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Vicente
Fox, al darle posesión al nuevo director del Instituto Politécnico
Nacional, propuso que la institución debía ser autónoma.
El
planteamiento presidencial debe ser evaluado con toda responsabilidad,
ya que aborda un tema importante y de enormes consecuencias para
el futuro de la educación politécnica. El otorgarle
o no autonomía al IPN, no es un acto que tenga efecto solamente
en el ámbito administrativo, por el contrario, sus efectos
modificarían cuestiones de fondo respecto de la orientación
de la educación politécnica y, en esta etapa, representarían
una decisión contraria a la historia y objetivos de la institución.
No
se puede ignorar que el IPN nació a la vida educativa del
país como una necesidad histórica para apuntalar el
desarrollo de México. Por ello se le concibió como
un centro de enseñanza que, al mismo tiempo que contribuyera
a democratizar el acceso de estudiantes de escasos recursos a la
educación superior, permitiera la formación de profesionistas
de alto nivel en el campo de la ciencia y la tecnología aplicadas,
para que aportaran sus conocimientos y experiencias, para sentar
las bases de un país soberano e independiente, que garantizara
para sus habitantes mejores niveles de vida.
Tampoco
se debe olvidar que el IPN nació con la decisión y
la voluntad expresa de constituirse en una institución que
respondiera a los más altos ideales de la Revolución
Mexicana. Nació en la etapa más crucial de nuestra
historia moderna, en los momentos en que era urgente incorporarse
al proceso de industrialización del país. Por ello,
el IPN, diseña su perfil coincidente con los proyectos de
un Estado y una nación vinculados a los más elevados
intereses populares.
Hoy,
a más de 60 años de una vida académica intensa
y dinámica, el IPN ha aportado a México infinidad
de generaciones, integradas por jóvenes provenientes de todos
los rumbos del país, que con un sentido avanzado en las ciencias
y en el aspecto social, contribuyen a formar el México de
nuestros días. Es difícil encontrar una región
en donde no se haya dejado sentir la presencia y acción de
los ideales y propósitos que animaron a la fundación
del Politécnico. Esto contribuyó a crear un sistema
nacional de educación técnica, del cual el IPN asume
el papel de rector, aprovechando las experiencias y la capacidad
profesional de sus egresados.
Sin
embargo, el IPN no ha sido ajeno a los cambios negativos que se
han producido, en diversos sexenios, en torno a la educación
pública. Pero sobre todo desde 1982, año a partir
del cual los gobiernos neoliberales ha venido impulsando -en atención
a los mandatos y exigencias de los organismos financieros internacionales-
diversas medidas y acciones que forman parte de todo un proyecto
antinacional en cuanto a educación pública se refiere,
sobre todo en los niveles de educación media superior y superior.
Durante
el gobierno de Carlos Salinas se reformó el Artículo
Tercero constitucional para que el Estado abandonara su responsabilidad
respecto a la educación media superior y superior. La redacción
anterior obligaba al Estado a proporcionar educación gratuita
en todos los tipos y grados, mientras que la actual especifica como
obligatoria la educación básica, y respecto de la
media superior y la superior solamente establece que la promoverá
y atenderá, y también que apoyará la investigación
científica y tecnológica. La redacción de esa
norma constitucional, a partir de la modificación salinista,
diferenció con toda claridad la relación que el Estado
tendría con cada nivel educativo.
Además,
a través de la Asociación Nacional de Universidades
e Instituciones de Educación Superior (ANUIES) se toman una
serie de medidas que atentan contra la educación superior
pública de nuestro país.
Estas
decisiones se remontan al año de 1992 cuando Ernesto Zedillo,
en su carácter de Secretario de Educación Pública,
cuestionó la viabilidad de la educación superior pública
y planteó la necesidad de realizar modificaciones de fondo
en este nivel educativo.
Es
evidente que esa política está claramente vinculada
a la aplicación en nuestro país del proyecto neoliberal
y la integración subordinada de México a los planes
de los Estados Unidos de establecer bloques regionales supeditados
a sus intereses, como es el caso del Tratado de Libre Comercio de
América del Norte (TLC) y, sobre todo, el Acuerdo de Libre
Comercio de las Américas (ALCA).
Estos
antecedentes no son muy útiles para entender el papel que
juega la ANUIES y uno de sus instrumentos: el Centro Nacional de
Evaluación para la Educación Superior (CENreview),
que tiene, entre otras, las finalidades siguientes:
1.-
Proporcional al gobierno y a las empresas que lo requieran la información
de la calidad académica de los egresados.
2.-
Evaluar a los egresados como vía para valorar los programas
de estudio y el personal académico, es decir, evaluar a las
instituciones de educación superior.
3.-
Utilizar esa evaluación como criterio para asignar recursos
a las instituciones de educación superior, a través
del presupuesto federal.
Todo
ello con la finalidad de lograr el propósito de la ANUIES,
de que en el año 2020, no existan diferencias entre la educación
media superior y superior, pública y privada.
Lo
anterior significa poner la educación superior al servicio
de los intereses privados a partir de los proyectos para reestructurarla
-que no son exclusivos para nuestro país, sino para todos
los de América Latina- promovidos por organismos internacionales
como el Banco Mundial (BM).
Uno
de los objetivos de este proyecto es el de contar con un modelo
educativo utilitarista, mecanicista, adecuados a los intereses del
capital financiero internacional y, por lógica, ajeno a los
intereses nacionales y populares. Para ello requieren aplicar planes
y programas de estudio que correspondan a los intereses de las empresas
transnacionales que ocupan, cada vez más, el papel determinante
en la economía de nuestro país.
Todas
estas políticas, también han repercutido en el IPN,
y ante la perspectiva de que se le haga abandonar en definitiva,
las características democráticas, nacionalistas y
populares que le dieron origen, se hace necesario presentar un proyecto
alternativo al neoliberal, aplicado desde la presidencia de la República.
La
disyuntiva es clara. Se pone al IPN -como lo quiere Fox- al servicio
del capital financiero internacional y de los intereses privados,
o se retoman las características que le dieron origen, para
convertirlo en importante instrumento para el desarrollo científico
y tecnológico de México, como parte de la lucha por
lograr la definitiva independencia del país respecto del
imperialismo norteamericano y para mejorar las condiciones de vida
de los sectores populares. No hay términos medios.
En
este marco, debe quedar claro, en primer lugar, que la lucha por
la autonomía de las instituciones de educación superior,
es necesario evaluarla en función de los aspectos concretos
en los que ésta se de.
Si
se trata de desvincular a la institución de una orientación
reaccionaria o fascista, de evitar que administrativamente se encuentre
en manos de instituciones ajenas a la comunidad educativa, como
sucede con la presencia del ejército en las dictaduras militares,
la lucha por la autonomía es parte de la lucha revolucionaria.
Pero, si se trata de desvincularla de principios filosóficos
progresistas como los que contiene el Artículo Tercero que
establece, entre otros, que la educación que imparta el Estado
mexicano tiene que ser científica; ajena a cualquier doctrina
religiosa; democrática, considerando que la democracia no
se agota con el acto de elegir autoridades, sino que implica la
instauración de un gobierno que eleve constantemente las
condiciones de vida del pueblo, la lucha por la autonomía
puede, aunque esto no sea lo que se desee, servir a los intereses
antinacionales y antipopulares, representados en este momento por
los gobernantes neoliberales.
En
segundo lugar, si la vemos desde el punto de vista administrativo,
la lucha en torno a la autonomía, no solamente no es la fundamental,
sino que implica enormes riesgos. Si se otorga la autonomía
al IPN, se estará abriendo la puerta para que se cobre la
educación que ahí se imparte y les será más
fácil a las autoridades neoliberales involucrar a la institución
en los planes antinacionales de la ANUIES, pero no es menos cierto
que si se evita que ese paso se produzca, no es suficiente para
detener la implantación del proyecto impulsado por el Banco
Mundial y el gobierno neoliberal de Vicente Fox.
Por
ello se hace necesario que la comunidad politécnica y, en
general, las organizaciones y personalidades del campo democrático,
nacionalista y revolucionario, combatamos las pretensiones de poner
la educación pública al servicio de los proyectos
impulsados por el imperialismo.
En
contrapartida es indispensable, a pesar de las condiciones adversas,
impulsar un proyecto que redefina el carácter y objetivos
del IPN; que rediseñe planes y programas de estudio, para
ponerlos en consonancia con los cambios científicos y tecnológicos
que se producen vertiginosamente, pero sin abandonar la orientación
basada en los principios educativos contenidos en el Artículo
Tercero constitucional. En resumen, que reedifique a la institución
para que retome los objetivos que le dieron origen, y se convierta,
de nueva cuenta, en la instancia de educación media superior
y superior que proporcione los cuadros científicos y técnicos
del más alto nivel, imbuidos de un elevado nacionalismo y
con una formación democrática y popular.
Todo
lo anterior para reafirmar la importancia del IPN y de todo el sistema
nacional de educación técnica, como instituciones
capaces de ofrecer educación media superior y superior de
calidad y gratuita a todos los jóvenes de extracción
popular, hasta hacer de ésta un derecho y no privilegio para
unos cuantos.
Ciudad
de México, Mayo de 2001.
La
Dirección Nacional
Cuauhtémoc
Amezcua Dromundo
Secretario
General
Belisario
Aguilar Olvera, Juan Campos Vega, Luis Miranda Reséndiz,
Humberto Pliego Arenas, José Santos Cervantes, Martín
Tavira Urióstegui, Jorge Tovar Montañez, José
Santos Urbina Mendoza.
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