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Introducción
En
el umbral del tercer mileno, la humanidad ha recorrido una larga
y compleja trayectoria que va desde el régimen de la comunidad
primitiva, pasando por la esclavitud, el feudalismo, hasta la sociedad
capitalista-imperialista de nuestros días, cuya crisis general,
producto de sus contradicciones y las luchas sociales y sus consecuencias,
abrirán el camino a la sociedad socialista del futuro, un
camino impresionante que va desde las cavernas donde habitó,
desde la época en que la horda o el clan se procuran los
medios de existencia recogiendo plantas comestibles y dedicándose
a la caza.
Han
pasado milenios desde, cuando el hombre obtenía los medios
de existencia con primitivos utensilios de piedra y hueso y desde
que vivía horrorizado, aplastado, débil, indefenso
e impotente ante las fuerzas ciegas de la naturaleza: relámpagos,
truenos, tormentas, terremotos, erupciones, incendios, epidemias,
etcétera, fenómenos fantásticos, impresionantes,
incomprensibles e inexplicables, para su conciencia en formación,
a los que se agregan los sueños y la muerte.
De
la edad de las cavernas, la humanidad avanzó hacia una nueva
era, la era cósmica; de los instrumentos de piedra, a los
robots que hoy utiliza la industria; de las señales de humo
a la informática con las computadoras más modernas;
de las hogueras en las que cosía su carne, cuando empezó
a dominar el fuego, a los hornos de microondas, etc.
En
ese largo y penoso andar, el hombre ha ido del mito a la ciencia,
del conocimiento empírico al teórico, hasta la etapa
de la física cuántica, la cibernética, las
calculadoras y computadoras electrónicas, la robotización,
la informática, la biogenética, la proteómica,
la biónica, etcétera, que ayudan en diversas funciones
de la producción moderna de bienes materiales y de múltiples
actividades técnico-científicas.
En
ese prolongado, complicado y contradictorio proceso de desarrollo,
se puede decir que el trabajo y la razón se han inmortalizado
en las magníficas obras de la civilización y la cultura,
conociendo, dominando y explotando a la naturaleza que en el pasado
le asombraba y aplastaba.
El
hombre avanzó del no saber al saber limitado y elemental
y del saber elemental al saber más amplio y diferenciado.
De
la impotencia al poder ilimitado por la vía del saber científico
y filosófico.
La
fantasía y los mitos
En
los albores de la historia, los hombres en su miedo e ignorancia,
tenían que recurrir a su fantasía, también
en formación, a las fábulas, a la imaginación
y a supuestos actos mágicos para explicar los fenómenos
naturales y sociales. Así, nacieron los mitos con sus inventos
de espíritus y fantasmas, los mitos mágicos relativos
a los dioses, a los héroes y a sus hazañas, para invocarlos
en cada momento de peligro y para explicarse de manera ingenua y
fantástica ese mundo complejo y cambiante, lleno de sucesos
y fenómenos incomprensibles.
El
mito se presenta como un esfuerzo del hombre primitivo para responder
a la preguntas: ¿cómo y por qué se han producido
tales o cuáles fenómenos de la naturaleza y de la
vida social?
Por
lo tanto la mitología es la forma fundamental de la concepción
del mundo de los pueblos en los peldaños más remotos
de su desarrollo. Un modo original de captación de la realidad
y de opinión sobre el mundo.
El
mito se caracteriza por concebir todas las cosas y fenómenos
como copartícipes de todo lo que existe y sucede en la realidad;
de donde se deriva la posibilidad de transferir sin obstáculos
las cualidades de unas cosas a otras.
Así,
la mitología se basa en la personificación de las
fuerzas de la naturaleza, en su representación en forma de
imágenes sensoriales, de criaturas fantásticas peculiares
(hombres-animales, etc.)
En
la imaginación primitiva la vida social de la gente se identifica
con la "vida" de la naturaleza. La conciencia mitológica
no interpone entre ellas ninguna frontera cualitativa: se atribuyen
a los hombres propiedades de las cosas y de los animales y viceversa.
La
particularidad de la interpretación primitiva del mundo consistía
ante todo en una profunda humanización de la naturaleza,
en conferir a ésta todos los atributos de la existencia humana,
desde la jerarquía social hasta las relaciones sexuales y
en consonancia, en la naturalización de la sociedad o materialización
del hombre.
En
el nacer de la actividad pensante, la forma específica del
enfoque preteórico de la naturaleza, era el mito, que es
un modo especial de entender el mundo, consistente en que la fantasía
del pueblo, de un modo inconsciente, reelabora a través de
imágenes artísticas la naturaleza y las formas sociales.
El mito es la primera expresión, la forma más temprana
de toma de conciencia por el hombre, del mundo y de sí mismo.
Los
actos de la criatura mitológica no eran sobrenaturales para
los hombres de aquella época, sino habituales, "completamente
reales" y no suscitaban la menor duda. Las hazañas increíbles
de los héroes míticos son concebidas como algo que
realmente tuvo lugar y como son transferidas con facilidad las propiedades
de unas cosas a otras, ello da rienda suelta a la fantasía,
en la que el hombre que piensa mitológicamente realiza cualesquiera
transformaciones y hazañas.
Las
imágenes mitológicas creadas a partir de lo vito y
oído son imágenes concretas, sensoriales, materializadas
en los correspondientes personajes de la narración, que para
el sujeto mitológico son tan reales como él mismo
(quizá sin más diferencia que las proporciones, la
fuerza física y las aptitudes mentales) En suma aunque la
creación mítica, profundamente metafórica,
tiene también su lógica, de análisis, clasificación
y generalización y posee un juego y contenido intelectual,
por su propia naturaleza permanece en el campo de lo concreto, no
desborda el marco restrictivo de la sensibilidad, no se puede decir
que fuera solamente un vacuo despliegue de la "exaltada fantasía"
del hombre primitivo dominado por los fenómenos de la realidad.
En
efecto la historia del devenir del homo sapiens, convertido después
en homo creator, no es sólo la historia de su actividad laboral
sobre la realidad, encaminada a la producción de bienes materiales,
sino también la de su meditación abstracta sobre el
Universo, respecto del cielo, de la bóveda celeste, del firmamento,
de su continuado y penoso esfuerzo para vincular mentalmente estos
"dos mundos".
Desde
días inmemoriales rindió el hombre culto a la naturaleza,
considerando que cada objeto de ella oculta un "espíritu"
invisible que lo gobierna, dando origen al animismo primitivo, (que
es una de las fuentes de la religión y del idealismo filosófico).
Pero con frecuencia, podríamos decir, se entregaba a las
meditaciones cosmológicas. Pasmaba y entusiasmaba al hombre
primitivo la periodicidad inmutable de los fenómenos celestes:
la sucesión del día y la noche, la Primavera, el Verano
y el Invierno y, no menos el concierto invariable y majestuoso de
las estrellas que, más adelante se contrapondría al
mundo desordenado, mudable y perecedero de las cosas y los procesos
terrenales. No en vano, preguntado Anaxágoras (500-429 a.n.e)
"por qué es mejor nacer que no nacer", respondió
este eminente filósofo de la Grecia clásica: "para
poder contemplar el cielo y el aparato de todo el Cosmos".
En
estas esperanzadas palabras halló expresión no sólo
el espíritu del pensamiento heleno en su afán de abarcar
con una mirada global "el orden imperecedero de la naturaleza
inmortal" en su fastuosa multiformidad, sino también
del sentido profundo del eterno combate entre la razón y
el Universo. Y si pasamos hoja tras hoja la historia intelectual
de la humanidad veremos que ésta reflexionaba profundamente
en el mecanismo y en el origen del Universo, ya en los albores de
su actividad pensante, ya en la época del raciocinio precientífico,
cuando las metáforas míticas y las alegorías
religiosas eran los "únicos instrumentos" para
el conocimiento del Cosmos. Jamás dejó en paz al ser
humano la ansiedad de estudiar el mundo circundante, cuyos horizontes
fue ensanchando conforme avanzaba en su andar histórico.
Esa reflexión y ese conocimiento tuvo en su momento una profunda
relación, un nexo intenso entre la mitología y la
ciencia, la filosofía.
De
los mitos a la filosofía naturalista
El
carácter propio del desarrollo de la sociedad, la vida cotidiana
y la práctica en la producción de bienes materiales,
hacían surgir cada día más conocimientos.
La filosofía nació en la aurora de la civilización
en el Antiguo Oriente -India, China y Egipto- entre los milenos
IV y III a.n.e., alcanzando su forma clásica por vez primera
en la Grecia antigua.
Así,
la forma más remota de concepción del mundo, que precedió
directamente a la filosofía, fue la mitología, la
religión: el reflejo fantástico de la realidad en
la conciencia del hombre primitivo, cuando "toda mitología
vence, somete y crea las fuerzas de la naturaleza en la fantasía
y con ayuda de la fantasía". En la mitología,
con su fe irracional en espíritus y dioses fantásticos,
ocupaban un importante lugar los problemas del origen y la esencia
del mundo. La filosofía nació de la conciencia mitológica-religiosa,
formándose al mismo tiempo en lucha contra ella, como una
tentativa de explicar racionalmente el mundo.
La
filosofía surgió en el mundo antiguo como una suma
universal de conocimientos. Los hombres poseían ya, en aquel
tiempo, ciertos conocimientos astronómicos, matemáticos,
físicos y de otras clases, pero dichos conocimientos no formaban
aún ciencias especiales, particulares, sino que integraban
el cuerpo de doctrina a la que se daba el nombre de filosofía.
Los tratados de los filósofos antiguos solían titularse
de la naturaleza, sobre el Universo, etcétera. Así,
el naturalismo, doctrina filosófica sobre la naturaleza,
fue la primera forma histórica del pensamiento filosófico.
Suele
decirse que la filosofía es la ciencia más antigua
y que todas las ciencias proceden de ella. Más esta concepción,
a pesar de ser tan habitual no es exacta. La ciencia que surgió
en aquella época no era filosofía, propiamente dicha,
tal como la entendemos ahora, sino ciencia en general, que encerraba
en embrión todas las posteriores ramas del saber, incluida
la filosofía moderna.
Los
primeros pensadores del mundo antiguo trataban primordialmente,
de comprender el origen de los diversos fenómenos naturales,
buscaron con ahínco el elemento inicial o materia primaria
que diera origen a toda la variedad de objetos del mundo.
La
filosofía de la naturaleza o filosofía natural se
hallaba en la antigüedad prácticamente fundida con las
ciencias naturales. A la par que problemas propiamente filosóficos,
se examinaban en ellos multitud de cuestiones hoy reservadas a las
ciencias especiales, tales como: el origen de las plantas, los animales
y el hombre, el nacimiento del lenguaje, las formas de vida de los
Estados, etcétera, es decir la filosofía incluía
todos los conocimientos existentes a la sazón, incluidos
los conocimientos que el hombre tenía de sí mismo.
Esos
conocimientos contenían muchos vislumbres geniales, pues
el nacimiento de la filosofía coincide en la historia con
la aparición de los gérmenes del saber científico,
con la necesidad de la investigación teórica. Algunos
filósofos se anticipaban al desarrollo ulterior de la ciencia.
Así, por ejemplo, el pensamiento según el cual los
cuerpos se hallan formados por átomos fue formulado en la
filosofía antigua más de dos mil años antes
de que las ciencias naturales vinieran a confirmar experimentalmente
la teoría atomística de la estructura de los cuerpos.
Y la filosofía proclamó también en la antigüedad
el principio de que la materia es eterna y no se crea ni se destruye:
principio que, a la vuela de los siglos, se vería corroborado
por las ciencias naturales.
En
los umbrales del desarrollo de la filosofía, junto a una
concepción materialista incipiente y candorosa del mundo,
en el sentido de que la materia es la base de todo lo que existe,
se expresó también la concepción idealista,
que afirmaba que una sustancia incorpore, una idea universal era
la creadora del mundo. Se manifestaron también en la actitud
dialéctica, de que todo fluye y cambia y que está
enlazado por nexos mutuos y la tendencia metafísica que concibe
las cosas aisladas unas de otras y sin cambios, como dos formas
diferentes de ver el mundo.
En
aquel tiempo, las ciencias ocupábanse principalmente de reunir
hechos y sistematizarlos, clasificarlos, etcétera; es decir,
no se basaban aún en un estudio detallado de lo particular
y menos aún de lo general. Los nexos entre los distintos
campos del saber humano intentaba establecerlos la filosofía,
que trataba de unificar todas las ciencias, de agruparlas en un
sistema único. Era normal y frecuente considerar las ciencias
particulares como parte de la filosofía, la cual se presentaba
como una especie de enciclopedia de los conocimientos humanos y
aspiraba al título de "ciencia de las ciencias".
Durante
los numerosos siglos del desarrollo de la filosofía se ha
modificado constantemente el objeto de ésta como ciencia,
en estrecha conexión con el desarrollo de todos los aspectos
de la vida material y espiritual de la humanidad.
Los filósofos del mundo antiguo eran, a la vez, investigadores
de la naturaleza, al mismo tiempo que en los trabajos de los naturalistas,
había ideas filosóficas. De esta forma el multiforme
pensamiento filosófico griego encerraba ya en germen todos
los tipos posteriores de concepciones del mundo.
Por
ejemplo: Tales de Mileto (624-547 a.n.e) Consideraba que el principio
de todo lo existente era el agua. Es el fundador del antiguo materialismo
griego, contribuyó considerablemente al progreso de los conocimientos
matemáticos, astronómicos, meteorológicos y
físicos. Después de estudiar los procedimientos que
se empleaban en Egipto para medir la superficie de las tierras,
compuso una geometría elemental; a su vez basándose
en los conocimientos astronómicos de los babilonios, dio
principio a la astronomía de los antiguos griegos y se hizo
famoso al predecir un eclipse total de Sol.
Anaximandro
(610-546 a.n.e.) A él se debe la hipótesis más
antigua de las conocidas hasta hoy acerca de la pluralidad de los
mundos, así como el intento de dar una explicación
científico-natural de la evolución de los animales.
Construyó un modelo de esfera celeste y fue el primero que
trazó mapas en Grecia. Consideraba el apeirón (materia
indefinida e ilimitada) como el fundamento único y eterno
de los fenómenos de la naturaleza.
Anaxímenes
(585-525 a.n.e.) Estableció por vez primera una diferencia
entre los planetas y las estrellas. Para él era el aire el
principio material de todas las cosas y fenómenos. De acuerdo
con su filosofía, los cambios que se operan en el Cosmos
no se explican por la intervención de dioses, sino pura y
exclusivamente por el movimiento eterno de la materia. Las ideas
científicas sobre la naturaleza, de estos tres filósofos
formaban un todo único.
Heráclito
de Efeso (530-470 a.n.e.) El fuego era para él el fundamento
único y universal de todos los fenómenos de la naturaleza,
su principio material. De su obra sobre la naturaleza se conservan
cerca de 130 fragmentos, gracias a los cuales podemos formarnos
una idea de sus concepciones filosóficas, científico-naturales
y políticas. La dialéctica espontánea de Heráclito
nos dice que todo fluye, que todo se transforma y nada permanece
inmóvil, pone de relieve en sus ideas el papel de los contrarios,
de su lucha. "Una misma cosa en nosotros, lo vivo y lo muerto".
"Todo es y al mismo tiempo no es, pues todo fluye, todo se
halla sujeto a un proceso constante de transformación, de
incesante nacimiento y caducidad", etc.
Pitágoras
de Samos y Crotona (580-500 a.n.e.) Rechazando el materialismo de
los filósofos jonios (Mileto y Efeso), los pitagóricos
sostenían que el fundamento de los fenómenos de la
naturaleza no era un principio material, sino el número.
Conocer el mundo significaba, según los pitagóricos,
conocer los números que lo rigen. La doctrina pitagórica
de los números representaba uno de los primeros intentos
encaminados a abordar el problema del papel y de la significación
de las determinaciones cuantitativas de los fenómenos de
la naturaleza. En los pitagóricos se encuentran fecundas
ideas matemáticas y científico-naturales, aunque "se
unen gérmenes del pensamiento científico y de fantasía
con la religión, con la mitología".
La
concepción pitagórica del alma y del cuerpo desempeñó
un papel negativo. Mientras que los antiguos materialistas griegos
realizaban los primeros intentos encaminados a explicar acertadamente
la vida psíquica, partiendo de su doctrina de la materialidad
del mundo, el idealismo pitagórico repetía y defendía
los dogmas religiosos de la inmortalidad del alma. Las menciones
pitagóricas en el sentido de que el alma inmortal habita
temporalmente en un cuerpo mortal y que al morir el ser vivo, aquélla
emigra a otro cuerpo, operándose así una transmigración
(metempsicosis) del alma, frenaron el progreso de la ciencia.
Otra
tendencia idealista de la antigua filosofía griega estaba
representada por la filosofía de los eleatas (fines del siglo
VI principios del V a.n.e) Jenófanes (565-473 a.n.e.) Parménides,
Zenón de Elea, enemigos del movimiento y partidarios de la
"inmovilidad", consideran el movimiento como una mera
suma de estados de reposo.
La
teoría atomista de la materia
Hacia
mediados del siglo V a.n.e., Grecia logró considerables éxitos
en su desenvolvimiento económico y cultural, se enriquecieron
considerablemente los conocimientos astronómicos, físicos,
matemáticos y biológicos. Hipócrates sistematizó
los conocimientos médicos de la época y elevó
a gran altura la práctica de la medicina.
La
retórica o teoría del arte de hablar, alcanzó
un alto nivel, se cultivó la gramática y la atención
de los filósofos empezó a encauzarse hacia los problemas
morales y estéticos. También alcanzaron grandes éxitos
en el cultivo de la dialéctica en el sentido original del
término (arte de confrontar las opiniones opuestas con el
fin de descubrir la verdad) Maduró asimismo la necesidad
de estudiar los problemas de la lógica. Se desarrollaron
felizmente la arquitectura, la escultura y otras artes plásticas,
así como la literatura (especialmente la poesía lírica
y la tragedia) De esa época son los trágicos de la
antigua Grecia (Esquilo, Sófocles y Eurípides), el
autor de comedias Aristófanes, y los grandes artistas plásticos,
Fidias y Policleto, crearon obras imperecederas.
Todos
los filósofos materialistas de esa época consideraban
los fenómenos de la naturaleza como resultado de la unión
y separación de partículas materiales.
Anaxágoras
de Clezómenes (500-428 a.n.e.), considera que el fundamento
de todos los fenómenos de la naturaleza son unas partículas
materiales, llamadas por él "semillas de las cosas",
que se distinguen por su diversidad cualitativa. Los cuerpos derivan
de esos primeros elementos, que posteriormente dichas partículas
fueron llamadas "homeomerías" (partes semejantes
al todo) Anaxágoras explicaba el movimiento de las homeomerías
por una fuerza exterior a ellas, el "Nous" o "inteligencia"
universal, por la cual entendía el más sutil y ligero
de todos los seres.
Empédocles
(490-430 a.n.e.), médico e investigador de la naturaleza,
consideraba como fundamento último de todos los fenómenos
naturales a cuatro elementos materiales o "raíces":
el fuego, el aire, el agua y la tierra. Todas las cosas, según
él, se forman de diversas combinaciones de estas cuatro "raíces".
Estas ideas contenían un fecundo atisbo sobre la esencia
de las cosas y sobre el fundamento material de los fenómenos
naturales, pero dichas ideas no eran sino el primer intento de generalizar
las percepciones inmediatas, sensibles. Empédocles trató
de explicar los eclipses de los cuerpos celestes, la acción
de los géiseres y la formación del feto humano.
Leucipo,
se supone que vivió entre los años (500-440 a.n.e.),
pues no existen datos biográficos exactos acerca de él.
Fue el primer filósofo de la antigüedad que expuso una
doctrina de los átomos, concebidos como partículas
materiales indivisibles, fue asimismo el primero que formuló
una teoría del vacío. También se debe a Leucipo
la formulación del principio de causalidad al decir que ninguna
cosa surge sin causa; todo surge por alguna razón y en virtud
de la necesidad.
Demócrito de Abdera (460-370 a.n.e.), discípulo de
Leucipo, adoptó sus ideas sobre los átomos y enriqueció
a la ciencia con un admirable esbozo de la teoría atómica
de la estructura de la materia. La concepción atomista de
Demócrito descansa sobre el principio del movimiento de la
materia. Demócrito poseía todo el rico acervo de conocimientos
de su época y conocía perfectamente la filosofía
de su tiempo. En sus libros se abordaban los problemas de la filosofía
y la lógica (inductiva), de la cosmología (sobre la
infinitud del Universo), la física, la biología, así
como los problemas de la vida social (para Demócrito la actividad
política era un arte supremo, un arte que proporciona al
hombre honor y gloria), meditó sobre el origen y desarrollo
de la vida social, de la psicología, la ética, la
pedagogía, la filología, el arte, la técnica,
etcétera. Filósofos posteriores llamaron a Demócrito
"naturalista empírico" y primera mente enciclopédica
de los griegos.
Además
de Demócrito, también algunos sofistas avanzados,
en el siglo V a.n.e. fueron ideólogos de la democracia esclavista.
La palabra "sofista" significaba "sabio". Los
sofistas cultivaban el arte de la elocuencia o retórica,
el arte de la discusión o heurística y el de la demostración
o dialéctica. La figura más destacada de la antigua
sofística fue Protágoras de Abdera (481-411 a.n.e.),
él admitía la existencia del mundo material, de "la
materia que fluye", fuera e independientemente del hombre.
Por sus ideas gnoseológicas, era sensualista, ya que veía
en la sensación del principio de todo conocimiento. Por sus
ataques a la religión, se le acusó en Atenas de ateísmo
y su obra sobre los Dioses fue arrojada a las llamas. Un fragmento
de ella que se ha conservado demuestra que Protágoras dudaba
de la existencia misma de los dioses. "No puedo decir si los
dioses existen ni si no existen, ni quiénes sean, pues muchos
son los obstáculos que impiden saberlo: la oscuridad (del
problema) y la brevedad de la vida humana".
La
ideología regresiva de la aristocracia esclavista halló
expresión en la filosofía idealista de Sócrates
y Platón, enemigos de la democracia ateniense.
Sócrates
(469-399 a.n.e.) Para Sócrates, el objeto de la filosofía
es el Yo espiritual humano. No menos característico de sus
ideas es también el reconocimiento de que existe una razón
universal o Dios como principio que rige el mundo. Fue un tenaz
adversario de la concepción materialista del Universo. En
la investigación de la naturaleza veía una actividad
superflua e irreligiosa. A su modo de entender, el mundo material
carecía de interés para el filósofo. En la
filosofía socrática, la ética -ética
de carácter idealista religioso- ocupaba un lugar esencial.
Al decir de Sócrates, la duda filosófica ("sólo
sé que no sé nada") debe conducir al autoconocimiento
(al "conócete a ti mismo") Pero lo cierto es que
esa duda quebrantaba la confianza en la cognoscibilidad del mundo
y servía de instrumento a Sócrates y a sus discípulos
(Platón, Alcibíades, Critias y Jenofonte) para luchar
contra el materialismo.
El
más alto exponente del idealismo antiguo es Platón
(427-347 a.n.e.) Discípulo de Sócrates, que ha dejado
una profunda huella en la historia de la filosofía. Platón
se expresaba con odio acerca de los discípulos de Demócrito,
a los que calificaba de impíos (faltos de piedad, irreligiosos)
Platón es el fundador del idealismo objetivo, y su filosofía
la expone en El Banquete, Teetetes, Fedón y otros diálogos.
Llamaba a la naturaleza "mundo de las cosas sensibles",
y veía en ella a un mundo derivado del reino eterno e inmutable
de las esencias espirituales o ideas, a las que denominaba el "verdadero
ser". Así pues, las cosas sensibles no son más
que sombras de las ideas. Platón afirmaba que si el hombre
quiere alcanzar la verdad tiene que renunciar a todo lo corporal,
a lo sensible, cerrar los ojos y los oídos, ahondar en su
meditación interior y tratar de "recordar" lo que
su alma inmortal contempló alguna vez en el mundo de las
ideas. Tal es la mística, doctrina de la "anamnesis"
de la "reminiscencia", que parte del reconocimiento de
que el alma es independiente del cuerpo y del mundo exterior circundante,
doctrina que descansa, a su vez, en la fe ciega en la inmortalidad
del alma.
Platón se opuso a las ciencias naturales de su época,
especialmente a la teoría atomista de la materia.
El
más eminente representante de la ciencia griega antigua,
la mente más universal es Aristóteles (384-322 a.n.e.),
estudió los problemas de la filosofía, la lógica
deductiva, la psicología, las ciencias de la naturaleza,
cosmología, la historia, la política, la ética
y la estética. En sus ideas filosóficas, Aristóteles
oscilaba entre el idealismo y el materialismo y formuló graves
objeciones contra el idealismo platónico, negando la existencia
del reino de las ideas.
La
teoría aristotélica del movimiento fue una de las
grandes adquisiciones de la ciencia griega. Aristóteles distinguía
seis clases de movimiento. Ni Heráclito ni Demócrito
habían logrado todavía distinguir diversas clases
o formas de movimiento. Aristóteles ofreció una original
visión filosófico-natural del Universo. Según
él, el fundamento del mundo consiste en cierto sustrato material
o materia primera, dotada de dos pares de propiedades contrarias
que se repelen mutuamente o "cualidades primarias" donde
participan los cuatro elementos fundamentales a saber: el fuego
(lo caliente y lo seco), el aire (lo caliente y lo húmedo),
el agua (lo frío y lo húmedo) y la tierra (lo caliente
y lo seco). Aquí están de nuevo las cuatro "raíces"
de Empédocles, pero no como elementos eternos, inmutables
del Universo, sino como sustancias capaces de transformarse las
unas en las otras y de penetrarse recíprocamente.
Aristóteles
admitía también un quinto elemento o éter divino
del que se componían el cielo y las estrellas. Según
la teoría del "quinto elemento", llamado posteriormente
en latín quinta essentia (quinta esencia), la naturaleza
se dividía en dos esferas distintas: terrestre y celeste.
En
el pensamiento aristotélico se resumen las ideas filosóficas,
científico-naturales y políticas de la antigua Grecia,
así como las conquistas de la ciencia indivisa griega hasta
finales del siglo IV a.n.e. Del seno de esta ciencia única,
aún no suficientemente diversificada, Aristóteles
destacó una serie de dominios científicos (la filosofía,
la lógica, la matemática, la teoría de la naturaleza
inorgánica, la doctrina del mundo orgánico, la teoría
del Estado, etcétera), creando así, desde el punto
de vista teórico, la posibilidad de que fueran desprendiéndose
sucesivamente de esta ciencia indivisa las ciencias particulares.
Difusión
de la cultura griega
En
el año 338 (a.n.e.) la hegemonía de toda Grecia quedó
en manos de Macedonia. Después de derrotar a Persia, Alejandro
de Macedonia conquistó una parte considerable de Asia Sudoccidental
y fundó un Estado inmenso, que en realidad era un conglomerado
de muchos pueblos de Europa y Asia. Durante varios años,
desde el 343 a.n.e., Aristóteles se hizo cargo de la educación
de Alejandro Magno.
Después
de la desintegración del imperio de Alejandro de Macedonia
que carecía de una base firme y que representaba una agrupación
temporal militar-administrativa, se abre un nuevo período
en la historia de la sociedad esclavista: el período helenístico,
que designa la época cultural que se caracteriza por la difusión
de la cultura griega desde el interior de Asia hasta Roma y por
la inclusión de elementos orientales en la cultura griega.
Originariamente, los helenos eran los habitantes del territorio
denominado Hélade, pequeña ciudad de la Tesalia, región
histórica de Grecia. Desde el siglo VII a.n.e. se dio este
nombre a todos los griegos.
El
período helenístico de la historia del mundo antiguo
abarca los tres últimos siglos anteriores de nuestra era,
desde el 323 hasta el 30 a.n.e., año en el que Roma conquista
a Egipto, último gran Estado helenístico.
Entre
las ciudades que destacaron en el período helenístico
figuraba, en primer lugar, Alejandría. Era entonces el centro
de las relaciones comerciales y, además el foco principal
de la cultura helenística.
Los
hombres de ciencia del período helenístico, que residían
principalmente en Alejandría, laboraban en el campo de las
matemáticas, la mecánica, la física, la geografía,
la fisiología y la medicina, la historia, etcétera.
La Biblioteca de Alejandría poseía un riquísimo
fondo de manuscritos.
El
sabio astrónomo Hiparco fue uno de los primeros en crear
la teoría del movimiento aparente del Sol, de la Luna y de
los planetas; elaboró asimismo un catálogo estelar
que incluía más de mil estrellas. Eratóstenes
de Cirene fue el primero que midió la circunferencia de la
Tierra.
En
la cosmología antigua prevalecían las doctrinas geocéntricas
que consideraban erróneamente a la Tierra como el centro
inmóvil del Universo. Sin embargo, ya Aristarco de Samos
formuló la hipótesis de que la Tierra gira alrededor
del Sol y de su propio eje, anticipándose así a la
teoría copernicana de la Tierra y el Sol.
Las
matemáticas del período helenístico estaban
representadas por sabios tan eminentes como Euclides y Arquímedes.
En su obra fundamental, Elementos de Aritmética y Geometría
Euclides de Megara sintetizaba todo el desarrollo alcanzado por
las matemáticas en la Grecia clásica y se sentaban
los fundamentos de la geometría.
Los
trabajos de Arquímedes de Siracusa (287-212 a.n.e.) en el
campo de la mecánica marcaron el comienzo de la investigación
minuciosa y exacta de la naturaleza. Arquímedes estudió
analíticamente los fenómenos mecánicos, se
hizo célebre con sus inventos en ese campo.
Los
médicos alejandrinos estudiaron la anatomía humana
y llegaron a realizar disecciones en cadáveres. Herófilo
estudió la relación de los nervios con el cerebro.
El
mérito histórico de los sabios alejandrinos consiste
en haber elaborado los primeros métodos de observación
rigurosa y de experimentación que no había llegado
a conocer la ciencia griega en la época de las ciudades-estados.
Sigue
la parte 2>
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