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TAREAS INMEDIATAS DE LA CLASE TRABAJADORA DE AMERICA LATINA
Por José SANTOS CERVANTES

a) La globalización y la Revolución científico-técnica.

La globalización es un resultado inevitable del desarrollo de la sociedad y se ha dado en medio de un avanzado proceso de monopolización transnacional, con la hegemonía del capital financiero y bajo el dominio de las grandes potencias imperialistas.

Sin embargo, la globalización no resuelve las contradicciones congénitas del régimen capitalista ni lo saca de su crisis histórica sino que, por el contrario, la agudiza, además para los ideólogos al servicio del capital financiero, la globalización se ha convertido en un recurso argumental que pretenden presentar como novedoso para sostener que "no nos queda otro camino".

La revolución científico técnica, también es un fenómeno de nuestros días, que ha desarrollado de manera poderosa los instrumentos de producción y ha jugado un papel significativo tanto en el proceso de la globalización con el desenlace que ha tenido, como en los cambios en la correlación de fuerzas en la arena mundial, particularmente en la caída del proyecto concreto de socialismo que se construía en la Unión Soviética y otros países de Europa.

Sin embargo, la revolución científico técnica no cambia las relaciones sociales ni, mucho menos, soluciona los problemas históricos de la burguesía, como lo pretenden los ideólogos del capitalismo. Ya en el Manifiesto del Partido Comunista, Marx y Engels señalaron también que, a diferencia de las clases que habían ocupado el papel dominante en los anteriores sistemas sociales, "la burguesía no puede existir sino a condición de revolucionar incesantemente los instrumentos de producción..." y desarrollar las fuerzas productivas, lo que en efecto, hasta hoy ha venido sucediendo sin que sea, por lo tanto, ningún hecho novedoso o ajeno a las condiciones normales de existencia de esa clase social.

Los cambios en la producción han ocasionado la precarización del empleo en todo el mundo, la cual se expresa con: desempleo creciente y no recuperable; pérdida del poder adquisitivo del salario; proceso de descalificación-calificación del trabajo; disgregación de los trabajadores; desregulación de las condiciones de protección de los trabajadores y desarticulación de la organización laboral dentro y fuera del proceso de trabajo.

Este proceso mundial de reestructuración afecta a todos los trabajadores del planeta. Los trabajadores norteamericanos, por ejemplo, fueron de los mejores pagados del mundo durante la posguerra y contaban con elevadas prestaciones sociales.

Sin embargo, el capital estadounidense también ha lanzado contra ellos una dura ofensiva. Para 1997, el sueldo por hora, medido en dólares, de un trabajador norteamericano manufacturero, se cotizó en 18.24 dólares; el de un alemán, en 28.28 dólares; el de un austriaco, en 21.92 dólares, y el de un suizo, en 24.19 dólares; estos salarios se encontraron por arriba del norteamericano en 55%, 20% y 32%, respectivamente.

No importa qué tan calificado sea un trabajador ni qué tan especializado e, incluso, qué tan elevado sea su salario respecto al de otros trabajadores de su misma especialidad o respecto de otros países: la tendencia general del trabajo en el mundo es la precarización del empleo. Es decir, hay una desvalorización generalizada del trabajo en términos económicos (salariales), en términos de contenido (los cambios tecnológicos afectan el "saber hacer" de los trabajadores) e, incluso, existenciales por esta desvalorización económica y moral del trabajo. Si bien es cierto que sigue habiendo una gran brecha entre los trabajadores de los países desarrollados y los subdesarrollados, también es cierto que la reestructuración del capital tiende a homogeneizar a los trabajadores del mundo.

Los trabajadores del planeta se enfrentan hoy al trabajo precario y sin derechos laborales y aun sociales, debido a que cada vez están más expuestos a las necesidades de reestructuración de los grandes capitales transnacionales.

Por tanto a la globalización no debe entendérsele de manera superficial sino que debe siempre vincularse a los procesos de dominación y apropiación. La globalización en esta etapa pone énfasis en la dominación y la explotación de los Estados menos desarrollados y de las clases trabajadoras.

En otras palabras, el concepto imperialismo y la inclusión de los procesos de apropiación y dominación son imprescindibles en cualquier análisis serio sobre la internacionalización económica que se observa a finales del siglo XX. Además, debe quedar claramente establecido que la globalización no sólo es un fenómeno imperial, sino también, y esto es crucial, es un fenómeno de clase.

b) La globalización en América Latina.

En América Latina el impacto de la globalización económica y de la liberalización de la economía implantada por los gobiernos neoliberales han vuelto a la región cada vez más dependiente y vulnerable.

La políticas neoliberales no han cambiado la forma de inserción histórica de los países latinoamericanos al mercado mundial, los cuales continúan dependiendo de sus exportaciones de materias primas y productos semielaborados. Cualquier variación desfavorable en sus precios trae consecuencias negativas.

Es decir, la especialización internacional de la producción capitalista mantiene la esencia de su carácter desigual, ya que, por un lado, las naciones desarrolladas se especializan fundamentalmente en la producción dentro de las ramas llamadas ultramodernas, lo cual les garantiza tener el control monopólico de las innovaciones tecnológicas y la investigación científico-técnica, además de privilegiar el uso de fuerza de trabajo altamente calificada; mientras, por otro lado, las economías subdesarrolladas acceden a una especialización al dársele gran peso a sus industrias manufactureras, sobre todo con la creación y propagación de las empresas maquiladoras que fungen como un segmento de la producción internacional de las empresas multinacionales, lo cual significa para éstas la considerable reducción de costos, principalmente por el acceso a una abundante fuerza de trabajo sumamente barata y poco calificada.

Los análisis de los resultados económicos de estos años demuestran que el modelo neoliberal es incapaz de generar empleos y tasas de crecimiento suficientes, además de ser una amenaza permanente en contra de los trabajadores para conservar sus puestos laborales.

El neoliberalismo ha contribuido a incrementar el desempleo debido a la disminución del papel desempeñado por el gobierno respecto a la generación de empleos y a la reducción del tamaño del Estado.

Por otra parte, la política de ampliar las causas de despidos justificados favorece el aumento de la desocupación.

En el primer trimestre de 1999 el desempleo aumentó de 8.1 a 9.1%, lo que representaba 18 millones de personas, 4.5 millones de personas más que en el mismo período de 1998.

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) señaló que el desempleo al cierre del año podría ser de 8.8%, superior al 8.2% registrado en 1998.

Las mujeres son las más afectadas dentro de este grupo, pues se elevó la desocupación femenina al 17.5%, casi se duplicó (1.9 veces) el desempleo promedio urbano de la región en 1999. No obstante, este factor aumentó más entre hombres, se elevó de 7.2% entre los tres primeros trimestres de 1998 a 8.2%, en igual período de 1999 y, en el caso de las mujeres, l0.2 por ciento.

El problema de empleo en América Latina no es peor por la disminución del crecimiento poblacional, que pasó de 2.0% anual en los años 80 al 1.8% anual en la presente década.

También se ha reducido la demanda de la fuerza de trabajo en el período 1990-1998 a un ritmo de 2.9% y 3.2% anual, respectivamente.

La precariedad laboral, producto, en gran parte, de la desregulación y de la flexibilización laboral, se manifiesta tanto en el sector estructurado o formal de la economía como en el no estructurado o informal.

Los empleos precarios (inseguros y desprotegidos) han predominado en los últimos años en la región.

La reconversión productiva o modernización, a diferencia de los países industrializados, no se ha basado en la introducción de nuevas tecnologías, sino en nuevas relaciones laborales que llevan al establecimiento de empleos precarios por contrato a tiempo determinado, bajos salarios y desprotección social.

La situación de los ingresos de los trabajadores durante la década tampoco ha sido favorable. Los salarios industriales y los salarios mínimos registraron una débil recuperación entre 1990 y 1998. Los salarios industriales aumentaron en términos reales 2.7% anual en el período, pero siguen siendo un 27% inferiores a la remuneración equivalente de comienzos de los años 80.

También los trabajadores informales registraron una disminución anual de 1% de sus ingresos en los años 90-98.

Por otra parte, es también difícil la situación de cobertura de la seguridad social y el acceso a los servicios de salud en América Latina.

La mitad de la población de la región, unos 128 millones de personas, no tienen acceso a ningún tipo de servicios sanitarios.

El propio Banco Mundial reconoce que la región de América Latina y el Caribe tiene la más pronunciada disparidad en los ingresos de todas las regiones en desarrollo del mundo.

Otros análisis de la Comisión Económica para la América Latina (CEPAL) arrojan que el 20% más rico de la población tiene el 52.9% del ingreso, mientras que el 20.5 más pobre sólo accede al 4.5% del ingreso.

La misma CEPAL indica que en América Latina unos 220 millones de personas, que representan el 45 por ciento de la población, viven en la pobreza, de los cuales 117 millones son niños y adolescentes menores de 20 años. Así, la América Latina va construyendo sociedades en donde la riqueza es para unos pocos y la pobreza para casi todos.

A los pobres se suman nuevos pobres, a los teóricos de nuestras sociedades ya no les basta la definición clásica de pobreza que resulta insuficiente para explicar el fenómeno, y buscan la manera de crear, a paso acelerado, categorías para designar a más y nuevos tipos de pobres.

Así, han incorporado a su estatuto teórico el concepto de "pobreza extrema" o la frase ideológicamente complaciente de "aquellos que menos tienen".

Pero más tardan en acuñar los conceptos, cuando ya existen nuevas realidades a ser definidas.

c) La situación política en América Latina.

En lo político, los neoliberales promueven reformas del Estado en los países sometidos, cuyo propósito es reducir sus funciones de todo carácter, para irlo convirtiendo en un pequeño aparato cuyo papel se reduzca a su mínima expresión, y para nada estorbe el libre movimiento del nuevo poder real, detentado, cada vez más, por el capital extranjero y sus asociados nacionales. Sin embargo, en las metrópolis imperialistas no se realizan reformas del Estado semejantes. Por el contrario, se le conserva como un aparato fuerte, capaz de intervenir económica, política y aun militarmente, en cualquier lugar del mundo, según los intereses imperialistas lo requieran.

Las agencias del imperio inducen la privatización apoyando financiera, ideológica y políticamente a regímenes neoliberales. El proceso de privatización relega a un papel marginal a las organizaciones sociales y movimientos ciudadanos. Los despidos masivos, el cierre de industrias productivas, la conversión de empresas manufactureras a importadoras, tienen como consecuencia la reducción de trabajadores sindicalizados bien pagados, el crecimiento del trabajo irregular en el sector informal y el crecimiento de empleados que reciben bajos salarios.

América Latina es una región que vive un híbrido generado por dos realidades; la de la globalización, fundamentalmente en su aspecto ideológico, que muchos gobiernos insisten en promover, y la agudización de sus problemas sociales que imprimen características peculiares a su vida política. Lo que destaca en la situación política de América Latina, es que los regímenes militares dieron paso, en lo general, a regímenes neoliberales.

Podemos ubicar tres grandes periodos, uno que coincide con la transición de las dictaduras militares a gobiernos civiles ya mencionada, una segunda que comienza a finales de la propia década de los ochentas que destaca por la llegada de gobiernos tecnócratas fundamentalistas neoliberales y se extiende hasta la primera mitad de los noventas, y una tercera, que comienza a tomar forma en el período actual, en el que acceden al poder gobiernos socialdemócratas que en poco o nada se diferencian de los tecnócratas.

Con respecto al régimen de gobierno para nuestros países, los neoliberales se declaran partidarios de la democracia representativa liberal, pero la aplican e imponen en condiciones que cancelan en los hechos la libertad política de los ciudadanos para optar entre diversos programas; y la igualdad, pues establecen normas jurídicas y condiciones prácticas que tienden a excluir por todos los medios a su alcance a los partidos políticos que no se plieguen a sus intereses, en primer término los comunistas y obreros, pero también los de tipo patriótico y progresista. Por este medio se aseguran la existencia de gobiernos dóciles a sus mandatos, quizá en mayor grado que cuando sostenían aquellas feroces dictaduras militares, al mismo tiempo, presentan una mejor imagen.

Ha sido común en la mayoría de los países la combinación de un discurso populista y antineoliberal en los procesos electorales, pero una vez en el poder, retoma los programas llamados de ajuste y estabilización al estilo del Fondo Monetario Internacional, tan severos como los de cualesquiera de los regímenes neoliberales salientes, que por todos han sido denunciados a causa del desmantelamiento de los sistemas de seguridad social, eliminación de las leyes que protegen el trabajo, las espirales de salarios descendentes, el creciente desempleo, el crecimiento de la economía informal y el mayor empobrecimiento de la población.

Pero además, las medidas de ajuste estructural que acompañan a los gobiernos neoliberales de la región no son un fenómeno pasajero, el sacrificio social no es una condición temporal en el camino hacia la prosperidad a gran escala en el largo plazo; lo que las clases medias inferiores y las clases trabajadoras están experimentando hoy en día es una espiral continua de declinación de los niveles de vida, dado que las "estabilizaciones" temporales son seguidas por nuevas series de medidas de "ajuste" que erosionan adicionalmente los niveles de vida.

d) El movimiento sindical en América Latina.

Por todo lo anterior, en nuestro continente aumentan cada vez más la pobreza, el hambre, la desnutrición y, por todo ello, es necesario un llamado a la unidad del movimiento sindical.

Es un reto para el movimiento sindical la cohesión de sus filas dentro de cada país y en el ámbito regional para, de esta forma, tratar de frenar la política neoliberal y alcanzar su definitiva derrota.

Sin embargo, las cúpulas capitalistas han diseñado e impulsado en los últimos años diferentes estrategias para lograr la desarticulación de los sindicatos, buscando dividirlos, fragmentarlos y eliminarlos.

En primera, se busca desarmar política e ideológicamente al proletariado, deslizando la especie de que ya no existe la lucha de clases, o bien a través de diferentes instrumentos, como lo son los nuevos partidos socialdemócratas en América Latina, encargados de difundir las concepciones reformistas de la tercera vía, o a través de la creación de Organizaciones No Gubernamentales (ONG´s), e incluso alentando la llamada libertad sindical.

En efecto, para contener los efectos sociales, los regímenes y bancos imperiales alientan la aparición de organizaciones no gubernamentales (ONG's) para absorber las poblaciones en actividades locales que se ubican en los intersticios de la economía dominada por las multinacionales, los bancos y el sector exportador. Las ONG's contribuyen a debilitar los movimientos cívicos y sociales en su lucha para confrontar el modelo neoliberal impuesto por los centros imperiales.

Lo irónico es la convergencia de la retórica de los bancos imperiales sobre el "mercado" y la ideología de la "sociedad civil" de las ONG's, que mina las luchas colectivas por el cambio social y el papel positivo que desempeñan los estados nacionales.

Al mismo tiempo, después de sufrir una enorme campaña de desprestigio en su contra, los partidos marxistas-leninistas que son los más indicados para educar y dirigir a través de sus miembros al movimiento sindical dentro de los cauces de la lucha revolucionaria, casi han desaparecido, tienen una existencia marginal o bien se han transformado en una izquierda lihgt, que muy poco o nada tiene que ver con la defensa de los intereses de clase del proletariado.

Por otro lado están los socialdemócratas, falsos críticos del neoliberalismo, que más bien son sus seguidores vergonzantes: tales elementos están a favor del "libre mercado", del "libre comercio", de la "libre circulación de capitales"; de las privatizaciones y de la desregulación de la economía.

Esta corriente difunde los planteamientos sobre una posible tercera vía, de carácter socialdemócrata, keynesiana o neokeynesiana. Tales planteamientos, en la práctica, tienden más bien a encubrir una actitud conformista, identificada con el neoliberalismo y la dependencia, que emerge con mayor claridad cuando, quienes los sustentan, hablan de quitar al neoliberalismo sus aristas más filosas, dotarlo de rostro humano o algunas cuestiones semejantes.

En este contexto, el neoliberalismo ha lanzado también como parte de su ofensiva general, el tema de la "libertad sindical".

Para Milton Friedman, los efectos de la gestión sindical son negativos para el conjunto de la sociedad, ya que aquélla tiene su origen en la "habilidad para limitar el núcleo de empleos disponibles o, lo que es igual, reducir la cifra de trabajadores que pueden ocupar un empleo determinado. Los sindicatos han podido limitar la cifra de empleos imponiendo unos salarios altos, en general con ayuda del Estado". Y agrega: "Evidentemente, los sindicatos no pueden ejercer esta función si no está cerrada o limitada la libertad de empresas para contratar obreros no sindicados".

Así, para que desaparezcan las "prácticas restrictivas de los sindicatos" y la competencia opere en el sistema de libre mercado, se sugiere la generalización de la libertad de asociación sindical.

Para combatir lo que Milton Friedman llama las "prácticas restrictivas" de los sindicatos, el Banco Mundial forjó en su informe de 1995, dedicado al mundo del trabajo en una economía integrada, una definición de libertad sindical que prácticamente subsume la libertad colectiva en la libertad individual, estableciendo como libertad sindical el derecho individual de cada trabajador "a afiliarse al sindicato de su elección o a no afiliarse a ninguno". La operacionalización de dicha definición, como es obvio, debilita el poder de los trabajadores y sus sindicatos frente al capital.

Sin embargo, evitan reconocer que sin bilateralidad, ni contratación colectiva y derecho a huelga, no hay libertad sindical, aunque haya libertad de asociación sindical. Los promotores de la "libertad sindical", insisten en hacer creer a los trabajadores que la libertad sindical es beneficiosa, y que a partir de ella es posible, además, abatir al "corporativismo".

La realidad es otra. En las condiciones actuales de ofensiva neoliberal en contra de la clase trabajadora, la "libertad sindical", sienta las bases para pulverizar los sindicatos, dividir y enfrentar a los trabajadores; tiende a separar y a aislar a las corrientes democráticas de los trabajadores, y a fortalecer con todo ello, a las dirigencias sindicales corporativas, reformistas o propatronales, en lugar de debilitarlas.

Frente a la política de desindicalización y fragmentación sindical, impulsada por el Banco Mundial, se hace necesario que la clase trabajadora se organice para luchar en contra de las políticas económica, laboral y de reforma del Estado neoliberales; que se organicen para recuperar sus sindicatos y para que éstos vuelvan a ser instrumentos de clase en defensa de sus intereses; para que luchen en contra de las dirigencias sindicales que apoyan e imponen las políticas neoliberales en los centros de trabajo y en los sindicatos. Y para luchar unitariamente y con todas sus fuerzas, por la democratización de sus organizaciones sindicales.

Frente a la estrategia de la pulverización sindical (sindicatitos paralelos), cobra relevancia la estrategia de la democratización de los sindicatos. Con la que una vez conquistada la democracia sindical, y recuperadas las funciones clasistas de los sindicatos en América Latina se abrirá, en el momento mismo en que lo decidan unitariamente los trabajadores, la lucha por la verdadera libertad sindical: libertad de asociación, derecho a la contratación colectiva y derecho de huelga.

En fin, todo esto ha traído como consecuencia un debilitamiento del movimiento sindical a nivel continental y mundial, que se expresa en la disminución del número de trabajadores sindicalizados y en la ausencia de una coherente estrategia y capacidad de lucha.

Sin embargo pese a la diversidad de posiciones políticas, filosóficas y religiosas que caracterizan hoy al movimiento sindical latinoamericano y mundial y a las divergencias de criterios existentes entre muchas organizaciones, incluso dentro de un mismo país, es necesario y también posible que el movimiento sindical a nivel mundial, y en cada región y país, avance en la búsqueda de los caminos de la unidad y de la acción común.

Los trabajadores deben reconocer la necesidad de la colaboración entre las organizaciones sindicales de todo el mundo, en el marco de un verdadero espíritu solidario y de respeto mutuo, en el que prevalezca el derecho de cada organización a trazar su propio camino para la defensa de la causa de los trabajadores.

e) La educación política e ideológica de las masas.

Para hacer frente a esta difícil situación, se requiere de la participación activa permanente y tenaz de la clase trabajadora en la lucha política e ideológica. Al respecto hay que recordar lo que Vicente Lombardo Toledano decía: "La condición primera para que los trabajadores -manuales e intelectuales, en todas las escalas de la producción o de los servicios- puedan participar eficazmente en la vida política, es que tengan un conocimiento claro de lo que es la estructura económica basada en la propiedad privada de los instrumentos de la producción; del mecanismo que produce la plusvalía en el régimen capitalista y de sus consecuencias en la vida personal, familiar y colectiva. Porque no basta con sentir la explotación para tener conciencia de clase. Es necesario que los explotados, los que sólo sienten los efectos del régimen social establecido, conozcan las causas de la explotación y sepan cómo deben desaparecer éstas en el proceso histórico de la sociedad. Esto quiere decir que el punto de partida para la organización es la tarea de la educación política".

Y agregaba: "Porque la conciencia de clase no se limita al presente, sino que se proyecta sobre el futuro. Si los trabajadores no conocen, al mismo tiempo, lo que son el sistema capitalista y el sistema socialista, no pueden compararlos, carecerán de elementos para enjuiciar el uno y el otro y para luchar por una sociedad mejor que la de hoy".

Al mismo tiempo advertía: "La educación política, sin embargo, no se limita a las cuestiones generales o abstractas. Es un examen de los acontecimientos diarios a la luz de los principios del socialismo científico... y una serie de conclusiones para preparar el advenimiento del régimen socialista, tomando en consideración la realidad de cada momento del desarrollo social. En otras palabras, la educación política es una tarea permanente de estudio, de examen crítico de las hechos de proposiciones y medidas concretas, sobre la realidad de cada periodo de la evolución social".

Tampoco podemos olvidar lo que desde antes había advertido Lenin: "Debemos emprender una intensa labor de educación política de la clase obrera, de desarrollo de su conciencia política.

"Cabe preguntar: ¿en qué debe consistir la educación política? ¿Podemos limitarnos a propagar la idea de que la clase obrera es hostil a la autocracia? Está claro que no. No basta con explicar la opresión política de que son objeto los obreros (de la misma manera que era insuficiente explicarles el antagonismo entre sus intereses y los de los patronos). Hay que hacer agitación con motivo de cada hecho concreto de esa opresión (como hemos empezado a hacerla con motivo de las manifestaciones de opresión económica). Y puesto que las más diversas clases de la sociedad son víctimas de esta opresión, puesto que se manifiesta en los más diferentes ámbitos de la vida y de la actividad sindical, cívica, personal, familiar, religiosa, científica, etcétera, ¿no es evidente que incumpliríamos nuestra misión de desarrollar la conciencia política de los obreros si no asumiéramos la tarea de organizar una campaña de denuncias políticas de la autocracia en todos los aspectos? Porque para hacer agitación con motivo de las manifestaciones concretas de la opresión es preciso denunciar esas manifestaciones (lo mismo que para hacer agitación económica era necesario denunciar los abusos cometidos en las fábricas)".

En efecto, a Lenin, correspondió desarrollar las tesis sindicales de Marx y de Engels en su época, precisando con gran claridad las relaciones entre los diversos instrumentos de la clase obrera.

Lenin recordaba las observaciones hechas por Engels en 1874 sobre la importancia que tiene la teoría en el movimiento socialdemócrata, es decir, en el movimiento revolucionario denominado así en aquel tiempo. Engels reconoce no dos formas de la gran lucha de la socialdemocracia, la política y la económica, sino tres, colocando a su lado también la lucha teórica.

A esa convicción se debe la batalla sistemática librada por Lenin -decía el Maestro Lombardo-, contra la teoría de la espontaneidad de las masas, Lenin decía que: "La historia de todos los países atestigua que la clase obrera, exclusivamente con sus propias fuerzas, sólo está en condiciones de elaborar una conciencia sindicalista, es decir, la convicción de que es necesario agruparse en sindicatos, luchar contra los patronos, reclamar del gobierno la promulgación de tales o cuales leyes necesarias para los obreros, etcétera. En cambio, la doctrina del socialismo ha surgido de teorías filosóficas, históricas y económicas que han sido elaboradas por representantes instruidos de las clases poseedoras, por los intelectuales".

"Eso explica -seguía diciendo Lenin- que nuestra tarea, la de la socialdemocracia, consiste en combatir la espontaneidad, consiste en apartar al movimiento obrero de esta tendencia espontánea del sindicalismo a cobijarse bajo el ala de la burguesía, y atraerlo hacia el ala de la socialdemocracia revolucionaria".

Y agregaba: "La conciencia política de clase no se le puede aportar al obrero más que del exterior, esto es, desde afuera de la lucha económica, desde afuera de las relaciones entre obreros y patronos".

Y contestando a la pregunta: ¿Qué hacer para dar a los obreros conocimientos políticos?, decía: "los socialdemócratas deben ir a todas las clases de la población, deben enviar a todas partes destacamentos de su ejército.

"Debemos ir a todas las clases de la población como teóricos, como propagandistas, como agitadores y como organizadores. Nadie duda de que el trabajo teórico de los socialdemócratas debe orientarse hacia el estudio de todas las particularidades de la situación social y política de las diversas clases... Sólo el partido que organice campañas de denuncias que realmente interesen a todo el pueblo, podrá convertirse en nuestros días en vanguardia de las fuerzas revolucionarias".

Sobre esta base el Maestro Lombardo sostenía que el nivel de la lucha sindical en cada país y en cada etapa de su desarrollo, está íntimamente ligada a la existencia y condiciones de trabajo del partido político de la clase obrera. Como todos los revolucionarios marxistas Vicente Lombardo Toledano sostenía que: "no existe acción revolucionaria sin teoría revolucionaria". Por esto, uno de los principios de la lucha sindical revolucionaria es el de reconocer la existencia de la lucha de clases, como contradicción natural entre la clase propietaria del capital y la clase proletaria y consecuencia lógica de la sociedad dividida en clases con intereses opuestos. Asimismo, que la única manera de liquidar la lucha de clases es aboliendo la causa que la engendra, la propiedad privada de los instrumentos de la producción económica, para convertirla en propiedad perteneciente a toda la sociedad".

En base a lo anterior, el movimiento sindical para ser revolucionario necesita reconocer que la burguesía y el proletariado son clases antagónicas ya que sus intereses son opuestos. Las formas de lucha de clases, entre ambos, esta determinada por las formas de organización del proletariado y se da de tres maneras: económica, política e ideológica.

La lucha económica es históricamente la primera forma de la lucha de clases del proletariado y su más importante medio es la huelga; parcial o general esta lucha ha servido para defender y mejorar las condiciones económicas del proletariado y ha contribuido a organizarlo y para que se trace objetivos de mayor envergadura.

Más a pesar de su importancia, la lucha económica no basta para abolir la explotación capitalista, para ello es imprescindible la lucha política.

Porque en la lucha económica la clase obrera se enfrenta a sus explotadores en forma parcial; mientras que en la política, la clase obrera y la burguesía se enfrentan como clases en conjunto.

La lucha económica y la lucha política están ligadas entre sí de manera indisoluble, cuando la lucha económica se da al margen de la lucha política, en los obreros se forja solamente una conciencia economicista y pierden la perspectiva de las luchas de la clase obrera; si la liga a la lucha política, dirigida por el partido marxista-leninista, la clase obrera adquiere conciencia de clase, proletaria; comprende sus intereses cardinales de clase, su misión histórica y sus tareas revolucionarias.

La lucha económica hace necesaria la organización del proletariado en sindicatos; la lucha política requiere la creación de un partido político marxista-leninista, que es la forma superior de organización de clase del proletariado.

Para impulsar a la clase obrera a la más amplia lucha económica y sobre todo política, es imprescindible ayudarla a tomar conciencia de sus intereses cardinales de clase, esto se logra a través de la lucha teórica e ideológica.

La introducción de la doctrina de la clase obrera, de la ideología del marxismo-leninismo eleva la lucha de clases a un nivel superior, y es tan necesaria como las demás formas de esta lucha para la victoria definitiva del proletariado.

La lucha de clases del proletariado, por lo tanto, debe precisar con claridad las relaciones entre las luchas económicas, políticas e ideológicas, es decir, entre los sindicatos y el partido de la clase obrera.

f) Las tareas inmediatas del proletariado latinoamericano: Unidad, Democracia e Independencia sindical.

En base a las tesis sindicales de los grandes maestros de la clase trabajadora, podemos afirmar que una de las tareas más urgentes es la de lograr la unidad de la clase trabajadora, porque la consigna fundamental para todos los trabajadores sigue siendo, desde hace más de siglo y medio "Trabajadores del mundo, uníos", pero no cualquier unidad o la unidad a cualquier costo, esta unidad se debe dar sobre la base de reconocer los principios que rigen la lucha de la clase obrera, y que el Maestro Lombardo precisó con toda claridad:

"1. Cuando la clase obrera pierde su independencia ante la clase patronal o ante el Estado, olvida que es la única clase social revolucionaria y que no puede convertirse ni en reserva ni en instrumento de la burguesía.

2.- Cuando se proscribe en los sindicatos la democracia como práctica de sus asambleas y como método para llegar a sus determinaciones, esa medida contribuye a sostener dirigentes opuestos a sus intereses inmediatos y a sus tareas históricas.

3.- Cuando los sindicatos niegan el valor de la doctrina de la clase obrera se dedican exclusivamente a las reivindicaciones materiales, caen en el economismo y pierden la perspectiva de las luchas de la clase obrera.

4.- Cuando los sindicatos se convierten en partidos políticos, postergan sus funciones propias y crean la división en sus filas.

5.- Cuando los sindicatos no forman sus cuadros y no los educan políticamente de acuerdo con la doctrina de la clase obrera, lo mismo que a sus elementos de base, permiten la influencia ideológica de la burguesía en sus filas y sólo mantienen su unidad en apariencia.

6.- Cuando se intenta conquistar la dirección sindical por procedimientos antidemocráticos, pasando por encima de la opinión de la mayoría o violando los estatutos de una organización, ésta se divide y pierde su fuerza.

7.- Cuando se crean en el seno de las agrupaciones sindicales dos o más corrientes de opinión y no se discuten sus diferencias para llegar a conclusiones unánimes y constructivas, se llega invariablemente a la división.

8.- Cuando se separan de una federación o confederación algunos sindicatos, con el pretexto de alejarlos de las ideas reaccionarias de sus líderes, se olvida la teoría sindical revolucionaria y se abre la puerta a la división.

9.- Cuando los dirigentes de los sindicatos se empeñan en aplicar sistemáticamente los mismos métodos de lucha en todos los conflictos y en todas las circunstancias, sin crear los adecuados en cada ocasión, las agrupaciones sindicales fracasan.

10.- Cuando se hacen prevalecer las diferencias entre los sindicatos o sus dirigentes por encima de sus posibles puntos de acuerdo, la unidad es imposible y los enemigos de la clase obrera aumentan su fuerza y contribuyen a mantener la división.

11.- Las desviaciones de derecha, lo mismo que las desviaciones de izquierda, frenan el desarrollo y la unidad de las agrupaciones sindicales, estancan su lucha o las conducen a la derrota.

12.- Si las reivindicaciones de clase de los trabajadores no se asocian en un país semicolonial como México, a las demandas del pueblo y a las exigencias de la liberación nacional, los éxitos de la clase obrera son transitorios y pueden anularse con facilidad.

13.- Si la clase trabajadora acepta o tolera la dirección de los organismos y de los líderes que sirven al imperialismo norteamericano, cabeza del imperialismo internacional, se convierte en enemiga de sus propios intereses y, también, de los intereses del pueblo y de la Nación mexicana.

14.- La tarea fundamental de los sindicatos y de sus dirigentes progresistas y revolucionarios, es la de hacer posible la unidad de todos los trabajadores, independientemente de su afiliación y de sus ideas políticas, en acciones comunes por las demandas de las grandes mayorías, para hacer posible la reconstrucción de la unidad orgánica perdida.

15.- Los sindicatos son organizaciones de masas o de frente único, constituidos por trabajadores de la ciudad o del campo, que se agrupan fundamentalmente para defender y mejorar sus condiciones de vida y de trabajo; pero no tienen como misión llegar al poder, tarea que corresponde a los partidos, sino la de contribuir con la preparación de las masas que agrupan, a hacer posible la transformación de la sociedad bajo la dirección del partido político de la clase obrera.

16.- Lo importante para la clase obrera, sindical o políticamente organizada, es darse cuenta de que su tarea histórica es la de crear las condiciones para hacer posible la desaparición del régimen de la explotación del hombre por el hombre".

Bibliografía:

  • James Petras y Morris Morley. "Los ciclos políticos neoliberales: América Latina 'se ajusta' a la pobreza y a la riqueza en la era de los mercados libres, en John Saxe-Fernández. Globalización: Crítica a un paradigma. México, Editorial Plaza Janés, 1999. Págs. 215-246.
  • OIT. Oficina Regional para América Latina y el Caribe. Panorama Laboral 98.
  • Carlos M. Vilas. Pobreza, inequidad social y deterioro laboral en América Latina: ¿"Asignaturas pendientes" o resultados sistémicos?
  • Materiales del 121 Pleno del Comité Central del Partido Popular Socialista. Pachuca Hidalgo, (16-18 de Julio) México, 1999.
  • Vicente Lombardo Toledano. Teoría y Práctica del Movimiento Sindical Mexicano. México, Ediciones del Partido Popular Socialista, 1994.
  • Vladimir Ilich Lenin. ¿Qué Hacer? Moscú, Editorial Progreso, 1979.
   
 
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