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a)
La globalización y la Revolución científico-técnica.
La
globalización es un resultado inevitable del desarrollo de
la sociedad y se ha dado en medio de un avanzado proceso de monopolización
transnacional, con la hegemonía del capital financiero y
bajo el dominio de las grandes potencias imperialistas.
Sin
embargo, la globalización no resuelve las contradicciones
congénitas del régimen capitalista ni lo saca de su
crisis histórica sino que, por el contrario, la agudiza,
además para los ideólogos al servicio del capital
financiero, la globalización se ha convertido en un recurso
argumental que pretenden presentar como novedoso para sostener que
"no nos queda otro camino".
La
revolución científico técnica, también
es un fenómeno de nuestros días, que ha desarrollado
de manera poderosa los instrumentos de producción y ha jugado
un papel significativo tanto en el proceso de la globalización
con el desenlace que ha tenido, como en los cambios en la correlación
de fuerzas en la arena mundial, particularmente en la caída
del proyecto concreto de socialismo que se construía en la
Unión Soviética y otros países de Europa.
Sin
embargo, la revolución científico técnica no
cambia las relaciones sociales ni, mucho menos, soluciona los problemas
históricos de la burguesía, como lo pretenden los
ideólogos del capitalismo. Ya en el Manifiesto del Partido
Comunista, Marx y Engels señalaron también que, a
diferencia de las clases que habían ocupado el papel dominante
en los anteriores sistemas sociales, "la burguesía no
puede existir sino a condición de revolucionar incesantemente
los instrumentos de producción..." y desarrollar las
fuerzas productivas, lo que en efecto, hasta hoy ha venido sucediendo
sin que sea, por lo tanto, ningún hecho novedoso o ajeno
a las condiciones normales de existencia de esa clase social.
Los
cambios en la producción han ocasionado la precarización
del empleo en todo el mundo, la cual se expresa con: desempleo creciente
y no recuperable; pérdida del poder adquisitivo del salario;
proceso de descalificación-calificación del trabajo;
disgregación de los trabajadores; desregulación de
las condiciones de protección de los trabajadores y desarticulación
de la organización laboral dentro y fuera del proceso de
trabajo.
Este
proceso mundial de reestructuración afecta a todos los trabajadores
del planeta. Los trabajadores norteamericanos, por ejemplo, fueron
de los mejores pagados del mundo durante la posguerra y contaban
con elevadas prestaciones sociales.
Sin
embargo, el capital estadounidense también ha lanzado contra
ellos una dura ofensiva. Para 1997, el sueldo por hora, medido en
dólares, de un trabajador norteamericano manufacturero, se
cotizó en 18.24 dólares; el de un alemán, en
28.28 dólares; el de un austriaco, en 21.92 dólares,
y el de un suizo, en 24.19 dólares; estos salarios se encontraron
por arriba del norteamericano en 55%, 20% y 32%, respectivamente.
No
importa qué tan calificado sea un trabajador ni qué
tan especializado e, incluso, qué tan elevado sea su salario
respecto al de otros trabajadores de su misma especialidad o respecto
de otros países: la tendencia general del trabajo en el mundo
es la precarización del empleo. Es decir, hay una desvalorización
generalizada del trabajo en términos económicos (salariales),
en términos de contenido (los cambios tecnológicos
afectan el "saber hacer" de los trabajadores) e, incluso,
existenciales por esta desvalorización económica y
moral del trabajo. Si bien es cierto que sigue habiendo una gran
brecha entre los trabajadores de los países desarrollados
y los subdesarrollados, también es cierto que la reestructuración
del capital tiende a homogeneizar a los trabajadores del mundo.
Los
trabajadores del planeta se enfrentan hoy al trabajo precario y
sin derechos laborales y aun sociales, debido a que cada vez están
más expuestos a las necesidades de reestructuración
de los grandes capitales transnacionales.
Por
tanto a la globalización no debe entendérsele de manera
superficial sino que debe siempre vincularse a los procesos de dominación
y apropiación. La globalización en esta etapa pone
énfasis en la dominación y la explotación de
los Estados menos desarrollados y de las clases trabajadoras.
En
otras palabras, el concepto imperialismo y la inclusión de
los procesos de apropiación y dominación son imprescindibles
en cualquier análisis serio sobre la internacionalización
económica que se observa a finales del siglo XX. Además,
debe quedar claramente establecido que la globalización no
sólo es un fenómeno imperial, sino también,
y esto es crucial, es un fenómeno de clase.
b)
La globalización en América Latina.
En
América Latina el impacto de la globalización económica
y de la liberalización de la economía implantada por
los gobiernos neoliberales han vuelto a la región cada vez
más dependiente y vulnerable.
La
políticas neoliberales no han cambiado la forma de inserción
histórica de los países latinoamericanos al mercado
mundial, los cuales continúan dependiendo de sus exportaciones
de materias primas y productos semielaborados. Cualquier variación
desfavorable en sus precios trae consecuencias negativas.
Es
decir, la especialización internacional de la producción
capitalista mantiene la esencia de su carácter desigual,
ya que, por un lado, las naciones desarrolladas se especializan
fundamentalmente en la producción dentro de las ramas llamadas
ultramodernas, lo cual les garantiza tener el control monopólico
de las innovaciones tecnológicas y la investigación
científico-técnica, además de privilegiar el
uso de fuerza de trabajo altamente calificada; mientras, por otro
lado, las economías subdesarrolladas acceden a una especialización
al dársele gran peso a sus industrias manufactureras, sobre
todo con la creación y propagación de las empresas
maquiladoras que fungen como un segmento de la producción
internacional de las empresas multinacionales, lo cual significa
para éstas la considerable reducción de costos, principalmente
por el acceso a una abundante fuerza de trabajo sumamente barata
y poco calificada.
Los
análisis de los resultados económicos de estos años
demuestran que el modelo neoliberal es incapaz de generar empleos
y tasas de crecimiento suficientes, además de ser una amenaza
permanente en contra de los trabajadores para conservar sus puestos
laborales.
El
neoliberalismo ha contribuido a incrementar el desempleo debido
a la disminución del papel desempeñado por el gobierno
respecto a la generación de empleos y a la reducción
del tamaño del Estado.
Por
otra parte, la política de ampliar las causas de despidos
justificados favorece el aumento de la desocupación.
En
el primer trimestre de 1999 el desempleo aumentó de 8.1 a
9.1%, lo que representaba 18 millones de personas, 4.5 millones
de personas más que en el mismo período de 1998.
La
Organización Internacional del Trabajo (OIT) señaló
que el desempleo al cierre del año podría ser de 8.8%,
superior al 8.2% registrado en 1998.
Las
mujeres son las más afectadas dentro de este grupo, pues
se elevó la desocupación femenina al 17.5%, casi se
duplicó (1.9 veces) el desempleo promedio urbano de la región
en 1999. No obstante, este factor aumentó más entre
hombres, se elevó de 7.2% entre los tres primeros trimestres
de 1998 a 8.2%, en igual período de 1999 y, en el caso de
las mujeres, l0.2 por ciento.
El
problema de empleo en América Latina no es peor por la disminución
del crecimiento poblacional, que pasó de 2.0% anual en los
años 80 al 1.8% anual en la presente década.
También
se ha reducido la demanda de la fuerza de trabajo en el período
1990-1998 a un ritmo de 2.9% y 3.2% anual, respectivamente.
La
precariedad laboral, producto, en gran parte, de la desregulación
y de la flexibilización laboral, se manifiesta tanto en el
sector estructurado o formal de la economía como en el no
estructurado o informal.
Los
empleos precarios (inseguros y desprotegidos) han predominado en
los últimos años en la región.
La
reconversión productiva o modernización, a diferencia
de los países industrializados, no se ha basado en la introducción
de nuevas tecnologías, sino en nuevas relaciones laborales
que llevan al establecimiento de empleos precarios por contrato
a tiempo determinado, bajos salarios y desprotección social.
La
situación de los ingresos de los trabajadores durante la
década tampoco ha sido favorable. Los salarios industriales
y los salarios mínimos registraron una débil recuperación
entre 1990 y 1998. Los salarios industriales aumentaron en términos
reales 2.7% anual en el período, pero siguen siendo un 27%
inferiores a la remuneración equivalente de comienzos de
los años 80.
También
los trabajadores informales registraron una disminución anual
de 1% de sus ingresos en los años 90-98.
Por
otra parte, es también difícil la situación
de cobertura de la seguridad social y el acceso a los servicios
de salud en América Latina.
La
mitad de la población de la región, unos 128 millones
de personas, no tienen acceso a ningún tipo de servicios
sanitarios.
El
propio Banco Mundial reconoce que la región de América
Latina y el Caribe tiene la más pronunciada disparidad en
los ingresos de todas las regiones en desarrollo del mundo.
Otros
análisis de la Comisión Económica para la América
Latina (CEPAL) arrojan que el 20% más rico de la población
tiene el 52.9% del ingreso, mientras que el 20.5 más pobre
sólo accede al 4.5% del ingreso.
La
misma CEPAL indica que en América Latina unos 220 millones
de personas, que representan el 45 por ciento de la población,
viven en la pobreza, de los cuales 117 millones son niños
y adolescentes menores de 20 años. Así, la América
Latina va construyendo sociedades en donde la riqueza es para unos
pocos y la pobreza para casi todos.
A
los pobres se suman nuevos pobres, a los teóricos de nuestras
sociedades ya no les basta la definición clásica de
pobreza que resulta insuficiente para explicar el fenómeno,
y buscan la manera de crear, a paso acelerado, categorías
para designar a más y nuevos tipos de pobres.
Así,
han incorporado a su estatuto teórico el concepto de "pobreza
extrema" o la frase ideológicamente complaciente de
"aquellos que menos tienen".
Pero
más tardan en acuñar los conceptos, cuando ya existen
nuevas realidades a ser definidas.
c)
La situación política en América Latina.
En
lo político, los neoliberales promueven reformas del Estado
en los países sometidos, cuyo propósito es reducir
sus funciones de todo carácter, para irlo convirtiendo en
un pequeño aparato cuyo papel se reduzca a su mínima
expresión, y para nada estorbe el libre movimiento del nuevo
poder real, detentado, cada vez más, por el capital extranjero
y sus asociados nacionales. Sin embargo, en las metrópolis
imperialistas no se realizan reformas del Estado semejantes. Por
el contrario, se le conserva como un aparato fuerte, capaz de intervenir
económica, política y aun militarmente, en cualquier
lugar del mundo, según los intereses imperialistas lo requieran.
Las
agencias del imperio inducen la privatización apoyando financiera,
ideológica y políticamente a regímenes neoliberales.
El proceso de privatización relega a un papel marginal a
las organizaciones sociales y movimientos ciudadanos. Los despidos
masivos, el cierre de industrias productivas, la conversión
de empresas manufactureras a importadoras, tienen como consecuencia
la reducción de trabajadores sindicalizados bien pagados,
el crecimiento del trabajo irregular en el sector informal y el
crecimiento de empleados que reciben bajos salarios.
América
Latina es una región que vive un híbrido generado
por dos realidades; la de la globalización, fundamentalmente
en su aspecto ideológico, que muchos gobiernos insisten en
promover, y la agudización de sus problemas sociales que
imprimen características peculiares a su vida política.
Lo que destaca en la situación política de América
Latina, es que los regímenes militares dieron paso, en lo
general, a regímenes neoliberales.
Podemos
ubicar tres grandes periodos, uno que coincide con la transición
de las dictaduras militares a gobiernos civiles ya mencionada, una
segunda que comienza a finales de la propia década de los
ochentas que destaca por la llegada de gobiernos tecnócratas
fundamentalistas neoliberales y se extiende hasta la primera mitad
de los noventas, y una tercera, que comienza a tomar forma en el
período actual, en el que acceden al poder gobiernos socialdemócratas
que en poco o nada se diferencian de los tecnócratas.
Con
respecto al régimen de gobierno para nuestros países,
los neoliberales se declaran partidarios de la democracia representativa
liberal, pero la aplican e imponen en condiciones que cancelan en
los hechos la libertad política de los ciudadanos para optar
entre diversos programas; y la igualdad, pues establecen normas
jurídicas y condiciones prácticas que tienden a excluir
por todos los medios a su alcance a los partidos políticos
que no se plieguen a sus intereses, en primer término los
comunistas y obreros, pero también los de tipo patriótico
y progresista. Por este medio se aseguran la existencia de gobiernos
dóciles a sus mandatos, quizá en mayor grado que cuando
sostenían aquellas feroces dictaduras militares, al mismo
tiempo, presentan una mejor imagen.
Ha
sido común en la mayoría de los países la combinación
de un discurso populista y antineoliberal en los procesos electorales,
pero una vez en el poder, retoma los programas llamados de ajuste
y estabilización al estilo del Fondo Monetario Internacional,
tan severos como los de cualesquiera de los regímenes neoliberales
salientes, que por todos han sido denunciados a causa del desmantelamiento
de los sistemas de seguridad social, eliminación de las leyes
que protegen el trabajo, las espirales de salarios descendentes,
el creciente desempleo, el crecimiento de la economía informal
y el mayor empobrecimiento de la población.
Pero
además, las medidas de ajuste estructural que acompañan
a los gobiernos neoliberales de la región no son un fenómeno
pasajero, el sacrificio social no es una condición temporal
en el camino hacia la prosperidad a gran escala en el largo plazo;
lo que las clases medias inferiores y las clases trabajadoras están
experimentando hoy en día es una espiral continua de declinación
de los niveles de vida, dado que las "estabilizaciones"
temporales son seguidas por nuevas series de medidas de "ajuste"
que erosionan adicionalmente los niveles de vida.
d)
El movimiento sindical en América Latina.
Por
todo lo anterior, en nuestro continente aumentan cada vez más
la pobreza, el hambre, la desnutrición y, por todo ello,
es necesario un llamado a la unidad del movimiento sindical.
Es
un reto para el movimiento sindical la cohesión de sus filas
dentro de cada país y en el ámbito regional para,
de esta forma, tratar de frenar la política neoliberal y
alcanzar su definitiva derrota.
Sin
embargo, las cúpulas capitalistas han diseñado e impulsado
en los últimos años diferentes estrategias para lograr
la desarticulación de los sindicatos, buscando dividirlos,
fragmentarlos y eliminarlos.
En
primera, se busca desarmar política e ideológicamente
al proletariado, deslizando la especie de que ya no existe la lucha
de clases, o bien a través de diferentes instrumentos, como
lo son los nuevos partidos socialdemócratas en América
Latina, encargados de difundir las concepciones reformistas de la
tercera vía, o a través de la creación de Organizaciones
No Gubernamentales (ONG´s), e incluso alentando la llamada
libertad sindical.
En
efecto, para contener los efectos sociales, los regímenes
y bancos imperiales alientan la aparición de organizaciones
no gubernamentales (ONG's) para absorber las poblaciones en actividades
locales que se ubican en los intersticios de la economía
dominada por las multinacionales, los bancos y el sector exportador.
Las ONG's contribuyen a debilitar los movimientos cívicos
y sociales en su lucha para confrontar el modelo neoliberal impuesto
por los centros imperiales.
Lo
irónico es la convergencia de la retórica de los bancos
imperiales sobre el "mercado" y la ideología de
la "sociedad civil" de las ONG's, que mina las luchas
colectivas por el cambio social y el papel positivo que desempeñan
los estados nacionales.
Al
mismo tiempo, después de sufrir una enorme campaña
de desprestigio en su contra, los partidos marxistas-leninistas
que son los más indicados para educar y dirigir a través
de sus miembros al movimiento sindical dentro de los cauces de la
lucha revolucionaria, casi han desaparecido, tienen una existencia
marginal o bien se han transformado en una izquierda lihgt, que
muy poco o nada tiene que ver con la defensa de los intereses de
clase del proletariado.
Por
otro lado están los socialdemócratas, falsos críticos
del neoliberalismo, que más bien son sus seguidores vergonzantes:
tales elementos están a favor del "libre mercado",
del "libre comercio", de la "libre circulación
de capitales"; de las privatizaciones y de la desregulación
de la economía.
Esta
corriente difunde los planteamientos sobre una posible tercera vía,
de carácter socialdemócrata, keynesiana o neokeynesiana.
Tales planteamientos, en la práctica, tienden más
bien a encubrir una actitud conformista, identificada con el neoliberalismo
y la dependencia, que emerge con mayor claridad cuando, quienes
los sustentan, hablan de quitar al neoliberalismo sus aristas más
filosas, dotarlo de rostro humano o algunas cuestiones semejantes.
En
este contexto, el neoliberalismo ha lanzado también como
parte de su ofensiva general, el tema de la "libertad sindical".
Para
Milton Friedman, los efectos de la gestión sindical son negativos
para el conjunto de la sociedad, ya que aquélla tiene su
origen en la "habilidad para limitar el núcleo de empleos
disponibles o, lo que es igual, reducir la cifra de trabajadores
que pueden ocupar un empleo determinado. Los sindicatos han podido
limitar la cifra de empleos imponiendo unos salarios altos, en general
con ayuda del Estado". Y agrega: "Evidentemente, los sindicatos
no pueden ejercer esta función si no está cerrada
o limitada la libertad de empresas para contratar obreros no sindicados".
Así,
para que desaparezcan las "prácticas restrictivas de
los sindicatos" y la competencia opere en el sistema de libre
mercado, se sugiere la generalización de la libertad de asociación
sindical.
Para
combatir lo que Milton Friedman llama las "prácticas
restrictivas" de los sindicatos, el Banco Mundial forjó
en su informe de 1995, dedicado al mundo del trabajo en una economía
integrada, una definición de libertad sindical que prácticamente
subsume la libertad colectiva en la libertad individual, estableciendo
como libertad sindical el derecho individual de cada trabajador
"a afiliarse al sindicato de su elección o a no afiliarse
a ninguno". La operacionalización de dicha definición,
como es obvio, debilita el poder de los trabajadores y sus sindicatos
frente al capital.
Sin
embargo, evitan reconocer que sin bilateralidad, ni contratación
colectiva y derecho a huelga, no hay libertad sindical, aunque haya
libertad de asociación sindical. Los promotores de la "libertad
sindical", insisten en hacer creer a los trabajadores que la
libertad sindical es beneficiosa, y que a partir de ella es posible,
además, abatir al "corporativismo".
La
realidad es otra. En las condiciones actuales de ofensiva neoliberal
en contra de la clase trabajadora, la "libertad sindical",
sienta las bases para pulverizar los sindicatos, dividir y enfrentar
a los trabajadores; tiende a separar y a aislar a las corrientes
democráticas de los trabajadores, y a fortalecer con todo
ello, a las dirigencias sindicales corporativas, reformistas o propatronales,
en lugar de debilitarlas.
Frente
a la política de desindicalización y fragmentación
sindical, impulsada por el Banco Mundial, se hace necesario que
la clase trabajadora se organice para luchar en contra de las políticas
económica, laboral y de reforma del Estado neoliberales;
que se organicen para recuperar sus sindicatos y para que éstos
vuelvan a ser instrumentos de clase en defensa de sus intereses;
para que luchen en contra de las dirigencias sindicales que apoyan
e imponen las políticas neoliberales en los centros de trabajo
y en los sindicatos. Y para luchar unitariamente y con todas sus
fuerzas, por la democratización de sus organizaciones sindicales.
Frente
a la estrategia de la pulverización sindical (sindicatitos
paralelos), cobra relevancia la estrategia de la democratización
de los sindicatos. Con la que una vez conquistada la democracia
sindical, y recuperadas las funciones clasistas de los sindicatos
en América Latina se abrirá, en el momento mismo en
que lo decidan unitariamente los trabajadores, la lucha por la verdadera
libertad sindical: libertad de asociación, derecho a la contratación
colectiva y derecho de huelga.
En
fin, todo esto ha traído como consecuencia un debilitamiento
del movimiento sindical a nivel continental y mundial, que se expresa
en la disminución del número de trabajadores sindicalizados
y en la ausencia de una coherente estrategia y capacidad de lucha.
Sin
embargo pese a la diversidad de posiciones políticas, filosóficas
y religiosas que caracterizan hoy al movimiento sindical latinoamericano
y mundial y a las divergencias de criterios existentes entre muchas
organizaciones, incluso dentro de un mismo país, es necesario
y también posible que el movimiento sindical a nivel mundial,
y en cada región y país, avance en la búsqueda
de los caminos de la unidad y de la acción común.
Los
trabajadores deben reconocer la necesidad de la colaboración
entre las organizaciones sindicales de todo el mundo, en el marco
de un verdadero espíritu solidario y de respeto mutuo, en
el que prevalezca el derecho de cada organización a trazar
su propio camino para la defensa de la causa de los trabajadores.
e)
La educación política e ideológica de las masas.
Para
hacer frente a esta difícil situación, se requiere
de la participación activa permanente y tenaz de la clase
trabajadora en la lucha política e ideológica. Al
respecto hay que recordar lo que Vicente Lombardo Toledano decía:
"La condición primera para que los trabajadores -manuales
e intelectuales, en todas las escalas de la producción o
de los servicios- puedan participar eficazmente en la vida política,
es que tengan un conocimiento claro de lo que es la estructura económica
basada en la propiedad privada de los instrumentos de la producción;
del mecanismo que produce la plusvalía en el régimen
capitalista y de sus consecuencias en la vida personal, familiar
y colectiva. Porque no basta con sentir la explotación para
tener conciencia de clase. Es necesario que los explotados, los
que sólo sienten los efectos del régimen social establecido,
conozcan las causas de la explotación y sepan cómo
deben desaparecer éstas en el proceso histórico de
la sociedad. Esto quiere decir que el punto de partida para la organización
es la tarea de la educación política".
Y
agregaba: "Porque la conciencia de clase no se limita al presente,
sino que se proyecta sobre el futuro. Si los trabajadores no conocen,
al mismo tiempo, lo que son el sistema capitalista y el sistema
socialista, no pueden compararlos, carecerán de elementos
para enjuiciar el uno y el otro y para luchar por una sociedad mejor
que la de hoy".
Al
mismo tiempo advertía: "La educación política,
sin embargo, no se limita a las cuestiones generales o abstractas.
Es un examen de los acontecimientos diarios a la luz de los principios
del socialismo científico... y una serie de conclusiones
para preparar el advenimiento del régimen socialista, tomando
en consideración la realidad de cada momento del desarrollo
social. En otras palabras, la educación política es
una tarea permanente de estudio, de examen crítico de las
hechos de proposiciones y medidas concretas, sobre la realidad de
cada periodo de la evolución social".
Tampoco
podemos olvidar lo que desde antes había advertido Lenin:
"Debemos emprender una intensa labor de educación política
de la clase obrera, de desarrollo de su conciencia política.
"Cabe
preguntar: ¿en qué debe consistir la educación
política? ¿Podemos limitarnos a propagar la idea de
que la clase obrera es hostil a la autocracia? Está claro
que no. No basta con explicar la opresión política
de que son objeto los obreros (de la misma manera que era insuficiente
explicarles el antagonismo entre sus intereses y los de los patronos).
Hay que hacer agitación con motivo de cada hecho concreto
de esa opresión (como hemos empezado a hacerla con motivo
de las manifestaciones de opresión económica). Y puesto
que las más diversas clases de la sociedad son víctimas
de esta opresión, puesto que se manifiesta en los más
diferentes ámbitos de la vida y de la actividad sindical,
cívica, personal, familiar, religiosa, científica,
etcétera, ¿no es evidente que incumpliríamos
nuestra misión de desarrollar la conciencia política
de los obreros si no asumiéramos la tarea de organizar una
campaña de denuncias políticas de la autocracia en
todos los aspectos? Porque para hacer agitación con motivo
de las manifestaciones concretas de la opresión es preciso
denunciar esas manifestaciones (lo mismo que para hacer agitación
económica era necesario denunciar los abusos cometidos en
las fábricas)".
En
efecto, a Lenin, correspondió desarrollar las tesis sindicales
de Marx y de Engels en su época, precisando con gran claridad
las relaciones entre los diversos instrumentos de la clase obrera.
Lenin
recordaba las observaciones hechas por Engels en 1874 sobre la importancia
que tiene la teoría en el movimiento socialdemócrata,
es decir, en el movimiento revolucionario denominado así
en aquel tiempo. Engels reconoce no dos formas de la gran lucha
de la socialdemocracia, la política y la económica,
sino tres, colocando a su lado también la lucha teórica.
A
esa convicción se debe la batalla sistemática librada
por Lenin -decía el Maestro Lombardo-, contra la teoría
de la espontaneidad de las masas, Lenin decía que: "La
historia de todos los países atestigua que la clase obrera,
exclusivamente con sus propias fuerzas, sólo está
en condiciones de elaborar una conciencia sindicalista, es decir,
la convicción de que es necesario agruparse en sindicatos,
luchar contra los patronos, reclamar del gobierno la promulgación
de tales o cuales leyes necesarias para los obreros, etcétera.
En cambio, la doctrina del socialismo ha surgido de teorías
filosóficas, históricas y económicas que han
sido elaboradas por representantes instruidos de las clases poseedoras,
por los intelectuales".
"Eso
explica -seguía diciendo Lenin- que nuestra tarea, la de
la socialdemocracia, consiste en combatir la espontaneidad, consiste
en apartar al movimiento obrero de esta tendencia espontánea
del sindicalismo a cobijarse bajo el ala de la burguesía,
y atraerlo hacia el ala de la socialdemocracia revolucionaria".
Y
agregaba: "La conciencia política de clase no se le
puede aportar al obrero más que del exterior, esto es, desde
afuera de la lucha económica, desde afuera de las relaciones
entre obreros y patronos".
Y
contestando a la pregunta: ¿Qué hacer para dar a los
obreros conocimientos políticos?, decía: "los
socialdemócratas deben ir a todas las clases de la población,
deben enviar a todas partes destacamentos de su ejército.
"Debemos
ir a todas las clases de la población como teóricos,
como propagandistas, como agitadores y como organizadores. Nadie
duda de que el trabajo teórico de los socialdemócratas
debe orientarse hacia el estudio de todas las particularidades de
la situación social y política de las diversas clases...
Sólo el partido que organice campañas de denuncias
que realmente interesen a todo el pueblo, podrá convertirse
en nuestros días en vanguardia de las fuerzas revolucionarias".
Sobre
esta base el Maestro Lombardo sostenía que el nivel de la
lucha sindical en cada país y en cada etapa de su desarrollo,
está íntimamente ligada a la existencia y condiciones
de trabajo del partido político de la clase obrera. Como
todos los revolucionarios marxistas Vicente Lombardo Toledano sostenía
que: "no existe acción revolucionaria sin teoría
revolucionaria". Por esto, uno de los principios de la lucha
sindical revolucionaria es el de reconocer la existencia de la lucha
de clases, como contradicción natural entre la clase propietaria
del capital y la clase proletaria y consecuencia lógica de
la sociedad dividida en clases con intereses opuestos. Asimismo,
que la única manera de liquidar la lucha de clases es aboliendo
la causa que la engendra, la propiedad privada de los instrumentos
de la producción económica, para convertirla en propiedad
perteneciente a toda la sociedad".
En
base a lo anterior, el movimiento sindical para ser revolucionario
necesita reconocer que la burguesía y el proletariado son
clases antagónicas ya que sus intereses son opuestos. Las
formas de lucha de clases, entre ambos, esta determinada por las
formas de organización del proletariado y se da de tres maneras:
económica, política e ideológica.
La
lucha económica es históricamente la primera forma
de la lucha de clases del proletariado y su más importante
medio es la huelga; parcial o general esta lucha ha servido para
defender y mejorar las condiciones económicas del proletariado
y ha contribuido a organizarlo y para que se trace objetivos de
mayor envergadura.
Más
a pesar de su importancia, la lucha económica no basta para
abolir la explotación capitalista, para ello es imprescindible
la lucha política.
Porque
en la lucha económica la clase obrera se enfrenta a sus explotadores
en forma parcial; mientras que en la política, la clase obrera
y la burguesía se enfrentan como clases en conjunto.
La
lucha económica y la lucha política están ligadas
entre sí de manera indisoluble, cuando la lucha económica
se da al margen de la lucha política, en los obreros se forja
solamente una conciencia economicista y pierden la perspectiva de
las luchas de la clase obrera; si la liga a la lucha política,
dirigida por el partido marxista-leninista, la clase obrera adquiere
conciencia de clase, proletaria; comprende sus intereses cardinales
de clase, su misión histórica y sus tareas revolucionarias.
La
lucha económica hace necesaria la organización del
proletariado en sindicatos; la lucha política requiere la
creación de un partido político marxista-leninista,
que es la forma superior de organización de clase del proletariado.
Para
impulsar a la clase obrera a la más amplia lucha económica
y sobre todo política, es imprescindible ayudarla a tomar
conciencia de sus intereses cardinales de clase, esto se logra a
través de la lucha teórica e ideológica.
La
introducción de la doctrina de la clase obrera, de la ideología
del marxismo-leninismo eleva la lucha de clases a un nivel superior,
y es tan necesaria como las demás formas de esta lucha para
la victoria definitiva del proletariado.
La
lucha de clases del proletariado, por lo tanto, debe precisar con
claridad las relaciones entre las luchas económicas, políticas
e ideológicas, es decir, entre los sindicatos y el partido
de la clase obrera.
f)
Las tareas inmediatas del proletariado latinoamericano: Unidad,
Democracia e Independencia sindical.
En
base a las tesis sindicales de los grandes maestros de la clase
trabajadora, podemos afirmar que una de las tareas más urgentes
es la de lograr la unidad de la clase trabajadora, porque la consigna
fundamental para todos los trabajadores sigue siendo, desde hace
más de siglo y medio "Trabajadores del mundo, uníos",
pero no cualquier unidad o la unidad a cualquier costo, esta unidad
se debe dar sobre la base de reconocer los principios que rigen
la lucha de la clase obrera, y que el Maestro Lombardo precisó
con toda claridad:
"1.
Cuando la clase obrera pierde su independencia ante la clase patronal
o ante el Estado, olvida que es la única clase social revolucionaria
y que no puede convertirse ni en reserva ni en instrumento de la
burguesía.
2.-
Cuando se proscribe en los sindicatos la democracia como práctica
de sus asambleas y como método para llegar a sus determinaciones,
esa medida contribuye a sostener dirigentes opuestos a sus intereses
inmediatos y a sus tareas históricas.
3.-
Cuando los sindicatos niegan el valor de la doctrina de la clase
obrera se dedican exclusivamente a las reivindicaciones materiales,
caen en el economismo y pierden la perspectiva de las luchas de
la clase obrera.
4.-
Cuando los sindicatos se convierten en partidos políticos,
postergan sus funciones propias y crean la división en sus
filas.
5.-
Cuando los sindicatos no forman sus cuadros y no los educan políticamente
de acuerdo con la doctrina de la clase obrera, lo mismo que a sus
elementos de base, permiten la influencia ideológica de la
burguesía en sus filas y sólo mantienen su unidad
en apariencia.
6.-
Cuando se intenta conquistar la dirección sindical por procedimientos
antidemocráticos, pasando por encima de la opinión
de la mayoría o violando los estatutos de una organización,
ésta se divide y pierde su fuerza.
7.-
Cuando se crean en el seno de las agrupaciones sindicales dos o
más corrientes de opinión y no se discuten sus diferencias
para llegar a conclusiones unánimes y constructivas, se llega
invariablemente a la división.
8.-
Cuando se separan de una federación o confederación
algunos sindicatos, con el pretexto de alejarlos de las ideas reaccionarias
de sus líderes, se olvida la teoría sindical revolucionaria
y se abre la puerta a la división.
9.-
Cuando los dirigentes de los sindicatos se empeñan en aplicar
sistemáticamente los mismos métodos de lucha en todos
los conflictos y en todas las circunstancias, sin crear los adecuados
en cada ocasión, las agrupaciones sindicales fracasan.
10.-
Cuando se hacen prevalecer las diferencias entre los sindicatos
o sus dirigentes por encima de sus posibles puntos de acuerdo, la
unidad es imposible y los enemigos de la clase obrera aumentan su
fuerza y contribuyen a mantener la división.
11.-
Las desviaciones de derecha, lo mismo que las desviaciones de izquierda,
frenan el desarrollo y la unidad de las agrupaciones sindicales,
estancan su lucha o las conducen a la derrota.
12.-
Si las reivindicaciones de clase de los trabajadores no se asocian
en un país semicolonial como México, a las demandas
del pueblo y a las exigencias de la liberación nacional,
los éxitos de la clase obrera son transitorios y pueden anularse
con facilidad.
13.-
Si la clase trabajadora acepta o tolera la dirección de los
organismos y de los líderes que sirven al imperialismo norteamericano,
cabeza del imperialismo internacional, se convierte en enemiga de
sus propios intereses y, también, de los intereses del pueblo
y de la Nación mexicana.
14.-
La tarea fundamental de los sindicatos y de sus dirigentes progresistas
y revolucionarios, es la de hacer posible la unidad de todos los
trabajadores, independientemente de su afiliación y de sus
ideas políticas, en acciones comunes por las demandas de
las grandes mayorías, para hacer posible la reconstrucción
de la unidad orgánica perdida.
15.-
Los sindicatos son organizaciones de masas o de frente único,
constituidos por trabajadores de la ciudad o del campo, que se agrupan
fundamentalmente para defender y mejorar sus condiciones de vida
y de trabajo; pero no tienen como misión llegar al poder,
tarea que corresponde a los partidos, sino la de contribuir con
la preparación de las masas que agrupan, a hacer posible
la transformación de la sociedad bajo la dirección
del partido político de la clase obrera.
16.-
Lo importante para la clase obrera, sindical o políticamente
organizada, es darse cuenta de que su tarea histórica es
la de crear las condiciones para hacer posible la desaparición
del régimen de la explotación del hombre por el hombre".
Bibliografía:
- James
Petras y Morris Morley. "Los ciclos políticos neoliberales:
América Latina 'se ajusta' a la pobreza y a la riqueza
en la era de los mercados libres, en John Saxe-Fernández.
Globalización: Crítica a un paradigma. México,
Editorial Plaza Janés, 1999. Págs. 215-246.
- OIT.
Oficina Regional para América Latina y el Caribe. Panorama
Laboral 98.
- Carlos
M. Vilas. Pobreza, inequidad social y deterioro laboral en América
Latina: ¿"Asignaturas pendientes" o resultados
sistémicos?
- Materiales
del 121 Pleno del Comité Central del Partido Popular Socialista.
Pachuca Hidalgo, (16-18 de Julio) México, 1999.
- Vicente
Lombardo Toledano. Teoría y Práctica del Movimiento
Sindical Mexicano. México, Ediciones del Partido Popular
Socialista, 1994.
- Vladimir
Ilich Lenin. ¿Qué Hacer? Moscú, Editorial
Progreso, 1979.
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