| I.-
Introducción
Cuando
se cumplen 184 años del nacimiento de Carlos Marx (5 de mayo
de 1818) y cuando se padece una brutal ofensiva hegemónica
del imperialismo en su modelo neoliberal globalizador, para profundizar
la más desenfrenada explotación de los seres humanos;
para aumentar en especial el cautiverio y la miseria de los trabajadores
y de sus familias; para enajenar, humillar y conducir a la ruina
a los pueblos débiles; para promover los extravíos
humanos, degradar la educación y la cultura; para pretender
liquidar la soberanía de los Estados nacionales; etcétera,
es necesario y urgente que se renueve en nuestra época, en
el mundo unipolar, la práctica del movimiento revolucionario
mundial, pertrechado con la plena comprensión de la doctrina
marxista, como guía para la acción, como instrumento
de combate, para orientar y fortalecer la lucha contra la esencia
agresiva y explotadora del imperialismo, que bajo la presión
de sus fuerzas más reaccionarias prepara nuevas "agresiones
terroristas" contra los pueblos débiles, impulsa de
nueva cuenta una economía militarista y espolea, otra vez,
la carrera de los armamentos.
No
abandonar ni aplicar mal la doctrina de Marx -como aconteció
en la caída del socialismo como sistema- sino demostrar convincentemente
una y otra vez, la validez, la justeza y eficiencia del marxismo,
no como una colección de fórmulas, sino como una doctrina
viva y en desarrollo, orgánicamente vinculada a la vida.
Todo ello a pesar de que los adversarios e ideólogos burgueses
repitan inútilmente su supuesta caducidad y hagan -como en
el pasado- todo lo que sea para denigrar, adulterar o rebajar la
ideología socialista, proletaria, científica, marxista-leninista,
apoyados por nuevos tergiversadores de la doctrina marxista, trátese
de revisionistas, dogmáticos u oportunistas de nuevo cuño.
La
doctrina de Marx no envejece, pues su unidad orgánica con
los requerimientos del desarrollo social, con los intereses de la
clase obrera, de todos los trabajadores y, al fin y al cabo de toda
la humanidad progresista: he ahí la fuente fundamental de
la fuerza inagotable de la doctrina de Marx, de su permanente actualidad.
El
presente y el futuro son objeto de la constante preocupación
de los comunistas del mundo entero. La doctrina de Marx y su metodología
dialéctica exigen que las cuestiones se planteen en un plano
histórico, sin limitarse a una explicación del pasado,
sino previendo además sin temor el porvenir, realizando con
optimismo y audacia una actividad práctica encaminada a hacer
realidad la previsión de las perspectivas reales del futuro.
Para
ello, es ineludible aplicar con sentido creador la doctrina de Marx
y comprender a fondo su base científica.
II.-
La formación del marxismo
Es
difícil encontrar en toda la historia del siglo XIX un hombre
que haya dedicado en bien de la humanidad la obra de toda su vida.
Un hombre que por su actividad política y su obra científica
haya orientado y determinado la dirección del pensamiento
humano, explicado racionalmente los fenómenos naturales y
sociales e influido en la acción práctica de muchas
generaciones. Ese hombre fue Carlos Marx, cuya idea de servir a
la humanidad le llevó a servir al proletariado, a la clase
explotada y humillada, pero capaz de liberarse a sí misma,
y al propio tiempo liberar a la humanidad de todo yugo, de toda
enajenación y de toda explotación. En la gran lucha
por la causa del proletariado, Carlos Marx encontró en Federico
Engels, no sólo un gran amigo y compañero, sino un
ser excepcional en quien halló la completa identidad de sus
ideas y concepciones.
En
esa época, 1848, eran los únicos hombres en el mundo
que habían estudiado de manera integral la cultura del pasado
y con ello, fundamentaron la plena cognoscibilidad del mundo, la
viabilidad de la actividad humana racional, descubrieron las leyes
del proceso social y la necesidad objetiva de la transformación
de la sociedad, orientada a suprimir para siempre la explotación
del hombre por el hombre. Eran los únicos hombres en el mundo
que habían entendido muy bien la situación de la clase
obrera y comprendido de igual manera el mecanismo de la sociedad
capitalista, su esencia generadora de ganancia a costa de la explotación
de los trabajadores. Habían entendido a plenitud, que el
resultado económico más notable de la destrucción
del feudalismo fue la Revolución Industrial que produjo un
gran ascenso de la producción material y del rendimiento
del trabajo. Pero también, se dieron cuenta que el auge colosal
de la producción y del rendimiento del trabajo y la riqueza
social, no aportó mejoramiento material alguno para las masas
populares. Que se producía la acumulación de la fortuna
en un polo de la sociedad y la miseria en el otro, la anarquía
de la producción, la proletarización forzada de los
pequeños productores, la despiadada explotación de
los obreros, pésimas condiciones de vivienda, multas, castigos,
bajos salarios, largas jornadas de trabajo. Comprendieron a fondo
que al inaugurarse la marcha triunfal del capitalismo se iniciaba
también la lucha entre el capitalista y el obrero asalariado.
La aurora de la era capitalista fue anunciada por la enemistad entre
los patrones y obreros.
Marx
y Engels estudiaron el proceso que en dramática lucha, hacía
comprender a los proletarios que sus intereses eran frontalmente
opuestos a los de los capitalistas y cómo la clase obrera
empezó a plantear sus reivindicaciones inmediatas en acciones
desesperadas y violentas y en huelgas de carácter espontáneo
e inorganizado; cómo van surgiendo los sindicatos, las teorías
sindicales y el movimiento proletario clasista.
Marx
y Engels elaboraron en etapas sucesivas, una doctrina que traducía
y formulaba científicamente las demandas radicales del movimiento
obrero, el cual vagaba en las tinieblas, carente de una justa teoría
revolucionaria.
El
primer fruto de la colaboración entre Marx y Engels es La
Sagrada Familia, escrita de acuerdo con un plan común, pero
cada uno escribió sus capítulos independientemente,
y la mayor parte del texto le corresponde a Marx. En la obra son
tratados problemas filosóficos, sociológicos, de economía
política y comunismo científico, de historia, derecho,
ética, estética, psicología y ateísmo.
En síntesis, el marxismo en su complicado proceso de formación,
aparece ya en La Sagrada Familia, como una doctrina multifacética.
Ninguno de sus aspectos existe aisladamente, sino ligado de uno
u otro modo a los demás. Pero aún no se ha definido
la lógica interna total de la doctrina: están elaborados
en detalles sus elementos estructurales, pero faltan ciertas ideas
generalizadoras, que cimentarán estos elementos en un todo
armónico.
De
la gran diversidad de factores que influyen en el curso de la historia,
laberinto por el que durante siglos había vagado el pensamiento
filosófico y político, Carlos Marx y Federico Engels
tomaron lo más sustancial: la dialéctica de la interacción
entre las relaciones de producción y las fuerzas productivas.
A cierto nivel de desarrollo de estas últimas, las relaciones
de propiedad predominantes resultan estrechas para ellas, se convierten
en grilletes y deben ser destruidas. Esta necesidad, empero no se
satisface por sí sola, sino como resultado de la lucha de
clases, del derrocamiento revolucionario del régimen ya caduco
y el establecimiento de un nuevo régimen económico
y político.
Y
así surge la armazón de la estructura, aparece en
la Ideología Alemana, segunda obra conjunta de Marx
y Engels, que fue no sólo ideada, sino escrita conjuntamente:
recorrieron juntos todo el camino de la escritura compartiendo las
alegrías y los martirios del proceso creador. Las ideas promovidas
en esta obra sobre la dialéctica de las fuerzas productivas
y las relaciones de producción como fuente del automovimiento
de la historia y sobre las formaciones socioeconómicas como
sustitución consecuente de las grandes etapas de ese movimiento,
colocaron los cimientos de la doctrina marxista, fundiendo sus partes
en una concepción única. Desde este momento el marxismo
existe como doctrina integral, en la que cada elemento ocupa su
lugar en la estructura del todo íntegro.
III.-
Leyes fundamentales de la dialéctica
En
El capital, fundamentalmente está demostrado que
la solución de la contradicción principal del capitalismo
-la existente entre el carácter social de la producción
y el modo privado de apropiación del producto-, sólo
puede conducir al triunfo de las relaciones de producción,
propias del socialismo.
"Toda
la teoría de Marx -dice Lenin- es la aplicación de
la teoría del desarrollo -en su forma más consecuente,
más completa, más meditada y más rica de contenido-
al capitalismo moderno". Era natural que a Marx se le plantease,
por tanto, la cuestión de aplicar esta teoría también
a la imperiosa bancarrota del capitalismo y al desarrollo futuro
del comunismo.
En
los estudios económicos de Marx ocupan un lugar singularísimo
las leyes fundamentales de la dialéctica materialista, y,
en particular, la ley de la unidad y la lucha de contrarios, que
es la fuente del automovimiento y desarrollo de todas las cosas.
El análisis concreto de un enorme material económico
le lleva a demostrar que, en la realidad, los contrarios, además
de excluirse y negarse, se condicionan recíprocamente. Precisamente
la condicionalidad y la exclusión recíprocas de los
contrarios hace necesaria la contradicción, la lucha entre
ellos. Marx investiga muy diversas formas de desarrollo de las contradicciones
internas y señala que la lucha de los contrarios es el contenido
interno y la fuerza motriz del proceso de desarrollo y, en particular
del paso de lo viejo a lo nuevo, de lo inferior a lo superior. "...El
único camino histórico por el cual pueden destruirse
y transformarse las contradicciones de una forma histórica
de producción es el desarrollo de esas mismas contradicciones".
Marx
somete a una crítica profunda y exhaustiva la metafísica
de la economía del capitalismo. Así al criticar a
James Mill, que presentaba el capitalismo como un régimen
"armónico", dice: "Allí donde la relación
económica -y por consiguiente también las categorías
que la expresan- contiene contrarios, es una contradicción,
y justamente una unidad de contradicciones, él subraya el
aspecto de la unidad de los contrarios y niega los contrarios. La
unidad de los contrarios la convierte en identidad directa de estos
contrarios".
Resulta
curioso que la ley de la unidad y de la lucha de los contrarios,
a la que los fundadores del marxismo dieron una base materialista,
sigue hasta ahora siendo el objeto de infinitos ataques de los "recaderos"
científicos de la burguesía, que niegan la existencia
de contradicciones en la realidad objetiva, en su empeño
de velar las escandalosas contradicciones del sistema capitalista.
En los casos en que algunos filósofos burgueses llegan a
admitir la existencia de contradicciones, niegan que sean la fuerza
motriz del desarrollo. Otros afirman que la fuente del movimiento
no está en el propio mundo material, sino fuera de él,
en "dios".
Partiendo
de la concepción materialista dialéctica de la naturaleza
objetiva de las contradicciones internas, Marx examina en relación
con ello el desarrollo de la formación capitalista. Toda
la estructura de El Capital se caracteriza por el estudio
del desarrollo de las contradicciones encerradas en una relación
tan simple de la sociedad burguesa como es la mercancía:
el análisis descubre en el sencillísimo fenómeno
de intercambio de mercancías, el germen de todas las contradicciones
de la sociedad moderna (contradicción entre el valor de uso
y el valor, entre el trabajo concreto y el trabajo abstracto, etcétera)
Del análisis de las contradicciones de la economía
mercantil simple, Marx pasa a las contradicciones de la producción
mercantil-capitalista, entre el valor y la plusvalía, descubriendo
más profundamente cada vez la esencia del modo capitalista
de producción. El movimiento de los conceptos en El Capital
refleja el desarrollo de las contradicciones de la propia realidad
capitalista.
Al
investigar las contradicciones del capitalismo y caracterizar la
esencia de los cambios de clase que se producen en la sociedad burguesa,
Marx pone de manifiesto la acción de la ley del paso de la
cantidad a la cualidad en los fenómenos sociales. Así
cuando analiza la conversión del maestro artesano en capitalista,
señala cómo la gradual acumulación de dinero
y de mercancías en manos de los distintos poseedores conduce
en última instancia a una relación de producción
cualitativamente nueva. "Aquí -dice- como en las ciencias
naturales, se confirma la exactitud de aquella ley, descubierta
por Hegel en su Lógica, según la cual, al llegar a
un cierto punto, los cambios puramente cuantitativos se truecan
en diferencias cualitativas". Pero si en Hegel esta ley se
mostraba como el movimiento del concepto del ser puro, Marx investiga
el carácter lógico de la transformación revolucionaria,
a saltos, de los cambios cuantitativos en cualitativos dentro de
la propia realidad material. Marx demuestra la universalidad real
de la ley del paso de la cantidad a cualidad, mientras que para
Hegel era solamente una ley del pensamiento, y además sólo
en la fase inferior de su propio desarrollo.
El
análisis de los procesos contradictorios del desarrollo del
capitalismo conduce también a Marx a la interpretación
materialista y a un ulterior impulso de la ley, formulada por Hegel,
de la negación de la negación. Ya en los Manuscritos
económico-filosóficos de 1844 señalaba
que la concepción hegeliana de la negación, al ser
concebida ésta por el idealista alemán como algo que
se sucede en el pensamiento, no ostenta un carácter revolucionario,
no es, de hecho, la ruptura radical del orden de cosas existente
y el paso a una situación cualitativamente nueva. Contrariamente
a Hegel, Marx muestra que la negación no significa la superación
ideal, sino real de la anterior fase de desarrollo, de la vieja
forma y del viejo contenido. Tal es, por ejemplo, el proceso de
aparición de la propiedad privada capitalista, premisa histórica
de la cual fue, como es sabido, la acumulación originaria
del capital, la expropiación de los pequeños productores.
Anticipándose
genialmente al futuro, Marx demuestra que la propiedad burguesa
de la lógica objetiva de su desarrollo, conduce a su negación,
a la revolución proletaria, la cual "no restaura la
propiedad privada ya destruida -dice Marx-, sino una propiedad individual
que recoge los progresos de la era capitalista: una propiedad individual
basada en la cooperación y en la posesión colectiva
de la tierra y de los medios de producción producidos por
el propio trabajo".
IV.-
La fuerza vital de la teoría marxista
El
marxismo como ideología es la expresión teórica
científica de los intereses cardinales de la clase obrera.
Es natural que el marxismo surgiera y se desarrollara como sintetización
de la práctica revolucionaria del movimiento obrero. Partiendo
de ahí, se han de tomar como base para la periodización
del desarrollo de la doctrina marxista las diferencias de las etapas
fundamentales de la historia del movimiento obrero revolucionario
que enriquecieron el marxismo con nueva experiencia.
"Nosotros
-escribía Lenin- nos basamos íntegramente en la doctrina
de Marx: ella transformó por primera vez el socialismo de
utopía en ciencia, sentó los sólidos cimientos
de esta ciencia y trazó el camino que debía seguirse
para desarrollarla y elaborarla en todos sus aspectos".
La
doctrina marxista relativa a la sociedad comunista venidera encarnó
precisamente, los mejores anhelos y esperanzas en la humanidad.
Y es una teoría que nada tiene de utópica. Los comunistas
no se dedican a componer mitos para consolar y tanto menos dibujan
cuadros apocalípticos para amenazar a la humanidad, sino
que revelan, con métodos científicos, las leyes objetivas
que constituyen la fuerza motriz del proceso histórico y,
con base en ellas, señalan la perspectiva de éste:
el comunismo, como el porvenir inevitable de la humanidad.
Por
sus ideas y por su intransigencia revolucionaria, durante su época
Marx fue odiado por las fuerzas reaccionarias. Toda su vida fue
perseguido, hostilizado y difamado. A todo lo largo del siglo XX,
los filósofos y sociólogos burgueses reaccionarios
hicieron grandes esfuerzos para emponzoñar, falsificar y
liquidar la doctrina marxista.
Al
rendir homenaje a Carlos Marx, en el 184 aniversario de su natalicio,
vale la pena recoger los siguientes párrafos que atestiguan
las afirmaciones anteriores:
"Para
acabar con las ideas marxistas fueron empuñadas todas las
armas imaginables. Se pretendió enmudecerlas, ridiculizarlas,
reducirlas a cenizas en los hornos de los campos de concentración
y ahogar su voz con los estruendos de los cañones. Pero
a pesar de todo, esas ideas encarnaron en acciones creadoras de
millones de seres: arraigaron profundamente en muchos centros
industriales y culturales y germinaron también en las naciones
que empezaron a marchar por la senda de la liberación nacional
y social. Resonaron en las cátedras universitarias, en
la obra de ínclitos maestros de la cultura, ganaron a maestros
de proletarios auténticos y de semiproletarios analfabetos
e iluminaron el pensar y la creación de muchos artistas
y hombres de ciencia. Desde los sórdidos pasillos y salones
del Vaticano se inspiraron encíclicas contra la teoría
del proletariado y desde el "Pentágono" y la
"Casa Blanca" salían bárbaros y dólares
para combatir y aniquilar el pensamiento de Marx".
El
imperialismo y sus ideólogos, después de los amargos
sucesos y los cambios regresivos que se dieron entre 1989 y 1991
en lo que fuera el mundo socialista, hablan ahora afanosamente de
la "inviabilidad" de la doctrina filosófica del
marxismo... Y, sin embargo ese pensamiento sigue vigente en sus
aspectos esenciales, inspirando y guiando la lucha de los auténticos
combatientes por la liberación del género humano.
Todo
ello, porque el marxismo por su teoría y su método
dialéctico materialista, tiene funciones vigentes, lo mismo
en la esfera de la concepción científica del mundo,
en la esfera de las transformaciones sociales revolucionarias; en
la esfera de la metodología general de la actividad científica
y en general del conocimiento y en la esfera ideológica,
por lo que sigue siendo una base y una perspectiva para el desarrollo
de los pueblos y para la plena liberación de la clase obrera
y de todos los trabajadores.
En
ello radica la fuerza vital de la teoría marxista.
|