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PARTIDO POPULAR SOCIALISTA
DECLARACIÓN: CONTRA EL TERRORISMO Y LA GUERRA, Y EXIGIENDO UNA CONDUCTA DIGNA AL GOBIERNO DE MÉXICO

Los actos terroristas del 11 de septiembre en Nueva York y Washington arrebataron la vida a numerosas víctimas inocentes, en su gran mayoría miembros de la clase trabajadora, inclusive connacionales mexicanos. Luego de esos hechos penosos y condenables, el gobierno de Estados Unidos ha venido asumiendo una conducta que nos preocupa, y que no puede sino causar alarma a todos los hombres y mujeres del mundo, amantes de la paz, la justicia y la cordial convivencia humana.

Ese gobierno, lejos de cumplir con su deber de investigar con objetividad los hechos y señalar en su momento a quienes resultaran responsables, sobre la base de evidencias serias, y proceder a sancionarlos conforme a las normas jurídicas vigentes, lo que ha hecho es lanzarse a una febril campaña de declaraciones ligeras, sin sustento, generadoras de una histeria chauvinista y llenas de amenazas contra la paz del mundo, las normas del derecho internacional e incluso contra las libertades y los derechos del propio pueblo de Estados Unidos, que traen a la memoria los graves excesos que se cometieron en los peores momentos de la negra época del macartismo.

Una investigación objetiva, a la que están obligadas las autoridades de cualquier país donde ocurra algo semejante, en modo alguno puede dejar de lado a las fuerzas de la ultraderecha interna de ese país, mucho menos en el caso de Estados Unidos, donde esa corriente ya ha dado numerosas pruebas de su ferocidad y carencia de ética. Tampoco puede soslayar el hecho de que atentados de la magnitud de los que se cometieron, difícilmente podrían haber ocurrido sin que hubiera la complicidad, si no es que la autoría directa, de quienes tienen a su cargo la vigilancia y la seguridad pública, máxime en un caso como éste, donde esas fuerzas cuentan con recursos de enorme cuantía y sofisticación. El gobierno de Estados Unidos, por el contrario, desvía la atención de esos sospechosos que deberían ser considerados los principales.

Véase quiénes han salido beneficiados con los atentados terroristas. Véase cuál línea de intereses ha predominado en cuanto a la crisis económica que ese país venía enfrentando, y sus posibles salidas. Han logrado sus objetivos quienes ya desde antes del 11 de septiembre exigían militarizar la economía, lo que, declaraban, era la única solución. Nos referimos al entramado de intereses que es conocido como el complejo militar-industrial, esos mercaderes de la muerte, que lucran y se benefician con la sangre de los pueblos; ellos han sido los principales beneficiarios.

En segundo lugar, también se han beneficiado los consorcios petroleros; éstos ganan, en el corto plazo, con la especulación de los precios del energético; y además, al detonar el conflicto en gran escala, se abren paso hacia el control de zonas del mundo que cuentan con yacimientos de gran riqueza.

En tercer lugar, la tenebrosa Agencia Central de Inteligencia, autora de tantos crímenes atroces de lesa humanidad, que logra recursos de gran cuantía y espacios para moverse en medio de la impunidad. El propio Osama Bin Laden, personaje al que han inculpado sin que hasta hoy ofrezcan evidencias, no es ajeno a la Agencia Central de Inteligencia y sus políticas conspirativas; es producto suyo. Y aun cuando hoy hayan dejado de llamarle, como hace tres lustros, "luchador por la libertad y la democracia", ¿quién puede asegurar que no se conservan los vasos comunicantes entre la CIA y elementos del grupo terrorista construido con el apoyo de esa agencia? Bien pudo ser una acción concertada o inducida desde las más influyentes esferas de Washington, planeada con el fin de desatar una ola de histeria y legitimar propósitos bélicos e intervensionistas largamente acariciados. Y la conducta que sigue el gobierno no hace sino aportar elementos de juicio que apuntan en esa dirección. Por otra parte, no sería la primera vez que el gobierno de Estados Unidos recurre a maniobras tortuosas y criminales de ese tipo. La historia está plagada de antecedentes.

En todo caso, las exaltadas declaraciones bélicas, la conducta de hacer a un lado a la Organización de las Naciones Unidas; las manifestaciones de que existe la voluntad de ir a una "guerra prolongada"; de recurrir a "acciones encubiertas"; de atropellar las normas del derecho internacional de modo franco; de "tomar represalias" por propia mano; las peticiones de "amplios poderes" para actuar más allá de las normas del derecho y atropellar las garantías democráticas constitucionales de los propios norteamericanos, conductas en que ha incurrido el gobierno de Estados Unidos, no pueden merecer sino una condena enérgica por parte de todos los humanos civilizados. Una declaración, como la que hizo el presidente Bush, de que "quien no está con nosotros está con el terrorismo", tiende a intimidar, a coartar la libertad de los Estados de decidir su política exterior con apego a su soberanía, y constituye además un atropello a la lógica, aun a la más elemental: ¿cómo distinguir entre uno y otro extremo del planteamiento, que vistas las cosas con objetividad, vienen a ser lo mismo, apenas con diferencia de grado, tal vez? ¿Cómo distinguir entre un terrorismo sin rostro, según permanece hasta hoy el que golpeó a Nueva York y Washington, y el terrorismo más criminal y destructivo de la historia, que tiene rostro y nombre y es el terrorismo de Estado de los gobiernos de la potencia imperialista del norte? ¿Cómo pueden los hombres y las mujeres honrados, los gobiernos honestos, tomar partido entre uno u otro?

En este marco, el Partido Popular Socialista de México reitera su rechazo enérgico y decidido a toda forma de terrorismo, venga de donde venga, porque, como ya lo ha dicho, ocasiona la pérdida de vidas inocentes, y se trata de una práctica que es incompatible con los anhelos de los pueblos del mundo de construir una convivencia superior basada en los principios del humanismo más acendrado. Denuncia que el gobierno de Estados Unidos recurre, una vez más en este caso, a la conducta tortuosa que le ha ganado el muy merecido desprestigio que hoy tiene entre todos los pueblos del mundo, y utilice los lamentables sucesos para promover una nueva escalada de terrorismo, guerra y muerte, en nombre de la libertad, la democracia y la justicia, elevados valores que nada tienen que ver con ese comportamiento.

Al gobierno de México, le expresa que en modo alguno puede hablar de "apoyar incondicionalmente" esa política belicosa, prepotente y contraria al derecho, de su homólogo del norte, como lo acaba de declarar el presidente Fox. Porque cuando así lo hace, viola la Ley Suprema de los mexicanos, la Constitución de la República que protestó cumplir y hacer cumplir y que le ordena de modo expreso que, en la conducción de la política exterior, observe los principios de "... solución pacífica de controversias; la proscripción de la amenaza o el uso de la fuerza en las relaciones internacionales; la igualdad jurídica de los Estados; la cooperación internacional para el desarrollo, y la lucha por la paz y la seguridad internacionales". Y porque esa conducta del presidente y la que ha asumido la cancillería ofende la memoria histórica de los mexicanos, que tantas veces hemos sido víctimas de la agresión y el injerencismo de las grandes potencias del mundo, sobre todo de Estados Unidos, más que ninguna otra a lo largo de la historia. No podemos aceptar, en modo alguno, una actitud lacayuna y entreguista como la que viene asumiendo el Ejecutivo. Una actitud así no se veía en nuestro país desde los tiempos de Antonio López de Santa Anna, a quien la Historia ya ha juzgado en los duros términos que se merece.

Ciudad de México, D.F., 27 de septiembre de 2001

LA DIRECCION NACIONAL

Cuauhtémoc Amezcua Dromundo
Secretario General

Belisario Aguilar Olvera, Juan Campos Vega, Luis Miranda Reséndiz, Humberto Pliego Arenas, José Santos Cervantes, Martín Tavira Urióstegui, Jorge Tovar Montañez, José Santos Urbina Mendoza

 
     
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