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La
aplicación del neoliberalismo
El
neoliberalismo, como "nueva" estrategia del capital financiero
transnacional fue puesta en marcha por gobiernos profundamente reaccionarios,
el de Ronald Reagan, en los Estados Unidos, y Margaret Tatcher,
en Gran Bretaña. El neoliberalismo es la búsqueda
de una salida a la crisis histórica del capitalismo; una
nueva estrategia de supervivencia del capitalismo en su fase imperialista,
adoptada e impuesta por el capital financiero transnacional luego
de la atrofia de la estrategia keynesiana.
El
neoliberalismo es sobre todo un instrumento ideológico al
servicio del capital financiero transnacional que trata de orientar
el proceso de la globalización para su beneficio. Sus propósitos
son los de justificar su dominio económico y político
en el mundo; respaldar argumentalmente sus posibilidades de saqueo
sin freno, su libre ir y venir por todos los confines de la Tierra
en un proceso depredador cuya magnitud no tiene precedentes.
La
aplicación del neoliberalismo no es igual para los países
desarrollados que para economías del tercer mundo. A nuestros
países les exigen privatizarlo todo, porque su fin es el
de apropiarse de nuestras principales fuentes de riqueza, y para
eso la presencia de la propiedad estatal representa un impedimento.
En cambio, al interior de las grandes potencias mantienen un grado
importante de propiedad estatal. Nos plantean desregularlo todo,
con el objeto de garantizar el libre flujo de sus capitales; en
tanto ellos mantienen mecanismos proteccionistas a diversas ramas
de la economía interna y frente a las importaciones.
El
neoliberalismo pretende impedir que en nuestros países se
establezcan políticas como la protección de la industria
nacional; la fijación de requisitos para exportaciones e
importaciones, y, sobre todo, el establecimiento de condiciones
estrictas a la inversión extranjera. El capital financiero
transnacional exige que el Estado no intervenga en la economía,
no aplique una política de nacionalización de ramas
básicas y que no se constituya en propietario de empresas,
es decir, que no sea un productor directo de los bienes y servicios
necesarios para impulsar el desarrollo económico independiente
y el bienestar popular.
América
Latina.
En
América Latina, luego de un poco más de dos décadas
de aplicación del modelo neoliberal las consecuencias para
nuestros países han sido desastrosas: mayor pobreza, concentración
de la riqueza en unas cuantas manos, desmantelamiento de Estados
Nación, estancamiento de la economía, dependencia
respecto del capital financiero trasnacional, privatizaciones, abandono
del Estado a las políticas sociales, flexibilización
laboral que se traduce en sacrificio de los trabajadores en aras
de la productividad, incremento de la deuda externa, apertura indiscriminada
al capital extranjero sobre todo al especulativo, bajos salarios
y desempleo.
Los
defensores del neoliberalismo y los organismos financieros internacionales
como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, señalaban
que aplicando las recetas del libre mercado, a partir de los años
90 los pueblos latinoamericanos y caribeños vivirían
una etapa de crecimiento económico con equidad, sin embargo
la realidad resultó muy distinta y nuestros pueblos padecen
las consecuencias. En una investigación auspiciada por los
Países Bajos , se señala que "las sociedades
latinoamericanas se encuentran entre las más desiguales del
mundo. En los ochenta el panorama distributivo de la región
empeoró y en los noventa ha registrado un relativo estancamiento
a altos niveles de inequidad distributiva".
Incremento
de la pobreza.
Los
balances sobre la economía latinoamericana de las últimas
dos décadas comprueban el fracaso del neoliberalismo; según
fuentes de la CEPAL y la Comunidad Andina, los sectores pobres,
que hace una década concentraban ya el 70% de la población,
ocho años después se elevaban a más del 77%;
entre ellos, la indigencia pasó del 30 al 38% . El número
de pobres en América Latina y el Caribe alcanza ya un 45%
de la población total, suman 224 millones de personas, y
de ellas 90 millones son indigentes. Más de la mitad del
total de pobres e indigentes son niños y adolescentes. Entre
el 20% y el 50% de las poblaciones urbanas de la región viven
en condiciones desastrosas de hacinamiento masivo, pobreza extrema,
violencia y marginalidad; no tienen acceso a servicios básicos
de atención primaria de salud ni de saneamiento; en las áreas
rurales más del 60% no dispone de ellos y el 50% carece de
suministro de agua potable.
El
Informe de la CEPAL 2000, denominado "Equidad, desarrollo y
ciudadanía" da cuenta de que no se cumplieron las expectativas
de crecimiento esperadas para la década de los 90; se plantea
que el cambio de orientación de las políticas públicas
que conoció la región desde los años ochenta
se caracterizó por la crítica a la visión universalista
y a la responsabilidad exclusiva del sector público, al proponer
la reducción del papel del Estado, la mayor participación
de actores privados, la selectividad de las políticas hacia
los sectores más pobres y el impulso de procesos de descentralización.
La experiencia ha demostrado el poco éxito que ha tenido
esta orientación en alcanzar sociedades más equitativas.
América
Latina lleva ya dos décadas pérdidas, sin que se vislumbren
hasta el momento posibilidades de recuperación económica
de continuarse por esa vía, algunos datos del propio Informe
2000 de CEPAL pueden ilustrarlo de forma clara :
1)
El crecimiento económico y el aumento de la productividad
han sido frustrantes durante la última década. De
hecho, sólo tres países de la región alcanzaron
en ambas variables registros iguales o superiores a los de los tres
decenios anteriores a la crisis de la deuda.
2)
El crecimiento promedio de la región sigue siendo inferior
no sólo a lo que hace falta para cerrar la brecha que nos
separa de los países más desarrollados sino también
a lo que la CEPAL ha considerado deseable y necesario para superar
los graves problemas de pobreza que aquejan a la región.
Los indicadores de deterioro de la calidad del empleo son aún
más generalizados, según se aprecia en el aumento
relativo del empleo en sectores de baja productividad, principalmente
del sector informal, donde se han generado siete de cada diez puestos
de trabajo en las zonas urbanas durante la década que termina.
3)
Posiblemente no existe ningún país de la región
donde se hayan reducido los niveles de desigualdad en relación
con los imperantes hace tres décadas (cuando ya se contaba
con mediciones para un número importante de países)
y para muchos la desigualdad es mayor que entonces.
En
ese aspecto, cabe destacar que el propio informe de CEPAL reconoce
que Cuba ha mantenido la distribución del ingreso más
equitativa de la región, pese a las tensiones que generó
la profunda crisis económica que experimentó a comienzos
de la década y el posterior proceso de reestructuración.
La
situación laboral de los trabajadores.
El
neoliberalismo ha traído como consecuencia bajos salarios,
desempleo, pérdida de conquistas de carácter laboral,
aumento del trabajo infantil e incremento del empleo informal. A
esto se suman las "recomendaciones" del Fondo Monetario
Internacional y el Banco Mundial para que los países "flexibilicen"
su legislación laboral, es decir, para que se abandone en
los hechos el carácter social del derecho del trabajo.
El
nulo crecimiento de la economía en la región llevó
a un serio empeoramiento de las condiciones en el mercado de trabajo.
La tasa de desempleo subió de 8.1% a 8.7%, nivel superior
a los alcanzados durante la crisis de la deuda a comienzos de los
años ochenta . Desde mediados de los años noventa,
la tasa de desempleo regional ha mostrado un fuerte aumento. En
1999 este indicador tuvo nuevamente un marcado incremento, que lo
llevó a superar incluso los niveles más altos de desempleo
alcanzados en la década de 1980.
Las
reformas económicas han exacerbado asimismo ciertos problemas
antiguos y creado nuevos: se han mantenido las bajas tasas de inversión
y crecimiento de la productividad en muchos países y sectores,
ha habido escasa generación de empleos y los que se han creado
son de baja calidad, no se ha logrado reducir los altos niveles
de inequidad que tradicionalmente han caracterizado a la región,
ha habido dificultades para integrar los sectores y empresas principales
en las economías nacionales, se han ampliado los déficit
comerciales y los países dependen más de los volátiles
capitales externos.
Se
preveía que las reformas tendrían un impacto positivo
sobre el empleo, en virtud de un crecimiento más rápido
del producto y un cambio hacia tecnologías de producción
de mayor uso intensivo de mano de obra, en tanto también
se proyectaba que la mayor demanda de mano de obra no calificada
contribuiría a restar importancia a la calificación
y mejorar la distribución del ingreso. Ninguna de estas expectativas
se concretaron.
Al
lento crecimiento del empleo durante los años noventa se
sumó el deterioro de la calidad de los puestos de trabajo;
se registró un desplazamiento del sector formal al informal
donde, de acuerdo con la Organización Internacional del Trabajo
(OIT), se encontraba cerca de 60% de los nuevos puestos creados
en los países del proyecto.
Flexibilización
laboral.
Con
el modelo neoliberal, los principios fundamentales de la relación
jurídica laboral como el de considerar al trabajo como derecho
y deber social, la libertad de trabajo, la igualdad y la estabilidad
en el empleo, el contrato colectivo de trabajo, contrato ley, el
derecho de huelga, derecho a la sindicalización y otras conquistas
históricas de carácter laboral que han sido fruto
de la lucha de los obreros, en la actualidad están siendo
amenazadas y en muchos casos en los hechos ya se han abandonado.
Los instrumentos de control financiero imponen políticas
a los países subdesarrollados, en las que prevalecen la protección
por parte del Estado de los intereses de los enormes capitales nacionales
y extranjeros, en detrimento de los derechos de la clase obrera
y su impacto en la calidad de vida.
Con
la llamada "flexibilización laboral" se expresa
una tendencia al deterioro de las condiciones de trabajo y de seguridad
laboral, y de reducción del pago de obligaciones previsionales,
con el propósito de reducir los costos laborales. Este tipo
de medidas no da lugar a ganancias sostenibles de productividad
y empleo, e incluso sus efectos sobre la rentabilidad pueden ser
sólo temporales. Aún más, en la medida en que
el establecimiento y la mantención de condiciones laborales
básicas adquiera progresivamente más importancia como
criterio de acceso a importantes mercados externos, quedará
cada vez más en evidencia el carácter espurio de las
supuestas ganancias en términos de costos.
La
Organización Internacional del Trabajo en su boletín
número OIT/98/37 de fecha lunes 26 de octubre de 1998, plantea
que con la flexibilización laboral puede haber "un mejor
funcionamiento de las empresas, aumento de la productividad y descenso
de los costos salariales", así como una tendencia a
acortar las horas de trabajo. Entre los aspectos negativos el informe
destaca el aumento del trabajo a tiempo parcial, la reducción
de la retribución de las horas extraordinarias, mayor inestabilidad
en el empleo y más "horas insociales" (es decir,
trabajo nocturno, trabajo durante fines de semana y largos turnos
durante períodos de mucho trabajo)".
La
privatización de la seguridad social.
El
derecho a un sistema íntegro de seguridad social, en donde
un trabajador y su familia se encuentren asegurados ante cualquier
riesgo laboral, enfermedad, urgencia médica y un retiro decoroso,
ha sido una de las mayores conquistas de la clase obrera en el mundo;
sin embargo este derecho ha tenido un proceso de cambios en donde
se vislumbra una clara tendencia hacia la privatización,
aplicando, conforme a las políticas de libre mercado o neoliberales,
la reducción paulatina de la protección y responsabilidad
estatal de garantizar los derechos sociales y el bienestar. El cambio
de la política social se ha realizado mediante una propuesta
en donde el bienestar social pertenece al ámbito de lo privado,
la salud sólo interesa en términos de capital humano
o de inversión rentable, y la acción pública
como lo ha señalado la propia Organización de las
Naciones Unidas, se limita al combate a la pobreza extrema.
El
llamado "padre de las privatizaciones", el Dr. José
Piñeira quien instrumentó el modelo chileno de privatización
de pensiones y asesoró a México y Estados Unidos en
el mismo sentido, ejemplifica claramente el carácter individualista
del proyecto neoliberal para la seguridad social; en el documento
la Revolución de las Pensiones en Chile señaló
que "ante el fracaso del sistema de pensiones manejado por
el Estado, la lección final es que las únicas revoluciones
con éxito son aquellas que confían en el individuo
y en las maravillas que el individuo puede hacer cuando es libre.
Las pensiones han dejado de ser un problema gubernamental, despolitizando
así a un gran sector de la economía y permitiendo
a los individuos tener mayor control sobre sus vidas. El defecto
estructural ha sido eliminado y el futuro de las pensiones depende
del comportamiento individual y del desarrollo de los mercados".
El
régimen de la seguridad social se encuentra regulado dentro
del amplio concepto que constituyen los derechos sociales, no es
un acto de caridad o beneficencia, sino la justa retribución
a los trabajadores por su esfuerzo, debiendo ser una función
pública; sin embargo, se ha impuesto una política
económica en el mundo que privilegia a los grandes volúmenes
de capital antes que ver hacia la problemática social. Al
privatizarse el sistema de pensiones se rompe con el carácter
colectivo, social y solidario del derecho de la seguridad social
para volverse un problema individual de cada trabajador. Entre los
países que han implementado el modelo privatizado o semiprivatizado
de pensiones se encuentran: Bolivia, Chile, El Salvador, México,
Colombia, Perú, Argentina y Uruguay.
El
esquema privado no ha resuelto el problema de las pensiones, incluso
en países desarrollados donde se ha implementado este esquema
existe el riesgo del fracaso. En un estudio de la OIT se concluye
que el sistema de pensiones de los Estados Unidos -y en menor medida
el sistema del Reino Unido- entraña más riesgos para
sus miembros que los sistemas de los países de Europa occidental,
debido a que los sistemas de estos dos países se basan en
mayor medida en programas para sectores profesionales determinados
y de financiación privada que en un sistema financiado por
completo por el gobierno.
La
situación de la niñez.
Las
distintas naciones y organismos especializados en el mundo, han
planteado desde hace más de 70 años la necesidad de
proporcionar al niño una protección especial, pues
el niño, por su "falta de madurez física y mental,
necesita protección y cuidados especiales, incluso la debida
protección legal, tanto antes como después del nacimiento"
, pero con la aplicación del neoliberalismo y el abandono
del Estado a las políticas sociales, los problemas de la
niñez se han agravado.
La
Organización de las Naciones Unidas para la Niñez
(UNICEF) en el Estado Mundial de la Infancia de 1997, señaló
que "desafortunadamente, el desarrollo económico de
los últimos decenios ha contribuido a incrementar la desigualdad
y la pobreza. El Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional
(FMI) respondieron imponiendo a los países endeudados, a
cambio de una garantía sobre los préstamos, un conjunto
de medidas de política económica, conocido como programa
de ajuste estructural (...) Muy a menudo, los recortes del gasto
público recayeron en la salud y la educación, los
subsidios alimentarios y los servicios sociales, que paliaban las
necesidades más elementales de los pobres. La experiencia
directa muestra que en la mayoría de los países son
los pobres y sus hijos quienes pagan de forma desproporcionada el
costo real del ajuste. La pobreza no es una situación eterna.
Se refuerza o se debilita por las acciones y las oportunidades económicas
y políticas".
Las
consecuencias de la pobreza en la primera infancia.
Cuando
la pobreza castiga a una familia, los integrantes más vulnerables
y afectados son los niños, cuyo derecho a la supervivencia,
el crecimiento y el desarrollo corre peligro. Cuatro de cada 10
niños nacidos actualmente en los países en desarrollo
viven en condiciones de extrema pobreza. Esa pobreza condiciona
todos los aspectos de sus vidas, desde la desnutrición y
la carencia de agua potable y saneamiento adecuado hasta la esperanza
de vida. Asimismo, la pobreza es la principal causa subyacente de
millones de muertes prevenibles y la razón por la que los
niños están desnutridos, no asisten a la escuela y
son víctimas de abusos y explotación.
El
comandante Fidel Castro, en la inauguración de la X Cumbre
Iberoamericana denunció la grave situación en que
se encuentra la niñez latinoamericana, señalando que
en el año 2000 aproximadamente el 36% del total de niños
menores de dos años estaba en situación de alto riesgo
alimentario. En las zonas rurales esta amenaza afecta a una proporción
aún mayor, alrededor del 46%, debido a la generalizada precariedad
de las condiciones sanitarias y a las mayores dificultades de la
población para acceder a los servicios públicos de
salud. Como una verdadera plaga prolifera el trabajo infantil. Cerca
de 20 millones de niños menores de 15 años están
trabajando. Más de la mitad de estos trabajadores infantiles
son niñas, y la gran mayoría realiza labores que ni
siquiera son reconocidas ni se toman en cuenta en las estadísticas
oficiales.
Por
una propuesta alternativa.
Nuestra
América, América Latina, Indoamérica, esa identidad
común de naciones que comparten su historia, su cultura e
idiosincracia, que tiene problemas y enemigos comunes; que se enfrentó
al colonialismo, a las constantes intervenciones de potencias, y
que por un "destino manifiesto" debe defenderse de las
agresiones del imperialismo norteamericano, también comparte
una gran tradición de lucha y de intentos por lograr la unidad
latinoamericana de manera independiente y soberana.
El
sueño de Bolívar y Martí para crear la Nueva
América, la gran Patria Latinoamericana, sigue vigente. Hombres
destacados como Vicente Lombardo Toledano, José Carlos Mariátegui,
Artigas, Sandino y muchos próceres de nuestras naciones más,
han defendido esta aspiración que es necesaria hoy más
que nunca, ante las consecuencias de la aplicación del modelo
neoliberal.
Una
alternativa latinoamericanista y caribeña debe ser la de
una integración de la región no subordinada a los
intereses del gran capital financiero, con una base igualitaria
y de cooperación benéfica (como el acuerdo Energético
de Caracas) y no bajo el modelo neoliberal como ha sucedido con
el NAFTA, el G3 y otros.
Debe
proponerse un modelo de desarrollo que permita una mayor distribución
de la riqueza, que desarrolle las fuerzas productivas para impulsar
el crecimiento económico de la región para distribuir
el producto social con equidad, que revierta la política
de privatizaciones.
La
alternativa latinoamericanista no sólo debe "eliminar
las aristas más filosas del neoliberalismo" como proponen
quienes hablan de una supuesta tercera vía, sino retomar
el papel del Estado para luchar por nuestra independencia y soberanía
respecto de las potencias hegemónicas e impida el saqueo
de nuestros recursos.
En
materia democrática, debe dejarse atrás la simulación
a la que conducen la supuesta "alternancia en el poder"
y la transición democrática bajo el modelo neoliberal,
pues los procesos electorales se han mercantilizado y se convierten
en mercancía al servicio de los intereses y estrategia del
gran capital. Debe proponerse una democracia distinta, donde el
pueblo sea el que mande y los gobiernos sirvan a los intereses populares;
que la democracia sea una forma de vida sustentada en el creciente
bienestar económico, social y cultural del pueblo.
Una
propuesta alternativa debe proponerse transformar la sociedad hacia
estadios más avanzados en donde no exista la explotación
del hombre por el hombre.
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