|
En
la segunda mitad del siglo XVIII el hombre dio un salto enorme.
Causa, la revolución industrial. De los talleres artesanales,
de los talleres familiares y los obrajes en que laboraban los trabajadores
de ese siglo, pasaron a las fábricas, éstas reúnen
varios centenares de operarios y en poco tiempo, millares de personas.
Los
empresarios, dueños de las fábricas, no contaron con
el enorme problema que toda esta gente generaría en sus nuevos
centros de trabajo, y, una vez creados, menos pensaron en darles
solución. Grandes poblaciones se encuentran en las ciudades.
Los
obreros viven en sótanos totalmente insalubres, en condiciones
inhumanas, a esto hay que agregar, largas jornadas de trabajo, salarios
de miseria y nula libertad personal.
De
esta manera los trabajadores se dan cuenta que sólo unidos
haciendo un frente común, mejorarán sus demandas y
en consecuencia, sus niveles de vida. Así surgen los sindicatos.
A
mediados del siglo XIX, en toda Europa los sindicatos se multiplican,
la razón es que la industria crece en forma constante y los
obreros buscan, aparte de mejorar sus condiciones salariales, un
lugar en la estructura social.
En
México, las condiciones que vive el país bajo la dictadura
de Porfirio Díaz, no permiten una organización de
trabajadores hasta que el sistema político es derrocado.
Las
organizaciones de obreros empiezan a surgir después de 1910,
conforme la Revolución Mexicana va cambiando las estructuras
económicas del país, basadas fundamentalmente en la
concentración de la tierra en pocas manos.
Así,
en este contexto se levanta la figura férrea, decidida de
un hombre nacido el 16 de julio de 1894 en Teziutlán, Puebla:
Vicente Lombardo Toledano.
Siendo
adolescente, le toca vivir los grandes cambios de distintos regímenes
que envejecían en el mundo y en la humanidad flotaba ya un
ambiente de renovación.
La
vorágine del imperialismo seguía su expansión
con esa misión de abuso, fijando el coloniaje y modificando
el mapa mundial para su beneficio y despertando la idea de la primera
conflagración mundial, México era víctima,
además, de colonia económica de varias potencias del
mundo. Jamás un pueblo había vivido en carne propia
la sujeción y opresión, como el nuestro en esos años
de dictadura porfirista. Los trabajadores dejaban su vida en las
fábricas y en las minas, víctimas de una oligarquía
que devastaba, saqueaba y malversaba las riquezas naturales del
suelo y del subsuelo, además terminaba con la vida de la
gente joven, convirtiéndola en capital financiero que se
fugaba.
La
democracia política prácticamente desapareció
hasta del lenguaje ya que la dictadura porfirista marginaba y aplastaba
al pueblo con una frase casi invulnerable "poca política
y mucha administración".
Vicente
Lombardo Toledano, es un hombre de la Revolución Mexicana,
porque ella le hizo entender el drama de nuestro pueblo, le abrió
los horizontes para afiliarse al pueblo trabajador y le mostró
la vía que tenía el pueblo de México para seguir
avanzando en el sentido de la independencia nacional y del progreso
social.
El
mismo lo expresó en alguna ocasión: "comencé
a pensar en México el día en que estalló la
Revolución".
Vicente
Lombardo Toledano es en nombre de su tiempo y de más allá
de su tiempo. La época que le toco vivir lo forjó,
le dio perfectamente la perspectiva de un nuevo tiempo en la historia:
la de una sociedad superior, en la que desaparezca de la realidad
y de la conciencia de la humanidad, la visión de Thomas Hobbes,
de que: "el hombre es el lobo del hombre".
Las
revoluciones son las que mejoran la educación política.
Sin lugar a dudas la Revolución Mexicana dio profundas lecciones
a Lombardo sobre lo que estaba sufriendo su país y su pueblo.
Por eso al relacionarse con la clase obrera en 1917 a través
de la Universidad Popular, descubre paso a paso su campo de lucha.
Su militancia en el movimiento obrero lo encausó hacia la
búsqueda de nuevas armas teóricas.
Lombardo
es soldado del ejército invencible del proletariado, aunque
el término moleste a los actuales dueños del poder,
su vida la entregó a la lucha por la clase obrera. Para influir
en su destino, debía estar en donde estaban los obreros,
su militancia en la CROM fue guiada por principios y no por líneas
oportunistas circunstanciales.
La
clase obrera es la clase social revolucionaria por excelencia, la
que con sus manos y su cerebro crea la riqueza con la transformación
de la naturaleza.
La
historia de la organización de la clase obrera, es la historia
contemporánea de la lucha revolucionaria de la sociedad.
Por su contenido, la lucha de la clase obrera es: política,
económica e ideológica.
Por
su forma, esta lucha se realiza a través del partido político
de la clase obrera y en el plano internacional en el reforzamiento
de su carácter unitario.
Los
sindicatos son organizaciones de masas de frente único, donde
en forma voluntaria se agrupan los trabajadores para, independientemente
de sus opiniones políticas, creencias religiosas, su raza
o sexo, luchar por reivindicaciones comunes a sus intereses de clase
y defender sus derechos, bajo cualquier sistema de la vida social.
Los
sindicatos son centros de organización de la clase obrera,
de agrupamiento y cohesión de sus fuerzas, así como
escuelas de educación de clase. Son ejes de la organización
de la clase obrera que se prepara, con sus luchas, para la emancipación
de todo el pueblo; por lo que apoyan todo movimiento político
o social que se encamine a ese fin.
Es
en el curso de la etapa armada de la Revolución Mexicana,
que el movimiento obrero adquiere un carácter nacional, desde
el punto de vista organizativo.
En
todo el curso del presente siglo, el movimiento obrero de México
ha estado ligado a las luchas políticas nacionales, de tal
forma que, independientemente de los principios en que ha sustentado
sus acciones, el sindicalismo ha tenido que ofrecer una respuesta
política ante diversos acontecimientos históricos.
Como
en otros países, las líneas sindicales, que han influido
en la orientación de las luchas de la clase obrera en México,
son: el anarco sindicalismo, el reformismo y el sindicalismo revolucionario.
El
anarco sindicalismo sostiene la táctica de la acción
directa, reivindica la espontaneidad de las masas y niega la lucha
en el terreno político, para limitarla al aspecto económico.
El
reformismo postula el avance gradual de los cambios en la sociedad,
limita la lucha sindical a las meras reivindicaciones económicas-,
es oportunista, niega la lucha revolucionaria y con ello, protege
la supervivencia del régimen capitalista de la producción.
El
sindicalismo revolucionario sustenta el principio de la lucha de
clases, supera el economicismo de las luchas sindicales y reivindica
las causas fundamentales del pueblo. Considera a la huelga y a las
batallas contra los patrones como etapas de preparación para
la lucha por el poder político, lo que hace de los sindicatos
una fuerza revolucionaria.
En
un país como el nuestro, en circunstancias actuales y siendo
un país dependiente, se acentúan en forma efímera
las victorias económicas, por lo que las luchas sindicales
de la clase obrera necesita ser, al mismo tiempo, por las reclamaciones
populares y nacionales.
Sin
embargo, a pesar de los avances alcanzados durante los últimos
años, en lo programático y en su combatividad, la
clase obrera enfrenta obstáculos en el desarrollo de sus
acciones, que cumplirán el ya de por sí difícil
camino hacia el progreso social.
El
movimiento sindical de la actualidad tiene ante sí un problema
fundamental, el problema de su unidad.
Mientras
no se alcance la unidad del movimiento obrero, seguirá padeciendo:
antidemocracia, corrupción, olvido de la lucha de clase,
pérdida del poder de compra de los salarios y el estancamiento
de la conciencia de clase.
Se
oponen a la unidad, el gremialismo, los intereses políticos
personales de algunos dirigentes, el vanguardismo y el sectarismo
que obstaculizan el trabajo unitario. La línea de la aventura
y la provocación conduce al enfrentamiento con el Estado
y con las direcciones sindicales reformistas, con el pretexto de
la democratización. Esta corriente representada por los de
ultra izquierda, utilizando demandas de los trabajadores, precipita
sus acciones sin medir consecuencias con el fin de rebasar a las
direcciones, crear comités paralelos y propiciar conflictos
políticos permanentes que conducen a la división.
Ignorando premeditadamente, la correlación de las fuerzas,
minimizando las del adversario y exaltando la espontaneidad de las
masas.
De
su parte, los líderes oportunistas o reformistas, en su afán
de conservar las direcciones sindicales, manejan demagógicamente
los problemas de los trabajadores y niegan la relación que
tienen con las luchas sociales del pueblo. Sofocan la vida democrática
y se entregan al poder público, a los patrones, o hacen de
los sindicatos apéndices de los partidos políticos.
El
sindicalismo revolucionario combate a la aventura y la provocación
así como todo aquello que pretende reducir la acción
de los trabajadores al mero campo de las reivindicaciones económicas.
El
sindicalismo revolucionario, funde al movimiento obrero en la lucha
del pueblo por terminar con la injusta distribución de la
riqueza y con la subordinación de México respecto
del extranjero.
El
sindicalismo revolucionario es un movimiento que forma parte de
la lucha por alcanzar la liberación definitiva del pueblo.
El
sindicalismo revolucionario defiende la independencia de los sindicatos
con relación al patrón, para preservar los intereses
de los trabajadores; respecto del poder público para no perder
la orientación clasista de las luchas, y respecto de los
partidos políticos, para que no se conviertan en fuente de
sectarismo o de ambiciones políticas.
El
sindicalismo revolucionario plantea la lucha por la democracia sindical,
como herramienta incomparable para alcanzar las mejores decisiones
y traza los caminos que garanticen el triunfo de las reivindicaciones
de los trabajadores.
También
impulsa la lucha por la unidad y su permanente fortalecimiento,
como un resultado sistemático de la discusión y las
acciones organizadas de los trabajadores en su lucha contra el patrón.
Las
condiciones actuales revisten características cuya compleja
interpretación está influyendo en los matices que
necesita adoptar la lucha del movimiento obrero.
Ante
todo estos hechos ¿qué ha sucedido en el campo de
la lucha política y social y al interior de las filas del
movimiento obrero?
En
primer término, se ha enconado la lucha de clases y la confrontación
política entre el campo democrático antiimperialista
y las fuerzas proimperialistas de la derecha y la reacción.
Habiendo
reagrupado sus fuerzas, los dirigentes patronales se han lanzado
a fondo para rectificar rumbo surgido de la Revolución Mexicana
por el que venía avanzando México, en lucha por su
plena independencia y soberanía y por crear las bases para
la construcción, en su momento, de una sociedad superior,
socialistas y comunista. Con la implantación del neoliberalismo
dependiente, el imperialismo y la gran burguesía han cambiado
la correlación de fuerzas a su favor; los últimos
gobiernos han entregado la riqueza del país y, todavía
no conformes, pretenden privatizar las industrias eléctrica
y petrolera.
La
Constitución de 1917 recogió en varios de sus artículos
el sentido nacionalista con objeto de limitar y en algunos casos
excluir la injerencia del capital extranjero y sus agentes en nuestra
vida política y económica. Facultado, sobre todo,
por el artículo 27 constitucional, que le daba la base para
intervenir de manera directa en la economía, en calidad de
promotor y agente activo de la misma, el gobierno mexicano emprendió
el camino del capitalismo de Estado que, en nuestro caso, nada tuvo
que ver con el keynesianismo, ya que hasta cronológicamente
surgió antes. Así, el gobierno no sólo reconstruyó
caminos y presas; fomentó la educación popular, sino
que respondió a las necesidades de los campesinos repartiendo
la tierra. Cabe aclarar que las grandes transformaciones en la economía
para acelerar un desarrollo independiente en un país que
se encontrara en las condiciones que tenía México
no estaban por esas fechas definidas ni teórica ni jurídicamente.
Podemos
afirmar que entre los primeros documentos que trazaron un programa
nacional revolucionario para reconstruir al país sobre las
bases de la independencia nacional y el progreso social, está
el programa de la CROM depurada (Confederación Regional Obrera
Mexicana), que elaboró Vicente Lombardo Toledano en 1932.
En este documento, junto a las demandas de clase de los trabajadores,
económicas y sociales, y a la proclamación de los
principios que debían regir la vida y la lucha de los sindicatos
en México, se incluyó también la exigencia
de dar un vigoroso impulso a la Reforma Agraria; establecer restricciones
y limitaciones al capital extranjero con el fin de desalojarlo de
las ramas fundamentales de la economía y establecer como
una obligación del Estado hacerse cargo de manera directa
de estas últimas.
Este
programa de la CROM depurada encierra ya tácitamente la función
social del sindicato en las condiciones de un país como México,
con dos objetivos esenciales: 1) mejoramiento de las condiciones
de vida de la clase obrera, lo que se traduce en demandas concretas
a sus patrones particulares o estatales, y 2) movilización
para que México crezca, se desarrolle y prospere sin sometimiento
a los intereses extranjeros.
En
1941 se efectuó el Congreso económico de la CTM (Confederación
de Trabajadores de México). Un nuevo gobierno iniciaba sus
funciones en el país, el de Lázaro Cárdenas,
y fuera de él la Segunda Guerra Mundial se extendía.
Una de las resoluciones de la CTM en este Congreso fue: es deber
de la clase obrera revolucionaria, reforzar la intervención
del Estado democrático mexicano y la autoridad del propio
Estado en la dirección de la economía nacional, como
la forma mejor de levantar la estructura económica revolucionaria,
por encima de la estructura que representa el capital privado, evitando
la dispersión de las fuerzas materiales de los sectores progresistas
del país.
De
acuerdo con estos mismos propósitos, la CTM consideró
que el desarrollo de la economía nacional en sus ramas principales
debía hacerse de acuerdo con un plan, que debían estar
a cargo del Estado y, por lo tanto, se hacía indispensable
su nacionalización. Fue así como desde las grandes
centrales sindicales surgieron los conceptos medulares del capitalismo
de Estado como vía nacional revolucionaria de desarrollo
que podría conducir a la plena independencia economía
y política de México y asentar las bases para la ulterior
construcción de una sociedad socialista y comunista. El papel
de Vicente Lombardo Toledano fue fundamental en todo este proceso.
En
tiempos actuales, con la correlación de fuerzas imperante
en el mundo; cuando unas cuantas potencias, Estados Unidos, Alemania
y Japón, de hecho se han repartido al mundo, convirtiendo
a los países de América Latina y Caribeña,
Asia y Africa, e incluso a los ex países socialistas de Europa
del Este, en inmensas maquiladoras, fuentes de materias primas y
fuerza de trabajo baratas, y han condenado a nuestros pueblos a
la sobreexplotación a la miseria y a la desesperanza, ¿qué
papel debe jugar el sindicalismo, ante este panorama mundial?
Debe
luchar por la más amplia unidad: unidad en el seno del sindicalismo
que evite su fragmentación; unidad del movimiento sindical
con otras fuerzas y sectores de la población que estén
dispuestos a enfrentar las políticas neoliberales en todos
sus aspectos; que estén dispuestos a enarbolar la lucha por
la soberanía y la unidad de los pueblos de América
Latina y el Caribe.
Debe
estar dispuesto a enarbolar un programa que no sólo comprenda
las demandas inmediatas de los trabajadores para mejorar sus condiciones
de vida, sino también otras que impulsen la posibilidad del
desarrollo económico sin subordinación al capital
financiero internacional ni a las agencias del imperialismo; un
programa que respete y fortalezca la identidad cultural común
de los pueblos de Nuestra América. Un programa con esas características
en su esencia fue trazado ya por el movimiento sindical revolucionario
mexicano y latinoamericano desde las décadas de los treintas
y los cuarentas. Existen documentos valiosos que deben ser reexaminados,
actualizados y enriquecidos. He ahí una tarea inmediata.
|