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LA FILOSOFIA Y LAS CIENCIAS (2)
Por Humberto PLIEGO ARENAS

Un gran representante de la filosofía y de la ciencia en ese período fue Epicuro (341-270 a.n.e.) Basándose en las nuevas conquistas de la ciencias naturales, Epicuro trataba de fundamentar cada vez más profundamente la filosofía materialista, y se trazaba asimismo el objetivo filosófico de conocer las leyes que rigen la naturaleza y de asegurar a los hombres una vida feliz.

En las "veladas" organizadas por Epicuro se estudiaban temas filosóficos y políticos. Los círculos epicúreos desempeñaban el papel de agrupaciones políticas. En el "jardín" de Epicuro, las mujeres disfrutaban de los mismos derechos que los hombres.

Según Epicuro, las partículas materiales indivisibles o átomos, que se mueven en el vacío, constituyen el fundamento de cuanto existe. Todos los fenómenos de la naturaleza se reducen a diferentes combinaciones de átomos.

Nada procede de lo que no existe y nada puede convertirse en algo inexistente, afirmaba Epicuro; fuera del Universo no hay nada que pueda penetrar en él o provocar en éste algún cambio. En estas tesis se atisbaba ya que la materia eterna e indestructible es el fundamento de todos los fenómenos naturales y se postulaba, a su vez, la necesidad de explicar la naturaleza, partiendo de ella misma, sin recurrir a ningún principio extranatural (sobrenatural)

La misión de la filosofía consiste, según Epicuro, en brindar una teoría general de los fenómenos naturales y especialmente de los astronómicos, basándose para ello en la física de los átomos. Epicuro coronó la ciencia de su tiempo con una teoría cosmológica que postulaba la eternidad e infinitud del Universo: "hay infinitos mundos (por su número) semejantes o desemejantes" (al nuestro).

La teoría epicúrea del conocimiento parte del principio de que las cosas materiales actúan sobre los órganos sensoriales del hombre.

En Roma, la filosofía inició su desarrollo a mediados del siglo II a.n.e. y alcanzó su máximo florecimiento en el siglo siguiente. Después de la conquista de Grecia por Roma (en 146 a.n.e.), se establecieron estrechas relaciones entre ambos países y, tras de hallar entre los romanos un terreno propicio, la cultura helénica se convirtió en una de las fuentes de la cultura romana.

La historia de la filosofía de la antigua Roma es la historia del desenvolvimiento del materialismo y de su lucha con el idealismo. La línea de Demócrito estaba representada en ella por la doctrina materialista de Lucrecio; la línea de Platón, por el eclecticismo de Cicerón, y por la filosofía de los estoicos cuyo iniciador fue Lucio Anneo Séneca (6 ó 3 a.n.e.-65 de la era actual), y de otros idealistas más tardíos, los místicos, cuyo exponente principal fue Filón, que pugnaba por fundir la teología con las doctrinas idealistas de Platón. Para él, el fin supremo de la vida consiste en el éxtasis místico, que asemeja el hombre a "Dios".

Hacia el siglo I a.n.e., se remonta la actividad del gran pensador de la antigua Roma, filósofo materialista y ateo, Tito Lucrecio Caro (99-55 a.n.e.), ideólogo de la democracia esclavista romana. Su poema filosófico De rerum natura ("Sobre la naturaleza de las cosas") es la exposición más completa y sistemática del atomismo antiguo, ya que de las obras de Leucipo y Demócrito sólo se conservan algunos fragmentos y de los libros de Epicuro no han llegado a nosotros más que tres cartas y algunas máximas.

Lucrecio aspiraba a vincular la filosofía con las exigencias vitales de la sociedad romana de su tiempo. Quería liberar a sus contemporáneos de las tradiciones reaccionarias que nublaban sus mentes y, sobre todo, de la preponderancia de la religión romana, que se caracterizaba por su rígido dogmatismo, por sus terribles supersticiones y su acusada hostilidad contra el conocimiento científico. En su poema decía que la religión sume a la humanidad en el mayor infortunio, ofusca la razón de los hombres, les induce a cometer acciones inmorales y crímenes y, por último, esclaviza y humilla al hombre.

Lucrecio trataba de explicar las causas naturales del origen de la Tierra, del mar, del cielo y de los astros; de la vida terrestre, de las plantas y, por último, del hombre. En el poema se intenta explicar, desde el punto de vista del materialismo antiguo, fenómenos como el trueno y el relámpago, la lluvia, el rocío, los torbellinos, el viento, el granizo, la nieve, la escarcha, así como los temblores de la tierra, la acción de los volcanes, las propiedades magnéticas, etc.

Obstinado enemigo del materialismo romano fue el contemporáneo de Lucrecio, famoso orador y jefe político de las Postrimerías de la República Romana, Marco Tulio Cicerón (106-43 a.n.e.)

Sus obras por estar dirigidas y destinadas a la apología del Estado esclavista, y a condenar el materialismo y el ateísmo, gozaron de gran popularidad entre la aristocracia romana, pese a la inconsistencia y la extrema superficialidad de sus ideas filosóficas (fue un típico representante del eclecticismo romano). Cicerón fue el primero que vertió al latín muchos términos filosóficos especiales. La terminología filosófica latina, aceptada comúnmente en los países de Europa Occidental, procede de Cicerón. Según él, la propiedad privada es la institución fundamental de la sociedad y el Estado existe para protegerla, de modo que garantice a los pudientes la posibilidad de disfrutar tranquilamente de sus bienes y defienda su propiedad de los atentados de los desposeídos.

La filosofía y las ciencias en la época feudal
Al empezar el siglo III a.n.e., como resultado de la crisis que sufrió la sociedad esclavista, primero en Grecia y después en Roma, fueron reforzándose cada vez más las tendencias reaccionarias en el seno de la ideología esclavista. Se extendieron las ideas religiosas místicas, se cultivaron la astrología, la demonología y otras pseudociencias. Alejandría se convirtió en centro e oscurantismo religioso. La descomposición y decadencia de la ideología esclavista hallaron expresión en la mística, el escepticismo y el eclecticismo.

La crisis del régimen de la esclavitud condujo en el siglo V de nuestra era al hundimiento del Imperio Romano. La institución del Colonato (sistema de arrendamiento de parcelas de tierra), que se había gestado en las entrañas de la sociedad esclavista, constituía ya en germen las relaciones feudales de producción, se hundía el régimen esclavista, dejando paso a un nuevo régimen, al feudalismo.

En las postrimerías de la antigüedad, en el período alejandrino o postclásico, en que se dibujaba la diferenciación de las ciencias, este proceso se vio detenido en la Edad Media y se prolongó durante largos siglos, ya que en los siglos V-VIII de nuestra era, la cultura grecorromana fue desplazada en Europa por una nueva cultura, la cultura feudal, cuyo pivote ideológico era el cristianismo.

Durante siglos, el catolicismo fue la ideología dominante en la Edad Media occidental. "Los dogmas de la Iglesia eran a la vez axiomas políticos, y los textos bíblicos tenían la validez de una ley en cualquier tribunal... "Esta supremacía de la teología en todas las ramas de la actividad intelectual era, al mismo tiempo, una consecuencia inevitable de la posición de ocupaba la Iglesia.

La Iglesia de Europa Occidental poseía hasta una tercera parte de todas las tierras de labor. Al desperdigamiento caótico de los dominios feudales, la Iglesia oponía su organización rígidamente centralizada. La Iglesia monopolizaba asimismo la cultura. Las escuela íntegramente en manos del clero, estaban adaptadas a las necesidades de éste. La filosofía se hallaba al servicio de la teología, de la religión y de la Iglesia.

En este tiempo, las ciencias naturales en germen cayeron bajo la influencia de la Iglesia. "El dogma eclesiástico era el punto de partida y base de todo pensamiento". Todo el contenido de la jurisprudencia, de las ciencias naturales y de la filosofía era puesto en consonancia con la doctrina de la Iglesia.

Por ejemplo, con la concepción geocéntrica de Aristóteles y Ptolomeo que expresaba la idea de que el centro del universo era la Tierra, se afirmaba: "alrededor de la cual se encontraba la 'esfera celeste'; con sus cuerpos celestes ideales" -el Sol, los planetas y las estrellas-, cuya perfección se manifestaba en su rigurosa esfericidad de su forma y en la limpieza absoluta de su superficie. En la Tierra, se decía, todo es pasajero, perecedero, mientras en la esfera celeste todo es eterno e inmutable. "Dicha concepción geocéntrica estaba en plena armonía con la doctrina cristiana, según la cual, el hombre ha sido creado por "Dios" para servirle y el Universo hecho para el hombre. La criatura humana es la obra suprema del creador divino "La corona de la creación". Sólo para él brillan las estrellas, soplan los vientos, cae la lluvia, corren las olas, crecen los árboles y la hierba. De ahí derivaba que la Tierra como morada del hombre, debe ocupar una situación central privilegiada en el Universo.

Los servidores de la religión cristiana aderezaron el sistema de Aristóteles y Ptolomeo con sus propias invenciones. Anunciaron que en el interior del globo terrestre está el infierno y detrás del Cielo, de las "estrellas inmóviles", la "morada de los santos", "el reino celestial", donde vuelan las almas de los muertos justos y habitan "Dios" y "los ángeles".

Catorce siglos predominó el sistema de Aristóteles y Ptolomeo, que la Iglesia convirtió en uno de los pilares básicos del cristianismo. Todas las dudas en cuanto a la justeza de este sistema eran declaradas como heréticas.

Por eso se persiguió el sistema heliocéntrico, que derrumbaba esos mitos, creado por Copérnico (1473-1543), y defendido, difundido y enriquecido por G. Bruno (1548-1600), y confirmado con mayor fundamento científico por Galileo.
La teoría de Copérnico fue "el acta revolucionaria" por la cual la ciencia de la naturaleza proclamó su independencia. De esa acta data la emancipación de la ciencia de la naturaleza con respecto a la teología.

El dominio de la ideología religiosa y la preponderancia de la Iglesia en la vida espiritual de la sociedad no significaba de ninguna manera que la sociedad feudal representase un retroceso total en el desenvolvimiento cultural de la humanidad. Importa sin embargo, adelantar que, tras el apretado cortinaje de la ideología cristiana, tampoco en la Europa medieval se detuvo, ni podía detenerse el avance de la humanidad, el progreso de su cultura, cosa que concierne ante todo al pensamiento filosófico. Por supuesto, no llegó a las cimas anteriores, pero el pensamiento teórico, bajo la forma de apología religiosa que le imponían las circunstancias históricas, prosiguió su aventura.

Incluso teólogos escolásticos como Agustín (354-430) y Tomás de Aquino (1255-1312), sin desbordar el marco de la cosmovisión teológica que predicaban, elaboraron con profundidad en sus tratados, los problemas del espacio y el tiempo y cuestiones conexas de importante significación cosmológica, ya que la filosofía escolástica, en particular, comprendía la física y la cosmología.

Sin embargo, en la época feudal en Europa, el progreso científico se veía contenido y trabado por la amplia difusión de las supersticiones extraídas de las conclusiones y dogmas de la Iglesia, de la astrología, de la alquimia y de otras "teorías" seudocientíficas, que concebían el mundo saturado de fuerzas incognoscibles y sobrenaturales, de "transmutaciones maravillosas", etc.

Al pensamiento filosófico progresista de esta época se le planteaba la tarea de combatir semejantes doctrinas teológicas y místicas que frenaban el avance y el progreso de la ciencia.

También, ya en las condiciones del feudalismo temprano, sobre todo en los países orientales -China, India, países árabes y Asia Central-, el pensamiento científico avanzó sucesivamente, sobre todo en el campo de las ciencias naturales. Por ejemplo, Ibn-Roghd (Averroes-1126-1198) gran pensador y sabio progresista árabe de la Edad Media, que vivió en España bajo el califato de Córdoba, al desarrollar los elementos materialistas de la filosofía de Aristóteles, afirmaba que la materia y el movimiento son eternos y no han sido creados jamás; negaba la inmortalidad del alma humana y la vida de ultratumba.

Ibn-Sina (Avicena-980-1037) de él se conocen: El libro de la curación y El libro del saber en el que están expuestas la lógica, la física, las matemáticas, etcétera. Su Canon de la medicina sirvió durante siglos, de código de conocimientos médicos, fue el principal manual de medicina en Europa.

Omar Khayyan (1040-1123). Su obra es eminentemente científica. Se especializó en ciencias naturales, Etica, Derecho, etcétera, aún cuando su reputación la logró como astrónomo y matemático, aunque su celebridad la ha adquirido como poeta.

Deslindamiento entre la
filosofía y las ciencias particulares

Al devenir del Renacimiento, cuando la joven burguesía se colocó frente al feudalismo, su interés por las ciencias naturales era doble: como arma ideológica en la lucha contra la concepción religiosa dominante, contra la teología y la escolástica y como fundamento teórico de la técnica de la producción, que comenzaba a emplear en amplia escala.

La actividad laboral de los hombres encaminada a la creación de bienes materiales de vida se denomina producción. Los hombres no pueden vivir sin alimento, ropa, vivienda y otros bienes materiales. La producción encierra tres elementos fundamentales: 1) el propio trabajo del hombre; 2) el objeto sobre el que recae el trabajo y 3) los medios de trabajo, las cosas con ayuda de las cuales el hombre ejerce su efecto sobre el objeto de trabajo; por ello, el hombre adquiere conocimientos variados y complejos en el proceso de la producción.

Por ello, la ciencia aparece y se desarrolla gracias a la actividad práctica de los hombres. En cada etapa de la historia, la ciencia refleja el nivel de conocimientos alcanzado, y sirve para dominar y utilizar las fuerzas de la naturaleza y al mismo tiempo para preservar sus múltiples manifestaciones y entre ellas, al propio hombre. La ciencia de es un sistema de conocimientos sobre la naturaleza, la sociedad y el pensamiento, acumulados en el curso de la historia. La ciencia es la vanguardia de la sociedad humana en marcha. Es la exploradora del futuro, la fiel defensora del presente y la esclarecedora de sucesos pretéritos.

Las ciencias naturales surgieron como ciencias particulares (especiales) y sistemáticas en la segunda mitad del siglo XV.

A medida que se acumularon conocimientos científicos especiales y se elaboraron métodos concretos de estudio y desarrollo de las nociones sobre las leyes que rigen en los distintos ámbitos de la naturaleza, se produjo un proceso de diferenciación del conocimiento teórico hasta entonces indiviso de separación de las matemáticas, la medicina, la astronomía (cosmología, cosmogonía), etcétera.

Pero este proceso no fue unilateral; a la par con la limitación del conjunto de problemas en que se ocupaba la filosofía, se desarrollaron, profundizaron y enriquecieron las nociones filosóficas propiamente dichas, surgieron distintas teorías y corrientes filosóficas. Se formaron disciplinas filosóficas como la Ontología, doctrina del ser en general o de la esencia de todo lo existente; la Gnoseología, teoría del conocimiento; la lógica, ciencia que expone las formas del pensamiento correcto, es decir, coherente, consecuente y probatorio; la Etica, cuyo objeto es la moral y las normas de conducta, la Estética, que es la ciencia que versa sobre la naturaleza de la belleza, de valorizar los fenómenos de la realidad como bellos o feos, sublimes o bajos y trágicos o cómicos.

Desde la época del Renacimiento, que es el reencuentro con la cultura de la Antigüedad, sobre todo en los siglos XVII y XVIII, el proceso de deslindamiento entre la filosofía y las ciencias especiales se acelera cada día más. La mecánica, la física y, más tarde, la química, la biología, la jurisprudencia, la pedagogía, la psicología, la historia, la economía política, etcétera, se convierten en ramas independientes de la cognición científica. Esta progresiva división del trabajo en el campo del saber científico modifica cualitativamente el papel y el lugar de la filosofía en el sistema de ciencias particulares. La filosofía no se ocupa ya en resolver problemas específicos de la mecánica, la física, la astronomía, la química, la biología, el derecho, la historia, etcétera. Sin embargo, en su campo de acción figura el estudio de problemas científicos generales, de problemas relativos a la concepción del mundo, que se plantean en las ciencias particulares, pero que no pueden ser resueltos en los límites de éstas con los métodos especiales que les son inherentes, si no cuentan con una fundamentación filosófica general. Eso significa que existen problemas tratados no sólo por las ciencias particulares, sino por la filosofía también. Tales problemas, como es natural, pueden ser resueltos únicamente con los esfuerzos mancomunados de la filosofía y de las ciencias particulares. Existen asimismo problemas filosóficos específicos que puede y debe resolver sólo la filosofía, pero eso si la filosofía se apoya en el cúmulo de datos científicos y en la práctica social de vanguardia.

Por ejemplo, a cada paso nos preguntamos: ¿qué es el mundo? ¿Cuál es la esencia de la naturaleza, del Universo? ¿El mundo ha existido siempre? ¿Ha sido creado? ¿Es eterno? ¿La naturaleza se desarrolla por vía propia, sin ingerencia de fuerzas sobre naturales? ¿Qué es la materia? ¿Qué es la vida? ¿Qué es el hombre? ¿Cuál es su lugar en el mundo? ¿Cuál es su esencia? ¿Qué relación existe entre la conciencia y el mundo exterior? ¿Entre lo espiritual y lo material? ¿Entre lo ideal y lo real? ¿Entre lo objetivo y lo subjetivo? ¿Qué es el conocimiento? ¿Qué es la felicidad? ¿Cómo es el hombre? ¿Cómo debe de ser? ¿Cuál es el sentido de la vida?, etc.

Estos y otros muchos interrogantes análogos ocupan profundamente a todos los hombres que piensan (que reflexionan). Y desde antaño existía la insuperable necesidad de contestar a estas preguntas que son parte del contenido de la filosofía.

Además, el hombre solamente puede comprender los acontecimientos que se registran a su alrededor si se guía por una determinada concepción del mundo, la cual es una asociación de opiniones acerca de la vida, del mundo en su conjunto, de unos u otros fenómenos y acontecimientos.

En la época de la Ilustración, consecuencia del Renacimiento, ya no son creíbles y aceptadas, sin más las tradiciones religiosas, las prescripciones morales, las leyes y las instituciones políticas, sino que son sometidas al juicio de la razón, se agudizó el pensamiento crítico y el interés y entusiasmo por la naturaleza.

Incluso, sabemos por la historia que las relaciones entre la filosofía y las ciencias particulares tuvieron un carácter muy complejo y contradictorio, por cuanto las ciencias especiales se limitaron durante mucho tiempo a efectuar primordialmente investigaciones empíricas, la filosofía hubo de ocuparse en los problemas teóricos generales de estas ciencias. Pero como el estudio filosófico de los problemas teóricos de las ciencias particulares no se apoyaba en hechos suficientes para este fin -que, como regla general, no habían sido aún reunidos-, tenía un carácter abstracto, especulativo. Los resultados de semejante estudio estaban a menudo en contradicción con los nuevos hechos descubiertos por las ciencias particulares. Sobre esta base surgió una contraposición que adoptó una forma singularmente violenta en las doctrinas filosóficas vinculadas a la religión, las cuales justificaban desde un punto de vista teórico la concepción religiosa del mundo, incompatible con la ciencia, ya que la religión no es una forma de conocimiento de la realidad. Se desvía del campo del conocimiento para derivar hacia el mundo de la ficción imaginativa y proyecta la realidad bajo una forma invertida, por su fe en fuerzas sobrenaturales a las que atribuye la dirección del mundo, y el culto de esas fuerzas.

Con todo, la ciencia se desarrolló y marchó adelante, al mismo tiempo que la sociedad adquiría un conocimiento cada vez más profundo y exacto de la realidad. Con el modo de producción capitalista, las ciencias naturales adquirieron una importancia muy particular. A fin de poder desarrollar la industria, la burguesía tenía necesidad de la ciencia.

Con Galileo (1564-1642) que descubre y construye el telescopio, comienza un nuevo capítulo de la Astronomía en general y de la Cosmología en particular. El cielo que el gran científico observa dista mucho de ser tan inmaculado como quería la secular cosmología cristiano-bíblica. Galileo descubre no sólo manchas en el Sol, montañas en la Luna, sino satélites de Júpiter y la composición estelar de la Vía Láctea.

La fecha "oficial" del nacimiento de la mecánica clásica, fue el año 1687, cuando en Londres salió a la luz del libro de Newton (1642-1727), Philosophise Naturalis Principia Matemática. En este libro Newton anunció por vez primera los tres principios fundamentales de la mecánica clásica.

Lomonósov (1711-1765). Descubre la ley de la conservación de la materia y el movimiento como ley general y universal. Su actividad científica era casi universal y sobre todo en química y en física sus realizaciones son muy importantes. Lomonósov fue en química el fundador del atomismo que ha mostrado la estructura atómica y molecular de la materia. Consideraba que los hábeas-culos (moléculas) se componen de partículas infinitesimales o "elementos" (átomos).

Un duro golpe al idealismo y a la metafísica en el campo de la biología fue asestado por Federico Wolf (1734-1769). Rechazó la "teoría inmóvil" y metafísica del preformismo, dominante entre los biólogos de su tiempo, y desarrolló la teoría de la epigénesis opuesta a aquélla y muy progresiva para su época. Llegó a ella sobre la base de sus propios datos experimentales en el estudio de las fases iniciales del desarrollo de las plantas y de los animales. En su teoría de la generación, publicada en 1759, investigaba minuciosamente cómo y cuándo aparecen las hojas, las flores y las diversas partes de las plantas y cómo y cuándo se forman sus frutos y semillas. Estableció también que el nacimiento y desarrollo de todo ser vivo no es un proceso puramente cuantitativo, sino un proceso puramente cuantitativo, sino un proceso de aparición de nuevos y nuevos órganos cada día más complejos.

Fue el primero que, en la historia de la biología situó sobre bases científicas el estudio del desarrollo individual del ser vivo. (Ontogénesis).

En filosofía, Kant (1724-1804) Es el fundador del idealismo filosófico alemán, creador de la hipótesis nebular, historia universal de la naturaleza y teoría del cielo, hipótesis materialista de un filósofo idealista. "El rasgo fundamental de la filosofía de Kant es que concilia el materialismo con el idealismo, sella un compromiso entre éste y aquél, compagina en un sistema único direcciones filosóficas heterogéneas, opuestas". Por una parte, Kant reconoce la existencia de un mundo de cosas al margen de nuestra conciencia, de "cosas en sí" y "cosas para nosotros". Por otra parte, la "cosa en sí" de Kant es, en su principio, incognoscible, se encuentra más allá de nuestro conocimiento. "Cuando Kant admite que a nuestras representaciones corresponde un algo existente fuera de nosotros, una cierta cosa en sí, entonces Kant es materialista. Cuando declara a esta cosa en sí incognoscible, trascendente, ultraterrenal Kant habla como idealista".

Hegel (1170-1831). Filósofo alemán que desempeñó un papel considerable en la elaboración de la teoría dialéctica del desarrollo. De acuerdo con su idealismo objetivo, cierta "Idea absoluta", mística, preexistente al margen de la naturaleza y del hombre, constituye el fundamento del mundo. La "Idea absoluta" implica contradicciones internas; se mueve y cambia transformándose en su contrario, sufre una metamorfosis convirtiéndose en la naturaleza, que es la encarnación de la "Idea absoluta".

El comienzo del siglo XIX fue una época interesante, tanto para el historiador en general, como para el historiador de la ciencia. Marx (1818-1883). Gracias a su estudio completo de la vida económica y política de la sociedad burguesa, describe los orígenes del capitalismo, define las leyes y las tendencias de su desarrollo, y prueba la ineluctabilidad de su desaparición, y en el silencio de los laboratorios, tan escasos en aquella época, cambiaban resueltamente las ideas sobre la naturaleza de las cosas.

Young en Inglaterra y Fresnel en Francia crearon las bases de la teoría ondulatoria de la luz (unilateral). Abel en Noruega y Galois en Francia pusieron las primeras piedras del fuerte edificio del álgebra moderna. El francés Lavoisier y el inglés Dalton demostraron con sus trabajos que la química es capaz de penetrar profundamente en la esencia de las cosas.

Todas las ramas de las ciencias naturales experimentaron un vertiginoso avance. En biología se abre paso la doctrina de la evolución de Darwin (1809-1882) y la teoría celular, a la que habrían dado forma definitiva Schleiden y Schwann (1839).
Descuella el suceso por el que el naturalista alemán Mayer, el físico inglés Joule, el investigador ruso Lens y el ingeniero danés Keldin establecen el hecho de la transformación de la energía. La ley de la conservación y transformación de la energía es formulada en 1842-1845, confirmando así, casi cien años después lo descubierto por Lomonósov en 1745.

Haeckel (1834-1919). Desarrolló y concretó la doctrina evolucionista de Darwin. En su obra Enigmas del Universo, somete a una crítica implacable al idealismo y se esfuerza por crear un sistema materialista armonioso fundado en las últimas conquistas de la ciencia. Crea la teoría de la filogenia o sea la historia de la evolución de un grupo de organismos.

Mendeleiev (1834-1907). Químico, descubrió la ley periódica de los elementos en 1869, base de su clasificación. Al establecer un vínculo entre el aspecto cuantitativo y el cualitativo de los elementos, entre el quimismo y el peso atómico, desarrolló el atomismo de Lomonósov.

La física avanza del calórico y demás materias imponderables como el "éter", para demostrar científicamente la unidad, concatenación y transición recíproca de las distintas formas de la materia.

En la medida que se desarrollan las ciencias naturales se van estrechando más y más sus vínculos con la filosofía. Engels (1820-1895). Sintetizó en el plano teórico las conquistas de las ciencias naturales, y al esbozar sus perspectivas, acometió una tarea de proporciones grandiosas. Un ejemplo de ello, son sus estudios de la interrelación entre la filosofía y las ciencias naturales. El estudio sobre la dialéctica de las ciencias naturales se concentra en tres temas: 1) las ciencias y su historia, hasta mediados del siglo XIX; 2) el presente (de su época); 3) el futuro: tendencias y perspectivas. Estudió innumerables obras de matemáticas, física, química, biología, etcétera, y demostró que el impulso a las ciencias lo dan las actividades prácticas de la producción; estableció el nexo entre la filosofía y la ciencias particulares y elaboró la concepción dialéctica de materia, movimiento, espacio y tiempo, la idea central fue la clasificación de las ciencias en base a las formas de movimiento. Su obra Dialéctica de la Naturaleza, es un trabajo fundamental en lo que respecta a la relación entre la filosofía y las ciencias naturales. En especial Engels resalta la importancia de estudiar la historia de la filosofía para aprender el arte de manejar conceptos.

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