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La
desaparición del proyecto del socialismo que se desarrollaba,
en lo que fue la Unión Soviética y en otros países
de Europa del Este, trajo innumerables consecuencias, no sólo
políticas y económicas, sino también en la
conciencia de las amplias masas y; de los que hicieron suya la ideología
de la clase obrera, fue un duro golpe que afectó, de una
u otra manera, a nuestros partidos y que propició, en muchos
militantes o simpatizantes de nuestra causa, acerca de la posibilidad
de poder sustituir al capitalismo o siquiera de que se pudiera seguir
luchando por hacer avanzar a la humanidad hacia un régimen
superior.
Hay
que considerar, que quienes a lo largo del tiempo han abrazado los
ideales el socialismo, no todos llegaron a ellos por el mismo camino.
Distinta tendría que ser necesariamente la reacción
de unos y otros, frente al fenómeno de que el campo socialista
mundial, entrara en una grave y profunda crisis cuyo desenlace fue
la desaparición de ese régimen social en todos los
países que en el continente europeo avanzaban en su construcción,
incluida la poderosa Patria de Lenin.
A
unos les produjo un desconcierto de tal magnitud que derrumbó
su confianza, quizá de manera irreparable; a otros los sumergió
en un mar de dudas.
A
otros más, en cambio, no les melló la convicción,
sino les puso en claro que el proceso de la lucha revolucionaria
es más complejo y prolongado de lo que se advertía
hasta antes de que afloraran nuevos elementos, y que por tanto se
requerirá de un esfuerzo mucho mayor, de un trabajo más
intenso, así en el aspecto de la teoría como en el
de la práctica.
Hasta
ahí, sin considerar a los falsos socialistas, los oportunistas
que se fueron incrustando en los partidos, persiguiendo fines de
carácter personal o de grupo, que también los hubo
y muy numerosos, según ha ido quedando en claro cada vez
más. Los falsos militantes, luego de la caída del
proyecto socialista en Europa, se han apresurado a quitarse la careta
en todas partes, a deslindarse del socialismo y a acomodarse a la
nueva situación, así en lo político como en
lo material. Han procurado diluir el perfil socialista y comunista
de los partidos, o de plano transformarlos en otros de carácter
burgués, pactando con distintos elementos de esa clase social,
o incluso han intentado desaparecerlos. Cuando han fracasado con
ese tipo de proyectos, han optado por desertar, apropiándose
con descaro de la mayor cantidad de bienes y recursos, Estas son
historias que se repiten en todas las latitudes, experiencias por
las que han pasado en los años recientes, diríase
todos los partidos comunistas y obreros del mundo, casi sin excepción.
Como
consecuencia de todo esto se registró una sensible reducción
numérica en el ejército de los combatientes por el
socialismo en el mundo, fenómeno que ha coincidido con el
de la correlación de fuerzas imperante __con el predominio
por hoy de los intereses imperialistas__ y con el hecho de que la
propaganda anticomunista encuentra campo propicio, mucho más
que en el pasado, para confundir a la población.
Así,
es claro que hoy la lucha se da en condiciones desfavorables, a
diferencia de lo que ocurría en la fase de ascenso del régimen
socialista. Esta es una regla general que afecta tanto a los pueblos
que aspiran a sacudiese el yugo imperialista, para avanzar hacia
estadios superiores de organización social, como el nuestro,
como afecta también a los países que se mantienen
firmes en su decisión de construir el socialismo. Pero es
claro asimismo que al socialismo no se llega por la evolución
mecánica, sino como resultado de la lucha de los pueblos,
es decir, por la acción transformadora del hombre. Y esa
lucha y esa acción transformadora no se circunscribe sólo
a los períodos cuando las condiciones son propicias, sino
que se da en todo momento. Es la propia lucha de hoy el mecanismo
que crea las condiciones adecuadas para que mañana se puedan
dar pasos más avanzados hacia la victoria definitiva.
Por
ello la absurda tesis del fin de la Historia, difundida por los
ideólogos al servicio de imperialismo, que fuera inicialmente
aceptada por quienes no contaban con una concepción científica
del desarrollo de la sociedad, hoy ha perdido su fuerza.
Por
eso hoy, los planteamientos que afirmaban que la globalización
y la interdependencia de ella derivada, enterraban para siempre
las aspiraciones de los pueblos de los países sojuzgados
por el imperialismo para conquistar su plena independencia económica
y política, que también fueran adoptados por sectores
susceptibles de marchar junto con la clase obrera en las tareas
de liberación nacional, generó su aislamiento momentáneo.
Sin
embargo, hoy, una vez que las condiciones prevalecientes han puesto
en evidencia que los cambios ocurridos, no sólo no echan
por la borda nuestra teoría sino que reafirman su carácter
de instrumento para analizar, y sobre todo, para transformar la
realidad, se hace necesario partir de las tesis esenciales del marxismo
leninismo para ubicar el papel de los partidos comunistas y obreros,
en las actuales circunstancias.
Los
comunistas, no podemos olvidar que hace 150 años, en el Manifiesto
del Partido Comunista, Marx y Engels afirmaron que la burguesía
__a diferencia de las clases opresoras que les hablan precedido__
no puede existir si no es revolucionando incesantemente los instrumentos
de la producción; que mediante la explotación del
mercado mundial ha dado un carácter cosmopolita a la producción
y al consumo y que ha quitado a la industria su base nacional; que
en lugar del antiguo aislamiento, estableció un intercambio
universal, una interdependencia universal de las naciones; que ha
centralizado los medios de producción y concentrado la propiedad
en manos de unos pocos; que todo lo anterior ha generado las crisis
de superproducción; que estas crisis las vence la burguesía,
destruyendo parte de las fuerzas productivas, conquistando nuevos
mercados y explotando en forma más intensa a los antiguos;
y, que todo ello, no hace más que preparar crisis más
extensas y más violentas y disminuir los medios para prevenirlas.
Estas
geniales observaciones de los fundadores del marxismo, no pueden
más que servirnos para valorar lo sucedido en las últimas
décadas, Cometeríamos un grave error, si tratáramos
de explicarnos el mundo de nuestro tiempo, sin tomar en cuenta la
esencia de los planteamientos contenidos en el primer programa revolucionario
del proletariado. Por el contrarío, si interpretamos la realidad
armados con el bagaje que los clásicos del marxismo nos legaron,
podremos no sólo entender lo sucedido sino encontrar las
formas que nos permitan recomponer a nuestras organizaciones y al
movimiento comunista internacional.
La
etapa que estamos viviendo, no es más que la repetición,
en condiciones cada vez más intensas, de esa contradicción
generada por la propia sociedad, de una desarrollo impetuoso de
las fuerzas productivas y de su contradicción con las relaciones
de producción existentes.
Hoy,
como hace siglo y medio, las fuerzas productivas se desarrollan
al amparo de los nuevos descubrimientos que se realizan en todos
los campos del saber, Su particularidad estriba, en que a partir
de fines de la primera mitad del presente siglo, el proceso conocido
como la Revolución Científíco-Técnica
había abarcado, en uno u otro grado, a todos los países
desarrollados, es decir, que en todos ellos se aplicaban descubrimientos,
tanto de la ciencia corno de la técnica, a los procesos productivos.
Dicha aplicación ha contribuido, entre otras cosas, a acelerar
el proceso de internacionalización de los nexos económicos
y de ampliación de la división internacional del trabajo,
en la inmensa mayoría de los países del mundo.
Lo
que caracteriza al mundo de hoy, no son sin embargo, esos descubrimientos
en el campo de la ciencia y de la técnica que influyen notablemente
en los procesos productivos, ya que éstos son permanentes,
sino las formas de producción, de intercambio comercial,
de funcionamiento de las comunicaciones y de las formas de financiamiento,
que se han convertido en procesos que rebasan, cada vez más,
los marcos nacionales y que modifican, en general, la marcha de
la sociedad, Lo que cambió no fue sólo la tecnología
__esa siempre varía__ sino el concepto de producción,
que se convirtió en un proceso mucho más global, eso
que los teóricos del nuevo orden mundial definen con el concepto
de globalización, la cual se da a través de los mecanismos
de Integración capitalista.
La
globalización y la integración son procesos objetivos
y por tanto inevitables, son producto de las necesidades actuales
de la economía mundial, que requiere, en muchas de sus ramas,
producción masiva, producción a escala, que no sólo
rebasa los límites nacionales por lo que se refiere al proceso
productivo, sino que los productos que se obtienen se orientan en
forma creciente para el mercado exterior y se da cada vez, en mayor
medida, la movilidad de los capitales y de la fuerza laboral,
Según
los partidarios de la globalización, la economía mundial
es cada vez menos la suma de economías individuales, para
convertirse en una economía integrada a escala internacional,
en donde todos dependen de los demás. Con lo anterior se
quiere significar que, en el mundo de hoy, ninguna nación
es capaz de subsistir por sí sola, por poderosa que sea,
si no se encuentra en una relación de interdependencia con
las demás. Dicha tesis es falsa, ya que las desigualdades
entre las naciones que deciden integrarse, generan, en todos los
casos, condiciones de subordinación de las naciones menos
desarrolladas hacía las que se encuentran en la fase imperialista
y hacia los grandes monopolios que tienen una enorme influencia
en la marcha de sus economías, por lo que sólo podemos
hablar de una interdependencia marcada por la desigualdad, En estas
condiciones, es evidente que el, capital financiero internacional
es el que está imponiendo las condiciones del proceso de
integración.
Por
otra parte, la globalización, no consiste solamente en la
internacionalización del capital, sino en un proceso más
profundo, no se limita a los convenios entre los monopolios para
sacar un mayor provecho en los procesos productivos y comerciales,
sino de injerencia estatal creciente a través de los gobiernos
de los países imperialistas, que se encargan de intimidar,
amenazar y agredir para lograr que se supriman las barreras que
los países débiles interponen, para tratar de impedir
el avasallamiento del capital financiero internacional. Adicionalmente,
el capital parasitario, el capital especulativo, característica
de la etapa imperialista, como señalara Lenin, cada vez adquiere
una mayor presencia y evidencia con mayor claridad el carácter
caduco del capitalismo.
Los
teóricos al servicio de los monopolios, derivan de la tesis
de la globalización, la de la interdependencia y de ambas,
la necesidad de impulsar la existencia de bloques regionales integracionistas
en donde las grandes potencias ocupan el papel principal. Impulsan
el libre comercio mundial, la supresión de la política
proteccionista de los países que quedan bajo la influencia
de los países industrializados y, en general, la dependencia
de las economías de los países influidos por ellos.
En nuestro continente después de la suscripción del
Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLC), del
surgimiento del Mercosur y de otros procesos similares, ahora se
impulsa la constitución del mercado más grande del
mundo, a través del Acuerdo de Libre Comercio de las Américas
(ALCA), que abarcarla, excepción hecha de Cuba, a todos los
países del continente americano.
La
integración, debido al desarrollo desigual de los diversos
países que participan en esos procesos , ahonda desigualdades
y genera políticas de subordinación, ya que el capital
financiero se aprovecha de la interdependencia desigual para subordinar
a sus socios lo cual, a fin de cuentas, no es más que una
forma nueva de colonialismo.
Si
bien es cierto que, dicha integración y la liberalización
del intercambio económico, incentivan el mercado capitalista,
agilizan el desarrollo de las fuerzas productivas y ahonda la especialización
e internacionalización de los procesos productivos, lo que
disminuye costos, aumenta productividad y, con ello, la masa de
mercancías, que el comercio entre los países integrados
crece a tasas mayores que las del comercio mundial, origina mayor
presencia del capital externo a la zona, también es verdad
que todo lo anterior es en beneficio de la nación o naciones
más desarrolladas de las que inician estos procesos integracionistas
y que no puede impedir las fases recesivas, ni mucho menos las crisis
cíclicas. Crisis que ahora adquieren nuevas modalidades como
la que empezó como un necesario ajuste en la paridad de la
moneda de Tailandia, que se transformó rápidamente
en una crisis financiera que afectó también con gran
crudeza las economías de otros países de Asía
y que ahora ha generado, como una de sus secuelas, una caída
de las principales bolsas de valores del mundo, Esa crisis financiera
aún no concluye y amenaza con desencadenar un proceso que
puede llevar a un colapso financiero global y con ello, a un largo
período recesivo de la economía mundial.
Además,
a través de la Organización para la Cooperación
y el Desarrollo Económico (OCDE), los países imperialistas
impulsan un Acuerdo Multilateral de Inversiones (AMI), para imponer
los intereses del capital financiero a todos los pueblos del mundo,
Dicho acuerdo reserva todos los derechos de manera unilateral a
favor de corporaciones e inversionistas internacionales y asigna
todos las obligaciones a los Estados nacionales. Así los
inversionistas tendrían derecho a invertir en lo que quisieran,
en un mercado desregulado al grado extremo de desaparecer toda restricción;
y los gobiernos estarían obligados a proteger inversiones
y ganancias, sin límite alguno.
Todo
lo que acontece en la actualidad no representa nada novedoso si
hablamos de la esencia del proceso de desarrollo de la sociedad
capitalista en su fase imperialista, es más bien un cambio
de formas, una adecuación de sus políticas para aprovechar
al máximo las condiciones actuales de impetuoso desarrollo
de las fuerzas productivas, pero al mismo tiempo, no es más
que una agudización cada vez mayor de todas las contradicciones
del capitalismo.
De
cara a esta realidad, nuestros partidos están cada vez más
urdidos de realizar el análisis colectivo, tanto de estas
nuevas situaciones como de las respuestas que la clase obrera debe
esgrimir para orientar a sus pueblos en la lucha por transformar
revolucionariamente a la sociedad.
Frente
a los que desertaron de la lucha, frente a los que traicionaron
a sus pueblos y se pasaron al bando enemigo, frente a los que quisieron
transformar a los partidos comunistas y obreros en organizaciones
al servicio de los intereses de la burguesía, nosotros tenemos
la enorme responsabilidad de demostrar teórica y prácticamente,
que las geniales tesis de Marx, de Engels, de Lenin y de tantos
otros jefes de la clase obrera internacional siguen siendo vigentes,
porque sigue existiendo la sociedad de explotación capitalista
que hizo necesaria la creación de una teoría de la
clase obrera para sustituir el régimen de explotación
asalariada por una sociedad superior, el socialismo.
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