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EL NEOLIBERALISMO Y LA CRISIS
DEL CAMPO EN MÉXICO (2)
Por José SANTOS CERVANTES
Miembro de la Dirección Nacional del PPS de México

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Entre las organizaciones campesinas más combativas no afiliadas en principio al PRI, estaban la Unión General de Obreros y Campesinos de México (UGOCEM) surgida también de la división de la Confederación de Trabajadores de México (CTM), cuando el gobierno interviene y le impone una dirección reformista y oportunista. La UGOCEM dio batallas trascendentes en contra del latifundismo y por la aplicación sin transacciones de la reforma agraria, pues al frente de ella se encontraban líderes ligados a Vicente Lombardo Toledano y al Partido Popular, que más tarde se transformaría en Partido Popular Socialista, pero al igual que sucedió con la CTM, más tarde el gobierno intervendría, capturaría su dirección y la afiliaría al PRI, convirtiéndola en una entelequia.

La Central Campesina Independiente (CCI), surgió como un instrumento de lucha del Partido Comunista Mexicano (PCM) después se dividió y se afilió al PRI, la otra parte se convertiría poco después en la Central Independiente de Obreros Agrícolas y Campesinos (CIOAC), que ha disminuido su presencia de manera importante. En la década de los ochenta y como parte de la estrategia de Carlos Salinas de Gortari (1988-1994) y del grupo tecnocrático neoliberal para capturar la presidencia de la república, creó la Unión Nacional de Organizaciones Regionales Campesinas Autónomas (UNORCA), que siendo sostenida y financiada por el gobierno, navegaba con bandera de organización independiente -incluso se autoubicaba como organización de izquierda- colaboró en mucho para que se pudieran imponer las reformas neoliberales en materia agraria.

Una vez que el PRI ha sido desplazado del poder, los dirigentes de las organizaciones campesinas afiliadas a él, más que empeñarse en combatir al neoliberalismo y al gobierno antipopular y proimperialista, están preocupadas por su sobrevivencia, tratándose de acomodar a la nueva situación política que les permita mantener sus cotos de poder.

Así en este momento, las demandas campesinas no rebasan el estrecho marco de las demandas de carácter económico menor, por ejemplo, entrega a tiempo del apoyo económico que el gobierno les hace llegar a través del Procampo, un precio mínimo para sus productos, apoyos para la comercialización, entre otras, y algunos débiles reclamos al gobierno para impedir la importación de granos y otros productos agrícolas. Por lo tanto tampoco existe una propuesta integral de parte de las organizaciones campesinas que enfrente al proyecto neoliberal.

En cuanto a la unidad entre las organizaciones campesinas, ésta sólo es formal, a través del llamado Congreso Agrario Permanente que incluye a una veintena, la mayoría con una presencia marginal en algunas regiones del país y otras sólo membretes, y que se constituyó a instancias del propio gobierno.

En cuanto a la unidad del campesinado con la clase obrera no existe, pues al frente de la mayoría de las organizaciones sindicales también prevalecen los dirigentes reformistas y oportunistas, que no tienen ni siquiera una posición de clase frente a los patrones o el gobierno de derecha.

IV. Las tareas del campesinado

La política neoliberal ha afectado al sector agropecuario, forestal y pesquero, en función de establecer, en el caso del campo, una agricultura de corte capitalista clásico, sustentado en la concentración de la tierra, bajo el supuesto de que el aumento de las economías de escala será el eje que permita elevar la eficiencia y producción , así como la aplicación de un criterio darwiniano de sobrevivencia, similar al desarrollado en materia industrial, que apunta a la prevalencia del más apto y a la eliminación de aquellos que no están en condiciones de competir de acuerdo a los estándares internacionales.

Ante las nuevas tendencias que se vienen desplegando, y que están rediseñando el escenario productivo nacional, una propuesta progresista para el campo mexicano debe basarse en una estrategia integral, donde el problema principal por definir sea lo que se pretende del campo, para sobre esa premisa, diseñar un proyecto global de desarrollo agropecuario, que incluya el tipo de productor y el tipo de tenencia de la tierra requeridos para cada aspecto concreto del problema.

Desde esta perspectiva, al ser la estrategia sectorial parte de una propuesta más amplia, de un proyecto total incluyente, el objetivo principal de la política agropecuaria debe ser el garantizar la Seguridad Alimentarla de todos los mexicanos, entendiendo por seguridad alimentaria, de acuerdo a la definición de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación (FAO): "el acceso sostenido y asegurado a los alimentos por todos los grupos sociales y por individuos, en cantidad y calidad adecuada para satisfacer sus requerimientos nutricionales y llevar una vida activa".

La Seguridad Alimentaría debe basarse antes que nada en la Autosuficiencia Alimentaria, ya que la posibilidad de contar con los alimentos exige crear las condiciones para producir internamente aquellos que son más necesarios; este principio, ha estado presente desde siempre en las estrategias de ejercicio de la soberanía de la mayor parte de los países hoy desarrollados. Así, la seguridad alimentaría mexicana debe tender a crear la capacidad para producir, almacenar y distribuir los alimentos suficientes para satisfacer los requerimientos básicos de la población en dicha materia.

Para ello es indispensable regresar el Artículo 27 Constitucional a la esencia de su contenido anterior, el que tenía antes de las reformas reaccionarias impulsadas por el salinismo, y corregir también las reformas negativas introducidas por el gobierno de Miguel Alemán en la década de los cincuentas, para poder realizar una reforma agraria profunda que deje atrás la agricultura de tipo capitalista dependiente y que, en contrapartida, se desarrolle en base al ejido, a las comunidades y a la necesaria asociación de uno y otras con el Estado, para crear las empresas agroindustriales que pueden contribuir a mejorar las condiciones de vida de los campesinos y a fortalecer el mercado interno.

El país requiere un programa de fomento agropecuario que, mediante una planeación de corto, mediano y largo plazo, atienda la infraestructura rural, impulse la investigación científico?técnica, fomente el extensionismo, establezca condiciones preferenciales de crédito barato y oportuno, proporcione el aseguramiento para el campo, facilite el acceso a los insumos tecnológicos, mediante el establecimiento de empresas nacionales que los produzcan, regule los mercados estabilizando los precios de los mismos, y otorgue a los productores márgenes de rentabilidad que les permitan capitalizarse y tecnificarse.

De este postulado, que parte de ubicar las necesidades colectivas para diseñar luego los instrumentos más adecuados y las metas y objetivos de corto, mediano y largo plazo que es necesario alcanzar, es que surge la necesidad de aplicar un Programa Inmediato de Rescate del Campo y de Consecución de la Seguridad Alimentarla, el cual contiene un conjunto de propuestas, algunas de las cuales describimos a continuación.

En primer lugar, el Programa se plantea la derogación de la Ley Agraria de febrero de 1992, así como de las reformas mencionadas al artículo 27 constitucional. Dicha ley, que propicia las condiciones para una concentración indiscriminada de la tierra, representa en el fondo, como ya se ha señalado, una verdadera contrarrevolución, que rompe violentamente con el pacto social establecido en el México posrevolucionario.

De la misma manera, deberá promulgarse una nueva Ley Agraria, en la que el beneficiario no sea el capital agroindustrial y agrocomercial transnacional, ni los grandes agricultores y ganaderos nacionales, sino los más de 3 millones de familias campesinas que logren una mejora sustancial en sus ingresos, así como el conjunto de la sociedad, que pueda gozar de un nivel de consumo indispensable que permita una adecuada nutrición.

Algunos de los principales apartados que dicha ley debe contemplar, se refieren a la extensión que tendrá la propiedad privada y la parcela ejidal. Al respecto se debe reducir el tamaño máximo de la propiedad privada, que es en la actualidad de 100 Has. de riego o su equivalente, así como en el de ampliar los límites de la parcela ejidal, en la actualidad con un máximo de 10 Has. de riego asignadas a cada productor.

Respecto al ejido, se debe establecer una superficie que, además de permitir a los productores del campo un nivel de vida digno, les posibilite explotar una extensión que facilite la incorporación de la tecnología y el equipo agrícola que sea más apropiado.

En segundo lugar, es indispensable iniciar a la brevedad una modificación de la manera en que se encuentra distribuida la tierra, puesto que ésta sigue estando sumamente concentrada. Para ello, primero debe repartirse toda la tierra que excede los límites legales, como componente de un nuevo reparto agrario en el que se revisen los certificados de inafectabilidad existentes en busca de latifundios escondidos.

En tal sentido, basta mencionar que, según datos del INEGI, el 57.9% de las unidades de producción menores de 5 hectáreas concentran el 4.6% de la superficie cultivable, en tanto que el 2.5% de las unidades de producción que tienen más de 100 hectáreas concentran el 72.2 %, de la superficie de labor. Así también, en la repartición de la tierra legalmente afectable debe dejarse de lado el tortuguismo que ha caracterizado tradicionalmente a las instancias jurídicas responsables de la impartición de la justicia en el agro.

Un tercer punto, tiene que ver con la necesidad de impulsar de .manera inmediata la creación de una serie de empresas nacionales dedicadas al servicio y promoción del sector agrícola. Dichas empresas, tendrán como función el producir semillas, fertilizantes y el conjunto de insumos necesarios, que en complemento con el otorgamiento de crédito oportuno y suficiente y el apoyo de un sistema nacional de abasto ágil y descentralizado, permitan el rescate y la eficaz promoción del agro mexicano, así como el avance hacia el logro de la autosuficiencia alimentaría.

Un cuarto punto será el fijar precios de garantía para los productos que se definan como fundamentales dentro de la estrategia de la búsqueda de una soberanía y autosuficiencia alimentarías.

Se debe promover que los precios de garantía guarden una adecuada relación con los costos de producción, y que el establecimiento de dichos precios permita reorientar los cultivos en función de los intereses nacionales, evitando con ello que el rumbo de la producción agrícola nacional se fije de acuerdo a las necesidades del mercado mundial de materias primas y alimentos, y que quede por tanto sujeto a los vaivenes de ese mercado y a los intereses que en él predominan.

De igual forma, al producirse internamente los bienes que la sociedad necesita, se avanzará en el objetivo de sustituir importaciones y disminuir con ello la presión sobre el monto disponible de divisas. Lo anterior no implica dejar de producir para la exportación, pero lo cierto es que dicha exportación deberá abarcar sobre todo productos tropicales y hortalizas, así como algunos granos forrajeros y oleaginosas, cuidando que las áreas cultivables destinadas a estos productos no sustituyan ?o sólo lo hagan en la medida necesaria? a aquellas orientadas a la producción de los alimentos contemplados como parte del logro de la seguridad alimentaria nacional.

Un quinto punto tiene que ver con la necesaria aplicación de la ganadería intensiva, que permita destinar mayores cantidades de tierra a las labores agrícolas, modernizar la actividad ganadera, fortalecer el mercado interno a partir del incremento de la productividad y que se estimule la participación ejidal en esta actividad, a partir de una creciente inversión del Estado en los ejidos que tienen potencial pecuario.
El sexto punto es el relativo a la silvicultura que requiere modernizarse. Y ya que la mayoría de los bosques y selvas de nuestro país se encuentran en zonas ejidales y comunales, se hace necesario llevar a estas zonas los recursos económicos y técnicos necesarios para realizar una intensa campaña de forestación y reforestación; construir los aserraderos necesarios; acabar con las concesiones a particulares, que propician su explotación irracional; castigar severamente la tala inmoderada y clandestina, y ampliar el número de especies en explotación.
Para impulsar y vigilar el cumplimiento del conjunto de medidas contenidas en este Programa para el agro, así como para definir y promover los objetivos y metas a cumplir, es necesaria una activa y eficiente participación del Estado.

Se necesita un Estado planificador que ubique puntualmente los requerimientos nutricionales mínimos, mediante la definición de un Indice Nutricional, y proyecte las metas que es necesario cumplir ?empezando por los granos básicos? así como las inversiones que hay que destinar a dicho propósito.

El apoyo estatal al campo en general, y en particular a aquellos productos considerados prioritarios en la dieta nacional, deberá ser integral, contemplando para ello acciones como las siguientes:
? La canalización de subsidios, la prestación de asistencia técnica, y la dotación de los insumos necesarios y a buen precio. Todos estos apoyos deberán aplicarse de manera discriminatoria, buscando favorecer a ciertas regiones específicas, a determinados productos en lo particular y a un tipo preciso de productores. En tal sentido, y además de cumplir con el objetivo de lograr la autosuficiencia alimentaría, los subsidios destinados al campo deben servir también para apoyar la economía de la población rural; fortalecer los municipios ubicados en dicho medio?, reducir los profundos rezagos y el grave deterioro social existente en el agro mexicano; y permitir la atenuación de los desequilibrios e inequidades existentes entre el campo y la ciudad.

? La creación de infraestructura agrícola, como el desarrollo de presas, obras de regadío y bodegas, así como de medios de distribución y comercialización eficientes y seguros, que permitan la eliminación de intermediarios y acaparadores. Es importante tener presente la posibilidad de integrar a los productores agrícolas a las actividades de comercialización y de transporte, así como el disponer de la mano de obra rural en la creación de la infraestructura señalada. El conjunto de estas medidas, permitirá lograr un mejoramiento en los niveles de ingreso de las familias campesinas, al hacer posible que el excedente económico generado sea retenido en el agro.

Si bien algunas de las obras que se necesitan requieren de inversiones importantes debido al descuido y abandono en que se han visto sumidos los activos agrícolas por las políticas neoliberales, y por lo cual existe un deterioro acumulado, lo cierto es que la producción en el campo se puede aumentar de manera significativa con la simple difusión de mejores técnicas, que han probado en todo el mundo ser soluciones posibles y baratas. Así por ejemplo, algunas de las medidas inmediatas a tomar serían:

  • La utilización de semillas mejoradas como práctica permanente.
  • La rotación de cultivos, como parte de las tecnologías que todavía no se adoptan en la mayoría del campo mexicano.
  • La utilización de la tracción mecánica.
  • El establecimiento de pozos y canales de riego, que permitan realizar dos cosechas al año en los sitios en que ello sea posible.
  • La difusión de técnicas de cosecha y recolección, que evitan la merma en el producto y permiten mejorar su calidad.

En resumen, una buena parte de las modificaciones productivas inmediatas que se necesitan son relativamente económicas y fáciles de aplicar, así como es corto el tiempo para que esas técnicas puedan adoptarse por parte de los productores. Tengamos en cuenta que, además de perseguir la ampliación de la producción agrícola, lo sustancial consiste en el aprovechamiento al máximo de la tierra a través de la elevación de los rendimientos, y es precisamente en las zonas de temporal donde hay mayores posibilidades en materia de incremento de la producción, siendo también por cierto en dichas zonas, en donde habita la mayor parte de la población dedicada a las actividades agrícolas en México.

En lo que se refiere a la posible extensión de la frontera agrícola, y además de los avances que se den en la repartición de la tierra legalmente afectable, es necesario realizar un cambio en el uso del suelo, de la ganadería extensiva a la producción agrícola de bienes básicos. La propuesta después de todo, consiste en poder lograr más rendimientos en una mayor extensión cosechada, sobre la base de una mejor aplicación de técnicas sencillas y económicamente viables.

Por lo que se refiere al uso y difusión de las nuevas tecnologías, deberá buscarse que éstas no sean depredadores de los recursos naturales para poder avanzar en el cuidado del medio ambiente. Restringir el uso o prohibir la utilización de pesticidas, plaguicidas y todo tipo de agroquímicos tóxicos, eliminados ya en los países desarrollados, debe ser un aspecto de la mayor importancia en el marco de una política de cuidado ambiental. De la misma manera, esa política deberá asegurar la preservación y recuperación de los suelos y mantos friáticos, severamente dañados por la acción indiscriminada ejercida sobre ellos.
En lo que hace a la articulación de la estrategia de desarrollo agropecuario con el resto de las políticas sectoriales, y en particular con la política industrial, se debe procurar ubicar a la actividad agropecuaria como importante generadora de materias primas e insumos para la industria y, a su vez, como destinataria de una buena parte de la producción de determinadas ramas industriales. Ello con el propósito de tener acceso a un desarrollo nacional sustentado fundamentalmente en el mercado interno.

En esta propuesta es necesaria una nueva forma de entender al productor rural, en la que quede superada la visión asistencialista promovida por el Procampo y en la que los campesinos sean quienes realmente decidan sobre sus formas de organización.

A manera de resumen, esta propuesta se sustenta en la búsqueda de la seguridad alimentaria, y sobretodo de la autosuficiencia alimentaria, teniendo como motor de crecimiento de la actividad agropecuaria al mercado interno y no al mercado externo.

En la aplicación de esta propuesta para el campo, esta claro que se deben incluir criterios de carácter extra?económico, es decir, que vayan más allá de la lógica de la acumulación del capital y la maximización de las ganancias. En ese marco, adquieren relevancia objetivos como los de "seguridad nacional" y "soberanía alimentaria" que permitan que nuestro pueblo pueda autoabastecerse de los productos básicos indispensables, sin tener que negociar en los distintos foros internacionales con hambre y siendo víctimas del chantaje de las grandes potencias desarrolladas.

A lo anterior, cabría agregar la viabilidad social de la estrategia agropecuaria que se propone, en contraposición con la propuesta neoliberal de concentración de la tierra y apertura del agro al exterior, que propicia el éxodo de buena parte de las familias campesinas que laboran la tierra, las cuales, al no poder ser absorbidas por la ciudad, terminarían generando una situación de tensión social con consecuencias imprevisibles.

Esta propuesta además reconoce en el campo al sector más deprimido y golpeado, no sólo por la política neoliberal sino por añejas prácticas ?que aún se mantienen? de corrupción y pillaje. La alternativa a la población rural debe estar en el campo, procurando el establecimiento y consolidación de una estrategia que permita el arraigo campesino e indígena en sus comunidades y evitando que tengan que emigrar a las ciudades o al extranjero ante la falta de oportunidades.

Para garantizar el derecho al arraigo debe impulsarse una política integral en el ámbito rural, que contemple la prestación de servicios básicos como el agua potable y el drenaje, así como el efectivo derecho a la educación y a la salud sin tener que desplazarse de sus comunidades.
Además esta estrategia, pretende el impulso de las pequeñas y medianas empresas rurales, como instancias generadoras de empleo e ingresos, por sobre la estrategia de concentración de la tierra que, todo apunta a ello, será también gran concentradora del ingreso.

El modelo propuesto es el que México necesita de acuerdo a su abundante mano de obra, en contraposición al proyecto concentrador de la tierra impulsado por el neoliberalismo, que es propio para la dimensión territorial y las características específicas de los EE.UU., pero no para nuestro país. Los fundamentos económicos mismos, dan la razón a la necesidad de una estrategia para el agro, ejemplos como el de Japón, Holanda y Bélgica, por citar sólo algunos casos de países con mucho menor frontera agrícola que la nuestra, pero con elevadísimos índices de productividad, nos están mostrando que es posible avanzar en la implantación de una política de seguridad alimentaria sin que ello deba lograrse, necesariamente por medio de grandes extensiones de tierras, en desmedro de la capacidad exportadora y copiando mecánicamente el modelo de desarrollo agrícola norteamericano.

Acelerar el cambio tecnológico al tiempo de asegurar la generación de productos básicos, es una necesidad urgente. La autosuficiencia alimentaria es factible. A todo lo anterior se hace necesario agregar el otro aspecto vinculado a nuestra autosuficiencia alimentaria y que ha sido el de un sector que tradicionalmente no ha contado con el necesario apoyo e impulso: la pesca. Se hace necesario que la flota mayor crezca, en lugar de disminuir como ha sucedido en todos estos años de neoliberalismo, además del grave deterioro y obsolescencia que la caracteriza.

A la pesca también se hace necesario aportarle importantes recursos para combatir la contaminación y deterioro del ambiente marino y en general de las aguas que se ha agudizado por la falta de controles y regulaciones; para impulsar el adecuado aprovechamiento de las especies, ya que unas están sobreexplotadas y otras no se capturan en toda su potencialidad; para desarrollar la infraestructura pesquera; para modernizar e incrementar la flota; para impulsar la investigación científica y tecnológica de la rama; y para de esa manera convertir a la pesca en un factor más que contribuya a la alimentación popular y al fortalecimiento del mercado interno.

¿V. ¿Cómo puede cumplir el campesinado con estas tareas?

La posibilidad de que los campesinos y sus organizaciones puedan llevar a cabo las tareas planteadas tiene que ver con la obligada e inmediata necesidad de avanzar en una verdadera independencia respecto de los partidos políticos y del gobierno así como de establecer una verdadera vida democrática en las organizaciones rurales. Porque en buena medida el atraso en que se encuentra el agro y muchos de los problemas que aquejan al campo y a los campesinos tienen su explicación en la utilización política del campesinado durante décadas ?que se profundizó en el neoliberalismo por medio del Programa Nacional de Solidaridad (Pronasol), y ahora con el Procampo?. El campesino ha sido botín político de un proyecto sustentado en una visión patrimonialista y corporativa, que se mueve con métodos caciquiles de imposición y de cooptación clientelar, y que ha actuado en desmedro del respeto a las formas de organización campesinas e indígenas así como de sus mecanismos de toma de decisiones.

Sin embargo, las resistencias que enfrenta esta propuesta no son menores; se trata en el fondo de afectar las relaciones caciquiles y de transformar de raíz las relaciones sociales en el campo. Es necesario por tanto contar con una amplia base popular de apoyo que defienda este proyecto. Parte de esa base social se ha ido conformando por los propios campesinos desplazados, que han sido obligados a vender sus parcelas; otra parte está integrada por aquellos productores que están siendo ahogados por la banca y que no tienen más recursos que declararse en suspensión de pagos; y, en tercer lugar, las comunidades indígenas que además de la marginación económica han visto violentadas sus formas de vida y organización, son con seguridad otro de los componentes de esa fuerza emergente.

Por principio de cuentas, el campesinado junto con la clase obrera debe movilizarse en torno a un Plan Nacional de carácter popular, patriótico, antiimperialista, es decir, además de las demandas de carácter económico, el campesinado debe entrar de lleno a la lucha política, enarbolando no sólo demandas que tengan que ver con la solución de los problemas que nuestro país enfrenta, sino por el establecimiento de un gobierno totalmente distinto a los que han encabezado los neoliberales. Un gobierno unilateral, que sirva sólo a los intereses del pueblo y de la nación mexicana.

El campesinado debe entender que la contradicción fundamental que se da en este momento es entre el imperialismo y los intereses nacionales y que tienen su expresión concreta en el endeudamiento externo, en el Tratado de Libre Comercio, en el Plan Puebla Panamá y el la ambición del imperio por imponer el Area de Libre Comercio de la Américas y que no puede luchar de manera efectiva por la solución de sus problemas, si no se moviliza contra esta nuevas formas de saqueo y dominación.

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