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Washington
manipula el tema de los derechos humanos para ponerlo al servicio
de su política internacional imperialista. Lo usa para desacreditar
a los países que ejercen su soberanía; a los que no
se subordinan: Cuba en primer lugar. Y ni siquiera actúa
de frente sino que se sirve de incondicionales. Por bocas ajenas
-el gobierno de la República Checa en primer lugar, esta
vez-, promueve cargos ante la Comisión de Derechos Humanos
de la ONU, que resultan ridículos a la luz de los hechos.
Esta
conducta es deshonesta:
1.
Con respecto al incriminado. Porque en la Patria de José
Martí se respetan los derechos humanos de un modo pleno.
Es así en su aspecto de libertades o garantías individuales:
pensamiento, reunión, expresión. También lo
es en el otro aspecto, el de los derechos sociales, salud, educación,
empleo, vivienda, cultura y recreación. Estos últimos,
de modo sobresaliente, muy por encima de cómo se atienden
-o más bien se desatienden- en los países capitalistas,
incluso en los del llamado primer mundo. También se respetan
de manera plena los derechos políticos, sólo que no
a la manera perversa de la falsa democracia capitalista, sino de
una democracia verdadera en la que el pueblo no solamente elige
a quién quiere como su representante, sino también
decide cómo quiere que su gobierno actúe, qué
políticas quiere que implante, cómo desea que se construya
su sistema económico, político y social.
2.
Con respecto a la ética. Porque Estados Unidos recurre a
métodos condenables. En busca de sus fines, promete, presiona
y amenaza para asegurar la complicidad de gobernantes que, por otra
parte, son de suyo agachones. De eso han dado pruebas abundantes.
3.
Con respecto a sí mismo. Porque si en algún país
se vulneran los derechos humanos es allí, en Estados Unidos.
Que lo digan, si no, los negros, los latinos, los inmigrantes indocumentados,
entre ellos los mexicanos que por cientos pierden la vida a causa
de un odio racial acendrado y de una política migratoria
criminal. Que lo digan los pueblos que ese gobierno agrede con pretextos
baladíes: los que bombardea, los que asesina, los que espía.
Y los que bloquea. Que lo diga el pueblo yugoslavo, el pueblo cubano,
el pueblo colombiano, el pueblo chino, el pueblo iraquí.
La
política exterior de México ha sido históricamente
motivo de orgullo: independiente, y no subordinada. Gallarda y no
vergonzante. Solidaria con los agredidos y no sumisa ante los poderosos.
Se ha basado en el apotegma de Juárez: entre los individuos
como entre las naciones el derecho al respeto ajeno es la paz. Tenemos
esa tradición y ese prestigio.
Los
neoliberales llegados al poder por la vía del PRI la traicionaron
y vulneraron, Zedillo sobre todo. Pero el pueblo exige recuperarla.
Rechazar sin titubeos las pretensiones yanquis. Denunciar y condenar
las complicidades. Alzar la voz en solidaridad con Cuba y votar
decididamente en contra de la manipulación que promueve Washington.
Ginebra será el foro.
El
actual gobierno de México, más allá de su filiación
derechista, se comprometió de manera pública en ese
sentido. ¿Cumplirá? Está ante la oportunidad
de demostrar congruencia y ganar credibilidad con hechos y no sólo
con los métodos del "marketing", que son siempre
engañosos. Si no cumple tendrá que enfrentar el juicio
tremendo de la historia. No podrá rehuirlo.
Ciudad
de México, marzo de 2001.
POR
EL COMITÉ CENTRAL DEL
PARTIDO POPULAR SOCIALISTA DE MÉXICO
Cuauhtémoc
Amezcua Dromundo
Secretario General
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