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LOS PARTIDOS COMUNISTAS Y OBREROS BAJO LAS CIRCUNSTANCIAS ACTUALES
Por Luis MIRANDA RESENDIZ

La desaparición del proyecto del socialismo que se desarrollaba, en lo que fue la Unión Soviética y en otros países de Europa del Este, trajo innumerables consecuencias, no sólo políticas y económicas, sino también en la conciencia de las amplias masas y; de los que hicieron suya la ideología de la clase obrera, fue un duro golpe que afectó, de una u otra manera, a nuestros partidos y que propició, en muchos militantes o simpatizantes de nuestra causa, acerca de la posibilidad de poder sustituir al capitalismo o siquiera de que se pudiera seguir luchando por hacer avanzar a la humanidad hacia un régimen superior.

Hay que considerar, que quienes a lo largo del tiempo han abrazado los ideales el socialismo, no todos llegaron a ellos por el mismo camino. Distinta tendría que ser necesariamente la reacción de unos y otros, frente al fenómeno de que el campo socialista mundial, entrara en una grave y profunda crisis cuyo desenlace fue la desaparición de ese régimen social en todos los países que en el continente europeo avanzaban en su construcción, incluida la poderosa Patria de Lenin.

A unos les produjo un desconcierto de tal magnitud que derrumbó su confianza, quizá de manera irreparable; a otros los sumergió en un mar de dudas.

A otros más, en cambio, no les melló la convicción, sino les puso en claro que el proceso de la lucha revolucionaria es más complejo y prolongado de lo que se advertía hasta antes de que afloraran nuevos elementos, y que por tanto se requerirá de un esfuerzo mucho mayor, de un trabajo más intenso, así en el aspecto de la teoría como en el de la práctica.

Hasta ahí, sin considerar a los falsos socialistas, los oportunistas que se fueron incrustando en los partidos, persiguiendo fines de carácter personal o de grupo, que también los hubo y muy numerosos, según ha ido quedando en claro cada vez más. Los falsos militantes, luego de la caída del proyecto socialista en Europa, se han apresurado a quitarse la careta en todas partes, a deslindarse del socialismo y a acomodarse a la nueva situación, así en lo político como en lo material. Han procurado diluir el perfil socialista y comunista de los partidos, o de plano transformarlos en otros de carácter burgués, pactando con distintos elementos de esa clase social, o incluso han intentado desaparecerlos. Cuando han fracasado con ese tipo de proyectos, han optado por desertar, apropiándose con descaro de la mayor cantidad de bienes y recursos, Estas son historias que se repiten en todas las latitudes, experiencias por las que han pasado en los años recientes, diríase todos los partidos comunistas y obreros del mundo, casi sin excepción.

Como consecuencia de todo esto se registró una sensible reducción numérica en el ejército de los combatientes por el socialismo en el mundo, fenómeno que ha coincidido con el de la correlación de fuerzas imperante __con el predominio por hoy de los intereses imperialistas__ y con el hecho de que la propaganda anticomunista encuentra campo propicio, mucho más que en el pasado, para confundir a la población.

Así, es claro que hoy la lucha se da en condiciones desfavorables, a diferencia de lo que ocurría en la fase de ascenso del régimen socialista. Esta es una regla general que afecta tanto a los pueblos que aspiran a sacudiese el yugo imperialista, para avanzar hacia estadios superiores de organización social, como el nuestro, como afecta también a los países que se mantienen firmes en su decisión de construir el socialismo. Pero es claro asimismo que al socialismo no se llega por la evolución mecánica, sino como resultado de la lucha de los pueblos, es decir, por la acción transformadora del hombre. Y esa lucha y esa acción transformadora no se circunscribe sólo a los períodos cuando las condiciones son propicias, sino que se da en todo momento. Es la propia lucha de hoy el mecanismo que crea las condiciones adecuadas para que mañana se puedan dar pasos más avanzados hacia la victoria definitiva.

Por ello la absurda tesis del fin de la Historia, difundida por los ideólogos al servicio de imperialismo, que fuera inicialmente aceptada por quienes no contaban con una concepción científica del desarrollo de la sociedad, hoy ha perdido su fuerza.

Por eso hoy, los planteamientos que afirmaban que la globalización y la interdependencia de ella derivada, enterraban para siempre las aspiraciones de los pueblos de los países sojuzgados por el imperialismo para conquistar su plena independencia económica y política, que también fueran adoptados por sectores susceptibles de marchar junto con la clase obrera en las tareas de liberación nacional, generó su aislamiento momentáneo.

Sin embargo, hoy, una vez que las condiciones prevalecientes han puesto en evidencia que los cambios ocurridos, no sólo no echan por la borda nuestra teoría sino que reafirman su carácter de instrumento para analizar, y sobre todo, para transformar la realidad, se hace necesario partir de las tesis esenciales del marxismo leninismo para ubicar el papel de los partidos comunistas y obreros, en las actuales circunstancias.

Los comunistas, no podemos olvidar que hace 150 años, en el Manifiesto del Partido Comunista, Marx y Engels afirmaron que la burguesía __a diferencia de las clases opresoras que les hablan precedido__ no puede existir si no es revolucionando incesantemente los instrumentos de la producción; que mediante la explotación del mercado mundial ha dado un carácter cosmopolita a la producción y al consumo y que ha quitado a la industria su base nacional; que en lugar del antiguo aislamiento, estableció un intercambio universal, una interdependencia universal de las naciones; que ha centralizado los medios de producción y concentrado la propiedad en manos de unos pocos; que todo lo anterior ha generado las crisis de superproducción; que estas crisis las vence la burguesía, destruyendo parte de las fuerzas productivas, conquistando nuevos mercados y explotando en forma más intensa a los antiguos; y, que todo ello, no hace más que preparar crisis más extensas y más violentas y disminuir los medios para prevenirlas.

Estas geniales observaciones de los fundadores del marxismo, no pueden más que servirnos para valorar lo sucedido en las últimas décadas, Cometeríamos un grave error, si tratáramos de explicarnos el mundo de nuestro tiempo, sin tomar en cuenta la esencia de los planteamientos contenidos en el primer programa revolucionario del proletariado. Por el contrarío, si interpretamos la realidad armados con el bagaje que los clásicos del marxismo nos legaron, podremos no sólo entender lo sucedido sino encontrar las formas que nos permitan recomponer a nuestras organizaciones y al movimiento comunista internacional.

La etapa que estamos viviendo, no es más que la repetición, en condiciones cada vez más intensas, de esa contradicción generada por la propia sociedad, de una desarrollo impetuoso de las fuerzas productivas y de su contradicción con las relaciones de producción existentes.

Hoy, como hace siglo y medio, las fuerzas productivas se desarrollan al amparo de los nuevos descubrimientos que se realizan en todos los campos del saber, Su particularidad estriba, en que a partir de fines de la primera mitad del presente siglo, el proceso conocido como la Revolución Científíco-Técnica había abarcado, en uno u otro grado, a todos los países desarrollados, es decir, que en todos ellos se aplicaban descubrimientos, tanto de la ciencia corno de la técnica, a los procesos productivos. Dicha aplicación ha contribuido, entre otras cosas, a acelerar el proceso de internacionalización de los nexos económicos y de ampliación de la división internacional del trabajo, en la inmensa mayoría de los países del mundo.

Lo que caracteriza al mundo de hoy, no son sin embargo, esos descubrimientos en el campo de la ciencia y de la técnica que influyen notablemente en los procesos productivos, ya que éstos son permanentes, sino las formas de producción, de intercambio comercial, de funcionamiento de las comunicaciones y de las formas de financiamiento, que se han convertido en procesos que rebasan, cada vez más, los marcos nacionales y que modifican, en general, la marcha de la sociedad, Lo que cambió no fue sólo la tecnología __esa siempre varía__ sino el concepto de producción, que se convirtió en un proceso mucho más global, eso que los teóricos del nuevo orden mundial definen con el concepto de globalización, la cual se da a través de los mecanismos de Integración capitalista.

La globalización y la integración son procesos objetivos y por tanto inevitables, son producto de las necesidades actuales de la economía mundial, que requiere, en muchas de sus ramas, producción masiva, producción a escala, que no sólo rebasa los límites nacionales por lo que se refiere al proceso productivo, sino que los productos que se obtienen se orientan en forma creciente para el mercado exterior y se da cada vez, en mayor medida, la movilidad de los capitales y de la fuerza laboral,

Según los partidarios de la globalización, la economía mundial es cada vez menos la suma de economías individuales, para convertirse en una economía integrada a escala internacional, en donde todos dependen de los demás. Con lo anterior se quiere significar que, en el mundo de hoy, ninguna nación es capaz de subsistir por sí sola, por poderosa que sea, si no se encuentra en una relación de interdependencia con las demás. Dicha tesis es falsa, ya que las desigualdades entre las naciones que deciden integrarse, generan, en todos los casos, condiciones de subordinación de las naciones menos desarrolladas hacía las que se encuentran en la fase imperialista y hacia los grandes monopolios que tienen una enorme influencia en la marcha de sus economías, por lo que sólo podemos hablar de una interdependencia marcada por la desigualdad, En estas condiciones, es evidente que el, capital financiero internacional es el que está imponiendo las condiciones del proceso de integración.

Por otra parte, la globalización, no consiste solamente en la internacionalización del capital, sino en un proceso más profundo, no se limita a los convenios entre los monopolios para sacar un mayor provecho en los procesos productivos y comerciales, sino de injerencia estatal creciente a través de los gobiernos de los países imperialistas, que se encargan de intimidar, amenazar y agredir para lograr que se supriman las barreras que los países débiles interponen, para tratar de impedir el avasallamiento del capital financiero internacional. Adicionalmente, el capital parasitario, el capital especulativo, característica de la etapa imperialista, como señalara Lenin, cada vez adquiere una mayor presencia y evidencia con mayor claridad el carácter caduco del capitalismo.

Los teóricos al servicio de los monopolios, derivan de la tesis de la globalización, la de la interdependencia y de ambas, la necesidad de impulsar la existencia de bloques regionales integracionistas en donde las grandes potencias ocupan el papel principal. Impulsan el libre comercio mundial, la supresión de la política proteccionista de los países que quedan bajo la influencia de los países industrializados y, en general, la dependencia de las economías de los países influidos por ellos. En nuestro continente después de la suscripción del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLC), del surgimiento del Mercosur y de otros procesos similares, ahora se impulsa la constitución del mercado más grande del mundo, a través del Acuerdo de Libre Comercio de las Américas (ALCA), que abarcarla, excepción hecha de Cuba, a todos los países del continente americano.

La integración, debido al desarrollo desigual de los diversos países que participan en esos procesos , ahonda desigualdades y genera políticas de subordinación, ya que el capital financiero se aprovecha de la interdependencia desigual para subordinar a sus socios lo cual, a fin de cuentas, no es más que una forma nueva de colonialismo.

Si bien es cierto que, dicha integración y la liberalización del intercambio económico, incentivan el mercado capitalista, agilizan el desarrollo de las fuerzas productivas y ahonda la especialización e internacionalización de los procesos productivos, lo que disminuye costos, aumenta productividad y, con ello, la masa de mercancías, que el comercio entre los países integrados crece a tasas mayores que las del comercio mundial, origina mayor presencia del capital externo a la zona, también es verdad que todo lo anterior es en beneficio de la nación o naciones más desarrolladas de las que inician estos procesos integracionistas y que no puede impedir las fases recesivas, ni mucho menos las crisis cíclicas. Crisis que ahora adquieren nuevas modalidades como la que empezó como un necesario ajuste en la paridad de la moneda de Tailandia, que se transformó rápidamente en una crisis financiera que afectó también con gran crudeza las economías de otros países de Asía y que ahora ha generado, como una de sus secuelas, una caída de las principales bolsas de valores del mundo, Esa crisis financiera aún no concluye y amenaza con desencadenar un proceso que puede llevar a un colapso financiero global y con ello, a un largo período recesivo de la economía mundial.

Además, a través de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), los países imperialistas impulsan un Acuerdo Multilateral de Inversiones (AMI), para imponer los intereses del capital financiero a todos los pueblos del mundo, Dicho acuerdo reserva todos los derechos de manera unilateral a favor de corporaciones e inversionistas internacionales y asigna todos las obligaciones a los Estados nacionales. Así los inversionistas tendrían derecho a invertir en lo que quisieran, en un mercado desregulado al grado extremo de desaparecer toda restricción; y los gobiernos estarían obligados a proteger inversiones y ganancias, sin límite alguno.

Todo lo que acontece en la actualidad no representa nada novedoso si hablamos de la esencia del proceso de desarrollo de la sociedad capitalista en su fase imperialista, es más bien un cambio de formas, una adecuación de sus políticas para aprovechar al máximo las condiciones actuales de impetuoso desarrollo de las fuerzas productivas, pero al mismo tiempo, no es más que una agudización cada vez mayor de todas las contradicciones del capitalismo.

De cara a esta realidad, nuestros partidos están cada vez más urdidos de realizar el análisis colectivo, tanto de estas nuevas situaciones como de las respuestas que la clase obrera debe esgrimir para orientar a sus pueblos en la lucha por transformar revolucionariamente a la sociedad.

Frente a los que desertaron de la lucha, frente a los que traicionaron a sus pueblos y se pasaron al bando enemigo, frente a los que quisieron transformar a los partidos comunistas y obreros en organizaciones al servicio de los intereses de la burguesía, nosotros tenemos la enorme responsabilidad de demostrar teórica y prácticamente, que las geniales tesis de Marx, de Engels, de Lenin y de tantos otros jefes de la clase obrera internacional siguen siendo vigentes, porque sigue existiendo la sociedad de explotación capitalista que hizo necesaria la creación de una teoría de la clase obrera para sustituir el régimen de explotación asalariada por una sociedad superior, el socialismo.

   
 
  Teoría y Práctica. Organo de Teoría y Política
del Comité Central del Partido Popular Socialista de México
   

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