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Un
gran representante de la filosofía y de la ciencia en ese
período fue Epicuro (341-270 a.n.e.) Basándose en
las nuevas conquistas de la ciencias naturales, Epicuro trataba
de fundamentar cada vez más profundamente la filosofía
materialista, y se trazaba asimismo el objetivo filosófico
de conocer las leyes que rigen la naturaleza y de asegurar a los
hombres una vida feliz.
En
las "veladas" organizadas por Epicuro se estudiaban temas
filosóficos y políticos. Los círculos epicúreos
desempeñaban el papel de agrupaciones políticas. En
el "jardín" de Epicuro, las mujeres disfrutaban
de los mismos derechos que los hombres.
Según
Epicuro, las partículas materiales indivisibles o átomos,
que se mueven en el vacío, constituyen el fundamento de cuanto
existe. Todos los fenómenos de la naturaleza se reducen a
diferentes combinaciones de átomos.
Nada
procede de lo que no existe y nada puede convertirse en algo inexistente,
afirmaba Epicuro; fuera del Universo no hay nada que pueda penetrar
en él o provocar en éste algún cambio. En estas
tesis se atisbaba ya que la materia eterna e indestructible es el
fundamento de todos los fenómenos naturales y se postulaba,
a su vez, la necesidad de explicar la naturaleza, partiendo de ella
misma, sin recurrir a ningún principio extranatural (sobrenatural)
La
misión de la filosofía consiste, según Epicuro,
en brindar una teoría general de los fenómenos naturales
y especialmente de los astronómicos, basándose para
ello en la física de los átomos. Epicuro coronó
la ciencia de su tiempo con una teoría cosmológica
que postulaba la eternidad e infinitud del Universo: "hay infinitos
mundos (por su número) semejantes o desemejantes" (al
nuestro).
La
teoría epicúrea del conocimiento parte del principio
de que las cosas materiales actúan sobre los órganos
sensoriales del hombre.
En
Roma, la filosofía inició su desarrollo a mediados
del siglo II a.n.e. y alcanzó su máximo florecimiento
en el siglo siguiente. Después de la conquista de Grecia
por Roma (en 146 a.n.e.), se establecieron estrechas relaciones
entre ambos países y, tras de hallar entre los romanos un
terreno propicio, la cultura helénica se convirtió
en una de las fuentes de la cultura romana.
La
historia de la filosofía de la antigua Roma es la historia
del desenvolvimiento del materialismo y de su lucha con el idealismo.
La línea de Demócrito estaba representada en ella
por la doctrina materialista de Lucrecio; la línea de Platón,
por el eclecticismo de Cicerón, y por la filosofía
de los estoicos cuyo iniciador fue Lucio Anneo Séneca (6
ó 3 a.n.e.-65 de la era actual), y de otros idealistas más
tardíos, los místicos, cuyo exponente principal fue
Filón, que pugnaba por fundir la teología con las
doctrinas idealistas de Platón. Para él, el fin supremo
de la vida consiste en el éxtasis místico, que asemeja
el hombre a "Dios".
Hacia
el siglo I a.n.e., se remonta la actividad del gran pensador de
la antigua Roma, filósofo materialista y ateo, Tito Lucrecio
Caro (99-55 a.n.e.), ideólogo de la democracia esclavista
romana. Su poema filosófico De rerum natura ("Sobre
la naturaleza de las cosas") es la exposición más
completa y sistemática del atomismo antiguo, ya que de las
obras de Leucipo y Demócrito sólo se conservan algunos
fragmentos y de los libros de Epicuro no han llegado a nosotros
más que tres cartas y algunas máximas.
Lucrecio
aspiraba a vincular la filosofía con las exigencias vitales
de la sociedad romana de su tiempo. Quería liberar a sus
contemporáneos de las tradiciones reaccionarias que nublaban
sus mentes y, sobre todo, de la preponderancia de la religión
romana, que se caracterizaba por su rígido dogmatismo, por
sus terribles supersticiones y su acusada hostilidad contra el conocimiento
científico. En su poema decía que la religión
sume a la humanidad en el mayor infortunio, ofusca la razón
de los hombres, les induce a cometer acciones inmorales y crímenes
y, por último, esclaviza y humilla al hombre.
Lucrecio
trataba de explicar las causas naturales del origen de la Tierra,
del mar, del cielo y de los astros; de la vida terrestre, de las
plantas y, por último, del hombre. En el poema se intenta
explicar, desde el punto de vista del materialismo antiguo, fenómenos
como el trueno y el relámpago, la lluvia, el rocío,
los torbellinos, el viento, el granizo, la nieve, la escarcha, así
como los temblores de la tierra, la acción de los volcanes,
las propiedades magnéticas, etc.
Obstinado
enemigo del materialismo romano fue el contemporáneo de Lucrecio,
famoso orador y jefe político de las Postrimerías
de la República Romana, Marco Tulio Cicerón (106-43
a.n.e.)
Sus
obras por estar dirigidas y destinadas a la apología del
Estado esclavista, y a condenar el materialismo y el ateísmo,
gozaron de gran popularidad entre la aristocracia romana, pese a
la inconsistencia y la extrema superficialidad de sus ideas filosóficas
(fue un típico representante del eclecticismo romano). Cicerón
fue el primero que vertió al latín muchos términos
filosóficos especiales. La terminología filosófica
latina, aceptada comúnmente en los países de Europa
Occidental, procede de Cicerón. Según él, la
propiedad privada es la institución fundamental de la sociedad
y el Estado existe para protegerla, de modo que garantice a los
pudientes la posibilidad de disfrutar tranquilamente de sus bienes
y defienda su propiedad de los atentados de los desposeídos.
La
filosofía y las ciencias en la época feudal
Al
empezar el siglo III a.n.e., como resultado de la crisis que sufrió
la sociedad esclavista, primero en Grecia y después en Roma,
fueron reforzándose cada vez más las tendencias reaccionarias
en el seno de la ideología esclavista. Se extendieron las
ideas religiosas místicas, se cultivaron la astrología,
la demonología y otras pseudociencias. Alejandría
se convirtió en centro e oscurantismo religioso. La descomposición
y decadencia de la ideología esclavista hallaron expresión
en la mística, el escepticismo y el eclecticismo.
La
crisis del régimen de la esclavitud condujo en el siglo V
de nuestra era al hundimiento del Imperio Romano. La institución
del Colonato (sistema de arrendamiento de parcelas de tierra), que
se había gestado en las entrañas de la sociedad esclavista,
constituía ya en germen las relaciones feudales de producción,
se hundía el régimen esclavista, dejando paso a un
nuevo régimen, al feudalismo.
En
las postrimerías de la antigüedad, en el período
alejandrino o postclásico, en que se dibujaba la diferenciación
de las ciencias, este proceso se vio detenido en la Edad Media y
se prolongó durante largos siglos, ya que en los siglos V-VIII
de nuestra era, la cultura grecorromana fue desplazada en Europa
por una nueva cultura, la cultura feudal, cuyo pivote ideológico
era el cristianismo.
Durante
siglos, el catolicismo fue la ideología dominante en la Edad
Media occidental. "Los dogmas de la Iglesia eran a la vez axiomas
políticos, y los textos bíblicos tenían la
validez de una ley en cualquier tribunal... "Esta supremacía
de la teología en todas las ramas de la actividad intelectual
era, al mismo tiempo, una consecuencia inevitable de la posición
de ocupaba la Iglesia.
La
Iglesia de Europa Occidental poseía hasta una tercera parte
de todas las tierras de labor. Al desperdigamiento caótico
de los dominios feudales, la Iglesia oponía su organización
rígidamente centralizada. La Iglesia monopolizaba asimismo
la cultura. Las escuela íntegramente en manos del clero,
estaban adaptadas a las necesidades de éste. La filosofía
se hallaba al servicio de la teología, de la religión
y de la Iglesia.
En
este tiempo, las ciencias naturales en germen cayeron bajo la influencia
de la Iglesia. "El dogma eclesiástico era el punto de
partida y base de todo pensamiento". Todo el contenido de la
jurisprudencia, de las ciencias naturales y de la filosofía
era puesto en consonancia con la doctrina de la Iglesia.
Por
ejemplo, con la concepción geocéntrica de Aristóteles
y Ptolomeo que expresaba la idea de que el centro del universo era
la Tierra, se afirmaba: "alrededor de la cual se encontraba
la 'esfera celeste'; con sus cuerpos celestes ideales" -el
Sol, los planetas y las estrellas-, cuya perfección se manifestaba
en su rigurosa esfericidad de su forma y en la limpieza absoluta
de su superficie. En la Tierra, se decía, todo es pasajero,
perecedero, mientras en la esfera celeste todo es eterno e inmutable.
"Dicha concepción geocéntrica estaba en plena
armonía con la doctrina cristiana, según la cual,
el hombre ha sido creado por "Dios" para servirle y el
Universo hecho para el hombre. La criatura humana es la obra suprema
del creador divino "La corona de la creación".
Sólo para él brillan las estrellas, soplan los vientos,
cae la lluvia, corren las olas, crecen los árboles y la hierba.
De ahí derivaba que la Tierra como morada del hombre, debe
ocupar una situación central privilegiada en el Universo.
Los
servidores de la religión cristiana aderezaron el sistema
de Aristóteles y Ptolomeo con sus propias invenciones. Anunciaron
que en el interior del globo terrestre está el infierno y
detrás del Cielo, de las "estrellas inmóviles",
la "morada de los santos", "el reino celestial",
donde vuelan las almas de los muertos justos y habitan "Dios"
y "los ángeles".
Catorce
siglos predominó el sistema de Aristóteles y Ptolomeo,
que la Iglesia convirtió en uno de los pilares básicos
del cristianismo. Todas las dudas en cuanto a la justeza de este
sistema eran declaradas como heréticas.
Por
eso se persiguió el sistema heliocéntrico, que derrumbaba
esos mitos, creado por Copérnico (1473-1543), y defendido,
difundido y enriquecido por G. Bruno (1548-1600), y confirmado con
mayor fundamento científico por Galileo.
La teoría de Copérnico fue "el acta revolucionaria"
por la cual la ciencia de la naturaleza proclamó su independencia.
De esa acta data la emancipación de la ciencia de la naturaleza
con respecto a la teología.
El
dominio de la ideología religiosa y la preponderancia de
la Iglesia en la vida espiritual de la sociedad no significaba de
ninguna manera que la sociedad feudal representase un retroceso
total en el desenvolvimiento cultural de la humanidad. Importa sin
embargo, adelantar que, tras el apretado cortinaje de la ideología
cristiana, tampoco en la Europa medieval se detuvo, ni podía
detenerse el avance de la humanidad, el progreso de su cultura,
cosa que concierne ante todo al pensamiento filosófico. Por
supuesto, no llegó a las cimas anteriores, pero el pensamiento
teórico, bajo la forma de apología religiosa que le
imponían las circunstancias históricas, prosiguió
su aventura.
Incluso
teólogos escolásticos como Agustín (354-430)
y Tomás de Aquino (1255-1312), sin desbordar el marco de
la cosmovisión teológica que predicaban, elaboraron
con profundidad en sus tratados, los problemas del espacio y el
tiempo y cuestiones conexas de importante significación cosmológica,
ya que la filosofía escolástica, en particular, comprendía
la física y la cosmología.
Sin
embargo, en la época feudal en Europa, el progreso científico
se veía contenido y trabado por la amplia difusión
de las supersticiones extraídas de las conclusiones y dogmas
de la Iglesia, de la astrología, de la alquimia y de otras
"teorías" seudocientíficas, que concebían
el mundo saturado de fuerzas incognoscibles y sobrenaturales, de
"transmutaciones maravillosas", etc.
Al
pensamiento filosófico progresista de esta época se
le planteaba la tarea de combatir semejantes doctrinas teológicas
y místicas que frenaban el avance y el progreso de la ciencia.
También,
ya en las condiciones del feudalismo temprano, sobre todo en los
países orientales -China, India, países árabes
y Asia Central-, el pensamiento científico avanzó
sucesivamente, sobre todo en el campo de las ciencias naturales.
Por ejemplo, Ibn-Roghd (Averroes-1126-1198) gran pensador y sabio
progresista árabe de la Edad Media, que vivió en España
bajo el califato de Córdoba, al desarrollar los elementos
materialistas de la filosofía de Aristóteles, afirmaba
que la materia y el movimiento son eternos y no han sido creados
jamás; negaba la inmortalidad del alma humana y la vida de
ultratumba.
Ibn-Sina
(Avicena-980-1037) de él se conocen: El libro de la curación
y El libro del saber en el que están expuestas la lógica,
la física, las matemáticas, etcétera. Su Canon
de la medicina sirvió durante siglos, de código de
conocimientos médicos, fue el principal manual de medicina
en Europa.
Omar
Khayyan (1040-1123). Su obra es eminentemente científica.
Se especializó en ciencias naturales, Etica, Derecho, etcétera,
aún cuando su reputación la logró como astrónomo
y matemático, aunque su celebridad la ha adquirido como poeta.
Deslindamiento
entre la
filosofía y las ciencias particulares
Al
devenir del Renacimiento, cuando la joven burguesía se colocó
frente al feudalismo, su interés por las ciencias naturales
era doble: como arma ideológica en la lucha contra la concepción
religiosa dominante, contra la teología y la escolástica
y como fundamento teórico de la técnica de la producción,
que comenzaba a emplear en amplia escala.
La
actividad laboral de los hombres encaminada a la creación
de bienes materiales de vida se denomina producción. Los
hombres no pueden vivir sin alimento, ropa, vivienda y otros bienes
materiales. La producción encierra tres elementos fundamentales:
1) el propio trabajo del hombre; 2) el objeto sobre el que recae
el trabajo y 3) los medios de trabajo, las cosas con ayuda de las
cuales el hombre ejerce su efecto sobre el objeto de trabajo; por
ello, el hombre adquiere conocimientos variados y complejos en el
proceso de la producción.
Por
ello, la ciencia aparece y se desarrolla gracias a la actividad
práctica de los hombres. En cada etapa de la historia, la
ciencia refleja el nivel de conocimientos alcanzado, y sirve para
dominar y utilizar las fuerzas de la naturaleza y al mismo tiempo
para preservar sus múltiples manifestaciones y entre ellas,
al propio hombre. La ciencia de es un sistema de conocimientos sobre
la naturaleza, la sociedad y el pensamiento, acumulados en el curso
de la historia. La ciencia es la vanguardia de la sociedad humana
en marcha. Es la exploradora del futuro, la fiel defensora del presente
y la esclarecedora de sucesos pretéritos.
Las
ciencias naturales surgieron como ciencias particulares (especiales)
y sistemáticas en la segunda mitad del siglo XV.
A
medida que se acumularon conocimientos científicos especiales
y se elaboraron métodos concretos de estudio y desarrollo
de las nociones sobre las leyes que rigen en los distintos ámbitos
de la naturaleza, se produjo un proceso de diferenciación
del conocimiento teórico hasta entonces indiviso de separación
de las matemáticas, la medicina, la astronomía (cosmología,
cosmogonía), etcétera.
Pero
este proceso no fue unilateral; a la par con la limitación
del conjunto de problemas en que se ocupaba la filosofía,
se desarrollaron, profundizaron y enriquecieron las nociones filosóficas
propiamente dichas, surgieron distintas teorías y corrientes
filosóficas. Se formaron disciplinas filosóficas como
la Ontología, doctrina del ser en general o de la esencia
de todo lo existente; la Gnoseología, teoría del conocimiento;
la lógica, ciencia que expone las formas del pensamiento
correcto, es decir, coherente, consecuente y probatorio; la Etica,
cuyo objeto es la moral y las normas de conducta, la Estética,
que es la ciencia que versa sobre la naturaleza de la belleza, de
valorizar los fenómenos de la realidad como bellos o feos,
sublimes o bajos y trágicos o cómicos.
Desde
la época del Renacimiento, que es el reencuentro con la cultura
de la Antigüedad, sobre todo en los siglos XVII y XVIII, el
proceso de deslindamiento entre la filosofía y las ciencias
especiales se acelera cada día más. La mecánica,
la física y, más tarde, la química, la biología,
la jurisprudencia, la pedagogía, la psicología, la
historia, la economía política, etcétera, se
convierten en ramas independientes de la cognición científica.
Esta progresiva división del trabajo en el campo del saber
científico modifica cualitativamente el papel y el lugar
de la filosofía en el sistema de ciencias particulares. La
filosofía no se ocupa ya en resolver problemas específicos
de la mecánica, la física, la astronomía, la
química, la biología, el derecho, la historia, etcétera.
Sin embargo, en su campo de acción figura el estudio de problemas
científicos generales, de problemas relativos a la concepción
del mundo, que se plantean en las ciencias particulares, pero que
no pueden ser resueltos en los límites de éstas con
los métodos especiales que les son inherentes, si no cuentan
con una fundamentación filosófica general. Eso significa
que existen problemas tratados no sólo por las ciencias particulares,
sino por la filosofía también. Tales problemas, como
es natural, pueden ser resueltos únicamente con los esfuerzos
mancomunados de la filosofía y de las ciencias particulares.
Existen asimismo problemas filosóficos específicos
que puede y debe resolver sólo la filosofía, pero
eso si la filosofía se apoya en el cúmulo de datos
científicos y en la práctica social de vanguardia.
Por
ejemplo, a cada paso nos preguntamos: ¿qué es el mundo?
¿Cuál es la esencia de la naturaleza, del Universo?
¿El mundo ha existido siempre? ¿Ha sido creado? ¿Es
eterno? ¿La naturaleza se desarrolla por vía propia,
sin ingerencia de fuerzas sobre naturales? ¿Qué es
la materia? ¿Qué es la vida? ¿Qué es
el hombre? ¿Cuál es su lugar en el mundo? ¿Cuál
es su esencia? ¿Qué relación existe entre la
conciencia y el mundo exterior? ¿Entre lo espiritual y lo
material? ¿Entre lo ideal y lo real? ¿Entre lo objetivo
y lo subjetivo? ¿Qué es el conocimiento? ¿Qué
es la felicidad? ¿Cómo es el hombre? ¿Cómo
debe de ser? ¿Cuál es el sentido de la vida?, etc.
Estos
y otros muchos interrogantes análogos ocupan profundamente
a todos los hombres que piensan (que reflexionan). Y desde antaño
existía la insuperable necesidad de contestar a estas preguntas
que son parte del contenido de la filosofía.
Además,
el hombre solamente puede comprender los acontecimientos que se
registran a su alrededor si se guía por una determinada concepción
del mundo, la cual es una asociación de opiniones acerca
de la vida, del mundo en su conjunto, de unos u otros fenómenos
y acontecimientos.
En
la época de la Ilustración, consecuencia del Renacimiento,
ya no son creíbles y aceptadas, sin más las tradiciones
religiosas, las prescripciones morales, las leyes y las instituciones
políticas, sino que son sometidas al juicio de la razón,
se agudizó el pensamiento crítico y el interés
y entusiasmo por la naturaleza.
Incluso,
sabemos por la historia que las relaciones entre la filosofía
y las ciencias particulares tuvieron un carácter muy complejo
y contradictorio, por cuanto las ciencias especiales se limitaron
durante mucho tiempo a efectuar primordialmente investigaciones
empíricas, la filosofía hubo de ocuparse en los problemas
teóricos generales de estas ciencias. Pero como el estudio
filosófico de los problemas teóricos de las ciencias
particulares no se apoyaba en hechos suficientes para este fin -que,
como regla general, no habían sido aún reunidos-,
tenía un carácter abstracto, especulativo. Los resultados
de semejante estudio estaban a menudo en contradicción con
los nuevos hechos descubiertos por las ciencias particulares. Sobre
esta base surgió una contraposición que adoptó
una forma singularmente violenta en las doctrinas filosóficas
vinculadas a la religión, las cuales justificaban desde un
punto de vista teórico la concepción religiosa del
mundo, incompatible con la ciencia, ya que la religión no
es una forma de conocimiento de la realidad. Se desvía del
campo del conocimiento para derivar hacia el mundo de la ficción
imaginativa y proyecta la realidad bajo una forma invertida, por
su fe en fuerzas sobrenaturales a las que atribuye la dirección
del mundo, y el culto de esas fuerzas.
Con
todo, la ciencia se desarrolló y marchó adelante,
al mismo tiempo que la sociedad adquiría un conocimiento
cada vez más profundo y exacto de la realidad. Con el modo
de producción capitalista, las ciencias naturales adquirieron
una importancia muy particular. A fin de poder desarrollar la industria,
la burguesía tenía necesidad de la ciencia.
Con
Galileo (1564-1642) que descubre y construye el telescopio, comienza
un nuevo capítulo de la Astronomía en general y de
la Cosmología en particular. El cielo que el gran científico
observa dista mucho de ser tan inmaculado como quería la
secular cosmología cristiano-bíblica. Galileo descubre
no sólo manchas en el Sol, montañas en la Luna, sino
satélites de Júpiter y la composición estelar
de la Vía Láctea.
La
fecha "oficial" del nacimiento de la mecánica clásica,
fue el año 1687, cuando en Londres salió a la luz
del libro de Newton (1642-1727), Philosophise Naturalis Principia
Matemática. En este libro Newton anunció por vez primera
los tres principios fundamentales de la mecánica clásica.
Lomonósov
(1711-1765). Descubre la ley de la conservación de la materia
y el movimiento como ley general y universal. Su actividad científica
era casi universal y sobre todo en química y en física
sus realizaciones son muy importantes. Lomonósov fue en química
el fundador del atomismo que ha mostrado la estructura atómica
y molecular de la materia. Consideraba que los hábeas-culos
(moléculas) se componen de partículas infinitesimales
o "elementos" (átomos).
Un
duro golpe al idealismo y a la metafísica en el campo de
la biología fue asestado por Federico Wolf (1734-1769). Rechazó
la "teoría inmóvil" y metafísica
del preformismo, dominante entre los biólogos de su tiempo,
y desarrolló la teoría de la epigénesis opuesta
a aquélla y muy progresiva para su época. Llegó
a ella sobre la base de sus propios datos experimentales en el estudio
de las fases iniciales del desarrollo de las plantas y de los animales.
En su teoría de la generación, publicada en 1759,
investigaba minuciosamente cómo y cuándo aparecen
las hojas, las flores y las diversas partes de las plantas y cómo
y cuándo se forman sus frutos y semillas. Estableció
también que el nacimiento y desarrollo de todo ser vivo no
es un proceso puramente cuantitativo, sino un proceso puramente
cuantitativo, sino un proceso de aparición de nuevos y nuevos
órganos cada día más complejos.
Fue
el primero que, en la historia de la biología situó
sobre bases científicas el estudio del desarrollo individual
del ser vivo. (Ontogénesis).
En
filosofía, Kant (1724-1804) Es el fundador del idealismo
filosófico alemán, creador de la hipótesis
nebular, historia universal de la naturaleza y teoría del
cielo, hipótesis materialista de un filósofo idealista.
"El rasgo fundamental de la filosofía de Kant es que
concilia el materialismo con el idealismo, sella un compromiso entre
éste y aquél, compagina en un sistema único
direcciones filosóficas heterogéneas, opuestas".
Por una parte, Kant reconoce la existencia de un mundo de cosas
al margen de nuestra conciencia, de "cosas en sí"
y "cosas para nosotros". Por otra parte, la "cosa
en sí" de Kant es, en su principio, incognoscible, se
encuentra más allá de nuestro conocimiento. "Cuando
Kant admite que a nuestras representaciones corresponde un algo
existente fuera de nosotros, una cierta cosa en sí, entonces
Kant es materialista. Cuando declara a esta cosa en sí incognoscible,
trascendente, ultraterrenal Kant habla como idealista".
Hegel
(1170-1831). Filósofo alemán que desempeñó
un papel considerable en la elaboración de la teoría
dialéctica del desarrollo. De acuerdo con su idealismo objetivo,
cierta "Idea absoluta", mística, preexistente al
margen de la naturaleza y del hombre, constituye el fundamento del
mundo. La "Idea absoluta" implica contradicciones internas;
se mueve y cambia transformándose en su contrario, sufre
una metamorfosis convirtiéndose en la naturaleza, que es
la encarnación de la "Idea absoluta".
El
comienzo del siglo XIX fue una época interesante, tanto para
el historiador en general, como para el historiador de la ciencia.
Marx (1818-1883). Gracias a su estudio completo de la vida económica
y política de la sociedad burguesa, describe los orígenes
del capitalismo, define las leyes y las tendencias de su desarrollo,
y prueba la ineluctabilidad de su desaparición, y en el silencio
de los laboratorios, tan escasos en aquella época, cambiaban
resueltamente las ideas sobre la naturaleza de las cosas.
Young
en Inglaterra y Fresnel en Francia crearon las bases de la teoría
ondulatoria de la luz (unilateral). Abel en Noruega y Galois en
Francia pusieron las primeras piedras del fuerte edificio del álgebra
moderna. El francés Lavoisier y el inglés Dalton demostraron
con sus trabajos que la química es capaz de penetrar profundamente
en la esencia de las cosas.
Todas
las ramas de las ciencias naturales experimentaron un vertiginoso
avance. En biología se abre paso la doctrina de la evolución
de Darwin (1809-1882) y la teoría celular, a la que habrían
dado forma definitiva Schleiden y Schwann (1839).
Descuella el suceso por el que el naturalista alemán Mayer,
el físico inglés Joule, el investigador ruso Lens
y el ingeniero danés Keldin establecen el hecho de la transformación
de la energía. La ley de la conservación y transformación
de la energía es formulada en 1842-1845, confirmando así,
casi cien años después lo descubierto por Lomonósov
en 1745.
Haeckel
(1834-1919). Desarrolló y concretó la doctrina evolucionista
de Darwin. En su obra Enigmas del Universo, somete a una crítica
implacable al idealismo y se esfuerza por crear un sistema materialista
armonioso fundado en las últimas conquistas de la ciencia.
Crea la teoría de la filogenia o sea la historia de la evolución
de un grupo de organismos.
Mendeleiev
(1834-1907). Químico, descubrió la ley periódica
de los elementos en 1869, base de su clasificación. Al establecer
un vínculo entre el aspecto cuantitativo y el cualitativo
de los elementos, entre el quimismo y el peso atómico, desarrolló
el atomismo de Lomonósov.
La
física avanza del calórico y demás materias
imponderables como el "éter", para demostrar científicamente
la unidad, concatenación y transición recíproca
de las distintas formas de la materia.
En
la medida que se desarrollan las ciencias naturales se van estrechando
más y más sus vínculos con la filosofía.
Engels (1820-1895). Sintetizó en el plano teórico
las conquistas de las ciencias naturales, y al esbozar sus perspectivas,
acometió una tarea de proporciones grandiosas. Un ejemplo
de ello, son sus estudios de la interrelación entre la filosofía
y las ciencias naturales. El estudio sobre la dialéctica
de las ciencias naturales se concentra en tres temas: 1) las ciencias
y su historia, hasta mediados del siglo XIX; 2) el presente (de
su época); 3) el futuro: tendencias y perspectivas. Estudió
innumerables obras de matemáticas, física, química,
biología, etcétera, y demostró que el impulso
a las ciencias lo dan las actividades prácticas de la producción;
estableció el nexo entre la filosofía y la ciencias
particulares y elaboró la concepción dialéctica
de materia, movimiento, espacio y tiempo, la idea central fue la
clasificación de las ciencias en base a las formas de movimiento.
Su obra Dialéctica de la Naturaleza, es un trabajo fundamental
en lo que respecta a la relación entre la filosofía
y las ciencias naturales. En especial Engels resalta la importancia
de estudiar la historia de la filosofía para aprender el
arte de manejar conceptos.
Sigue
la parte 3>
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