armadas con
destino a investigaciones militares, su desarrollo, y la construcción
de un escudo antimisiles que cubra toda la nación, con una red de
radares que podría detectar misiles enemigos en ruta hacia el territorio
de Estados Unidos y derribarlos en pleno vuelo.
Los
que así opinan no son capaces de comprender que esa política conduciría
a un rechazo internacional total, incluido el de Europa, y atraería
como un imán a todos los amenazados por una estrategia que los dejaría
desarmados ante Estados Unidos. Una nueva, peligrosa y costosísima
carrera armamentista se desataría de inmediato, y nada podría impedir
la proliferación nuclear y de otras armas de destrucción masiva.
Los
autores del proyecto conocen bien que algo más de la mitad de los
norteamericanos, todavía confundidos y no suficientemente informados
sobre el complejo problema, creen que tal solución es la que más
conviene a los intereses de seguridad y paz del país. El candidato
republicano con esa posición extrema, opuesta a cualquier propuesta
más sensata y razonable por parte de su oponente, sería presentado
ante el electorado como el hombre fuerte, previsor y duro que Estados
Unidos necesita frente a todo peligro imaginario o real. Esa es
la buena nueva que obsequiaron a todos los habitantes del Planeta
desde Filadelfia.
El
programa anexionista de Estados
Unidos con respecto de América
Latina y el Caribe. El papel que
le asigna a México**
¿Qué ofrece en particular para América Latina y el Caribe el flamante
programa? Hay una frase que lo dice todo: "el próximo siglo estadounidense
debe incluir a toda América Latina". Esa simple línea no significa
otra cosa que la proclamación del derecho de posesión sobre América
Latina y el Caribe.
De
inmediato se añade: "En coordinación con el Congreso, (el presidente)
trabajará con democracias claves de la región, como Argentina, Brasil,
Chile y sobre todo México". No aclaran si gobiernos tipo Pinochet,
o Juntas Militares como las que en Argentina desaparecieron a decenas
de miles de personas tras una serie de golpes de Estado que fueron
promovidos por anteriores gobiernos republicanos, y con cuyos regímenes
brutalmente represivos cooperaron estrechamente, estarán incluidos
en el siglo estadounidense de que hablan.
Llama
la atención la frase "y sobre todo México", país al que arrebataron
ya la mitad de su territorio en una guerra expansionista e injustificable.
Es evidente la clara idea de implementar primero la anexión económica
y la subordinación política total de ese país a Estados Unidos,
y hacer lo mismo más adelante con el resto de los países de nuestra
región imponiéndoles un Tratado de Libre Comercio fundamentalmente
favorable a los intereses norteamericanos, del que no escaparía
ni un pequeño islote del Caribe. Desde luego: libre circulación
de capitales y mercancías, ¡nunca de personas! Estados Unidos no
se puede llenar de indios, negros ni mestizos. Tampoco de latinoamericanos
blancos, porque no son de pura sangre aria y ninguno escapa de la
sospecha de ser portador de genes extraviados que pertenezcan al
genoma de otra raza humana. Ni el Ku-Klux Klan ni otros fervientes
y crecientes admiradores de la cruz gamada lo permitirían.
Como
es de suponer, en el leonino programa de Filadelfia, según los cables,
a Cuba le correspondió una parte sustancial del apartado sobre Latinoamérica:
"nuestras relaciones económicas y políticas cambiarán cuando el
régimen cubano libere a todos los prisioneros políticos, legalice
las protestas pacíficas, permita la oposición política, la libre
expresión y se comprometa a elecciones democráticas". Para los autores
de este demagógico engendro, libertad y democracia es lo que se
practica en un sistema caduco y corrupto en que sólo el dinero decide
y elige, y en el que un candidato a la presidencia llega a serlo,
de forma relampagueante, como heredero de un trono vacante, únicamente
explicable por la poderosa influencia del padre y por contar con
donaciones millonarias de quienes esperan grandes privilegios del
nuevo gobernante, algo que está a muchos años luz de lo que soñaban
los que fundaron ese país hace más de dos siglos.
Otro
cable informa: "el programa, aparte del apoyo activo a los enemigos
de la Revolución, incluye la transmisión de programas informativos
desde Estados Unidos hacia el país caribeño". Es decir, se proponen
continuar con la inmundicia que propalan las estaciones subversivas
contra Cuba desde territorio de Estados Unidos; continuará el ultraje
de seguir usando en las emisiones oficiales del gobierno de Estados
Unidos el nombre glorioso y sagrado para nuestro pueblo de José
Martí.
Los
cables señalan textualmente que "los miembros de la delegación de
Florida dijeron en rueda de prensa que el lenguaje final de la declaración
fue resultado del trabajo de los representantes del Estado del principal
enclave del voto de los estadounidenses de origen cubano en Estados
Unidos, que es mayoritariamente republicano".
En
conferencia de prensa, el histérico Díaz Balart chilló eufórico:
"éste es un lenguaje sin precedentes. Nunca antes el Partido Republicano
había hecho un compromiso tan amplio". No pueden olvidar la colosal
y aplastante derrota que la mafia cubano-americana acaba de recibir
y de la cual no podrá volver a recuperarse nunca.
Por
su parte, Ileana Ros, la loba feroz que envolvió a Elián en la bandera
de las barras y las estrellas, declaró alborozada que los republicanos
son "el Partido que promueve la democracia". ¡Mentira! ¡Pura y desvergonzada
mentira! Hay republicanos que promueven hasta el fascismo, pero
hay muchos republicanos que son personas decentes y no comparten
ni apoyan esa "democracia" de extrema derecha, de terroristas y
violadores de la ley en la que cree la mencionada dama, y que son
capaces de secuestrar, atormentar y explotar políticamente durante
muchos meses a un niño inocente de seis años de edad.
Un
cable procedente de Filadelfia del 31 de julio comunicó que la plataforma
del Partido Republicano sostuvo que "Estados Unidos, bajo la presidencia
de George Bush, debe reforzar la política hacia Cuba con el apoyo
activo a los disidentes en la Isla". Y continúa después: "aunque
el documento mantiene básicamente la misma política, deja en claro
su abierto apoyo a los opositores de Fidel Castro". ¡Muy bien, excelente!
No hará falta alguna probar lo que todo el mundo conoce en nuestro
país: el mercenarismo y el carácter traicionero de los exiguos grupúsculos
que en nuestra patria trabajan a sueldo del imperio. Para nada toman
en cuenta sus torpes amos que éstos, después de siete meses de incesante
batallar del pueblo cubano contra los hechos repugnantes de la mafia
anexionista y la extrema derecha de Estados Unidos, han quedado
como peces en una piscina vacía.
"La
política de Estados Unidos hacia Cuba debe estar basada en principios
sólidos", sostuvo el texto que alude a Cuba en el capítulo titulado
Vecindario de las Américas. ¡Hay que tener cara dura para llamar
principios sólidos a los gases que emanan de la pestilente cloaca
que es la mafia terrorista y mercenaria de Miami!
Para
culminar la montaña de basura contenida en la plataforma republicana,
se afirma finalmente: "Los republicanos creen que los Estados Unidos
deben adherirse a los principios establecidos por la Ley de Ajuste
Cubano de 1966, la cual reconoce los derechos de los refugiados
cubanos que escapan de la tiranía comunista". ¡Excelente! No habrá
que explicar mucho más a los cubanos las razones del Juramento de
Baraguá y la necesidad de proseguir, sin tregua ni descanso, nuestra
lucha contra la política cavernaria que se reitera contra Cuba.
"Del
prestigio de la política imperial no quedará ni polvo. Denunciaremos
y demoleremos sistemáticamente, una a una, su hipocresía y sus mentiras"
Es
evidente que no tienen siquiera idea de la clase de pueblo que se
ha forjado en estos cuarenta años de Revolución.
Nuestro
mensaje llegará a todos los rincones de la Tierra, y nuestra lucha
será ejemplo. El mundo, cada vez más y más ingobernable, luchará
hasta que el hegemonismo y el avasallamiento de los pueblos sean
totalmente insostenibles.
Ninguno
de los jefes del imperio que resulte electo debe ignorar que Cuba
exige el cese total de la Ley asesina de Ajuste Cubano y de las
criminales legislaciones que llevan los tristemente célebres nombres
de Torricelli y Helms-Burton, del bloqueo genocida y la guerra económica
(exclamaciones); que sus autores, promotores y ejecutores son reos
del delito de genocidio definido y sancionado por los tratados internacionales
suscritos por Estados Unidos y Cuba; que en este caso, como país
víctima, sus tribunales tienen jurisdicción sobre los hechos.
No
deben olvidar que, aun sin haberse establecido demandas de indemnización
por daño moral, que pueden ser cuantiosas, el gobierno de Estados
Unidos adeuda ya más de 300 mil millones de dólares al pueblo cubano
por daños humanos ocasionados con su invasión mercenaria de Playa
Girón, su guerra sucia y otros muchos crímenes, y por los efectos
económicos del bloqueo, conforme a sentencias firmes, establecidas
de forma absolutamente legal, mediante procedimientos judiciales
en los que por soberbia y cobardía moral de las autoridades de Estados
Unidos no se dignaron siquiera enviar a quienes debían representarlas
en el proceso.
Tampoco
deben hacerse ilusiones sobre la posición de Cuba si algún día las
relaciones de Estados Unidos con nuestro país llegasen a ser tan
normales como las que hoy existen con otros países socialistas como
China y Viet Nam. No guardaremos silencio ante ningún crimen, agresión
o injusticia que se cometa contra los pueblos. Nuestra batalla de
ideas no cesará mientras exista el sistema imperialista, hegemónico
y unipolar, convertido en azote para la humanidad y amenaza mortal
para la supervivencia de nuestra especie (exclamaciones de:
"¡Fidel, aprieta, que a Cuba se respeta!")
Es
creciente el número de millones de norteamericanos que toman conciencia
de los horrores del orden económico y político impuesto al mundo.
Ya los que hasta hoy manejaban a su antojo los destinos humanos,
no pueden reunirse en Seattle o en Washington para las sucias políticas
de la OMC o el Fondo Monetario Internacional, porque un número creciente
de miles y decenas de miles de norteamericanos rodean la sede de
los encuentros, a los cuales reprimen de forma brutal con métodos
de violencia y odio que recuerdan las represiones de las tropas
de asalto hitlerianas o la brutal policía de Pinochet.
La
Revolución Cubana no sólo confía en la integridad moral y la cultura
patriótica y revolucionaria de su pueblo y en el instinto de conservación
de la especie humana, amenazada en su propia supervivencia; cree
y confía también en el idealismo tradicional del pueblo norteamericano,
al que sólo pueden conducir a guerras injustas y agresiones bochornosas
sobre la base de groseros engaños. Cuando la demagogia y la mentira
hayan sido derrotadas, el mundo tendrá en los propios ciudadanos
de Estados Unidos excelentes aliados, como sucedió a raíz de aquella
repugnante guerra que costó la vida de millones de vietnamitas y
de más de 50 mil jóvenes norteamericanos, o como acaba de suceder
con su noble apoyo a un niño y a una familia cubana, víctimas de
brutal crimen por parte de una banda de malhechores que, habiéndose
acogido a la hospitalidad de ese país, arrastrados por el odio y
la frustración, terminaron pisoteando y quemando la bandera de Estados
Unidos -algo que jamás ocurrió en Cuba revolucionaria a pesar del
bloqueo y los crímenes cometidos por los gobiernos de ese país contra
nuestro pueblo.
Los
cambios en la política del gobierno de Estados Unidos con relación
a Cuba tienen que ser unilaterales, porque el bloqueo y la guerra
económica contra Cuba por parte de los que dirigen ese país son
unilaterales.
Ninguna
población del mundo ha logrado tales avances en tan breve tiempo
y en medio de constantes agresiones, el bloqueo y la guerra económica
que nos han impuesto.
Compatriotas:
Pinar del Río fue hasta el triunfo de la Revolución la provincia
más pobre de Cuba. Sus tierras eran propiedad de grandes latifundistas.
En ninguna otra provincia de nuestro país aparceros y arrendatarios
pagaban cifras tan altas por su uso. Muchos debían entregar como
mínimo el 30 por ciento de sus cosechas. Era conocida como la Cenicienta
de Cuba. Como ya les conté una vez, años después del triunfo revolucionario,
un estudiante de medicina me dijo: "ya no es la Cenicienta; ya es
la princesa".
De
16 unidades asistenciales mal atendidas, que compartían la asistencia
médica con un centenar de consultas privadas, pasó a 125.
De
248 médicos, 25 estomatólogos y 50 enfermeros y auxiliares, pasó
a 3,473 médicos, 569 estomatólogos y 5,702 enfermeros y auxiliares,
que prestan servicios gratuitos a toda la población.
De
60.5 niños fallecidos por cada mil nacidos vivos pasó a 6.5, cifra
inferior a la de Estados Unidos.
De
53 años, la esperanza de vida pasó a 76.5.
De
30 por ciento de analfabetismo en mayores de 10 años pasó prácticamente
a cero.
De
un promedio de dos grados de escolaridad pasó a nueve. De 1,710
maestros y profesores pasó a 18,816.
De
un presupuesto para la educación de 5 ó 6 millones pasó a 113 millones.
De
33 mujeres con título universitario pasó a 22,940.
De
541 profesionales universitarios pasó a 46,500.
De
25 instituciones culturales pasó a 171.
De
42 instalaciones deportivas pasó a 604.
El
desempleo se redujo de 30% al 4%.
Me
he limitado sólo a unos pocos datos en aspectos sociales muy importantes
para la vida del ser humano: salud, educación, cultura, deporte,
empleo.
Sus
facultades universitarias, sus instituciones científicas con más
de 200 Doctores y Masters en Ciencias, sus unidades hospitalarias,
recreativas, deportivas y de protección de ancianos, y la total
seguridad social de sus ciudadanos, han transformado la faz humana
de la que fuera la Cenicienta de Cuba. Esto ha ocurrido igualmente
en todo el país, desde la Punta de Maisí hasta el Cabo de San Antonio.
Ninguna población del mundo ha logrado tales avances en tan breve
tiempo y en medio de constantes agresiones, el bloqueo y la guerra
económica que nos han impuesto.
Ningún
asesinato político, ninguna ejecución extrajudicial, ni un solo
desaparecido, ni una sola persona torturada -hechos que tienen lugar
en muchas partes del mundo, incluido Estados Unidos- han tenido
lugar jamás en Cuba a lo largo de 41 años de Revolución. Eso lo
saben todos nuestros compatriotas, hasta los niños de preescolar.
Casi
la mitad de nuestro Parlamento está constituida por delegados de
circunscripción propuestos y electos por los vecinos, sin intervención
alguna del Partido. La totalidad de los miembros de ese órgano supremo
del Estado es postulada por las asambleas municipales, integradas
en cada municipio por sus respectivos delegados de circunscripción.
Todos los miembros de nuestro Parlamento, que a su vez elige al
Poder Ejecutivo y al Poder Judicial de la nación, deben ser electos,
sin excepción alguna, con cifras superiores al 50 por ciento de
los que ejercen el derecho al sufragio en votación secreta y directa.
Ni un solo fusil custodia los colegios electorales; son nuestros
pioneros quienes cuidan las urnas con igual eficiencia con la que
han cuidado la Oficina de Intereses de Estados Unidos en tribunas
abiertas y grandes marchas combatientes en las proximidades de sus
edificaciones, sin que un solo cristal haya sido jamás roto.
Pues
bien: a todo cuanto he mencionado el imperialismo llama violación
de los derechos humanos. Por ello, el país que tal proeza humana
llevó a cabo es bloqueado, hostilizado y agredido de mil diversas
formas. Por haber alcanzado tan altos logros somos hoy el único
Estado del mundo sometido a tan feroz acoso por el gobierno de Estados
Unidos, que es a su vez la única y la más rica y poderosa superpotencia
que existe en el mundo.
Cuán
vanas son las ilusiones que se hacen los que acaban de proclamar
la continuidad de la cínica y criminal política que describí al
comienzo de mis palabras.
¡Necios!
¿No comprenden que Cuba es inexpugnable, que su Revolución es indestructible,
que su pueblo no se rendirá ni se doblegará jamás?
Desde
aquí, desde esta provincia donde el Titán de Bronce culminó en Mantua
su colosal hazaña de la invasión que iniciara en los Mangos de Baraguá,
les respondemos: ¡necios! ¿No comprenden que Cuba es inexpugnable,
que su Revolución es indestructible, que su pueblo no se rendirá
ni se doblegará jamás? (Exclamaciones) ¿No se percatan de que las
raíces de nuestro patriotismo y nuestro internacionalismo están
tan arraigadas en nuestras mentes y nuestros corazones como los
imponentes mogotes pinareños de roca ígnea lo están en las entrañas
volcánicas de esta parte de una isla que se llama Cuba, rodeada
hoy por la aureola de haber resistido invicta casi 42 años de bloqueo
y agresión por parte de la potencia más poderosa que ha existido
jamás?
Nos
defiende la fuerza de nuestro prestigio y nuestro ejemplo, el acero
indestructible de la justicia de nuestra causa, el fuego inapagable
de nuestra verdad y nuestra moral, la doble e inexpugnable trinchera
de piedra y de ideas que hemos erigido.
Por
ello, señor Bush, si llega a convertirse en jefe de lo que ya no
es ni puede llamarse república sino imperio, con espíritu de sincero
adversario le sugiero que recapacite, deje a un lado la euforia
y las calenturas de su Convención, y no corra el riesgo de convertirse
en el décimo presidente que pasa de largo contemplando con amargura
estéril e innecesaria una Revolución en Cuba que no se doblega ni
se rinde ni puede ser destruida (aplausos y exclamaciones de: "¡Viva
Fidel!, ¡Fidel, amigo, el pueblo está contigo!").
Sé
muy bien lo que usted en momentos de irreflexión ha dicho a sus
íntimos e indiscretos amiguitos de la mafia cubano-americana: que
el problema de Cuba usted lo puede resolver muy fácilmente, en clara
referencia a los métodos de la época siniestra en que la Agencia
Central de Inteligencia era utilizada directamente en planes de
asesinato contra los dirigentes de nuestro país. Por no compartir
esa concepción tan estrecha del papel de los individuos en la historia,
lo exhorto a no olvidar que por cada uno de los jefes revolucionarios
que usted decidiera eliminar por esa vía, hay en Cuba millones de
hombres y mujeres capaces de ocupar su puesto, y todos juntos son
muchos más que los que usted pueda eliminar y los que su inmenso
poder político, económico y militar pueda vencer.
Pinareños,
acreedores al merecido honor de ser sede para la conmemoración del
47 Aniversario del 26 de Julio: Frente al cínico programa de Filadelfia,
renovemos una vez más lo que juramos en Baraguá:
"¡La
Ley de Ajuste Cubano debe cesar! (Exclamaciones de: "¡debe cesar!")
"¡La
Ley Helms-Burton debe cesar! (Exclamaciones de: "¡debe cesar!")
"¡La
Ley Torricelli debe cesar! (Exclamaciones de: "¡debe cesar!")
"¡Las
enmiendas introducidas de contrabando en muchas leyes del Congreso
de Estados Unidos para agravar los sufrimientos de nuestro pueblo,
deben cesar! (Exclamaciones de: "¡deben cesar!")
"¡El
bloqueo en su conjunto y la criminal guerra económica contra Cuba
deben cesar! (Exclamaciones de: "¡deben cesar!")
"¡Las
amenazas, las campañas subversivas, los planes de desestabilización
deben cesar!" (Exclamaciones de: "¡deben cesar!")
"¡Y
a su debido tiempo, ya que no constituye objetivo prioritario en
este instante aunque sí justísimo e irrenunciable derecho de nuestro
pueblo, el territorio ilegalmente ocupado de Guantánamo debe ser
devuelto a Cuba!" (Aplausos y exclamaciones de: "¡viva Fidel!, ¡Viva
la Revolución!, ¡Cuba sí, yanquis no!")
¡Y
todo ello sin condición alguna! (Aplausos y exclamaciones de: ("¡viva
Cuba libre!")
Pinareños:
¡Felicidades!
Compatriotas de toda Cuba:
¡Patria o Muerte!
¡Venceremos!
(Ovación) .
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