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TAREA INMEDIATA: LA DEFENSA DE LA SOBERANIA, LA AUTODETERMINACIÓN Y LA INDEPENDENCIA
Por José Ramón BALAGUER
Jefe del Departamento de Relaciones Internacionales
del Partido Comunista de Cuba

Discurso de José Ramón Balaguer Cabrera en la sesión inaugural del X Encuentro del Foro de Sao Paulo, Ciudad de La Habana, de diciembre de 2001. Titulo y subtítulos de la redacción de Teoría y Practica.

Compañeras y compañeros:

Al pronunciar las palabras inaugurales de este X Encuentro, deseo ante todo expresar la más profunda satisfacción por la presencia en nuestro país de tan amplia representación de partidos, organizaciones y personalidades de todo el mundo, a los que nos atan lazos históricos de hermandad y solidaridad.

En nombre de los miembros del Foro de Sao Paulo quiero agradecer, especialmente, la presencia de nuestros invitados, la mayoría de los cuales viajó desde otros continentes, algunos muy distantes, para compartir con nosotros estos cuatro días de intenso trabajo. Valoramos su participación en este evento como una muestra del fortalecimiento de la comunidad de intereses y objetivos que se desarrolla en un creciente espectro de fuerzas políticas y sociales de todo el planeta, esa misma comunidad de intereses y objetivos que se expresa, entre otros, en el movimiento mundial contra la globalización neoliberal y, en particular, en el Foro Social Mundial. Nos enorgullece decir que también valoramos su participación como un reconocimiento de que la izquierda latinoamericana y caribeña protagoniza una experiencia que, aunque modesta y perfectible, es, al mismo tiempo positiva, constructiva e inédita. En síntesis, muchas gracias a todos nuestros invitados por prestigiar este X Encuentro del Foro de Sao Paulo con su asistencia y por los inapreciables aportes que estamos seguros realizarán a nuestros debates.

Esta es la segunda ocasión en que el Partido Comunista de Cuba tiene el privilegio de ser el anfitrión de un Encuentro del Foro. Ya habíamos contado con ese honor en 1993, cuando nuestro agrupamiento se reunía por cuarta ocasión. Transcurridos casi once años y medio desde su creación, hoy podemos decir tres cosas sobre el Foro de Sao Paulo: la primera es que ha establecido sus propios parámetros colectivos para evaluar las transformaciones ocurridas en la situación mundial y regional; la segunda es que posee una historia de la cual derivar experiencias para perfeccionar su organización y funcionamiento, y la tercera es que confiamos en que esa capacidad de comprender la metamorfosis del escenario de las luchas populares y de reconocer nuestras deficiencias nos permita plantearnos tareas de mayor envergadura, como lo demanda el agravamiento de la situación política, económica, social y medioambiental del planeta. Quizás debamos añadir que, a lo largo de estos años, el Foro ha logrado conjurar dos males, uno de vieja data y otro de nuevo cuño: el primero es vencer la tentación de convertirse en una instancia política supranacional de elaboración e imposición de recetas políticas preconcebidas; el segundo es la negación del papel insustituible del partido político de izquierda en la conducción de las luchas populares.

Compañeras y compañeros:

No es la primera vez que, al dirigirnos a esta plenaria, esbozamos una valoración comparativa de la situación del mundo y, dentro de él, de la situación de América Latina y el Caribe, con relación al punto en que se encontraba en 1990. Ello obedece a la necesidad de enriquecer ese ejercicio de análisis retrospectivo con nuevos datos de la realidad, con el objetivo de ratificar o rectificar nuestro rumbo.
En julio de 1990 nos reunimos en Sao Paulo por la necesidad de evaluar el impacto que provocarían en nuestra región hechos trascendentales como el fin de la bipolaridad, la crisis de uno de los paradigmas históricos fundamentales de la izquierda y la avasalladora ola del totalitarismo neoliberal. Nos preguntábamos entonces si sería cierta la afirmación de que las naciones del llamado Tercer Mundo ?y también una franja considerable de la población de las propias naciones industrializadas? quedaríamos abandonados e inermes en un mundo en que los poderosos podían prescindir de nosotros. Es conocida la comparación hecha en aquellos momentos por uno de los más altos funcionarios de los organismos financieros supranacionales, quien afirmaba que el desarrollo económico era como un tren que viajaría en una sola dirección y por una sola vez, dentro del cual las naciones industrializadas esperaban la partida, cómodamente instaladas en el coche de primera clase, mientras el resto revoloteaba en el andén, haciendo un sacrificio indecible para completar el importe del boleto, so pena de quedar excluidas para siempre, lo cual, efectivamente, le ocurriría a la inmensa mayoría de ellas.

Hoy podemos afirmar que los actos terroristas ocurridos el 11 de septiembre en los Estados Unidos demuestran, de una manera trágica, lamentable, insensata e injustificable, la validez de una conclusión alcanzada por el Foro de Sao Paulo en estos años. Esa conclusión es que un puñado de grandes potencias no puede acaparar toda la riqueza, el desarrollo, la tecnología, la cultura, la educación y la salud pública y, al mismo tiempo, quedar inmune a las consecuencias de la polarización política, económica y social que este proceso provoca a escala global. Como reiteran los ecologistas, el planeta es uno solo y, quien lo destruye, destruye el planeta de todos, incluido el propio. Podemos agregar que esa afirmación no sólo es válida en lo que respecta al medio ambiente, sino también en cuanto a la destrucción política, económica, social y moral: más temprano que tarde, nadie escapa a sus consecuencias.

Contrario a los espejismos que predominaban en los momentos en que se fundaba el Foro, el desarrollo monopolista de la ciencia y la tecnología no ayudó al imperialismo a encontrar la panacea para conjurar la agudización de sus contradicciones antagónicas, sino que, en última instancia, vino a agravar la brecha entre su capacidad de producir mercancías y su incapacidad de venderlas, que es una de la más formidables amenazas que se ciernen sobre su existencia misma. Es esa avalancha de mercancías invendibles la que desde hace años lanza y pretende seguir lanzando sobre los maltrechos mercados latinoamericanos y caribeños. De ello se deriva que las potencias industrializadas, incluidos los Estados Unidos, no sólo distan de estar a salvo de actos terroristas, sino tampoco de otros flagelos, que ellas mismas provocan o estimulan con su política egoísta y cortoplacista, tales como las crisis económicas, las guerras, las epidemias, el narcotráfico y la migración de millones y millones de seres humanos en busca de su subsistencia. Son las ideas de Carlos Marx, Federico Engels y Vladimir Illich Lenin, que ratifican su vigencia y demuestran que el marxismo no es un dogma, sino un instrumento de análisis y una guía para la acción revolucionaria.

El Foro de Sao Paulo y el ALCA

Compañeras y compañeros:

No es casual que 1990 haya marcado, por una parte, el despliegue del nuevo sistema de dominación continental del imperialismo norteamericano, uno de cuyos pilares fundamentales es, precisamente, el ALCA y, por otra, el surgimiento del Foro de Sao Paulo. No es casual porque ambos hechos fueron reacciones frente a un mismo acontecimiento: la reforma a la Carta de la OEA y el lanzamiento de la iniciativa del ALCA fueron la reacción imperialista para aprovechar el fin de la bipolaridad en función de ampliar e institucionalizar su control sobre la región, mientras que el nacimiento del Foro de Sao Paulo fue la reacción de la izquierda latinoamericana y caribeña para iniciar una necesaria etapa de análisis, búsqueda y reformulación colectiva.

En efecto, cuando en 1990 efectuábamos el Encuentro de Partidos y Organizaciones de Izquierda de América Latina y el Caribe, el entonces presidente de los Estados Unidos, George Bush (padre), proclamaba la Iniciativa para las Américas, uno de cuyos componentes fundamentales era el proyecto del ALCA. Esta era la zanahoria para que las burguesías latinoamericanas y caribeñas olvidasen los temores que en ellas habían despertado el intervensionismo imperialista en América Central y las consecuencias de la draconiana política de restricción de créditos y elevación de intereses aplicada a raíz del estallido de la crisis de la deuda externa. El ALCA era también un fraudulento incentivo para vencer su resistencia a pagar su parte de los costos del proceso de apertura, desregulación y reestructuración neoliberal. Más aún, cuando en 1991 nos reunimos en la Ciudad de México, decidimos conformar este agrupamiento permanente de partidos y movimientos políticos y rebautizarlo con el nombre de Foro de Sao Paulo, lo hacíamos en un contexto caracterizado por la consumación de la desaparición de la Unión Soviética, el inicio de la Guerra del Golfo y la invasión de los Estados Unidos contra Panamá, acontecimientos que simbolizaban la implantación del llamado Nuevo Orden Mundial.

En nuestra región, el imperialismo norteamericano renegaba de las dictaduras militares, que habían hecho el trabajo sucio de reprimir y desarticular la izquierda y el movimiento popular ?requisito indispensable para la implantación del neoliberalismo? y usurpaba las banderas de la democracia y los derechos humanos, con el objetivo de imponer su propio concepto de "democracia representativa" ?es decir, un sistema político en que los ciudadanos se resignen a elegir un gobierno estructuralmente incapacitado para ejercer el poder político en función de sus intereses? y su propio concepto de "derechos humanos" ?concebidos como el culto selectivo a un grupo de libertades civiles que, no sólo excluye los derechos económicos y sociales, sino también restringe los derechos políticos a un mero ejercicio formal. Se trata, en síntesis, de la imposición de un patrón de democracia neoliberal.

La democracia neoliberal, piedra angular de la actual estrategia imperialista.

A partir de 1991, la defensa de la democracia representativa, entendida explícitamente como democracia neoliberal, se convirtió en la piedra angular de la llamada doctrina de seguridad hemisférica, en sustitución de la obsoleta noción de "defensa frente a una agresión extra continental del comunismo", vigente durante la Guerra Fría. Su complemento sería la lucha contra el narcotráfico, nuevo pretexto, no sólo para incrementar la presencia directa de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos en América Latina y el Caribe, sino también para aumentar su control sobre los ejércitos de la región, diseño que alcanza su máxima expresión ?hasta el momento? a través del Plan Colombia, rebautizado y adocenado como "Iniciativa Andina".

La historia que sigue es conocida: apertura comercial para que los monopolios transnacionales vuelquen los excedentes de su producción en los mercados latinoamericanos y caribeños, privatización y extranjerarización para que coloquen sus excedentes de capital en las ramas más rentables de la economía regional, desregulación laboral para aumentar la masa de plusvalía que obtienen de los trabajadores, exenciones impositivas y dolarización o sobrevaluación de la moneda nacional para garantizar la máxima remesa de utilidades, aumento de los impuestos regresivos que pagan las capas bajas y medias de la población para cumplir con los pagos de intereses de la deuda externa y otras funciones estatales básicas, incremento del desempleo abierto, desprotección de los jubilados, comercialización de los servicios públicos, fraude electoral, corrupción, violencia, criminalidad, inseguridad ciudadana y, en fin, agudización de la polarización y marginación política, económica y social: esa es la historia de América Latina y el Caribe durante los once años y medio de existencia del Foro de Sao Paulo. Es un proceso sin precedentes de reestructuración y refuncionalización de los Estados nacionales de la región, impuesto a través de la negociación y suscripción secreta o, al menos, fuera del escrutinio público, de todo género de acuerdos políticos, militares, comerciales financieros u otros, que hacen cesión definitiva de cuotas fundamentales de soberanía nacional y los comprometen de manera irreversible en forma lesiva a los intereses populares.

Compañeras y compañeros:

Cuando nos reuníamos en 1990, aunque crecían los efectos acumulados durante algo más de una década de apertura, desregulación y reestructuración neoliberal, el agravamiento de la crisis socioeconómica era justificado como una supuesta secuela del "fracaso" del esquema nacional desarrollista ?que había imperado en la región durante las décadas precedentes? y prevalecía la tesis del "efecto de derrame" que compensaría la polarización económica y social provocada por la concentración de la riqueza. Frente a la incertidumbre y la frustración característica del período, proliferaban los caudillos neopopulistas que, con un discurso demagógico contra las maquinarias políticas "tradicionales", lograban reciclar el voto de castigo de la población dentro del propio sistema de democracia neoliberal.

Los partidos y movimientos de la izquierda latinoamericana y caribeña apenas emprendíamos un complejo y traumático proceso de reestructuración organizativa, reelaboración programática, redefinición de las formas de lucha y replanteo de la política de alianzas, proceso que todavía se mantiene en pleno desarrollo. Se trata de una experiencia novedosa: la búsqueda de puntos de convergencia y acción común de las más diversas corrientes ideológicas progresistas y de izquierda y entre partidos y movimientos políticos que actúan en escenarios regionales y nacionales muy diferentes. No fue fácil el camino transitado por el Foro hasta la actualidad. Por momentos estuvo incluso amenazado de muerte, cuando las contradicciones internas aparentaban ser más grandes que la utilidad de preservar este lugar de encuentro, pero siempre se imponía la racionalidad y, de todos los rincones de nuestra región, al precio de grandes sacrificios en términos de costos de viaje y tiempo, acudían a nuestros Encuentros los representantes de la inmensa mayoría de los partidos miembros, acompañados de nuestros invitados de ésta y otras regiones del mundo.

Pensamos que los documentos sometidos a consideración de la plenaria, tanto el Informe de Balance de la Actividad realizada por el Grupo de Trabajo como el Documento Central del X Encuentro, constituyen una buena base para nuestros debates. El Informe de Balance pretende colocar el análisis crítico de la trayectoria del Foro en una perspectiva constructiva, que no soslaye los problemas ni sea contemplativa con nuestras insuficiencias y errores, pero que no incurra en el error de personalizar al Foro de Sao Paulo como algo ajeno a nosotros, es decir, pasar por alto el hecho de que las virtudes y defectos del Foro de Sao Paulo no son otras que las virtudes y defectos del conjunto de quienes lo conformamos: depende de todos incrementar las virtudes y erradicar los defectos. Por su parte, el Documento Central conceptualiza y sintetiza los análisis desarrollados por nosotros en los encuentros de México (1998) y Managua (1999), a los que se les incorporaron los hechos fundamentales del período 2000?2001, con la salvedad de que para garantizar su reproducción y distribución previa estos documentos tuvieron una fecha de cierre que hace que temas como los atentados terroristas del 11 de septiembre y la guerra de los Estados Unidos contra Afganistán no estén suficientemente abordados.

El imperialismo recrudece su política agresiva contra América Latina y el Caribe.

Compañeras y compañeros:

En el transcurso de su historia, el imperialismo norteamericano ha aprovechado todos los acontecimientos posibles para extender y profundizar la dominación y subordinación de América Latina y el Caribe, entre ellos, de manera particular, la Segunda Guerra Mundial y el inicio de la Guerra Fría ?utilizados para imponer la madeja de tentáculos que conforma el llamado sistema interamericano? y, por supuesto, más recientemente, la desaparición del sistema de países socialistas europeos y el desmembramiento de la propia Unión Soviética, que dejaron sus manos libres para lanzar acciones de fuerza a escala universal. Esa práctica se repite en nuestros días.

Hoy nuevamente el gobierno de los Estados Unidos enarbola el viejo garrote de Teodoro Roosevelt, al tiempo que muestra la borrosa imagen de algo que no llega a ser siquiera una diminuta zanahoria. El garrote posterior al 11 de septiembre de 2001 es la Doctrina Bush: "o están con nosotros, o están con los terroristas". Ello significa que todo aquél que no apoye la injustificada agresión de la cual es víctima el pueblo de Afganistán ?y de la que quizás sean también víctimas otros pueblos del mundo? será considerado terrorista y tratado como tal, de la manera que el Tío Sam entienda pertinente. Es un burdo intento de recrudecer una vieja táctica imperialista, consistente en criminalizar a quienes nos oponemos a sus dictados, en especial, al movimiento de izquierda y popular. Es también un intento no menos burdo de presionar a los gobiernos de la región para que terminen de plegarse a todas las exigencias de su nuevo sistema de dominación, incluida la revitalización del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), que fue el primero de los instrumentos de dominación continental creados por el imperialismo tras el fin de la Segunda Guerra Mundial. Se trata del mismo TIAR que el gobierno de los Estados Unidos le impidió a América Latina invocar durante la Guerra de las Malvinas.

Esta escalada en la criminalización de las luchas populares apunta, con particular saña, hacia la región andina, en su condición de vórtice de la crisis política, económica, social y moral por la que atraviesa la dominación imperialista en la región. El intento de aprovechar los actos terroristas del 11 de septiembre para imponer una amplia y vaga definición de terrorismo, que se mezcle con el narcotráfico, con las luchas de liberación nacional, con la protesta social y con los flujos migratorios está claramente dirigido a fortalecer el componente fundamental de la ya mencionada Iniciativa Andina, es decir, a fortalecer su componente contrainsurgente y represivo.

Como complemento de esta política de fuerza, la caricatura de zanahoria es el esfuerzo por revitalizar y concluir las negociaciones del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), empantanado ante todo por contradicciones internas en los propios Estados Unidos, que despierta en las burguesías latinoamericanas y caribeñas la ilusión de que pueda existir realmente "libre comercio" en un mundo en el cual el mercado es controlado por monopolios y que pueda existir igualdad en las relaciones comerciales entre la mayor superpotencia del mundo y un grupo de naciones que, al margen de sus diversos grados de industrialización relativa, no escapan a la definición de subdesarrolladas.

Compañeras y compañeros:

Tal es la gravedad de la situación en América Latina y el Caribe que los presidentes de la región, reunidos hace unos días en Lima, Perú, en la XI Cumbre Iberoamericana, se sintieron compulsados a realizar un enérgico pronunciamiento contra el terrorismo, venga de donde venga, y a manifestar preocupación por las consecuencias de la reestructuración neoliberal que sus propios gobiernos han venido aplicando durante las últimas dos décadas. Es un buen síntoma que, incluso, los jefes de Estado de las naciones latinoamericanas realicen planteamientos como éstos, pero también conocemos la vulnerabilidad de las élites gobernantes frente a las presiones de los centros de poder imperialista y el entramado de organismos supranacionales a su servicio. Es por ello que el Foro de Sao Paulo necesita asumir la batalla por la defensa de la soberanía, la autodeterminación y la independencia, no como defensa nostálgica de un grupo de principios establecidos en la Carta de la ONU durante la ya rebasada segunda posguerra mundial, sino como condiciones indispensables a partir de las cuales defender los intereses de las grandes mayorías frente al embate de los monopolios transnacionales.

La batalla fundamental de nuestros días es una batalla de ideas, una batalla contra los mitos de la globalización neoliberal. Una parte de esos mitos ya ha sido destruida, pero subsisten otros. Subsiste el mito de la única forma en que América Latina y el Caribe puede participar del sistema de relaciones políticas y económicas internacionales es mediante la subordinación y entrega total a los monopolios transnacionales y los dictados de los principales centros de poder. Ese es el mito principal que debemos destruir.

Cuando en 1993 se reunía en La Habana el Foro de Sao Paulo, Cuba se encontraba en el período más álgido de las afectaciones económicas provocadas por la desaparición de las naciones del Consejo de Ayuda Mutua Económica y, en especial, del desmembramiento de la propia Unión Soviética. Nos veíamos en la necesidad de postergar buena parte de nuestros planes de desarrollo socioeconómico y de adoptar medidas especiales para garantizar las necesidades elementales de nuestro pueblo, todo ello en medio del recrudecimiento del bloqueo y la hostilidad del imperialismo y sus cómplices. Algunos pensaban entonces que la Revolución Cubana tenía el tiempo contado. Sin embargo, este pequeño pueblo, bloqueado, agredido, aislado, sin grandes recursos naturales y carente de fuentes de financiamiento externo, fue capaz de resistir y vencer. Poco a poco fuimos restableciendo los niveles de crecimiento económico y de desarrollo social, manteniendo inalterable el principio de que nadie quedara desamparado. No hemos superado todas nuestras dificultades, pero somos dueños de nuestros destinos. El camino aún será arduo, plagado de adversidades como los graves daños económicos ocasionados por el reciente huracán Michelle, pero con un pueblo unido, culto, consciente, abnegado, solidario e internacionalista que sabe hacia dónde se dirige y está seguro de que llegará a su meta.

Patria o Muerte
Venceremos

 
     
  Teoría y Práctica. Organo de Teoría y Política
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