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LA FILOSOFIA Y LAS CIENCIAS
Por Humberto PLIEGO ARENAS

Introducción
En el umbral del tercer mileno, la humanidad ha recorrido una larga y compleja trayectoria que va desde el régimen de la comunidad primitiva, pasando por la esclavitud, el feudalismo, hasta la sociedad capitalista-imperialista de nuestros días, cuya crisis general, producto de sus contradicciones y las luchas sociales y sus consecuencias, abrirán el camino a la sociedad socialista del futuro, un camino impresionante que va desde las cavernas donde habitó, desde la época en que la horda o el clan se procuran los medios de existencia recogiendo plantas comestibles y dedicándose a la caza.

Han pasado milenios desde, cuando el hombre obtenía los medios de existencia con primitivos utensilios de piedra y hueso y desde que vivía horrorizado, aplastado, débil, indefenso e impotente ante las fuerzas ciegas de la naturaleza: relámpagos, truenos, tormentas, terremotos, erupciones, incendios, epidemias, etcétera, fenómenos fantásticos, impresionantes, incomprensibles e inexplicables, para su conciencia en formación, a los que se agregan los sueños y la muerte.

De la edad de las cavernas, la humanidad avanzó hacia una nueva era, la era cósmica; de los instrumentos de piedra, a los robots que hoy utiliza la industria; de las señales de humo a la informática con las computadoras más modernas; de las hogueras en las que cosía su carne, cuando empezó a dominar el fuego, a los hornos de microondas, etc.

En ese largo y penoso andar, el hombre ha ido del mito a la ciencia, del conocimiento empírico al teórico, hasta la etapa de la física cuántica, la cibernética, las calculadoras y computadoras electrónicas, la robotización, la informática, la biogenética, la proteómica, la biónica, etcétera, que ayudan en diversas funciones de la producción moderna de bienes materiales y de múltiples actividades técnico-científicas.

En ese prolongado, complicado y contradictorio proceso de desarrollo, se puede decir que el trabajo y la razón se han inmortalizado en las magníficas obras de la civilización y la cultura, conociendo, dominando y explotando a la naturaleza que en el pasado le asombraba y aplastaba.

El hombre avanzó del no saber al saber limitado y elemental y del saber elemental al saber más amplio y diferenciado.

De la impotencia al poder ilimitado por la vía del saber científico y filosófico.

La fantasía y los mitos
En los albores de la historia, los hombres en su miedo e ignorancia, tenían que recurrir a su fantasía, también en formación, a las fábulas, a la imaginación y a supuestos actos mágicos para explicar los fenómenos naturales y sociales. Así, nacieron los mitos con sus inventos de espíritus y fantasmas, los mitos mágicos relativos a los dioses, a los héroes y a sus hazañas, para invocarlos en cada momento de peligro y para explicarse de manera ingenua y fantástica ese mundo complejo y cambiante, lleno de sucesos y fenómenos incomprensibles.

El mito se presenta como un esfuerzo del hombre primitivo para responder a la preguntas: ¿cómo y por qué se han producido tales o cuáles fenómenos de la naturaleza y de la vida social?

Por lo tanto la mitología es la forma fundamental de la concepción del mundo de los pueblos en los peldaños más remotos de su desarrollo. Un modo original de captación de la realidad y de opinión sobre el mundo.

El mito se caracteriza por concebir todas las cosas y fenómenos como copartícipes de todo lo que existe y sucede en la realidad; de donde se deriva la posibilidad de transferir sin obstáculos las cualidades de unas cosas a otras.

Así, la mitología se basa en la personificación de las fuerzas de la naturaleza, en su representación en forma de imágenes sensoriales, de criaturas fantásticas peculiares (hombres-animales, etc.)

En la imaginación primitiva la vida social de la gente se identifica con la "vida" de la naturaleza. La conciencia mitológica no interpone entre ellas ninguna frontera cualitativa: se atribuyen a los hombres propiedades de las cosas y de los animales y viceversa.

La particularidad de la interpretación primitiva del mundo consistía ante todo en una profunda humanización de la naturaleza, en conferir a ésta todos los atributos de la existencia humana, desde la jerarquía social hasta las relaciones sexuales y en consonancia, en la naturalización de la sociedad o materialización del hombre.

En el nacer de la actividad pensante, la forma específica del enfoque preteórico de la naturaleza, era el mito, que es un modo especial de entender el mundo, consistente en que la fantasía del pueblo, de un modo inconsciente, reelabora a través de imágenes artísticas la naturaleza y las formas sociales. El mito es la primera expresión, la forma más temprana de toma de conciencia por el hombre, del mundo y de sí mismo.

Los actos de la criatura mitológica no eran sobrenaturales para los hombres de aquella época, sino habituales, "completamente reales" y no suscitaban la menor duda. Las hazañas increíbles de los héroes míticos son concebidas como algo que realmente tuvo lugar y como son transferidas con facilidad las propiedades de unas cosas a otras, ello da rienda suelta a la fantasía, en la que el hombre que piensa mitológicamente realiza cualesquiera transformaciones y hazañas.

Las imágenes mitológicas creadas a partir de lo vito y oído son imágenes concretas, sensoriales, materializadas en los correspondientes personajes de la narración, que para el sujeto mitológico son tan reales como él mismo (quizá sin más diferencia que las proporciones, la fuerza física y las aptitudes mentales) En suma aunque la creación mítica, profundamente metafórica, tiene también su lógica, de análisis, clasificación y generalización y posee un juego y contenido intelectual, por su propia naturaleza permanece en el campo de lo concreto, no desborda el marco restrictivo de la sensibilidad, no se puede decir que fuera solamente un vacuo despliegue de la "exaltada fantasía" del hombre primitivo dominado por los fenómenos de la realidad.

En efecto la historia del devenir del homo sapiens, convertido después en homo creator, no es sólo la historia de su actividad laboral sobre la realidad, encaminada a la producción de bienes materiales, sino también la de su meditación abstracta sobre el Universo, respecto del cielo, de la bóveda celeste, del firmamento, de su continuado y penoso esfuerzo para vincular mentalmente estos "dos mundos".

Desde días inmemoriales rindió el hombre culto a la naturaleza, considerando que cada objeto de ella oculta un "espíritu" invisible que lo gobierna, dando origen al animismo primitivo, (que es una de las fuentes de la religión y del idealismo filosófico). Pero con frecuencia, podríamos decir, se entregaba a las meditaciones cosmológicas. Pasmaba y entusiasmaba al hombre primitivo la periodicidad inmutable de los fenómenos celestes: la sucesión del día y la noche, la Primavera, el Verano y el Invierno y, no menos el concierto invariable y majestuoso de las estrellas que, más adelante se contrapondría al mundo desordenado, mudable y perecedero de las cosas y los procesos terrenales. No en vano, preguntado Anaxágoras (500-429 a.n.e) "por qué es mejor nacer que no nacer", respondió este eminente filósofo de la Grecia clásica: "para poder contemplar el cielo y el aparato de todo el Cosmos".

En estas esperanzadas palabras halló expresión no sólo el espíritu del pensamiento heleno en su afán de abarcar con una mirada global "el orden imperecedero de la naturaleza inmortal" en su fastuosa multiformidad, sino también del sentido profundo del eterno combate entre la razón y el Universo. Y si pasamos hoja tras hoja la historia intelectual de la humanidad veremos que ésta reflexionaba profundamente en el mecanismo y en el origen del Universo, ya en los albores de su actividad pensante, ya en la época del raciocinio precientífico, cuando las metáforas míticas y las alegorías religiosas eran los "únicos instrumentos" para el conocimiento del Cosmos. Jamás dejó en paz al ser humano la ansiedad de estudiar el mundo circundante, cuyos horizontes fue ensanchando conforme avanzaba en su andar histórico. Esa reflexión y ese conocimiento tuvo en su momento una profunda relación, un nexo intenso entre la mitología y la ciencia, la filosofía.

De los mitos a la filosofía naturalista
E
l carácter propio del desarrollo de la sociedad, la vida cotidiana y la práctica en la producción de bienes materiales, hacían surgir cada día más conocimientos.
La filosofía nació en la aurora de la civilización en el Antiguo Oriente -India, China y Egipto- entre los milenos IV y III a.n.e., alcanzando su forma clásica por vez primera en la Grecia antigua.

Así, la forma más remota de concepción del mundo, que precedió directamente a la filosofía, fue la mitología, la religión: el reflejo fantástico de la realidad en la conciencia del hombre primitivo, cuando "toda mitología vence, somete y crea las fuerzas de la naturaleza en la fantasía y con ayuda de la fantasía". En la mitología, con su fe irracional en espíritus y dioses fantásticos, ocupaban un importante lugar los problemas del origen y la esencia del mundo. La filosofía nació de la conciencia mitológica-religiosa, formándose al mismo tiempo en lucha contra ella, como una tentativa de explicar racionalmente el mundo.

La filosofía surgió en el mundo antiguo como una suma universal de conocimientos. Los hombres poseían ya, en aquel tiempo, ciertos conocimientos astronómicos, matemáticos, físicos y de otras clases, pero dichos conocimientos no formaban aún ciencias especiales, particulares, sino que integraban el cuerpo de doctrina a la que se daba el nombre de filosofía. Los tratados de los filósofos antiguos solían titularse de la naturaleza, sobre el Universo, etcétera. Así, el naturalismo, doctrina filosófica sobre la naturaleza, fue la primera forma histórica del pensamiento filosófico.

Suele decirse que la filosofía es la ciencia más antigua y que todas las ciencias proceden de ella. Más esta concepción, a pesar de ser tan habitual no es exacta. La ciencia que surgió en aquella época no era filosofía, propiamente dicha, tal como la entendemos ahora, sino ciencia en general, que encerraba en embrión todas las posteriores ramas del saber, incluida la filosofía moderna.

Los primeros pensadores del mundo antiguo trataban primordialmente, de comprender el origen de los diversos fenómenos naturales, buscaron con ahínco el elemento inicial o materia primaria que diera origen a toda la variedad de objetos del mundo.

La filosofía de la naturaleza o filosofía natural se hallaba en la antigüedad prácticamente fundida con las ciencias naturales. A la par que problemas propiamente filosóficos, se examinaban en ellos multitud de cuestiones hoy reservadas a las ciencias especiales, tales como: el origen de las plantas, los animales y el hombre, el nacimiento del lenguaje, las formas de vida de los Estados, etcétera, es decir la filosofía incluía todos los conocimientos existentes a la sazón, incluidos los conocimientos que el hombre tenía de sí mismo.

Esos conocimientos contenían muchos vislumbres geniales, pues el nacimiento de la filosofía coincide en la historia con la aparición de los gérmenes del saber científico, con la necesidad de la investigación teórica. Algunos filósofos se anticipaban al desarrollo ulterior de la ciencia. Así, por ejemplo, el pensamiento según el cual los cuerpos se hallan formados por átomos fue formulado en la filosofía antigua más de dos mil años antes de que las ciencias naturales vinieran a confirmar experimentalmente la teoría atomística de la estructura de los cuerpos. Y la filosofía proclamó también en la antigüedad el principio de que la materia es eterna y no se crea ni se destruye: principio que, a la vuela de los siglos, se vería corroborado por las ciencias naturales.

En los umbrales del desarrollo de la filosofía, junto a una concepción materialista incipiente y candorosa del mundo, en el sentido de que la materia es la base de todo lo que existe, se expresó también la concepción idealista, que afirmaba que una sustancia incorpore, una idea universal era la creadora del mundo. Se manifestaron también en la actitud dialéctica, de que todo fluye y cambia y que está enlazado por nexos mutuos y la tendencia metafísica que concibe las cosas aisladas unas de otras y sin cambios, como dos formas diferentes de ver el mundo.

En aquel tiempo, las ciencias ocupábanse principalmente de reunir hechos y sistematizarlos, clasificarlos, etcétera; es decir, no se basaban aún en un estudio detallado de lo particular y menos aún de lo general. Los nexos entre los distintos campos del saber humano intentaba establecerlos la filosofía, que trataba de unificar todas las ciencias, de agruparlas en un sistema único. Era normal y frecuente considerar las ciencias particulares como parte de la filosofía, la cual se presentaba como una especie de enciclopedia de los conocimientos humanos y aspiraba al título de "ciencia de las ciencias".

Durante los numerosos siglos del desarrollo de la filosofía se ha modificado constantemente el objeto de ésta como ciencia, en estrecha conexión con el desarrollo de todos los aspectos de la vida material y espiritual de la humanidad.
Los filósofos del mundo antiguo eran, a la vez, investigadores de la naturaleza, al mismo tiempo que en los trabajos de los naturalistas, había ideas filosóficas. De esta forma el multiforme pensamiento filosófico griego encerraba ya en germen todos los tipos posteriores de concepciones del mundo.

Por ejemplo: Tales de Mileto (624-547 a.n.e) Consideraba que el principio de todo lo existente era el agua. Es el fundador del antiguo materialismo griego, contribuyó considerablemente al progreso de los conocimientos matemáticos, astronómicos, meteorológicos y físicos. Después de estudiar los procedimientos que se empleaban en Egipto para medir la superficie de las tierras, compuso una geometría elemental; a su vez basándose en los conocimientos astronómicos de los babilonios, dio principio a la astronomía de los antiguos griegos y se hizo famoso al predecir un eclipse total de Sol.

Anaximandro (610-546 a.n.e.) A él se debe la hipótesis más antigua de las conocidas hasta hoy acerca de la pluralidad de los mundos, así como el intento de dar una explicación científico-natural de la evolución de los animales. Construyó un modelo de esfera celeste y fue el primero que trazó mapas en Grecia. Consideraba el apeirón (materia indefinida e ilimitada) como el fundamento único y eterno de los fenómenos de la naturaleza.

Anaxímenes (585-525 a.n.e.) Estableció por vez primera una diferencia entre los planetas y las estrellas. Para él era el aire el principio material de todas las cosas y fenómenos. De acuerdo con su filosofía, los cambios que se operan en el Cosmos no se explican por la intervención de dioses, sino pura y exclusivamente por el movimiento eterno de la materia. Las ideas científicas sobre la naturaleza, de estos tres filósofos formaban un todo único.

Heráclito de Efeso (530-470 a.n.e.) El fuego era para él el fundamento único y universal de todos los fenómenos de la naturaleza, su principio material. De su obra sobre la naturaleza se conservan cerca de 130 fragmentos, gracias a los cuales podemos formarnos una idea de sus concepciones filosóficas, científico-naturales y políticas. La dialéctica espontánea de Heráclito nos dice que todo fluye, que todo se transforma y nada permanece inmóvil, pone de relieve en sus ideas el papel de los contrarios, de su lucha. "Una misma cosa en nosotros, lo vivo y lo muerto". "Todo es y al mismo tiempo no es, pues todo fluye, todo se halla sujeto a un proceso constante de transformación, de incesante nacimiento y caducidad", etc.

Pitágoras de Samos y Crotona (580-500 a.n.e.) Rechazando el materialismo de los filósofos jonios (Mileto y Efeso), los pitagóricos sostenían que el fundamento de los fenómenos de la naturaleza no era un principio material, sino el número. Conocer el mundo significaba, según los pitagóricos, conocer los números que lo rigen. La doctrina pitagórica de los números representaba uno de los primeros intentos encaminados a abordar el problema del papel y de la significación de las determinaciones cuantitativas de los fenómenos de la naturaleza. En los pitagóricos se encuentran fecundas ideas matemáticas y científico-naturales, aunque "se unen gérmenes del pensamiento científico y de fantasía con la religión, con la mitología".

La concepción pitagórica del alma y del cuerpo desempeñó un papel negativo. Mientras que los antiguos materialistas griegos realizaban los primeros intentos encaminados a explicar acertadamente la vida psíquica, partiendo de su doctrina de la materialidad del mundo, el idealismo pitagórico repetía y defendía los dogmas religiosos de la inmortalidad del alma. Las menciones pitagóricas en el sentido de que el alma inmortal habita temporalmente en un cuerpo mortal y que al morir el ser vivo, aquélla emigra a otro cuerpo, operándose así una transmigración (metempsicosis) del alma, frenaron el progreso de la ciencia.

Otra tendencia idealista de la antigua filosofía griega estaba representada por la filosofía de los eleatas (fines del siglo VI principios del V a.n.e) Jenófanes (565-473 a.n.e.) Parménides, Zenón de Elea, enemigos del movimiento y partidarios de la "inmovilidad", consideran el movimiento como una mera suma de estados de reposo.

La teoría atomista de la materia
Hacia mediados del siglo V a.n.e., Grecia logró considerables éxitos en su desenvolvimiento económico y cultural, se enriquecieron considerablemente los conocimientos astronómicos, físicos, matemáticos y biológicos. Hipócrates sistematizó los conocimientos médicos de la época y elevó a gran altura la práctica de la medicina.

La retórica o teoría del arte de hablar, alcanzó un alto nivel, se cultivó la gramática y la atención de los filósofos empezó a encauzarse hacia los problemas morales y estéticos. También alcanzaron grandes éxitos en el cultivo de la dialéctica en el sentido original del término (arte de confrontar las opiniones opuestas con el fin de descubrir la verdad) Maduró asimismo la necesidad de estudiar los problemas de la lógica. Se desarrollaron felizmente la arquitectura, la escultura y otras artes plásticas, así como la literatura (especialmente la poesía lírica y la tragedia) De esa época son los trágicos de la antigua Grecia (Esquilo, Sófocles y Eurípides), el autor de comedias Aristófanes, y los grandes artistas plásticos, Fidias y Policleto, crearon obras imperecederas.

Todos los filósofos materialistas de esa época consideraban los fenómenos de la naturaleza como resultado de la unión y separación de partículas materiales.

Anaxágoras de Clezómenes (500-428 a.n.e.), considera que el fundamento de todos los fenómenos de la naturaleza son unas partículas materiales, llamadas por él "semillas de las cosas", que se distinguen por su diversidad cualitativa. Los cuerpos derivan de esos primeros elementos, que posteriormente dichas partículas fueron llamadas "homeomerías" (partes semejantes al todo) Anaxágoras explicaba el movimiento de las homeomerías por una fuerza exterior a ellas, el "Nous" o "inteligencia" universal, por la cual entendía el más sutil y ligero de todos los seres.

Empédocles (490-430 a.n.e.), médico e investigador de la naturaleza, consideraba como fundamento último de todos los fenómenos naturales a cuatro elementos materiales o "raíces": el fuego, el aire, el agua y la tierra. Todas las cosas, según él, se forman de diversas combinaciones de estas cuatro "raíces". Estas ideas contenían un fecundo atisbo sobre la esencia de las cosas y sobre el fundamento material de los fenómenos naturales, pero dichas ideas no eran sino el primer intento de generalizar las percepciones inmediatas, sensibles. Empédocles trató de explicar los eclipses de los cuerpos celestes, la acción de los géiseres y la formación del feto humano.

Leucipo, se supone que vivió entre los años (500-440 a.n.e.), pues no existen datos biográficos exactos acerca de él. Fue el primer filósofo de la antigüedad que expuso una doctrina de los átomos, concebidos como partículas materiales indivisibles, fue asimismo el primero que formuló una teoría del vacío. También se debe a Leucipo la formulación del principio de causalidad al decir que ninguna cosa surge sin causa; todo surge por alguna razón y en virtud de la necesidad.
Demócrito de Abdera (460-370 a.n.e.), discípulo de Leucipo, adoptó sus ideas sobre los átomos y enriqueció a la ciencia con un admirable esbozo de la teoría atómica de la estructura de la materia. La concepción atomista de Demócrito descansa sobre el principio del movimiento de la materia. Demócrito poseía todo el rico acervo de conocimientos de su época y conocía perfectamente la filosofía de su tiempo. En sus libros se abordaban los problemas de la filosofía y la lógica (inductiva), de la cosmología (sobre la infinitud del Universo), la física, la biología, así como los problemas de la vida social (para Demócrito la actividad política era un arte supremo, un arte que proporciona al hombre honor y gloria), meditó sobre el origen y desarrollo de la vida social, de la psicología, la ética, la pedagogía, la filología, el arte, la técnica, etcétera. Filósofos posteriores llamaron a Demócrito "naturalista empírico" y primera mente enciclopédica de los griegos.

Además de Demócrito, también algunos sofistas avanzados, en el siglo V a.n.e. fueron ideólogos de la democracia esclavista. La palabra "sofista" significaba "sabio". Los sofistas cultivaban el arte de la elocuencia o retórica, el arte de la discusión o heurística y el de la demostración o dialéctica. La figura más destacada de la antigua sofística fue Protágoras de Abdera (481-411 a.n.e.), él admitía la existencia del mundo material, de "la materia que fluye", fuera e independientemente del hombre. Por sus ideas gnoseológicas, era sensualista, ya que veía en la sensación del principio de todo conocimiento. Por sus ataques a la religión, se le acusó en Atenas de ateísmo y su obra sobre los Dioses fue arrojada a las llamas. Un fragmento de ella que se ha conservado demuestra que Protágoras dudaba de la existencia misma de los dioses. "No puedo decir si los dioses existen ni si no existen, ni quiénes sean, pues muchos son los obstáculos que impiden saberlo: la oscuridad (del problema) y la brevedad de la vida humana".

La ideología regresiva de la aristocracia esclavista halló expresión en la filosofía idealista de Sócrates y Platón, enemigos de la democracia ateniense.

Sócrates (469-399 a.n.e.) Para Sócrates, el objeto de la filosofía es el Yo espiritual humano. No menos característico de sus ideas es también el reconocimiento de que existe una razón universal o Dios como principio que rige el mundo. Fue un tenaz adversario de la concepción materialista del Universo. En la investigación de la naturaleza veía una actividad superflua e irreligiosa. A su modo de entender, el mundo material carecía de interés para el filósofo. En la filosofía socrática, la ética -ética de carácter idealista religioso- ocupaba un lugar esencial. Al decir de Sócrates, la duda filosófica ("sólo sé que no sé nada") debe conducir al autoconocimiento (al "conócete a ti mismo") Pero lo cierto es que esa duda quebrantaba la confianza en la cognoscibilidad del mundo y servía de instrumento a Sócrates y a sus discípulos (Platón, Alcibíades, Critias y Jenofonte) para luchar contra el materialismo.

El más alto exponente del idealismo antiguo es Platón (427-347 a.n.e.) Discípulo de Sócrates, que ha dejado una profunda huella en la historia de la filosofía. Platón se expresaba con odio acerca de los discípulos de Demócrito, a los que calificaba de impíos (faltos de piedad, irreligiosos) Platón es el fundador del idealismo objetivo, y su filosofía la expone en El Banquete, Teetetes, Fedón y otros diálogos. Llamaba a la naturaleza "mundo de las cosas sensibles", y veía en ella a un mundo derivado del reino eterno e inmutable de las esencias espirituales o ideas, a las que denominaba el "verdadero ser". Así pues, las cosas sensibles no son más que sombras de las ideas. Platón afirmaba que si el hombre quiere alcanzar la verdad tiene que renunciar a todo lo corporal, a lo sensible, cerrar los ojos y los oídos, ahondar en su meditación interior y tratar de "recordar" lo que su alma inmortal contempló alguna vez en el mundo de las ideas. Tal es la mística, doctrina de la "anamnesis" de la "reminiscencia", que parte del reconocimiento de que el alma es independiente del cuerpo y del mundo exterior circundante, doctrina que descansa, a su vez, en la fe ciega en la inmortalidad del alma.
Platón se opuso a las ciencias naturales de su época, especialmente a la teoría atomista de la materia.

El más eminente representante de la ciencia griega antigua, la mente más universal es Aristóteles (384-322 a.n.e.), estudió los problemas de la filosofía, la lógica deductiva, la psicología, las ciencias de la naturaleza, cosmología, la historia, la política, la ética y la estética. En sus ideas filosóficas, Aristóteles oscilaba entre el idealismo y el materialismo y formuló graves objeciones contra el idealismo platónico, negando la existencia del reino de las ideas.

La teoría aristotélica del movimiento fue una de las grandes adquisiciones de la ciencia griega. Aristóteles distinguía seis clases de movimiento. Ni Heráclito ni Demócrito habían logrado todavía distinguir diversas clases o formas de movimiento. Aristóteles ofreció una original visión filosófico-natural del Universo. Según él, el fundamento del mundo consiste en cierto sustrato material o materia primera, dotada de dos pares de propiedades contrarias que se repelen mutuamente o "cualidades primarias" donde participan los cuatro elementos fundamentales a saber: el fuego (lo caliente y lo seco), el aire (lo caliente y lo húmedo), el agua (lo frío y lo húmedo) y la tierra (lo caliente y lo seco). Aquí están de nuevo las cuatro "raíces" de Empédocles, pero no como elementos eternos, inmutables del Universo, sino como sustancias capaces de transformarse las unas en las otras y de penetrarse recíprocamente.

Aristóteles admitía también un quinto elemento o éter divino del que se componían el cielo y las estrellas. Según la teoría del "quinto elemento", llamado posteriormente en latín quinta essentia (quinta esencia), la naturaleza se dividía en dos esferas distintas: terrestre y celeste.

En el pensamiento aristotélico se resumen las ideas filosóficas, científico-naturales y políticas de la antigua Grecia, así como las conquistas de la ciencia indivisa griega hasta finales del siglo IV a.n.e. Del seno de esta ciencia única, aún no suficientemente diversificada, Aristóteles destacó una serie de dominios científicos (la filosofía, la lógica, la matemática, la teoría de la naturaleza inorgánica, la doctrina del mundo orgánico, la teoría del Estado, etcétera), creando así, desde el punto de vista teórico, la posibilidad de que fueran desprendiéndose sucesivamente de esta ciencia indivisa las ciencias particulares.

Difusión de la cultura griega
En el año 338 (a.n.e.) la hegemonía de toda Grecia quedó en manos de Macedonia. Después de derrotar a Persia, Alejandro de Macedonia conquistó una parte considerable de Asia Sudoccidental y fundó un Estado inmenso, que en realidad era un conglomerado de muchos pueblos de Europa y Asia. Durante varios años, desde el 343 a.n.e., Aristóteles se hizo cargo de la educación de Alejandro Magno.

Después de la desintegración del imperio de Alejandro de Macedonia que carecía de una base firme y que representaba una agrupación temporal militar-administrativa, se abre un nuevo período en la historia de la sociedad esclavista: el período helenístico, que designa la época cultural que se caracteriza por la difusión de la cultura griega desde el interior de Asia hasta Roma y por la inclusión de elementos orientales en la cultura griega. Originariamente, los helenos eran los habitantes del territorio denominado Hélade, pequeña ciudad de la Tesalia, región histórica de Grecia. Desde el siglo VII a.n.e. se dio este nombre a todos los griegos.

El período helenístico de la historia del mundo antiguo abarca los tres últimos siglos anteriores de nuestra era, desde el 323 hasta el 30 a.n.e., año en el que Roma conquista a Egipto, último gran Estado helenístico.

Entre las ciudades que destacaron en el período helenístico figuraba, en primer lugar, Alejandría. Era entonces el centro de las relaciones comerciales y, además el foco principal de la cultura helenística.

Los hombres de ciencia del período helenístico, que residían principalmente en Alejandría, laboraban en el campo de las matemáticas, la mecánica, la física, la geografía, la fisiología y la medicina, la historia, etcétera. La Biblioteca de Alejandría poseía un riquísimo fondo de manuscritos.

El sabio astrónomo Hiparco fue uno de los primeros en crear la teoría del movimiento aparente del Sol, de la Luna y de los planetas; elaboró asimismo un catálogo estelar que incluía más de mil estrellas. Eratóstenes de Cirene fue el primero que midió la circunferencia de la Tierra.

En la cosmología antigua prevalecían las doctrinas geocéntricas que consideraban erróneamente a la Tierra como el centro inmóvil del Universo. Sin embargo, ya Aristarco de Samos formuló la hipótesis de que la Tierra gira alrededor del Sol y de su propio eje, anticipándose así a la teoría copernicana de la Tierra y el Sol.

Las matemáticas del período helenístico estaban representadas por sabios tan eminentes como Euclides y Arquímedes. En su obra fundamental, Elementos de Aritmética y Geometría Euclides de Megara sintetizaba todo el desarrollo alcanzado por las matemáticas en la Grecia clásica y se sentaban los fundamentos de la geometría.

Los trabajos de Arquímedes de Siracusa (287-212 a.n.e.) en el campo de la mecánica marcaron el comienzo de la investigación minuciosa y exacta de la naturaleza. Arquímedes estudió analíticamente los fenómenos mecánicos, se hizo célebre con sus inventos en ese campo.

Los médicos alejandrinos estudiaron la anatomía humana y llegaron a realizar disecciones en cadáveres. Herófilo estudió la relación de los nervios con el cerebro.

El mérito histórico de los sabios alejandrinos consiste en haber elaborado los primeros métodos de observación rigurosa y de experimentación que no había llegado a conocer la ciencia griega en la época de las ciudades-estados.

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