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LA ACCIÓN DE LOS COMUNISTAS EN EL MOVIMIENTO OBRERO SINDICAL. EL CASO DE MÉXICO1
Por Jorge TOVAR MONTAÑEZ

El neoliberalismo y su acción en contra de México y su clase obrera
Las políticas neoliberales datan en México de 1982. A imponerlas se han dedicado los cuatro últimos gobiernos, tres de ellos surgidos del PRI y el actual, del PAN. Esas políticas han sido fatales para los mexicanos, sobre todo para la clase obrera. La han condenado a un creciente desempleo, a salarios cada vez más raquíticos. La han llevado a niveles de vida peores, a la miseria, la insalubridad y la falta de acceso real a la educación y la cultura.

Estos gobiernos casi han acabado con el sector estatal de la economía, que pasó de 1155 empresas a apenas unas doscientas. Las han entregado a capitales privados, extranjeros los más, para su lucro y beneficio.

Entre otros actos que han puesto en marcha estos gobiernos se destaca sobre todo la firma del Tratado de Libre Comercio de Norteamérica con Canadá y Estados Unidos, (NAFTA, por sus siglas en inglés) Los daños que ha traído a la soberanía de México y a su perspectiva de desarrollo como Nación han sido brutales. Se ató al país a los designios yanquis y se ahondó el proceso de sumisión de nuestra economía. El NAFTA pasó a ser el nuevo motor de toda la política neoliberal en México. Y ha llevado a la casi total liquidación del Estado surgido de la Revolución Mexicana, comprometido con el desarrollo independiente y con la defensa y protección de los intereses de los obreros y los campesinos.

Del NAFTA al ALCA. El papel de Fox en el proyecto anexionista yanqui
Lo que no alcanzaron en los primeros casi veinte años de gobiernos neoliberales, ahora lo emprende el actual del presidente Vicente Fox. Su partido, el derechista Partido Acción Nacional, (PAN), fue fundado a finales de la década de los treinta por enviados de la Falange española y del Nazismo alemán, como base para la Quinta Columna que propiciaría, según sus planes, la toma de México por las fuerzas del nazifascismo. Eran los tiempos de la fase inicial de la Segunda Guerra Mundial.

Este personaje, Fox, ha puesto su empeño en privatizar las industrias petrolera y eléctrica, al tiempo que recorre el mundo como mercader, ofreciendo en venta al país entero.

Además, ha anunciado el fin de la tradicional política exterior mexicana enemiga del intervensionismo, la que ha exigido el respeto a la autodeterminación de los pueblos. Quiere sustituirla por otra ligada a los proyectos yanquis. Sólo una gran presión del pueblo, que incluyó también el pronunciamiento expreso de ambas cámaras del Parlamento mexicano, impidió el propósito de este gobierno de votar al lado de Estados Unidos y sus siervos en contra de Cuba, en la Comisión de Derechos Humanos en Ginebra, llevándolo a una abstención. Además, Fox ha dicho que se propone intervenir con soldados mexicanos en cualquier lugar del mundo, supeditándose también en esto a los intereses de Washington.

Y en ese mismo sentido, se ha convertido en un activista a favor del Área de Libre Comercio de las Américas, plan que pretende extender el NAFTA a todo el continente, y que ha sido denunciado con justa razón por Fidel Castro como un proyecto con el que Estados Unidos, en los hechos, pretende anexarse toda la región.

En la experiencia de México, el NAFTA ha llevado a la quiebra a decenas de miles de empresas nacionales que no pudieron sobrevivir a la llegada de otras, extrajeras, con mayores capitales y tecnología superior, que han venido en gran número para aumentar su tasa de ganancias a costa de los salarios diez o doce veces menores que pagan en México.

La agresión contra los derechos y las conquistas laborales
Los grupos más reaccionarios de patrones y gobierno despliegan una intensa campaña para reformar a fondo las leyes laborales. Quieren desaparecer de la Constitución el principio de las garantías sociales que reconoce los derechos de clase de los trabajadores, para sustituirlo por otro que establezca estas relaciones de modo individualista, para satisfacer los intereses del gran capital transnacional. Quieren sustituir el principio de la lucha de clases que da sustento a la organización y al combate de los trabajadores por mejores condiciones de vida y de trabajo, por la demagógica teoría de la armonía, la conciliación y la colaboración entre empresarios y trabajadores.

Con ese mismo criterio pretenden que se anule en definitiva el derecho de huelga, y se elimine sobre todo la huelga por solidaridad.

Quieren debilitar y destruir a los sindicatos que no se plieguen a sus políticas, mediante una serie de reformas en las relaciones laborales y con la atomización de la jornada de trabajo. Además demandan eliminar la cláusula de exclusión y suprimir la sindicalización obligatoria dejando a ésta como una decisión voluntaria e individual que permita la existencia de "trabajadores libres" al mismo tiempo que presionan para que desaparezca la jornada de trabajo de 8 horas, sustituyéndola por el contrato individual y el pago de salario por hora.

Plantean la desaparición del salario mínimo y la total subordinación de los obreros al dominio de las empresas mediante el establecimiento del cese de empleo cuando incurra el trabajador en faltas que a juicio del patrón lo ameriten, y asimismo, formular la desaparición del escalafón por antigüedad mediante el exclusivo reconocimiento de la capacidad y la productividad para efectos de ascensos.

En este esquema, desaparecería la intervención del Estado, al cual la Constitución le impone el deber de tutelar a las clases explotadas y defender sus derechos. Estas y otras proposiciones del sector patronal y el gobierno reaccionario ya han sido expuestas y han sido aceptadas por líderes colaboracionistas y reformistas a los que nada les importa excepto conservar sus posiciones sindicales y políticas.

El Partido Popular Socialista de México ha denunciado todas estas nefastas pretensiones y las ha rechazado, porque se oponen a los derechos y objetivos de la clase trabajadora, así como a las tesis revolucionarias que aún conserva la Constitución de México que, en su tiempo, fuera reconocida como una de las más avanzadas de entre los países capitalistas.

Reconstruir y defender el sindicalismo independiente, democrático y unitario
Para el Partido Popular Socialista de México la teoría certera de los sindicatos es la que se basa en la lucha de clases, la que concibe a las organizaciones sindicales de los trabajadores como instrumentos de combate por sus demandas inmediatas y por la defensa del proyecto nacional que otorgue al país independencia económica y plena soberanía. La que señala el carácter de frente único de las organizaciones sindicales y su necesaria independencia y autonomía respecto de los partidos políticos, del gobierno y de los patrones.

Por ello considera que hoy más que nunca, frente al embate furioso de la reacción contra los derechos sociales, los trabajadores todos tenemos que luchar por las demandas que consoliden y amplíen nuestras conquistas y por fortalecer nuestras luchas y objetivos, y que en esta tarea a los comunistas nos compete la mayor responsabilidad.

Durante todo el embate de los neoliberales y la derecha contra los trabajadores y la Nación, el sindicalismo oficialista, que ha sido casi hegemónico, ha apoyado sin resistencia el abandono del proyecto de desarrollo nacional con independencia y su sustitución por las políticas neoliberales, proceso del cual ha sido cómplice. Por eso se puede afirmar que el panorama actual del sindicalismo en México es lamentable. Las centrales que han surgido en períodos más recientes utilizan un lenguaje crítico frente a las viejas centrales, muy desprestigiadas, pero en su conducta no se distinguen de ellas.

Sólo unos pocos sindicatos actúan con independencia del gobierno y de los patrones y defienden los intereses de los trabajadores, constituyendo verdaderas excepciones. Diríase que nada queda de lo que fuera el glorioso y combativo movimiento sindical revolucionario de México de la época de Vicente Lombardo Toledano, que llenara la historia con páginas brillantes de luchas victoriosas.

La conclusión obligada es que la reconstrucción del sindicalismo revolucionario y su defensa es una tarea urgente e inaplazable de la clase trabajadora y, sobre todo, de los comunistas.

Esta tarea de reconstrucción de la unidad y la combatividad del movimiento sindical estaría inconclusa si a su vez las organizaciones avanzadas de América Latina y Caribeña no se entrelazan, y si no lo hacen también con las de todo el orbe. Debemos considerar que la tarea de reconstruir la unidad y la combatividad del sindicalismo latinoamericano, caribeño y mundial está en el orden del día. Porque el movimiento sindical está llamado a desempeñar una función de la mayor importancia en la lucha contra el imperialismo y en defensa de los intereses superiores de la clase obrera y de los pueblos del mundo.

1. Ponencia enviada al Encuentro Internacional de Partidos Comunistas y Obreros La acción de los comunistas en el movimiento obrero sindical. Atenas, Grecia, junio 22 al 24 de 2001.

 
     
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