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LOS CAMBIOS QUE MÉXICO
REQUIERE Y EL PAPEL DE LA
IZQUIERDA EN LA NUEVA
CORRELACIÓN DE FUERZAS

Por Cuauhtémoc AMEZCUA DROMUNDO

México requiere de cambios con urgencia, que impliquen la recuperación plena de la autodeterminación de los mexicanos, del ejercicio real del derecho de decidir por nosotros mismos qué queremos, cómo y cuando lo queremos, porque sin autodeterminación no hay libertad, ni democracia, ni justicia, ni equidad. Y todo ello nos lo han arrebatado las políticas del neoliberalismo rapaz, impuestas por el imperialismo. México está urgido de cambios, de fondo y con un sentido de progreso.

Una perspectiva así de cambios no existe como resultado del reciente proceso electoral y la consecuente sustitución de Ernesto Zedillo en el Ejecutivo, por Vicente Fox.

Quienes acudieron a sufragar, en su mayoría lo hicieron por el cambio, que en la conciencia popular se reflejaba sobre todo como el rechazo a los frutos de las políticas públicas que han imperado durante las últimas dos décadas, las de la etapa de los presidentes formalmente surgidos del PRI, pero en los hechos distantes, incluso enfrentados, a todo lo que de positivo pudo tener el priísmo histórico, desvinculados del todo de la Revolución Mexicana y del nacionalismo; admiradores del american way of life y partidarios de una "modernización" de tipo cosmopolita; adoradores del "mercado" y del libre flujo de mercancías y capitales; enemigos de la intervención del Estado en la economía, línea de pensamiento y conducta que motejan despectivamente como estatismo; privatizadores a ultranza; opuestos a toda forma de protección de los derechos sociales y, en general, de los intereses de los sectores populares, a pretexto de que la defensa de esos derechos e intereses implica caer en el populismo y el paternalismo autoritario. Todo eso, se tradujo en la práctica en carestía y pobreza creciente, en desempleo, en pérdida de la calidad de vida, en corrupción que alcanzó niveles nunca antes vistos y, por contrapartida, en concentración de recursos hasta niveles faraónicos en las manos de unos pocos potentados, y en pérdida de soberanía para la Nación.

Por eso, la conciencia popular demandaba un cambio, aunque a los ojos de las mayorías no pudiera precisarse su orientación y contenido, a causa de que como nunca antes, durante todo el proceso electoral y previo, predominaron condiciones de desinformación, despolitización y desculturación política y, al mismo tiempo, de mercantilización de la difusión sobre los temas políticos y sociales.

El equipo encargado del diseño y manejo de la imagen de campaña de Fox, quien fuera electo con el voto de 27 de cada 100 ciudadanos empadronados, usó como frase central de campaña el cambio, pero tuvo el cuidado de nunca precisar cómo lo concebía ni, en concreto, qué se comprometía a cambiar su candidato y en qué sentido, en materia de políticas públicas y rumbo nacional. El modo en que se condujo su campaña logró que un sector de la población se ilusionara, dando cada cual su propio contenido, en la medida de sus aspiraciones personales y sociales a esa promesa de cambio hecha en abstracto.

Sin embargo nada en la conducta de Fox apunta ni remotamente a que su ejercicio gubernamental pudiera dirigirse hacia una democracia real, en la que el pueblo mande; ni hacia la edificación de una sociedad justa en la distribución del ingreso; tampoco hacia la recuperación de una Patria soberana. Por el contrario, todo indica que, a pesar de que llega formalmente postulado por un partido distinto, será el cuarto gobernante neoliberal, continuador y encargado de profundizar en lo ya realizado en ese camino por Miguel de la Madrid, Carlos Salinas de Gortari y Ernesto Zedillo.

Los cuatro personajes, tres llegados formalmente a través del PRI y uno por el Partido de Acción Nacional, (PAN) han venido a cumplir el postulado de Richard Lansing, hecho hace tres cuartos de siglo: "México es un país extremadamente fácil de dominar porque basta con controlar a un solo hombre: el presidente. Tenemos que abandonar la idea de poner en la presidencia mexicana a un ciudadano americano, ya que eso llevaría otra vez a la guerra. La solución necesita de más tiempo, debemos abrirles las puertas de nuestras universidades a los jóvenes mexicanos ambiciosos y hacer el esfuerzo de educarlos en el modo de vida americano, en nuestros valores y respeto en el liderazgo de Estados Unidos. México necesita administradores competentes. Con el tiempo estos jóvenes llegarán a ocupar puestos importantes y se adueñarán de la presidencia, sin necesidad de que Estados Unidos gaste un centavo ni dispare un tiro. Harán lo que queramos y lo harán mejor y más radicalmente que nosotros".

Sin embargo, la ausencia de perspectiva de cambios a favor del pueblo y la Nación en el proceso electoral recién concluido no es sólo responsabilidad de Fox y su partido. De hecho, los electores carecieron de alternativa.

Francisco Labastida, postulado por el Partido Revolucionario Institucional, (PRI) también habló del cambio y dijo que el que ofrecía sería con rumbo, al tiempo que calificó al de Fox como cambio en reversa. Su oferta se vio contradictoria dado el apoyo que a la luz pública obtuvo de parte del presidente neoliberal, Ernesto Zedillo, y de todo el conjunto tecnocrático, aun desde la contienda interna del PRI, cuando con tales apoyos se enfrentó a los otros aspirantes, particularmente a los que con franqueza poco usual en ese partido sometieron a crítica severa al neoliberalismo y sus resultados, como lo hicieron Manuel Barttlet y Roberto Madrazo. En esas condiciones y en el marco de un proceso electoral despolitizado y mercantilizado, como nunca antes en la historia de México, inducido el voto a través de los medios de difusión, Labastida tuvo menor credibilidad y sólo logró el voto de 23 de cada 100 ciudadanos empadronados.

Al ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas, postulado por segunda vez por el Partido de la Revolución Democrática, (PRD) hay que reconocerle que modificó su lenguaje en los últimos meses previos a las elecciones, retomando uno parecido al que usó en 1988 y que desde seis años antes había abandonado para "correrse al centro", atendiendo a la recomendación de quienes le rodearon al surgir ese nuevo partido. Retomó un lenguaje parecido al nacionalista y popular que enarboló como candidato del Frente Democrático Nacional y pasó a enjuiciar con severidad al PAN y a su candidato, Vicente Fox. Sin embargo, apenas unos pocos meses atrás se expresaba elogioso sobre ambos y los llamaba a entablar una alianza para ir unidos en el proceso electoral, comprometiendo su apoyo mutuo. Así, Cárdenas se reveló oportunista e incongruente a los ojos de los electores.

En estas circunstancias, los ciudadanos no tuvieron opciones reales.

Ahora bien, luego de concluido el proceso electoral, el cambio que el pueblo busca, el que desea y por el que ha luchado secularmente , sin embargo puede irse perfilando, a pesar de las condiciones difíciles que se observan. Un requisito para que pueda darse implica revertir la correlación de fuerzas, por hoy adversa, y para ello es indispensable el reagrupamiento y la recomposición de todo el conjunto de las de carácter progresista y antineoliberal que por hoy están dispersas y hasta enfrentadas. Reagrupamiento y recomposición que, para que pueda tener solidez y porvenir, debe darse en torno a un programa de reivindicaciones de contenido progresista, nacionalista y popular, colectivamente discutido y consensuado.

Un programa político, económico y social claro, que en esencia debe ser una versión renovada de aquél que inspiró las luchas de nuestro pueblo por la Independencia, la Reforma y la Revolución Mexicana de 1910. Una versión actualizada, con la misma esencia y respuestas concretas nuevas, adecuadas a los problemas que nos plantea, en esta etapa, la realidad que es siempre cambiante. Este programa debe proponer entre otras cuestiones medulares, las siguientes:

La reinserción de México en el concierto de las naciones en pie de soberana igualdad, y no de subordinación, como ha venido siendo con los neoliberales.

La salvaguarda de la identidad cultural y la integridad nacional, y no su enajenación y destrucción, como se ha venido impulsando desde el gobierno en los últimos lustros.

El avance hacia la integración política con los pueblos hermanos de América Latina y el Caribe.

La solidaridad plena con todos los pueblos en lucha por emanciparse del imperialismo, por romper con el neoliberalismo y seguir su propia vía de desarrollo, en vez de que el jefe del Ejecutivo tenga como aspiración suprema la de convertirse en vocero oficioso del capital financiero transnacional y de los gobiernos de las grandes potencias, como ha ocurrido con Ernesto Zedillo.

El desenvolvimiento de nuestras fuerzas productivas propias, en vez de su aniquilación y entrega a los capitales extranjeros.

La distribución equitativa del ingreso, en sustitución de la economía concentradora que ha imperado en los tres últimos sexenios, fabricante de insultantes fortunas, un puñado, y, a cambio, responsable de las carencias de lo indispensable por parte de más de ochenta millones de compatriotas.

La instauración de una verdadera democracia en la que el pueblo mande y los gobernantes sean "siervos de la Nación", como dijera José María Morelos, y no sirvientes dóciles del capital financiero internacional, como ha sido el caso, sobre todo, de Carlos Salinas de Gortari y Ernesto Zedillo, y se prefigura el de Vicente Fox.

¿Qué fuerzas pueden concurrir a esa recomposición que reencauce el camino de México? Todas las del campo progresista, patriótico y popular.

En el campo progresista sigue estando el sector mayoritario del PRI, constituido por quienes se asumen como corriente ideológica y política surgida de la Revolución Mexicana y comprometida con sus ideales; sector que ha sufrido una enorme erosión, diríase, en todos los órdenes, luego de tres sexenios de recibir agresiones desde todos los frentes, pero sobre todo provenientes del grupo tecnocrático neoliberal, que son los que más daños le han infligido. Sin embargo, es un grupo respetable, significativo y con perspectiva en el porvenir.

En ese mismo campo progresista está también el sector mayoritario del PRD, que se asume a favor de la lucha de los mexicanos por la soberanía e independencia plena, la democracia y la equidad social. Por ello sería lógico -y la posibilidad existe-, que coincidieran en las cuestiones fundamentales con el contingente mayoritario del PRI, que enarbola esos mismos ideales, y que ambos hicieran de lado las cuestiones que los separan, que son más bien del ámbito de la política menor.

Muchos otros componentes potenciales de ese vasto campo patriótico y progresista, forman filas en otros contingentes o no están organizados.

Dentro de todo este conjunto, una necesidad insoslayable y urgente es la de reconstruir y desarrollar la izquierda que México necesita en esta etapa de su vida y con la cual por hoy no cuenta.

Una izquierda que reúna estas características esenciales: que sea franca y honesta, que no se avergüence ni abdique de los principios del marxismo y de todo el pensamiento revolucionario universal, que son patrimonio de la humanidad; que no se disfrace de "centro" ni coquetee con el neoliberalismo; que se asuma enraizada en nuestra historia y dispuesta a abrevar en el legado de las luchas seculares de nuestro pueblo; que formule propuestas frescas viables y sustentadas, para resolver los grandes problemas de nuestro tiempo con un profundo sentido nacionalista y popular; que sea capaz de unirse en un solo frente común con todas las fuerzas que coincidan en objetivos colectivos inmediatos de carácter superior.

Sólo una izquierda así puede llegar a ser influyente y lograr que su voz sea escuchada con respeto por los diversos sectores de la población; alcanzar suficiente fuerza y poder de convocatoria, para que sea acompañada en sus acciones por los millones de compatriotas que anhelan una vida más justa y satisfactoria y adquirir peso significativo en la correlación de las fuerzas en la arena nacional. Sólo una izquierda así puede contribuir significativamente a la derrota y erradicación del neoliberalismo y a la construcción del porvenir al que el pueblo aspira, sin explotadores ni explotados.

El Partido Popular Socialista así lo ha entendido con claridad y así lo asume. Este es el proyecto que sus militantes enarbolan con plena convicción, luego de que en la reposición de su Decimoctavo Congreso eligieron un nuevo Comité Central, desenmascararon y sancionaron a la facción oportunista y traidora que se había comprometido con elementos de la burguesía gobernante estrechamente vinculados con el neoliberalismo dependiente, a liquidar al PPS como proyecto revolucionario de clase, y reconvertirlo en un aparato de corte socialdemócrata, otro más de la izquierda "light", que desempeñara funciones útiles al juego seudo democrático que conviene a las fuerzas dominantes.

Consecuentemente, el Partido Popular Socialista ha emprendido con decisión el camino de su reconstrucción y desarrollo, y avanza por él a paso firme; carente de registro y así también de bienes materiales, de los que fue despojado, pero enarbolando con vigor sus principios revolucionarios, su programa y su línea estratégica y táctica, con una visión definida del camino a seguir para, en lo inmediato, frenar el proceso neoliberal que amenaza dejar sin Patria a los mexicanos y someterlos a condiciones infrahumanas de subsistencia, por esa misma vía dar pasos concretos para lograr la plena emancipación de México, económica y política, con respecto del imperialismo y su vinculación en una confederación de repúblicas latinoamericanas y caribeñas, y construir la correlación de fuerzas adecuada para la construcción de un régimen sin explotadores ni explotados, socialista y comunista.

¿Qué depara el nuevo siglo a México? La posibilidad de superar la etapa de grandes retrocesos que se han dado en los últimos tres sexenios; de llegar a ser un país libre, independiente y soberano a plenitud, verdaderamente democrático y con una sociedad justa en la que todos sus habitantes tengan acceso cabal a los bienes de la civilización y la cultura, como gustaba decirlo con elegancia y precisión conceptual Vicente Lombardo Toledano; la posibilidad de volver a ser firmemente solidario y unido con el hermano pueblo cubano, un México que avance a grandes trancos hacia la integración plena con todos los demás pueblos de la América Latina y caribeña, Nuestra América, según la definiera con justeza nuestro entrañable José Martí, poeta y pensador, ideólogo y combatiente, cubano y mexicano, caribeño y latinoamericano, para distinguirla de la otra, la anglosajona, la imperialista, la de la doctrina Monroe y el gran garrote, instrumentos de absorción y subordinación como el que hoy se perfila amenazante, al que han dado el nombre de Acuerdo de Libre Comercio de las Américas, (ALCA)

Una Patria así será posible a condición de que nosotros, los de esta generación, seamos capaces de erigir sin dilación las tres premisas ya señaladas: primera, el reagrupamiento y la unidad del amplio conjunto de las fuerzas democráticas, progresistas, revolucionarias y patrióticas; segunda, la reconstrucción y el desarrollo de una izquierda firme, fiel a sus principios, combativa, moderna, ágil, unitaria, vinculada estrechamente con todos los sectores del pueblo, con autoridad reconocida, con amplia capacidad de convocatoria, y tercera, la formulación de un programa común que puedan sustentar todas estas fuerzas y que sea atractivo, movilizador, realista, con propuestas válidas, serias y verdaderamente transformadoras.

   
 
  Teoría y Práctica. Organo de Teoría y Política
del Comité Central del Partido Popular Socialista de México
   

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