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1. Contexto
histórico regional.
Todos los países de América Latina y el Caribe, sin
excepción, fueron objeto de un régimen colonial que
se prolongó por tres siglos, en la mayoría de los
casos. En algunos cien años más, como en Cuba. Toda
la región fue objeto del mismo trato. Las potencias europeas
durante todo ese tiempo saquearon nuestras riquezas naturales y
el fruto del trabajo de sus habitantes. España, desde lo
que hoy es México hasta el Cono Sur. Portugal también,
sobre el enorme territorio de lo que hoy es Brasil. Y Francia, Inglaterra
y Holanda en la zona caribeña.
La consecuencia económica inmediata fue que con eso impidieron
y, peor todavía, hicieron que se diera en sentido inverso
el proceso de acumulación previa, que es necesario para el
desarrollo industrial. Pero hubo otras consecuencias graves, en
lo económico, en lo político y en lo social. Con el
saqueo, también hundieron a nuestros pueblos en la pobreza.
Además, impusieron estructuras sociales muy injustas, con
enormes diferencias entre unos y otros sectores de la población.
En la cúspide, un puñado de europeos con todos los
lujos, hasta el exceso, antecesores de las oligarquías criollas.
En el fondo, con un abismo de por medio, las masas empobrecidas
de la ciudad y del campo. La élite, pequeña por su
número, sobre explotó a las mayorías. Y también
las humilló. En fin, el régimen colonial impidió
a nuestros pueblos diseñar sus sociedades y construir su
destino según sus anhelos. Los privó del ejercicio
del derecho a la autodeterminación.
Por eso nuestros pueblos se alzaron en heroicas luchas por su liberación.
Necesitaban la independencia, no como una cuestión sólo
formal. La exigían porque aspiraban a ser los dueños
de sus territorios y sus recursos; y de su fuerza de trabajo. Ya
no querían ser saqueados. Requerían destrabar sus
fuerzas productivas. Requerían establecer nuevas relaciones
en el seno de la sociedad. Aspiraban a establecer reglas justas,
que dieran base a sociedades prósperas. Para eso les era
necesario el pleno ejercicio de su autodeterminación. Todos
estos anhelos quedaron plasmados para la historia en documentos
valiosos de las luchas por la independencia en toda la región,
y en las proclamas de nuestros próceres más lúcidos.
Como José María Morelos y José Martí,
por citar dos a título de ejemplo.
No bien nuestros pueblos iban saliendo de aquella dependencia colonial
que les fue funesta, tras heroicas luchas, cayeron en otra, de tipo
neocolonial. Esta que todavía hoy se mantiene sin solución.
La que nos impuso, sobre todo, Estados Unidos, potencia que acabó
venciendo en la disputa por el dominio imperialista de la región
a Inglaterra y otras, que se lo habían disputado. Desde entonces,
Washington ha visto a nuestra región como si fuera su propiedad
privada. Como su patio trasero, según le han llamado los
yanquis, desdeñosos.Un
espacio que pertenece a los dueños de la casa y que está
fuera, pero contiguo a ella. Un espacio que no es para habitar ni
para disfrutar. Que sirve para fines prácticos que van desde
cultivar hortalizas hasta tirar los desperdicios. Así ven
a América Latina y el Caribe. En eso la han querido convertir.
La dependencia neocolonial en el fondo no es diferente de la anterior.
Tan sólo se vale de otros medios. Los capitales cuentan ahora
tanto como antes los ejércitos de ocupación. Los gerentes,
tanto como antes los virreyes. Con nuevos mecanismos dio curso al
saqueo de nuestras riquezas naturales, tan brutal como en otros
tiempos, o más. E impidió el desarrollo de nuestras
economías. También mantuvo un esquema de distribución
del producto social muy injusto. Y siguió impidiendo la autodeterminación
y, con ello, evitando los cambios políticos y sociales a
los que nuestros pueblos aspiraban.
2. Nuestra América en lucha por su segunda y definitiva
independencia.
Por eso y desde entonces nuestros pueblos sufren de todas esas carencias.
Falta de libertad, democracia, bienestar, justicia y desarrollo.
Son problemas todos que vienen de siglos atrás. Son problemas
en cuya raíz está la dependencia. La imposibilidad
de que nuestros pueblos tomen su destino en sus manos. En tanto
no se resuelva la dependencia, los demás problemas no tienen
solución. Es la punta de la madeja.
Esta es, en pocas palabras, la historia común de todos los
pueblos de Nuestra América (1). De Venezuela, de
México, de Argentina. De todos. Es nuestro ayer que cimienta
nuestro hoy. Sobre él tenemos que construir nuestro porvenir.
Tenemos por eso una tarea común de urgente realización:
la conquista de nuestra segunda y definitiva independencia.
Es decir, el logro de la autodeterminación de nuestros pueblos.
El acceso al derecho de decidir, nuestros pueblos, por sí
mismos, sin imposiciones del exterior. El derecho a diseñar
sus sociedades, a formular sus normas de convivencia, a desarrollar
sus fuerzas productivas, a disponer de sus recursos para su propio
beneficio.
Nuestra segunda y definitiva independencia. En esa batalla estuvimos
inmersos a todo lo largo del siglo XX. Y seguimos en ella en lo
que va del siglo XXI, que se inicia. Esta es la tarea común
de los pueblos de Nuestra América y de sus fuerzas avanzadas
todas en nuestra etapa histórica.
La Revolución Mexicana de 1910 fue la primera de las grandes
gestas de nuestros pueblos en ese camino y con ese fin. Fue un estallido
violento. Una lucha armada en la que participaron las masas populares,
que desplazó grandes contingentes por todo el territorio
nacional. Fue también, en momentos, una lucha guerrillera
hábil, certera. Produjo importantes jefes militares de origen
campesino y popular. Fue una lucha en la que las ideas tuvieron
un papel vigoroso. No hay revolución verdadera en la que
la batalla de las ideas esté ausente, o en la que no desempeñe
una función central. Tuvo una larga etapa constructiva en
la que fue desarrollando las nuevas instituciones, transformando
la sociedad con altibajos, con tropiezos, con avances y retrocesos.
Con traiciones. Sus grandes enemigos lo fueron siempre el imperialismo
yanqui y sus servidores de dentro del país. Hoy está
postrada, su obra destruida, en gran parte, luego de dos décadas
de políticas neoliberales. Sin embargo, sus banderas son
vigentes. La plena independencia económica y política
de México con respecto del imperialismo. El desarrollo de
nuestras fuerzas productivas. La elevación del nivel de vida
del pueblo. La justa distribución del producto social. La
instauración de un régimen democrático. En
todos esos aspectos hubo avances, algunos notables. Sus frutos fueron
valiosos y sus experiencias, muy ricas.
Luego, a lo largo de todo el siglo XX hubo otras luchas de gran
significación en distintos países nuestros, animadas
por el mismo propósito de romper la dependencia para siempre,
que es el propósito histórico de nuestro tiempo. Las
ha habido por todas partes. En América Central, en el Caribe.
En la región andina. En el Cono Sur. Cada una de estas luchas
ha tenido sus rasgos propios. Las ha habido pacíficas, como
en Chile, con Salvador Allende y la Unidad Popular. Las ha habido
guerrilleras, varias de ellas. También insurrecciones de
militares con conciencia social y popular. De entre estas luchas
revolucionarias, unas han ido más allá que otras.
Algunas tomaron el gobierno e iniciaron el proceso de cambio de
las instituciones para después caer frente al enemigo contrarrevolucionario.
Otras no han logrado ese propósito aun. En fin. Todas han
hecho aportes a la experiencia común de nuestros pueblos.
Una sola de las revoluciones de Nuestra América, hasta hoy,
ha llegado al objetivo de la independencia plena, al ejercicio cabal
de la autodeterminación y la soberanía por su pueblo:
la Revolución Cubana. Por eso es justa la denominación
que se le dio de primer territorio libre de América. Por
eso mismo concita el odio del imperialismo. Por eso la mantiene
bloqueada por más de cuatro décadas ya, de manera
criminal. Por eso urde patrañas en su contra y la arremete
de todas las formas posibles día con día. Porque para
el imperialismo es inconcebible tamaña osadía. Y por
eso mismo merece la defensa sin tregua por parte de todos nuestros
pueblos. Sin escatimar esfuerzos. Porque no nos es ajena. Porque
nos es común y muy valiosa. Porque es nuestra lucha. Porque
es la trinchera más avanzada de todos nosotros. Por eso sigue
teniendo razón Lombardo Toledano: "defender a Cuba es
defender a México y América Latina".
3. La Revolución Bolivariana en Venezuela. Su importancia.
Sus singularidades.
La Revolución Bolivariana en Venezuela es una de estas luchas
que hermanan a nuestros pueblos. Forma parte del mismo torrente
que recorre toda la región. Su objetivo central es el mismo:
romper la dependencia. Lograr para su pueblo el derecho de regir
su vida social y edificar su porvenir sin injerencia del exterior.
Construir una sociedad justa.
De entre estas luchas liberadoras, la Revolución Bolivariana
destaca por razones diversas. Sobre todo por su momento histórico.
Surge en una fase en la que el imperialismo se ostentaba como si
fuera el vencedor definitivo sobre nuestros pueblos. Como si ya
hubiera sepultado nuestros anhelos de libertad y nuestras esperanzas
de construir una vida mejor. Como si no quedara más que resignarnos
al saqueo aun más desmesurado; a la total apertura de nuestros
mercados; a la entrega de todas nuestras riquezas a sus capitales.
A todo eso que han diseñado las agencias creadas para consolidar
el yugo, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. A
todo eso que han impuesto contra la voluntad de nuestros pueblos.
Surge en plena fase de la globalización neoliberal. Cuando
ya no está la Unión Soviética y no existe,
por tanto, ninguna fuerza que frene los excesos de los yanquis y
equilibre al mundo. Y al surgir en este momento histórico
concreto, y avanzar con éxito, como lo ha hecho, estimula
la esperanza de liberación de todos nuestros pueblos y los
alienta a impulsar su lucha con el mayor empeño. Porque demuestra
que sí hay porvenir. Que aun en esta etapa es posible que
surjan y avancen las luchas de nuestros pueblos, con grandes expectativas.
Otra singularidad. La Revolución Bolivariana de Venezuela
se da en un país en el que no había dictadura militar
desde hacía cuatro décadas, a diferencia de la mayoría
de los de la región. En un país en el que durante
los últimos cuarenta años los intereses del imperialismo
y de la oligarquía criolla se habían impuesto y consolidado
sin necesidad de las bayonetas, ya. Ahora, el medio eran las urnas.
Venezuela fue un país pionero en el ejercicio de un nuevo
mecanismo ideado por los poderosos para mantener y consolidar su
dominio neocolonial: la democracia representativa neoliberal. En
esta "democracia" cuentan la alternancia y la alta competitividad
entre los partidos. Cuentan los procedimientos, pero no cuenta el
pueblo. Es una falsa democracia en la que la participación
de éste se reduce a ir a votar un solo día cada equis
años. Y en ese proceso todo se controla. Nada es libre. El
imperialismo y la burguesía local, que le sirve, no quieren
correr ningún riesgo. Porque, ¿qué tal si de
repente el pueblo elige un gobierno independiente, patriótico,
que deje de estar al servicio de ellos, los poderosos? ¿Qué
tal si se repite la decisión popular de Chile, con Salvador
Allende? Por eso, para evitarlo, toman mediadas de control. En primer
lugar, las establecen en el sistema electoral y en el régimen
de partidos. Reglas rígidas, dados cargados. En segundo lugar,
utilizan la mercadotecnia, la ingeniería de mercado y la
sicología de masas. Con esos medios inducen el sentido del
voto en sectores numerosos de la población y aseguran los
resultados, quién gana y quién pierde. La televisión
y la radio, en menos magnitud la prensa, juegan un papel inductor
y mediatizador. En tercer lugar, promueven la uniformidad de los
"partidos", mecanismo que asegura que todos, llegado el
caso, hagan lo mismo, sirvan a los mismos intereses, los del imperialismo.
Todos los que participan en los procesos electorales con posibilidades
de hacer mayoría. Esto incluye la oportuna domesticación
de los que pasaron de la izquierda a la tercera vía. Esos
partidos que con frecuencia se llenan la boca hablando de "democracia",
pero que ya hace tiempo no hablan de dependencia. Tampoco de imperialismo.
Ya no les interesan esas cosas. Ahora sueñan que los imperialistas
los dejen llegar, y a cambio les ofrecen su lealtad.
Esa es la "democracia" representativa neoliberal. Una
versión decadente de la democracia representativa liberal,
la de la etapa ascendente de la burguesía. Una versión
perversa. Ese nuevo diseño para el control y la mediatización
de los pueblos, que el imperialismo ensayó en algunos países,
Venezuela entre ellos, y luego lo extendió a toda la región.
Y lo acompañó de una intensa propaganda para confundir,
para hacer creer a los pueblos que ese engendro es la democracia.
Que es un gran avance. Algo así como la panacea para resolver
todos los males: la pobreza, la injusticia, la incertidumbre. Que
todos o casi todos estamos transitando a ella. Que al votar se excluye
a los malos gobernantes y se les cambia por otros, que lo harán
bien para no ser excluidos. Esa falsa democracia ya la conocemos
también en México. Pero tiene poco tiempo y todavía
engaña a algunos sectores. Todavía hay quienes no
advierten el engaño. En este aspecto estamos cuarenta años
atrás del pueblo venezolano.
En Venezuela, con esos usos de apariencia democrática, el
imperialismo y sus lacayos sostenían un régimen neocolonial
y lo agravaron con la implantación de las políticas
neoliberales. Un régimen de saqueo despiadado del petróleo
y los demás recursos naturales. De atrofia de las fuerzas
productivas del país. De miseria creciente, que llegó
a afectar a ocho de cada diez venezolanos. De delincuencia e inseguridad.
De corrupción sin medida en la capa gobernante. No los de
un partido. Los de todos. Sin excepción. Porque los uniformaron
antes de aceptarlos dentro del régimen de partidos que se
diseñó para tal fin. Porque varios fueron domesticados
antes de ser aceptados. Y los que no pudieron domesticar, fueron
relegados, en el sistema electoral diseñado, a ocupar espacios
reducidos, apenas simbólicos. Proceso igual, en el fondo,
que el que se da en los demás países de la región,
por cierto. México también.
Todo
eso llevó a un estallido insurreccional popular por el hambre
y la miseria. Igual que ha sucedido después en Argentina
y en otras partes. Allá, en Caracas, fue en febrero de 1989.
El gobierno de Carlos Andrés Pérez ordenó la
represión brutal de los hambrientos. Y contra ella se expresó
la insurgencia militar de Hugo Chávez Frías, contra
ese gobierno espurio y contra esas medidas anti populares. Por ese
acto, luego el imperialismo y la oligarquía le han llamado
"militar golpista". Pero en nada se parece a los golpistas
de Chile y de Argentina. Ni de los demás países de
América Latina, que derrocaron gobiernos como el de Salvador
Allende, u otros que tenían como rasgo común el de
enfrentar al imperialismo. Esos sí eran golpistas. Militares
de casta, ligados con Estados Unidos y las oligarquías. Los
que luego instauraron dictaduras al servicio de Washington. Los
que aplastaron a sus pueblos y los bañaron en sangre. Nada
en común tiene Chávez con ellos. Sí, en cambio,
tiene afinidad con otro tipo de militares, de signo contrario. Con
los militares jóvenes, vinculados a los anhelos de sus pueblos.
Como Caamaño, como Torrijos, como Velasco Alvarado y muchos
otros de la región, que se pusieron al servicio de la soberanía
de Nuestra América. Igual que lo habían hecho nuestros
próceres siglos atrás, muchos de ellos también
militares.
Con esos antecedentes, la Revolución Bolivariana de Venezuela
llegó al gobierno por medio de las urnas, en diciembre de
1998. Algo así no se veía desde el caso de Chile,
en la década de los setentas. Allá, en otro momento
histórico, había ganado la Izquierda Unida, con Salvador
Allende a la cabeza. Ahora, en Venezuela, las masas del pueblo también
logran imponer su voluntad en las urnas. A pesar de que a Hugo Chávez
no lo postuló ninguno de los partidos "grandes",
sino una amplia alianza de partidos "chicos", a la que
dieron el nombre de Polo Patriótico. A pesar del sistema
electoral y del régimen de partidos, ambos diseñados
para asegurar la alternancia entre neoliberales. A pesar de la existencia
de una feroz campaña de medios para inducir el voto en sentido
contrario. A pesar de que llegaron a la amenaza de que no vendrían
las inversiones y de que habría fuga de capitales. Y a pesar
de que los partidos todos del establishment acabaron por unirse
con un solo candidato y maniobraron juntos contra Chávez.
El triunfo electoral de Hugo Chávez fue por amplia mayoría,
58% de los votos, y con las reglas del enemigo. A pesar de los dados
cargados. Por primera vez, en varias décadas, un pueblo de
nuestra región fue capaz de vencer todos los trucos que han
inventado los poderosos para manipular su voluntad por medio de
una sofisticada mercadotecnia, de la ingeniería de mercado
y de la sicología de masas. Y todas sus otras mañas.
Después de Allende en Chile, hasta antes de Chávez
en Venezuela, el imperialismo y la oligarquía habían
derrotado uno a uno todos los intentos electorales que no fueran
de su agrado. Aun los más tibios, los más moderados.
No fue la única vez en que el pueblo fue a un proceso electivo.
Para impulsar su revolución lo hizo una y otra vez. En abril
de 1999 aprobó que se convocara al Constituyente, según
lo había propuesto Chávez en su campaña. Era
imposible fincar un gobierno que sirva a un pueblo soberano sobre
normas hechas para garantizar lo contrario, que el régimen
sirviera a las fuerzas del exterior y a sus lacayos internos. Hacía
falta ahora el nuevo instrumento jurídico. El pueblo ganó
el referéndum. Ganó también la integración
del Constituyente, y de modo abrumador. Sólo siete bancas
obtuvo la derecha, de un total de 130. Luego, a fines de año,
ratificó la Carta en otro referéndum. Y en mayo de
2000, en las llamadas mega elecciones, eligió a sus nuevas
autoridades de todos los niveles, según el nuevo marco legal.
Otra vez eligió a Chávez. No hay otro caso de apoyo
democrático electoral ratificado por el pueblo tantas veces,
como éste. En contraste, el lenguaje del enemigo fue más
mendaz. Chávez, dice la propaganda, es un autócrata
que encabeza un gobierno autoritario. Un enemigo de la democracia.
4. Esencia, relevancia y actualidad de los ideales de la
Revolución Bolivariana.
La Revolución de Venezuela, cuyo principal dirigente es Hugo
Chávez, se proclama seguidora de los ideales de Simón
Bolívar. De sus ideas, cuyos ejes son dos: la unidad y la
independencia de América Latina. Otros dos próceres
de la historia completan el paradigma bolivariano. Simón
Rodríguez, maestro de Bolívar, ideólogo de
la revolución de independencia, y Ezequiel Zamora, genio
militar, político y hombre de ideas avanzadas. Los ideales
de Bolívar implicaban romper las ataduras con respecto de
la metrópoli española. Pero no sólo eso. Implicaban
también evitar la caída de nuestras naciones en las
manos ávidas de Washington. Ese peligro lo advirtió
con clarividencia. Sus ideales implicaban la unidad de todos los
pueblos de la región en pie de igualdad, sin hegemonías.
La anfictionía o unidad verdadera, entre iguales. Por eso
puso su esperanza en el Congreso Anfictiónico, al que convocó
en 1826, en Panamá. Porque el Libertador veía que
sólo la unidad generaría la fuerza para lograr la
libertad. Y que la independencia sin la unidad, a fin de cuentas,
no sería posible. Como no lo fue, en efecto. Las ideas de
Bolívar tenían además un contenido social profundo
(2). Por todo eso tienen hoy vigencia plena. Como las de Morelos.
Como las de Juárez. Como las de Villa y Zapata. Como las
de Martí. Como las de los otros próceres de la Patria
Grande, tantos de ellos cuyo pensamiento se adelantó en muchos
aspectos a la etapa en que les tocó vivir y combatir.
La vigencia que tiene el pensamiento bolivariano en nuestros días,
también la advierten los enemigos de nuestros pueblos, y
les preocupa. Se han apresurado, por eso, a condenarlo. Lo ven como
amenaza para su proyecto neocolonial. En un estudio de peso entre
los núcleos yanquis de poder, sobre todo en el seno del Partido
Republicano, como lo son los llamados documentos de Santa Fe (3),
se dice que las ideas del bolivarismo constituyen hoy el mayor peligro.
La ideología de la Revolución Bolivariana de Venezuela
no es el socialismo. Pero no es enemiga del socialismo. No es el
pensamiento marxista leninista, pero no está en su contra,
lo respeta. Está por la libertad. Está por la independencia
y la soberanía. Está por la igualdad y la justicia.
Está contra el neoliberalismo. Está por la democracia
verdadera, de fondo -democracia participativa, según la define
la Constitución- en la que el pueblo no se limite en sus
derechos sólo al día de la votación. En la
que el pueblo sea quien manda y sus intereses los que determinen
las políticas y las acciones de los gobiernos. No la falsa
democracia con la que hoy nos engañan para que dejemos de
luchar. En todo esto coinciden el pensamiento bolivariano y el marxista.
Su mayor coincidencia radica en la convicción de que la tarea
esencial de nuestros pueblos hoy es la lucha por la segunda y definitiva
independencia de Nuestra América. Esta es una tarea común,
de frente amplio. Podemos convergir en ella muchas fuerzas, clases
sociales diversas, militantes de distintas corrientes filosóficas.
Y debemos ir juntos, en amplia alianza. Igual que ocurrió
en la lucha por la primera independencia. Esa es una lección
vigente de la Historia.
5.
Las causas del conflicto. Los orígenes de la conspiración.
El imperialismo y la oligarquía conspiran contra la Revolución
Bolivariana de Venezuela. Así ha sido desde un principio.
La intromisión de la embajada de Estados Unidos se dio desde
la primera campaña electoral de Hugo Chávez. Aportó
asesorías para armar una campaña de inducción
al voto. El mensaje fue que la peor opción sería la
de Chávez. Se trataba de un "militar golpista".
De llegar al gobierno, dejarían de fluir las inversiones
externas y hasta se daría la huída en masa de los
capitales. Habría desempleo y miseria. La oligarquía
dio gran difusión a esa campaña. Unos y otros, imperialistas
y oligarcas, fracasaron, no desistieron, sin embargo. Siguen conspirando.
Cada vez más. Ya lo proclamó el Documento de Santa
Fe IV, el bolivarismo es el mayor peligro. Y éste no es un
simple estudio académico. Para los republicanos, estos textos
son guías para la acción. Han orientado magnicidios,
conspiraciones golpistas, guerras sucias, crímenes de todo
tipo. La Historia da cuenta de todo esto (4).
Uno
de los grandes temas que disgustan al imperialismo yanqui es el
de la política petrolera del gobierno de Hugo Chávez.
Estados Unidos es un consumidor desorbitado. En los años
recientes, dado el virtual agotamiento de sus yacimientos propios,
cada vez más depende de los suministros del exterior. Su
economía gira en torno al petróleo, sobre todo en
materia de producción y de transporte. El otro eje de la
economía de Estados Unidos es la producción y la venta
de armas. Pero este negocio también depende en gran medida
del petróleo. La economía de ese país entra
en bonanza cuando el precio internacional del petróleo baja,
y sufre descalabros cuando ese precio sube. Por eso, entre sus objetivos
prioritarios está el de apoderarse del petróleo del
mundo. Le urge asegurarlo al menor precio. Tenerlo a su voluntad,
en la cantidad que requiera. Sin condición alguna.
Por
todo esto, al imperialismo yanqui le resulta intolerable que un
gobierno, como el de Hugo Chávez, siga una política
independiente en materia de petróleo. Que vea sobre todo
por el bien de Venezuela y de su economía. Que cuide del
correcto aprovechamiento de esa fuente de riqueza que es fundamental
para su país. Que busque la estabilidad de precios en el
mercado mundial, y no su abatimiento; y que haya tenido significativo
éxito. Que se haya convertido en un factor de reactivación
de la OPEP. Que en ese camino busque el acuerdo con todos los demás
países productores, incluidos algunos que el gobierno belicoso
de George W. Bush anotó en la lista del "eje del mal".
Ya en febrero George Tenet, director de la CIA, declaró ante
el Comité de Inteligencia del Senado: "estoy particularmente
preocupado por Venezuela, nuestro tercer suministrador de petróleo".
Washington quiere el petróleo de Venezuela privatizado. Ese
es el hecho. Y el de México. Y el de todas partes. Lo quiere
bajo su control total. Allí está un foco de agudo
conflicto, porque la Revolución Bolivariana no se muestra
dispuesta a ceder a pretensiones semejantes.
Otro foco de conflicto agudo está en el Área de Libre
Comercio de las Américas, ALCA. Este es un proyecto estratégico
vital para la potencia yanqui. Un mecanismo para hacer frente a
la crisis de su economía y para fortalecer su posición
en la lucha ínter imperialista frente a la Unión Europea
y Japón, por el dominio del mundo. El ALCA es un aparato
para establecer el control de Estados Unidos sobre el petróleo
de la región, el gas y el uranio. También sobre el
agua y sobre la biodiversidad, que han sido señaladas como
los negocios que habrán de ser los más rentables del
siglo XXI que se inicia. Con el ALCA busca asegurar el libre flujo
de sus mercancías y, sobre todo, sus capitales, desde Alaska
hasta la Tierra del Fuego. Busca someter aún más la
economía de toda la región, subordinarla de un modo
pleno. El ALCA implica acabar con todo vestigio de soberanía
y de autodeterminación de nuestros pueblos. Llevar hasta
sus últimas consecuencias el viejo plan del monroísmo
de apropiarse de todo el continente, de sus riquezas naturales.
Se trata de un proyecto anexionista, como bien le llamó Fidel
Castro (5). Además, busca cancelar los anhelos de Simón
Bolívar y de José Martí, y de casi todos nuestros
próceres. Pretende cerrar para siempre la posibilidad de
una integración entre nosotros mismos, sin injerencias.
Por todo eso, el ALCA es la antítesis del ideario y de los
objetivos de la Revolución Bolivariana. El reverso de la
medalla. El choque es inevitable. Por ello, el presidente Hugo Chávez
ha sido la voz discordante en medio de un coro de aduladores. El
único de los participantes de la llamada Cumbre de las Américas
celebrada en Québec que no se sumó a los elogios a
este plan, sino que le puso objeciones. Por eso Chávez impulsa
y promueve una integración latinoamericana distinta y contraria
al ALCA. Una con soberanía e igualdad. Una que no implique
subordinación y menos la anexión al poderoso. Una
entre nosotros, para nuestro beneficio. En ese camino solicitó
el ingreso de Venezuela al MERCOSUR. Este quizá no sea lo
que nuestros pueblos requieren, pero es visto por Washington con
malos ojos, como una especie de rival del ALCA.
Un tercer foco de conflicto muy agudo es el que gira en torno a
Cuba. Para el imperialismo yanqui este país, su pueblo, es
el enemigo principal. Su afán por destruir su Revolución
pareciera enfermizo. Su empeño por poner de rodillas a ese
pueblo, por acabar con su autodeterminación, lo lleva a toda
clase de excesos. La gallardía de un país pequeñito,
desde los puntos de vista de su extensión territorial y de
su magnitud demográfica, que sin embargo no se subordina,
que tiene la capacidad y la entereza de desafiar al mayor poder
militar de la historia, allí a noventa millas, le es intolerable.
Que se mantenga firme, aun en el mundo de hoy, unipolar, que no
haya caído y que aun avance en su desarrollo, no le cabe
en la cabeza. Que construya un régimen social distinto, según
sus propios ideales y sus experiencias propias, sin copia alguna,
le es intolerable. Constituye un ejemplo que, a juicio del imperialismo,
no se debe dar. Otros lo querrán seguir. No se puede admitir
que haya quienes no se postren sumisos. No se puede dejar que existan
quienes toman su libertad, su destino en sus propias manos, como
lo hace el pueblo de Cuba. Por eso ha lanzado una nueva, feroz ofensiva.
Para aislar todavía más a Cuba. Para eso se ha valido
de los gobiernos serviles, que hoy abundan. Hasta el de México,
que en otra época, en manos de otras fuerzas, era el único
que mantuvo la dignidad. Para la Revolución Bolivariana,
al revés. Cuba tiene el derecho de darse el régimen
que mejor convenga a los intereses de los cubanos. Cuba merece amistad
y respeto. Ambos presidentes, Chávez y Fidel, son amigos.
Ambos gobiernos mantienen excelentes relaciones de amistad e intercambio.
Ambos pueblos son hermanos. Como lo somos todos los de nuestra región.
En el centro de todo el conflicto, como se puede apreciar, está
el asunto de la soberanía. Este es un derecho que asiste
a Venezuela y que Washington se obstina en negarle. Igual que a
todos los demás. Sólo que a diferencia de otros, el
gobierno de Hugo Chávez se propone ejercer ese derecho en
todos los frentes. También en los temas del petróleo,
el ALCA y Cuba. Por eso la conspiración. Por eso el golpe.
Pero el conflicto se agravaría aun más. El 20 de septiembre
de 2002 fue el discurso de George W. Bush ante el Congreso de su
país. Aquél en el que anunció que a partir
de ese momento tomaba en sus manos el mando del mundo entero, y
que desconocía, por tanto, la soberanía de todos los
Estados del orbe. Nadie, en lo sucesivo, tendría derecho
a decidir su conducta. Estados Unidos entraba en guerra, supuestamente
contra el terrorismo, y exigía a todos los países
subordinación total. Todos tendrían que contribuir
de una u otra manera a esta "alianza mundial contra el terrorismo".
Ay del que se atreviera a desafiar este gobierno de facto universal.
Sería visto como enemigo. E inició los bombardeos
contra Afganistán. El 29 de octubre, Chávez deploró
los ataques aéreos sobre la población civil de ese
país débil. Lamentó que se sacrificaran vidas
inocentes. Que se atacara el terrorismo con el terrorismo. Con esto,
otro Estado, además de Cuba, se atrevió a dar una
opinión discordante a la de quien había proclamado
que no las admitía; que nadie tenía el derecho de
pensar ni de opinar de manera distinta. La reacción de Washington
fue violenta. Amenazó con romper las relaciones y llamó
a su embajadora Donna Hrinak "a consultas". En los hechos
fue un ultimátum. La exigencia de alineación incondicional
era para todos; y mucho más para los países de América
Latina. Venezuela no sería una excepción.
6.
Las 49 leyes y los prolegómenos del golpe.
Si para el imperialismo es intolerable que Chávez asuma una
conducta soberana e independiente, para la oligarquía lo
es que toque sus intereses. Sus integrantes se irritaron sobre todo
cuando, el 13 de noviembre, el presidente puso en marcha un conjunto
de reformas que tomaron cuerpo en 49 nuevas leyes. De ellas, sobre
todo, la Ley de Tierras, la Ley de Pesca y la Ley de Hidrocarburos.
Por medio de la Ley de Tierras se pone en marcha la Reforma Agraria
que está prevista en la Constitución Bolivariana y
que es necesaria. El rezago histórico de Venezuela en este
aspecto es enorme. Esta ley faculta al Estado para redistribuir
las tierras cuyos propietarios no puedan respaldar que su posesión
es legal; que no puedan mostrar que no fue obtenida por medio del
despojo o por otros ilícitos. Afecta también a los
latifundios mayores de cinco mil hectáreas y a las tierras
que se mantienen improductivas. La Ley de Tierras es un instrumento
de justicia social elemental. Sin él sería imposible
abatir la miseria que afecta al ochenta por ciento de la población.
Y sería imposible conquistar la soberanía alimentaria.
Otras medidas más se habrán de requerir. Pero ya ésta,
siendo aun superficial frente a lo que se necesita, irritó
a los terratenientes, acostumbrados como estaban a la impunidad.
La Ley de Pesca amplía la zona de protección costera
de 3 a 6 millas, donde no se permite la pesca de arrastre. Con ello
favorece a los pequeños pescadores y protege el equilibrio
ecológico.
La
Ley de Hidrocarburos revierte veinte años de políticas
de liberalización y apertura en el sector petrolero. Viene
a ser por ello una especie de segunda nacionalización de
la industria petrolera. O por lo menos la confirmación de
la vigencia de la primera. Por eso ésta, de entre todo el
paquete de las cuarenta y nueve leyes, sin duda es la que más
disgustó al imperialismo yanqui. Sobre todo al grupo petrolero
que llegó al gobierno con Bush, luego del escandaloso fraude
electoral que tuvo su epicentro en Miami.
El paquete de 49 leyes puso en febril actividad a la oligarquía.
Lanzó el llamado a una marcha de "un millón"
de personas hacia Miraflores, para el 7 de diciembre. Sería
para "sacar a Chávez de la presidencia por la buena
o por la mala". Los partidos que por cuarenta años se
alternaron el gobierno y acabaron como simples instrumentos del
neoliberalismo, Acción Democrática y COPEI, se sumaron
al llamado. Otros, que se incorporaron después al conjunto,
como los grupos denominados Primero Justicia y Bandera Roja, con
oportunismo. La televisión y la prensa arreciaron el llamado
repetitivo a que todo mundo se sumara a esa marcha. Para entonces
la conspiración actuaba con descaro. También la alta
jerarquía de la Iglesia se sumó. Aun así, lejos
quedaron de poder reunir el "millón" de asistentes
que anunciaron. Su marcha fue grande, pero mucho menor de ese número.
La superó la otra marcha, simultánea, la de apoyo
a Chávez. El pueblo salió a la calle a defender el
proceso con calor. Lo habían convocado los partidos que apoyan
a Chávez: V República, Patria Para Todos, el Partido
Comunista de Venezuela, entre otros. El intento golpista fracasó.
Pero ya habían desatado la escalada.
El siguiente paso fue el llamado a un paro para el 10 de diciembre.
El presidente de la Federación de las Cámaras Patronales,
Fedecámaras, Pedro Carmona Estanga, anunció un paro
total de actividades, en protesta por las 49 leyes. La cúpula
sindical corrupta de la CTV apoyó el llamado. El objetivo
seguía siendo el mismo; derrocar a Chávez y acabar
con la Revolución Bolivariana. Querían crear un clima
de tensión e inestabilidad como preámbulo del golpe.
Querían repetir en su esencia el esquema que habían
seguido en Chile, contra el gobierno de Allende. La televisión
y la prensa arreciaron su papel de promotores de primera fila. Sobre
todo el poderoso grupo Cisneros. El escándalo era su tarea.
Exagerar o de plano fabricar los actos que dieran la impresión
de que la mayoría repudiaba al gobierno y sus acciones. Simular
que existía un estado de crisis de confianza. Ocultar las
enormes muestras de apoyo al gobierno, silenciarlas. El paro también
fracasó, a pesar del despliegue.
Entre tanto, la SIP, Sociedad Interamericana de Prensa, también
se sumó. Dijo que el gobierno de Chávez hostigaba
a los medios. Que no respetaba la "libertad de prensa".
Las manifestaciones del pueblo, que exigían a la televisión
y la prensa que informaran con objetividad, fueron su pretexto.
La SIP ha sido partícipe en otros golpes y conspiraciones
contra los pueblos de Nuestra América. Es el club que agrupa
a los dueños de los medios, enriquecidos por el manejo ilegítimo
de la información.
Durante todo ese mes siguió la batalla entre los golpistas
y los defensores del proceso revolucionario. El día 8 hubo
una concentración indígena en Caracas para defender
a la Constitución Bolivariana, que incorporó por primera
vez en la historia de la República los derechos de los aborígenes.
El 10 fue oficialmente promulgada la Ley de Tierras en un acto en
la ciudad de Santa Inés, en el interior del país.
El mismo día hubo una toma de Caracas por los campesinos
para apoyar la nueva Ley de Tierras y enfrentar los intentos de
la burguesía y el imperialismo. El 17, en un gran acto político,
Chávez juramentó a decenas de miles de "Círculos
Bolivarianos" de todo el país (6). Los golpistas convocaron
a nuevos paros generales de labores. Pero los tuvieron que posponer
varias veces por el escaso eco. Y promovieron marchas paralelas
a las que realizaba el pueblo. Se entró a una etapa en la
que ambos bandos medían fuerzas casi a diario, unos para
derrocar a Chávez, otros para defenderlo, en cuanto a capacidad
de movilización popular. El mismo cuadro siguió en
enero.
En febrero, el State Department dio la señal que esperaban
los golpistas. Colin Powell, el secretario de Estado, declaró
que su gobierno estaba a disgusto con las políticas de Chávez.
Otro funcionario fue más explícito. Según una
nota del Washington Post, dijo que "si Chávez no arregla
las cosas pronto, no terminará su mandato". Había
que arreciar la ofensiva. El momento había llegado.
Fue
por esos mismos días que Washington logró imponer
una caída del precio en el mercado petrolero mundial, que
afectó la economía de Venezuela. Con ello se desató
la fuga de capitales que llegó a 23,000 millones de dólares.
El dólar fue puesto en flotación, para contrarrestarla.
Al mismo tiempo se puso en marcha otro capítulo del show:
la fase de los "desafíos" de los militares. Un
coronel hoy, un capitán mañana, luego un contralmirante,
uno tras otro iba apareciendo frente a las cámaras de la
televisión, pidiendo la renuncia a Chávez. Con ese
fondo, los medios lanzaron la nota sobre la inminencia de un golpe
de Estado, a causa del disgusto popular. El despliegue al respecto
fue interno e internacional. Se trataba de crear el ambiente que
hiciera creíble lo que vendría después. El
golpe verdadero. Para prepararlo les era útil generar un
clima de incertidumbre. Así lo habían diseñado
el imperialismo y la burguesía criolla. Por la otra parte,
hacia fines de febrero hubo grandes movilizaciones populares de
apoyo a Chávez. En marzo siguió la lucha. Los golpistas
por un lado, el pueblo, sus fuerzas avanzadas por otro, desplegando
su esfuerzo. Según la campaña de medios, la caída
de Chávez estaba ya a la vuelta de la esquina.
7. El golpe y sus autores.
Los contactos de la oligarquía fueron con los núcleos
de la mafia de Miami, con los cuerpos del espionaje yanqui y con
gente del State Department. Con todos ellos conspiraron. Varios
testimonios vinculan en particular a John Maisto con la planeación
del golpe y señalan como autor del plan al tenebroso Otto
Reich. Fuentes de Washington reconocen esa autoría, con cinismo.
Ambos fueron embajadores en Caracas y tienen trato familiar con
todos los otros implicados. El primero es ahora el encargado para
América Latina del Consejo de Seguridad Nacional de la Casa
Blanca. El segundo es subsecretario de Asuntos Americanos del gobierno
de Bush. Reich ha estado ligado desde tiempo atrás con la
CIA y con la mafia de Miami. Además, fue un elemento activo
en el apoyo con armas a cambio de drogas que dio la CIA a la Contra
de Nicaragua. Aquél famoso escándalo Irán-Contras.
Otro gobierno además del yanqui se mezcló en el asunto.
El de Aznar. El embajador de Madrid, Manuel Viturro de la Torre,
anduvo en las reuniones previas y posteriores con los actores del
golpe, junto con el de Washington, Charles S. Schapiro. Este último
había sido designado apenas semanas antes. Cuenta con larga
experiencia en tareas como esa. Ya antes, durante el golpe contra
Allende, fue agregado militar en Chile. También se desempeñó
como agregado militar en El Salvador y en Nicaragua durante la guerra
sucia. El teniente coronel James Rodger y el coronel Ronald McCammon,
fueron los asesores del golpe, asignados por Washington . Estuvieron
acuartelados en el quinto piso del Fuerte Tiuna. Desde allí
coordinaron con los militares y con los otros conjurados.
Pedro Carmona Estanga, de la cúpula de Fedecámaras,
y la dirección corrupta e ilegal de la CTV jugaron su papel.
Anunciaron
un paro general de actividades de 24 horas para el 6 de abril. Ahora
el pretexto era apoyar a los gerentes de Petróleos de Venezuela,
PDVSA, que habían sido destituidos. Estos gerentes habían
tratado de suspender de manera ilegal el funcionamiento de ésa
que es la principal empresa económica del país, por
eso los habían despedido. Ahora los escuálidos exigían
se reinstalara a los gerentes. Y que se fuera Chávez. No
lograron que el paro fuera total. Sin embargo, lo prorrogaron por
48 horas y luego, el 10 de abril, lo declararon indefinido. Y convocaron
a otra marcha contra Chávez que, ya efectuándose,
desviaron hacia Miraflores, sede del gobierno, para tumbar a Chávez.
Al mismo tiempo convocaron a los militares a dar el golpe. Los medios
se descararon aún más. La televisión llamaba
a la insurrección de modo abierto. Todo lo manipulaba. Presentaba
a los enemigos de Chávez como si fueran la mayoría
del pueblo exigiendo su renuncia. Ocultaba el enorme apoyo popular
al gobierno y a la Revolución Bolivariana. Más todavía:
anunciaba ya, desde temprana hora, hechos violentos que no se habían
dado. Incluso, que ya Chávez habría sido detenido.
Ese mismo día, a las 6:45 de la tarde, el presidente Chávez
usó su facultad de convocar a los medios televisivos en cadena
nacional. Denunció la farsa. Reveló cómo esos
mismos medios instaban a la violencia y al avance de la marcha opositora
hacia Miraflores. Desmintió que hubiera sido detenido y llamó
a la población a la calma. Las cadenas de televisión,
salvo el canal estatal, sabotearon el mensaje. Para ese fin dividieron
la pantalla. En una mitad aparecía el mandatario, a menudo
sólo en imagen, le quitaban la voz. En la otra, escenas de
las manifestaciones. Los comentaristas se encargaban de explicar
a su modo los hechos, al gusto de los golpistas. Y luego de plano
dejaron de transmitir la alocución del mandatario y dieron
cobertura total a los caceroleros. El gobierno, en uso de sus facultades,
ordenó tomar el control de las antenas y restaurar el mensaje
del presidente. Eso ocurrió por unos minutos. Luego fue al
revés. Los golpistas sacaron del aire en definitiva el mensaje
presidencial.
Entre los marchistas, azuzados a asaltar el Palacio, iban efectivos
de la Policía Metropolitana, incrustados, vestidos de civil.
Este cuerpo depende de la Alcaldía Mayor de Caracas, a cargo
de Alfredo Peña, enemigo de Chávez. Grupos nutridos
del pueblo se habían reunido en torno a Miraflores a defender
al gobierno legítimo, como otras veces. Hubo disparos. "Son
contra la marcha de protesta", dijo la televisión. "El
gobierno reprime al pueblo", añadió. "Se
derramó sangre inocente y ya no podemos seguir a Chávez
en estas circunstancias", arguyeron los militares golpistas.
"Exigimos que renuncie". Ese fue el pretexto. Ellos sabían
la verdad, que luego se generalizó. Los muertos y heridos
fueron sobre todo chavistas. Contra ellos fueron los disparos en
número mayor, aunque también los hubo en defensa propia.
Dispararon los francotiradores que estaban dispuestos para ese fin,
gente de Alfredo Peña. Tenían entre sus órdenes
incluso la de matar a Chávez y al vicepresidente, Diosdado
Cabello. El magnicidio era parte del plan criminal. La televisión
seguía su papel. "Chávez renunció".
"Huyó del país". "Hay vacío
de poder". Así lo difundía al país y al
mundo. Los noticieros de la televisión mexicana, alimentados
por corresponsales de Venevisión, se hicieron eco de la mentira.
La dieron por cierta. Aunque nada de eso era verdad.
Militares traidores estuvieron coludidos en el plan. Desobedecieron
a Chávez. Ignoraron sus instrucciones. Traicionaron al Presidente
de la República, al Estado, a la Constitución, al
pueblo. Le exigieron que renunciara. No lo hizo. Lo amenazaron con
la mayor violencia, con bombardear Miraflores, con anegar en sangre
a Venezuela. Secuestraron al presidente. Lo llevaron al Fuerte Tiuna.
Efraín Vásquez, general cercano a los intereses de
Estados Unidos, entrenado en ese país, usurpó el puesto.
Apareció en la televisión como Comandante en Jefe
del Ejército. Nunca lo fue. Dijo su texto, lo que le habían
preparado quienes urdieron el plan. Que no era un golpe de Estado.
Que era un acto de solidaridad con el pueblo de Venezuela. ¡Qué
cínico!
Para Washington ese punto del plan era vital. Aparentar que no hubo
golpe de Estado. De otra manera caería en su propia trampa,
habida cuenta que poco antes había impuesto a la OEA la llamada
Carta Democrática. De hecho, fue una exigencia planteada
en Québec en relación con el ALCA. Parte del mecanismo
para aislar a Cuba y excluir a cualquier otro gobierno revolucionario,
en el futuro. Sólo los gobiernos surgidos de las urnas tienen
cabida, se dijo. Pero ahora, ¿cómo ajustar ambas maniobras,
la del ALCA y la del golpe contra Chávez? Fingir que el golpe
no lo fue. Que hubo una muerte trágica de Chávez.
O en su caso, una renuncia del mandatario, como resultado del repudio
popular. Que se generó un vacío de poder. Que frente
a esa emergencia se designó un gobierno provisional. Ese
era el guión. Por eso quisieron matar a Chávez, era
lo que más les convenía. Y al vicepresidente. De otro
modo no se daría el caso del vacío de poder.
Pedro
Carmona fue designado. Efraín Vásquez y los otros
militares irían en puestos clave, pero no al frente. Había
que cuidar las apariencias. El gobierno sería de transición.
Llamaría a elecciones en un año. Restituiría
la democracia. Así lo declaró. Sin embargo, el gobierno
de facto mostró su rostro fascista, desde luego. En las horas
siguientes emprendió la persecución de los chavistas.
Eliminar al vicepresidente, entre otros, seguía siendo prioritario.
Y a numerosos diputados. Había que asesinar al mayor número
de cuadros políticos. De otro modo el golpe podría
fracasar. Las casas de los ministros fueron allanadas. La violencia
golpista también se expresó contra Cuba. Su embajada
fue asediada. En vano. Atemorizar al personal, no lo lograron. Está
fogueado en la lucha contra el coloso imperialista.
Pero Pedro Carmona se engolosinó y se apartó del plan.
En contra de lo diseñado, disolvió el Congreso. Con
eso evitaba ceder las posiciones prometidas a otros grupos conjurados,
que ayudarían a hacer mayoría en la Asamblea, sobre
todo luego del secuestro de numerosos diputados leales, o incluso
su asesinato, según los planes. Otto Reich lo regañó,
encolerizado. Lo llamó directo, por teléfono, desde
Washington. Es un acto "estúpido", le arrojó
en el rostro al "presidente" lacayo. Carmona también
había disuelto los poderes Judicial y Electoral. Con esas
medidas dejó en una situación incómoda a Washington.
¿Cómo fingir que no hubo golpe de Estado en estas
condiciones? ¿Qué hacer con el asunto de la Carta
Democrática? No obstante, el gobierno de Bush expresó
su júbilo por el golpe. Y el de Aznar también. Entre
los jefes de gobierno atrapados por sus tratos con Washington también
quedó Fox, quien justificó lo sucedido por la "errática
política económica" de Chávez. Posición
distinta, digna, fue la de los embajadores de México en Caracas
y en la OEA. Ambos condenaron el golpe. No son gente de Fox. Ni
de Castañeda. El Grupo de Río expresó una tímida
condena. Nadie se acordó de la famosa Carta Democrática.
8. La movilización del pueblo restituye a Chávez
en el gobierno. La Revolución Bolivariana sigue adelante.
La movilización del pueblo hizo fracasar a los golpistas.
Enfrentando todos los riesgos, acudieron al Fuerte Tiuna a exigir
el respeto a la vida del presidente Chávez, su liberación
y su restitución en el puesto para el cual fue electo. Y
fueron al Palacio de Miraflores, a echar a los golpistas. Y se manifestaron
también en las calles, en las plazas, en todas partes. Estas
no eran las marchas de caceroleros de la burguesía, defendiendo
privilegios e impunidades. No eran las minorías iracundas
por los cambios sociales que les afectaban. No iban enfundadas en
finas ropas. No olían a perfumes costosos. Ahora era la masa
popular. Los desheredados que venían de los barrios olvidados,
de los pueblos abandonados. Desde la noche misma del 12. Primero
unos pocos. Luego muchos más. Al fin, muchedumbres. 300,000
sólo en torno a Miraflores. La televisión golpista
optó por ignorarlos, como antes, como siempre. Su programación
del día siguiente, cuando las masas populares estaban en
la calle, fue anodina. Como si no pasara nada en el país.
Contrastó con la insidiosa y violenta, del día del
golpe. Los golpistas se asustaron, Carmona el primero de ellos.
Huyeron de Palacio. Los jóvenes oficiales reaccionaron. Los
patriotas. Los bolivarianos. Los que no tienen compromisos con la
oligarquía ni esperan favores del imperialismo. Los militares
chavistas, que se sumaron a las exigencias del pueblo. Respeto a
la vida del presidente. Respeto a la Constitución. Fueron
oportunos.
Chávez nunca renunció. También eso fue un engaño.
Siempre fue el presidente, en todo momento lo siguió siendo.
"Soy un presidente preso", logró decir a su hija
María Gabriela. Diosdado Cabello la instó a informarlo
al mundo. A denunciar los hechos. Ella lo hizo así. El engaño
se fue al suelo.
La victoria sobre los golpistas es un hecho que tiene el más
alto valor político y social. Es un hecho histórico.
Es una victoria del pueblo, de la clase trabajadora, de sus fuerzas
avanzadas. La Revolución Bolivariana sigue adelante. No lograron
derrotarla, como querían. Es por ello también un serio
revés para el imperialismo yanqui, para su afán de
dominio sobre Nuestra América. Pero debemos estar alertas.
No es, sin embargo, un resultado definitivo ni irreversible. Washington
y el capital financiero no quedarán conformes. Tampoco la
oligarquía. Volverán a la carga, una y otra vez, todas
las que puedan. Seguirán conspirando. Insistirán en
tratar de destruir la revolución; en volver a apoderarse
del país y sus recursos naturales; en volver a subyugar a
ese pueblo hermano.
Por eso es que hoy, más que antes, hay que estar alertas.
El porvenir está abierto. Es un porvenir de lucha sin tregua,
rumbo a la victoria definitiva. Exige, sí, de más
organización de todo el pueblo. Mejor articulación
de las múltiples fuerzas que concurren en un proceso como
ese. Exige ampliar la alianza lo más posible y restar aliados
al enemigo. Exige asumir la lucha con la mayor firmeza. Evitar toda
concesión al enemigo. Evitar cualquier signo de debilidad.
Exige superar las deficiencias, que hoy conoce mejor el enemigo
y tratará de aprovechar. Exige también de una más
eficaz y militante solidaridad por parte de todos los comunistas
del mundo y de todas las fuerzas progresistas. Exige de la unidad,
sobre todo de quienes estamos en la misma trinchera en concreto,
la de la lucha por la segunda y definitiva liberación de
Nuestra América. La batalla continúa. Unidos seremos
invencibles.
1. Así
denominó José Martí a la región de América
Latina y el Caribe, Nuestra América, nuestra patria común,
en contraste con la otra, la imperialista y saqueadora.
2. Fidel Castro hizo un excelente extracto de citas de Simón
Bolívar que dejan en claro la riqueza y actualidad de su
pensamiento, en su discurso pronunciado, al recibir la Orden Congreso
de Angostura, en la Plaza Bolívar, Ciudad Bolívar,
Venezuela, el 11 de agosto de 2001. Fue publicado íntegramente
en Teoría y Práctica número 8, con el título
de Bolívar y la unidad de América Latina.
3. El planteamiento se hace en el Documento de Santa Fe IV.
4. El mencionado Documento de Santa Fe IV no es un simple estudio
académico ni una mera declaración. Para las administraciones
republicanas han sido guías para la acción, que han
orientado numerosas acciones desestabilizadoras, conspiraciones
golpistas y magnicidios. A propósito de lo que significan
estos documentos de Santa Fe, la periodista democrática Enriqueta
Cabrera escribió: "En agosto de 1988 se hizo público
el segundo documento del Comité de Santa Fe, bajo el título
de Santa Fe II: una estrategia para América Latina en los
noventa, suscrito por cuatro políticos de ultraderecha estadounidense:
Lynn Bouchey, Roger W. Fountaine, David C. Jordan y el general Gordon
Summer. Ocho años antes los santafesinos junto con Lewis
Tambs habían publicado el primer documento de Santa Fe, la
mayoría de cuyos postulados fueron adoptados como políticas
de la administración Reagan hacia América Latina:
Granada fue invadida y se impuso el tan buscado roll back o retroceso
al punto de partida al pueblo granadino. Nicaragua sufrió
durante los dos períodos de la administración de Ronald
Reagan una severa y continuada agresión tanto en el terreno
económico como en el político e ideológico
y de manera sobresaliente en el militar. Estados Unidos combatió
al sandinismo a través de un ejército mercenario,
la contra, cuya base operativa fue territorio hondureño fronterizo
con Nicaragua. Dos relevantes personajes de la política latinoamericana
habían sido mencionados por aquel primer documento santafesino,
como elementos opuestos a la política exterior estadounidense:
Jaime Roldós, presidente de Ecuador, y el general Omar Torrijos,
jefe de las fuerzas armadas panameñas. En mayo de 1981, un
año después de aparecido el documento, murió
en un inexplicable accidente aéreo Jaime Roldós. Dos
meses más tarde el 31 de julio murió también
el general Omar Torrijos en un sospechoso y similar accidente aéreo.
Los personajes del llamado Comité de Santa Fe ocuparon posiciones
públicas durante la administración Reagan. Roger W.
Fountaine fue asesor en seguridad nacional para asuntos latinoamericanos...
Lewis Tambs fue sucesivamente embajador de Estados Unidos en Colombia
y Costa Rica. El escándalo Irán-contras destapó
la intervención de Tambs, quien había logrado obtener
del presidente Mong la autorización para que la CIA construyera
un aeropuerto en la provincia de Guanacaste fronteriza con Nicaragua,
que sirviera de base logística a la contra... el general
retirado Gordon Summer fue asesor para la temática regional
en el departamento de Estado... Santa Fe II: una estrategia para
América Latina en los noventa... plantea de nueva cuenta
una política intolerante y agresiva para las relaciones entre
Estados Unidos y lo que es considerado como su área de influencia,
donde no pueden existir sino países con soberanía
limitada, América Latina y el Caribe... (no es el único
grupo que escribe esta clase de estudios)... puesto que ya es costumbre
que cada cuatro años, coincidiendo con el cambio de administración
en Estados Unidos, grupos de intelectuales, políticos y académicos
conocidos como think tanks emitan documentos, análisis y
recomendaciones..." Cabrera, Enriqueta. "Santa Fe II:
un nuevo modelo de intervención", en Cabrera, Enriqueta,
(comp.) Respuestas a Santa Fe II. México, Publicaciones Mexicanas,
S.C.L., 1989, pp. 11-21.
5. Fidel Castro. Evitemos la anexión de América Latina
y el Caribe. Discurso pronunciado por el Presidente de Cuba, el
1° de mayo de 2001, en la Plaza de la Revolución, publicado
en el número 6 de Teoría y Práctica.
6. Carolus Wimmer. El paro empresarial: un momento decisivo en el
proceso revolucionario venezolano, publicado en el número
8 de Teoría y Práctica.
7.
Así
lo testimonió el diputado Venezolano Roger Rondón.
También coincidió con esa versión el ex agente
de los servicios secretos de la Marina de Estados Unidos Wayne Madsen,
según lo declaró al periódico londinense The
Guardian, del 29 de abril.
8.
Así denominó Chávez al conjunto de reaccionarios
que se oponían a la Revolución Bolivariana y conspiraban
contra su gobierno.
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